Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a fanficsR4nerds, yo solo la traduzco.
ALONG THE WAY
Capítulo quince
22 de diciembre – Sexto día en la carretera
Gran Cañón, Arizona
Al final, llamaron a la puerta y nos separamos. Bella y yo nos limpiamos los ojos mientras entrábamos en la habitación. Yo fui a la puerta mientras ella entraba en el baño. Cogí la comida, dándole una propina al chico antes de cerrar la puerta y echar el cerrojo. Bella salió del baño y la miré, sintiendo la herida abierta todavía.
―¿Quieres comer dentro? ―pregunté. Ella asintió, frotándose los brazos. Los dos todavía llevábamos los abrigos puestos porque hacía muchísimo frío fuera.
Me quité el abrigo y Bella hizo lo mismo. Nos quitamos los zapatos y cogimos los platos mientras nos subíamos a la cama, sentándonos contra el cabecero. Miré a Bella. Ya no tenía ni hambre, pero a ella parecía ayudarla tener algo en lo que centrarse.
Ella me miró y yo dejé mi plato sobre el firme colchón, girándome hacia ella. Tenía los ojos rojos y un poco hinchados, pero seguía siendo preciosa.
―¿Quieres hablar de él?
Bella tragó con dificultad, bajando la mirada a su plato. No quería presionarla, pero quería que supiera que, si necesitaba hablar, estaba ahí para escucharla, igual que ella había estado para mí.
―A veces se me olvida que ya no está ―dijo un momento después―. Hemos visto cosas increíbles y no he dejado de pensar... "ya verás cuando pueda contarle esto a papá". ―Sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas y sacudió la cabeza―. No es justo que yo pueda estar haciendo todas estas cosas con las que él siempre soñó. Me siento muy culpable por pasármelo bien mientras él moría solo.
Lágrimas cayeron en sus mejillas y yo aparté unas almohadas, lanzándolas al suelo para poder abrazarla. Ella colapsó contra mí, apoyando la cabeza contra mi pecho mientras yo apartaba nuestros platos en la cama.
―No dejo de pensar que si hubiera habido alguien allí con él, si yo hubiera estado allí esa noche, a lo mejor él todavía estaría aquí. Si hubiera podido llegar a un teléfono, a lo mejor seguiría vivo ―admitió entre sollozos. Yo la abracé más fuerte.
―Oye ―dije suavemente―. No puedes pensar así. Sé que es difícil no culparte a ti misma, pero no es culpa tuya. Ha pasado algo horrible de lo que tú no eres responsable. Por todo lo que me has contado de tu padre, él quería que vivieras una vida plena y feliz, y eso es lo que has estado haciendo. No puedo imaginarle queriendo otra cosa ―murmuré contra su pelo. Ella sollozó más fuerte y yo la acerqué más a mí. Ella se acurrucó contra mi pecho y yo me recosté, llevándola conmigo. Pude escuchar su dolor en cada sollozo y cada uno de ellos me partió más que el anterior.
Quise tomar su dolor, borrarlo, pero sabía que no podía. Algunas cosas en la vida no podían apresurarse, tenías que superarlas y esperar ser lo suficientemente fuerte como para poder hacerlo.
- . - . - . - . -
Finalmente, Bella se durmió en mis brazos. Seguía vestida y, aunque estaba seguro de que estaba incómoda, no quise despertarla. En su lugar, me deslicé de debajo de ella, apartando las mantas en su lado de la cama y metiéndola debajo. Cogí nuestros platos sin tocar y los puse en el escritorio antes de ir a cambiarme para dormir.
Cuando salí, Bella seguía espatarrada en su lado de la cama, con la nariz y los ojos rojos de llorar. Aparté las mantas del otro lado de la cama y apagué las luces antes de meterme bajo ellas. Solté un pequeño suspiro al acomodarme.
No pude evitar que mi mente le diera vueltas a lo que Bella me había revelado. Su padre había sido la única familia que tenía en el mundo y ahora estaba completamente sola. No podía ni imaginarlo. Mi corazón se encogió con empatía hacia ella. Quería salvarla de una vida tan solitaria, pero la realidad era que no podía ofrecerle mucho en esos momentos. No estaba exactamente en posición de intentar salvar a nadie.
Frustrado con las vueltas que daban mis pensamientos, intenté apagar mi mente y concentrarme en dormir.
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23 de diciembre – Séptimo día en la carretera
Gran Cañón, Arizona
Dormí como la mierda. Me desperté varias veces durante la noche y un par de ellas me encontré a Bella acurrucada contra mí, con su cabeza en mi brazo o en mi pecho. No habíamos hecho la muralla de almohadas para separarnos y ella había tenido razón: era de las que se te abrazaban.
No la había apartado, sabiendo que seguramente, en esos momentos, necesitaba el contacto.
Cuando volví a despertarme, Bella ya no estaba en la cama y yo me senté, confundido. Todavía era muy temprano, pero pude ver que la puerta del balcón estaba abierta una rendija. Me levanté, yendo al baño a mear antes de volver a la habitación. Cogí mi sudadera y me la puse con un par de calcetines antes de salir al balcón. Bella estaba sentada, envuelta en una manta que había visto la noche anterior al pie de la cama, aunque no le había prestado mucha atención.
Me senté en la silla a su lado y ella me miró.
―Hola ―susurré. Ella tragó con dificultad.
―Hola ―dijo con voz ronca.
Miré hacia el cañón. Todavía no había amanecido, pero hasta en la luz azul y gris de las primeras horas de la mañana, la vista era espectacular.
―¿Has dormido suficiente? ―pregunté, mirándola. Bella suspiró.
―No estoy segura. Supongo que el tiempo lo dirá ―dijo con tono resignado. Yo asentí de acuerdo―. Lo siento ―susurró, mirándome. Yo fruncí el ceño.
―¿El qué?
Bella se lamió los labios.
―He descargado mucho en ti y estoy segura de que anoche también cruzamos algún límite físico. Ha sido egoísta, pero... ―Sacudió la cabeza y yo estiré la mano, cogiendo la suya.
―Oye ―dije suavemente. Ella volvió a mirarme―. No tienes que disculparte por nada. ―Sacudí la cabeza―. Estoy aquí para ti, igual que tú has estado para mí.
Ella sonrió débilmente.
―Es difícil para mí ―admitió un minuto después―. Estoy acostumbrada a estar sola y depender solo de mí misma. No tengo el instinto de mostrarme vulnerable con la gente.
Asentí, comprendiéndola perfectamente.
―Lo entiendo ―le dije―. A mí me pasa lo mismo.
Ella sonrió un poco y soltó un suspiro.
―Honestamente, he internalizado demasiado su muerte. Ayer fue la primera vez que lo dije en voz alta. ―Sacudió la cabeza―. Es como si finalmente me hubiera dado cuenta de que es cierto. No voy a poder volver a hablar con él; nunca podré reírme con él o arrastrarle a estas aventuras que quería compartir con él. ―Pestañeó y un par de lágrimas cayeron a sus mejillas―. No parece justo que se haya ido tan de repente.
Asentí, apretándole suavemente la mano.
―¿Por qué no lo mencionaste antes? ―Mi voz rompió el pequeño momento de silencio y ella me miró, suspirando.
―¿Honestamente? ―Me miró brevemente a los ojos antes de apartar la mirada―. No estaba lista para enfrentarme a ello. Tú no sabías nada de mí o de mi padre y me sentía bien fingiendo que iba a casa para algo feliz y sencillo. ―Frunció el ceño―. Cuando me di cuenta de que no podría volar de inmediato, supe que estar atrapada en la costa este, incluso aunque solo fuera una noche, sería demasiado. Estaría encerrada en una habitación de hotel, pensando sin parar en mi padre. ―Sus ojos se cerraron y un par de lágrimas escaparon―. Sabía que conducir era una locura, pero en cuanto se me ocurrió la idea, necesité hacerlo. Necesité el viaje en coche para poner en orden mis pensamientos y mis sentimientos. No quería ir corriendo a una casa vacía. ―Se mordió un lado del labio y me miró―. Cuando tú apareciste como un huracán... por un segundo me olvidé de todo lo que estaba pasando. Me centré en ti y la forma tan rara en que actuabas. ―Sonrió un poco y yo sonreí satisfecho, sacudiendo la cabeza―. Al marcharme, me di cuenta de que, aunque eras un extraño loco y raro, en los segundos que había estado contigo me había olvidado de mi dolor, que había vuelto al alejarme. Así que di la vuelta. ―Bella me miró, con las lágrimas ya cayendo libremente por sus mejillas.
―Así que has estado utilizándome ―dije, con tono ligero y bromista para dejarle saber que no me importaba. Bella ahogó una pequeña risa.
―Sí, tú eras algo mejor que un audiolibro ―dijo secamente. Sonreí satisfecho y Bella sacudió la cabeza, bajando la mirada a nuestras manos―. Lo hiciste soportable. Y cuánto más tiempo nos ha llevado este viaje, más me he dado cuenta de que ha sido un regalo camuflado. Mi padre habría querido que hiciera este viaje; él quería que viera el mundo. ―Se mantuvo en silencio un largo momento mientras levantaba la mano libre para limpiarse las lágrimas―. Gracias, Edward ―dijo suavemente. Yo volví a mirarla―. No creo que hubiera podido hacer este viaje sola.
Yo tragué con dificultad y asentí.
―Yo tampoco, Bella. Yo tampoco.
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Nos quedamos ahí sentados y vimos el amanecer y, para cuando los primeros rayos del sol tocaron el borde del cañón, los dos habíamos caído en un estado de paz. No hablamos; solo nos quedamos ahí, mirando el gran mundo ante nosotros, con nuestras manos entrelazadas entre nosotros. Sostener la mano de Bella parecía inocuo esa mañana, pero había algo profundamente relevante y poderoso en su toque. No estaba seguro de qué era, pero me estaba ayudando a mantenerme con los pies en la tierra y esperaba que mi toque le estuviera ofreciendo lo mismo a ella.
Al final, nos encontramos temblando y nos levantamos, entrando a vestirnos. Miramos las cenas que habíamos pedido la noche anterior, pero ninguno de los dos estaba interesado en probarlas, así que las dejamos sin tocar sobre la mesa.
Recogimos nuestras cosas y unos minutos después estábamos bajando al vestíbulo.
Registramos rápidamente la salida y luego fuimos al coche.
Me puse al volante mientras Bella sacaba su teléfono. Aunque no teníamos hambre, los dos parecíamos entender que la prioridad por la mañana era el café. Ella buscó el café más cercano y me enseñó la ruta mientras el coche se calentaba. Yo asentí con la mirada en el teléfono.
―Dios, extraño el buen café ―gemí, metiendo primera. Bella me miró y asintió de acuerdo.
―Forks no tiene café decente y hay un sitio en New Haven que me ha malcriado. ―Suspiró, sacudiendo la cabeza.
―De Seattle a Nueva York ―le recordé. Ella me miró y soltó una risita―. No debería sorprenderte que sea un completo snob en lo que al café se refiere.
Bella me sonrió ampliamente y yo le lancé una sonrisa.
―Bueno, espero que me lleves a tomar un café increíble en Seattle, Sr. Connoisseur.
Solté una risita y pisé el acelerador un poco más a fondo.
―Tú lo has querido. Pasarás días intoxicada.
Bella soltó una risita y se recostó en su asiento. Estaba bien volver a oírla reír. No podía imaginar el dolor que estaba sintiendo y saber que yo podía levantarle el ánimo, aunque solo fuera un puto segundo, me hacía sentir mejor. Seguiría haciendo lo que pudiera para asegurarme de que esa sonrisa nunca abandonara su cara.
Bella me miró y yo le devolví la mirada.
―¿Le has dicho a tu familia que estás de camino?
Me estremecí y sacudí la cabeza.
―No, no he querido avisarles. En parte porque sé que harán un mundo de un grano de arena, pero sobre todo porque tendrán miles de preguntas sobre Rose y yo, y yo... ―Dejé de hablar, sacudiendo la cabeza―. No estaba listo para hablar de ello con nadie. ―Ella asintió pensativamente.
―¿Sabes quién estará en casa? ―preguntó. Yo fruncí el ceño y sacudí la cabeza.
―Voy a casa de mis padres, así que ellos estarán. Estoy seguro de que Alice también se encontrará allí con su marido, Jasper. Seguramente Katie y su marido se pasen también, ya que ella suele pasar las vacaciones con nosotros, pero no creo que haya nadie más. ―Me encogí de hombros. ¿Quién sabía? Hacía años que no iba a casa por vacaciones y, tristemente, ya no tenía ni idea de cómo celebraban. Miré a Bella mientras sentía la culpa y la empatía crecer en mi interior―. No quiero presionarte ―dije suavemente. Ella me miró con curiosidad―. Pero... bueno, mi familia es ruidosa y molesta, pero estoy seguro de que estarán encantados de que pases allí la Navidad. Si... bueno... ―Joder. No quería mencionar a su padre, pero no podía dejarla celebrar la Navidad sola ahora que sabía que iba a una casa vacía.
Bella sonrió con tristeza y estiró el brazo hacia mí, apoyando la mano en mi antebrazo. Bajé la mirada a su mano mientras ella me apretaba suavemente.
―Gracias, Edward ―dijo―. Significa mucho para mí que estés dispuesto a compartir a tu familia conmigo.
La miré.
―Nadie debería pasar la Navidad solo ―dije suavemente―. Y... bueno... ―Joder ¿me atrevía? Tomé aire profundamente y lo solté antes de continuar―. Me sentiría mejor si estuvieras por allí. Soy más paciente cuando estás cerca y esa paciencia me vendría muy bien al enfrentarme a mi familia. ―La miré y vi una pequeña sonrisa en su cara―. Tú me das coraje y no estoy muy seguro de cómo darles la noticia de lo de Rose... ―Dejé el resto en el aire, mordiéndome el interior de la mejilla para detener mis divagaciones. La mano de Bella subió por mi antebrazo y me apretó el codo. La miré.
―Si estás seguro de que no seré una intrusa, estaré más que feliz de estar ahí ―dijo suavemente. Yo solté el aire que no había sabido que estaba conteniendo.
―Confía en mí, no serás una intrusa. Tengo toda la intención de dejarte con Alice y Katie como distracción.
Bella rio y yo le sonreí ampliamente.
―No puedo esperar a conocerlas. ―Suspiró, sacudiendo la cabeza. Yo sonreí satisfecho.
―Vas a estar harta de ellas en un abrir y cerrar de ojos ―dije, sacudiendo la cabeza. Bella resopló.
―¿Qué te da esa impresión?
La miré. Era todo lo opuesto a mis excitables prima y hermana. Ella era tranquila y no le importaban mierdas mientras que Alice y Katie siempre se estaban quejando por una cosa u otra. Me irritaban hasta límites insospechados, aunque las quería a las dos de forma incondicional. Aunque no creía que Bella pudiera caerle mal a nadie, no podía tampoco imaginarla soportando la energía de mi familia durante mucho tiempo. Aunque tampoco es que fuera a demostrarlo, tenía demasiada clase para eso.
Le sonreí y sacudí la cabeza, volviendo a centrarme en la carretera. A lo mejor volvía a darme una puta sorpresa.
El Señor sabía que todo lo demás ya lo había hecho.
Espero que os haya gustado.
La próxima actualización será el jueves y el martes pondré un adelanto en el grupo Élite Fanfiction de Facebook. Mientras, contadme qué os ha parecido este capítulo.
Gracias por leer y comentar!
-Bells
