HABLANDO DEL DIABLO

9 años más tarde…

En el lugar más sombrío del mundo, una oscura figura emergía de las profundidades de las aguas de los muertos.

— ¡Maldición! ¡Asquerosas y apestosas almas! ¡Por fin soy libre! — el temido dios de los muertos, Hades, había conseguido salir de su prisión y estaba muy pero que muy cabreado.

— ¡Pena! ¡Pánico! ¡¿Dónde estáis?!

Al oír la voz de su amo, Pena y Pánico se miraron con cara de horror, durante años habían hecho lo que querían en el inframundo, eso sí, cumplían con su deber con las almas, si no, tenían un colapso de miedo en el purgatorio. Además de que Caronte estaría al borde de un ataque de nervios y los amenazaría en con hacer huelga o incluso jubilarse.

— Ya vamos su lúgubre señoría — contestó Pena nervioso, corriendo por los pasillos junto a Pánico.

— ¡Oh no! ¡De esta no salimos Pena! ¡Nos mutilará! — dijo un exaltado Pánico que siempre se temía lo peor.

Al llegar a la orilla del río de los muertos vieron al señor del inframundo, cansado, demacrado y muy enfadado:

— ¡Chicos! Veo que os alegráis de verme — les dijo en tono sarcástico, Hades. — Decidme, ¿cuánto tiempo he estado en el río?

Los dos diablillos se miraron con ojos muy abiertos y asustados, pues no sabían cómo iba a encajar la noticia su cruel amo:

— Verá, su malevolencia… — empezó Pánico, titubeando en lo que iba a decir — el tiempo es muy relativo…

— Sí, no es tanto como cree… — añadió el siempre recurrente Pena — solo unos añitos…

— ¿Cuántos años exactamente? — les cortó impaciente el dios. Los secuaces tragaron saliva antes de decir al unísono:

— Diecisiete años, señor — respondieron con un hilo de voz, intentando que su amo no lo llegase a escuchar, pero a un dios no se le puede engañar tan fácilmente y menos al señor de los muertos.

— ¡Diecisiete años! — explotó de rabia, sus llamas se volvieron completamente rojas, carbonizando todo lo que hubiese alrededor, inclusive Pena y Pánico — ¿¡y vosotros que hacíais que no me sacasteis de ese pozo de inmundicia!?

— ¡Señor lo intentamos! Pero fue inútil — mintió Pena, pues en su espalda tenía una mano con los dedos cruzados.

— Lo bueno es que nos encargamos de las almas hasta entonces — añadió rápidamente Pánico para aliviar el enfado del dios.

No muy conforme Hades avanzó hasta la sala del trono, todo seguía igual, el agujero que Cerbero dejó al entrar con Hércules a su lomo, todo destrozado por la rabia que le dio perder por culpa de Meg y su repentina nobleza. A todo eso, había que añadir el polvo acumulado, el papeleo sin firmar por él, aunque, no habían mentido ese par de granujas, por lo menos los formularios estaban cumplimentados. Además, se fijó que a un lado del trono se encontraba una montaña de correo o más bien misivas del Olimpo.

En definitiva, el inframundo estaba que daba pena y hecho un asco, necesitaba a alguien para ordenar todo aquello, pero primero y sin salir de su objetivo: ¿Qué había ocurrido durante todo este tiempo?

— Bueno, bueno, chicos, veo que por lo menos el negocio sigue en pie, no obstante os estaré mutilando hasta que me canse cada día. — Los dos diablillos se miraron escandalizados por el castigo que les había caído, pero por lo menos no los enviaba al tártaro…

— Bien, ¿por dónde empezamos? Ah, sí, chicos, ¿qué ha sido de mi querido sobrino? ¿Eh? — les dijo Hades mientras se sentaba en su trono y materializaba un puro, eso siempre le tranquilizaba los nervios.

— Señor, Hércules y Meg se casaron y años más tarde tuvieron una niña y un niño, pero lo mejor de todo es que Grecia está en guerra con los Persas. — Le empezó a contar Pánico — ¡sí, sí, y fue reclutado para luchar! – añadió Pena.

— ¡Oh! ¿Me estáis intentando decir que Tontules está muerto?

— Mmmmm, no señor, de momento aún no ha llegado su alma, ni la de ese hombre sátiro — en eso Hades se molestó —, la buena noticia es que el índice de muertes ha subido bastante — a ese comentario el señor de los muertos prestó más atención y le indicó a su subalterno que prosiguiera — sí, sí, no solamente por el campo de batalla, ¡sino por toda Grecia!

— ¡Eso es excelente, chicos! Si no me equivoco, ¿están muriendo de hambre? —dijo un sonriente dios de los muertos.

— Sí, su lugubriedad, además hay muchas más catástrofes y monstruos — en eso Hades se extrañó, que no estuviese Hércules para pararlo, era una cosa, pero los otros dioses no son tan crueles…

— ¿Más catástrofes, más monstruos?

— Eh, sí, señor, los monstruos después de intentar tomar el Olimpo. — En eso el dios empezó a encenderse, por lo que los diablillos intentaron pasar el tema lo más rápido— se dispersaron por Grecia, al no estar al mando atacan donde quieren…— dijo un poco dubitativo Pánico, a lo que Pena prosiguió con un bombazo — las catástrofes van surgiendo, por qué los dioses del Olimpo están prestando más atención a la guerra que está pasando en Persia que a lo que pasa en Grecia "muy típico de ellos" pensó Hades — se dice que Zeus no para de controlar lo que está pasando.

— ¿Entonces me estáis diciendo que han dejado Grecia desamparada?

— Así es señor — asintieron a la vez los dos súbditos del dios de los muertos.

— Esto es estupendo, ¿sabéis lo que quiere decir chicos? Que tengo carta blanca para hacer lo que quiera a Meg y a su prole – dijo muy entusiasmado el señor del inframundo — es más, hay un asunto que no quedó del todo resuelto…, es hora de que vayamos a visitar a nuestra querida Meg, ¿no creéis chicos?

— ¡Sí, su señoría!

— Muy bien, traedme mi casco de invisibilidad, primero vamos a ver que se cuece por allí arriba — con eso Hades sonrió como no lo había hecho desde hace mucho tiempo, pues su venganza justo acababa de empezar.

Hola de nuevo, lo prometido es deuda y aquí viene otro capitulo recién salido del horno, ¡espero que os guste! ¿Qué malévolo tendrá en mente nuestro querido señor de los muertos? Solo os adelanto que el próximo capitulo veremos como están las cosas por Grecia.

Recordad los personajes no pertenecen, solamente mis OC.

¡Hasta otra y recordad de dejar un review para saber que pensáis!