UNA LUZ ENTRE LAS SOMBRAS

Mientras el señor del inframundo maquinaba su venganza, un nuevo día estaba por empezar:

— ¡Eri! Como no te levantes llegarás tarde al trabajo - gritó Meg al pie de la escalera. Sus dos hijos dormían en el piso de arriba, pero como la mayoría de las veces a Erianthe se le habían pegado las sábanas, otra vez…

— Zzzz… ¿Qué es todo este alboroto? Uaaah… Aún no ha salido el sol… — murmuraba Eri en la cama, a punto de darse la vuelta y seguir durmiendo.

— ¡Eri por última vez! ¡Llegarás tarde! — repitió Meg, esta vez picando a la puerta de su hija mayor — esta niña nunca aprende, Morfeo se pasa echándole el manto del sueño…

— ¡Ostras! ¡Es verdad! ¡Qué tengo que ir a trabajar! — y con eso Eri se despertó de golpe, saltó de la cama, tropezándose con las sábanas en el proceso - ¡Au! ¡Qué daño!

— ¿Se puede saber que estás haciendo el suelo Eri? - le preguntó su madre apoyada en el dintel de la puerta.

— Pues verás, madre, estaba admirando este fabuloso suelo de madera, ¡es todo una obra de arte de la arquitectura rústica! — le respondió en tono sarcástico su adorada hija, "Eri y sus ocurrencias, hija mía, tenía que ser" pensó Meg, como se notaba que en eso había salido a ella…

— Anda levántate, el desayuno ya está hecho.

— Pero mamá, tu jornada no empieza hasta dentro de tres horas, deberías volver a la cama y descansar…, ¡no me digas que ya has cortado la leña!

— No, aún no he te- y antes de que acabase Eri salió como un rayo de la habitación hacia el patio trasero donde apilaban toda la madera que tenía que ser cortada. Sin dudarlo, agarró el hacha y empezó a cortar los troncos a toda velocidad, no iba a dejar que su madre lo hiciese…

— Eri no es necesario, ya lo haré más tarde, entra a desayunar, además, ¿te has dado cuenta de que aún vas en pijama? — le recriminó Meg que enseguida siguió a su hija hacia el patio.

— ¡Mamá, te prometí cortar la leña y así será!

— Pero Eri…

— ¡Nada de peros, mamá! ¡No puedes llevar el peso de todo tu sola! ¡Si no volverá a pasarte lo mismo que hace un par de años! — respondió molesta la primogénita — no quiero volver a perder a nadie…

Meg contempló como su hija se derrumbaba, era de carácter fuerte y casi siempre estaba de buen humor, sobre todo, tenía mucha energía, pero a veces la situación le podía.

Sin pensarlo dos veces se acercó a su hija y la abrazó, le dolía verla así, pero lo que más le dolía es que aún era una niña, una niña con responsabilidades de adulto.

— SSH…, tranquila, todo va a salir bien, ya lo verás — intentó apaciguar los ánimos de su hija. Notó que había dado resultado.

— Si mamá, todo va a salir bien, pero por eso no tienes que llevar el peso de todo, debemos ayudarnos y repartirnos las tareas.

— Tienes razón, cariño, pero a ti también te debes aplicar ese consejo, ¿de acuerdo?

— De acuerdo mamá —y con eso, Meg le dio un beso a su hija y entró a la casa dejando que acabase de cortar la leña. Lo que ninguna de las dos se había percatado que a lo lejos, justo donde empezaba el bosque, les observaba un trío de lo más peculiar:

— Señor, aquí es donde viven Meg y toda su prole - le comentó Pánico.

— ¡Qué mayor está! Lo único bueno es que se conserva bien — añadió Pena.

— ¿Habéis visto a la chica del pelo anaranjado? Es la hija de Meg, es bastante mona, ¿no? —remató Pánico.

Los dos diablillos siguieron con el chismorreo, sin percatarse de que Hades no les seguía el juego, solo miraba. Contemplaba a la chica que cortaba leña sin parar, se notaba que no era habilidosa con el hacha, pero era tozuda.

No pudo evitar fijarse en que llevaba un fino camisón que le llegaba hasta por encima de las rodillas. Era un tejido que de vez en cuando se le pegaba al cuerpo por la humedad o el sudor, haciendo que acentuase su delicada figura.

Su cabello anaranjado, que tanto le recordaba al tonto de Hércules, lo tenía largo, ondeando en la leve brisa de la madrugada.

Desde su distancia no podía distinguir mucho más, así que aprovechando que llevaba puesto el casco de invisibilidad, se fue acercando a la muchacha.

Ya estando delante de ella se percató que no era muy alta, aunque no iba a negar que él estaba por encima la media, ya que era un Dios.

De repente Eri dejó de cortar leña, había algo que no estaba bien, notaba como si la observasen, así que levantó la cabeza y miró disimuladamente en todas direcciones. Por otro lado, Hades pensaba "me ha pillado", pero al ver que la chica volvía a lo suyo dejó escapar sin querer un suspiro de alivio.

Esta vez miró al frente, había escuchado a alguien, incluso olía a algo raro… ¿Azufre? No podía ser, se estaba imaginando cosas y aún estaba dormida.

Por su parte, Hades, se había quedado petrificado, la chica lo estaba mirando directamente a los ojos, como si supiera que estaba ahí. Sus ojos eran azules con un toque de color lila, su nariz respingona con pecas sutiles y sus labios, bastante carnosos… Pena y Pánico tenían razón, es mona "¿pero qué estás pensando?", se dijo asimismo el señor de los muertos, su objetivo principal era vengarse de toda esa familia.

Ese era su momento, estaba indefensa, podía hacerle algo, podía chamuscarla… Pero, quería verlos sufrir, así que el señor del inframundo se dispuso a revelarse delante de esa insignificante mortal hasta que oyó los pasos apresurados de alguien:

— ¡ERIANTHE! — chilló el pequeño Zenos.

— ¡Pero se puede saber qué haces levantad…! ¡Ugh! — antes de que Eri pudiese contestar, Zenos se abalanzó sobre ella tirándola al suelo.

— ¡Buenos días, hermanita!

— Zenos deberías estar dormido, no puede ser que todos los días te levantes a la misma hora que yo, ¡aún es de madrugada!

Sin dejar de abrazar a su hermana, el benjamín de la familia le contestó:

— Pero es que si no me levanto contigo, luego te veo poquito y no podemos jugar mucho…

Viendo la cara de apenado de su hermano, Erianthe se levantó junto con su hermano. Se le había ocurrido una idea…

— Zenos espérame aquí, ahora vuelvo —su hermano pequeño asintió y entró en la casa en busca del desayuno y de la ropa del trabajo.

— ¿Para qué quieres todo eso? —le dijo su madre arqueando la ceja.

— Voy a ir directa al trabajo mamá, me llevo el desayuno y ropa para cambiarme, me voy a asear en el arroyo.

— ¿¡Estás loca! ¡¿A estas horas?! Eri ni se te- antes de que acabase su hija ya había salido al patio donde su hermano la esperaba.

— ¡Te echo una carrera hasta el arroyo! ¡El último es un cíclope con conjuntivitis! — los dos hermanos corrieron sin parar hasta un pequeño arroyo que tenían cerca.

Mientras, Hades miraba estupefacto la escena, así que decidió seguir aquella muchacha alocada y a su hermano. Cuando llegó vio a los dos hermanos jugando en el agua sin parar. Estuvieron así un buen rato hasta que Eri salió del agua y se fue detrás de unos arbustos a cambiarse.

Hades notó como su temperatura corporal aumentaba, pero no hizo ademán de espiar más de lo que observaba: unas piernas tonificadas, brazos bronceados…, aunque, en su opinión, y para su gusto, estaba más delgada de lo que se esperaba. Vio cómo se iba vistiendo con capas de ropa vieja, desgastada y mugrienta, además le iban enormes.

Finalmente, Eri se colocó unos guantes, un casco donde tenía puestas unas enormes gafas sujetas por una tira y una capa de viaje que iba arrastrando.

Cuando acabó de vestirse, Eri salió de detrás del arbusto sin percatarse que tres siniestras figuras la espiaban constantemente. Se acercó a su hermano, que estaba sentado en una roca, estaba envuelto por una manta que había traído su hermana para que no pillase un catarro.

— Bueno peque, es hora de que me vaya al trabajo — le dijo Eri un poco triste.

— ¿Es necesario que vayas?

— Claro que sí, Zenos, con lo que me dan podemos comer los tres, piensa que con el trabajo de mamá no nos daría para sobrevivir.

— Lo entiendo Eri…

Eri le hizo una señal a su hermano para que se levantase de la roca y se fuera con ella. Los dos iban paseando cogidos de la mano, no se decían nada, pues ninguno de los dos lo necesitaba, Eri sabía que su hermano dependía mucho de ella y que si fuera por él iría con ella al trabajo. Pero no era un lugar seguro para un niño, así que siempre se iba con su madre al campo, donde podría jugar con más niños que esperaban que sus madres acabasen de trabajar.

Llegaron hasta el camino principal, donde se tenían que separar:

— Nos vemos a la tarde Zenos —le dijo Eri inclinándose y dándole un beso en la cabeza de su hermano.

— De acuerdo, pero no tardes en volver, ¿vale?

— Siempre vuelvo a casa, no lo dudes — cuando se dispuso a partir notó como algo le agarraba la túnica y era su hermano cabizbajo a punto de llorar:

— ¿Cuándo va a acabar?

— Acabaré cuando el sol esté en lo más alto, Zenos, no te…

— ¡No quiero decir eso! ¿Cuándo acabará la guerra? Quiero ver a papá, quiero que me cuente todas sus aventuras, como cuando luchó con la hidra o, o cuando salvó a mamá del río de los muertos.

— Veo que te acuerdas de todas las historias que te cuento de él. — Eri miró a su hermano con mucho cariño y dulzura, pues era muy pequeño cuando su padre se fue y no tenía muchos recuerdos de él —no te preocupes, Zenos ten la esperanza de que volverá.

— ¿Estás segura?

— ¡Claro! Una promesa es una promesa, recuérdalo —y con eso le guiñó el ojo a su hermano y partió para el cruce de los cuatro caminos.

— ¡Adiós, Eri que vaya bien el día! — se despidió Zenos de su hermana y salió corriendo para casa, donde su madre le esperaba con ropa seca y cuenco de leche caliente.

El trío calavera miró la escena. Pena y Pánico esperaban órdenes de su amo para ver donde iban:

— A por la chica muchachos —por lo que pusieron rumbo hacia el camino que había tomado Eri.

Estuvieron caminando durante un cuarto de hora hasta que la chica se sentó en una enorme piedra que justo delimitaba el cruce. Pasó otro cuarto de hora hasta que una enorme carreta con gente se paró delante de ella:

— ¡Buenos días tengas Eri! ¿¡Preparada para un nuevo día de duro trabajo!?

— ¡Qué remedio Acrisius! —y se subió a la carreta y pagó lo de siempre, una moneda por trayecto de ida y vuelta. Fue hasta el final de la carreta donde estaba vacío, se sentó y acomodó la capa de viaje poniéndose la capucha, ya que tenía pinta de llover…

— ¡Por los dioses! ¡Qué día nos espera! — dijo Acrisius arrancando la carreta, lo que nadie se había percatado es que tenían a tres polizones: uno invisible sentado al lado de Eri y dos diablillos transformados en bichos.

— ¡Próxima parada: cantera de Tebas!

¡Hola chichos/as! Siento el retraso, ayer me fue imposible subir el capitulo, sorry! Espero que os guste. Ya vemos que Hades va moviendo ficha, en la mitología sino me equivoco Hades posé un casco invisible, así que lo introduje en esta historia, porque me parecía que encajaba.

Por cierto:

Megara2001 – thanks for review, I was so excited when I saw your comment, hope you like the next update.

Guest – no te preocupes entre Herc y Meg está todo bien, solo que entre ellos se ha interpuesto una guerra, ups…

He editado el capi anterior me equivoqué con los años que Hades pasa en el rio de los muertos, son 17 no 11, ¡perdón tuve un desliz!