UN MUNDO SIN VIDA

1 hora más tarde…

La carreta estaba llegando a su destino. La cantera de Tebas era unos de los lugares más concurridos por aquel entonces, ya que el rey no cesaba en sus caprichos, que si estatua por ahí, que si templo por allí, en definitiva era un lugar donde tenías trabajo seguro.

Hades veía cómo Eri acababa de desayunar, pues no le había dado tiempo jugando con el mocoso de su hermano. "Así que una cantera…", se decía asimismo el señor de los muertos. No podía creer que un vástago del hijo de Zeus acabase trabajando picando rocas.

Ahora que se fijaba más, en ningún momento, nadie de la carreta había abierto la boca, es más, todos iban cabizbajos. Eri escondía su rostro bajo la capucha y no podía ver su mirada vacía, en cambio, sí que podía ver cómo no paraba de mover los dedos entre sí haciendo movimientos circulares, una y otra vez…, estaba nerviosa, ¿por qué?

— Seas quien seas, sé que me estás siguiendo. — Espetó de repente Eri.

Hades se quedó pálido, lo había sentido todo este rato y no había dicho nada, "qué chica más rara" pensó.

— Es mejor que te vayas a casa, aquí no verás nada nuevo, solo gente con picos y cavando como si ni hubiese un mañana. — en eso giró la cara hacia donde creía que estaba su acompañante. Lo que vio Hades fue soledad en unos tristes ojos que apenas unas horas atrás le parecieron muy vivaces —sé que estás ahí por el olor, azufre, si no me equivoco.

"Así que era eso, chica lista y además aguda" en la mente retorcida del señor de los muertos empezaba a rematar los últimos cabos de su plan, "esta chica me será de gran ayuda" pensó.

Eri suspiró, su acompañante, fuese lo que fuese, también era mudo, sabía que había algo a su lado, lo notaba, notaba calor, notaba el olor y lo más notaba era que la observaban.

— ¡Última parada! ¡Cantera de Tebas! No olvidéis vuestros objetos personales y salir de uno en uno —vociferó el conductor Acrisius.

Eri se levantó de su asiento al igual que Hades, pues tenía que apartarse para que la chica no tropezase al salir.

Una vez abajo, caminó junto a la gente que iba llegando a la puerta de la cantera, hacia unas inmensas puertas de madera. Estaban cerradas, pero en cuanto sonó una alarma, se abrieron de par en par, revelando un lugar lleno de hombres encapuchados de negro.

Se hizo el silencio, Hades permanecía de pie junto a Eri, estaba nerviosa, y no entendía el porqué, tampoco entendía por qué tenía la irremediable necesidad de cogerle la mano, a lo que achacó "por el estúpido nerviosismo que se le estaba contagiando".

En lo alto de atrio había un hombre muy bajito y rechoncho, de su túnica sacó un rollo de pergamino, lo abrió y empezó a leer:

— ¡Buenos días, queridos trabajadores! El rey os hace saber que está satisfecho con los trabajos de la nueva escultura que se puede ver delante del palacio. No obstante, cree que hay que aligerar en el trabajo y ser más productivos. Por último, hoy empezaremos a derribar la pared oeste, para construir una nueva en el noreste. Los afortunados del derribo son los trabajadores 30 hasta 50. Los demás empezarán a con la construcción, ¿entendido?

— ¡Sí, señor! — gritaron todos a la vez.

— Perfecto, pues a empezar a trabajar, ya sabéis coged un pico y una pala. — Con eso el hombre menudo bajó del atrio y se posicionó junto a los trabajadores de negro.

Hades no se lo podía creer, ¿qué era todo aquello? ¿Así era como trabajaban siempre los mortales? Sin darse cuenta, se puso justo detrás de Eri. Todos habían hecho una fila india perfecta y de uno en uno iban pasando por delante del hombre rechoncho.

— A ver, 80, 37, 65, 21, 74… — el hombrecillo iba pasando lista, los trabajadores iban enseñando un número que tenían escrito en el antebrazo, ¿los tenían tatuados? Qué barbarie pensó Hades.

Era el turno de Eri y tenía curiosidad por su número:

—A ver, número 38. Felicidades, 38, le toca demolición — Eri simplemente asintió, mientras que el hombrecillo se la quedó mirando el trasero. Hades tuvo que contenerse de no calcinarlo, pero otra vez tuvo que repetirse que ese no era su problema.

Siguió a la muchacha hasta una pila de picos y palas, allí los cogió y se fue a agarrar unas cuerdas. Todos iban a lo suyo, parecían cuerpos vacíos que se movían sin voluntad.

— Buenos días, 38 — le dijo un chico moreno y de tez bronceada.

— Buenos días, 32 — contestó Eri sin un ápice de emoción en sus palabras, solo respondía por cortesía.

— ¿Preparada para derribar paredes a golpe de pico? – el registro entre ellos empezó a cambiar, pero cuchicheaban, como si tutearse estuviese prohibido.

— Nací preparada, no lo dudes — esta vez Eri respondió una sonrisa socarrona.

Los dos se dirigieron hacia el sector oeste, allí les esperaban más hombres encapuchados armados con látigos, ya sabían a lo que abstenerse si no hacían lo que no debían.

Empezaron a trabajar, pero no sin antes entonar una canción:

Un día más nos toca trabajar,

¡que empiece el rock and roll!

A picar y a cavar,

sin parar, sin parar,

no hay que descansar.

¡UN, DOS, PICO!

¡UN, DOS, PALA!

¡UN, DOS, PICO!

¡UN, DOS, PALA!

¡Qué más da!

Si eres hombre, mujer, o niño

bienvenido serás,

trabajar nunca está de más.

Por dinero

venimos a currar,

por sobrevivir

nos dejamos la piel.

A picar y a cavar,

sin parar, sin parar,

no hay que descansar.

En esta cantera si quieres seguir,

las normas deberás cumplir,

si no… puedes morir.

Las horas pasaban y el ritmo aflojaba, los canteranos habían conseguido derribar la mayor parte de las rocas más gruesas.

Hades observaba que la mayoría de los trabajadores no superaba la veintena, todos eran muy jóvenes, incluso alguno más joven que Erianthe. Realmente se estaba aburriendo soberanamente, ya que había enviado a Pena y Pánico a inspeccionar la cantera y sacar información sobre ella.

Uno de los trabajadores más jóvenes había caído al suelo agotado, enseguida un encapuchado se acercó y empezó a castigarlo duramente:

— ¡Levántate saco de huesos! ¡La pared no se va a derribar sola! — el pobre crío gritaba de dolor, Eri lo ayudó a levantarse, pero al ir en contra las normas se llevó un latigazo en toda la pierna.

— ¡Aaaaah! — gritó de dolor Eri, que empezó a sangrar por el muslo.

— ¡Sigue trabajando escoria! — Hades estaba a punto de explotar de la rabia, pero en ese momento parte de la pared se derrumbó dejando al descubierto una enorme cueva.

Todos miraron atónitos, pues según los planos ahí no debería haber una cueva…, pero para lo que no estaban preparados era para el monstruo que surgía de ella.

— ¡Una mantícora! ¡Corred! — gritó un trabajador.

Y el caos se desató en la cantera de Tebas.

¡Hola de nuevo! Como me retrasé esta semana con el capitulo he querido compensaros con un nuevo capítulo ¡SORPRESA! Jeje

Espero que perdonéis algunos errores que estoy cometiendo, pero los voy arreglando en cuanto me doy cuenta.

Este capi tiene algo nuevo, ¡una canción! Espero que os guste, imaginé la melodía de los cortadores de hielo del principio de Frozen, así que podéis probar de imaginarla con la melodía jeje

Los nombres de Erianthe y Zenos tienen un significado:

Erianthe: dulce, como muchas flores

Zenos: regalo de Zeus

Me parecieron bonitos y apropiados para ellos, aunque Hércules en la mitología tuvo hijos que se llamaban diferentes…

Ya veis que esta segunda parte la imagino más oscura, pero no os preocupéis que hay lugar para todo, para cosas buenas y no tan buenas.

Espero que os guste y ya sabéis podéis dejar un comentario, así me dais vuestra opinión :)