DESCENDIENDO A LA OSCURIDAD
Es una sensación extraña cuando vendes tu alma. Realmente, nada cambia, no notas nada extraño, sin embargo, sientes un pequeño vacío como que, a partir de ese momento, ya no eres dueño de ti mismo, sino del dios que tenía delante de mí. Aún estábamos estrechando nuestras manos. Su mirada era de satisfacción, al igual que su sonrisa. Mentiría si dijese que no tenía miedo, estaba aterrada, pues ahora mi vida pertenecía a Hades.
En cuanto Hades estrechó la mano de la chica, lo sintió. El pacto se había realizado y tal como se esperaba, pues lo había sentido en otras ocasiones, cuando había pactado con mortales, sintió poder. Sentía poder sobre su alma, y si bien su alma aún estaba en su cuerpo, era su legítimo dueño. Hades sonrío satisfecho, "lo he conseguido", pensó el dios de los muertos, había conseguido que la hija de su némesis le entregase su alma.
Ahora podría hacerla sufrir como él quisiera. Tenerla en el inframundo supondría una ventaja y además, Meg y su hijo, sufrirían al no tener a la chica cerca cada día, sabía que la echarían de menos y eso le encantaba. Estaría sí, durante un tiempo, tendría a la mocosa con él y pensaría como angustiar más a Meg. De ella es quien tenía más ganas de vengarse, pues por su culpa, fortachón volvió a recuperar sus poderes y vencerle…
Dejaron de estrecharse las manos y de golpe, Erianthe se sintió mareada, ¿era por el pacto? Era posible, pero sus heridas le estaban haciendo mella. Aparte de la herida del muslo, que se le había abierto antes, le empezaba a doler la cabeza. El efecto del remedio de Hipócrates se habría pasado. Hades se percató y agarró a la chica del brazo, evitando que se desplomara al suelo, sabía que los mortales después de pactar se sentían débiles, pero no a tal punto, hasta que se cayó en la cuenta de las heridas de la chica:
— Estás hecha un desastre —la miró de arriba abajo, y con la otra mano tocó la cabeza de la chica. Enseguida, Eri se sintió mejor, pero aún estaba el dolor de la pierna.
— Gracias, ¿por qué lo haces? —no entendía por qué la curaba.
— No me sirves herida, eres mi subordinada, así que a partir de ahora me tengo que ocupar de estas cosas —le dijo sin más Hades, restándoles importancia al asunto y posó su mano en el muslo de la chica. Eri, pegó un respingo al notar la mano de Hades posarse en su pierna, le escocía la herida, pero de repente sintió mucho calor en su muslo y como el dolor se desvanecía, era una calidez muy agradable. La mano del dios era enorme, cubría su todo muslo, al pensar en eso, Erianthe se avergonzó, además, de su cercanía. Una cercanía que tampoco pasó desapercibida por el rey del inframundo.
No era la primera vez que estaba cerca de ella, cuando se agachó para comprobar como estaba después de deshacerse de la mantícora. Pudo fijarse mejor en todas sus facciones, que eran una mezcla entre Meg y Tontules, aunque ninguno de los dos tenía pecas, ella las tenía a lo largo de su nariz respingona y algunas en sus mejillas, labios carnosos… Lo que no se esperaba es que oliese tan bien, un aroma dulce floral con un toque cítrico, justo el mismo olor que le venía en ese momento.
"Otra vez me he quedado embobado, esta cría es peligrosa…" pensó el dios que acabó de curar a la chica. Se dio cuenta de que sus mejillas estaban sonrosadas, ¿había aplicado demasiado calor? Dejó de darle vueltas al asunto y la miró a los ojos. Tenía miedo. Era normal, acababa de vender su alma e iba a pasar el resto de vida en el inframundo. En ese momento, Hades, señor de los muertos, se compadeció. Tenía pensado llevarse a la mocosa en ese mismo momento, pero recordó la conversación que tuvo hace un rato en la habitación de su madre, así que "¿por qué no dejar que pase la noche con su familia? De esta forma, confiará más en mí. Sí, no es porque me esté ablandando por esa mirada, no…".
— ¡Listo! Curada, ahora te sentirás mejor.
— Bueno, ¿entonces nos vamos ya? —le digo Eri con cierta tristeza.
— ¿Quién dice que nos vamos ya?
— Pero, acabo de…, acabamos de pactar…
— Oh, sí, sí, querida, lo recuerdo, pero ¿no tienes que hacer la cena?
Esa pregunta le sorprendió a Erianthe, quien no se esperaba ese giro de los acontecimientos:
— ¿Entonces?
— Entonces, Eri, ¿te puedo llamar Eri? Esta noche prepara la cena, cuida de tu hermano y tu madre y mañana a primera hora te paso a buscar y prepara lo que te quieras llevar. Pero, debo decirte que, no le digas nada de esto a tu madre, ¿vale? ¿Capiche?
— De acuerdo, gracias, señor.
— Hades.
— ¿Eh?
— Llámame Hades.
— De acuerdo, seño…, ¡digo Hades!
Los dos se quedaron en silencio. Para Hades, se le hacía difícilmente extraño tenerse que separar de la mortal, llevaba todo el día pegado a su lado y por una curiosa razón no quería despedirse de ella ahora. Para Erianthe, ese dios le desconcertaba, le acababa de vender su alma, un trato muy cruel. Sin embargo, ¿le dejaba despedirse de su familia? ¿Eso era amabilidad? ¿Acaso el señor de los muertos tenía un lado bueno? No sabía qué pensar…
— ¡ERI! —el trance en el que se encontraron los dos, se rompió por la llegada del benjamín de la familia.
— Zenos…, me tengo que ir. Mañana estaré aquí a primera hora.
— Así lo espero. — le dijo el señor de los muertos algo irritado, ¿por qué siempre había un mocoso que les interrumpía? Hades observó que la chica estaba mirando al suelo buscando algo, "¿qué narices hace?" Hasta que la vio agacharse a agarrar varias flores:
— Me servirán de excusa —dijo con una sonrisa, el rey del inframundo no entendía nada…
La chica se fue dirección a la casa y salió de entre los árboles:
— ¡Zenos! ¿Tienes el remedio de mamá?
— ¡Eri! ¿Qué haces en el bosque?
— Recoger flores. Sabes qué mamá le gustan las flores, así que he pensado que cuando le llevemos la cena, también le llevaremos un ramillete de flores. — "¡Ah! Así que era eso…, la mocosa es muy astuta", pensó Hades, quien miraba la escena a distancia prudencial para que no le vea el hermano de la chica.
— ¡Buena idea! Y sí, lo tengo todo. La dependienta, la señora Dorotea, me ha dado unas cuantas hierbas que mamá se tiene que tomar como infusión. Y, también me ha dado un poco de fruta y un pescado, dice que comer bien es el mejor remedio para recuperarse.
— ¡Madre mía! ¿En serio? Qué amable, tendremos que agradecerle todo esto… Mmmmm creo que si le horneamos algún postre…
— También me ha dicho y cito textualmente: ¿cómo está tu hermana? ¿Pensando en buscar marido? Recordad que mi nieto está soltero y es un buen partido. Estaba muy interesada en saber cuándo tienes pensado casarte. —Eri abrió mucho los ojos y Hades observó su reacción.
— ¿QUÉ? —Eri suspiró. Si, en unos años una chica de su edad debería pensar en casarse…, pero ni borracha se iba a casar con el nieto de la dependienta del herbolario… — ¿y qué le has contestado?
— Pues que de momento no tienes pensado casarte, que estás casada con tu trabajo.
— Jajajaja, buena respuesta hermanito, veo que te he enseñado bien. —Hades se sintió ¿aliviado? Se quitó esa dichosa idea de la cabeza y siguió observando ese par.
— Además, que para ello te debería invitar a una cita hermana: llevarte al teatro, cena a la luz de las velas… ¡Oh! ¿Y qué me dices de bailar? A ti te encanta bailar, eres muy buena bailarina.
— ¿De dónde sacas esas cosas?
— De mamá. Me dijo que es muy importante que antes de casarse tiene que haber un cortejo y que las citas son la clave.
— Mamá…, bueno, mi casanova, vamos a entrar dentro que ya es algo tarde y hay que hacer la cena.
— Cierto, qué hambre…, pero ¿has visto? Hoy las estrellas se ven muy bien.
Erianthe miró al cielo. Su hermano tenía razón, el cielo estrellado de esa noche era muy hermoso. Ya lo había visto cuando bajó de la carreta como se asomaban las primeras estrellas, pero ahora, era un manto de puntitos brillantes que te dejaba hipnotizado.
— ¿Sabes una cosa? A papá le encantaba salir al porche a mirar las estrellas por la noche, tú eras muy pequeño y no lo recordarás, pero solíamos salir a mirarlas, y a contar historias sobre ellas…
— Podríamos volver a tener esa tradición, ¿no?
— Buena idea. Mira esas estrellas de allí, esa que tiene forma de carro, esa es la Osa Mayor, se dice que Calisto, una mujer muy bella, fue seducida por un dios, y pensarás ¿qué problema hay en ello? Pues que había hecho un voto de castidad y pertenecía al cortejo de la diosa Artemisa, por lo que, cuando descubrieron que estaba embarazada, Artemisa, enfadada la transformó en oso.
— Vaya, pobre Calisto.
— Sí, pero uno de los dioses se compadeció y la transformó en constelación, así le otorgó la inmortalidad y salvó a su hijo.
— Oye, Eri. ¿Crees que papá estará viendo la misma constelación, qué nosotros?
— Seguro. Siempre he creído que mirar las estrellas nos acercan más de aquellos seres queridos que están lejos de nosotros. Cierro los ojos y pienso que tanto papá, Phil y Pegaso estarán en algún lugar pasado el Egeo observando esas estrellas. ¿No piensas que hace que estén más cerca?
En ese momento se levantó mucho aire y Zenos tuvo una idea. Entró en casa, agarró un trozo de pergamino y escribió "Papá, Phil y Pegaso, volved pronto". Mientras Eri no sabía qué loca idea había tenido su hermano, miró hacia el bosque y vio a Hades que la miraba tan desconcertado como ella estaba. Zenos, salió de la casa con el trozo de pergamino, se lo enseñó a hermana y empezó a darle forma al pergamino, ¿tenía forma de pájaro?
— ¡Listo! Con este aire debería flotar con facilidad.
— ¿Eh? - Eri no entendía nada…, pero vio cómo su hermano lanzó el pergamino en forma de pájaro hacia el cielo y por alguna razón, ese dichoso trozo se fue volando hacia ¿el mar? No, no, demasiada coincidencia.
Eri se subió al tejado de la casa por la escalera y vio como ese "pájaro de pergamino" se alejaba y se alejaba hasta llegar a los acantilados que daban al mar.
— Ha llegado al mar…
—¡SÍ! ¿Crees que les llegará el mensaje?
Eri miró a su hermano que estaba dando saltitos de alegría, su inocente y absurdo gesto hizo que se le dibujase una tierna sonrisa. Hades no podía creer que esa soberana bobada le hubiese funcionado al mocoso, a veces el destino era inexplicable y caprichoso, justo como esas 3 harpías…, ¡pero no le podían dar el control absoluto del cosmos! Qué injusto…, por lo menos, estaba viendo a Erianthe sonreír de la manera más hermosa que jamás había visto.
— Sabes, creo que sí que les llegará, tengo la esperanza de que sí lo hará. — bajó del tejado y miró a su hermano que rezumaba entre exceso de energía y alegría por cada poro. Iba a ser su última noche con su hermano "Su última noche", sintió una punzada en el pecho, pero no iba a permitir que la tristeza empañase esa noche, iba a pasar tiempo con su familia. — cada vez te pareces más a papá…
— ¿Sí? —contestó muy emocionado Zenos.
— Sois como dos gotas de agua, si no fuese por tu pelo, que es del mismo color que el de mamá. Te diría que eres un "mini-Hércules".
— No soy mini…
— Eres más pequeño Zenos… Bueno, nos hemos entretenido mucho "peque", así que me vas a ayudar a hacer la cena.
— ¿Eh? ¿No puedo ir arriba con mamá?
— Irás arriba, pero cuando hagamos la cena. Cenaremos todos juntos y dormiremos todos juntos, ¿qué me dices? ¿Quieres que juntemos las camas? —menos mal que las camas eran de paja y no iba a pesar mucho.
—¡SIII! ¡Me encanta la idea!
— Acabo de recordar una cosa, ¿sabes cuál es la regla número 105 del reglamento de los héroes?
— No…
— Cuando quieras que tu objetivo mueva el trasero, ¡atrápalo y atácalo con cosquillas! —Eri empezó a hacerle muchas cosquillas a Zenos, quien finalmente entró a casa para deshacerse del ataque de su hermana. La chica se rio e iba a entrar a casa, pero no antes de pararse en la puerta, girarse y ver al dios de los muertos, que aún estaba allí entre los árboles.
— Hasta mañana - susurró Eri. Entró en casa y cerró la puerta. A Hades no le dio tiempo a contestar, simplemente se quedó un rato más mirando cómo las luces de la casa se encendían y los dos mocosos se movían por la planta baja, suponía que era porque estaban preparando la comida. Esa chica…, le costaba creer lo positiva que era viviendo en ese mundo tan sombrío y sin lugar a dudas, el señor de los muertos pensó que se llevaba al inframundo una mortal muy especial. Con ese pensamiento en mente, se desvaneció, pues tenía mucho que preparar.
En la casa, los dos hermanos acabaron de preparar la cena y la habitación para que los 3 pudiesen dormir juntos. Cuando tuvieron todo preparado, despertaron a su madre:
— Vaya, muchas gracias, chicos, esto está muy rico. — y los 3 comieron gachas, pescado y fruta. Luego, le prepararon a Meg la hierbas y se tomó la infusión. Más animada, su madre les empezó a explicar una historia:
— Vuestro padre se enfrentó a una Hidra, a la salida de Tebas. Le iba cortando cabezas, pero de ellas salieron tantas que no recuerdo con cuantas cabezas se enfrentó a la vez, aun así, la descomunal fuerza que tenía le sirvió a para romper la pared de una montaña y así enterrar al monstruo. Fue un milagro que sobreviviese, pero lo hizo y desde aquel día se convirtió en el mayor héroe de toda Grecia.
A Eri le encantaba esa historia. El inicio de todo, su madre lo contaba con tanta nostalgia y adoración…, Zenos en algún momento se quedó dormido y su madre iba por el mismo camino, así que decidió apagar las luces de las lámparas y dormir un poco. Estaba tan nerviosa que no pudo pegar ojo, así que se levantó y bajó a la cocina.
Encendió una de las lámparas, sacó un pergamino y escribió unas palabras para su familia:
Querida mamá:
Siento despedirme de esta manera, pero sé que no me dejarías partir si no fuese de otra manera. Me voy a buscar un trabajo mejor. Por mucho que en la aldea, pudiese trabajar en los campos, creo que con ese sueldo no llegaríamos para poder vivir… Voy a intentar encontrar algo en Atenas, donde las cosas van algo mejor que en Tebas.
No te preocupes por mí, mamá. Estaré bien, te lo prometo. Escribiré y os enviaré dinero cada mes y en cuanto pueda, os iré a visitar.
Zenos, cuida de mamá y protege la casa.
Os quiero muchísimo.
Erianthe
PD: os dejo el dinero que ahorré de la cantera, mamá. Utilízalo para tu remedio y para comprar fruta y verdura fresca.
Dejó la nota en la mesa, junto con la bolsa de dinero, y se fue para su habitación. Se cambió de túnica y preparó un bolso con algunas cosas como ropa interior, alguna túnica… y su capa de viaje. De su mesita agarró el medallón de su padre y se lo puso. No sabía qué llevarse más, ¡ah, sí! Un dibujo que hizo de su familia y las gafas que solía llevar en la cantera, eran pertenencias que le importaban y que quería llevarse al inframundo.
No quedaba mucho tiempo para el amanecer, por lo que, fue a la habitación de su madre y allí vio a Zenos como estaba abrazado a ella. Los miró durante un rato hasta que vio cómo el cielo cada vez era más claro. Ya era hora…
Se acercó a la cama de su madre, se inclinó y besó tanto a su hermano como a su madre, los dos no se inmutaron, por lo que, aprovechó para irse, ya que estaban profundamente dormidos. Los miró por última vez y bajó por las escaleras. Se puso su capa de viaje, las sandalias, agarro su bolso y salió de casa.
Estaba empezando a caer algunas gotas, iba a ser un día lluvioso. Dio unos pasos hacia el bosque y se volteó a ver su casa por última vez. No se escuchaba nada, solo las gotas caer sobre el tejado y la hierba. Qué tranquilidad…, respiró hondo e hizo una reverencia:
— Gracias por todo mamá…, os quiero…, cuidaros mucho… — intentaba no llorar, se estaba conteniendo. Así que decidió seguir su camino hasta donde había quedado con el dios de los muertos.
Allí estaba. Imponente. Observándola, preparado para llevársela.
— ¿Estás lista? —Hades miró a la chica, quien estaba a punto de llorar.
— Sí…, estoy lista. —él alargó su mano para que la chica la agarrase. Dubitativa Eri extendió su mano hacia el dios y la agarró. Enseguida, Hades notó que estaba temblando. "Está asustada", y vio cómo Eri se volteó a mirar hacia su casa mientras su mano seguía agarrada a la suya.
— Adiós…— susurró. Erianthe ya no pudo contenerse más y empezó a llorar, mientras veía cómo su hogar se desvanecía poco a poco. Un humo negro los envolvió y aparecieron delante de una cueva enorme. En la entrada, en la piedra, estaba esculpido un pórtico con dos columnas.
Hades miró a la mocosa que ahora estaba sorprendida. Soltó su mano y dijo:
— Estamos a unas horas de Tebas. Esta es una de las entradas del inframundo, te recomiendo no separarte de mí hasta que lleguemos a mi palacio, ¿entendido?
La chica asintió. Entonces Hades entró a la cueva, Erianthe le siguió para descender a por las escaleras que le llevaban a la oscuridad del inframundo.
¡Hola! Ya vuelvo a estar por aquí, os traigo otro capítulo recién salido del horno.
Erianthe ya se ha despedido de su casa y se va al inframundo, ¿qué aventuras le depararán?
Espero que os guste el capítulo.
Recordad, si queréis podéis dejarme un review para decirme que tal os parece el fic.
Remember, you can leave your reviews to let me know if you like it. Also, I'm considering translating the fic into English, but it would take a while to complete it.
Durante el día de hoy voy a ir subiendo capítulos que ya tengo editados.
Gracias por leer.
