¡BIENVENIDOS A ORIENTACIÓN!

Después de que Hades le dijese cuál iba a ser su trabajo en el inframundo, aparecieron Pena y Pánico para traerle su identificación del inframundo y llevársela a hacer el reconocimiento médico.

Siguió a los diablillos hasta la salida de la sala del trono, pero antes de salir por el agujero, miró de reojo al señor de los muertos, quien se había vuelto a sentar en el trono, pero esta vez estaba encorvado hacia delante, sujetándose la cabeza con ambas manos. A diferencia de lo que había visto hasta ahora, el dios lucía agotado, como si llevase un gran peso encima.

No quiso darle más importancia, pues ese dios le había traído al inframundo para ser su sirvienta para "toda la eternidad", así que, "¿para qué sentir simpatía por alguien que la menospreciaba y que seguramente odiaba?", pensó Eri, quien sacudió la cabeza para quitarse todos esos pensamientos y salió de la sala del trono, siguiendo a los dos subordinados de Hades, quienes hablaban animados contándole cómo iba a ser la sesión de orientación.

En cuanto, el trío se fue, Hades soltó un suspiro. Realmente, sentía que estaba cansado, desde que había salido del vórtice de las almas había salido a la superficie para seguir a la chica y apenas había dormido, pero en cuanto cerraba los ojos, su mente le traía recuerdos de cuando estaba rodeado de almas, viscosas, frías… No fueron sensaciones nada agradables, y menos porque todas esas almas le arrastraban lejos de la superficie, arañando su piel y mordiéndole, además, de recriminarle "el sufrimiento que estaban pasando por su culpa". "¿Su culpa? Ni hablar", pensó Hades. Que los muertos acaben en el río Estigia, era su destino, ¿qué culpa tenía él de que no fuese cómodo? Pero no iba a dejar que 17 años atrapado en esa inmunda prisión le atormentasen.

Afortunadamente, para el rey del inframundo había conseguido atrapar a la hija de su Némesis en su reino, "esta mocosa me ayudará a chantajear a su familia y ¿a su abuelo? Podría intentarlo.", los pensamientos de Hades se vieron interrumpidos por un olor que recientemente se le hacía familiar, "su olor" y por una extraña razón se sintió más calmado, más en paz…"Tonterías", pero sus pesadillas en el vórtice se esfumaron en cuanto volvió a respirar su aroma.

Erianthe pasó su reconocimiento médico, pero con algunas indicaciones. Un esqueleto parecido a Caronte tomó nota de su altura, peso y de otras pruebas que le hicieron. Los diablillos estuvieron presentes, menos cuando se tuvo que levantar la túnica para comprobar su respiración y sus latidos del corazón, en ese momento se pusieron muy rojos y se dieron la vuelta para darle privacidad a la chica.

— Bueno, jovencita. Tengo que decirte que estás bastante bien de salud, pero estás bajo tu peso ideal. Tienes que tener una dieta más variada y rica, si no puedes ponerte enferma, pero eres apta para empezar a trabajar. — le indicó el esqueleto, quien le recordaba a Hipócrates.

— Apuntado Agapios, veremos que hacemos con eso a partir de ahora. Lo importante es tener la aprobación para empezar a trabajar. Bueno, Eri síguenos. Te vamos a llevar a la sala de orientación y toma esta es tu identificación de empleada del inframundo. — le informó Pena.

Erianthe agarró la identificación. Sabía perfectamente que estaba baja de peso, se le notaban las costillas y muchas ocasiones se sentía débil o mareada, algo que no le comentó a Agapios, quería pasar el reconocimiento y no darle más argumentos a Hades "de que le debe algún favor más", ya le había entregado su alma y su libertad, no iba a entregarle nada más.

Miró la identificación, un trozo de roca rectangular con su nombre esculpido, su número de empleada 1.229.001, "¿un millón? ¿Cuántos empleados había?". También se fijó que estaba su cara esculpida y verdad es que habían hecho un buen trabajo y tan poco tiempo…

— Síguenos hasta la sala de orientación, allí te daremos información del inframundo, horarios y finalmente, te llevaremos a tu estancia.— siguió informándole el diablillo.

— ¿Tengo habitación?

— ¡Por supuesto, señorita! No somos unos bárbaros, el jefe dirige un negocio respetable y está claro, que tiene a sus empleados acomodados si tienen que vivir aquí abajo, en eso es muy responsable. — esta vez fue Pánico quien le contestó. La verdad es que Eri no se imaginaba al señor de los muertos "tan legal y responsable" en ese sentido, pero tenía que admitir que solo conocía como era por lo poco que había visto de él y por lo que le habían contado, así que no podía juzgar como era como jefe.

Fueron hasta una sala oscura, como casi todo el inframundo, iluminada por más antorchas. Había varias sillas que miraban hacia donde había una mesa más grande, a Eri le recordó a cuando iba al colegio de pequeña, "qué recuerdos", pensó con nostalgia, la verdad es que echa de menos ir al colegio, donde quedaba con sus amigos y donde aprendía nuevas cosas. Le encantaba, de esa manera, podía saber más cosas sobre el mundo, pero allí estaba ahora, en una aula del inframundo, a aprender sobre el reino de los muertos.

No se había fijado, pero colgado detrás de la mesa había una pancarta que ponía "bienvenidos a orientación". Se sentó en una de las sillas de la primera fila, iba a ser la única persona, junto a los dos secuaces de Hades, "genial, clase particular".

— Bueno, Erianthe, bienvenida a orientación. Toma en este pergamino, tienes los horarios de del cafeterium y de los baños públicos, y las normas básicas del inframundo, como:

1. Prohibido dar de comer a Cerbero, si no quieres que él te destroce.

2. Prohibido bañarte en el río de los muertos, si no quieres acabar siendo un residente permanente.

3. Prohibido hablar con las almas, ni las saques del río.

4. Prohibido comer la comida del inframundo, o quedarás permanentemente vinculada a este mundo, y no podrás ir al mundo de los vivos.

5. Prohibido entrar al tártaro sin supervisión.

6. Prohibido ir a los Campos Elíseos.

7. Prohibido bañarse en el río Lete, si no quieres perder la memoria.

8. Prohibido entrar en los aposentos de Hades, si te pilla allí sin su consentimiento te va a freír literalmente.

9. Prohibido ir a la biblioteca del inframundo, es de uso exclusivo de Hades.

10. Prohibido escaparse del inframundo, solo podrás salir cuando te autorice el jefe.

— Cuantas prohibiciones…— susurró para sí misma Erianthe.

— Mejor síguelas, si no te quieres meter en un buen lío. — le sugirió Pánico. — ¡Ah! Tampoco podrás utilizar las termas del jefe, solo los baños públicos.

— Por cierto, si no puedo comer nada del Inframundo…, ¿qué voy a comer?

— Por eso no te preocupes, hay un menú para mortales, o si lo prefieres, puedes hacerte tú misma la comida.

— ¡Oh! ¿En serio? Me gusta cocinar, así que sí, creo que podría hacerme mi comida…

— Bien, ya te hemos indicado las normas, horarios. Ahora pasemos por la historia de este lugar…— Pena empezó a contar la historia del Inframundo, así que empezó a tomar apuntes de todo. Hasta casi 3 horas más tarde, no pasó al siguiente punto, las normas de seguridad, otras ¿2 horas? Erianthe, no sabía cuantas horas llevaba sentada, pero tenía el trasero dormido después de estar sentada tanto tiempo. También, le indicaron las zonas que debía limpiar con mayor frecuencia, y como moverse por todas ellas:

— Tengo una duda. ¿Cómo limpio las zonas que están prohibidas?

Ante esa cuestión, los dos diablillos se miraron, pues no lo habían pensado, sin la autorización de Hades no podían responder esa pregunta…

— Yo seré tu supervisor - todos los presentes se voltearon y vieron en la puerta, apoyado al dios de los muertos - cuando te toque limpiar la biblioteca, las termas y el vórtice de las almas. Los Campos Elíseos no necesitan limpieza, son propiedad del Olimpo y el tártaro, ya está bien como está, total es para las almas torturadas y monstruos que mejor que no vuelvan a ver la luz del sol, así que, no hace falta. A no ser que quieras vivir allí... - sonrió Hades.

— No, no, prefiero limpiar el resto y no me hace falta una visita turística por el tártaro. — se apresuró a responder Eri.

— Bien, chicos, ¿qué os queda? Lleváis aquí casi todo el día.

— Ya estamos, jefe. Nos queda hacer el tour por el palacio y le indicamos donde está su habitación. — le informó Pena.

— ¿Aún os falta el tour? — se sorprendió Hades, aunque no podía ver el sol, sabía que justamente en la superficie estaba atardeciendo.

— Lo sentimos su señoría, es que la chica nos ha hecho muchas preguntas, ¡mire, hasta ha tomado apuntes! — señaló Pánico al pergamino que tenía Eri. Hades se acercó y sí, la mocosa había escrito muchas cosas sobre el inframundo. El dios estaba sorprendido y a la vez orgulloso, pues hasta ahora nadie había tenido interés por el inframundo y tenía que ser, justamente, la hija de Hércules quien rompiese la regla, "qué irónico", pensó el dios, pero no se iba a ablandar por nada en el mundo.

— Muy bien, veo que eres aplicada. No obstante, os acompañaré al tour, no sea que tardéis una semana… — soltó con cierta mofa Hades.

Los dos subordinados enseñaron, le enseñaron a Erianthe, donde estaban los baños, la biblioteca que tenía prohibida y el cafeterium. La verdad es que en general todo estaba muy muerto, valga la ironía, pero Eri se fijó que no había muchos empleados, pero los que había eran esqueletos, como Caronte o Agapios, o algún que otro diablillo parecido a Pena y Pánico. "¿Dónde están los monstruos?", se preguntó, su madre le comentó que Hades tenía a su cargo muchos monstruos, pero de momento no había visto ninguno por allí.

Por lo que veía la comida servían, eran bichos, lombrices, ¿ojos? ¿Dedos? "Por todo los dioses, ¿qué acaso iba a ser parte del menú?", pensó Erianthe escandalizada. Hades se fijó en la cara de asco de la mocosa:

— Tranquila, no vas a comer nada de eso - pero vio otro tipo de preocupación, "ah, eso" - tampoco nadie irá tu habitación, te descuartizará y te pondrá en el menú, no te preocupes.

— ¿Son restos humanos? - le preguntó Eri.

— No, para nada. Son animales u otros seres, aquí no somos caníbales. Te lo aseguro, tienes mi promesa de Boy Scout.

Erianthe no lo miró muy convencida, sin embargo, lo dejó pasar, no iba a indagar más en el tema. Empezó a escuchar algunos cuchicheos de los presentes:

— ¿Has visto? Es una mortal.

— Sí, y una muy guapa.

— ¿Qué está haciendo aquí?

Esos comentarios empezaron a incomodar a la hija de Hércules, quería esconderse, se sentía observada por todos. Hades vio que agachaba la cabeza, intentando pasar desapercibida, "siempre quiere pasar desapercibida, no se tiene nada creído, lo hermosa que es… ¿Qué? ¿Acabo de pensar que es hermosa? Por el río Estigia, Hades, te haces viejo y piensas cosas que no debes…", el dios tenía un debate interno, pero gracias a la intervención de sus secuaces hizo que no siguiera pensando en tonterías.

— Vamos, señorita, te enseñaremos donde hay comida para mortales y donde puedes cocinarla. — y fueron hasta por una puerta trasera, donde había una pequeña despensa llena de comida de la superficie y no muy lejos la cocina. La chica al ver tanta comida abrió mucho los ojos, hacía tanto tiempo que no veía tanta comida junta, que su estómago la traicionó y empezó a quejarse de que no había comido nada en todo el día.

— Vaya, ¿tienes hambre? — le dijo Pena, a lo que la chica asintió avergonzada. — pues agarra algo de fruta, acuérdate de lo que te ha dicho el médico.

Erianthe no dudo en agarrar algo de fruta. Los diablillos le indicaron que le iban a enseñar donde iba a dormir, mientras Hades los seguía. Se imaginaba lo que le había dicho el médico, no había que ser un genio para ver que la chica necesitaba comer algo más, pero viendo cómo estaban las cosas arriba, no tenía otra opción. Le había hecho gracia verla contenta por una pieza de fruta, era algo a lo que se podría acostumbrar: verla sonreír. "Otra vez con estos dichosos pensamientos".

Llegaron a la habitación y Erianthe se sorprendió que fuese una estancia amplia, con cama, armario…, había de todo, incluso tenía túnicas nuevas.

— Bueno, Eri, dejamos que te instales. Acuérdate que el cafeterium estará abierto un par de horas más y los baños también. Nos vemos en un rato para la cena. — los diablillos se despidieron y Hades solamente se volteó y se esfumó.

No sabía mucho qué hacer hasta mañana, pero aprovechó para sacar las pocas cosas que había traído y guardarlas, menos el medallón de su padre y el dibujo de su familia, que los dejó en su mesita de noche. Estaba tan cansada, que al sentarse en la cama, inmediatamente se tumbó y se quedó dormida.

Pena y Pánico informaron a Hades que la chica no se había presentado a cenar, molesto el dios se fue a buscarla a su habitación, encima que era hospitalario con ella, se iba a enterar la muy ingrata. Entró a la habitación sin siquiera picar y la vio tumbada, durmiendo, por lo que, el dios se calmó enseguida. Se la veía tan tranquila y relajada…, se acercó a mirarla más de cerca, realmente era hermosa…

Se iba a marchar, pero se percató de un medallón dorado en la mesita de noche: el medallón de los dioses, el que le dieron a Hércules al nacer. "¿Lo tiene ella?" Luego, lo vio el dibujo de su familia y se fijó que estaba firmado por ella misma y se sorprendió de lo bien hecho que estaba, "dibuja muy bien".

Esa chica era una caja de sorpresas, pero mañana se iba a enfrentar a lo que de verdad es el inframundo:

— Aprovecha para dormir, ya verás lo que te espera mañana… — le susurró Hades antes de salir de la habitación.

¡Sorpresa! Capítulo doble esta semana.

La semana que viene estoy un poco liada y no sé si podré actualizar, pero lo intentaré, al igual que traducir la historia, para aquellos que prefieran la historia en inglés.

Gracias por seguir leyendo, espero que os guste el capítulo.

Y recordad, dejad vuestros comentarios para saber que os parece.