CÓMO CONVERTIRSE EN CENICIENTA

Erianthe se despertó. Y por un momento pensó que estaba en su casa, que su madre la esperaba abajo en la cocina con el desayuno, por lo que abrió los ojos, dispuesta a salir corriendo, a cortar leña, pero se detuvo cuando enfocó la vista en el techo.

No había sido una pesadilla…, estaba en el inframundo.

Se incorporó en la cama. Debería habérselo imaginado, este sitio era tan diferente a su casa: oscuro, frío, pero a la vez amplio y cómodo. Si bien, necesitaba que limpiasen el polvo, como al resto del palacio de Hades, la habitación tenía de todo y aunque la decoración era escasa, los muebles que había eran de una calidad exquisita, al igual que su colchón. ¡Ni su colchón de cuando vivía en la villa fue tan cómodo! Pero le faltaba algo muy importante: su familia.

Llevaba un día fuera de casa y los echaba de menos, muchísimo de menos. No podía dejar de pensar en cómo se habrán tomado la nota. Cómo su madre se habrá enfadado hasta el punto de llorar de rabia y de cómo su hermano pequeño se habrá puesto a llorar… Pero esperaba que su madre no fuese como una loca hasta Tebas en busca de Patroclo para indagar donde estaba o sí, tenía alguna explicación a mi partida. Por suerte sabía que su madre era muy precavida.

Lo que más le reconcomía por dentro es que si se llegase a enterar de que había vendido su alma a Hades, al mismo dios al que ella había vendido su alma…, se enfadaría aún más, pero lo más seguro, es que se decepcionaría, ¿verdad? ¿Se decepcionaría por su compartimiento? Y no solo ella, ¿su padre también?

Unas lágrimas se deslizaron por sus mejillas. Pensar en ellos le dolía, no iba a verlos nunca más…

"Eri, ¡espabila! Tienes que ser fuerte y asumir tus propias decisiones y consecuencias", pensó la chica de pelo anaranjado. No podía quedarse ahí todo el día, si no podría ser peor.

No sabía que hora era, así que pensó que lo mejor es que saliese a investigar si los baños estaban abiertos para asearse rápidamente y luego comer alguna cosa en el cafeterium. Por suerte, los baños no estaban lejos de su habitación, así que agarró una túnica limpia y se fue a las termas.

Afortunadamente, ya estaban abiertos. No había nadie y al igual que en el cafeterium de ayer, un esqueleto regentaba la entrada.

— Bienvenida, qué madrugadora, aún está todo el mundo durmiendo. ¿Es la primera vez? — ante esa pregunta Eri asintió— perfecto, mira, estos baños son mixtos, pero te recomiendo que si por algún casual prefieres bañarte sola esta hora o la última son las mejores, apenas se asoma algún alma por aquí. Jajajajaja ¿lo pillas?

Eri hizo el esfuerzo de reírse ante ese chiste tan malo, pero prefería llevarse bien con sus nuevos compañeros, así que tendría que acostumbrarse ante tal nivel humor…

— Veo que aprecias una buena broma, me gusta, por cierto mi nombre es Ajax.

— Erianthe, encantada.

— ¡Un nombre muy bonito! Bueno, Erianthe toma una toalla. Sigue recto y encontrarás los vestuarios, deja allí tus cosas, verás que hay varios casilleros, así que deja tus allí. Te cambias y sal a los baños con la toalla.

— Gracias, Ajax. Muy amable —le dijo amablemente la chica.

— No hay de qué, disfruta de las vistas.— Eri lo miró esperando a que fuese otro de sus chistes, pero al ver que el esqueleto se puso a hacer otras cosas, entró sin más, sin entender por qué le había dicho al sobre las vistas. "Vistas, ¿a dónde?", no lo tenía claro.

Al entrar al vestuario vio un montón de taquillas, la verdad es que no le hacía gracia que fuesen baños mixtos, pero se imaginaba que no había muchas chicas allí abajo, así que no tenía más remedio que adaptarse e ir a los horarios donde iban menos subordinados a bañarse.

Se desnudó y se puso la toalla para salir al baño. Se sorprendió al ver una zona tan amplia, cálida y bastante bien iluminada, miró al techo y vio unas luces que parecían salir de las rocas, ¿eran gusanos? Fuese lo que fuese era bonito, iluminaba la estancia de una forma etérea, como si fuese magia.

Al igual que la sala del trono, todo estaba hecho de mármol negro pulido. Una maravilla. El agua brotaba de varias fuentes, también había bancos e incluso aceites y jabón. La verdad es que no estaba nada mal. El rey del inframundo era muy considerado con sus empleados.

Aunque, no se esperaba ver, era una piscina que estaba parcialmente techada. "Así que en eso se refería a las vistas", pensó Eri, ya que parte de la piscina salía a una especie de balcón.

La curiosidad de Eri la llevó a ducharse rápido. Una sonrisa se le dibujó, puesto que hacía años que no se duchaba con agua caliente, ¡era tan relajante! Una vez aseada se tiró a la piscina.

— ¡Por los dioses! ¡Esto es, esto es una pasada! — la hija de Megara estaba emocionada, una piscina de agua caliente, era todo un lujo. Nadó hasta salir a la parte exterior de la piscina y lo que vio la dejó sin habla: se veía parte de la laguna Estigia y ¿eso eran los Campos Elíseos? Sí, desde allí se podía ver el inframundo desde arriba, pues estaba en la parte más alta del palacio. Era una vista espectacular, por lo menos para ella.

De pronto escuchó cómo alguien se metía en el agua. "Mierda, no quiero que nadie me vea desnuda", pensó Eri. No obstante, eso iba a ser inevitable, pues los baños eran mixtos. Se volteó para ver quién era, pero no había nadie, estaba sola… "Qué raro, juraría que he escuchado alguien meterse en el agua", sus pensamientos se vieron interrumpidos por el chapoteo de agua y no era ella, ni nadie de esa piscina. "Un momento, ¿qué?", tan absorta estaba que al lado su piscina había otra más, pero estaba por encima de la de los empleados, y allí, en todo su esplendor, estaba el dios de los muertos, quien estaba al borde de la piscina observando las vistas.

Eri no movió ni un músculo. No quería, es más, no iba a dejar que el dios la viera de esa guisa. Por suerte, parecía que no había reparado en que estaba en la piscina de empleados. "Supongo que le debe dar igual que se estén bañando", pensó la chica, quien en ese momento se percató de la desnudez del señor de los muertos, aunque solo se le viese el torso y los bíceps bien tonificados… "¿Qué? ¿Acabo de pensar, lo que acabo de pensar? No es posible…, o sea, sí. ¡Mierda! He pensado que Hades tiene unos bíceps bien tonificados…" Erianthe se estaba martirizando y seguramente estaría igual de roja que un tomate, así que decidió salir de la piscina para evitar que Hades la viese.

A todo eso, el dios estaba totalmente absorto en sus pensamientos. Sin prestar ni la más mínima atención al baño de los empleados que había más abajo. Otra noche, sin poder dormir bien, pero bueno, le solía pasar, no solo por los recientes recuerdos que tenía del vórtice, sino también por varios recuerdos de hace eones…

Como le relajaba un buen baño, le destensaba los músculos, además, le pediría a Ajax un buen masaje. "Sí, necesito uno, pero ya", pensó el dios, quien tenía los ojos cerrados. En ese momento lo notó, alguien lo observaba. Como un impulso miró a su alrededor, pero no vio a nadie "normal, era su área privada"; sin embargo, luego cayó en la cuenta de que alguno de sus subordinados pudiese haber madrugado y estuviera en el baño de abajo.

Miró hacia abajo y observó como alguien se había sumergido en el agua. No podía ver muy bien quién era, ya que buceó hasta la parte cubierta, pero pudo entrever una cabecita naranja que salía del agua hacia la salida de la piscina. "¿Erianthe? ¿Se estaba bañando?", pensar en eso hizo que el señor de los muertos se ruborizase, "¿pero qué narices? No soy un adolescente, qué más da que se estuviera bañando…" Intentó pensar en cualquier otra cosa, pero sin mucho éxito, "maldita mocosa."

Erianthe salió rápidamente de la piscina, agarró la toalla y se fue al vestuario. Allí se puso la túnica limpia y se fue directa a la salida de los baños. Ajax no estaba por allí, así que se fue a la habitación.

Una vez dentro respiró hondo. El corazón le iba a mil por hora. No sabía por qué se había alterado tanto, ni por qué le iba el corazón tan deprisa, pero no era la primera vez que veía el torso de un "hombre". Había visto a sus amigos y nunca se sintió incómoda, "claro porque con tus amigos tienes confianza", pensó Eri. Mientras que con el dios…, no tenía relación ninguna, aunque a partir de ahora iba a ser su subordinada para toda la vida.

Poco a poco se tranquilizó. Se fue hasta el tocador y se miró en el espejo, tenía unos pelos de loca, así que buscó un peine y se cepilló la melena. Hacía tiempo que no lo hacía, ya sea ser por tiempo, como porque su último peine se había roto por culpa de los nudos que se le habían hecho en el pelo. Una vez acabó, se volvió a mirar, le había crecido el pelo, pero de momento no se lo iba a recoger, aún lo tenía bastante húmedo, por lo que, decidió dejarlo secar, aunque ya no podría secarlo al sol como siempre hacía, les podría preguntar a Pena y Pánico que opción tenía aquí abajo.

Antes de salir al cafeterium, se volvió a mirar y tuvo que reconocer que su nueva túnica era muy bonita: era de un color azul oscuro que podría pasar por negro, además tenía algunos detalles en dorado. No pudo resistir una sonrisa al verse vestida así, se sentía de nuevo una chica y no como despojo, aunque tampoco es que haya mejorado su situación, ahora estaba encerrada en el inframundo…

Al llegar al cafeterium vio que estaba casi vacío, salvo por dos diablillos, además del cocinero. Se fue directa a la despensa que le enseñaron ayer y agarró varias piezas de frutas, cereales y, ¿queso feta? ¡Iba a hacer algo rico con el queso! Tenía los ingredientes para hacer pan de pita, y aún era muy temprano.

No supo cuánto tiempo pasó, pero cuando acabó de cocinar vio cómo Pena y Pánico entraron en busca del desayuno:

— Buenos días, Eri! — saludó Pena — veo que eres muy madrugadora. Hemos ido a despertarte y no estabas.

— Buenos días — la chica les devolvió el saludo — no podía dormir, así que he aprovechado para asearme y prepararme el desayuno.

— Huele muy bien, ¿podemos probar? — preguntó Pánico, quien estaba salivando con la comida de Eri.

— Claro — y les dio panecillos de queso feta, además un poco de macedonia con cereales, miel y un poco de canela. Los diablillos abrieron mucho los ojos sorprendidos de lo bueno que estaba todo eso.

— ¡Está muy rico! Nosotros normalmente no comemos nada de esto, el cocinero nos prepara comida de muertos, nada fresco.

— Gracias, chicos. Os cocino cualquier cosa cuando queráis — dijo sonriendo Eri. Los dos diablillos estaban encantados con ella, la chica era amable y respetuosa, además no los trataba mal. Era muy diferente a su madre. Ahora les sabía mal la jugarreta que le tenían preparada.

— Bueno, Eri. ¿Preparada para el primer día de trabajo? — le preguntó Pena.

— Mmmm, sí, supongo que sí, ¿debería estarlo? — había algo que le olía a chamusquina — ¿por dónde empiezo?

— Vas a empezar a limpiar la sala del trono, sobre todo a sacar todos los escombros y a limpiar el polvo.

— Ajá, bien.

— Sí, pero primero debes llevarle el desayuno al jefe — le dijo Pánico.

— ¿Qué?

— Sí, al jefe le gusta que le lleven el desayuno. Lo que le encanta es un bol de gusanos y un batido de higo.

— Vale, ¿y algo más? — Eri apuntó el pedido de su ahora nuevo jefe.

— ¡Ah! ¿Por qué no le llevas algo de lo que has preparado? Seguro que le gusta… — en eso los diablillos se miraron, pues sabían como Hades odiaba que le cambiasen su rutina y con ello lo que siempre tomaba para desayunar.

— Está bien, ahora se lo preparo. — y se fue a la cocina. Mientras los dos subordinados se rieron, siempre había que meterse con los novatos y Eri no era la excepción.

Eri preparó el desayuno. El cocinero le indicó que a Hades le gustaban los gusanos de cierta manera, así que no replicó en eso porque no tenía ni idea de "como prepararlos", pero lo que más le repugnaba es que estaban completamente vivos. "Puaj", pensó Eri mientras veía cómo se movían los gusanos en el bol.

Acabó de preparar el batido de higos con un toque especial y lo que se había hecho para desayunar, además quiso darle un toque personal, como cuando su madre le preparaba el almuerzo cuando iba al colegio y le dejaba una nota de "buenos días". "A ver si eso le ayudaba a no ser tan amargado" pensó la chica, además siempre hay que dar buena impresión en el primer día.

— ¡Ah! Se nos olvidaba. Tienes que picar a la puerta, entras y al lado de la puerta encontrarás una mesita para dejarle el desayuno. Picas, dejas el desayuno y te vas, ¿de acuerdo? — le dijo Pena, aunque iban a hacerle una novatada, no iban a dejar que la chamuscase el primer día.

— Vale, pero en teoría no debo entrar a sus aposentos.

— Que le lleven el desayuno es una excepción.

— De acuerdo, ¿alguna absurda indicación más? — Erianthe se estaba cansando de tantas normas.

— No, eso es todo. — cuando dejes la bandeja ves a la sala del trono, te estaremos esperando allí.

Dicho y hecho, la chica se fue a los aposentos del dios a llevarle el desayuno. Cada paso que daba estaba algo más nerviosa, sobre todo, después de lo esta mañana, pero no podía dejar que un par de bíceps musculosos le alterasen.

Cuando llegó delante de la puerta se quedó inmóvil durante una eternidad, aunque seguramente fueron unos segundos. Respiró hondo, picó a la puerta. Entró a la habitación, estaba parcialmente oscura, pero pudo distinguir una enorme cama, y a decir verdad, muy poca decoración, eso sí, todo muy lujoso y elegante, nada extravagante. Se fijó en un tapiz donde aparecía una mujer muy hermosa.

De pronto, escuchó un ruido. Así que, como le indicaron los dos diablillos, dejó el desayuno en la mesita, cerró la puerta y se fue lo más rápido que pudo. En 5 minutos ya había llegado a la sala del trono.

Allí le esperaban Pena y Pánico, quienes le indicaron que debía hacer con los escombros, cuando escucharon al dios cabreado entrar a la sala del trono…

— ¡¿Quién ha sido el necio que ha entrado en mis aposentos y ha dejado el desayuno?! — Hades estaba hecho una furia. Normalmente, no se hubiese molestado tanto, pero hoy estaba de muy mal humor desde que no podía dormir y encima lo de la piscina de esta mañana, no quería que nadie le molestase y menos entrando en su habitación.

— Señor, nosotros no… — balbuceaban los dos secuaces del dios.

— Fui yo — contestó Erianthe, cortando a los dos. Por un instante, Hades se calmó al verla, pero, enseguida, se volvió a calentar.

— Eri, Eri, Eri… Tu primer día y ya me haces enfadar - aunque intentaba poner una voz melosa, en realidad las llamas rojas le estaban delatando su temperamento.

— Pensaba que sería un buen detalle…

— ¿Pensabas? Pues lo has pensado mal querida, porque una de las principales normas de este lugar es que no puedes entrar en mis aposentos, ¡JAMÁS! —gritó con rabia Hades. Los diablillos agarraron a Eri del brazo y se escondieron debajo del tablero, el dios calcinó parte de la sala del trono.

Una vez que sintieron que Hades se había calmado salieron de su escondite, Pena y Pánico ya estaban acostumbrados, mientras que la chica estaba sorprendida, casi asustada. Miró a su alrededor y vio todo el destrozo que había provocado el dios. "Genial, limpiar el inframundo va a ser una auténtica pesadilla…", pensó Erianthe, pues estaba todo calcinado. En ese momento, se dio cuenta de que si no hubiese sido por ese par de diablillos, es probable que le hubiesen quemado la llamas.

Eri miró a Hades, estaba respirando hondo, intentando calmarse por completo. No sabía cuándo había empezado a temblar, pero no iba a dejar que ese idiota la viese llorar de miedo.

El dios vio cómo la chica estaba aterrada. Es lo que había él era así y lo que no podía tolerar es que alguien no siguiera las normas, le daba igual haberla "casi" hecho llorar. "Eso no te lo crees ni tú," le dijo una vocecilla en la cabeza de Hades.

— Mira muñeca, no vuelvas por mis aposentos, ¿capiche? Y a partir de mañana me vas a hacer el desayuno todos los días. Quiero todo lo que me has preparado, de la misma manera, pero pregunta al cocinero, él te dirá donde dejar mi desayuno y hoy, quiero ver toda esta sala reluciente, me da igual cuanto tiempo te lleve limpiarla, pero hazlo. ¿Me has entendido?

— Sí, señor… — le respondió en un hilo de luz.

— Bien, pues venga, no tengo todo el día, ¡a trabajar! — ordenó el dios. Y se fue de la sala, no sin antes escuchar los sollozos de su subordinada, eso hizo que sintiese una punzada en el pecho. Se paró y respiró hondo, ninguna mortal iba a hacer que se ablande.

Para Erianthe el día se le hizo eterno, ni paró para comer. Después de que Pena y Pánico se disculpasen por la broma que le habían hecho, les dijo que no lo tenía en cuenta, pero trabajó evitando a todo el mundo ese día, en especial al rey del inframundo.

Al acabar su jornada, pilló por los pelos los baños abiertos, decidió que esa hora era la mejor para bañarse sin nadie y al final de la jornada, después de haber sudado y de estar rebozada de hollín y de polvo. Una vez limpia se fue a la habitación y en verdad no recordaba, como narices llegó a la cama, pero al día siguiente despertó entre sábanas.

Durante ese día el dios de los muertos no se pudo quitar la cara de la mocosa, aunque se pasase todo ese maldito día firmando formularios de hace más de una década, "tal vez me he pasado", pensó, pero sabía que debía ser duro si quería que le respetasen.

Al día siguiente sabía qué se había pasado cuando le llegó el desayuno, sin ninguna nota de "buenos días", y supo que otra persona más le detestaba, o peor, que era un monstruo sin corazón.

¡Hola a todo/as!

Disculpad por no haber actualizado el fin de semana, pero tuve bastante trabajo y no tuve tiempo, pero ¡tachan! Aquí tenéis un nuevo capítulo y encima un poco más largo de lo habitual, espero poder subir otro capítulo esta semana, así no habrá ningún retraso.

Bueno, parece que Eri lo pasó mal en su "primer día de trabajo", pero bueno, ya veremos si este ambiente sigue de la misma manera…

Espero que disfrutéis del capítulo y ya sabéis. Dejad vuestros reviews y así me decís si os gusta la historia.

¡Gracias por seguir leyendo!