ESTRECHANDO LAZOS CON EL DIABLO
Le pesaba todo el cuerpo, se sentía agotada. Abrió los ojos y reconoció enseguida el techo de su habitación. "Su habitación", qué raro sonaba que dijese que esa habitación en el inframundo fuese ahora, "su habitación".
Se intentó incorporar y notó un par de pesos al final de la cama. Vio que Pena y Pánico estaban durmiendo entre sus piernas, así que poco a poco se incorporó para no molestarlos y no despertarlos.
Casi pegó un grito, cuando se percató de que al lado de la cama, sentado en una especie de trono, estaba el señor de los muertos. Pero, al igual que los dos diablillos, estaba dormido; se le veía tranquilo. Aunque, tuviese una apariencia intimidante, verlo de esa manera parecía que nunca hubiese roto un plato.
Consiguió incorporarse completamente y se recostó contra la pared. Notó que su mano izquierda estaba vendada. "Cierto, me corté con la piedra", recordó Erianthe. Por suerte, no le dolía mucho. Suspiró, pues estaba viva, pero podría haber acabado las aguas del vórtice y haber muerto.
En ese momento, pensó en su familia. Miró a su mesita de noche y agarró el dibujo de su familia y el medallón. Quería verlos, quería estar con ellos, quería volver a ser una familia… Acercó esos objetos a su pecho, casi como si los abrazase, como si estuvieran allí con ella. No pudo evitar emocionarse al pensar en ellos, pensar que no los volvería a ver. Algunas lágrimas se deslizaron por sus mejillas, "qué llorica soy", pensó Eri.
— Si estrujas más ese pergamino, vas a acabar rompiéndolo. Ya estás llorando otra vez, ¿de verdad eres tan dramática?
La chica pegó un bote. No se esperaba que Hades estuviera despierto, y observándola con cara de aburrido, su cabeza se apoyaba en una de sus manos.
— ¡Joder, Hades! ¡Qué susto, no vuelvas a hacer eso! ¿Quieres matarme de un infarto? —le dijo Eri sobresalta. Su expresión había cambiado radicalmente por una de irritación, ya que ya no tenía lágrimas en los ojos.
— Si te mueres por un ataque al corazón, me decepcionarías, de verdad —le dijo con una sonrisa burlona el dios.
—Eres insufrible —le replicó la chica.
— ¡Gracias! — El dios seguía sonriendo, era muy fácil picarla y eso le encantaba. "Se ve tan adorable", Hades, no pienses en esas cursiladas. Erianthe le miraba sin saber qué decir. De repente se dio cuenta de que no llevaba la túnica de esta mañana, sino el pijama. ¿Acaso el Hades la había desnudado?
El señor de los muertos, al ver cómo el rostro de la mocosa cambiaba a uno de total vergüenza, supuso qué tipo de pensamiento se le estaba pasando por esa cabecita.
— Ninguno de nosotros te ha puesto el pijama. Ha sido Agapios, él te ha vendado la mano y se ha encargado de chequear que todo esté bien. Por cierto, me ha dicho que has estado ganando peso, que estás a punto de cumplir tu objetivo.
— Menos mal… — suspiró Eri aliviada, pero fue audible para el fino oído del dios.
— ¿Qué pensabas? ¿Qué soy un pervertido?—contestó exasperado.
Erianthe lo miró con cara de "es exactamente lo que estaba pensando", aunque debía admitir que no imaginaba a Hades siendo ese tipo de "dios", pero tampoco lo conocía lo suficiente como para poner la mano en el fuego.
Hades suspiró cansado. Era normal que esa chica no confiase en él, pero era normal que nadie lo hiciera. Estaba acostumbrado…, aunque le gustaría que ella le diera "una oportunidad." Miró, cómo aún se aferraba al medallón y cómo estrujaba ese trozo de pergamino, que evidentemente había visto días mejores.
—¿Por qué te has querido llevar ese medallón y ese dibujo al inframundo?—preguntó Hades sin pensar. Lo vio el primer día en su mesita y tuvo curiosidad.
Eri lo miró sorprendida; sin embargo, sonrió levemente. Dejó esos "tesoros" en su regazo y los miró con nostalgia, porque eran esos "sus tesoros".
— Uno, es una promesa —dijo Eri sosteniendo el medallón con la mano derecha—, y el otro, es un recuerdo, algo que no quiero olvidar. —Aunque tuviese la mano vendada, podía agarrar bien el pergamino, sostenerlo y ver con claridad el dibujo de su familia cuando aún estaban todos juntos.
Hades miró a la chica. Sabía que esos objetos en sí no valían mucho, bueno, el medallón, que estaba hecho de oro y forjado por el mismísimo dios de la forja, Hefestos. Pero sabía que realmente su valor era sentimental.
—A ver, déjame ver, ese dibujo. — Aunque Hades ya lo había visto, quería volver a revisarlo. La chica le entregó un poco dubitativa, aún se acordaba cómo acabó su última creación. —Te juro que no lo voy a quemar, solo quiero verlo.
Al ver otra vez ese trozo de pergamino, vio que le sonaba mucho esta imagen, era la misma imagen que vio en el tapiz de la habitación de Meg. Tuvo que reconocer que la mocosa dibujaba muy bien y tenía razón el alma de aquel hombre. Erianthe tenía un talento innato; no lo podía negar.
—La verdad es que dibujas muy bien. —le dijo el dios.
— Gr-gracias, pero ese no es de mis mejores dibujos…, lo hice cuando tenía entre 10 y 11 años. —respondió Eri con una leve sonrisa.
—¿En serio? ¿Ya dibujabas así para ese entonces? — Hades estaba muy sorprendido, esa chiquilla tenía muy buena mano.
—La verdad es que mi último dibujo estaba mucho mejor, pero alguien lo quemó. —El dios se dio por aludido, sabía que lo había quemado aquella noche, pues estaba muy enfadado. Tenía muy mal temperamento, era evidente. Pero quería comprobar cómo dibujaba ahora, así que hizo aparecer utensilios de dibujo.
—Dibújame. Así comprobaremos si has mejorado. ¿Qué me dices?—le dijo Hades con sonrisa desafiante. Sí, estaba desafiando a la hija de Meg, a ver qué tan buena era.
Erianthe se sorprendió. No se esperaba que el dios de los muertos se interesase por su arte, no obstante aceptó el reto de buen grado, así que se puso manos a la obra y empezó a dibujar el retrato de Hades, quien ya posaba para el dibujo.
La verdad es que la chica disfrutó dibujando al rey del inframundo. Sus facciones eran angulares, y su pelo en llamas era realmente fascinante y, aunque no estaba acostumbrada a dibujar fuego, creía que lo plasmó perfectamente.
Por su parte, Hades no podía parar de mirarla. Si ya de por sí era hermosa e iluminaba cada estancia con su presencia, verla concentrada, apartándose el cabello de vez en cuando para que no le molestase al dibujar era una imagen de lo más hipnótica, y eso que la chica iba en pijama y su pelo estaba enmarañado, pero para el dios era la encarnación de la belleza.
No podía evitar pensar cuando estuvo aferrado a ella en precipicio del vórtice y más cuando le dijo, "no te voy a soltar" o "yo también puedo cubrirte las espaldas". Nadie en cientos de años le había dicho algo parecido y la verdad, aunque no quería reconocerlo, le gustó que esa mocosa se lo hubiese dicho. Hacía que una calidez le invadiera. "Me estoy volviendo un blando", pensó el dios, pero es que esa calidez era demasiado agradable para que lo ignorase.
Si cerraba los ojos, aún podía sentir cómo esa calidez fue mucho más intensa cuando la cargó hasta su habitación. No sabía por qué, al llegar a su cama, no quería soltarla, quería tenerla cerca, entre sus brazos. Era una sensación agradable, pero a la vez un peligroso sentimiento posesivo de tenerla a su lado, de querer protegerla como lo tuvo contra la mantícora.
Al abrir los ojos, vio que aún seguía concentrada, mordiéndose el labio, dibujando algunos detalles su retrato…, en ese momento a Hades, señor de los muertos, le dio un vuelco el corazón. Erianthe le sonrió:
— Ya lo tengo. Espero que te guste —le dijo orgullosa la chica, y le entregó el dibujo.
Pocas veces el señor de los muertos se quedaba sin habla, pero esa mocosa lo había conseguido. Le había dibujado tal como era, pero le había dibujado con un aire imponente, de un rey, o mejor dicho, de un dios. Sin lugar a dudas, Erianthe era toda una artista.
— ¡Es muy bueno! Ese tipo del río Estigia tenía razón, tienes mucho talento. La verdad es que serías muy buen artista. —exclamó el dios realmente animado.
— Gracias, aunque se quedará como un pasatiempo la verdad. — admitió Eri algo cabizbaja.
— ¿Por qué? ¡Realmente eres buena!
— Uno, porque creo recordar que mi nuevo trabajo es "dejar el inframundo como los chorros del oro", para toda la eternidad. —le dijo Eri mirándole con mala cara.
—Touche. —admitió el dios.
— Y dos, porque no es lo que mis padres han pensado para mi futuro, o mejor dicho, habían pensado.
— ¿Eh? ¿Y qué habían pensado?
— Prometerme con uno de los príncipes de Tebas, el heredero al trono. — Ante esa afirmación, Eri agachó la cabeza, triste, mirando al medallón de su padre. Mientras que Hades se sorprendió y se cabreó por lo que estaba escuchando, "¿querían prometer a su primogénita con un príncipe?"
— Papá siempre fue amigo del rey de Tebas, no el de ahora, sino el que se fue a luchar a la guerra. Además, que siempre pensó que, de esa manera, nunca me faltaría de nada si me prometía con alguien de la realeza, que estaría protegida cuando él no esté… — Erianthe volvió a llorar, porque aunque quería mucho a padre, esa decisión le afectó mucho cuando era pequeña. —No llegaron a formalizar el compromiso. Llegaron antes las misivas para ir a luchar.
Hades miraba cómo la chica agarraba el medallón y, aunque no podía ver su rostro, sabía que era una mezcla entre tristeza y frustración, un sentimiento que entendía perfectamente. Pues también decidieron por él su futuro y destino cuando se acabó la guerra contra los titanes.
Por lo que presentía el dios, es que su sobrino se parecía bastante a Zeus, en tomar decisiones sin tener en cuenta a la persona que le afectaba.
— Antes de que le llegara la carta de reclutamiento, papá y yo peleamos. Lo recuerdo que si fuera ayer, le dije cosas muy feas, pues no entendía por qué no podía escoger mi destino. En eso, mi madre me defendió y los dos acabaron discutiendo. Al final mi padre dejó estar el tema, pero sé que cuando vuelva querrá retomarlo, aunque hay un pequeño problema.
— ¿Cuál?
— El príncipe al que me querían prometer, el mayor, murió hace 5 años… Murió junto con mis abuelos paternos cuando quemaron nuestro hogar. Fue la peor noche de mi vida… — Erianthe estaba temblando. Recordar esa pesadilla, esos momentos eran muy dolorosos y Hades no quería verla así.
El dios reconoció lo mucho que había sufrido la hija de su Némesis, incluso Meg y su hijo pequeño, y le sorprendió que se estuviera desahogando con él. No le gustaban las sensiblerías, ver cómo realmente Eri era, su lado vulnerable, le inquietaba y le incomodaba. No sabía muy bien cómo actuar, pero dejó que la mocosa siguiera hablando.
— Ese dibujo es una copia del tapiz que quedó después del incendio. Lo hice para no olvidarme de los buenos momentos, para no olvidarme de la cara de mi padre. También hice dibujos de Pegaso, Phil y mis abuelos, pero esos se los dejé a Zenos. Y este medallón es lo único que me queda de mi padre; sin embargo, lo odio.
— ¿Odias ese medallón? Pero si es lo único que te queda de tu padre — Hades no lo entendía, ese objeto era un tesoro para ella.
— Porque está vinculado con el Olimpo. Ni una vez en casi 10 años, ningún dios aparte de ti se ha dignado a prestarnos ayuda. Desprecio ser parte de ese legado, ¡es más, me niego a vincularme con cualquier cosa relacionada con el Olimpo, sin contar a mi padre! —respondió Eri con rabia.
No lo podía creer. El rey del inframundo había encontrado a alguien más que detestaba al olimpo tanto como él y ni más, ni menos, ¡que la nieta de Zeus! Al final, ¿esa chica podría llegar a ser una aliada? ¿Quién sabe? Pero le empezaba a caer bien.
— Los dioses somos egoístas de por sí y los del olimpo, pueden llegar a ser la peor calaña. Así que nunca esperes nada de ellos. Créeme, lo sé por experiencia. — Hades sabía de qué hablaba. Esos dioses podían llegar a ser de lo peor, y eso que "en teoría" era el peor dios de todos.
Erianthe sabía que no debería hablar así de los dioses del olimpo. Su padre seguramente se decepcionaría al escucharla hablar así, pero la verdad es que estaba realmente cabreada con ellos, pues habían ignorado a todas las súplicas de los mortales.
En ese momento, los dos subordinados de Hades despertaron y se abalanzaron contra Eri, alegres de verla despierta.
— ¡Erianthe! ¡Estás bien! —exclamó Pena.
— Nos preocupaste cuando te desmayaste. Hasta el jefe estaba preocupado —añadió Pánico.
— Gracias por preocuparos, chicos. —Sonrió Eri, miró de reojo a Hades, quien se había puesto rojo por el comentario de Pánico. "Lo voy a freír", pensó el dios, pero al ver a la chica sonriendo se le pasaron las ganas, pues para qué negarlo, sí que se había preocupado.
— Tuviste muy buena idea al final.
— Sí, además, qué dominio tienes de las cuerdas y esa lazada, a la primera. ¡Qué pasada!
— Jajajaja. A ver, es normal. Soy una experta, me he dedicado varios años a escalar, picar y hacer muchos nudos. —dijo orgullosa.
En ese momento, el señor de los muertos se puso de pie. Hizo desaparecer su trono y dijo:
— Chicos, dejad descansar a Erianthe. Hoy te vas a quedar descansando, pero mañana a primera hora te quiero ver en la sala del trono. —le dijo Hades.
— Sí, señor. Allí estaré —contestó Eri con un hilo de voz. Ese dios, cuando era serio, podía llegar a ser muy intimidante y a la vez temido. Eri suponía que por eso Hades no caía en simpatía, pero realmente no sabías las intenciones que tenía el señor de los muertos.
Tanto él como los diablillos salieron de la habitación, no sin antes despedirse.
—¡Descansa, Eri! —exclamaron al unísono los subordinados del dios. Mientras que el dios solamente la miró.
No tardó mucho en volver a quedarse dormida.
Cuando se despertó al día siguiente, seguía sintiendo bastante cansancio, pero le dijo a Hades que iría a la sala del trono. Así que se vistió y se fue directa, no quería hacer enfadar al dios.
Al llegar allí estaba él, sentado, leyendo un pergamino. Al sentir la presencia de la mortal, dejó de lado lo que estaba leyendo y la miró. Observó que aún lucía agotada, pero se alegraba de que estuviera bien.
— Buenos días, dormilona. Pensaba que ya no venías. —Se burló el rey del inframundo. "Menos mal, parece que está de buen humor", pensó Erianthe. —Ven, déjame ver la mano —le dijo Hades.
— Estoy bien, la verdad es que no me duele mucho. En serio, no hace falta que le eches un vistazo…
— ¡Quieres no contradecirme, chiquilla! Ven y déjame ver tu dichosa mano. — Eri, se apresuró a mostrarle la mano, no quería caldear al dios que "parecía" que estaba de buen humor. "Vaya, temperamento que tiene, ¿siempre es así?".
Resignada, Erianthe le mostró la mano. El dios agarró su mano, mientras que con la otra le quitó el vendaje. El corte se estaba curando, pero iba a aprovechar que se había restablecido parte de su poder para curarla. Enseguida, Eri notó la misma calidez que cuando le curó aquella noche en el bosque. En ese momento, la chica se estremeció al percibir la conexión con el dios, al ver esas manos que, en comparación con la suya, eran gigantes.
"¿Por qué vuelve a tener la cara roja? ¿Acaso me he pasado dándole calor?", Hades se extrañó, pero no le dio importancia y acabó de curar a la mortal.
— Listo.
— Gr-gracias.
— No te pedí que vinieras para curarte la herida. Quería hablarte de un par de cosas, pero debes jurar que no volverás a desobedecerme. ¿Capiche? —Hades se iba a calentar otra vez, así que Eri se apresuró a asentir.
— Juro, que no lo volveré a hacer, señor.
— Bien. Pues hablemos de tu castigo actual, después de lo de ayer y revisando lo que ocurrió en el río Estigia, revoco tu castigo. Podrás hacer tu trabajo sin supervisión, menos en aquellos sitios donde ya se te dijo que yo te acompañaría, y podrás salir de tu cuarto siempre que quieras.
— ¿En serio? ¡Gracias! Y-yo.
— ¡Silencio! ¡Aún no he acabado!
— Sí, señor.
— No sé si me voy a arrepentir, pero me gustaría que redecorases el inframundo. Quiero que explotes ese talento que tienes aquí abajo. ¿Qué me dices, Erianthe? ¿Aceptas? —exclamó el dios de los muertos, debido al desafío que le había brindado a la hija de Hércules, quien se había quedado sin palabras.
¡Hola a todos!
Otro capítulo recién salido del horno. Este capítulo es menos intenso que el anterior, pero quiero ir mostrando cómo se va forjando la relación de confianza entre Hades y Erianthe.
Espero que os guste y espero ir captando el carácter de Hades y el trasfondo de Erianthe. Me gustaría ir mostrando poco a poco la personalidad que tiene, no hacer un personaje plano, sino uno con bastante fortaleza, pero con sus propios conflictos, al igual que Hades. Creo que es un villano, que da mucho juego.
Disfrutad del capítulo y ya sabéis, ya sé que me hago pesada, pero cualquier comentario o crítica que tengáis será bien recibida para seguir mejorando en la historia.
¡Gracias por seguir leyendo!
