EL RAPTO DE LA LUZ

Erianthe no daba crédito de lo que había escuchado. "¿Ella? ¿Utilizar su talento para redecorar el inframundo? ¿Estaba de broma?"

La chica miró al dios, quien le devolvía la mirada, con el semblante serio, esperando respuesta por su parte. "Vale, no está bromeando", pensó Eri.

— Yo…, ¿estás seguro? —preguntó dubitativa la joven.

— Mira, Eri. Aunque no lo creas, no suelo mentir y menos cuando propongo un negocio, que me beneficiará tanto a mí como a ti. A mí, porque renovaré este lugar y a ti, pues podrás hacer lo que quieras, siempre que lo consensuemos entre los dos, pero dejaré que seas creativa. —El dios empezaba a caldearse. — Entonces, ¿qué me dices? ¿Sí o no? No tengo todo el día.

Erianthe reaccionó con una enorme sonrisa:

— Sí, sí, acepto. Por supuesto que acepto. — Se apresuró a contestar la hija de Hércules, quien estaba tan eufórica que se abalanzó sobre Hades y lo abrazó.

— ¿Qué haces? ¡No me toques! — El señor de los muertos no se esperaba que la chica lo abrazase y eso le ponía nervioso, muy nervioso.

— ¡Gracias, no te decepcionaré! — y se separó del dios, quien estaba totalmente rojo. "Estoy jugando con fuego, lo he irritado por completo", pensó Eri.

Todo lo contrario. Hades no estaba rojo porque estaba enfadado, sino porque le encantó ese abrazo, aunque no le gustaba que lo tocasen. Fue tan agradable… "Maldición, Hades, céntrate de una vez". El dios se tranquilizó:

—Ejem. Bien, pues hoy empieza a limpiar donde te indiquen Pena o Pánico. Mañana te llevaré a un sitio para que te "inspires" y vayas teniendo alguna idea.

— Sí, señor.

— Hades.

— ¿Mm?

— Te he dicho varias veces que me llames Hades, no, señor.

— Perdona, Hades.

— Me voy. Hoy voy a estar muy ocupado con los recién llegados. Nos vemos —y antes de que Erianthe pudiera decir "adiós", el señor de los muertos se desvaneció.

La chica no se pudo contener y dio saltitos de alegría. Era la primera vez que alguien le daba la oportunidad de utilizar su arte para algo y le ilusionaba, además de retarla a hacer algo único como lo era el reino de los muertos.

Pena y Pánico justo entraron a la sala del trono para encontrarse con Eri dando saltos por ahí, y evidentemente la observaron extrañados.

— ¿Qué te ocurre? ¿Tienes ganas de ir al baño?—le preguntó Pánico.

—¡Qué susto, chicos! —no esperaba que la encontrasen haciendo el tonto, así que avergonzada dejó de dar saltos, pero es que estaba tan emocionada… — no, es que voy a poder expresar mi arte en el inframundo. Hades me ha dicho que lo puedo redecorar.

Los dos diablillos se sorprendieron ante esa noticia, pues Hades NUNCA había dejado que nadie tocase nada del inframundo, ni Mente, ni Perséfone…, Erianthe iba a ser la primera. Los dos subordinados se miraron, "algo le pasa a Hades", y lo iban a descubrir. Pero de momento iba a seguirle a su compañera.

— ¡Enhorabuena, Eri! Y, ¿has pensado algo?—le preguntó Pena.

— No, la verdad es que no, pero ya pensaré en algo. Mañana me ha dicho Hades que me llevaría a un sitio para "inspirarme", no sé dónde será.

"¿Qué?", pensaron los diablillos. Definitivamente, su señor estaba actuando muy raro.

Ese día, Eri estuvo limpiando varios sitios de palacio: pasillos, escaleras y el cafeterium. Estaba de tan buen humor que pensó en hacer algo especial para cenar y compartirlo con Pena y Pánico, y para el día siguiente desayunar algunos dulces con miel y pistacho.

Los subordinados de Hades cenaron un estofado que estaba riquísimo, que incluso otros empleados del dios pidieron probar, por el delicioso aroma que desprendía. El cocinero del cafeterium, Giles, le ayudó. Disfrutaba viendo cómo la chica preparaba comida de la superficie, que incluso llegaban a hablar de futuras recetas que podía hacer y cómo mejorarlas.

Al acabar de cenar, Erianthe se fue directa a los baños, mientras que los diablillos deambularon por los pasillos del palacio.

—¡Cocina tan bien, Eri! —exclamó Pena.

— Ese estofado estaba para chuparse los dedos, ¿quién se iba a imaginar que la comida de los mortales podía estar tan rica?—contestó Pánico.

Hades se dirigía hacia sus propios aposentos y no pudo evitar escuchar a sus dos subordinados.

— Sí, y mañana desayuno especial. Oye, ¿tú crees que si siempre está así de contenta, nos cocinará más cosas ricas?

"¿Qué? ¿Qué la mocosa está haciendo recetas en el cafeterium para todos sin mí?", Hades se estaba cabreando, pero su dichosa voz lo calmó. "Es tu oportunidad. Si comes con ella, también te cocinará, aparte del desayuno, y encima pasarás más tiempo con ella". Esa voz interior no paraba de repetir una y otra vez, "pasar tiempo con ella", pero esta vez no se rehusó en escucharla.

Al día siguiente, Erianthe se levantó muy temprano para llegar la primera al cafeterium para preparar el desayuno junto a Giles. Se enfocó en hacer el desayuno de Hades, también le iba a incluir algunos de los dulces. Además, hace días que empezó a hacer mermelada de higo, así que iría perfecto para acompañarlos.

Poco a poco, los empleados empezaban a entrar y se iban directos a pedirle comida a la mortal. Encantada les daba los dulces que había preparado, junto con la mermelada.

Pena y Pánico llegaron y fueron directos a la mesa a esperar a que Eri preparara sus desayunos, como les dijo el día anterior. Dejó preparada la bandeja de Hades a Giles y se fue a sentar a la mesa, pero antes de que el esqueleto se llevase el desayuno del dios, apareció en el cafeterium para sorpresa de todos.

— Buenos días, señor. ¿Ha venido a por su desayuno? Iba a enviarlo ahora mismo —le indicó el esqueleto.

— Buenos días, Giles. No a partir de ahora voy a comer en el cafeterium, así que a partir de hoy preparadme un lugar aquí. —le contestó Hades, mientras miró dónde estaban sentados sus subordinados y buscando una cabecita naranja.

Y la vio. Sentada en una esquina del cafeterium en una mesa junto con Pena y Pánico, quienes conversaban animadamente sin percatarse de que el señor de los muertos estaba allí. Así que agarró su desayuno y se fue a hacia la mesa donde estaban ellos.

No entendía por qué se sentía inquieto. Solo había decidido comer con ella, es decir, comer en el cafeterium, pero estaba nervioso y encima le sudaban las manos. "Ni que fuese un adolescente", pensó.

— Oye, Erianthe, ¿has jugado al astagolai? Nosotros somos muy buenos. — escuchó el dios, "así que están hablando de juegos".

— Mmm, sí…, lo que soy bastante patosa. Nunca se me han dado muy bien ese tipo de juegos. — dijo Eri avergonzada, reconociendo lo mala que era.

— Venga, prueba, no creo que seas tan mala. —le dijo Pena. Hizo aparecer varias piedras.

Las reglas eran sencillas, se colocaban cinco piedras cerca de los pies. El jugador lanzaba una piedra en el aire y tenía que recoger otra piedra del suelo antes de agarrar la primera que se lanzaba. Pero vez de hacerlo en el suelo, lo iban a hacer ahí en la mesa.

Erianthe iba a ser la primera. Lanzó una piedra, pero la lanzó tan alto que se fue para atrás, por lo que, la chica se echó para atrás con la silla, perdiendo el equilibrio y cayendo al suelo. Mientras que la piedra cayó en la cabeza de Hades, pero por suerte tenía muy buenos reflejos y la agarró en el aire.

Se hizo el silencio. La chica no se movía y los presentes pensaron que se había hecho daño; sin embargo, enseguida se levantó.

— ¡Estoy bien! ¡Estoy bien!

— Veo que os pasáis muy bien antes de trabajar, aun así, absteneros de cargaros alguien —dijo Hades aguantando las ganas de reír. Aunque se había preocupado por el golpe, que se había pegado la chica, tenía que reconocer que había sido muy gracioso.

— ¡HADES! — gritaron los 3 subordinados.

— ¿Qué estás haciendo aquí?—le preguntó Eri, pues veía que llevaba el desayuno que había preparado.

— Pues he pensado que a partir de ahora comeré aquí. Me han dicho que la comida está mejorando, así que vendré por aquí más a menudo. —le contestó el dios.

"¿Qué?", pensaron los diablillos, definitivamente Hades estaba actuando muy raro.

Eri no sabía qué pensar. El dios se sentó con ellos y empezó a comer, al igual que los demás, en la mesa. Hades tuvo que reconocer que los dulces y la mermelada estaban muy buenos.

— ¿Quién te enseñó a cocinar? Pues que yo recuerde, Meg no tenía ni idea —le preguntó.

— Mi abuela Alcmena. Era una cocinera muy buena. Enseñó a mi madre a cocinar y a mí me enseñó porque me gustaba ayudarla cuando era pequeña. Cuando murió tenía 10 años, por lo que, me fue enseñando mamá e Ilena. Ella sí que es una cocinera excepcional.

— ¿La rubia tet-, quiero decir, la del bar?

— Sí, esa — Eri le miró molesta. Todos se fijaban en los pechos de su amiga, y no le importaba, pero esta vez le molestaba que el dios lo comentase. "No estoy celosa", pensó.

— Señor, tendría que haber probado el estofado de ayer. Estaba riquísimo. —le dijo Pánico.

— Sí, ya me he enterado de que estaba delicioso y a mí nadie me dijo nada… — Hades se estaba caldeando.

— No te preocupes, Hades. Lo volveré a hacer, así lo podrás probar —se apresuró a decir la chica para que no los carbonizase.

— Bien, además quiero que lo que te cocines también lo cocines para mí.

—¡Ah, vale! Pues habrá que comprar más comida…

— Por eso no te preocupes, tengo recursos y riquezas de sobras para comprar comida. Pide lo quieras. —le dijo Hades mirando a la hija de Meg, quien lo miraba sorprendida. "Es tan mona, y esos ojos. Son…, ¡Hades, basta!"

— Por cierto, ¿hoy dónde me toca limpiar?—preguntó Eri.

— Mmmmm, no tenemos ningún sitio asignado.— respondió Pena revisando la planificación de las zonas de limpieza.

— Le toca la biblioteca. Cuando acabemos de desayunar, iremos para allá —soltó el dios.

— ¿La biblioteca?

— Sí, además te enseñaré algunas cosas que quiero que veas. —le dijo Hades. Se percató que la chica le miraba con curiosidad y como se apresuró a acabar de desayunar. Una vez cuando acabaron de desayunar, el dios le indicó a Eri que le acompañase.

La biblioteca estaba en el ala de Hades, por eso, era el lugar privado del dios y muy pocos habían accedido a ella, por lo que le contaron los diablillos. Ellos han ido en contadas ocasiones y porque tenían que reportar algo urgente, pero en general, eran parte de los aposentos privados de Hades.

Erianthe no se fijó mucho cuando le llevó el desayuno, durante el primer día, por los nervios que tenía, pero esa ala era majestuosa. Toda marmoleada, con columnas intrincadas, y tapices con escenas de la Titanomaquia. La biblioteca estaba al final del pasillo. Unas puertas dobles de madera de roble enormes con detalles dorados les separaban de la misteriosa estancia.

— ¿Preparada? Seguro que está llena de polvo, pero creo que te va a gustar —le dijo Hades, viendo cómo Eri miraba todo impresionada y eso al dios, hizo que se le dibujase una sonrisa. Nunca había visto a nadie reaccionar así, "a ver cómo reacciona con la mejor estancia de todo el inframundo".

Erianthe asintió. Hades chasqueó los dedos y las puertas se abrieron de golpe y la estancia se iluminó de la misma tenue luz que el resto del inframundo, una luz azulada, pero sin siniestra. En cuanto entró, la hija de Hércules se quedó sin palabras.

La sala era enorme. Con numerosos estantes de madera de pino repletos de pergaminos y tablillas, pero lo más impresionante es que toda la habitación estaba hecha de mármol blanco, verde y negro, con detalles dorados y en el centro, en el suelo, un precioso mosaico que representaba los tres reinos de los dioses: el Olimpo, los mares y el inframundo.

Como en el pasillo, las en las paredes había algunos tapices, que no llegaban a reconocer las escenas que representaban. También había varias columnas y ánforas ornamentales, pero lo que más le llamó la atención fue un mapa que estaba colgado en una de las paredes: un mapa de constelaciones.

Hades estaba orgulloso de la reacción de Erianthe, pues esa habitación era su favorita y la que con mucho esmero se encargó de hacerla a su gusto y de recopilar numerosos manuscritos, poemas, etc.

Por lo que observó a la joven. Tenía mucho trabajo por delante, pero no le importaba. Iba a dejar esa sala lustrosa y lista para su uso, aunque solo la usase Hades.

—¿Qué te parece?—preguntó el dios.

— Es la sala más bonita que he visto nunca. Es increíble, nunca había visto nada igual. — confesó Eri con un brillo en los ojos que hasta el mismísimo Hades quedó hipnotizado.

— Me alegro de que te guste. Sé que hay trabajo por hacer, pero una vez limpia esta sala, podrás utilizarla para consultar algunos pergaminos.

— ¿Qué? Pero es tu biblioteca privada, ¿voy a poder venir siempre que quiera?

— Te doy permiso. Aquí hay manuscritos de cuando se creó este palacio, además de mapas y cosas que te pueden resultar de ayuda e inspiración para el trabajo que te he encomendado.

— Gracias, Hades. Esto es más de lo que podría pedir… Y vio un estante con pergaminos de poemas y escritos épicos. — ¡Vaya! Tienes literatura. Veo que tienes de todo.

— También tengo un estante con todos los contratos que he hecho hasta la fecha. —le señaló Hades a una estantería abarrotada—, cada vez que hago un trato, automáticamente se crea un pergamino con las condiciones y se almacena.

— ¿En serio? Vaya, lo tienes todo muy bien organizado.

— Nena, mi negocio es un serio. Hay que tenerlo todo bien atado. ¿También te gustaría leer literatura?

— Sí, y matemáticas, y geografía…

— Eres muy curiosa, Erianthe. —A Hades le hacía gracia el entusiasmo de la joven. — Si quieres, puedes leer, lo que quieras. Menos los contratos, claro.

— ¿En serio? ¡Gracias! Aunque es probable que algunas materias no las acabe de entender, pero me alegra que pueda volver a leer.

— ¿Lo dices por qué no fuiste al colegio?

— ¡No, quiero decir sí! Pero ya sabes, no fui al colegio por gusto… —El dios de los muertos vio a cómo la chica se avergonzaba por ese dato. Veía lo curiosa que era, las ganas que tenía de aprender y de saber más cosas, que habló sin pensar.

— ¿Quieres que sea tu tutor? —El mismo Hades se sorprendió por sus palabras. "¿Qué narices? ¿Cómo he podido ser tan impulsivo?"

— ¿De verdad? ¿Me enseñarías? —El dios suspiró. No podía negarse después de ver esa mirada…

— Ya te lo dije. No suelo decir mentiras. ¿Qué me dices?—le dijo Hades seriamente.

— ¡Sí, claro! Gracias, Hades.

Y desde ese momento, tanto el señor de los muertos como la hija de Hércules fueron prácticamente inseparables.

Erianthe tardó varios días en limpiar la biblioteca. Había mucho polvo acumulado después de 17 años sin usar, además de que se encontró en varias ocasiones alguna "familia" de arañas en las estanterías y en los tapices, por lo que, Hades le ayudaba a lidiar con esos bichos.

Hades, por su parte, trasladó su actividad en la biblioteca. Por suerte, ya había varios sillones y mesas, así que todo su trabajo de papeleo lo hizo sin problemas, pero de vez en cuando tenía que ausentarse para ir al muelle a recibir a los recién llegados.

Una vez limpió la biblioteca y devolvió todo su esplendor. Empezaron una rutina. Por las mañanas todos desayunaban en el cafeterium, Eri limpiaba algunas estancias y Hades hacía su trabajo, paraban para comer y por las tardes se reunían en la biblioteca donde el dios le enseñaba sobre varias materias, sobre todo, matemáticas. Pues sorprendentemente, el señor del inframundo era muy bueno.

Erianthe disfrutaba aprendiendo y había numerosos manuscritos sobre arte. Incluso encontró varios pergaminos con detalles sobre la arquitectura de Ictino, Calícrates y Fidias. Este último fue un gran escultor y realizó el friso del Partenón de Atenas. Era una gran fan de sus obras y sabía que Atenas fundó la mejor escuela de arte de toda Grecia, la escuela de arte a la que quería Erianthe, si se pudiera graduar de la escuela, si no hubiera una guerra y si la dejaban irse a Atenas a estudiar.

Por su parte, a Hades, le gustaba hablar con Erianthe. Era una chica muy interesante, y aunque decía que no había podido ir a la escuela, no había duda de que era muy lista. Era como una esponja, absorbía cualquier conocimiento y no se cansaba de explicarle cosas sobre el inframundo y se sorprendió cuando le confesó que fue él mismo quien diseñó el palacio en el que estaban ahora. Aún recordaba cuando llegó y no había prácticamente nada.

— ¿En qué te inspiraste? Esta arquitectura no es muy usual, o sea, utilizaste líneas muy angulares, que en la superficie no se ven.

— Bueno, era joven y fui un poco transgresor, puede que demasiado, pero me gustó y me sigue gustando. Sé que este sitio, cuando lo ves, inspira "respeto, poder y miedo", y eso es lo que quería. Además, estaba enfadado en aquel momento y lo pagué con este sitio.

— ¿Enfadado?

— Cuando repartieron reinos…, me quedé con la peor parte. —El dios suspiró, su semblante cambió de alegre a uno oscuro, algo le perturbaba. Erianthe no quiso preguntar más para no hacerle enfadar.

Algo que también cambió en la rutina, pues después de cenar, Hades iba a su baño privado. Al principio Erianthe le costó, pues en esa situación le ganaba la timidez y no paraba de pensar que el dios en su piscina estaba desnudo, pero por suerte, "gracias, Pena y Pánico, por el bañador", pensó la chica, pues se ponía el traje de baño que le regalaron para no estar desnuda mientras se bañaba en la piscina de empleados.

Muchas noches, los diablillos los acompañaban. Hades quería hablar con la chica, pero cuando no estaban, hablaban sobre otro tema que Erianthe le gustaba: historias y leyendas relacionadas con las estrellas.

— Mi constelación favorita es la de Orión, sé que su historia es triste, pero me gusta. Bueno, en general me gusta mirar las estrellas. Cada noche subía al tejado para verlas, me relajaba mucho observarlas…

— ¿Echas de menos ver las estrellas?—le? - le preguntó Hades.

— La verdad es que sí, echo de menos ver el cielo estrellado, aun así, también echo de menos otras cosas… — Eri tenía una mirada triste y eso no pasó por alto al dios de los muertos.

Desde que empezaron a hablar cada día, tenía que reconocer que le había cogido cariño a la mocosa. Y se empezaba a preocupar un poco por ella, bueno, un poco bastante, pero no lo iba a admitir.

Erianthe miró hacia el inframundo y observó los Campos Elíseos. "¡Claro! Ya sé qué le falta a este lugar, le falta naturaleza", pensó. Pero necesitaba inspiración, así que se aventuró a proponerle una cosa al rey del inframundo.

— Hades, ¿te acuerdas de que acordamos que una vez al mes podría disponer de un día libre?

— Sí, acordamos eso. ¿Por qué lo dices?

— Me gustaría poder disfrutar de un día en la superficie. —dijo la joven mirando a Hades. El dios, al escuchar eso, no le hizo mucha gracia, y lo notó la chica cuando percibió desconfianza en su mirada. — Simplemente, quiero un poco de sol, creo que me estoy volviendo tan blanca que parezco un fantasma. — añadió. "A ver si cuela y me deja ir arriba".

Después de pensarlo, el dios le contestó:

— Está bien, pero te dejaré ir arriba, pero en cuanto se ponga el sol, quiero que vuelvas al inframundo. ¿Entendido? —le advirtió Hades. Sabía perfectamente que si no lo cumplía podría haber consecuencias y, aunque ahora se llevaban bien, no significaba que pudiese hacer lo que le daba la gana.

— ¡Hecho! En cuanto se ponga el sol, regresaré abajo. Lo prometo. —sonrió Erianthe. A Hades cada vez le encantaba más verla contenta, pero tenía un mal presentimiento…

Al día siguiente, Eri se preparó para salir del inframundo. Tenía ganas de explorar, de ver el sol, la naturaleza, sin embargo, por las condiciones que le había dicho Hades, no le daría tiempo a ver a su familia, "la próxima vez", pensó.

Durante el desayuno, Pena y Pánico se quejaron de que Erianthe se fuese sola a la superficie.

—¿Y si te pasa algo?—le dijo Pánico.

— Chicos, voy a estar bien. — les aseguró la chica.

Hades estaba sentado con ellos, en silencio, y eso le preocupaba. Sabía que esa decisión de ir arriba no le gustaba al señor de los muertos, pero tenía que seguir los acuerdos del trato, no le quedaba otra.

— Tampoco quiero que me sigáis. Sé que tenéis trabajo aquí abajo, así que no os preocupéis. Estaré bien.

— ¿Pero?

— Pero, nada. Sé atarme las sandalias, yo solita. Repito. No os preocupéis. — insistió Eri. "Muy de Meg", no era de extrañar, pues era su hija.

— Chicos, dejadla en paz. Es su día libre — Fue lo único que aportó Hades mientras estaban desayunando.

Cuando acabaron, acompañaron a Erianthe al muelle donde ya esperaba Caronte para llevarla a la otra orilla.

— Recuerda. Tienes que volver cuando se ponga el sol. Caronte te estará esperando. —Le indicó el dios.

— Sí, lo sé. Gracias. ¡Nos vemos a la noche! —se despidió la chica, pues estaba entusiasmada con pasar tiempo en el mundo de los vivos.

Se subió a la barca. El barquero se puso en marcha, zarpó del muelle a las aguas del río Estigia junto con una mortal que estaba viva, quien se lo iba a decir.

Tanto los diablillos, como el dios de los muertos, se quedaron en el muelle viendo cómo la chica se alejaba más y más. Erianthe se giró y los vio. Parecían preocupados y algo ¿tristes? Solo se iba unas horas, pero ver esa cara en Hades, hizo que sintiese una punzada en su corazón. No quiso preocuparles más, así que les dedicó una sonrisa y les dijo adiós con la mano.

Cuando Hades perdió de vista a la chica, suspiró. No quiso reconocerlo, pero sentía un vacío en su interior, pues ya echaba de menos a esa mocosa.

Al llegar al otro lado, Erianthe se despidió del barquero y subió por las escaleras hacia la superficie. Era un largo camino, pero no se le hizo nada pesado, ni largo, como cuando bajó con Hades. Ya podía ver la luz colándose por la cueva del pórtico y al llegar no pudo contener las lágrimas: estaba en la superficie.

Al principio el sol la cegó, no obstante, en unos pocos minutos se acostumbró a toda esa luz y por fin pudo ver los diferentes tonos del bosque. Ya era otoño, por lo que, no había muchos árboles con hojas verdes, pero le gustó ver hojas amarillas, marrones y algunas rojizas.

La hija de Hércules soltó un grito de felicidad y corrió por el bosque, respirando el aire puro, escuchando a los pájaros cantando y hasta escuchó un arroyo no muy lejos de allí. Se sentó cerca del agua y hundió los dedos en la tierra, sintiendo la humedad que tenía. Estaba feliz, feliz de volver a estar sentada bajo un árbol a la luz del sol.

Aunque estuviera feliz de estar ahí, pensó en su principal objetivo: inspiración para el inframundo. Así que sacó varios pergaminos de su saco, que había preparado esta mañana, y empezó a dibujar formas de la naturaleza que podrían encajar con las formas que había en el mundo de los muertos.

Erianthe sabía que era arriesgado y que es probable que a Hades no le gustase, pero lo iba a probar. Se imaginó la sala del trono con estos tonos dorados, rojizos y marrones, dándole un toque un poco más cálido. "¡Ya lo tengo!", pensó. El otoño podía ser la inspiración perfecta para el palacio, representando el ocaso de la vida.

Tan absorta estuvo todo el día, que apenas se acordó de comer algo de fruta que se había traído, pero ya tenía información, bocetos, colores, etc. para trabajar en varios diseños. Eri se fijó en cómo el sol se iba a poner en el horizonte, así que se fue de camino a la entrada del inframundo, cuando escuchó voces:

— ¡Vamos! Tenemos que cargar la jaula.

— Nos van a dar mucho dinero por este espécimen.

— Y que lo digas, ¡qué suerte hemos tenido!

Erianthe se escondió detrás de unos arbustos y vio a 3 hombres con una jaula enorme transportando un animal, lo que parecía un lobo, ¿un lobo? "¡Es enorme!". Esos tres hombres eran traficantes y habían capturado al pobre animal.

No sabía qué hacer, pero al ver al pobre animal desesperado por salir de la jaula, decidió que necesitaba hacer algo para liberarlo. Estuvo observando un rato hasta que 2 de los hombres se fueron. "Vamos al arroyo", pudo escuchar. Por lo que, quedaba solamente uno.

"¿Qué hago? Piensa, Eri", y vio una rama. Podía intentar despistar al hombre que quedaba para alejarlo de la jaula e intentar abrirla con la daga que le dio Patroclo. "¿Qué podría salir mal?"

Sin hacer ruido, agarró la rama del suelo y se alejó un poco y la lanzó. Captó la atención del hombre, que rápidamente se fue a investigar. Perfecto para que Erianthe se acercase a la jaula para liberar al lobo.

— Shh, voy a ayudarte, chico. — Susurró al lobo que paró de zarandear la jaula.

Eri sacó la daga. Intentó abrir el cerrojo sin percatarse de que uno de los hombres había vuelto y la vio.

— ¡Eh tú! ¿Qué haces?

Se giró para atacarlo, pero recibió un golpe por la espalda antes de poder defenderse, dejándola inconsciente.

Mientras, en el inframundo, más concretamente en el muelle, cierto dios de los muertos se estaba cabreando porque cierta mortal aún no había llegado.

¡Hola! Aquí tenemos otro capítulo. Realmente me gustó escribirlo, las interacciones entre Hades y Erianthe son cada vez más interesantes.

Estamos en un punto importante de esta historia, pero que sepáis que será una historia larga y que dividiré en varias partes. Así que si os gustan estos personajes, tendréis Hades/Erianthe para rato.

Espero que os guste este capítulo y ya sabéis darle amor a la historia :).

Gracias por seguir leyendo.