HETALIA PERTENECE A HIDEKAZ HIMARUYA


España decía:

— ¡Ay, Francia! Ganar a Inglaterra en todo es para mí un deber, pero ganarte a ti..., ¡un placer!

Y Francia respondía:

— Oh, he perdido contra ti...Perdóname mientras voy a llorar a una esquina por no dominar el arte de dar patadas a un balón como tú y tener que conformarme con ser la séptima mayor economía del mundo...

España fruncía el ceño y ladraba:

— ¡No toques mis camiones, te lo advierto!

Y Francia respondía alzando la voz, para que él no quedara encima:

— ¡Y tú deja de vender tu fruta de mierda tan barata!

España decía a todo el mundo:

— He perdido la votación en el Consejo por culpa de ese capullo.

Y Francia, enterado de todo, sonreía y decía:

— Tan sólo protejo mis intereses, como cualquier otro país de este mundo.

España rodeaba con un brazo a Francia y le decía:

— ¡Felicidades, por tu súper último puesto este año! ¡Me he pegado una siesta del quince mientras cantabas!

Y Francia, con la cara roja de rabia, contraatacaba:

— ¡No tienes ni idea! ¡Ni tú ni nadie en este cochino continente tiene gusto!

España algunas veces se limitaba a decir:

— Te odio. Todo el mundo te odia.

Y Francia lo miraba con ternura a los ojos mientras respondía:

— Lo sé, yo también os tengo asco, pero tú...bah, ¿para qué molestarme?

Sí, ¿para qué molestarse con un niñato como España?

Hasta que oyó las noticias.

«Unas inundaciones que han afectado sobre todo a Valencia», «más de 230 fallecidos», «decenas de desaparecidos», «miles de familias lo han perdido todo», «localidades enteras enterradas bajo el lodo»

Y vio las imágenes en la televisión y en redes sociales. Santo Dios...

Y no pudo quitárselas de la cabeza.

Fue de inmediato a hablar con su jefe.

— El gobierno de España no ha pedido ayuda internacional por el momento—se encogió de hombros.

Quizás fuera verdad que no la necesitaba, pero, aun así...

Era incluso peor en vivo y directo. Sí que había sido grave. Parecía el escenario de una guerra, con todas las calles congestionadas por los escombros y montañas de vehículos. Algunos edificios se habían venido abajo o habían sido demolidos por seguridad. El barro lo cubría todo, haciendo difícil caminar, y el hedor comenzaba a ser insoportable. La gente trataba de eliminarlo con la cara cubierta con mascarillas, con la ayuda de escobas y cuanto tenían, lo cual no era mucho. Llevaban su ropa de siempre, sus zapatillas de deporte. Todos estaban hasta las cejas de fango.

Por eso no reconoció a España cuando lo encontró. Lo hizo gracias a sus ojos, demasiado verdes para ser humanos.

Alzó la cara de la porquería para mirarlo con sorpresa.

— ¿...Has venido?—su voz sonaba pegajosa, seguramente porque tenía los pulmones encharcados con agua sucia..., la secuela común a estos desastres.

— ¿Qué, no me ves? ¿Estás ciego?

España no contestó. Tampoco dejó de empujar a un lado el barro con un cepillo de barrer. Francia echó un vistazo en derredor.

— ¿...Y el ejército y la policía?

España se encogió de hombros.

— Deberían estar aquí...Esto es trabajo para soldados, no civiles.

De nuevo, España se encogió de hombros como toda respuesta. Y Francia comprendió, mirando su gesto, que mucha gente le había decepcionado últimamente.

— Entonces es tu día de suerte...He venido con unos bomberos.

— Ah.

— ¿...Te sobra alguna escoba?

España al fin levantó los ojos para mirarlo. Lo miró bien y vio que no había venido con sus Vuitton o su Cartier, tan sólo ropa cómoda y simple de deporte. Su larga melena rubia estaba recogida en una coleta alta. Éste no había venido sólo para la foto.

Sintió ganas de echarse a llorar, pero ahora no, ahora no..., luego..., había tanto por hacer...

— Creo que hay alguien por aquí que te puede dar una pala—respondió finalmente España.

No había tiempo que perder con esas cosas.

Bueno, había una cosa que podían hacer, y la hicieron: darse una palmada en la espalda.

Qué curioso, cómo a España le invadió una extraña sensación de calidez con un gesto tan minúsculo.


En homenaje a todos cuanto perdieron sus vidas, familias y hogares..., y a los miles que acudieron en su auxilio desde todos los puntos de España y del extranjero.