Esta historia ya está terminada, así que habrá actualizaciones constantes para poder tener todos los capítulos de este fic por aquí.

Gracias por leer y nos veremos después.


Formar parte del harem real debía ser un gran honor y privilegio para las señoritas que eran seleccionadas para satisfacer y dar placer al rey Aomine Daiki.

Ese no era su caso.

Para Sakurai Ryou formar parte del harem se había vuelto el peor de sus pesadillas. Si bien el rey nunca lo ha seleccionado para pasar una noche en su lecho -y siendo sinceros, esperaba que nunca supiera de su existencia en ese lugar. De saberlo moriría de vergüenza por ser visto así por el rey y se sentiría denigrado por la misma razón- había una cosa mucho peor que todo eso.

Algo que sus compañeras aceptaban con tal de pasar una noche de placer con su majestad.

Aun a costa de su vida.

-Bien- exclamó fríamente la reina de Too viendo de arriba abajo cada una de las chicas que en forma lineal mostraban respeto a la reina mantenido la mirada baja. Ryou estaba muy bien escondido detrás de su única amiga Momoi Satsuki quien acariciaba los cabellos castaños del adolescente de catorce años -ayer por la noche no llego mi esposo a dormir en mi lecho, lo que quiere decir que alguna de ustedes lo tuvo para satisfacción personal aun cuando saben que lo que quiero de Daiki es un hijo. La zorra que lo haya tenido en su lecho morirá y de paso a las que sigan su ejemplo- el pequeño castaño se estremeció al oír una espada siendo desvainada por el caballero real Imayoshi Shoichi quien no disfrutaba de servirle a una mujer enferma de celos como lo era la reina de Too.

Ninguna de las chicas habló. No tenían nada que perder más que su vida solo por compartir su cuerpo y calor con el rey.

Una mujer así no podía intimidarles.

La reina chasqueo la lengua -en visto de que ninguna va a hablar, las asesinare a todas y cada una de ustedes así sean vírgenes o no. Así aprenderán a no interferir en los planes de su reina- vio a su caballero y después agregó -Shoichi, no quiero a ninguna con vida-

-Pero... su majestad- trato de razonar el peli negro quien veía de reojo a Momoi y al chico que se aferraba a las faldas de la peli rosa temeroso de su destino y el de su amiga.

-Obedece Imayoshi- gruñó la reina molesta notando la mirada del caballero y de aquella peli rosa -¿o me dirás que es por esa chica no harás lo que te ordena tu reina?- el de lentes no respondió -bien. Sera ella la primera a la que vas a asesinar-

Imayoshi y Momoi tragaron pesado. Ryou temiendo lo peor solo cerró los ojos ¿por qué la reina era así con ellos? ¿Con sus amigos?

¿Por qué ellos que se amaban tanto?

En ese momento la puerta de la habitación se abrió y por ella paso el rey de Too.

Aomine Daiki.

El soberano mostraba un semblante serio, casi indiferente. Sus ojos zafiro chocaron con los ojos caramelo del chico que Satsuki protegía a costa de su vida. El adolescente se estremeció en cuanto Aomine se acercó a Momoi y verificaba el estado de su amiga.

El menor tenía miedo, estado que noto Aomine de inmediato. Chasqueo la lengua, su mujer se estaba pasando de la línea.

-Después de hacer que Imayoshi asesinara a su mujer ¿qué ibas a hacer? ¿Eh?- preguntó Aomine a la reina quien se mostraba temerosa por el aura que tenía Aomine en esos momentos.

-Pensaba terminar con la vida de tu harem- respondió con la poca valentía que tenía la mujer. Daiki le vio fríamente.

-¿Y quién te dio el derecho de terminar con la vida de mis chicas? ¿Crees que porque estoy casado contigo aun te da el derecho de quitarle la vida a las mujeres que me dan el placer que tu no me das?-

La reina se quedó callada muerta de humillación y vergüenza. No volvió a hablar.

El moreno le vio despectivamente hasta que bajo la cabeza la mujer -eso creí. Cara de zorro, llévate a Satsuki de aquí. El resto vendré después a verlas, y tú- señalando a la reina quien estaba roja de ira y molestia -más te vale no volverte a meter con mis chicas o mis amigos ¿oíste?- la mujer se fue indignada del lugar.

Aomine respiro tranquilo al ver que las chicas de su harem regresaban a la normalidad. Fue entonces que noto al pequeño castaño que se mantenía oculto entre sus ropas. Era la primera vez que lo veía en su territorio.

¿Debería hablar con él?

-Mmm- murmuro el pequeño castaño -gracias por ayudar a Momoi-san y a Imayoshi-san, Aomine-sama- expreso su gratitud hacia el moreno quien le veía con atención.

Vaya, debo admitir que es un chico lindo, pensó Aomine viendo al pequeño castaño quien parecía un perrito a medio morir.

Muy mono.

-No hay de que- acarició los cabellos del menor -yo...- los ojos caramelo le veían fijamente logrando incomodarlo un poco, no estaba acostumbrado a lidiar con tanta ternura y menos de un adolescente como lo era ese -¿qué hace un chico como tu aquí? Nunca te había visto-

-Bueno- dudo el castaño -soy parte del harem de Aomine-sama, así que...-

¿Un niño en mi harem? ¿En que estaba pensando?

¿O quizá estaba pensando con la cabeza de abajo?

Aunque debía admitir que el menor era lindo y adorable.

No estaba tan loco como creía en un principio.