Esta historia ya está terminada, así que habrá actualizaciones constantes para poder tener todos los capítulos de este fic por aquí.

Gracias por leer y nos veremos después.

El shota es de mis géneros del yaoi favoritos, y antes de que pregunten si, habrá sex... en estos drabbles con este nombre, para que lo tomen en cuenta y se eviten un mal trago. Este cap no lo hay, así que todo bien.


¿En que momento la curiosidad se vuelve en una enfermiza obsesión?

¿Será en el momento en que el deseo de probar lo prohibido te empieza consumir desde dentro?

¿De lo mas profundo de tu ser?

¿De tu alma?

¿Cómo saber que lo que piensas hacer es lo correcto?

-Tenemos todo listo, Aomine- hablo Kagami Taiga viendo a su amigo quien estaba sentado tranquilamente en su trono viendo desinteresaramente todo a su alrededor mientras bebía una copa de vino tinto.

Como el rey de las tinieblas que era.

-¿Me aseguras de que esta noche obtendré lo que he estado buscando todos estos años, Kagami?- pregunto el serio peli azul oxigenando su la copa que tenia en su mano izquierda y veía fijamente las facciones de su amigo.

-Tanto así que Kuroko participara en esto- luego de esa afirmación Aomine Daiki sonrió ampliamente.

Sus ojos normalmente de un intenso y profundo azul zafiro cambiaron a un escarlata y sus pupilas se dilataron tal felino en noche de casería.

Por que esa era su noche de casería.

-Quiero a ese bebé en mi poder, Kagami-

-Y lo tendrás, su habitación ya esta lista para ser ocupada- afirmo el peli rojo. Aomine asintió.

Nada más satisfactorio que corromper la pureza de un ángel que en su más vulnerable estado.


Cinco años después.

-¡Daiki-san! ¡Daiki-san!- gritaba por los enormes y silenciosos pasillos del palacio un pequeño y adorable castaño quien buscaba inquietamente al rey del averno.

Su amigo desde que puede recordar.

Su pequeña colita de demonio se movía inquieta buscando con la mirada al mayor mas no lo encontraba. Hizo un pequeño puchero con sus rellenitos labios y se cruzo de brazos. Sus pequeños cuernos blancos sobresalían de su cabeza y los cuales destacaban de su cabello castaño.

-¿Ryou? ¿Qué pasa?- pregunto Aomine saliendo de su habitación únicamente vestido con una bata de detalles dorados y rubís, terminaba de cubrir su fornido cuerpo desnudo cuando fue repentinamente tumbado al suelo por el pequeño castaño quien le abrazaba como si su vida se le fuera en ello -sabes que me gusta cuando me abrazas pero aun no me has dicho que es lo que pasa que estas tan emocionado-

El menor se separa del cuerpo del mayor y de forma inocente se sentó sobre el pecho de este quien acostumbrado a esa posición acomodo mejor al pequeño castaño. Ryou Sakurai después hablo con una enorme sonrisa en sus tiernas facciones.

-¡Mis alitas han salido al fin!- exclamo feliz el menor mostrándole al demonio sus pequeñas alas negras de apariencia a las de un murciélago en desarrollo -estaba con Kuroko-san entrenando mi magia cuando mis alitas salieron de repente- explico el menor moviendo de arriba a bajo sus pequeñas alas que nacían de su espalda. Aomine sonrió, se acomodo en su lugar y después abrazo con fuerza al pequeño castaño quien inocentemente creía que el mayor le abrazaba era por su logro de demonio en crecimiento.

Toda una gran mentira, en opinión del mismo Aomine.

El moreno de ojos zafiro estaba abrazando al pequeño castaño debido a que por fin, después de esos largos e intensos cinco años, su plan de contaminar al pequeño ángel había resultado.

Ryou, su Ryou, su bebé...

Por fin era un súcubo completo.

Su súcubo personal.

¿Había una satisfactoria mejor que esa en la tierra?

-Estoy tan orgulloso de ti Ryou- hablo el peli azul acariciando los cabellos castaños del menor quien disfrutaba de ser mimado por el rey. Abrazo con mayor fuerza al demonio sin que pudiera notar el cambio de color en los ojos de Aomine, sus ojos escarlata brillaban con mucha intensidad -ya podrás flotar como tanto quieres-

El menor asintió feliz -podre por fin averiguar a donde va Daiki-san cada noche- acoto con una amplia sonrisa tensando un momento al moreno.

¿Acaso su bello ángel sabia algo de sus amantes nocturnas?

-Que angelito tan travieso- se burlo el mayor apretando las mejillas regordetas del menor.

-¡Yo no soy un ángel! ¡Soy un demonio!- afirmo con seguridad el pequeño Ryou con un puchero, no le gustaba que lo llamaran ángel, eso iba en contra de su naturaleza.

Aomine no pudo evitar sonreír orgulloso del pequeño súcubo.

Que algo tan puro como un ángel rechazara su naturaleza tan a la ligera lo hacían desear corromper al menor de una vez por todas.

Pero seria paciente.

Disfrutaría su victoria por encima de Dios cuando fuera el momento.

Al menos hasta que Ryou fuera lo suficientemente mayor para soportar y aguantar el acto sexual del pecado y la lujuria que solo el rey del infierno era capaz de ofrecer.