Esta historia ya está terminada, así que habrá actualizaciones constantes para poder tener todos los capítulos de este fic por aquí.

Gracias por leer y nos veremos después.

Advertencia: Fuerte contenido sexual Shotacon, tómenlo en cuenta por favor.


Aomine Daiki abrió los ojos cuando los leves rayos de la luna se filtraban por las cortinas de su amplia habitación. Era de noche, lo que significaba que su trabajo así como el de sus subordinados empezaba en esos momentos.

O al menos esa era la idea en el caso del rey del Averno.

-Aomine- entro sin anunciarse su segundo al mando a su habitación. Kagami vio a su amigo aún acostado en su cama viendo con arrolladora tranquilidad al ser que dormía a un lado suyo.

-Shh Bakagami, vas a despertarlo con tus gritos tan temprano- le reprendió el moreno tapando con la mantas y sábanas de ceda el pequeño cuerpo que descansaba a un lado suyo abrazando una de sus tantas almohadas en la cama. Taiga se acercó hasta donde estaba su rey y después le vio con la ceja alzada, vaya, eso era nuevo -¿Qué quieres? No sueles entrar a mi habitación sin anunciarte a no ser que sea algo importante-

Kagami suspiro e ignoró el hecho de que el pequeño Sakurai Ryou dormía plácidamente sobre la cama de Aomine completamente desnudo. Ya había perdido la esperanza de hacer entrar en razón a su amigo -tenemos problemas. Mejor dicho, tienes problemas-

-¿Qué tipo de problemas?- pregunto el moreno sin hacer realmente caso a las palabras de Taiga. Le parecía más entretenido acariciar los cabellos castaños que cubrían el infantil rostro de Ryou y apartarlos de las regordetas mejillas del menor.

Si, definitivamente lo hemos perdido, pensó Taiga viendo resignado al moreno.

-Los querubines del cielo quieren una audiencia contigo- los ojos zafiros de Daiki se enfocaron en los de su amigo tomando un semblante serio -ya sabes por qué ¿No?-

-Despues de ocho años, vienen a reclamar algo que que ya no es suyo- gruñó entre dientes el peli azul levantándose de la cama y ahora viendo cara a cara a Kagami -¿Acaso quieren una nueva guerra santa?-

Kagami se alzó de hombros -quiza solo quieran de regreso a Sakurai-

-¡No!- grito molesto Aomine -si lo que quieren esas criaturas del señor es a mi Ryou lo tendrán de regreso sobre mi frío y putrefacto cadáver, Kagami- camino un par de pasos lejos del peli rojo y después se vistió con su uniforme militar para impresión del mismo Taiga que no esperaba esa reacción de Aomine.

Guerra por su súcubo quería, guerra es lo que iban a tener.


-Kuroko-san- llamó el pequeño castaño a su amigo quien en esos momentos le enseñaba a perfeccionar su vuelo con sus pequeñas alas negras.

Kuroko Tatsuya vio al pequeño Ryou dejando de lado su lectura. Debía prestarle atención a la pareja del rey.

-¿Qué pasa Ryou-san?- pregunto el peli celeste.

-¿Por qué Daiki-san aún no regresa de su reunión? ¿De qué habla con los ángeles del cielo?- pregunto curioso el menor viendo a su mentor.

El peli celeste no supo que responder a eso -lo dudo mucho Ryou-san. Ya sabes cómo son, les gusta exagerar las cosas- le resto importancia al asunto. No es como si al rey le importará mucho lo que tuviera que tratar con las criaturas del cielo.

El pequeño Sakurai empezó a flotar alrededor de Tesuya quien no sabía si frenar el movimiento del castaño o de igual forma dejarse llevar por el libertinaje que el menor influia en todos a su alrededor.

-Ryou... Tetsu- les llamo el rey del Averno vestido con su traje de guerra para confusión del peli celeste y admiración del pequeño demonio -¿Qué se supone que están haciendo?-

-Bueno...- dudo en responder el peli celeste quien aun estaba confundido por la vestimenta del moreno -¿Por qué estás vestido así? ¿Dónde está Kagami-kun?-

-Esta limpiando la sangre de los querubines de Dios- respondió como si se tratara del clima -esas creaciones divinas solo estaban diciendo disparates de Ryou, no podía seguir oyendo todo eso- respondió el moreno abrazando al pequeño demonio quien se abrazo del cuello de Daiki y este rodeaba su cintura con uno de sus brazos.

Kuroko no menciono nada, ya estaba acostumbrado a las excentricidades de su amigo. Quien le preocupaba un poco era el pequeño castaño que movía sus alitas feliz y se dejaba acariciar y mimar por el rey.

Suspiro, ahora entendía la preocupación de Taiga con Aomine.

-Iré por mi marido- anuncio Kuroko dejando atrás la escena entre el moreno y el pequeño castaño.

No quería ver esas perversiones tan temprano.


El rey de la oscuridad y agonía caminaba por los amplios y silenciosos pasillos de su palacio aún con el pequeño demonio en sus brazos. Ryou tenía recargada su cabeza en el hombro del serio demonio mientras disfrutaba de estar en los brazos de su rey. Su cola y alas lo demostraban y aquello hacia feliz al moreno.

Tanto que hacía ignorar el hecho de que estaba cubierto de sangre divina.

Detalles, detalles.

-¿A dónde vamos Daiki-san?- pregunto el pequeño demonio sintiéndose adormilado. Las suaves y tiernas caricias que el mayor le daba hacían que su cuerpo se relajara mucho.

-A nuestra habitación- respondió el mayor sin intención de soltar al castaño quien le veía con una enorme sonrisa. De inmediato el rostro del moreno fue cubierto de muchos besos por parte del pequeño demonio. Aomine sonrió, su pequeño súcubo era mucho mejor de lo que pudo imaginar. Abrió la puerta de la habitación y dejó al pequeño castaño en la cama quien tenía los brazos extendidos para que el mayor lo siguiera llevando en sus brazos -quedate aquí y prepárate, no te soltare hasta que ambos estemos satisfechos- el menor le vio con los ojos vidriosos y antes de que el moreno desapareciera a la ducha de su habitación fue el mismo Daiki quien besó los suaves labios de Ryou quien sin pena correspondió el beso del mayor.

Aomine apretó un poco la cintura del castaño para que esté abriera más los labios y, como imagino el castaño iba a hacer, su lengua y la del rey chocaron y se unieron en un obsceno beso donde la saliva de pequeño demonio salía de entre las comisuras de los labios de ambos. Aomine siguio devorando los labios de Ryou con gula y deseo, deseo que el pequeño Ryou levantó en el desde que lo conoció cuando aún era un bebé.

-Da-Daiki-san- gimió entre los labios de Daiki el pequeño demonio. Se sentía extraño ahora con las manos del moreno acariciando sus costados.

-Iré a bañarme, pórtate bien mientras no estoy- el menor asintió con un pequeño sonrojo en sus mejillas. Se había dejado llevar por la pasión del momento.

Su pequeño pene estaba duro luego de aquel beso.

Aquello lo asustó.

Ya no se estaba reconociendo a si mismo.


Aomine salió luego de diez minutos en el baño, guardo su armadura y vio la condición en la que estaba su súcubo. No le parecía rara la escena frente a sus ojos.

Después de todo, desde que desvirgó al pequeño castaño hace ya un par de años le ha exigido y le ha enseñado lo que las mieles del placer y deseo carnal es capaz de experimentar el cuerpo de un demonio todas las noches que ha estado durmiendo en su habitación.

Su pequeño demonio estaba descansando tranquilamente sobre su amplia cama en la espera de la llegada de su amante.

Sus ojos estaban cerrados, sus largas pestañas acentuaban las facciones infantiles del pequeño súcubo. Su piel blanca, con leves y otras notorias marcas de propiedad lucian bajo la fina bata que cada noche vestía solo para Daiki el pequeño Ryou.

Verlo así, tan frágil y vulnerable...

Sintió un tirón en su parte baja. Su pene estaba despertado ya.

Era Ryou un jodido y sensual niño.

Pero... era su jodido y sensual niño.

Niño que ha gustado de corromper de todas las maneras posibles.

-Angelito- llamo al castaño quien estaba aún durmiendo sobre su cama -angelito, despierta. Ya estoy aquí- acarició un poco la piel expuesta del menor y rozo sus cabellos. Ryou despertó luego de un par de caricias más en su cuerpo.

La bata que usaba se deslizó glacialmente sobre su cuerpo desnudo para deleite del rey quien paso su mano izquierda sobre el pecho del menor quien soltó una risita divertida por aquella acción. La mano del demonio llegó hasta donde la mejilla de Ryou esperaba una suave caricia que por supuesto no tardó en ceder.

Esos ojos caramelo viéndole fijamente serían su perdición.

-¿Vamos a jugar?- pregunto inocente el pequeño súcubo sin apartar sus ojos de los zafiros de Aomine. Aquella bella ternura combinada con la inocencia del pequeño demonio era un deleite para Daiki.

Su deleite personal.

-Claro, vamos a jugar como lo hacemos todas las noches- los ojos caramelo se iluminaron emocionados y sin que Daiki pudiera evitarlo ya tenía el cuerpo del pequeño súcubo sobre el. Ryou estaba moviendo sus pequeñas caderas sobre su pene erecto el cual era cubierto por la corta toalla que usaba en esos momentos el demonio.

Ryou beso la mandíbula de Aomine y su cuello excitando a Aomine quien acostado sobre la cama disfrutaba del movimiento del menor sobre su pelvis. El castaño sin darse cuenta estaba encendiendo las llamas de la pasión que había dentro de Aomine.

Después de todo, era Daiki quien tenía que enseñarle a su súcubo personal como le gustaba el sexo. Y vaya que el pequeño Ryou se estaba volviendo un experto en el tema gracias a los intensos entrenamientos que Aomine le daba cada noche.

Aomine tomo las caderas de Ryou e hizo que las mismas se frotaran sobre su pene que ya mostraba signos de humedad en la punta. Aquello alegro un poco al pequeño Ryou.

-Esta duro- afirmó el pequeño viendo confundido al mayor que acariciaba su menudo cuerpo -¿Cómo? Si aún no lo chupo, Daiki-san-

El demonio mayor soltó una carcajada, la inocencia de Ryou rayaba a la pureza de su súcubo, de un rápido movimiento ahora era Ryou quien estaba bajo su cuerpo, era considerable la diferencia de edad y estatura pero para Aomine eso era lo de menos -se puso así tan solo con verte, Ryou- explicó el mayor mientras sus pulgares acariciaban los pezones del menor y los estimulaba un poco haciendo que Ryou gimiera bajito -el tuyo está igual que el mío, mira- se quitó la toalla que cubría su virilidad mostrando al castaño su estado de excitación. El pene del súcubo estaba igual de despierto que el suyo, rozo con las puntas de sus dedos la base del pequeño miembro estirando el prepucio y sacando la gotita de pre-semen que quería salir de su prisión. El castaño gimió mientras sus ojos se humedecían de placer, siguió acariciando un poco más el pequeño pene y apretó deliciosamente los pequeños testículos para placer del castaño quien le veía con sus ojos suplicantes de más -¿Te gusta, pequeño?-

El súcubo gimió fuertemente y ahogo un sollozo de placer con sus manos. Todo eso era tan excitante para su pequeño cuerpo -me gusta mucho, Daiki-san-

Los ojos zafiro de Aomine cambiaron a escarlata para maravilla del castaño. Su juego pasaria al siguiente nivel.

El rey acomodó el cuerpo del pequeño en la cama y después abrió las pequeñas piernas teniendo una deliciosa vista del pequeño y su rosada y apretada entrada. Ryou le veía expectante y deseoso de saber que iba a ser su rey con su cuerpo. Daiki se acomodó a la altura de la pequeña entrada y junto lo más que pudo las pequeñas piernas del súcubo, su pene erecto rozó con el del pequeño cuando los muslos del menor apresaron su pene con fuerza, le costaba mover la cadera mientras se frotaba y estimulaba sobre los pequeños testículos de su súcubo quien gemía por el movimiento que hacían con su cuerpo. Ryou podía sentir los testículos del mayor chocando con su entrada.

-Delicioso- gruñó el mayor aún con las piernas del menor bien cerradas y sujetas por sus manos, podía ver cómo su pene estimulaba el del pequeño demonio el cual estaba cubierto de su propio líquido preseminal y el semen que Ryou soltaba sin querer -me estás apretando delicioso, Ryou. Sigue así-

El pequeño castaño se removio en la cama gimiendo por como Aomine le estaba estimulando. Quería más de su rey.

-A-ahhh... Da-Daiki-san- jadeo el menor viendo al demonio -quiero más, por favor- pidió mientras acariciaba sus pezones para deleite de Daiki.

Joder. Qué hermosa escena.

Aomine dejo el frotaje que estaba haciendo sobre el cuerpo de Ryou y después volvió a abrir las piernas del menor bruscamente mostrando así la humedecida entrada al infierno del pequeño.

Solo frotando la punta de su pene fue abriéndose paso en las carnes de Ryou quien soltó un grito de dolor y placer al sentirse lleno del pene del rey. Muchas lágrimas caían de su infantil y rostro.

-¿Me sientes? ¿Sientes como vuelvo a marcarte como mío?- jadeo el moreno poniendo las piernas infantiles alrededor de su cintura, Ryou apenas y podía rodear las caderas de Aomine quien se movía dentro suyo disfrutando de su estreches. Sus manitas infantiles estaban sobre el pecho del moreno disfrutando de las embestidas del mayor en su pequeño cuerpo.

Manchando, azotando y abusando de su infantil cuerpo.

Ryou se sentía en las nubes.

-Daiki-san, su pene es bueno, muy bueno. Me gusta- jadeo y gimió el castaño mientras parte del peso del moreno caía sobre el pues estaba intensificado el movimiento y profundidad de sus embestidas en su cuerpo. El peli azul jadeaba tal animal en celo.

Su súcubo está listo para la siguiente fase.

Mientras su pene desaparecía en el interior de Ryou apareció un pentagrama rojo y de destellos dorados bajo ellos. Ryou gemía y jadeaba de placer que no notaba nada de lo que pasaba a su alrededor, mejor para mí, pensó el peli azul deteniendo un momento sus caderas para poder limpiar el sudoroso rostro infantil y besar los labios abandonados de Ryou quien se colgó de su cuello y correspondió el beso que su rey le daba. Aún teniendo el pene de Daiki dentro suyo ambos regulaban su respiración.

Aún no acababan.

-Ryou...- llamo al menor quien le veia con atención y dejaba que Daiki quitará el sudor de su rostro mientras el hacía lo mismo con el mayor -cuando sea el momento, cuando te sientas preparado ¿serás mi reina y futura madre de mi descendencia? ¿Lucharas a mi lado en caso de que los ángeles quisieran invadir nuestro hogar? ¿Serias mío para siempre y toda la eternidad?- el pentagrama empezó a arder en llamas azules y violetas más no lastimaban a los participantes del ritual. Solo estaban ellos dos.

Ryou no necesito pensarlo dos veces para dar su respuesta -hasta que sea el momento, seré el súcubo de Daiki-san. Y su reina si es que así lo desea- Aomine volvió a mover sus caderas para disfrute de Ryou quien soltó un gran gemido de placer.

Solo tenía que sellar su promesa y su plan estaría completo.

-Entonces- tomo las caderas de Ryou e hizo que estás chocarán sobre sus testículos haciendo terminar en un gemido al unísono a ambos demonios -la semilla que hoy puse en ti será sellada hasta que te sientas preparado para cumplir con el resto de tus deberes como mi compañero- las llamas del pentagrama se avivaron clamando finalizar su juramento.

Aún sin recuperarse del orgasmo al que fue arrastrado fue Aomine quien mordió el cuello del castaño y transmitió parte de su poder en el pequeño súcubo quien chillo de dolor y placer. Luego de eso las flamas del pentagrama se apagaron y el mismo desparecido.

Daiki tomo en brazos el cuerpo inconsciente de Ryou y lo llevo a su pecho. Salió con cuido del interior del pequeño súcubo y lo apretó sobre su pecho.

Ese ángel era suyo completamente.

Y eso ni Dios podría revertirlo.