Esta historia ya está terminada, así que habrá actualizaciones constantes para poder tener todos los capítulos de este fic por aquí.
Gracias por leer y nos veremos después.
Oficialmente llegamos a los 100 caps de este fic, felicidades, no pensé que me tendrían tanta paciencia para llegar a este punto.
Se habla de homofobia, para que lo tengan en cuenta.
Cuando se conocieron eran recién un par de muchachitos de 16 y 18 años respectivamente.
Sakurai Ryou salía de su turno nocturno en la cafetería de su tío (la única a varios de kilómetros a la redonda) pero antes tenía que sacar la basura del día.
Se despidió de sus amigos, su jefe y guardó sus patines dentro de su armario en los vestidores del establecimiento. Tomo la enorme bolsa de basura y sus pertenencias y salió despacio del local, dejó la basura en el contenedor, sacudió sus manos y emprendió el camino a casa por el callejón oscuro que lo llevaría a la avenida principal.
Las luces de la avenida, la música jazz y blues que se escuchaba en esa época del año y las cientas de luces de neon le estaban dando la bienvenida. Mas repentinamente su camino fue interrumpido por el sonido de una puerta metálica ser abierta y estrellada en la pared. Por ella empujaron y arrojaron al suelo a un chico notablemente herido y con signos de pelea. Conforme se fue acercando pudo notar que el chico vestía una chaqueta de piel negra, jeans azules un poco desgastados y zapatos negros. Un carro paso cerca y sus luces le ayudaron a ver qué se trataba de un moreno alto y de cabellos azules y que tenía el ojo morado y el labio partido.
Una pelea, pensó para sus adentros el pequeño castaño dudando en acercarse a la escena.
-Dile a Akashi que no nos joda con su dinero, el jefe se lo pagará cuando le pegue la gana- ordenaron desde dentro del local. Ryou supo que desde que abrieron esa cantina cerca del local de su tío nada bueno podría salir de ahí.
El chico se levanto del suelo dispuesto a matar al hombre que estaba diciendo todo eso pero un nuevo puñetazo lo tumbó a las bolsas de basura que estaban por ahí haciendo enojar al moreno que no podía ponerse de pie.
-Imbecil, el dinero que le dieron a Gold no es de Akashi, es mío- escupió el diente que le habían sacado esos mastodontes -pero no dudo en que me ayudara a recuperarlo así tengamos que venir a destrozar su estúpida cantina de cuarta-
-¿Es una amenaza, Aomine?-
-Tomalo como quieras, Silver. No sé sorprendan cuando lleguen y todo el local este destrozado. Debo cobrar mi dinero de una u otra forma- respondió sin vacilar el peli azul poniéndose de pie apoyándose en la pared del callejón -es eso o su costoso Cadillac CTS, dile a Gold que tiene esas dos opciones para pagarme lo que me debe. Si no su juguetito pagará las consecuencias- luego de eso la puerta se cerró de golpe para diversión de Aomine.
Vaya que a esos imbéciles no les gustaba perder sus automóviles. Una lástima, necesitaba ganar un auto más para pagar su deuda con Akashi. No quería deber a nadie, mucho menos a su amigo.
Trato de dar un paso hacia la avenida pero perdió el equilibrio y cayó de nuevo en las bolsas de basura del callejón. Se quejó entre dientes, se había golpeado también la cabeza.
-Menuda mierda- gruñó. No podía ni ponerse de pie.
-Mmm- hablo alguien llamando la atención de Aomine. Noto a un tímido castaño acercándose lentamente hasta donde estaba el, se arrodilló a su altura y limpio con un pañuelo blanco el labio partido del peli azul -esos chicos fueron realmente malos y abusivos contigo, tres contra uno, vaya canallas- comento el chico limpiando también la herida en el pómulo izquierdo del moreno.
Aomine río divertido, vaya esto si que era una sorpresa -no pude haberlo dicho mejor- comento quejándose un poco cuando el castaño paso con mayor fuerza su labio partido -¿Por qué me estás ayudando? Ni si quiera te conozco ¿Si sabes que no debes hacerle caso a los desconocidos? Podría ser un violador, sabes-
Ahora fue el turno del castaño reír por las nulas excusas del moreno -si fuera ese el caso no podrías hacerme nada, no puedes ni ponerte de pie. Además... mi abuela dice que sin importar de quien se trate debemos ayudar a los demás. No me parece que seas mala persona-
-No me digas. Eres hijo de familia. Mami y Papi siempre te han cuidado ¿No?-
Se alzó de hombros -si quieres verlo de esa manera, si-
Aomine volvió a reír -vaya que eres un caso especial- el castaño se incorporó y le tendió la mano para que pudiera ponerse de pie y así lo hizo. Se estabilizó rodeando el hombro del bajito castaño, esos imbéciles... seguramente le rompieron un par de costillas -en mi estado actual no es una opción ir a casa-
-¿Entonces a donde irá?- pregunto Ryou caminando con el moreno por la avenida principal con música de fondo, carros pasando y varios grupos de amigos de preparatoria y secundaria yendo de un lado al otro por la calle.
-La casa de Midorima queda a un par de cuadras de aquí. El es el que se encarga de estas mierdas de heridas y fracturas- señaló con el dedo por donde dirigirse. Estaba a poco de desmayarse por el dolor pero pudo notar que el castaño tenía un lindo y sedoso cabello, una piel blanca y suave y por supuesto, vestía ropas nada comparadas con las suyas. Parecían de marca incluso, un niño rico, pensó.
Un jodido niño rico que levantaba en el cierta curiosidad de saber más de el más adelante.
Tan luego llegaron a la casa del tal Midorima y este abrió la puerta, Aomine se desmayó en los brazos del peli verde.
Las escenas después de eso eran aún confusas para el peli azul.
Tiempo después supo por Midorima que aquel lindo castaño trabajaba con sus amigos y su tío en la cafetería sobre ruedas de este último.
¿Cómo lo supo Midorima? Seguía siendo una duda para el.
-Sigo diciendo que esto es una mala idea ¿Qué pasa si el niño bonito te reconoce y te termina denunciando con la policía?- pregunto Kagami viendo seriamente a sus amigos, en especial al moreno que buscaba con la mirada sobre toda la cafetería al castaño que lo salvó de Gold, Silver y sus secuaces.
-No te quejes Taiga, esto podría resultar divertido- acotó Akashi exhalando el humo del cigarrillo que estaba fumando. Sus ojos no se despegaban del lindo Batista que estaba en la barra de la cafetería.
Pese al ruido de la música de rock que se oía Kagami fue capaz de oír y notar el andar de un bajito peli celeste en patines que resultaba ser también mesero del local.
Detalle que no paso por alto Aomine.
Entonces lo encontró.
Traje rosa, camisa blanca y moño rojo. Patines tan blancos como el alma del castaño. Hablaba animadamente con varias chicas y chicos que buscaban su atención.
Atención que ya se había ganado con Aomine. Le llamó y no perdió la oportunidad de hablarle. Para sorpresa de Akashi y Kagami.
-Hey, niño bonito- saludo Aomine al castaño que estaba de pie esperando la orden de tan peculiar chicos vestidos de cuero -vaya sorpresa encontrarte por aquí-
-¿Por qué siento que esto no es una casualidad?- murmuró el castaño -pero me alegra de que ya esté bien. Solo espero que no vuelva a meterse en problemas-
Akashi y Kagami rieron a costa de su amigo.
-No esperes milagros, lindura- expresó Taiga para molestia de Aomine -este imbécil siempre se meterá en problemas. Es un imán para esto-
-¡Oe!- se quejó Daiki -¡¿Quien te dio derecho a llamarle lindura?!-
Ryou soltó una risita divertida -tus amigos son graciosos...-
-Se llama Aomine Daiki, el de cejas partidas es Kagami Taiga y yo soy Akashi Seijuuro, mucho gusto- los presento el de ojos cereza por qué si, sabía que su amigo moreno era tan impulsivo que ni siquiera fue capaz de presentarse como debería con aquel castaño.
-Mucho gusto- hizo una pequeña reverencia, de pronto fue llamado por otra mesa -me llamo Sakurai Ryou, si me necesitan no duden en llamarme- se despido con un movimiento de mano de tan peculiar trío.
Aomine suspiro viendo al castaño que se iba asustando a sus amigos. Eso era nuevo... y perturbador.
-Ese niño te gusta ¿Cierto?-
-Es más que claro ¿Por qué otra razón estamos aquí?- acoto Seijuuro.
-¡Oh, ya cállense!- se quejó Daiki avergonzado.
Aquello no podía ser cierto...
En esa época el amor homosexual estaba prohibido. Y castigado por la ley.
Entonces por qué...
...¿Por que ese niño lo invitaba a romper la ley a su lado?
No es como si no lo hubiera hecho antes.
-Creo que si me gusta- y valdría la pena romper la ley si ese castaño así lo quería.
Una aventura es mas bonita si huele a peligro.
Pasaron exactamente tres semanas para que Aomine le mencionara a Ryou sus verdaderas intenciones con el.
Y lejos de lo que imaginó el castaño lo acepto de inmediato. Supone que solo estaba esperando su propuesta de noviazgo.
Aún en contra de la ley y la sociedad en la que vivian.
Y ahora seis meses después ahí estaba el peli azul esperando a que el castaño saliera de su turno de la tarde. Quería llevarlo a ver una película al cine.
-Lo siento ¿Te hice esperar mucho?- murmuró el castaño saliendo del local de su tio. Entonces noto una gran motocicleta propiedad de su novio -eso es nuevo ¿Cuando la conseguiste?-
-Se la gane a Silver el mes pasado, quería mostrartela la semana pasada pero Murasakibara y Kagami le estaban haciendo unos arreglos- respondió el moreno sentado al castaño en la moto.
Ryou sonrió y le dió un pequeño beso en los labios, Aomine disfruto de aquel contacto.
-Vamos, te llevaré al cine y después a la bahía- agrego mientras se acomodaba en la motocicleta y el castaño le abrazaba por la espalda.
Abriéndose camino por la ciudad.
Quizá estaba loco, quizá lo que estaba haciendo no era del todo correcto.
Pero vaya que valía la pena el riesgo.
-¡¿A dónde vas jovencito?! ¡Aun no hemos terminado de hablar!- dejó a su padre con la palabra en la boca y salió de su casa sin mirar atrás. Del otro lado de la calle le estaba esperando Aomine en su automóvil blanco, cruzó la calle y en ese momento la puerta de su hogar se abrió -¡Vuelve aquí Sakurai Ryou y alejate de ese bueno para nada!- ordenó su padre pero poco le importó.
-Soy mayor de edad, no puedes obligarme a nada padre- respondió el castaño abriendo la puerta del copiloto, subió al automóvil y Aomine arrancó dejando atrás al padre del castaño.
-¿Vas a contarme que pasó?- pregunto Aomine en el primer semáforo que les detuvo.
-Mamá y papá quieren envíame a estudiar a Inglaterra y de paso comprometerme con la sobrina de una vieja amiga de mamá- soltó el aire que tenía en los pulmones -imaginaras cual fue mi respuesta-
-¿Y si huimos de aquí? A un lugar donde nadie nos conozca- murmuró el moreno llamando la atención de Ryou.
-¿Qué estás...?-
-Piensalo Ryou- explicó Aomine -tan luego regreses a tu casa tus padres te obligarán a casarte, vivirás la vida que no quieres y lo más importante, te alejaran de mí- siguió mientras acariciaba la mejilla de Ryou -ademas, ya lo había pensado. Todos nos iremos de aquí, los chicos también se irán. Solo están esperando a que nosotros demos una respuesta-
Sakurai no necesito más que eso para poner el freno de mano del automóvil y abalanzarse a besar a Aomine quien no esperaba aquella reacción del castaño. De inmediato acomodó a Ryou entre sus piernas y profundizó aquel beso mientras acariciaba sin descaro alguno los glúteos de este.
-Contigo viajaría hasta el fin del mundo, Daiki-san- expresó el castaño acariciando los cabellos azules de Aomine quien sonrió por esa respuesta.
-Entonces está decidido- beso el cuello del castaño disfrutando de las caricias del pequeño Ryou -nos iremos de aquí y viviremos juntos para siempre-
Pero poco les duraría aquella burbuja de amor.
-¿Donceles? ¿Hablas enserio Midorima?-
El peli verde se alzó de hombros -yo solo comento mis investigaciones, Kagami- explicó mientras bebía una taza de café.
-Admito que la humanidad ha dado mucho de que hablar en estos años pero ¿Hombres que pueden dar a luz? Quiero decir, eso incluso es muy descabellado para mí. Estamos a inicios de los 1950, no podemos esperar mucho de esto- opinó Akashi impresionado por las palabras de su amigo.
-Solia decir eso también, Akashi. Pero mis investigaciones en medicina me han llevado a confirmar estás teorías e investigar más de estos casos. En Francia hay un chico que cumple con estas características, creo que se llama Takao Kazunari. Me gustaría tener una entrevista con el, me servirá para mí tesis de titulación-
Aomine se mantuvo distante en la conversación de sus amigos.
Un bebé con Ryou sería maravilloso. Sentar cabeza con el sería maravilloso.
Quizá en otras circunstancias se lo hubiera pedido a Ryou.
Cuando le hablaron esa mañana sus amigos pensó que se trataba de la organización de una salida entre todos, como los viejos tiempos.
No para que viniera inmediatamente al hospital porque Aomine habia tenido un accidente en la construcción en la que estaba trabajando.
Era el verano de 1954.
-¿Cómo está Daiki-san, doctor?- el galeno le vio seriamente. Eso no le gustó para nada al castaño.
-Sere sincero contigo Sakurai-san...-
Cuando abrió la puerta de la habitación donde estaba descansando Aomine después de su accidente no esperaba ver al moreno acostado y tranquilo en la cama.
Jamás esperaba eso de su novio.
-Ryou, pásame mi ropa. Nos vamos de aquí inmediatamente- pidió el moreno sentado en la cama y con una venda en la cabeza.
Tan terco como siempre.
-No podemos irnos Daiki-san, no hasta que lo autorice el doctor- respondió el castaño caminando hasta donde estaba el moreno, lo acostó de nuevo sobre la cama y se sentó a un lado suyo -¿Vas a contarme qué pasó?-
Aomine se encapricho y se cruzó de brazos como niño pequeño. No le gustaban los hospitales -fue un desmayo por el calor y me golpeé la cabeza, no es para tanto-
-¿No es para tanto?- se quejó Ryou -este es el tercer desmayo que sufres en la semana ¿Cuándo pensabas decírmelo Daiki-san?-
Aomine ya no respondió nada. No esperaba que el médico le dijera sobre sus accidentes al castaño.
Lo que menos quería era preocupar a Ryou.
-No quería que lo supieras- explicó -no quería preocuparte por mí-
-Pues creo que eso no funcionó- reprochó el castaño con ganas de llorar -te recuerdo que estamos juntos en esto. Podías habermelo dicho desde la primera vez que te paso-
-Perdón- pudo jurar que al moreno le habian salido un par de orejitas de perro regañado. Suspiro, no podía estar siempre enojado con el moreno.
-¿Hay otra cosa que no me has dicho aún?- preguntó viendo seriamente al peli azul.
-Eso yo te lo puedo responder, Sakurai- en ese momento Midorima Shintaro entro a la habitación donde estaba Aomine y el castaño. La pareja guardo silencio en cuento el recién titulado de medicina entro -segun supe por Kagami has tenido dolor en tus brazos y piernas las últimas semanas. Y el médico que te ha atendido en todos tus desmayos resulta que hizo tu expediente médico y el de Sakurai tan luego llegaron aquí. Y hay algo que no me gusta de eso- acotó viendo seriamente al moreno.
Revisando el expediente de su amigo y hablando con el galeno que le ha atendido los últimos años ambos llegaron a la misma conclusión.
-¿Por qué lo dice Midorima-san?- pregunto el castaño temiendo lo peor con su novio.
-Obviamente lo que voy a decirles es una suposición y necesitaremos hacerle a Aomine más exámenes a fondo para comprobar mi diagnóstico pero, de resultar cierto es mejor que estén preparados para lo peor- explicó el peli verde acomodando sus lentes.
-Ya, escúpelo Midorima, no asustes a Ryou ¿Qué demonios pasa conmigo?- se quejó el moreno tamando la mano de un tembloroso Sakurai.
-Si mi diagnóstico es correcto- y sinceramente esperaba que esté en específico estuviera equivocado por tratarse de un amigo cercano. Dio un largo suspiro y después volvió a hablar -es posible que Aomine tenga cáncer en los huesos y al ritmo que va, la enfermedad terminara por consumirlo-
La habitación se sumió en un gran silencio. Uno muy pesado y difícil de digerir.
¿Entonces ese era al final de todo?
Era el otoño de 1960, las calles en esa época del año eran tranquilas y silenciosas.
El silencio no era un buen amigo suyo porque lo ponía a pensar y a recordar sobre su vida y lo que ha hecho a lo largo de esta.
El silencio lo deprime.
El silencio lo hace llorar.
El silencio lo hace débil.
El silencio le recordaba que hace más de catorce años conoció a Aomine Daiki.
Y el silencio ahora le exige que diga adiós a Daiki.
Qué se despida de su primer novio.
Su primer amor.
Su primer todo.
Y él no quería hacerlo. Se negaba a hacerlo.
Simplemente no podía.
¿Cómo podían pedírselo así?
Llegó al hospital y pidió su pase para poder ver a Daiki quien estaba descansando en su habitación.
-¿Daiki-san? ¿Estás despierto?- pregunto mientras entraba a la habitación y caminaba hasta donde estaba Aomine quien muy lentamente se incorporaba en la cama aguantando un quejido de dolor provocando cierta culpa en el castaño.
Detalle que no paso por alto el moreno.
-Para el chico más lindo en mi vida siempre estoy despierto- respondió el peli azul viendo con una suave sonrisa al castaño quien derramaba silenciosas lágrimas y acariciaba el rostro agotado y cansado del peli azul, Aomine no quería eso -no llores Ryou, no me gusta que llores- pidió mientras quitaba suavemente las lágrimas que derramaba el castaño.
Dios, como duele.
-Perdón- exclamó Ryou limpiando sus lágrimas -pero aún me cuesta verte así, Daiki-san. No me pidas que no llore- pidió poniendo su mano sobre la del moreno.
-Sabiamos- suspiro y después tosió con fuerza escupiendo en el proceso un poco de sangre -sabiamos que esto sería un proceso largo y agotador. Solo que esperaba que fuera más corto y fácil de llevar- bajo el tono de voz, hizo un espacio en su cama y pidió que el castaño se acostara a su lado. Ryou no se opuso -pero si estamos juntos todo es más fácil ¿Cierto?-
Ryou puso la cabeza de Aomine sobre su hombro y acarició sus mejillas y cabellos. Trataba de no notar el tono pálido en la piel de su novio, Aomine se relajo mucho y alivio sus pesares con las suaves manos de Ryou acariciando sus mejillas y manos.
Todo era más sencillo con Ryou ahí, con el, a su lado.
Cómo la primera vez que lo vió.
-Me hubiera encantado haberme casado contigo cuando recién habías cumplido la mayoría de edad. Quizá así te hubiera tenido un poco más a mi lado- murmuró el peli azul cerrando los ojos un momento.
Estaba más que agotado ese día.
-Shh... Duerme un poco Daiki-san, estaré aquí cuando despiertes- respondió el castaño besando los cabellos azules del moreno.
Pero tristemente...
... Aomine Daiki ya no despertó más esa vida.
-Entonces- hablo Imayoshi Shoichi viendo seriamente a su ex compañero de equipo luego de la Winter Cup de su segundo año de Aomine -¿Admites que te gusta Sakurai?- ¿Es eso posible?-
Aomine Daiki chasqueo la lengua molesto -tks, ¿Por qué nadie me cree? ¿Qué de raro tiene eso?-
-Bueno- esta vez hablo Susa Yoshinori viendo al moreno mientras robaba una papa frita de su novio y se la llevaba a la boca -debes admitir que tienes más pinta de ser heterosexual a ser doncelsexual, ya sabes, no te vemos sentando cabeza con un chico lindo como Sakurai y formar una familia con en el futuro- explicó sus argumentos siendo apoyado por Imayoshi.
Bueno, de hecho soy Ryousexual, así que eso está bien ¿no? Pensó Aomine, siendo sinceros solo ha sentido únicamente atracción por aquel bonito castaño, nadie más en su vida lo había hecho comportarse como un ser posesivo y egoísta hacia su persona.
Solo Ryou.
Cómo si estuviera en su vida y destino pertenecerle al castaño.
Imayoshi suspiro mientras veía como un bajito castaño llegaba al Maji Burger donde se vería con Aomine.
No del todo convencido en creer en las palabras de Aomine dejo que las cosas siguieran su curso.
Después de todo, en un año de ver interactuar aquella peculiar pareja podía ver que el futuro de ambos iba para largo y más allá.
Sonrió, quizá eso era bueno para ambos.
-Mas te vale que lo cuides, Aomine- luego de eso dejó la mesa donde estaba el moreno, tomo la mano de Susa y fueron a otra mesa cuando el castaño llegó donde estaban ellos.
Si, dejaría que las cosas siguieran su camino.
Ambos se lo merecían.
