Esta historia ya está terminada, así que habrá actualizaciones constantes para poder tener todos los capítulos de este fic por aquí.

Gracias por leer y nos veremos después.

Amo el Tango de Roxanne, la letra es interesante y te pones a pensar un millón de escenarios cuando lo escuchas.


La humedad de la calle contrastaba con el olor a tabaco y alcohol dentro del establecimiento.

Solo necesito mostrar su placa e identificación y los guardias del bar le dejaron pasar. Dentro había una orquesta de... tango, no estaba seguro si el entretenimiento de esa noche involucraba aquel hermoso y sensual baile.

Ningún baile actual podía compararse con el bello tango. Nada.

Entre meseros y gente que bailaba en la pista del centro con luces tenues y atmósfera privada se fue abriendo camino hasta llegar a las mesas del fondo.

Específicamente, la mesa donde estaban sus amigos. Parece ser que él fue el último en llegar.

-Una cerveza sin abrir, por favor- pidió al mesero que se había acercado a la mesa mientras de acomodaba en su lugar. Sus amigos le vieron fijamente.

-Conoces este bar desde hace tres años ¿Y sigues pidiendo tu cerveza cerrada? Eres un maldito obsesionado con su trabajo, Aomine- habló Haizaki Shougo poniendo la botella vacía de su cerveza en la mesa.

-Se le llama ser precavido, idiota- respondió el moreno viendo con el ceño fruncido al peli gris -creo que a ti te hace falta eso-

-Haizaki tiene razón- opino Midorima -fuiste el primero en recurrir a este tipo de establecimiento, y aun así no te arriesgas a que te pase algo en este bar ¿Hay algo que no nos has dicho aún?-

-Interesante- murmuró Seijuuro -¿Tiene que ver con Nash Gold Jr?-

-¿Por qué lo dices Aka-chin?-

-Por la forma en la que Gold y sus hombres nos miran desde que Aomine llegó- respondió Kagami bebiendo su cerveza sin inmutarse por la mirada del rubio a él y a sus amigos.

Aomine gruñó entre dientes e ignoró al de ojos verdes quien le veía molesto y sediento de sangre.

Poco podía importarle eso.

Las puertas del bar se abrieron y por ella paso un lindo castaño de mirada triste y melancólica. Aomine siguió cada uno de los pasos que daba el castaño y gruño molesto al ver que iba directo a ver a Gold.

Jodida mierda.

-No me esperen- fue lo último que menciono que sus amigos, bebió su cerveza de golpe y después se adentró a lo más oscuro y profundo del bar. Justo donde estaba unas habitaciones privadas para ciertas »atenciones« especiales de las y los meseros del bar.

Entro a la primera habitación que encontró y se sentó en la salita de ahí. Solo tenía que esperar y...

-Hablo enserio, cariñito- escucho la molesta voz de Gold afuera de la puerta deteniendo a la persona que iba a entrar a su habitación -quiero a ese policía fuera de mis terrenos, sabes lo que pasará si ese idiota sigue hablando contigo ¿No? Hasta donde supe ya terminaste de trabajar con el-

-Daiki-san sigue requiriendo mis servicios, Gold-san. No tengo por qué darle cuenta de eso-

Se escuchó un fuerte golpe en la puerta y un ahogado jadeo. Eso prendió las alarmas de Aomine y sus marcados celos.

En ese momento la puerta de la habitación se abrió y por ella paso el castaño que había visto entrar al bar. La habitación en la que estaba era de ese mismo castaño.

Su pequeño espacio lejos de la prostitución en la que estaba metido.

El castaño se limpió los labios con el dorso de la mano aguantando las ganas de llorar. Jamás había sentido tanto asco de sí mismo como ahora.

-¿Debo preocuparme por lo que oí?- el castaño se giró al oír esa voz y negó con un suave movimiento de cabeza, le daba vergüenza que lo viera así -entonces ¿Por qué lloras, Ryou?-

-No es nada- respondió el castaño cambiándose de ropa por una más cómoda. El vestido rojo que le obligaba a usar Gold le estaba quitando el oxígeno, arreglo su maquillaje, tomo su cepillo y arreglo su cabello, el que trabajará en las calles no le exentaba de no cumplir con las obligaciones que Nash le imponía hacer -no podré estar con Daiki-san está noche... yo... tengo cosas hacer antes de venir aquí y- de pronto fue abrazado por la cintura por el propio Aomine quien aspiraba su dulce aroma a vainilla -Daiki-san, otra chica vendrá a cumplir con mis servicios con usted aquí, no se desespere-

Aomine no respondió. Beso el cuello del castaño y aspiro todo lo que pudo de aquel suave y adictivo aroma, se estaba excitando mucho ahora -¿Pretendes que disfrute las mieles del placer carnal con otro cuerpo que no sea del que estoy enamorado? Eres muy cruel, Ryou- el castaño derramó un par de lágrimas arruinando su maquillaje.

El que era cruel era aquel amable y guapo detective. No él.

¿Por qué Aomine tenía que enamorarse de alguien como él?

-Debo irme- se separó del agarre del moreno y corrió hacia la puerta. Ya no quería oír más esas hermosas y sinceras palabras.

No más porque sabía que él iba a...

-Te amo- aseguró Aomine antes de que el castaño saliera de la habitación -y el que tú cuerpo pertenezca momentáneamente a otro hombre, no cambiarán mis sentimientos hacia ti Ryou- el bajito castaño salió de la habitación hecho un mar de lágrimas.

Porque si Ryou se vendía a otro hombre.

Su corazón era enteramente de Aomine Daiki.

Solo de él.