Seijuuro no comprende mucho del mundo que le rodea fuera del bosque que desde hace siglos se ha encargado de proteger de invasores o "enemigos" de la naturaleza tengan en contra del bosque que su familia siempre ha cuidado y preservado desde que la historia misma del pueblo cercano ha podido relatar.

Lo poco que ha logrado entender es gracias a Kouki y su paciencia infinita hacia el propio Seijuuro para explicarle todo aquello que un Yokai con tantos años de existencia todavía no comprende ni entiende con exactitud.

-S-Seijuuro-

Akashi contrario a la primera vez que olio el aroma de Kouki esta vez no lo encontró como algo relajante, algo que era capaz de brindarle paz que creía no necesitar por más años de vida tuviera en esta tierra. Por increíble que pareciera, esta vez el aroma de Kouki no lo estaba invitando a darle consuelo como la primera vez que vio en este estado al bajito omega.

-Y-yo… duele, ayúdame a que deje de doler-

Akashi rompió una de las bases de la cama de Kouki por la petición hecha. Gruño instintivamente desesperado por ayudar y consolar a Kouki, pero no estaba seguro de cómo hacerlo. No sabía nada sobre cómo podía ayudar al omega que gimoteaba adolorido sobre las desordenadas sabanas.

Tampoco ayudaba mucho el picor antes inexistente e imperceptible que sus colmillos y caninos estaban experimentando en ese momento.

Haría lo que sea con tal de que Kouki dejara de sufrir. Lo protegería con su vida de ser necesario, pero-

-Kouki- el omega gimoteo con mayor necesidad sobre las sábanas de la cama mientras abría desesperado el kimono que alguna vez Seijuuro le dio en esos meses, estaban celebrando el festival de primavera del pueblo de Kouki cuando el castaño comenzó a sentirse caliente, adolorido y sudoroso. Su aroma avainillado fuera de control solo indicaba que algo estaba mal. Kouki estaba retorciéndose sobre las telas del kimono que usaba y las sábanas mojadas, estaba en celo, uno adelantado según las cuentas de Seijuuro -dime que quieres que haga, te ayudare. Prometo quitar el dolor-

El castaño extendió sus brazos hacia Akashi quien aún abrumado por las nuevas sensaciones y sentimientos que el aroma de Kouki desprendía en Seijuuro fue como el Yokai sin dudarlo se acercó a un adolorido y vulnerable Kouki.

Kouki quería esto, será un omega "inexperto" pero estaba seguro de lo que quería para su vida. El Alpha que quería para sí mismo y como padre de sus cachorros aun siendo un chiquillo de 17 años, nadie en esta tierra le quitara a Seijuuro. Se aseguraría de ello aun si sabía que se aprovechaba un poco de la "ignorancia" de Akashi para estos asuntos.

Lo lamentaría después.

-Márcame, Sei- suplico el omega atrayendo con suavidad el rostro del Alpha que no entendía del todo las reacciones del cuerpo de ambos, pero no parecía indiferente a los deseos de Kouki -márcame, muérdeme. Hazme el amor. Hazme tuyo esta noche- acaricio las mejillas del Alpha apoyándose tímidamente sobre el pecho de Seijuuro adolorido todavía de su vientre.

Akashi asintió sin pensarlo, lo que sea con tal de que Kouki dejara de pasar por esos intensos dolores.


Seijuuro no entendía mucho de lo que paso esas horas en la habitación de Kouki. No porque no supiera de que se trataba el acto carnal de entregarte a tu ser amado, de ser amado con la misma intensidad por tu ser querido. No, lo decía porque el solo hecho de hacer el amor con Kouki estaba fuera de sus posibilidades.

No porque no amara a Kouki. Amaba a Kouki prácticamente desde que se conocieron hace tantos años atrás, haría lo que sea por Kouki, todo lo que Kouki quisiera se lo daría si estaba dentro de sus posibilidades.

Lo decía porque era un Yokai, un Yokai que vivirá años, décadas, siglos y vagara por esta tierra como un ser inmortal como lo ha sido todos esos años. Ser un Alpha no quitaba la sensación de saberse dueño de Kouki esas horas, lo hacía sentir peor. La vida de un humano era efímera, era como respirar.

Y después nada. Exhalabas y parecía que nada volvería a ser como antes.

Amaba a Kouki pero le aterraba perderlo, le aterraba la muerte que podría llegar después para Kouki, era algo inevitable, era un ciclo en la vida.

Pero-

-Sei…- el castaño tomo con cuidado el rostro de Seijuuro limpiando con suavidad y con ayuda de sus pulgares las mejillas mojadas de Akashi quien por mero instinto restregó su rostro sobre las palmas de Kouki, buscando consuelo -está bien, no tengas miedo. Estaré contigo siempre ¿sabes? - el Alpha se refugió en el desnudo cuerpo de Kouki aterrado a la idea de perder a Kouki.

La marca en el cuello desnudo del omega, una marca que los enlazaba y unía como pareja de omega-alpha que eran; era algo que Seijuuro no dudo en darle a Kouki. Algo que el propio Seijuuro no dudara en proteger con su vida aun si Kouki ya no estaba ahí con Akashi en el tiempo cercano.