Buenos días, tardes o noches, esta es la segunda parte de la historia de Gray y Juvia.
Espero que les guste la historia, recuerden que son 4 libros y apenas vamos en el segundo.
Gracias por leer y espero les guste.
Disclaimer: Tanto la historia como los personajes no me pertenecen todos los derechos a sus respectivos autores, yo solo los utilizo para mi diversión.
Eras tú
El 20 de junio Gray cumple treinta y ocho años y le organizo una fiesta sorpresa sólo con su familia. Cuando esa mañana lo despierto con la música de Maxwell, me lo como a besos y le hago el amor dispuesta a que empiece bien el día.
Sobre las doce del mediodía, le pido que me acompañe a un hotel para una entrevista, pero es mentira, y al llegar allí nos encontramos con Silver, la Tata, Preciosa y Jellal, que los ha ido a recoger al aeropuerto. Todos nos abrazamos y mi chico sonríe y me agradece feliz que hay a organizado la celebración.
Hablamos durante un buen rato y la niña quiere ver a Levy. La llama por teléfono y ella le pide que vaya a buscarla a la tienda, de modo que paro un taxi y la Tata y la pequeña se van hacia allá.
Para mi sorpresa, Silver no se niega. Eso me alegra. Por fin, su actitud está cambiando respecto a mi cuñada. Una hora después, también llega Gajeel y los cuatro Fullbuster se ponen a hablar. He elegido ese lugar porque Gajeel me lo recomendó y me gusta.
Los escucho feliz y contenta, pero de pronto me encuentro algo indispuesta.
¡Vay a día para ponerme enferma! Lo achaco a los nervios de la gira, a los preparativos del cumpleaños, y no le doy may or importancia.
Una camarera nos trae unas bebidas y, mientras Gajeel presume de que soy la número uno en las listas de ventas, Silver comenta:
—Juvia es otra leona, hijo. Una leona como tu madre, pero de otra época.
—Sí, papá —afirma Gray, henchido de orgullo y guiñándome un ojo.
Pasamos un tiempo entre bromas, pero al cabo de un rato, me disculpo precipitadamente y me voy a los servicios a vomitar. Al volver, no digo nada, pero Gray lan me agarra del brazo y pregunta:
—¿Qué te ocurre?
Sin querer darle importancia al asunto, sonrío y, como si no pasara nada, respondo:
—Nada, cielo, ¿por qué?
—No tienes buena cara —insiste preocupado.
—Tranquilo, doctor —murmuro yo—. No vea males donde no los hay.
Excepto Gray, ninguno de los otros nota mi malestar y, cuando siento que voy a vomitar de nuevo, digo que voy a llamar por teléfono.
En el baño paso un ratito no muy bueno, pero luego comienzo a encontrarme mejor.
¿Estaré pillando algo?
Al salir de los servicios y volver hacia donde están los Fullbuster, me quedo de
piedra al ver a Gajeel besando a una de las camareras en uno de los pasillos. Los observo furiosa. ¿Cómo puede hacerle eso de nuevo a Levy ?
Enfadada, echo a andar y ellos, al oír pasos, se separan. Sigo adelante sin detenerme y sin decir nada, pero siento en mí la mirada de Gajeel. Cuando regreso al pequeño salón, Gray lan me mira preocupado y, acercándose a mí, insiste:
—¿Te encuentras mal? —No respondo y pregunta—: ¿Has vomitado? Joder… sí que es bueno como médico. Sólo con mirarme lo sabe y digo:
—Sí, cariño, pero tranquilo. Me habrá sentado mal el desay uno.
En ese instante, Gajeel entra junto con la camarera y Gray lan, mirándome, murmura:
—No te metas donde no te llaman.
Me muerdo los labios. Ahora entiendo por qué mi cuñado me recomendó este sitio. Me callo o aquí se liará la de Dios.
Tras abrir el champán que nos traen y llenar las copas, brindamos. Le deseamos a Gray lan un estupendo año y luego los Fullbuster le expresan infinidad de buenos deseos. Cuando voy a beber, con disimulo, Gray lan me quita la copa de las manos y dice:
—Si no te encuentras bien, mejor déjalo.
Se lo agradezco. No tengo hoy el cuerpo para burbujitas.
Con su acusado instinto protector, no me quita ojo de encima. No se separa de mí y está atento a todos mis movimientos. Cuando sonrío, para indicarle que se relaje, me acerca a él y, hundiendo la nariz en mi pelo, lo huele, me besa la cabeza y murmura:
—Tienes un pelo precioso.
Sonrío. Siempre le ha gustado mi pelo rubio y, al mirar sus ojos preocupados, insisto:
—Tranquilo. Estoy bien.
En ese momento llegan Levy, la Tata y Preciosa. Mi cuñada felicita a Gray lan y luego nos besa a todos, incluido Silver, que la besa también.
Cuando nos sentamos a la mesa para comer, le pido a Gray lan que diga unas palabras y él lo hace divertido, mientras a cada segundo que pasa y o me siento mejor. Todo está exquisito y, por primera vez desde que formo parte de la familia Fullbuster, disfrutamos juntos de una buena comida y una excelente sobremesa. Preciosa, por su parte, no se separa de Levy.
Esa noche, cuando llegamos a casa, veo que Gray lan tiene una pestaña en la mejilla. Rápidamente se la quito y, poniéndole delante el dedo con que la sostengo, digo:
—Pide un deseo y sopla.
Mi amor sonríe y lo hace. Luego, acercando la boca a la mía, susurra:
—Ahora quiero mi deseo.
Me besa con pasión y cuando se separa de mí, digo divertida:
—Arráncame una pestaña, que y o también quiero pedir un deseo.
Gray lan suelta una carcajada. Su risa me llena de alegría y me besa de nuevo.
Cuando sus labios se apartan de los míos, pregunta:
—¿Cómo te encuentras?
—Bien. Como y a te he dicho, supongo que el desay uno me ha sentado mal, pero ahora y a se me ha pasado.
Me besa el cuello, después la coronilla y, mientras nos miramos reflejados juntos en el espejo del baño, su mano baja desde mi pecho hasta mi vientre, donde se para y, sin dejar de mirarme, dice:
—Creo que estás embarazada. Alucino. No me muevo.
¿Cómo va a ser eso?
Digo y o que me habría dado cuenta antes que él. ¡Joder, que es mi cuerpo! Y, sonriendo, pregunto:
—¿Ahora vas de adivino?
Gray lan sonríe y, enseñándome un test de embarazo, responde:
—Háztelo y lo sabremos.
—Pero ¿por qué tienes tú esto? —pregunto sorprendida.
Sin dejar de mirarme a través del espejo, afirma, besándome la cabeza:
—Soy médico. Lo cogí ay er del hospital para ti. Quitándosela de las manos, miro la cajita.
—¿Y se puede saber por qué crees que estoy embarazada? Mi amor sonríe y contesta:
—No te gusta la leche y llevas varias mañanas tomándola. —Joder… es verdad—. El otro día, en nuestra cena del juego de la señorita Mao, había berenjenas con miel y no quisiste comerlas, cuando a ti te vuelven loca. — Asiento y él prosigue—: Y, desde hace días, cuando te toco los pechos te los noto más grandes.
—¿En serio? —pregunto mirándomelos en el espejo, mientras él se ríe de mi reacción.
—Hoy has vomitado y si a eso le sumas que te emocionas hasta con los anuncios de galletas y que en el calendario donde apuntas la regla llevas varios días de retraso… blanco y en botella…
Me entra la risa tonta. Pero ¿cómo puede ser tan detallista? ¿Cómo puede fijarse tanto en mí y en lo que hago?
—Sería mi mejor regalo de cumpleaños —susurra.
—Te faltan dos tornillos. Y en cuanto al retraso, es normal en mí. Nunca he sido regular. Hay veces que se me retrasa hasta quince días.
Gray lan asiente. Ya lo sabe. Pero sin cejar en su empeño, me pasa la nariz por el cuello y dice:
—Hazte la prueba y lo sabremos.
Miro el dispositivo. Nunca en mi vida había tenido que utilizarlo y sonrío pensando en un posible bebé. Algo asustada, me siento en la taza delante de él, lo mojo con mi pis bajo su atenta mirada y luego me levanto y se lo entrego.
Deja el test sobre la encimera del baño y, dándome la vuelta de nuevo de cara al espejo, posa las manos sobre mi vientre. Su gesto es pura ternura y sonrío.
¡Me encantan los niños! Siempre he querido ser madre y no dudo que para Gray lan esto puede ser un sueño hecho realidad.
Pero, de pronto, al recordar mis próximas giras, pregunto:
—¿Crees que es el mejor momento para tener un hijo? Me entiende y responde:
—Para tener a nuestro bebé siempre es un buen momento, ¿no crees?
Tiene razón. Me encanta lo que dice, pero, de repente, el agobio me puede y pregunto:
—¿Y qué voy a hacer si lo estoy ?
—Cuidarte.
Vale, sin duda me cuidaré. Entonces, endureciendo el gesto, Gray lan añade:
—Por Gajeel y la discográfica no te preocupes. De ellos me ocupo y o. Como me ocuparé de cuidarte y mimarte para que todo vay a bien.
Ay, ¡qué monoooooo!
Sin duda, este es mi chico. ¡Tan cuqui! Me superencantaaaaaa.
Cinco minutos después, cuando comprobamos el resultado del test, vemos dos ray itas de lo más llamativas. Gray la nos miramos. Yo grito de felicidad y él, con una enorme sonrisa, me abraza mientras murmura:
—Gracias por este estupendo regalo de cumpleaños.
Emocionada por la inesperada noticia, no sé qué decir. Sólo puedo sonreír y hundirme en los brazos de mi amor, dejándome llevar por la alegría que siento al saber que voy a ser madre.
Bueno… bueno… ¡cuando se enteren en mi casa…! Y cuando se entere Lucy.
¡Estoy embarazada!
Gracias por leer, espero cualquier Review que se agradecerá.
¥Luthien¥
