Luego de que los vrykuls de las Islas Abruptas se recuperan de su guerra de sucesión y de los sucesos de las Tierrasombrias, que dejó al Azote diezmado. La Reina-Diosa Sigryn del Clan Mareskorn de Tormenheim decidió que su gente debía recuperar sus tierras ancestrales de las manos de los no-muertos. De modo que se embarcó en una reconquista de Rasganorte para los vrykuls de Tormenheim.
La expedición vrykul contó con los números, ferocidad y determinación para lograrlo, sin embargo estos actos preocuparon a tanto la Alianza como la Horda por sus intereses en Rasganorte.
En el caso de la Alianza, la mitad oriental de Raganorte era hogar de los enanos del clan Natoescarcha de Cumbres Tormentosas. Sin embargo, la Reina-Diosa Sigryn recordaba la ayuda prestada por los campeones del valor para reclamar su corona. Aunque no estaba dispuesta a ceder tierra alguna, esta acepto que no era dueña de las tierras bajo la tierra o de las ciudades titanicas.
Por otro lado, la Horda nunca cedió territorio sin luchar y en este caso no sería la excepción. Sin embargo, el pacto tácito de tolerancia entre los vrykuls Mareskorn y la Alianza hacia que cualquier intento directo contra los vrykuls fuera una posible declaración de guerra, cosa que nadie quería a estas alturas y menos por una tundra congelada. La respuesta apareció por su cuenta, cuando el último hijo de Ymiron, el Rey Ivar del Clan Desuelladragones de Fuerte Utgarde apareció para reclamar Rasganorte para su clan.
Sigryn e Ivar no estaban dispuestos a dar su brazo a torcer, cosa que desató la Guerra Vrykul, o la Guerra por el Norte, donde los clanes Mareskorn y Desuelladragones lucharon por el dominio del continente helado. En dicho conflicto, ni la Horda o la Alianza intervinieron directamente. Pero, no impidió que apoyaran a un bando específico al venderles armas o información logística a cambio de armisticios o permisos de explotación.
Armados con mayor tecnología, los vrykuls causaron una destrucción mayor la que jamás hubieran hecho sin ella. Pese a ello, ambos bandos estaban muy igualados lo que prolongaría la guerra por diez años sin un ganador claro. Seria en este panorama que los restos del Azote haría acto de presencia y atacarían sin piedad a los vrykuls de ambos clanes.
En vista de un nuevo enemigo para ambos, los reyes Ivar y Sigryn hicieron tregua y se dedicaron a masacrar a tantos no-muertos como pudieran. Los clanes Desuelladragones y Mareskorn habían luchado tanto tiempo juntos que sabían las tácticas de uno y el otro. Como un solo ejército de semi-gigantes, los vrykuls barrieron los restos del Azote de Rasganorte, hasta que ya no quedó ninguno.
En este punto, Sigryn e Ivar habían decidido que la guerra era tonta e inútil. Ambos reyes se habían llegado a respetar durante el conflicto que duró una década y tras aliarse esa rivalidad evolucionó en una gran camaradería. Había una forma para resolver el conflicto y que ambos tuvieran lo que querian; matrimonio.
La unión de los Mareskorn y Desuelladragones trajo la paz a "Vrykulheim", reino y hogar de todos los vrykuls por igual, con capital en la ciudad homónima levantada de las ruinas de Corona de Hielo. En cuanto a la Alianza y la Horda, los vrykuls respetaron sus promesas y permitieron que los extranjeros extrajeran materias primas o se asentarán en Rasganorte.
Además, desde ese momento los vrykuls Desuelladragones lucharian por la Horda, mientras que los vrykuls Mareskorn lucharian por la Alianza. Indiferentemente a que estallara una guerra morir con honor los llevaría al Salón del Valor.
Lemon
Cuando finalmente Anduin entró en su dormitorio después de un largo día de deberes reales, la visión inesperada de su silueta elfa en la oscuridad iluminada por la luna ni siquiera lo sobresaltó. Se había acostumbrado tanto a su presencia siempre a su sombra que se convirtió en algo natural.
—Oh, Valeera? No esperaba verte hoy— Anduin se acercó al interruptor de su habitación y lo encendió para ver mejor a su invitado —Shaw me dijo que te tomaste una licencia perso...
Las palabras murieron en sus labios. Ahora que había más luz en la habitación, pudo ver que Valeera no llevaba su atuendo habitual... Es más, no llevaba nada encima. Su cuerpo desnudo se podía ver con claridad; unas curvas ágiles peroa acentuadas, pechos grandes y firmes coronados con pezones rosados,muy duros ya, y un trasero acolchado y respingon. También llevaba un lápiz labial rojo sobre sus labios carnosos. El color atrevido acentuaba perfectamente sus ojos verdes, que ardían con intensidad. Y luego, por supuesto, su largo cabello rubio recogido en la habitual cola de caballo. Valeera se acercó a él, asegurándose de acentuar el balanceo de sus anchas caderas.
—Si, me tomé una licencia descanso... aunque no planeo dejarte descansar— Valeera se rió suavemente.
Anduin se quedó sin palabras, sobre todo porque su cerebro estaba demasiado ocupado procesando su atractivo cuerpo. Sin duda, el habitual atuendo rebelde de Valeera era escandaloso por sí solo, pero esto era un nivel completamente diferente. Instintivamente, extendió las manos para agarrar sus tetas agitadas, pero el lado racional se abrió paso en el último segundo.
—¿De qué se trata esto?.
—¿Qué te parece? Estoy cansada de quedarme siempre al margen, mientras te veo revolcandote con zorra tras zorra, con o sin tu esposa golfa a tu lado— Valera se acercó, le echó los brazos sobre los hombros y presionó su busto contra el de él —Así que esta noche voy a tomar mi turno como tú amante. Y todos los deberes que eso conlleva. En cuanto a mañana... Bueno, no nos preocupemos por eso des... ¿¡Mmm!?.
Anduin decidió tomar la iniciativa y la besó en los labios, tomando el control. Valeera estaba demasiado sorprendida para resistir su beso posesivo, ni tampoco quería hacerlo. Como un tesoro que era suyo para saquear, Anduin atacó sus labios con fervor y luego la dejó jadeando ruidosamente mientras su boca recorría su largo cuello. Solo después de que se hartó, Anduin la levantó y dejó a Valeera sobre la cama. Ella solo tuvo tiempo de levantarse sobre manos y rodillas antes de que él se arrodillara detrás de ella, con la punta de su pene presionando contra sus pliegues empapados.
—¿Qué dijiste antes?— preguntó Anduin con una sonrisa. Provocó su entrada frotando la punto de su verga entre sus labios inferiores, lo que provocó que un escalofrío recorriera su cuerpo —Tu eres mía— Luego empujó hacia adentro, sin encontrar resistencia hasta que sus abdominales golpearon contra sus nalgas.
Este lado dominante de Anduin fue más que bienvenido. Valeera se había visto obligada a envolverse en una armadura debido a las circunstancias de su vida, siempre manteniendo el control para sobrevivir. Sin embargo, su lado sumiso oculto anhelaba liberarse y someterse al hombre adecuado, y finalmente lo había encontrado. Su espalda se arqueó y Valeera dejó escapar un gemido lastimero cuando su cuello uterino fue besado por la punta de su miembro. El placer que recorrió todo su cuerpo hizo que sus brazos se debilitaran y ella cayó hacia adelante, ahora presentándose boca abajo, con el culo hacia arriba para él. Su cuerpo era suyo para que lo tomara.
La sangre en las venas de Anduin corría más caliente que nunca. Allí estaba Valeera Sanguinar, la mujer más fuerte e independiente que había conocido, sometiéndose a él por completo. Con su libido furiosa, Anduin se empujó una y otra vez dentro de su coño efusivo, llenando su dormitorio con el espeluznante plap-plap de una follada brutal y dominante. Pero entonces su mirada se posó en su largo cabello rubio desplegado sobre las sábanas, y supo lo que tenía que hacer. Anduin rápidamente agarró la cola de caballo en un puño y tiró hacia atrás con fuerza, obligando a Valeera a enderezarse con un grito. Su espalda se curvó hermosamente, acentuando los hoyuelos justo encima de su trasero. Como se predijo, su coño instantáneamente entró en convulsiones y la orgullosa pícara elfa se corrió como una perra.
Se sentía como un animal, a cuatro patas mientras un fuerte compañero se abalanzaba sobre ella desde atrás. Y la forma en que él mostraba tal dominio sobre su cuerpo hizo que la cabeza de Valeera diera vueltas. Le resultaba difícil pensar a través de la niebla rosa que había descendido sobre su mente. Todo lo que importaba era la verga golpeando su útero y la semilla espesa y viril que pronto lo llenaría.
—¡Aah, Anduin!— Su cuerpo empujado hasta las alturas del éxtasis, Valeera apenas podía formar palabras, demasiado ocupada luchando por evitar que su lengua se saliera inútilmente de su boca —¡Córrete dentro! ¡Criame!.
Valeera se corrió de nuevo y Anduin la giró sobre su espalda. No podía imaginar a nadie más sexy que Valeera en ese momento. Su piel estaba prácticamente resplandeciente por sus orgasmos y sus alegres pechos subían y bajaban con cada respiración pesada. Los labios rojos de Valeera permanecieron separados en un sin fin de gemidos constantes mientras lo miraba, y sus brillantes ojos verdes hablaban tanto de su extrema fatiga como de su inagotable lujuria por él. Valeera lo envolvio con sus piernas alrededor de su cintura y acercándolo lo suficiente para que la punta de su verga llegará más allá de su cervix.
—¡Te deseo más que nada!— gimio Valeera, apretándolo más con sus elegantes piernas.
—¿Tendrías a mis hijos?—Anduin susurró al oído y empujó más profundo.
Los ojos de Valeera brillaron al instante, pero antes de que pudiera responder, él se empujó hasta el fondo. Su cabeza se golpeó contra el colchón y aulló de éxtasis.
—¡Sí! ¡Hazlo, Anduin! ¡Fóllame a tu hijo! ¡Dame tu semilla!.
Anduin se abalanzó sobre ella con un abandono temerario. Cómo una bestia totalmente decidida a follar a su compañera debajo de él hasta alcanzar un estado de éxtasis alucinante y a bombearla con tanto semen que estaría dando a luz a una generación entera de Wrynns. Sus ojos se fijaron en las tetas temblorosas de Valeera, esos montículos llenos perfectos para criar a sus crías, y no pudo evitarlo. Sus labios hambrientos una vez más se aferraron a un pezón y, al mismo tiempo, Valeera anunció un orgasmo a gritos. Todo su cuerpo se sentía como su juguete, construido para su diversión y procreación, y por lo tanto no tuvo más remedio que correrse ante su demanda. Se corrió con ella, su verga palpitando profundamente en su interior y bañando sus profundidades en un torrente de crema viril.
La oleada de tanto semen caliente en su útero hizo que Valeera gritara hasta alcanzar otro clímax encadenado, y cruzó los tobillos detrás de Anduin para encerrarlo. No había forma de que ella se arriesgara a que él se retirara, pero Anduin ciertamente no tenía intenciones de hacerlo. Continuó bombeando su coño desbordante, con la intención total de impregnar a la elfa. Cada embestida hacía que su coño se apretara y, en respuesta, el masaje aterciopelado hacía que saliera otra cuerda de semen que salpicaba contra su cuello uterino. Valeera se sentía como si estuviera en el cielo, inmovilizada en la cama debajo de su pesado cuerpo humano y completamente inseminada.
Cuando todo terminó, ninguno de los dos pudo moverse durante varios minutos. O más bien, estaban perfectamente contentos de permanecer en el mismo lugar, unidos de la manera más íntima. Todo el tiempo, Anduin permaneció firmemente arraigado dentro de Valeera, taponando su coño con su verga para que la carga viril no tuviera más remedio que empapar sus óvulos fértiles.
—Entonces, ¿cómo estuvo eso?— ronroneó Valeera, trazando un dedo sobre su pecho desnudo.
—No está mal, pero he tenido mejores— se burló Anduin.
—¡¿Qué?!— Valeera se incorporó sobre los codos y lo miró con enojo —¡Tú…!.
Riendo, Anduin la levantó en brazos y rodó con ella por la cama, terminando con la esbelta elfa acostada sobre él una vez más.
—En lugar de enojarte —Anduin le susurró al oído —Por que no me haces comerme mis palabras.
Los ojos de Valeera se abrieron de par en par y luego se pusieron en blanco cuando él la agarró por las caderas y la atrajo hacia su miembro. Su respuesta a su desafío fue un grito agudo, una promesa sin palabras de que cuando llegara el amanecer estaría bien criada con su descendencia.
