El lugar en donde se llevaría a cabo la fiesta de compromiso de Kiba era en el restaurante de un lujoso hotel, era muy amplio y elegante, perfecto para un evento social de ese calibre. La mayoría de los arreglos ya estaban listos, las flores que ella misma había preparado también estaban repartidas en todas las mesas de los invitados, pero la de los novios era la única vacía.
Ino caminó hasta aquella mesa, los cubiertos eran de plata y las copas de los novios estaban adornadas de forma muy linda, cada una con un motivo de novio o novia. Cómo envidiaba a Tamaki, ella siempre soñó con casarse con Kiba, realmente estaba enamorada de él, pero ¿por qué había terminado todo de ese modo?
—Ya, Ino, déjalo ir —se regañó a sí misma, poniendo delicadamente el arreglo de lirios azules sobre el centro de la mesa de los novios. Sólo tenía que hacer eso e irse, pero sus planes de una escapada perfecta se arruinaron al instante, cuando se dio la vuelta y vio al culpable de su desdicha, que estaba parado justo frente a ella.
Apenas sus ojos se encontraron, los de ella destellaron de rabia, frunciendo el ceño.
—Llegaste un poco tarde, Tamaki estaba asustada —comentó el castaño, su expresión era seria, pero podía notarse un poco de culpa en sus ojos.
—Lo lamento, pero ya está, me retiro —dijo Ino, tratando de pasarlo de largo, mas Kiba se lo impidió, tomándola por la muñeca—. ¿Qué te pasa?
—Quería hablar de algo contigo, acompáñame.
Antes de que ella pudiera protestar, el hombre la jaló hasta el baño del restaurante, cerrando la puerta detrás de sus espaldas. Solamente había uno, así que estaba claro que era unisex.
—¿Qué crees que haces, Kiba? —cuestionó Ino, haciendo un movimiento brusco para soltarse de él, mirándolo con sus ojos fieros.
El castaño la miró del mismo modo, era evidente que ninguno de los dos estaba a gusto con la presencia del otro, las cosas habían acabado tan mal entre amos, que les era incómodo sólo verse de lejos, así que, ¿por qué Kiba la había traído aquí?
—Te traje porque quería preguntarte una cosa —dijo Kiba, dando unos cuántos pasos hacia atrás, para darle espacio a la chica—. Ino… ¿aún me guardas rencor? —interrogó, dejando a la florista con la boca abierta.
—¿Disculpa?
El Inuzuka rodó los ojos, como si sintiera fastidio de aclarar el contexto.
—Sí, luces como si todavía siguieras enamorada de mí, ¿sabes? No es por nada, pero deberías superarme.
Aquellas palabras fueron la gota que derramó el vaso para Ino, si antes lo odiaba, ahora mismo quería matarlo, para empezar, ni siquiera sabía por qué Kiba la había abandonado hace un año, nunca se lo aclaró, todo lo que dijo fue que su relación no era lo que buscaba, ¿entonces Tamaki sí lo era?
—Eres un estúpido, en serio —dijo la rubia, sus ojos se mantenían en el piso, no se atrevía a verlo, porque estaba segura de que lo patearía o lo iba a estrangular—. Kiba, honestamente, espero que no le hagas daño a tu novia, se ve que te quiere mucho.
Él frunció el ceño.
—¿A qué viene eso?
—A nada —contestó Ino, abriendo la puerta—. Felicidades por tu boda —añadió antes de salir del pequeño cuarto de baño y dejar al novio a solas.
Cuando estuvo fuera de ese hotel, Ino se dio cuenta de algo, se sentía liberada, como si se hubiera quitado un gran peso de encima, aunque seguía sin saber la razón del abandono de Kiba, ya no la necesitaba, todo lo que tenía que hacer era salir adelante.
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Desde que había nacido, él siempre tuvo todo lo que quiso. Al ser proveniente de una familia adinerada, fue a las mejores escuelas, tuvo todos los lujos que quiso y recibió las mejores cosas, pero siempre se sintió –en el fondo– vacío, no fue hasta que se hizo cargo de la compañía de su padre y vio lo que estar a cargo de otros significaba, que entendió muchas cosas. Él lo tenía todo, pero muchas otras personas no, había otros que carecían de todo lo que a él le sobraba, fue por eso que abrió una fundación destinada a ayudar a todos esos niños sin hogar, que padecían alguna enfermedad difícil de tratar. Era conocido en los medios como un filántropo, aunque no le gustaban ese tipo de reconocimientos, él no hacía las cosas para ganar fama, sino para ayudar.
—Señor —escuchó la voz de su secretaria, una chica bastante joven, de largo cabello castaño, que siempre sonreía alegremente, pero era un poco torpe.
Él despegó la vista de los gráficos de su computadora y miró a la mujer, la cuál lucía un poco contrariada.
—Le hablaron desde la fundación —dijo ella—. Parece ser que hubo un problema, no me supieron explicar, pero querían que fuera.
El hombre cerró sus ojos verdes con tranquilidad, asintiendo con la cabeza. Apagó la computadora y se puso de pie, tomando su teléfono, que estaba sobre el escritorio. Al salir de su oficina, se topó con la mujer con la que había estado saliendo desde hace no mucho, aún no había nada formal entre ellos, pero podía decir que disfrutaba de su extraña relación.
—¡Gaara! —exclamó ella, tenía el cabello negro y corto, usaba anteojos y vestía como una modelo de revista de modas, a decir verdad, era bastante bonita—. Justo venía a verte, ¿estás ocupado?
Él hizo una mueca, asintiendo con la cabeza.
—Sí, tengo que ir a la fundación —explicó, dirigiéndose al elevador para presionar el botón.
—Pero… —la pelinegra abultó ligeramente las mejillas—. Quería almorzar contigo, cariño.
Aquel joven pelirrojo tuvo que soltar un suspiro, era un poco raro cuando ella le daba ese tipo de apodos, no pensaba que tuviesen confianza para eso todavía, pero no pensaba corregirla frente a sus empleados, ya que había algunos ahí.
—Lo lamento, Shijima —respondió, mientras las puertas se abrían delante de él—. Podemos cenar juntos, si gustas.
—Oh, claro —ella asintió, viéndolo abordar el ascensor y desparecer cuando las puertas tras su espalda se cerraron, así que suspiró—. Qué decepción —murmuró.
Era difícil acercarse a Gaara, aunque estuviesen en algo, incluso si ya hasta habían compartido una que otra noche juntos, él continuaba siendo distante, a veces se preguntaba a qué se debía tal comportamiento, pero no estaba segura de poder averiguarlo alguna vez.
Gaara se montó en su automóvil rojo y partió hacia el edificio que fungía como casa matriz de su fundación, era una casona vieja en la periferia de la ciudad, estaba un poco lejos, pero no era una construcción para ser tomada a la ligera, era enorme y había sido renovada especialmente para cumplir aquel propósito. Cuando llegó, se estacionó en el lugar que era exclusivamente para él, ya que sus visitas eran constantes, y se bajó, ingresando a la casa.
—Oh, señor —escuchó que lo llamaba una de las mujeres que trabajaban en el lugar, era una enfermera de edad avanzada, por lo que pudo notar, algo estaba aconteciendo, porque veía a varias personas correr de un lado a otro, así que frunció el ceño.
—¿Qué está sucediendo? —interrogó.
La enfermera soltó un suspiro.
—Hace unos días llegó una mujer embarazada y sin hogar —comenzó a explicar, lucía un poco contrariada al respecto—. Ella estaba golpeada, no quiso decirnos qué sucedió, pero tememos que el padre de su bebé haya sido el culpable.
El joven director asintió, no le habían notificado nada de esto antes, suponía que los trabajadores no quisieron molestarlo o pensaron que podrían resolver el problema por sí mismos, pero al ver que no era así, decidieron contactarlo.
—La mujer dio a luz ayer a su bebé, es un pequeño precioso —continuó la anciana, dirigiendo a pasos lentos a Gaara hasta una habitación, al entrar, vio que tenían al bebé en una pequeña cuna, era de segunda mano, la habrían conseguido de alguna donación—. El bebé parece tener una deficiencia cardiaca, además… su madre desapareció esta mañana —sus ojos inmediatamente se pusieron tristes—. Lo abandonó y no tenemos cómo hacernos cargo de un recién nacido, señor, este centro es para niños mayores de cuatro años y…
Gaara frunció el ceño al ver al bebé, en ese momento, éste estaba durmiendo, se veía tan tranquilo y frágil, era un ser diminuto, ¿cómo podían dejarlo abandonado así como así?
—Ya veo… —fue todo lo que pudo decir, dando unos cuántos pasos hasta la cuna del niño, solamente tenía un día de nacido y no tenía a nadie en el mundo, si su madre se había ido sin más, significaba que no pensaba regresar por él, quizá no tenía los medios para hacerse cargo o tal vez, simplemente nunca lo quiso.
De un momento a otro, el niño abrió sus ojos, eran parecidos a los de Gaara, verdes, pero en un tono mucho más oscuro, eso lo sorprendió un poco, hasta que el pequeño empezó a llorar con mucha fuerza. Él nunca había sido bueno con los bebés, así que entró en pánico.
—¿Q-qué le pasa…?
—¡Permiso! —escuchó una voz femenina, entonces vio a una enfermera más joven que se le atravesó por delante y levantó al bebé de la cuna, era una chica bajita, de cabello castaño y ojos negros, que estaba seguro de que era nueva, porque no la había visto antes. La observó sosteniendo un biberón y luego se lo dio al pequeño, acunándolo entre sus brazos—. Qué suerte que ya lo tenía preparado, estaba muriendo de hambre —explicó, sin dejar de ver al bebé, mientras sonreía.
El hombre parpadeó, apenas esa chica intervino, esa criatura guardó silencio y sólo se dedicó a comer, parecía que tenía mucha experiencia con los recién nacidos, o eso pensó al verla, a decir verdad, era muy linda, lucía como si ella fuese la madre de ese pequeño.
—Matsuri-san —escuchó a la enfermera mayor carraspear—. Gracias por su intervención y su rápido actuar, pero debería ser más considerada, está frente al director de la fundación y usted lo ha hecho a un lado como si nada —dijo en tono de regaño.
—¿El director? —la joven levantó la mirada y sus ojos se encontraron con los de Gaara por primera vez, su rostro enrojeció, se sentía avergonzada de pronto—. Oh, oh, lo lamento, y-yo… sólo estaba preocupada por el bebé.
Sabiendo que ella no lo había apartado a propósito o por ser grosera, Gaara cerró sus ojos con tranquilidad y asintió con la cabeza.
—No es nada, el bebé es lo más importante en este momento —respondió, dándose la vuelta para ver a la otra mujer, ella era quien se encargaba de todo cuando él no estaba—. Buscaré qué hacer con él, mientras tanto, que esta chica lo cuide.
La enfermera más grande abrió un poco los ojos por la sorpresa —Señor —dijo—. Matsuri-san es nueva aquí, ella apenas está empezando a adaptarse al ritmo del lugar y de los pacientes, no creo que…
—Ella cuidará al bebé —insistió Gaara, no solía dar órdenes severas muy a menudo, porque casi nadie lo cuestionaba, pero cuando eso pasaba, se jactaba de ser extremadamente convincente, así fue como lo sintió la anciana.
—Entiendo, señor —dijo, haciendo una leve reverencia.
Gaara volteó a ver nuevamente a la joven enfermera y a la criatura, ella no dejaba de observarlo con curiosidad, le causaba cierta ternura, el modo en que sus ojos brillaban le recordaba un poco a los de su madre, no supo por qué.
—Me retiro —avisó él, saliendo sin más.
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Mientras él trataba de continuar durmiendo, el teléfono no para de sonar una y otra vez, volviéndolo loco, ¿por qué simplemente no lo dejaban descansar? ¡Era sábado!
—¿Qué pasa? —dijo al fin, agarrando su celular que estaba encima de la mesa de noche, junto a su cama. Se había despertado apenas, estaba recostado boca abajo y con toda la ropa puesta, le dolía horriblemente la cabeza, como si le hubiesen dado una paliza anoche.
—Naruto, como lo suponía, sigues en casa —escuchó la voz cansina de su amigo del otro lado, el cual suspiró en cuanto supo que su jefe estaba con resaca, después de la borrachera de anoche, era de esperarse.
—Sai… —el rubio frunció el ceño—. ¿Pasa algo? Es fin de semana —se quejó, alejándose el aparato de la oreja para ver la hora, eran casi las dos de la tarde, así que se sorprendió—. ¡Es súper tarde! —exclamó.
—Sí, es tarde y tú deberías estar aquí, ¿qué clase de jefe eres? ¿Olvidaste que hoy hay una reunión de accionistas a las cuatro?
Como un resorte, Naruto saltó de la cama y se empezó a quitar la ropa, corriendo hacia el baño.
—¡Ya voy saliendo para allá, si me tardo mucho recíbelos, gracias por llamar! —gritó exaltado, encendiendo el grifo de la ducha, colgó la llamada y se metió a bañar, aún tenía dolor de cabeza, pero no podía quedarse ahí esperando a que las horas pasaran, era cierto que era sábado, pero el trabajo no esperaba y se suponía que él era quien estaba a cargo.
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Sai miró el teléfono como si se tratara de un ser ajeno, como siempre, Naruto pecaba por ser un distraído, no entendía cómo lo hacía para resolver todos los problemas a tiempo, seguro que tenía a dios de su lado.
—Bueno, a ver si llega —murmuró el pelinegro, metiéndose el celular al bolsillo del pantalón.
Ya llevaba un rato en la oficina, terminando lo que tenía pendiente, él también se había quedado dormido, pero al menos había llegado a tiempo. Acomodó un par de documentos que había imprimido hace unos momentos y se dispuso a archivarlos, eran necesarios para la reunión de más tarde, pero no encontraba una perforadora para poder ponerlos en la carpeta correspondiente, así que se puso a abrir los cajones de su escritorio.
—No hay —frunció el ceño, cerrando todo y poniéndose de pie.
Fue hasta un enorme estando al final de la sala, en donde había muchos materiales por si los empleados los necesitaban, otros de sus compañeros también estaban trabajando, pero no solía hablar con ninguno de ellos. Cuando encontró la perforadora, volvió hacia su cubículo, pero al sentarse, sus ojos se quedaron viendo la flor azul que se le había caído a la chica del tren.
No recordaba haber conocido a una chica tan bonita antes, se preguntaba si acaso podría volver a encontrársela en ese tren, lo tomaba todas las mañanas, pero esta era la primera vez que se la topaba, ¿acaso viajaban en horas distintas?
—No puede ser, no tengo tiempo para esto, ni que fuera Naruto —se dijo en voz baja. Abrió el cajón de su escritorio y metió la flor ahí, entre medio de las hojas de una libreta, tenía que terminar ese pendiente antes de que llegara la hora de la reunión.
Naruto llegó una hora después, todavía traía el cabello húmedo y se notaba que había corrido para llegar a tiempo, pero al menos estaba ahí antes que los accionistas.
—Amigo, casi muero antes de llegar aquí —decía el cansado Uzumaki, tocándose el pecho para tratar de recuperar el aliento.
—Tienes que ser más consciente, Naruto —Sai lo regañó, entregándole varias carpetas sobre las manos—. Estas son para el balance de ganancias, al menos léelas para que sepas qué decir.
Los ojos del rubio se iluminaron, no es que fuera un total irresponsable con el trabajo, claro que lo hacía él mismo, pero cuando se encontraba en problemas como aquel, Sai siempre lo cubría, debía ser el mejor amigo que podía existir, aunque al inicio no se llevaban bien, Naruto agradecía mucho su presencia en su vida.
—Gracias, amigo —contestó, corriendo hacia el interior de su oficina para ponerse rápidamente al día con los temas de la reunión.
Un par de horas más tarde, cuando Naruto despidió a los accionistas, Sai se encontraba revisando algo en su computadora, como ya no tenía más trabajo que hacer, estaba ayudando a Naruto con su encargo del otro día, pues éste le había pedido que le consiga algo para su propuesta de matrimonio a Hinata.
—Hey, ¿qué haces? —cuestionó el Uzumaki, asomándose al monitor de su amigo con curiosidad.
Sai se apartó un poco y le enseñó.
—Mira esto, es lo que querías, ¿no?
Naruto observó aquello con interés, esbozando lentamente una sonrisa en sus labios, para luego enseñarle el dedo pulgar a Sai, en señal de aprobación.
—Es perfecto, sí.
El pelinegro también sonrió, aunque no se sentía como la persona idónea para hacerse cargo de esto, le daba gusto que su amigo lo aprobara.
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Eran casi las ocho de la tarde, él se levantó de la cama con pesadez, no había dormido nada, pero llevaba un buen rato recostado, haciendo otro tipo de cosas. Estiró un poco los brazos, estaba entumecido y su cuerpo desnudo se reflejó en el espejo de su habitación.
—Sasukeeeee —escuchó la voz melosa de una chica, la cual arrastró la última letra de su nombre con la intención de sonar aún más dulce—. Vuelve a la cama, ¿o tienes algún otro lugar a donde ir? —cuestionó, sentándose sobre el colchón, mientras se cubría con las sábanas.
El azabache se dio la media vuelta y la miró, no sabía cuánto tiempo llevaban los dos encerrados en esa habitación, tampoco era como si le importara, pero ya tenía que irse.
—Karin —le habló a la mujer, mientras recogía su ropa del suelo—. Estoy ocupado, así que me marcho, nos vemos otro día.
La joven pelirroja abultó un poco los labios, no iba a insistir, sabía que eso a él no le gustaba, así que solamente estiró la mano para alcanzar sus anteojos y se los puso.
—Está bien, llámame cuando estés libre, sabes que siempre estoy disponible para ti —dijo guiñándole un ojo, ver a Sasuke poniéndose la ropa era casi tan divertido como quitársela, ese cuerpo que él tenía parecía esculpido a mano, se preguntaba si acaso habría un modo de que ese hombre fuese más perfecto.
—Claro —contestó él, terminando de abotonarse la camisa y poniéndose encima el saco. Había ido a ver a Karin después de almorzar, ese día lo tenía libre y siempre que no había nada que hacer, aprovechaba para pasarlo con esa chica, no eran novios ni nada parecido, solamente eran amigos, se divertían juntos, pero realmente no sentía nada por ella y él pensaba que Karin pensaba igual.
Tras salir del departamento de la Uzumaki, pues sí, Karin era prima de Naruto, se dirigió al estacionamiento para buscar su auto. Se suponía que ese día llegaría su hermano desde Corea del Sur, se había ido en un viaje de negocios y a las diez aterrizaba su avión, así que se dirigió al aeropuerto. Mientras conducía hacia su destino, al detenerse en un semáforo rojo, miró casualmente hacia la calle, para ver a la gente que esperaba cruzar, entonces la vio.
Esos ojos de color jade, el cabello rosa, la sonrisa ingenua y la mirada risueña, era la chica de anoche, la que conocía a Naruto, desde que la había visto, no conseguía olvidarse de su imagen. Pudo notar que llevaba puesta una bata blanca encima de su ropa, ¿era médica? La vio cruzar la calle justo delante de él, ella ni siquiera se percató de su presencia, pero sus ojos no la dejaron de seguir hasta que llegó al otro lado y el semáforo cambió a verde, dándose cuenta de que debía avanzar, así que así lo hizo.
Tenía el extraño presentimiento de que vería de nuevo a Sakura.
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Pasar una noche de sábado encerrada en su habitación no era precisamente el panorama perfecto para alguien como Ino, estaba acostumbrada a divertirse, era una chica liberal y arrebatada, le gustaba vivir de forma emocionante, por eso, al estar en su cuarto, viendo novelas y comiendo helado, cuando apenas eran las nueve, le hizo cuestionarse por qué se estaba comportando de ese modo.
Sí, su ex novio se iba a casar con otra, ¿y? Como le dijo Sakura y como el mismo Kiba lo sugirió, ella debía superarlo de una vez por todas, era una mujer joven, hermosa y que tenía un excelente pasar económico, ¿por qué debía echarse a morir por alguien que no valía el esfuerzo?
—¡Debería salir! —exclamó.
Anoche se había emborrachado con Sakura, estaba bastante segura de que la peli rosa no aceptaría salir de nuevo con ella, no dos noches seguidas, así que buscó a otro de sus contactos en su celular y le marcó.
—Hola, Tenten —saludó a la persona del otro lado, ella era su amiga desde la secundaria, aunque Tenten era un año mayor, era la única amiga mayor que ella que todavía no se casaba y que seguramente aceptaría salir con ella—. Me preguntaba si quieres salir esta noche, anda, vamos.
No fue difícil convencerla de aceptar, Tenten era casi tan fiestera como ella, además, había dicho que tenía que contarle algunas cosas, también aseguró que llevaría a su prima menor y a su otra amiga, Hinata. Después de quedar con Tenten, Ino se alistó, se dio una ducha rápida, se ató el cabello en su típica coleta alta y se maquilló y vistió para una noche de discoteca, estaba dispuesta a olvidarse de todo y de todos y solamente disfrutar de esta noche.
Una vez que estuvo lista, se miró al espejo por última vez, lucía perfecta, como una modelo re revista, honestamente, no entendía por qué aún no tenía novio, si ella era hermosa.
—Debería al menos dejarle saber a Sakura que saldré, por si se anima —se dijo, tomando su celular para enviarle un mensaje de texto a la peli rosa, aunque probablemente sería ignoraba, al menos cumplió con avisar.
Ino no tenía auto, así que pidió un taxi, se reuniría con Tenten y el resto de sus amigas justo afuera del club.
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—Ya te dije que no voy a ir —volvió a contestar Sai, mirando a Naruto como si lo fuese a asesinar, el rubio estaba parado afuera de su departamento, después de tocarle insistentemente la puerta.
—¡Vamos, Sai! —su amigo le rogó en su forma habitual, juntando sus dos palmas el plegaria—. Mi dulce Hinata me invitó, dijo que su amiga llevaría a dos chicas más, sin ti no estaremos completos, te lo ruego, amigo.
El pelinegro frunció el ceño, así es, Naruto había venido a su departamento y le había tocado la puerta desesperadamente a las diez de la noche, tan sólo para pedirle y casi suplicarle que se uniera a su improvisada "cita" grupal, no podía creerlo, ayer se había puesto ebrio y ahora pretendía volver a salir. Era cierto que al día siguiente sería domingo, pero es que él detestaba ese tipo de reuniones, parecía que Naruto siempre intentaba conseguirle una saliente.
—Ya dije que no —dijo cruzándose de brazos e intentando cerrar la puerta, aunque el Uzumaki la bloqueara con el pie.
—Sólo dile que sí, sabes que no te dejará en paz —escuchó la voz del hombre que estaba junto a Naruto, el pelirrojo con el que rara vez cruzaba palabra; Gaara.
—¿Tú en serio accediste a acompañarlo a su cita grupal? —Sai arqueó una ceja, le costaba creerlo de alguien como el Sabaku No—. ¿No se supone que ya tienes novia?
Gaara se cruzó de brazos.
—Salir informalmente no es lo mismo que tener novia, además, no planeo hacer nada indecente —aclaró, para él estaba claro que en estos momentos compartía un vinculo con Shijima y no planeaba lanzarlo por la borda por una tonta salida de amigos.
Naruto volvió a mirar a Sai, el cual solamente se sintió juzgado, dada la severa forma en que el rubio clavaba sus ojos en él.
—¿Ves? Hasta Gaara puede hacer esto por mí, anda, ¿qué te cuesta? Realmente quiero acompañar a Hinata, sé un buen amigo, Sai.
Este era el último recurso del mayor evangelizador del mundo, Naruto Uzumaki, la técnica prohibida del chantaje emocional, un ataque mortal y certero, directo al corazón de su oponente, hasta ahora no se conocía a nadie que lo hubiera resistido.
—Bien… —contestó Sai; había sido vencido vergonzosamente.
Gaara también conocía los efectos de esa técnica, incluso Sasuke, ¿quién iba a decir que ese rubio escandaloso fuese un contrincante tan formidable?
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Sasuke se encontraba en el aeropuerto de Tokyo, miraba la hora constantemente en su teléfono, parecía que el vuelo de su hermano se había retrasado, ya que pasaban de las diez y éste aún no se asomaba por la salida de desembarque. Estaba un poco aburrido, Naruto le había dicho que saldrían todos a bailar a un club y que habría chicas, le parecía un gran desperdicio no poder ir por estar esperando a Itachi, su hermano mayor, aunque tal vez pudiera caer por allá más tarde.
—¿Cuándo piensa aparecer? —se preguntó con fastidio.
En eso, al mirar hacia la zona de desembarque, lo vio, Itachi y él eran muy parecidos, ambos con cabello y ojos intensamente negros, pero su hermano era sólo un poco más alto y tenía el pelo más largo, lo amarraba en una coleta baja.
El Uchiha menor se puso de pie para ir a recibirlo, pero apenas se acercó, su hermano lo abrazó fuertemente.
—Sasuke, ¡qué bueno que viniste por mí! —exclamó con emoción, a decir verdad, él era una persona muy reservada, pero nada de eso le importaba cuando se trataba de su hermano.
—Itachi, suéltame —dijo el malhumorado Sasuke, tratando de zafarse—. Te vas por meses y lo primero que haces al volver es tratar de asfixiarme.
El mayor lo dejó ir, mostrando una ligera sonrisa.
—Vamos, no exageres, solamente extrañé a mi hermanito menor.
Sasuke se cruzó de brazos, odiaba cuando Itachi lo trataba como si todavía fuese un niño pequeño, era muy grotesco.
—Déjate de tonterías y vamos —contestó, empezando a caminar hacia donde debían recoger el equipaje de Itachi, quien solamente suspiró, no entendía por qué Sasuke siempre se comportaba de ese modo, cuando era pequeño, solía ser muy alegre y risueño.
—¿Cómo están papá y mamá? —preguntaba mientras lo seguía.
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Ino se bajó del taxi cuando llegó a las afueras del club donde quedó de verse con Tenten, honestamente, ella estaba esperando tener una noche de chicas, pero su sonrisa se borró cuando vio que había un hombre ahí. Estaba Hinata y a su lado había un chico, alguien que, de hecho, era muy similar a la joven de ojos perlados.
—¡Ino! —Tenten, la joven de cabello castaño, amiga de Ino, alzó su mano para llamar la atención de la rubia—. ¿Por qué tardaste tanto? ¿Tuviste problemas en el camino?
—Había algo de tráfico —contestó la rubia, un poco confundida—. Eh… ¿con quién vienes?
—Oh, sí —la castaña señaló al hombre que estaba junto a Hinata, le tomó la mano y sonrió—. Él es Neji Hyúga, es mi novio —explicó, provocando que Ino abriera los ojos como platos, luego, Tenten empujó a una chica menudita que estaba a su lado, la cuál se sintió avergonzada al ser "lanzada" al frente—. Y ella es mi prima, Matsuri.
—H-hola —dijo la recién nombrada.
—Hola —la florista saludó a ambos con un ligero asentimiento de cabeza, para luego mirar a la joven de cabello negro azulado, ella no era tan cercana a Hinata, pero se llevaban bien, de hecho, quien era su amiga era Sakura—. Hola, Hinata, tenía tiempo sin verte.
—Ino-san, buenas noches —saludó la ojiperla, esbozando una suave sonrisa.
—Todavía faltan algunas personas, pero deberíamos esperarlos adentro —Tenten tomó la palabra, sin soltar la mano de Neji, Ino no podía creer que incluso su "compañera de soltería "ya tuviera una pareja, se sentía como una traición.
—Claro, vamos a entrar —respondió Ino, adelantándose primero, no quería dejarse llevar por su carácter explosivo y soltar algún comentario grosero hacia Tenten o su novio, hoy planeaba divertirse, no dejarse llevar por su "envidia", aunque fuera de la buena.
La disco estaba bastante abarrotada de gente, pero aún así se las arreglaron para encontrar un lugar donde sentarse a beber algo. Neji se dirigió a la barra para pedir tragos para las chicas, a decir verdad, era muy amable, aunque algo callado, Ino pensó que se veía un poco serio para una chica como Tenten.
—Entonces, ¿desde cuándo sales con él? —preguntó la rubia, luego miró a Hinata—. ¿Es tu hermano, Hinata? Es igualito a ti.
La chica negó, sonriendo.
—Neji nii-san es mi primo, pero somos como hermanos —explicó, a lo que Tenten la tomó la palabra.
—Hemos estado saliendo por un par de semanas, Neji es un gran chico —dijo con alegría, el brillo en sus ojos mostraba lo feliz que estaba junto a ese hombre, Ino jamás había visto a Tenten así.
Sin poder evitarlo, la rubia sonrió —Me da gusto por ti —comentó, mirando hacia la barra, en donde el hombre de largo cabello castaño oscuro estaba recibiendo los tragos para todas—. Oye, ¿y quién dices que va a venir?
—Naruto-kun y unos amigos suyos —la que contestó fue Hinata.
La Yamanaka conocía a Naruto, no eran amigos, pero lo había visto varias veces cuando él estaba con Hinata, era sumamente meloso, no era algo que fuera agradable de ver, al menos esperaba que los amigos que éste iba a traer fueran interesantes.
—Traje algo suave para empezar —dijo Neji, que acababa de volver a la mesa, dejando los pequeños vasos sobre la misma, el contenido era de color anaranjado, como un cóctel de frutas.
Ino tomó uno de los vasos, se puso de pie y lo bebió de un solo trago.
—Iré a bailar, gente, la noche es joven —dijo antes de alejarse hacia la pista, ante los ojos ligeramente abiertos de los demás, pero Tenten sonrió y la imitó, se bebió su trago y agarró la mano de su novio.
—¡Vamos, Neji!
El hombre de ojos blancos no se veía muy entusiasmado, pero no se negó a seguir a Tenten.
—Parece que están de buen humor —comentó Matsuri, riendo con cierto nerviosismo, a lo que Hinata asintió con la cabeza.
—Tenten e Ino-san son bastante enérgicas —aseguró.
En la entrada del local, Naruto y sus dos amigos aparecieron. El rubio llevaba puesta una llamativa chamarra de color anaranjado y negro, mientras que sus dos amigos iban de negro, mucho más sobrios, aunque igualmente llamaban la atención.
—¿Dónde dices que están esperándote? —preguntó Gaara, buscando con la mirada a alguien conocido, como fuera la novia de su amigo, a la cual éste se la pasaba presumiendo ante medio mundo.
El rubio se llevó una mano a la nuca, confuso.
—Creo que estaban en el segundo piso —contestó, también escaneando el lugar, efectivamente, vio a Hinata junto a otra chica en el segundo piso, ambas estaban en una mesa, junto a los barrotes que separaban la terraza del primer nivel del club—. Eh, ahí está mi ángel, vamos —dijo encaminándose.
Sai suspiró, realmente no quería estar aquí, pero ya no podía retractarse, tendría que aguantar un par de minutos y luego se escabulliría silenciosamente. Con fastidio, siguió a Naruto y a Gaara hacia el segundo piso, a través de una escalinata de metal, el rubio casi corrió hacia la mesa de Hinata y la otra joven, entonces, él desvió su mirada hacia la pista de baile, sus ojos inmediatamente se vieron casi hipnotizados por la figura de una mujer rubia que estaba bailando como si fuera la dueña del mundo, sin siquiera importarle nada más.
—¡Princesa mía! —exclamó Naruto, sentándose junto a Hinata para abrazarla, quien no dudó en corresponderle, adoraba las acciones tan dulces de su novio.
—Naruto-kun, hola —la chica lo recibió con una sonrisa, no habían estado juntos desde hace un par de días por el trabajo, así que les emocionaba verse.
Por otro lado, Gaara se quedó de pie junto a la mesa, saludó a Hinata con un leve asentimiento de cabeza y luego miró a la chica que estaba junto a ella, la reconoció enseguida, igual que ella a él.
—Oh… —murmuró el pelirrojo, mientras los ojos negros de Matsuri se clavaban firmemente sobre la figura del director de la fundación, a quien había conocido esa misma tarde.
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Desde que había leído el mensaje que le dejó Ino en su teléfono, Sakura había estado pensando si debía asistir o no a la reunión, es decir, no tenía muchas ganas, pero habría varias personas, tal vez sería divertido, tomando en cuenta que había vuelto a la ciudad y no agarraba aún el ritmo de la misma.
Sakura era doctora, hace un tiempo había sido transferida a un hospital en una zona rural para ayudar con la investigación y el desarrollo de un extraño virus que sólo se encontraba en esa zona, cuando terminó con eso, fue devuelta al hospital general de Tokyo, pero todavía no empezaba sus funciones como tales, sino hasta el lunes.
—Debería aprovechar, antes de que mis nuevos horarios me consuman —murmuró, apagando la televisión.
Esa tarde había estado en el hospital, poniéndose al día con su nuevo puesto, la habían nombrado directora del ala de investigación y diagnóstico, estaba emocionada, pero también se sentía un poco intimidada, no era un trabajo que pudiera tomar a la ligera.
—Muy bien, vamos a disfrutar esta noche —se dijo, yendo hacia el baño para alistarse.
Se puso un modesto vestido de color rosa, un poco más oscuro que su cabello, el cual caía en forma de A desde sus caderas, se calzó también unas sandalias de tacón bajo, no le gustaba parecer más alta, se puso algunos accesorios menores y un poco de maquillaje, nada llamativo. Como ya era de noche y estaban en primavera, hacía algo de frío, así que también se colocó un abrigo corto encima de la ropa, de color magenta, que combinaba muy bien con el resto de su outfit. Al estar ya lista, tomó su bolso y pidió un taxi, le envió un mensaje a Ino para preguntar la dirección y ésta se mostró muy emocionada al saber que Sakura estaría ahí.
Cuando llegó al club, pudo darse cuenta de que había muchísima gente en una fila, esperando entrar, parecía que el local estaba algo lleno y le iba a tomar un par de minutos conseguir el acceso, eso la desanimó, así que soltó un suspiro.
—Debí decidirme un poco antes —murmuró, haciendo una mueca de disgusto.
Había un guardia muy robusto en la entrada, estaba discutiendo con unos chicos que parecían ser menores de edad y que traían identificaciones falsas, la situación lucía como que no se iba a resolver pronto.
—Rayos… —Sakura soltó un suspiro, cerrándose un poco el abrigo, ya que corría el helado viento nocturno de primavera.
Desde el otro lado de la calle, Sasuke Uchiha se acercó caminando, había aparcado su auto un poco más allá, luego de dejar a su hermano en casa, decidió ir con sus amigos a pasarla bien un rato, pero al igual que Sakura, se encontró con que no podría ingresar pronto al local.
—Qué fastidio… —susurró, metiéndose las manos a los bolsillos del pantalón, fue entonces que vio a la chica de rosa que estaba esperando junto a la fila, aun no se formaba, parecía como si se estuviera arrepintiendo de estar ahí y estuviera a punto de retirarse, porque se dio la vuelta y avanzó dos pasos, deteniéndose cuando lo vio.
—Eres tú… —dijo sorprendida, nuevamente se encontraba con ese hombre guapo, ya dos noches seguidas, debía tener algo de suerte, después de todo.
—Hola —Sasuke la miró intensamente, la calle estaba muy iluminada y podía observar con claridad el brillo de sus ojos verdes—. Sakura, ¿no?
La peli rosa asintió con la cabeza, estar frente a Sasuke la ponía nerviosa, ni siquiera lo conocía, pero su sola presencia era intimidante.
—Sí, así me llamo —respondió, sonriendo tímidamente—. Tú eres Sasuke, ¿verdad?
Él asintió con la cabeza, echando una mirada hacia la entrada del club.
—¿Vienes con la novia de Naruto? Escuché que estaría aquí —preguntó, detallando de reojo lo linda que lucía esa chica, no sólo su cabello y ojos eran llamativos, cada parte de ella le hacía mirarla más de la cuenta, incluso si carecía un poco de delantera, eso no era algo demasiado importante para Sasuke.
—Oh, sí —la doctora asintió—. Mi amiga Ino también está aquí, se supone, pero parece ser que no podremos entrar pronto.
—Eso es verdad —Sasuke cerró sus ojos y asintió con la cabeza, pero cuando los volvió a abrir, vio algo extraño sobre el hombro de la mujer, así que estiró su mano para tomarlo, ella se estremeció, siendo agarrada con la guardia baja—. ¿Qué es esto? —murmuró él, observando aquel pequeño objeto rosa que tenía entre sus dedos.
—Oh… es… ¿un pétalo de cerezo? —dijo la peli rosa, parpadeando con confusión—. ¿Cómo llegó ahí? No he estado cerca de ningún árbol hoy.
Una leve sonrisa se dibujó en los labios del azabache, era muy pequeña, casi imperceptible, pero Sakura podía jurar que la vio cuando éste dejó caer aquel pétalo.
—Quién sabe —respondió, encogiéndose de hombros—. Hey, ¿quieres ir a otro lado? O estaremos aquí toda la noche.
La invitación fue sorpresiva, pero tentadora a la vez, ella no era partidaria de salir por ahí en medio de la noche con un completo desconocido; sin embargo, tenía que admitir que Sasuke le llamaba tanto la atención, que no podía evitarlo, hasta sentía sus mejillas arder con sólo verlo unos segundos a los ojos, era como si su sola presencia la sedujera de forma inconsciente, ¿o tal vez era a propósito?
—Está bien —aceptó, no sabía si se arrepentiría de esto o no, pero en ese instante todo lo que anhelaba era pasar más tiempo junto a ese hombre, a solas, si era posible.
Esta era su oportunidad.
