Capítulo 3: Ramo de rosas

Si existía una cosa más incómoda que compartir una mesa con una parejita de novios, esa era que aquella pareja fueran Naruto y Hinata, no tanto por ella, sino por él, era demasiado encimoso y cursi, nadie entendía cómo es que Hinata lo aguantaba, y lo peor es que a su alrededor sólo había gente desconocida, cuyo principal objetivo era restregarse los cuerpos unos contra otros durante toda la noche, al ritmo de la insípida música que estaba de moda hoy en día.

Sai se hartó de ver a Naruto cuchicheando con Hinata y buscó a Gaara con la mirada, pero lo vio en otra mesa más alejada, hablando con la chica bonita que estaba acompañándolos, parecía que se conocían de algún lado, por cierto. Cuando estaba a punto de escabullirse y huir para siempre de ese infierno, notó que la chica rubia que había llamado su atención hace rato, desde la pista de baile, se acercaba a su mesa.

—Hola, Naruto, veo que ya estás aquí y como siempre, no sueltas a Hinata —comentó ella, arqueando una de sus cejas, lo cual hizo que sus hermosos ojos azules reflejaran un poco de la luz de colores del techo, captando toda la atención de Sai, que estaba sorprendido, ya que no sabía que ella venía con la novia de su amigo.

—Ino, Ino —dijo Naruto, alzando una mano a modo de saludo—. No tienes para qué sentir envidia de mi relación con Hinata, ya tendrás la tuya.

—¿Qué dijiste? —cuestionó la Yamanaka, empuñando su mano derecha, sólo en ese momento notó al pelinegro que estaba sentado justo a la mitad de la mesa, sosteniendo un vaso de whisky en su mano derecha y mirándola con curiosidad. A pesar de que se le hizo conocido, no estaba segura de haberlo visto antes, pero sí que sintió que se le apretaba el estómago al tenerlo enfrente—. Uhm, ¿quién…?

—Él es Sai, es un amigo mío, es primera vez que viene —habló Naruto, separándose levemente de Hinata para darle un empujoncito en la espalda al recién nombrado, cuyos ojos no se apartaban de la hermosa joven que estaba de pie delante de él—. Amigo, ella es Ino, es amiga de mi ángel.

Sai asintió con la cabeza, esbozando una elegante sonrisa.

—Hola, mucho gusto —dijo la rubia, ligeramente apenada, no sólo porque los ojos de Sai parecían tremendamente profundos cuando la observaban, sino que porque, a pesar de su apariencia ligeramente "ñoña", él era realmente apuesto.

—Mucho gusto —contestó Sai, sin moverse de su puesto, todavía sosteniendo el vaso en su mano derecha, pero viendo anuladas sus intenciones de marcharse pronto del club—. Belleza —añadió, sorprendiendo no sólo a Ino, que se sonrojó como un tomate, sino también a Naruto.

Le había presentado otras amigas a Sai antes, compañeras de trabajo, incluso conocidas, pero, a pesar de que él siempre era amable, jamás, ni una sola vez había llamado con algún apodo halagador a ninguna de ellas.

—G-gracias —fue todo lo que dijo Ino, que no pudo evitar sentirse feliz ante el despliegue de amabilidad de ese desconocido, cuya presencia le acomodaba como si se conocieran de mucho antes, eso era algo que no le había pasado antes con nadie.

Naruto, notando el extraño ambiente que se había formado, como si de pronto brotaran chispas en el aire, sonrió con cierta malicia.

—Oigan, oigan, ¿por qué no van a bailar? Digo, la noche es joven, no tienen nada mejor que hacer.

Al escucharlo, Sai frunció el ceño.

—Sabes que no soy bueno bailando —respondió, con toda la intención del mundo de negarse a moverse de su sitio.

—¡Qué crees! —exclamó el Uzumaki—. Ino es muy buena en eso, ¿verdad? Ella te enseña —y antes de que él pelinegro o la rubia pudieran protestar, Naruto empujó a Sai hacia Ino, casi provocando que él se tropezara, pero se mantuvo de pie antes de llegar a tocar a la chica, la cual sonrió con timidez.

—Si realmente te interesa, puedo enseñarte —se ofreció, mirando a los ojos a Sai, el cual no pudo rechazar tan amables palabras.

—Bueno, no pierdo nada —contestó, encogiéndose de hombros—. Además, ya me aburrí de ver a este par —susurró, señalando disimuladamente a Naruto y a Hinata, que habían vuelto a abrazarse y a susurrarse cosas al oído.

Ino se rio ante lo último que dijo Sai, porque lo comprendía muy bien.

—Vamos —dijo ella, empezando a caminar hacia la pista de baile, donde Tenten y Neji seguían pasándola bien, esos dos parecían llevarse increíblemente y no eran tan cursis como su otro par de amigos, que empalagaban a cualquiera que los viera.

Al llegar a la pista, un poco avergonzada –sin saber por qué–, Ino empezó a bailar junto a Sai, aunque éste no se movía mucho, lucía como un robot tratando de imitar a un ser humano, lo cual hizo que la rubia soltara una pequeña risilla.

—¿Por qué te mueves así? —le preguntó—. Vamos, no estés tan rígido.

El pelinegro frunció el ceño, aunque la sonrisa de esa chica le parecía muy bonita, no se sentía del todo cómodo estando ahí, era muy malo en socializar, realmente malo.

—En serio no sé bailar —confesó, abultando ligeramente los labios—. Además, me da un poco de vergüenza…

A pesar de conocerlo hace sólo un par de minutos, Ino no dudó en apoyar sus dos manos sobre los hombros de Sai, mirándolo fijamente a los ojos, ella era una persona bastante llena de confianza, no tenía miedo de mostrar lo que sentía en el momento, aunque muchas veces terminara arrepentida o se avergonzara a sí misma.

—No tienes por qué sentirte así, aquí todos vienen a pasarlo bien, a nadie le va a importar si bailas bien o mal, sólo disfruta y déjate llevar —dijo, sonriendo ampliamente, entonces alzó las manos y forzó una sonrisa en el rostro del hombre, pero pronto ésta se volvió real.

—Entiendo, entiendo —dijo Sai, apartando con cuidado las manos femeninas de su rostro—. Haré mi mejor esfuerzo, lo prometo.

Después de esa pequeña charla, la joven florista volvió a bailar como antes, mientras él trataba de seguirle el paso, aunque continuaba pareciendo un robot, poco a poco iba soltándose.

—Parece ser que se llevaron bien —dijo Naruto, que los miraba desde su lugar—. Quién lo diría, Sai es bastante especial con la gente.

Hinata sonrió al escucharlo, tomando su mano con suavidad.

—¿Te preocupa que tu amigo se sienta solo?

El rubio asintió, su expresión se endureció un poco.

—Sí, cuando lo conocí ni siquiera interactuaba con otros, al principio creí que era raro y me causaba un poco de irritación, pero después me di cuenta de que él estaba muy solo, así que quise ayudarlo —confesó, ese tipo de cosas sólo las podía hablar con su novia, no era alguien que admitiera ante sus amigos lo mucho que los quería o cuánto se preocupaba por ellos, pero Hinata conocía muy bien la verdadera naturaleza de Naruto, era por eso que estaba tan enamorada de él.

—Ino-chan es una chica muy extrovertida, seguro que será fácil que se hagan amigos, así que no te preocupes, tampoco lo presiones tanto, o tratará de huir —dijo la ojiperla.

Naruto sonrió al escucharla, si había alguien en el mundo a quien él podría escuchar aconsejarlo sin aburrirse, esa era su novia, el ser más dulce que alguna vez había conocido.

—Tú siempre sabes qué decir y cuándo decirlo —comentó Naruto, abrazándola—. Por eso te amo, Hinata.

Ella simplemente se sonrojó, cada vez que Naruto le decía que la amaba, sentía como si mil mariposas revolotearan en su interior.

En la mesa donde Gaara estaba charlando con Matsuri, la castaña se sentía bastante tensa, sabía que había sido un poco grosera con el director durante la tarde, por eso, tuvo un poco de miedo cuando él le pidió hablar a solas, parecía que ni siquiera le importaba explicarles a sus amigos de dónde se conocían, porque, aunque éstos lo miraron con cierta intriga, él simplemente los ignoró.

—Entonces —él tomó la palabra, un par de minutos después de regresar con un par de tragos—. ¿Cómo está el bebé? —preguntó, estaba muy preocupado por ese asunto, por supuesto, esa criatura apenas había nacido y había sido abandonada a su suerte, a pesar de que no lucía como alguien que se interesaría por un tema como ese, lo cierto era que a Gaara le importaba mucho.

Matsuri se relajó un poco, pero no dejaba de entrelazar los dedos nerviosamente debajo de la mesa.

—Está bien, se lo dejé encargado a una de las voluntarias de la noche, comió muy bien y también le di un baño, compré algunos pañales para él y le conseguí un poco de ropa de algunas voluntarias y enfermeras, cuyos hijos ya no la usaban —explicó, dejando un poco sorprendido a Gaara con lo último, él no había pensado en nada de eso, era cierto que ese niño necesitaba muchas cosas, pero él sólo se había ido sin hacer nada.

Quizá no se preocupaba tanto como pregonaba.

—Ya veo, hiciste bien —asintió con la cabeza, bebiendo un trago—. ¿Cuándo tienes que ir nuevamente al centro?

—Mañana —dijo ella, por más que intentaba no mirar a ese hombre a la cara, sus ojos continuaban buscándolo, de algún modo, era como una adicción, tal vez porque era atractivo, o por ese aire ligeramente misterioso que cargaba consigo—. B-bueno, mañana no es mi turno, sólo me da un poco de miedo si no lo vigilo, así que…

—Está bien —la interrumpió el pelirrojo—. Por ahora, hazte cargo de él, iré mañana directamente para dar la orden, también intentaré buscar a su madre, ¿llegaste a conocerla?

—Sí, señor —respondió Matsuri—. Era una chica bastante rara —cerró sus ojos, soltando un suspiro—. Sinceramente, dudo que vaya a regresar por su bebé, se veía como si quisiera deshacerse de él lo antes posible.

—Ya veo —murmuró Gaara, notando que el trago que le había traído a Matsuri seguía intacto—. ¿No eres buena bebiendo?

—¿Eh? —la castaña parpadeó, un poco sorprendida por el cambio de tema tan repentino, así que enseguida negó—. No, señor, no estoy muy acostumbrada, he bebido muy pocas veces en mi vida.

—Entonces yo debería beberlo por ti —Gaara se encogió de hombros y, una vez que terminó su vaso, tomó el otro y también lo bebió, ella solamente lo miró pasmada, preguntándose cómo alguien podía tomarse un vaso de eso como si fuera agua, a ella le sabía tan amargo y luego se sentía mareada, tal vez era muy nerd.

Una vez que Gaara se terminó los dos vasos, se puso de pie y le ofreció su mano a Matsuri, quien solamente lo observó confusa.

—Volvamos con los demás, ¿o te gustaría bailar?

Ella no imaginó una invitación así de parte de alguien como Gaara, a simple vista, lucía como uno de esos típicos sujetos súper arrogantes, que solamente hacían labores a la comunidad para aparentar ser altruistas, pero todos en la fundación siempre decían lo amable y cordial que él era, aunque tuviera un trato distante con la mayoría de las personas; sin embargo, verlo en primera plana era algo diferente a sólo escucharlo.

—N-no soy buena bailando —respondió, avergonzada.

Él rio ligeramente, no lo hacía muy a menudo, pero esa chica le parecía algo adorable.

—Tampoco yo —aseguró.

Matsuri también sonrió, ya que estaban en un club, supuso que no había nada de malo en bailar con él, aunque se tratara prácticamente de su jefe, si él la estaba invitando, ¿por qué rechazarlo? Así que, sin más, tomó la mano de él para ponerse de pie y ambos fueron a bailar, ella creía que estaba viviendo algo que sólo podía darse una vez en la vida, lo de bailar con un chico guapo como él, así que tenía que aprovecharlo.

Por otro lado, mientras Gaara pasaba el rato con esa chica que acababa de conocer, pero que le hacía sentir extrañamente cómodo, no se dio cuenta de que había dejado su teléfono sobre la mesa, junto al bolso de ella, y que éste empezó a sonar una y otra vez, mostrando un montón de llamadas perdidas de la mujer con la que –se suponía– él estaba saliendo.

Cuando Sakura abrió sus ojos aquella mañana, lo primero que sintió fueron los rayos del sol dándole justo sobre la cara. Le dolía un poco la cabeza, ya que había bebido más de la cuenta, pero no era nada del otro mundo. La noche pasada se había sentido como un sueño, se encontró con Sasuke Uchiha afuera del club nocturno, fueron a beber algo juntos y luego… ¿y luego?

—¿En dónde estoy? —se preguntó, sentándose sobre la cama en donde se encontraba recostada, tan sólo para darse cuenta de que estaba completamente desnuda—. ¿P-por qué estoy…? —al mirar a su alrededor, se topó con que sus prendas estaban tiradas por todo el piso de la habitación y que, además, ese cuarto no era suyo, no estaba en su casa.

Sólo para asegurarse de que no estaba malinterpretando nada, miró bajo las sabanas y, efectivamente, no tenía nada puesto, fue entonces que comenzó a recordar, las imágenes fueron acomodándose en su mente como las escenas de una película erótica.

Había bebido con Sasuke, luego él le dijo que la llevaría a casa, pero fueron a la de él en su lugar, para una segunda ronda de tragos en un sitio más "íntimo", después de pasarse un poco con una botella de whisky que tenía guardada el Uchiha, ambos se besaron y ya no pudieron parar.

—¿Cómo pude acostarme con alguien que apenas conozco? —murmuró la peli rosa, dándose una pequeña palmada en la cara, así se atrevía a llamar irresponsable a Ino, cuando ella había tenido sexo con un perfecto extraño, aunque claro, ahora que se acordaba de todo, no se arrepentía, Sasuke la hizo gozar como nadie y eso era algo que no podía negar.

¿Quién iba a pensar que ese hombre que lucía tan serio y compuesto fuese así de arrebatado en la cama?

—Por cierto… ¿en dónde está? —se preguntó Sakura, ya que él no se encontraba en la habitación y tampoco sus ropas.

Con algo de recelo, se levantó y empezó a vestirse, tal vez lo mejor era que se fuera rápidamente de ahí, antes de que él regresara, así que se terminó de cubrir y empezó a buscar sus zapatos, pero no estaban ahí.

—Tal vez los dejé en la puerta… —murmuró, agarrando su bolso, que también estaba en el piso. Cuando fue a salir de la habitación, de pronto la puerta se abrió, dejando ver al dueño de la casa, traía puesto sólo un pantalón, estaba sin camisa y tenía el cabello mojado, lo estaba secando con una toalla pequeña—. ¡Qué susto! —exclamó Sakura, dando un paso hacia atrás.

Sasuke la miró confundido por su reacción tan exagerada.

—Lamento haberte espantado, ¿ya te vas? Iba a desayunar —dijo él, su tono de voz era tan común, que no parecía que acabara de despertar de una noche de sexo casual. ¿O tal vez estaba acostumbrado a ello?

—Eh, y-yo… —la peli rosa se arregló un poco el cabello, tenía que mantener la compostura, aunque tuviera a un sexy adonis medio desnudo frente a ella, con el que anoche había hecho mucho más que sólo hablar—. No tengo mucha hambre —contestó; acto seguido, le sonó el estómago tan fuerte que hasta Sasuke lo oyó, haciendo que se pusiera roja de la vergüenza.

El azabache entrecerró la mirada, mientras ella carraspeaba la garganta.

—Parece que sí tienes —dijo Sasuke, avanzando hacia la cajonera de su habitación para buscar una remera de color azul, la cual se puso con tranquilidad—. ¿Segura de que no quieres comer algo? No es bueno salir con el estómago vacío.

Realmente Sakura se sentía humillada, como si su propio cuerpo la hubiese traicionado, esto era muy vergonzoso, pero, de hecho, tenía muchísima hambre, así que no tuvo más opción que asentir con la cabeza, totalmente derrotada.

—Creo que sí tomaré la oferta —respondió.

Sasuke asintió con la cabeza, esta vez, caminando hacia la cocina, que estaba directamente conectada con la sala y el comedor, sólo se dividían por una mini pared que permitía la visión de todo el resto del departamento que, aunque estaba sólo un poquito desordenado, en realidad era muy lujoso y estaba decorado de modo bastante sobrio y moderno, se notaba que Sasuke tenía buen gusto.

Por algo se fijó en mí, ¿no? Por supuesto, porque soy muy linda —se dijo mentalmente la chica, mientras lo veía darle la espalda en lo que él iba hacia la cocina, era como si hablara consigo misma, o con otra Sakura que estaba dentro de su cabeza—. Uhm, ¿quieres ayuda?

—No, gracias —contestó Sasuke, que empezó a sacar algunas cosas desde el interior del refrigerador—. Yo puedo hacerlo solo, tú sólo espera.

Ella no dijo nada, ya que era una invitada, le pareció que sería grosero rechazar la oferta del anfitrión, así que simplemente fue a sentarse y sacó su celular para revisarlo, en lo que Sasuke se encargaba de preparar algo para que los dos pudieran llenar sus estómagos. Apenas encendió la pantalla, varios mensajes de Ino saltaron en las notificaciones, preguntándole si acaso iba a llegar, luego otro decía que estaba volviéndose loca porque el novio de Hinata estaba ahí, también algo de que Tenten tenía novio y lo había llevado; finalmente, le comentaba que había conocido a un chico muy lindo, quien la salvó de no pasar toda la noche aburrida.

—Está loca —rio Sakura, aunque ahora mismo era ella la que se sentía como una demente, cuando miró hacia un costado y observó al guapo sujeto con el que había pasado la noche, pero que apenas conocía—. Estoy jodidamente loca, loca de remate —murmuró, suspirando.

Aunque era fin de semana y ya era algo tarde, Ino sentía que le estaban taladrando la cabeza por dentro, cuando despertó, se dio cuenta de que había dormido algunas horas más de lo normal, así que después de darse una ducha y desayunar, tomó su celular.

Tenía un mensaje de Sakura, parecía que le había contestado como hace una hora.

"Anoche fui allá, pero surgió algo y tuve que irme, te contaré todo después, tú también cuéntame de ese chico."

La rubia rio ligeramente, ahora que se acordaba, anoche había conocido a alguien interesante, aunque Sai no hablaba demasiado y a veces parecía que simplemente no sabía cómo responder, era muy agradable y su sonrisa rápidamente la había dejado encantada, estaba segura de conocerla de algún otro lugar.

—Oh… —murmuró, golpeando la palma de su mano con el puño de la otra—. ¡Ya recuerdo! —exclamó—. Es el chico amable del tren., no imaginé que volvería a verlo.

Antes de que pudiera seguir divagando en sus pensamientos sobre aquello, el timbre de su casa empezó a sonar, así que se dirigió a la puerta, descubriendo que se trataba de Sakura.

—¡Ino, tengo que contarte algo! —exclamó la peli rosa, entrando sin siquiera saludar—. No vas a creer lo que me pasó.

—¿Hola? —dijo Ino, cerrando la puerta mientras parpadeaba varias veces, luego se dirigió a su amiga—. ¿Qué te pasa? Pareces hiperventilada, ¿fue la razón por la que no llegaste anoche?

La peli rosa se sentó en el sofá de la sala y asintió varias veces con la cabeza, echándose aire con una de sus manos sobre la cara, porque sentía que sus mejillas empezaban a ponerse calientes.

—Ino, me acosté con alguien.

La rubia abrió la boca por la sorpresa, hasta Sakura se conseguía ligues por ahí y ella estaba tan sola como un perro, es decir, ni siquiera para un encuentro casual servía, porque se ponía nerviosa y echaba todo a perder, lo había intentado un par de veces y los chicos siempre se espantaban cuando empezaba a contarles lo mucho que odiaba a su ex.

—¿Tú? ¿La mojigata Sakura Haruno? —la apuntó con su mano.

Sakura rodó los ojos.

—No soy mojigata.

Ino rio y se sentó frente a su amiga, quien continuaba luciendo ansiosa, como si no pudiera esperar para contarle con lujo de detalles lo sucedido en su nochecita loca.

—Bien, disculpa, "Sakura, la perfecta" —hizo las comillas con los dedos—. Entonces, ¿quién fue? ¿Estaba guapo? ¿Lo hizo bien?

—Uhm… —Sakura se llevó una mano al mentón—. No sé si lo conozcas, es amigo de Naruto, se llama Sasuke Uchiha.

Al escuchar el nombre, Ino saltó de su asiento como un resorte.

—¡Tienes que estar de broma! —exclamó en voz muy alta—. ¿Te metiste con Sasuke?

La doctora Haruno observó a su amiga alarmada, era evidente que ella sí conocía a Sasuke y que, por la expresión de su rostro, no parecía que le cayera del todo bien.

—¿Entonces sí sabes quién es?

La florista asintió —Por supuesto, es el mejor amigo de Naruto, casi siempre andan juntos, seguramente tú no lo conocías porque llevabas tiempo fuera de la ciudad, pero, en fin —se encogió de hombros y se volvió a sentar, ya más repuesta—. Sasuke es súper guapo, pero, Sakura, es un mujeriego, literalmente se ha acostado con cada chica que conozco, bueno, no todas, pero me entiendes.

Una extraña sensación de incomodidad invadió a Sakura, aunque ya veía venir algo así, era obvio por la actitud de Sasuke esta mañana que él estaba habituado a despertar con mujeres desconocidas en su cama, así que ella solamente rio, agitando su mano como signo de que el asunto no tenía importancia.

—Oh, vamos, Ino, tampoco es para tanto, solamente fue una vez y ya.

Ino asintió con la cabeza.

—Supongo que tienes razón, no importa, después de todo, tú no caerías enamorada de alguien sólo por ser guapo, así que no sé de qué me preocupo, estamos en el siglo veintiuno, es normal tener sexo con desconocidos a veces —comentó, también haciendo de menos el tema, aunque Sakura frunció el ceño.

—Parece que sabes mucho de eso, ¿no? Es la primera vez que lo hago y aunque me sentí un poco culpable después, la verdad es que lo pasé bien… —confesó, sonrojándose un poco—. Digo, no se volverá a repetir, pero digamos que quedará como una buena experiencia.

—Lo comido y lo bailado nadie te lo quita —bromeó la rubia, dejando salir una carcajada—. Y no, la verdad es que yo no soy buena en eso, lo intenté con algunos chicos, pero no teníamos química —explicó, no queriendo decir que en realidad los ahuyentaba por desahogar su resentimiento contra Kiba con ellos, sabía que estaba un poquito loca, esas eran cosas que no podía controlar o que, quizás, nunca quiso hacerlo antes porque no pensaba que fuera algo malo.

—Bueno, suficiente de mí —dijo Sakura—. Mejor dime, ¿a quién conociste?

La pregunta hizo que la imagen de Sai volviera a la mente de Ino, aunque no habían interactuado demasiado, ya que él volvió a casa temprano, no podía olvidar ese pequeño instante en que sus miradas se cruzaron.

Eran cerca de las cuatro y media de la tarde y Gaara estaba saliendo de su casa para dirigirse a la fundación, como había quedado de hacer anoche, mientras charlaba con Matsuri. Justo cuando abrió la puerta para salir, se topó con que Shijima estaba ahí, a punto de tocar y mirándolo enojada.

—Shijima, ¿qué haces aquí? —preguntó extrañado.

La pelinegra frunció el ceño y lo apuntó sobre el pecho con su dedo índice.

—No me contestas el teléfono, he tenido que venir, ¿no crees que eso es pasarse de la raya, Gaara? —cuestionó, estaba realmente enojada.

—Me quedé sin pila, olvidé cargarlo y todavía no lo enciendo —dijo él, sacando el aparato de su bolsillo, que, efectivamente, había cargado esta mañana, pero no lo había prendido, a veces tantas llamadas lo abrumaban y al menos había podido descansar de ello un par de horas, no imaginó que Shijima querría comunicarse con él en ese tiempo—. ¿Pasó algo?

La mujer se cruzó de brazos.

—¡Gaara! —exclamó—. ¿Olvidaste que ibas a cenar conmigo anoche? ¡Te estuve esperando por horas!

Los ojos del pelirrojo se abrieron con sorpresa, ¡era cierto! Él mismo la había invitado a cenar, ¿cómo fue que se le pasó algo así? Con razón parecía como si ella quisiera acuchillarlo, seguramente estuvo esperando a que le contestara, pero él estaba muy entretenido a esa hora, bailando con cierta castaña.

—Lo lamento, de verdad lo olvidé —se disculpó, cerrando la puerta de su casa y soltando un suspiro—. Ahora mismo me dirijo a la fundación, ven conmigo y luego podremos ir juntos donde quieras, te prometo que te compensaré.

—¿Crees que eso va a solucionar todo? —todavía enojada, ella cuestionó mientras lo seguía hacia el auto, donde él le abrió la puerta.

—Puedes quedarte ahí refunfuñando o venir conmigo, tú eliges —dijo Gaara, sin inmutarse en lo más mínimo, no era alguien que se dejara manipular de ningún modo, quizá el único que podía realizar ese tipo de chantajes con él era Naruto, aunque eso lo hacía con medio mundo, hasta alguien como Sasuke era fácilmente persuadido por el Uzumaki.

Por su parte, Shijima le dio una patada al suelo y, sin decir una palabra, se subió al auto de su "novio", quien cerró la puerta y se subió en el lado del piloto, poniéndose el cinturón de seguridad.

—Vamos, no me mires de ese modo, ya dije que lo lamento —dijo él ya que el ceño de Shijima continuaba arrugado.

—Te perdonaré si me das un beso —respondió la pelinegra, a lo que Gaara la miró con cierta incomodidad, era cierto que salían, pero él no era aficionado a las demostraciones de cariño, a menos que se encontraran en un momento "íntimo", por decirlo de algún modo, tampoco le gustaba tomar la iniciativa, así que Shijima se sentía un poco frustrada en ese sentido—. Vamos, Gaara, si no me das uno me bajaré —insistió, quitándole el seguro a la puerta.

Gaara suspiró —Bien, ven aquí —dijo, acercándose a la chica para besar sus labios, pero ella rápidamente acunó su rostro entre sus manos. Gaara quiso alejarse, mas ella se lo impidió, intensificando un poco ese beso, que terminó por envolverlo completamente—. Siempre haces eso —susurró—. Sabes que ese tipo de besos me suben la temperatura, eres muy atrevida.

La chica rio.

—Ya sé, ¿acaso no sabes que esa era mi intención?

Él se alejó, encendiendo el motor del auto.

—Tendremos todo el tiempo del mundo para eso cuando termine mi visita a la fundación, ten paciencia —dijo antes de partir hacia su destino, a lo que ella simplemente asintió, podía que Gaara no fuera nada demostrativo la mayoría del tiempo, pero eso era muy distinto cuando ella lo provocaba.

La florería Yamanaka parecía ser el lugar perfecto para conseguir las flores que había estado buscando, de la calidad deseada. Después de preguntar por varias referencias, muchas personas le dijeron que ese era el sitio indicado, que la dueña era muy profesional y que saldría satisfecho con su trato, así que no lo pensó dos veces y se dirigió ahí.

Sai entró a la florería con cautela, la campanita que anunciaba el ingreso de un nuevo cliente sonó y lo tomó un poco por sorpresa, pero no le dio demasiada importancia a ello, pues no dejaba de ver los bonitos arreglos de flores que llenaban todos los estantes a su alrededor, el aroma del lugar era fresco y perfumado, parecía un ambiente muy agradable.

—A ver, esto es lo último que me falta —murmuró, marcando con un ticket el apartado que decía "flores" en la lista de notas que guardaba en su celular.

Estaba buscando algunas cosas para ayudar a Naruto con su propuesta de matrimonio, mientras su hiperactivo amigo se encargaba de conseguir el anillo con el cual se propondría a Hinata, él se ofreció para conseguir un ramo de rosas, que sería el regalo perfecto para que el rubio se luciera ante su novia. Por supuesto, él no tenía por qué hacer todo esto, pero ya que Naruto insistió tanto, no le quedó otra más que hacerse cargo, a fin de cuentas, apreciaba verdaderamente a ese despistado amigo suyo.

Se suponía que tenía que comprar rosas o claveles, no estaba muy seguro de ello y cuando le preguntó a Naruto, él le dijo que tampoco sabía bien, que era mejor que lo consultara con las personas de la floristería, de hecho, le insistió mucho en que fuera específicamente a "Dímelo con flores", porque conocía a la dueña y sabía que era buena para ese tipo de cosas, así que luego de echar un vistazo, se fijó en un par de rosas de color blanco, rosado y rojo, todas eran muy bonitas y estaban excelentemente cuidadas, se notaba que habían sido cultivadas de la manera más profesional posible, además, el modo en que estaban adornando los ramos de muestra también era muy bonito.

—Supongo que uno de estos estará bien —murmuró para sí mismo.

—Disculpe la demora —escuchó una voz femenina detrás de su espalda—. Hoy abrimos un poco tarde, así que estaba haciendo algunas cosas en la bodega —explicó la mujer.

El pelinegro se dio la media vuelta y ahí la vio, entendió enseguida por qué Naruto le insistió en venir, ese tarado nuevamente estaba tratando de conseguirle una novia, seguro que era eso, pues seguro que había notado lo impresionado que lo dejó la belleza de Ino anoche.

—Oh, eres tú —dijo Ino, que estaba sorprendida de ver a Sai en su tienda, nuevamente volvían a encontrarse por casualidad, ¿que no era esta ya la tercera vez?

—Hola —Sai sonrió—. Vengo a comprar unas flores.

Los ojos azules de la joven no dejaban de llamarle la atención, ella no podía apartar su mirada de él, sabía que podía parecer algo tonto, pero cada vez que lo veía, era como si no tuviera fuerzas de observar en otra dirección, como si un imán la obligara a mantener su vista constantemente sobre él.

—Oh, claro —ella carraspeó su garganta, intentando medianamente volver a la realidad—. ¿Qué tipo de flores buscas? ¿Y para qué ocasión?

Sai se llevó una mano al mentón, pensativo.

—No estoy realmente seguro, no soy experto en flores —explicó—. Pero, creo que unas rosas estarían bien, es lo típico cuando se va a pedir matrimonio, ¿no?

—¿Matrimonio?

La Yamanaka de pronto sintió como si un balde de agua fría le cayera encima, si él buscaba flores para pedir matrimonio, ¿entonces él iba a casarse? Incluso si lo acababa de conocer, no sabía por qué eso le parecía tan decepcionante.