Capítulo 4: Lila
—¿Matrimonio? —repitió la joven dueña de la floristería, ligeramente aturdida por la relevación que acababa de recibir de parte de Sai, alguien a quien acababa de conocer, pero que, por algún motivo, le había emocionado un poco apenas lo vio.
El pelinegro, por su parte, asintió con la cabeza, así que Ino, luego de quedarse paralizada durante un par de segundos, carraspeó la garganta y comenzó a moverse, reuniendo algunas de las mejores rosas que tenía a la venta.
—Eh, entonces, ¿vas a casarte? —preguntó, dándose una palmada mental en la cara, al mismo tiempo que dejaba todas las flores sobre una mesa, en donde solía armar los arreglos y los ramos, así que le estaba dando la espalda a Sai.
—No son para mí, son para Naruto.
—¿Para Naruto?
Al notar el ligero nerviosismo de la joven mientras ordenaba las rosas una por una, procurando cortar las espinas de éstas, Sai decidió bromear un poco.
—Así es, le pediré que se case conmigo.
—¡Auch! —al escuchar esas palabras, Ino inmediatamente se pinchó con una de las espinas de las rosas, no era una herida profunda, pero estaba sangrando, ya que había sido justo en la yema del dedo pulgar—. ¿E-eh…? —se volteó y miró a Sai, su expresión era un poema, pero el pelinegro solamente rio, divertido por la situación.
—Lo siento, era una broma —dijo, acercándose a la mujer, entonces tomó delicadamente su mano para tener un mejor vistazo de la herida—. Naruto le pedirá matrimonio a Hinata y yo lo estoy ayudando —explicó, aunque sus ojos estaban fijos en la cortada de Ino, quien se había sonrojado ligeramente por el atrevido acercamiento del contrario—. No parece ser algo grave —puntualizó.
Ino alejó su mano rápidamente de él, no entendía por qué se sentía tan nerviosa, mucho menos sabía la razón de por qué, al saber que Sai no se casaría, también estaba aliviada.
—Oh, ¿entonces esos dos se van a casar? —finalmente cayó en cuenta de la noticia—. ¡Eso es estupendo! Me alegra mucho, ya era hora que Naruto se pusiera los pantalones.
—¿Verdad? —Sai se llevó las manos al bolsillo del pantalón, honestamente, no había pensado en lo imprudente que fue al tocar de ese modo a esa joven, no era algo típico de él, así que estaba sorprendido de su propio comportamiento.
Ella sonrió ligeramente —Lamento el accidente, normalmente no suelo cortarme con las espinas de las rosas, pero iré a ponerme una curita y regreso —explicó, un poco avergonzada por el ligero desliz, aunque no parecía que a Sai le importara aquello, para él, hasta el más experto en algo podía fallar de vez en cuando, pero decidió no decirle nada, últimamente se estaba comportando muy seguido fuera de su personalidad.
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Mientras miraba las hermosas sortijas coronadas con caras piedras preciosas de distintos colores, a través de la vitrina de la tienda de joyería, Naruto frunció ligeramente el ceño, un poco confundido con lo que acababa de escuchar de parte de uno de sus mejores amigos.
—Es raro —dijo, irguiéndose, ya que había estado inclinado hacia la vidriera.
—¿Qué cosa? —preguntó Sasuke, quien estaba parado justo atrás de él, lo había acompañado a elegir el anillo de Hinata, le parecía mucho más divertido que ir a casa de sus padres para celebrar la llegada de su hermano Itachi, así que se había excusado con ellos diciendo que tenía un compromiso impostergable.
Naruto se volteó hacia Sasuke, llevándose una mano al mentón, en pose pensativa.
—Es súper extraño que tú me cuentes algo sobre tu vida, así que me sorprendió que me hablaras de que pasaste la noche con una chica —contestó el rubio, a lo que Sasuke desvió la mirada.
—Ah, eso… —carraspeó un poco la garganta—. No fue por nada en particular, sólo te lo conté porque me preguntaste la razón de mi ausencia en el club.
—Igual es raro —insistió Naruto, entrecerrando la mirada, algo no cuadraba en esta historia y él debía descubrir qué—. Dime… ¿lo pasaste tan bien que quieres que todo el mundo se entere de ello?
Como respuesta, el Uchiha rodó los ojos, aunque no podía decir que lo había pasado mal, lo cierto es que no solía divulgar ese tipo de información.
—Cállate, Naruto.
—¡Ah! —Naruto lo apuntó con su dedo índice—. No lo negaste, entonces es verdad, ¿no? Te gustó la chica.
Cuando Sasuke abrió la boca para responder, la dependienta de la tienda se acercó a ellos, había terminado de atender a otro cliente y ya podía hacerse cargo de ambos, sobre todo, porque no podía apartar sus ojos de ese par de hombres, en especial el azabache.
—Disculpen, clientes, ¿qué es lo que buscan? —preguntó ligeramente sonrojada cuando Sasuke la miró.
—Estoy buscando una sortija de compromiso para mi novia —contestó el Uzumaki, sonriendo ampliamente.
Mientras Naruto se ocupaba de su compra y escuchaba las recomendaciones de la mujer que lo estaba atendiendo, Sasuke cerró sus ojos y se quedó cavilando, ¿que si le gustaba aquella chica? Sakura era linda, pero ellos dos solamente habían pasado la noche juntos, no era algo anormal para una persona como Sasuke, así que, ¿por qué continuaba pensando en ella?
—Como siempre, las tonterías de Naruto se meten en mi cabeza —pensó con molestia, era típico que las cosas que su amigo decía continuaban dándole vueltas una y otra vez, pero para nada significaba que lo que él había afirmado era cierto.
De ninguna manera.
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Matsuri no dejaba de observar fijamente al pequeño bebé que estaba recostado en su cuna, él estaba durmiendo ahora mismo, parecía tan tranquilo, cuando antes lloraba como si no hubiera un mañana. La enfermera jefa la había visto con mala cara cuando apenas llegó, parecía molesta de que "la nueva" tuviera el favor del señor Gaara, pero no es que fuera así del todo, él simplemente le asignó una tarea como el dueño de la fundación, ni más ni menos.
Y hablando de Gaara, ella no pudo evitar recordar lo sucedido en el club, él era mucho más agradable de lo que parecía y además era muy guapo, a pesar de lo avergonzada que se sentía anoche, habían charlado y bailado durante un buen rato, no recordaba haber pasado un momento tan agradable con otro hombre.
—Él dijo que vendría hoy… —murmuró en voz baja, tocándose el pecho, ya que el corazón le estaba latiendo muy rápido.
—Señorita Matsuri —escuchó la voz de la jefa, quien apareció en la puerta de la habitación que ahora usaban como cuarto para el bebé—. El señor director está aquí y dice que desea hablar con usted, por favor, venga —dijo en un tono de voz ligeramente ofensivo, el cual Matsuri hizo un esfuerzo por ignorar.
Miró una vez más al bebé, que continuaba tranquilo, así que se levantó de su asiento y caminó detrás de la enfermera, no le gustaba la idea de dejar solo a ese pequeñito, pero suponía que estaría seguro, ya que solamente se iría por un rato.
Fue llevada a una oficina, en donde pudo ver al pelirrojo, quien estaba revisando algunos documentos, sentado en el escritorio.
—Aquí está la señorita —dijo la mujer, haciendo una leve reverencia al hombre, quien levantó la mirada para verlas a ambas y asintió con la cabeza.
—Señorita Koyama, solamente quería informarle que usted se hará cargo personalmente del bebé mientras esté aquí —dijo casualmente, volviendo a observar los documentos que sostenía entre sus manos—. Le pediré a todas las demás su cooperación para que la señorita Koyama pueda desempeñar su deber sin ninguna distracción.
—Sí, señor.
La enfermera jefa asintió con la cabeza varias veces, a lo que Matsuri la imitó, sin dejar de observar al joven director, honestamente, ¿cómo es que podía ser tan apuesto? De sólo tenerlo a unos metros, sentía que su cara se ponía roja.
—Cariño, ya me aburrí de dar vueltas —las dos mujeres escucharon una voz femenina que provenía desde la puerta, segundos después, vieron a una mujer de cabello negro entrando a la oficina, pasándolas de largo y yendo directamente hacia Gaara—. ¿Nos iremos pronto? Recuerda que me debes una cita.
Gaara cerró los ojos ante el pequeño berrinche de su "saliente", su ceño también se frunció levemente.
—Shijima, en un momento, ten paciencia —respondió, volviendo su vista hacia las enfermeras, pudo notar que la expresión de Matsuri se mostraba alterada, como si sintiera decepción o molestia por algo, incluso si parecía que ella estaba tratando de ocultarlo—. Ya pueden retirarse.
Las otras dos se fueron después de hacer una reverencia, pero Matsuri ni siquiera esperó a que la jefa le dijera algo, solamente apresuró sus pasos hacia la habitación del bebé.
—Qué tonta, era obvio que un hombre como ese tendría novia, tonta, boba —pensaba, regañándose mentalmente por haber tenido, aunque sea por un segundo, una leve esperanza de que ese hombre podría voltear a verla.
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Se suponía que, aunque ese era el día libre de Sai y había planeado encerrarse en su casa para descansar después de terminar con el mandado de Naruto, por algún motivo se distrajo observando como la dueña de la floristería hacía el arreglo del ramo que había venido a comprar, cuando pudo simplemente encargarlo y recogerlo después; sin embargo, era bastante interesante verla trabajar, el modo en que ella se concentraba mientras acomodaba cada flor en su sitio, la sonrisa leve que aparecía en sus labios cuando el resultado le parecía óptimo.
Era una mujer sumamente bella.
—Creo que le falta algo… —murmuró Ino, deteniendo su faena para mirar fijamente el ramo que estaba armando. Sus empleadas estaban atendiendo a otros clientes, pero ella se había avocado completamente a aquel arreglo, ya que se trataba de algo especial para Hinata, que, si bien no era una amiga demasiado cercana, seguía siendo alguien preciada e importante para ella.
Se llevó una mano al mentón y entrecerró la mirada, llamando la atención del cliente, que no dudó en consultar el problema.
—¿Sucede algo?
Ino lo miró y luego negó con la cabeza, mostrándole su sonrisa.
—No es nada, es sólo que siento que este ramo carece un poco de vida —contestó la rubia, echando un rápido vistazo alrededor de toda su tienda, había flores por doquier, de todos los tipos y colores, las cuales hacían que el ambiente luciera muy agradable, incluso para alguien con la personalidad de Sai, se sentía como en medio de un bosque de hadas.
—¿En serio? —él miró el arreglo con curiosidad, le parecía que estaba quedando hermoso, había rosas por doquier, no sólo blancas, también unas cuantas rosadas e incluso un par rojas, era un ramo lleno de colores, así que no entendía qué podía faltarle—. Para mí se ve bastante bien —añadió.
La chica, ignorando sus palabras, caminó hasta donde había algunas flores de color violeta, como él no sabía nada sobre plantas, no estaba seguro de qué eran, aunque no necesitó preguntar.
—¡Esto es! —exclamó Ino, llevando dichas flores en sus manos para terminar de decorar el ramo con ellas, lo cual ciertamente hizo un cambio bastante significativo—. Estas son lilas, ¿no son hermosas? Ahora se ve mucho mejor.
—Supongo… —contestó el pelinegro, indisputablemente confundido—. Pero… ¿qué diferencia hace no tenerlas?
Ino lo miró en ese momento, ese hombre era muy apuesto, pero como la mayoría de las personas, no tenía mucha idea sobre cómo regalar flores adecuadamente.
—Al igual que nosotros, las flores y plantas son seres vivos, necesitan una forma de comunicarse entre ellos —explicó, su tono de voz era suave y dulce, de un modo que atrapó por completo a Sai, que no podía dejar de observarla mientras hablaba—. Como ellas no pueden hablar, la forma de sus pétalos y sus colores son el modo en que se expresan hacia el mundo, cada flor tiene algo para decir y es por eso que cada una de ellas puede representar mejor un momento específico.
—Ya veo… —Sai asintió con la cabeza, tratando de seguir el hilo—. Entonces, ¿qué dicen las lilas?
—Las lilas simbolizan una promesa de amor puro y sincero, son perfectas para una propuesta de matrimonio —contestó la rubia, que sacó un hermoso lazo del mismo color del primer cajón del escritorio en donde estaba trabajando, el cual ató alrededor del ramo, que agrupaba las flores dentro de un hermoso papel suave de color perlado. Al terminar, le entregó el ramo a Sai—. Espero que la propuesta de Naruto salga muy bien, aunque estoy segura de que así será, ya que puse mucho esfuerzo en esto.
Sai recibió el ramo entre sus manos y, sin apartar sus ojos de la figura femenina, asintió con la cabeza y sonrió levemente.
—Estoy bastante seguro de que así será, después de todo fui testigo de ese esfuerzo y puedo decir que eres realmente seria en tu trabajo, señorita Yamanaka.
La rubia, por algún motivo incomprensible, sintió algo de calor en su rostro, estaba segura de que se había sonrojado, aunque no tenía idea de por qué reaccionaba de ese modo.
—Bueno, ya sabes, cuando necesites proponerle matrimonio a tu novia puedes venir aquí —soltó de la nada, dándole la espalda a Sai, quien simplemente se encogió de hombros con expresión cansina.
—No hay ninguna novia a quien pueda pedírselo, pero seguro que si necesito flores para cualquier otra cosa, estaré encantado de regresar —contestó, dirigiéndose hacia donde estaba la mujer que atendía la caja, no sin antes despedirse—. Nos vemos pronto —añadió, causando que Ino nuevamente se diera la vuelta para verlo, tan sólo para observarlo pagar e irse del lugar.
Cuando por fin estuvo fuera, la Yamanaka suspiró, estaba segura de haberse comportado como una niña frente a ese hombre, ¿por qué actuaba así? Apenas lo conocía.
—Ay, qué vergüenza —murmuró, tocándose las mejillas con las palmas de sus manos, las cuales estaban frías.
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Mientras Sakura era guiada por la doctora adscrita a través de los pasillos del hospital, no pudo evitar fijarse que en la sala de los pacientes había muchas flores, incluidas unas cuantas lilas adornando un jarrón, eso le hizo pensar en su amiga Ino, que solía siempre compartirle datos sobre el lenguaje de todo tipo de plantas con las que trabajaba.
—Y esta de aquí será tu oficina, desde donde atenderás a los pacientes que se le asignen, como puedes ver, el hospital ha cambiado mucho desde la última vez que estuviste aquí —dijo la mujer de cabello negro y corto, la cual llevaba puesta una larga bata blanca por encima de su ropa—. ¿Uh? ¿Sakura? —llamó a la menor, ya que esta parecía que no le estaba prestando atención.
—Oh, lo lamento, Shizune-sempai —contestó la peli rosa, haciendo una leve reverencia sólo con su cabeza a modo de disculpa—. Estaba un poco distraída.
La doctora suspiró, conocía a Sakura Haruno desde que estaba estudiando, incluso había sido ayudante de su mentora, la cual era la misma mujer, Tsunade Senju, así que sabía bien que la peli rosa a veces solía andar en las nubes, pero, a pesar de eso, era sumamente talentosa y se preocupaba demasiado por atender bien a sus pacientes, así que en ese sentido no había de qué preocuparse.
—Bien, ¿te quedaron claras todas mis instrucciones? ¿Alguna duda?
Sakura negó con la cabeza.
—No, todo está muy claro —contestó, sonriendo con seguridad.
Después de haber sido transferida a una zona muy lejana para ayudar con una investigación, el hospital en donde solía trabajar cuando sólo era una interna inexperta había sido remodelado, no sólo añadieron nuevas alas, sino que muchas cosas habían cambiado de lugar, incluso el sistema de atención era distinto, pero mucho más eficiente.
—Perfecto, pues te dejo tu lista de pacientes para mañana, debes empezar la atención desde las siete de la mañana —dijo Shizune, poniendo sobre las manos de Sakura una gran cantidad de papeles—. Lee todos los expedientes antes de mañana, ya sabes cómo funciona esto.
La joven doctora sintió un poco de presión, tanta, que una gotita de sudor frío recorrió su frente.
—Sí, leeré todo —contestó, observó a Shizune sonreír y luego marcharse, así que se sentó sobre el asiento de su pequeña oficina, dejando los documentos sobre el escritorio y mirando a su alrededor con más detalle, tenía todo lo necesario para lograr una atención óptima, una camilla a su costado, un aparato para medir y pesar a los pacientes, un botiquín e incluso un lavamanos para asegurar que siempre mantuviera una buena higiene, el lugar donde había pasado los últimos meses era muy precario comparado con este hospital—. Vaya, esto se siente bien —dijo para sí misma—. Bueno, vamos a leer esto ahora, antes de que no tenga tiempo.
Tomó entre sus manos el primer expediente, suponía que, siendo este hospital mucho más avanzado, tal vez tendrían todo en computadoras, pero parecía que algunas cosas continuaban siendo a la antigua, de todos modos, ese pensamiento rápidamente se alejó cuando algo mucho más interesante le llamó la atención, se trataba del apellido de su primer paciente.
—¿Uchiha…? —se preguntó con sorpresa.
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Había llegado la hora de alimentar al bebé, así que Matsuri lo levantó con cuidado de su cuna, lo acomodó entre sus brazos y se sentó con él, dándole de beber lentamente la fórmula, la cual el pequeño parecía beber con muchas ganas.
—Pero qué enorme apetito tienes, bebito —dijo la castaña, sonriéndole a la criatura.
El director Gaara fue hacia aquel cuarto para hablar con la joven enfermera, su "saliente" no dejaba de molestarle con que ya quería marcharse y él le pidió que lo esperara en su oficina, que haría algo rápido, aunque se había puesto de mal humor por las exigencias de ella, por eso llevaba una expresión de pocos amigos en el rostro cuando entró a la habitación, pero ésta cambió apenas observó a Matsuri y al bebé juntos, realmente parecía una madre junto a su hijo, eran sumamente adorables, algo que él no podía decir de todo el mundo.
Le parecía un poco grosero interrumpir su labor de sorpresa, así que decidió carraspear su garganta.
—Señorita Matsuri —la llamó, haciendo que la chica lo mirara casi enseguida—. Lamento molestar, simplemente quería saber cómo va todo con el bebé.
Matsuri sonrió quedamente, no importaba cuántas veces lo observara, el director le parecía más apuesto cada vez.
—Todo está bien, señor —contestó, volteando su rostro nuevamente hacia el pequeño ser que estaba entre sus brazos—. Tiene un gran apetito, eso es bueno, aunque seguramente sería mucho mejor para él poder tomar leche materna, me pone un poco triste saber que su mamá no está aquí con él.
Gaara se quedó callado al escucharla, él entendía perfectamente ese sentimiento, tampoco había crecido con su madre, aunque su caso era algo distinto al de esa criatura.
—Él no puede quedarse aquí para siempre —dijo, sin poder apartar sus ojos del bebé, lucía muy pequeño y frágil, pero era evidente que se aferraba a la vida con muchas ganas—. Si su madre no da señales de vida, tendremos que entregarlo a las autoridades para que se hagan cargo de él, es lo mejor.
Los ojos de Matsuri se abrieron ligeramente, por supuesto que no le agradaba la idea, le daba mucho miedo pensar que ese dulce niño pudiera caer en malas manos, en un orfanato, un hogar donde no le dieran suficiente amor, quién sabe, un sitio donde no se sentiría seguro y querido. Apenas llevaba unos días con él, pero se había encariñado bastante.
—Señor, yo…
—Tengo que marcharme, hablaremos en otro momento —interrumpió Gaara, dándose la vuelta para salir de la habitación, por lo que Matsuri sólo bajó la mirada y asintió con la cabeza.
El pelirrojo caminaba por el pasillo hacia su oficina, en donde se reuniría con Shijima, pero en medio de su trayecto escuchó el sonido de su teléfono, parecía que había recibido un mensaje, así que lo sacó del bolsillo interno de su chaqueta y lo revisó.
"Amigo, ya conseguí el anillo, voy a necesitar tu ayuda con algo, no te puedes negar."
—Naruto… —murmuró, entrecerrando la mirada—. ¿Ahora en qué líos me vas a meter?
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El timbre del departamento de Naruto sonó, pero éste estaba bastante concentrado charlando con Sai, preguntándole cómo debería acomodar ciertas cosas en el comedor, ya que había organizado una cena para su novia, en donde le haría la tan esperada pregunta. Sasuke, que realmente no quería formar parte de la conversación, se levantó del sofá y fue hacia la puerta, Gaara estaba ahí y no se veía muy feliz.
—¿Te regañó tu novia o algo? —preguntó con cierta gracia, por la expresión del pelirrojo, parecía que había dado en el clavo.
—No es mi novia —aclaró por milésima vez, por algún motivo, odiaba la idea de que lo involucraran en un compromiso mayor sin que él lo hubiese aprobado primero—. Pero sí, estaba muy enojada cuando le dije que vería a Naruto, o "mi novio" como le dice ella.
Sasuke no pudo evitar carcajearse, había pocas cosas que lo hacían reaccionar así, pero lo que había dicho Gaara era tan gracioso y cierto, todos parecían "novios" de Naruto, porque acudían a sus llamados con bastante urgencia.
—De algún modo la contentarás después —dijo, haciendo pasar a su amigo, para luego cerrar la puerta detrás de él.
Los dos se acercaron al comedor, Naruto estaba acomodando algunas cosas sobre la mesa, pero Sai continuaba diciéndole que esos adornos eran demasiado feos.
—Ni siquiera te interesa socializar con la gente, pero sabes mucho sobre decorar mesas, ¿eh? —refunfuñó el rubio, cruzándose de brazos—. ¿Tan mal lo hago?
—No hay que tener ningún súper poder para tener buen gusto —explicó el pelinegro, soltando un suspiro, en eso vio que los otros dos se aparecían a través del arco que separaba la sala del comedor—. Gracias al cielo que llegaron, me está volviendo loco.
—¿En serio piensas poner un mantel anaranjado con platos azules? —cuestionó Sasuke, arqueando una ceja, lo cual puso furioso a Naruto.
—¡¿Qué tiene de malo?!
Gaara carraspeó la garganta, apoyando su espalda contra la pared que estaba detrás de él y cruzándose de brazos, para luego mirar a su pobre amigo, que carecía de cualquier sentido del gusto, evidentemente.
—¿Para qué querías verme?
—Ah, sí —Naruto se llevó una mano a la nuca—. No puedo contactarme con Shikamaru, ¿podrías pasarme el número de tu hermana? No quisiera molestar en su luna de miel, pero de verdad necesito preguntarle algo.
—¿Por qué no me lo pediste por mensaje? ¿Sabes lo enojada que estaba Shijima? —el pelirrojo chasqueó la lengua, sacando su teléfono del bolsillo interior de su traje—. De verdad, Naruto, te pasas.
—No te enojes, amigo —dijo el rubio, juntando sus dos manos en son de plegaria—. La verdad es que necesito el apoyo moral de los tres, sé que son unos insensibles y que no les importa la felicidad de otros, pero son mis amigos, así que apóyenme.
Los tres presentes se miraron unos a otros, entrecerraron la mirada y, al cabo de unos segundos, suspiraron rendidos, ahí estaba otra vez la técnica prohibida de Naruto, no eran rivales para ella.
—Como sea —murmuró Gaara, revisando en su agenta hasta dar con el número guardado de su hermana, ella le pidió que, si la llamaba, que fuera por algo importante, ya que solía desconectarse del mundo cuando estaba con Shikamaru Nara, su cuñado, con quien se había casado hace un par de semanas.
Mientras Naruto y Gaara intentaban comunicarse con la parejita de tórtolos, Sai echó un vistazo hacia la sala, había dejado el ramo de flores que trajo para Naruto encima de la mesa de centro, continuaba viéndose tan hermoso y reluciente como cuando Ino apenas lo hizo, incluso a su amigo se le salieron algunos halagos por el buen trabajo que había hecho al conseguirlo, así que no pudo evitar sonreír ligeramente.
—Tienes cara de estar pensando en alguien —dijo Sasuke, que estaba a su lado, ignorando a los otros dos que ya habían logrado establecer una video llamada con Temari, la hermana de Gaara.
Sai, al sentirse descubierto, como si hubiera hecho algo indebido, simplemente borró la sonrisa y miró en otra dirección.
—No digas tonterías —fue todo lo que contestó.
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Todavía no era tan tarde cuando Ino cerró la tienda, pero viendo la hora, no creía que le diera el tiempo para prepararse algo de comer, así que cuando Sakura la llamó para cenar juntas en un restaurante no dudó en aceptar.
—¿Tu paciente es la madre de Sasuke? —cuestionó Ino, luego de que su amiga rosada le contara lo sucedido cuando leía los expedientes, pues le había parecido curioso que hubiera una persona con ese apellido.
—¿Mikoto Uchiha es su madre? —parpadeó sorprendida, viendo a Ino asentir con la cabeza—. No tenía idea, de todos modos, es raro, ¿no?
Ino sonrió pícaramente.
—¿Entonces el destino los une o algo así? —bromeó, provocando que Sakura se atragantara con un trozo de carne que acababa de llevarse a la boca, así que tuvo que tomar un poco de agua con bastante prisa, suerte que todas las mesas contaban con una jarra llena.
—No seas boba, Ino —contestó Sakura, frunciendo el ceño—. Tú misma me dijiste que no me ilusionara con alguien como él, ¿no?
—Sí, eso dije —Ino se encogió de hombros—. Y hablaba en serio, alguien como él no es para ti, pero tampoco puedo decirte lo que tienes que hacer con tu vida, igualmente sólo bromeaba con lo de hace un momento —añadió, probando un poco de la comida de su plato—. Conozco a la señora Uchiha, ha hecho pedidos en mi tienda para algunos eventos, es una gran clienta, no sabía que estuviera enferma de algo.
La peli rosa se quedó en silencio durante un par de segundos, pensativa.
—No sé mucho sobre ella, parece que es un nuevo ingreso, su expediente no tenía muchas cosas que me pudieran aclarar el panorama —explicó, aunque no pensaba que fuera algo serio, pero debido a la poca información, también estaba bastante curiosa sobre el caso, esa era una de sus manías, acababa involucrándose demasiado cuando algo le despertaba el interés.
Por lo mismo, no quería continuar pensando en lo que había hecho con Sasuke Uchiha, no tenía caso alguno.
Después de terminar de cenar y despedirse, Ino se dirigió a su casa, la tarde empezaba a caer y tenía que coger el tren para que la acercara a su zona de la ciudad, por lo que se apresuró a la estación, ya que, si no lo hacía, éste podría dejarla y tomar un taxi hasta allá era bastante caro.
—Demonios, me entretuve demás chismeando con Sakura —murmuró mirando la hora en el teléfono, sin parar de correr, ni siquiera cuando se acercó a las escaleras de bajada que conducían hacia la plataforma de abordaje.
Todo el mundo sabe que no se debe correr en las escaleras, menos en bajada y sin mirar, así que no fue una sorpresa para ella el tropezarse. Lanzó un gracioso gritillo de sorpresa y miedo, pensando que se daría de cara contra el suelo sin poder evitarlo, pero alguien la atrapó entre sus brazos justo a tiempo.
—Ya es la segunda vez, Ino-san —escuchó la voz masculina que de inmediato le hizo mirar a esa persona. Sus ojos se abrieron por la sorpresa, su cara se puso roja y, estaba bastante segura de que sus latidos se aceleraron de golpe, pues Sai estaba mirándola fijamente, estaba serio, pero pronto la suave sonrisa tomó forma en sus labios, además, él prácticamente la estaba abrazando.
Sabía que tenía que alejarse de él y recuperar la compostura, pero sus brazos eran tan cálidos, que simplemente hubiera deseado quedarse así por una eternidad.
—¿Estás bien? —le preguntó Sai, mirándola con curiosidad, pues ella no parecía reaccionar.
Al darse cuenta de que parecía una completa tonta, Ino se separó con la velocidad de un rayo, carraspeando su garganta y cubriéndose la mitad de la cara con la palma de su mano, pues estaba completamente colorada.
—Perdona, qué vergüenza —dijo, mirando hacia un costado, había mucha gente todavía en la estación, pero no parecía que alguien más les prestara atención, al menos no había testigos de su torpeza—. I-iba apurada porque este es el último tren —justo cuando estaba hablando, se dio cuenta de que las puertas se estaban por cerrar y a ella le tocaba entrar—. Debo irme, pero gracias por haberme atrapado otra vez.
Como no tenía tiempo para quedarse a charlar, sólo se apresuró a subirse, se suponía que Sai se había bajado ahí, por lo que solamente se volteó para mirarla, sin embargo, ella permaneció dándole la espalda, solamente podía ver su largo cabello rubio.
—Cuando quieras —murmuró, metiéndose las manos a los bolsillos del pantalón, para luego dirigirse escaleras arriba.
El tren inició su recorrido y, antes de que saliera de la estación, Ino volteó y buscó a Sai con la mirada, lo encontró casi en la cima de las escaleras, qué lástima que los dos no fueran en la misma dirección, al menos no esta vez.
