01
ELÍGEME
Una de las cosas que a Izuku más le gustaba del invierno era la tranquilidad del paisaje por más que estuviera temblando del frío. Durante la noche había caído la primera nevada de la temporada , así que lo primero que descubrió al despertar, luego de darse cuenta de que Kacchan no se encontraba en la cabaña, era un paisaje cubierto de color blanco. Sabía que iba a llevarse una buena regañada por parte de Katsuki por atreverse a salir bajos esas condiciones, pero no había podido resistirse. Siempre le había gustado como lucia aquel gran árbol cuando se cubría de nieve.
Con cuidado llevó su diestra en dirección al viejo tronco para poder delinear con sus dedos las iniciales que habían sido grabadas varios años atrás. Una sonrisa nostálgica se apoderó de sus labios al recordar como era que aquellas marcas habían ido a parar justo en aquel árbol. Aquel día había sido el más triste y el más feliz de toda su vida después de todo.
Sus piernas le dolían después de haber corrido por mucho tiempo. Sus rodillas se encontraban ensangrentadas de las constantes caídas qué había sufrido mientras huía. Sus ojos se encontraban por completo irritados de tanto llorar. De todos los posibles pronósticos que pudieron haberle dicho, había recibido el más catastrófico.
En una sociedad donde los omegas era el eslabón más bajo de la especie, que estaban destinados únicamente a procrear y no gozaban prácticamente de ningún derecho, haberse presentado como un omega recesivo era lo peor que le pudo haber ocurrido. La ceremonia del solsticio de invierno en donde todos los jóvenes de quince años se presentaban ante el consejo para determinar a qué casta pertenecían, era la más importante de todo el año en Zabu. Todos se vestían con sus mejores ropas, su madre había pasado días bordando para elaborar uno de los trajes más hermosos qué había visto Izuku, un pantalón de manta blanco con bordes dorados y una camisa ligera de manta a juego con un colibrí igualmente dorado justo en la zona donde se encontraba su corazón. Katsuki, su mejor amigo de la infancia, se le había quedado viendo tanto tiempo cuando lo vio que tuvo que bajar la mirada avergonzado, llevaba enamorado de él desde que tenia memoria aunque era evidente que nunca podría aspirar a tener algo más allá que la simple amistad que ya los unía, pensar en otra cosa era egoísmo puro. Todos sabían que Katsuki sería un alfa de la más alta categoría, descendía de una de las ramas de alfas más respetada en todo Zabu, era alto, inteligente, fuerte, valiente, dispuesto a defender a los que amaba a capa y espada. No existía omega que no quisiera tener algo con Katsuki Bakugo. Pero su carácter fuerte y hasta cierto punto hiriente terminaba por alejar a todos. A todos menos a Izuku por supuesto. Todos le tenían envidia por eso, pero Izuku sabia que no recibía un trato especial, solamente había tenido la suerte de que sus madres fueran amigas desde niñas y por ende sus hijos tuvieron que convivir desde que usaron pañales.
Cuando el consejo anunció que efectivamente Katsuki era un alfa dominante, todos en la aldea se alegraron y festejaron. Era evidente que Katsuki podría ser nombrado como líder de la manada en la siguiente ceremonia de ascenso. Todos tenían la fe en un prodigio como el. Pero cuando el consejo anunció su resultado todos se quedaron en silencio y lo voltearon a ver como si se tratara de un bicho raro.
Omega recesivo
No solo pertenecía al eslabón más bajo de la cadena, algo que ya se esperaba, sino que era considerado como un omega defectuoso cuyo aroma era casi nulo al igual que su capacidad para procrear porque sus ciclos de celo serían bastante raros y severos. Los murmullos no tardaron en surgir ante la sentencia de ser vendido como esclavo a la aldea vecina como si se tratara de un vil despojo. Había esperado el apoyo de su madre, pero ella solamente había desviado la mirada con impotencia pues no podía hacer nada, después de todo también era una omega. Podía sentir la mirada de Katsuki de nueva cuenta sobre el, pero no pudo devolverle la mirada, no se sentía con valor para descubrir la decepción de sus ojos carmesí. Comenzó a llorar cuando vio a los guardias dirigirse hacia el para apresarlo, pero en contra de todas las creencias retrocedió y comenzó a correr escapando en medio del caos que se había formado por su atrevimiento.
Escucho gritos, escucho voces llamándolo, inclusive creyó escuchar la voz de Kacchan entre todo el caos, pero no se había detenido en ningún momento. Al menos hasta que había estado completamente seguro de que nadie lo seguía y que sus pies no podrían continuar. Se había quedado por completo solo y sin ningún lugar a donde ir. Tenía mucho miedo sobre lo que le deparará el futuro de ahora en adelante. ¿Qué se supone que debía de hacer en un caso de esa magnitud? Sólo tenía quince años y tenía que cargar con el peso de estar roto por dentro y defectuoso. Sus pulmones dolían ante el esfuerzo que le había ocasionado la carrera en medio de plena tormenta de nieve. Una tormenta que no sabía que se estaba desarrollando hasta que todo su organismo entró en reposo, el aire frío comenzó a calarle hasta los huesos, comenzando a temblar. Un temblor que prefería echarle la culpa al frío que al terror de no estar del todo seguro en dónde se encontraba. Lo único que le pareció un poco coherente en medio de aquella nada completamente blanca fue recargarse en aquel grueso tronco y sentarse en la fría nieve. Después de un momento abrazó sus piernas con sus brazos para poder esconder su rostro entre ellas.
— Maldita sea… Izuku… ¿cómo puedes correr tan rápido?
El cuerpo del peliverde se paralizó al escuchar la voz de quien había sido su amigo de la infancia. ¿En serio habían enviado a Kacchan para llevarlo de vuelta a la aldea y así pudieran venderlo? ¿Katsuki en verdad sería capaz de hacer una cosa así? Aquello definitivamente lo terminaría por destrozar su ya fragmentado corazón. Lentamente alzó su cabeza, saliendo de su improvisado escondite para así poder ver al rubio parado enfrente de él. Aparentemente también había estado corriendo porque se notaba tan agitado como lo estaba él. Le estaba viendo como si temiera que volviera a escapar de un momento a otro, o quizás lo único que quería era asegurarse de que no se pusiera a correr una vez más.
— ¿Me llevarás de nueva cuenta a la aldea?
— ¿Ah? — Katsuki frunció el ceño viéndose completamente confundido.
Izuku suspiró mientras abrazaba con más fuerza sus piernas contra su pecho. De un momento a otro, algo tan fácil como lo era respirar le estaba costando demasiado trabajo. No quería ser vendido, todos en la aldea sabían lo que les pasaba a quienes eran vendidos, los que tenían suerte eran vendidos como sirvientes, pero los que no vendían su cuerpo no solo a uno, sino a quien lo quisiera, todos eran maltratados, enfermaban con facilidad y casi no eran alimentados. Morir sonaba muchísimo más atractivo que terminar de aquella manera tan nefasta. Katsuki notó la manera en la que el cuerpo del peliverde comenzaba a temblar y entonces reconoció al instante los síntomas: estaba teniendo un ataque de ansiedad, así que no dudó en acercarse al omega para poder arrodillarse frente a él y así tomar su rostro con sus manos con delicadeza.
— Respira Izuku… tu puedes… concéntrate solo en mi voz. Respira. — Susurró con suavidad dejando recargada su frente sobre la del pecoso sonriendo con sutileza, al mismo tiempo que liberaba un poco de sus feromonas. — No he venido a llevarte de vuelta, tranquilízate. Lo que menos quiero es que te hagan daño.
Izuku parpadeó con ligereza, consiguiendo calmarse lo suficiente para poder ver el rostro del rubio tan cerca. Desde niños, la cercanía de Kacchan siempre conseguía relajarlo. De manera tentativa llevó sus manos temblorosas a las del rubio que continuaban sobre su rostro. — ¿P-Por qué? Como alfa dominante debes obedecer las reglas.
— ¡Al diablo con las reglas! — Bakugo arrugó el entrecejo e Izuku quiso pasar sus dedos por aquellas marcas queriendo comprobar si podía ser posible relajarlo. — No voy a permitir que te vendan al primer imbécil… No voy a permitir que te aparten de mi lado.
— K-Kacchan… — Susurró el peliverde, no creyendo que el verdadero Katsuki Bakugo y no el de sus sueños le estuviera diciendo aquellas palabras.
— Maldición. — Murmuró frustrado al cerrar sus ojos y suspiró con fuerza. — Tenía planeado hacer bien las cosas, pedir tu mano a tía Inko, comenzar a cortejarte… había estado trabajando en un par de pieles para poder dártelas como dote junto con los mejores animales que había cazado, casarnos, construir nuestra casa para poder criar a nuestros cachorros…, pero no pensé que todo terminaría de esa manera. — Cuando el rubio volvió a abrir los ojos, observó a Izuku con una dulzura nada habitual en él. — No me importan los resultados de la prueba, Izuku. Te quiero solo para mí, siempre ha sido de esa manera. Esta noche estabas tan hermoso que tuve que esforzarme demasiado para no raptarte ahí mismo para impedir que cualquier otro alpha pudiera atreverse siquiera a saludarte.
— P-Pero… — Los ojos esmeraldas comenzaron a aguarse ante aquellas palabras que siempre anheló escuchar, pero era justamente lo que Katsuki había explicado lo que no le podía dar y no podía ser tan egoísta como para negarle esa oportunidad. Comenzó a negar con suavidad. — S-Soy un omega defectuoso… no podría darte cachorros, aunque sea lo que más anhelo. —Acarició con suavidad las manos del alpha en un intento de separarlas de su rostro. — Si no me quieres entregar simplemente di que no me encontraste… puedes ser feliz con alguien más, alguien que pueda darte todo lo que en verdad te mereces, Kacchan.
— No me hagas enojar, Izuku. — El gruñido del alpha hizo estremecer al omega ante la idea de haberlo disgustado, pero Katsuki simplemente negó. — ¿No lo entiendes? Siempre has sido tu, Izuku. No tolero las feromonas de los demás son tan empalagos que me dan asco. Por eso no permito que nadie se acerque a mí, no es solo mi mal carácter. Pero tu eres diferente, tu tenue aroma a sándalo me relaja bastante que no hay día que no ansíe estar junto a ti, por eso siempre buscaba la manera de tu compañía y siempre buscaba protegerte. Acepta mi propuesta. — Katsuki susurró usando su nariz para acariciar la pecosa con cariño, ansiaba tanto bajar a sus labios para besarlos, pero no podía hasta que su cabeza hueca aceptara lo que ya todos daban por sentado, incluido él.
— No podré darte cachorros… — Susurró mordiendo suavemente su labio inferior, sintiéndose abrumado por la intensidad con la que Katsuki continuaba observándole.
Katsuki simplemente se encogió de hombros con una pequeña sonrisa, después deslizó sus labios lentamente por la piel de la mejilla hasta quedarse quietos en la comisura de los labios ajenos. Le resultaba reconfortante saber que él era el causante del calor tan grande que sentía emanar del rostro de Izuku. — No eres completamente estéril, tonto… y si aun así no puedes embarazarte, siempre podemos adoptar en algún momento. Acéptame como tu alpha, Izuku. Conviértete en mi compañero, elígeme y te prometo que te haré feliz por el resto de nuestras vidas. Nunca más volverás a sufrir, no mientras no esté con vida.
Izuku se quedó sin argumentos cuando comenzó a asentir de manera lenta. Katsuki no tardó en unir finalmente sus labios en un beso delicado en donde todos sus sentimientos acumulados a través de los años buscaban una forma de darse entender. ¡Al diablo Zabu! ¡Al diablo sus padres que habían sucumbido ante la presión social! Katsuki se encargaría de proteger de ahora en adelante a Izuku.
Después de aquel beso sellaron su promesa al tallar sus iniciales sobre la superficie de aquel tronco. En aquel entonces no contaban con anillos o alguien que los casara, así que habían tenido que improvisar, y aunque Kacchan había asegurado que conseguiría un anillo digno de su omega, siempre le gustaba regresar al lugar dónde su nueva vida había comenzado. Justo como había imaginado, Katsuki le construyó una cabaña cerca de ahí y aunque fue bastante complicado iniciar de cero luego de ser despreciados por quienes habían amado desde nacer, ya llevaban un año de relación y eran felices. Habían existido altibajos obviamente, como en todas las parejas, pero los habían sabido resolver siempre juntos.
— ¿Qué se supone que haces aquí, tonto? El clima siempre empeora luego de la primera nevada, solo conseguirás enfermarte. — Izuku se volteó sorprendido al ver a Katsuki avanzar hasta él con una gruesa cobija entre sus manos. A pesar de lo fruncido de su ceño, el tono de voz que había empleado era amble así que simplemente le sonrió en respuesta cuando el rubio lo envolvió en aquella cobija.
— Lo siento. Es solo que me gusta como se ve el paisaje desde aquí. — Un tenue sonrojo se apoderó en sus mejillas así que desvió la mirada sintiéndose avergonzado. Había algunas cosas que no cambiaban. — Y también puedo comprobar que nuestras iniciales siguen grabadas en el tronco.
— Definitivamente eres un tonto. El más tonto de todos. — Ante el puchero del omega, el alpha rio con diversión antes de inclinarse un poco para así poder besar la frente del chico. — Pero mi tonto, a fin de cuentas. — Sin darle tiempo de volver a reclamar, tomó la mano de su pareja para comenzar a caminar rumbo a la cabaña. — Vamos, hoy comeremos conejos. Pude cazar varios así que tendremos comida para toda la semana.
— Gracias, alpha.
Ahora el turno de reír fue de Izuku al comprobar que Katsuki se había sonrojado hasta las orejas. En el pasado había sufrido demasiado, pero justo como estaban las cosas en el presente no cambiaría nada si con ese sufrimiento garantizaba toda una vida al lado de Katsuki Bakugo.
¡Historias omegaverse de la pareja BakuDeku! Espero que las disfruten, recuerden que sus comentarios me ayudan mucho a mejorar
