La venganza no es buena: mata el alma y la envenenan dicen. ¿Mi opinión? Que es una frase que solo debería decirseles a los niños pequeños. Como adulto legal y que tiene que mantener su casa medianamente habitable, les puedo asegurar que la venganza son de esos pequeños gustos que te da la vida para desahogarte un poco. Lo suficiente para fingir que los demás te importan.

Si bien yo no soy un caso tan extremo porque tengo a Yui, también es verdad que tengo a Miura y Ebina. Las dos malditas, siempre opinando de mi apariencia o como vivo, no dejan de ser un incordio. Por más que no digan ninguna mentira, me niego a dejarles a ellas decirlo. Solo yo puedo decirlo... y quizás Komachi también, ¡pero ese no es el punto! El punto es que me quiero vengar.

¿Y cómo haré eso? Seguro te lo estás preguntando, querida esquizofrenia mía. La solución más extrema sería hacer que esas dos aparezcan 'mágicamente' en Corea del Norte, preferiblemente frente al siempre venerable lider supremo, dueño de mis temores cuando viajo en avión. Pero si bien tengo contactos, creo que eso sería muy extremo, incluso aunque no me caigan bien.

La otra opción muchísimo más razonable es venderlas a un Culto de Corea del Sur que están invadiendo mi amado país, pero... como eso se hace aquí, en algún momento puede que Yui se dé cuenta de lo que he hecho y me trate mal un par de semanas. Eso no lo puedo permitir. Con todo lo que estoy viviendo debido a mis estudios y a cierta persona estrellada que en cualquier momento volverá a aparecer, necesito que Yui me brinde momentos agradables.

Pero bueno, sin ambas opciones principales disponibles, solo puedo ejecutar la muy lejana tercera opción, una que es un poco dolorosa. Me estoy perforando la piel incluso.

—Ugh. Papá no me enseñó bien esto— Entre que él está casi tan muerto como yo un domingo a la mañana pero todo el tiempo y que él se sintió un poco incómodo porque se ve que momentos padre-hijo no son su fuerte, no aprendí bien. Tampoco es que me esforzara lo suficiente porque preferí usar una máquina de afeitar que rebajara lo justo y necesario, pero... bueno, esto es por mi venganza.

En el espejo, aparte de pequeños cortes desagradables a la vista y mis ojos más estrechos de lo usual, vemos a un Hikigaya Hachiman con la piel tan limpia como la de un bebé pescado. Pasando mi mano por las partes no lastimadas, sentí una suavidad sin precedentes. De verdad esta máquina es un arma mortal. Un niño podría cortarse con esto.

Tal vez dos veces.

—... Bueno, por lo menos no fueron cortes fuertes. Apenas se rasparon— No es la mejor imagen, pero tampoco la peor. Solo espero que no me dejen manchas: esas cosas solo te hacen ver más masculino en la ficción estadounidense. Aquí, en la tierra del Arroz en sus millones de variantes, o te ves como un cantante de pop o eres un ser abominable. O peor: un extranjero que no habla inglés.

Feliz de que la tortura terminó, me envolví bien con la toalla y salí del baño. El nuevo shampoo huele bien y me dejó la cabeza bien fría. Si logro en algún momento tener las ganas de irme a correr una hora para ejercitarme, no hay duda de que seré un hombre relativamente superior al promedio.

Y cuando lo sea, ¡solo yo podré tirarme abajo! Ansío ver como lloran ustedes dos, chismosas de cuarta. ¡Lloren de la impotencia, como sus novios al verles en la habitación!

Mientras me secaba en la comodidad de mi habitación que solo es mía y no puede entrar nadie más porque yo lo digo, Hoshino-san. Deja de atosigarm... Ejem, si, mientras me secaba y solo me quedaba esperar lo mejor en las notas que me fuera a sacar, mi mente, traicionera como ella sola, me hizo girar en dirección a la que siempre quería que apuntara esa Idolo de ojos peculiares.

Estos días no la he visto. Lejos de ser por ese momento personal que terminamos teniendo, fue que a ella se le agotaron las posibilidades de tomarse un descanso. La vida de una celebridad es dura y la competencia aún más. Si deja pasar el tren, la vida la va a comer... o eso fue lo que dijo que su jefe quería que me dijeran. En resumen, se acabaron los encuentros de 'estudio' hasta nuevo aviso.

Eso, como era de esperarse, me trajo una paz bien recibida. No me desagrada Hoshino-san y admito que una pequeña, muy pequeña, MUY, apreció algunos momentos que tuvimos. Yui es mi amiga más cercana, y es por eso que, con el tiempo, se terminó amoldando a mí. Ella cedió en algunas cosas por mí y yo lo hago por ella. Encontramos, en nuestra ya larga unión, un equilibrio sano.

¿Hoshino-san? Lo manda a volar de una patada giratoria hasta Costa Rica. Ella es otro ritmo.

Su ritmo, para ser específicos.

No es que me enoje eso de ella... Bueno, quizás un poco, pero mis experiencias pasadas con gente similar me ha hecho más receptivo a ese tipo de actitudes. Hoshino-san no es muy diferente a Isshiki Iroha en cuanto a imponerse ante mí se refiere. No me agrada mucho eso, pero tampoco me desagrada lo suficiente. Es como... un poco nostalgico, si tuviera que decir algo. Se siente como volver a Sobu.

No diría que es algo que me muero por vivir, pero... no estuvo tan mal.

Sonriendo ante mi estúpido pensamiento fue que me empecé a vestir para ponerme a malgastar mi tiempo. Como es domingo no tengo que ir a ningún lado y Yui decidió que quería pasar tiempo con sus amigas. Ebina luego me dijo que en realidad Miura se esforzó mucho en no incluirme en sus salidas, pero son detalles. No es que me muera por tratar con ambas precisamente.

Sin estudios, sin planes y sin Hoshino-san, oficialmente tengo la oportunidad de actuar como un vagabundo sin oficio ni beneficio. ¿Y saben? Eso no suena mal: sonriendo aún, solo que más porque de verdad me fascina mi genio, agarré la novela que tengo pendiente de mi mesa de trabajo y me fui a leer al sofá. Más bieb, me tiré como si fuera una marioneta rota en él y empecé a leer en una posición incómoda pero gratificante.

Ah, seguro que me va a doler después, pero esto vale la pena. Poniéndome al día con las desventuras del pervertido con el Dragón Rojo en su brazo, no pude evitar preguntarme la extraña fascinación de la mente humana por leer basura. Porque esto es basura, pero aun así solo de terminar este volumen una expectación me inunda. Creo honestamente que todo hombre tiene que leer basura de vez en cuando.

Leer Kingdom está bien, pero leer solo Kingdom suena muy aburrido. Además, no podrás valorar lo bueno que es si solo lees obras similares. Al menos, como lector algo veterano, esa es mi opinión en el asunto.

—Veamos, ahora aparece la Dragón superpoderosa que, como no, es una niña. Bien, bien...— No es que me fascine el personaje o su diseño porque yo siempre he sido más fan de las que son legales según mi edad, pero bueno, no es que tampoco tenga a alguien aquí para juzgarme. Hoshino-san, si llego a ver que tenía este libro, no dijo nada... lo que es una pena, porque me habría ahorrado momentos incómodos.

No me está gustando mucho lo mente abierta que son los jóvenes de hoy en día. Esto debe ser culpa del Primer Minis-¿?

...

—... Mierda—

Alguien está tocando la puerta... ¿En esta hora, en este lugar, en esta economía, en este contexto social, alguien se atreve a tocarme la puerta? Que descaro. De verdad que sí. Creo que tienen bien merecido ser ignorados y que crean que no estoy aquí. A menos que empiece a gritar que no he pagado la renta, en cuyo caso el plan es hacerme bolita hasta que papá me envíe el dinero que falta.

Aunque creo que ya pagué, ¿no? ¿Entonces por qué estoy teniendo esta conversación?

—Hikigaya-san, sé que está ahí. Por favor abrame. Es importante—

Ah... Ya recordé.

Enojado, frustrado y un poco asustado de que esa mujer viera lo que tengo entre manos, me senté mientras dejé la novela convenientemente debajo de una almohada. Levantando un poco la voz, traté de espantarla. —No sé quién seas, pero le advierto que he ido al gimnasio tres veces en los últimos tres años. No me provoque—

Suspirando visiblemente, la mujer pareció perder años de vida. —Ja. Ja. Ja. Muy gracioso, Hikigaya-san, pero usted ya me conoce. Soy la que lo salvó de esa t... pobre chica que no sabía nada mejor—

Dejando a un lado el odio ligero que destilaba su voz, me tranquilicé y molesté a partes iguales al mismo tiempo en que ahora era yo el que perdió años de vida. —Si es quien estoy pensando, gracias por ayudar a esa jovencita. Guardaré esa gratitud en el fondo de mi corazón hasta que solo sea un esqueleto... Ahora, shoo~—

Benefactora o no, ahora no estoy con ganas de lidiar con las consecuencias de Hoshino-san, en especial si la propia chica no está aquí. No me quiero meter en ese mundo lleno de mentiras y falsedades, gracias. Pensando así ya más relajado, volví a recostarme, contento porque la mujer entendió la indirecta al quedarse en silencio. Solo había paz: yo, mi novela y el sonido de una puerta abriéndose.

...

...

... ¿Eh?

—¿Qué mierda?— Sorprendido a más no poder de este desarrollo, miré detrás de mí con seguramente la mejor cara de estúpido que cualquier mujer podría ver. Dicha mujer, aparte de verse molesta por razones que no entiendo, también se mostraba un poco satisfecha mientras hacía gala a mi casa de una llave peligrosamente similar a la mía.

Golpeado por esto, ella aprovechó para sonreírme con educación más falsa que con la que te tratan los banqueros. —Ahora, sé que todos tenemos nuestros asuntos pendientes y no necesariamente queremos estar aquí, pero de verdad necesito hablar con usted, Hikigaya-san. O más bien, dos personas mucho más importantes que yo quieren hablar con usted—

Y tras eso, yo...

...

—... Voy a llamar a la policía—

Comprendí que Hoshino-san era un problema, si, pero mucho más lo es la gente que la rodea.

—¿Eh?— Tras cada milisegundo que pasaba, su rostro se iba poniendo más azul, hasta que terminó por explotar. —¡¿EEEEEEHHHHHHH?—

Mientras la mujer extraña y aterradora entraba en una ataque de pánico, fui con decisión y velocidad, sobre todo velocidad, a buscar mi celular en mi cuarto. Pero claro, como el mundo me odia porque no es yo, la mujer enseguida se recuperó del ataque. Mirándome con ojos ensangrentados hiper realistas a los que no le di importancia, de un movimiento veloz me agarró del hombro.

Y duele. Dios, como duele.

—¡E-E-E-E-Esto es un malentendido! ¡No soy n-ninguna criminal! ¡No puedes meterme presa! ¡No te dejaré ganar!— Mientras de a poco su intento de blanquear su imagen pasaban a ser amenazas directas, yo estuve más preocupado de que mi hombro dejara de ser lastimado. Las uñas largas nunca me generaron algo en especial, pero ahora no puedo evitar sentirles un jodido desprecio.

Tal vez por eso Kamakura, en el fondo, nunca me abrió su corazón.

—Todo lo que hagas será usado en tu contra. Si no quieres pasar el resto de tus buenos años luchando por destacarte con mujeres aterradoras, te sugiero que me dejes en paz... Y por favor deja de clavarme tus uñas— Odio las modas y a quienes la popularizan. Odio a la gente en general, pero recientemente he ganado consciencia de que la farandula está podrida.

Mientras pensaba aquello, el rostro de la mujer pasó a un terror absoluto, demasiado convencida de mis palabras para cuestionar el hecho de que esto se puede girar en su dirección con demasiada facilidad. Igualdades de genero a un lado, la sorpresa que era un poema en su cara llegó al punto crítico de que liberó a mi hombro de esas agujas mortales, muy seguramente con sangre.

Pero, en vez del dolor, lo que recibí ahora fue el olor a metal sudado a una distancia tan cercana de mi cara que una parte me golpeó ligeramente la nariz. Yo me quedé congelado, sin saber cómo debía reaccionar, y ella aprovechó mi momento de debilidad para hablar con un tono casi como de un malo de una película de Disney.

—¡L-La casera me dio la llave! Y-Yo no hice nada. ¡S-Si me acusas de eso, ella estará de mi lado y te quedarás sin hogar! ¿Crees que alguien como tú podría conseguir un lugar mejor en esta economía? ¡A-A-Así que yo ganó! ¡N-No soy una criminal!—

... Dejando a un lado el hecho de que ahora quiero llevarla a juicio por puro despecho, es sorpredente, de un modo casi triste, el como ella puede verse patética incluso en la victoria. Casi me dan ganas de darle un abrazo y decirle que todo va a estar bien, porque la cara que está haciendo parece la que pondría mi bisabuelo si le pudiera preguntar del 1945. Por eso, decidí ser un poco más suave en mi ataque.

—Te ves tan horrible...— Y estoy siendo sincero. Todos saben que no puedes enojarte con alguien si dice la verdad: eso me lo enseñan desde que soy un niño.

—¡KUGH!— Pero al parecer, que no se puedan enojar conmigo no quiere decir que no pueda lastimar. La verdad duele, después de todo, y soy un maestro en causarle dolor a quienes me rodean. Con la llave cayéndose frente a mis pies y la mujer pareciendo entrar en un momento de dudas existenciales, pensé seriamente en irme a mi cuarto para que la policía continúe por mí.

Pero... no puedo hacerlo.

Con mis ojos, seguro creerán que yo la ataqué. Necesito que se vea por lo menos con la capacidad de entender oraciones simples. Por eso, renuente, me agaché a su altura mientras ella comenzaba a hacerse bolita sentada en el piso y le empecé a acariciar suavemente el brazo, con solo un dedo, porque no vaya a ser que esto sea un plan para acusarme de aprovecharme de ella.

Eso sería absurdo. ¿Cómo podría ser así de idiota? Valoro la libertad, muchas gracias.

—... Dime, ¿estás bien?— Hablé con la mayor suavidad que pude reunir... que sigue siendo el equivalente a que te consuele un camionero pasado de copas, pero eh, detalles. La intención es lo que cuenta y eso.

—... No— Olvidándose de que hace un instante ella acababa de cometer un jodido delito, ahora me miraba con ojos de una mujer derrotada, que necesita un buen trago o que su novio le dé un abrazo. —Mi esposo es un idiota, esa chica no para de meterme en líos, esos niños me van a volver loca y ahora tengo que lidiar con un tipo grosero que encima se afeita mal—

... Tú tampoco eres la gran cosa, ¿sabes?

Guardándome las ganas de decirle aquello, ella pareció recupera algo de animos, en un muy mal sentido: comenzó a haber ira en esa cara relativamente bonita. —De verdad esto es horrible. ¿Por qué tengo que pasar por todo? Todo lo que quería era un novio bonito, pero estoy atrapada con ese idiota... Digo, él no es mal tipo, pero tampoco es que me lo demuestre seguido, ¿sabes? Siempre está metido en su trabajo—

Ugh, problemas de matrimonio. Genial. En cualquier momento me va a salir con niños si la sigo dejando hablar. Por eso, antes de que ella empezara a derramar más cosas de su vida como si fuera su psicologo, dirigí la conversación hacia algo relevante.

—No parece que quieras estar aquí al parecer, entonces ¿por qué está sucediendo esto? ¿Te envió alguien, o es muy importante hablar conmigo por alguna razón?—

Por favor no vengas de parte de un fan loco de Hoshino-san. No hay nada peor que un fan de una Idol: son el mínimo de lo mínimo, lo más bajo que puede caer, y eso lo que dice un otaku de novelas ligeras; sé de lo que hablo.

La mujer desconocida me miró un segundo sin entender mis palabras de una forma un poco caricaturesca, pero pronto pasó a una sorpresa que duró un segundo, para luego convertirse en una de... molestia, mientras sacaba algo de su bolsillo. Afortunadamente no fue un cuchillo, sino un... celular.

Mirando el aparato sin entender muy bien, ella lo alejó de mí para empezar a llevarlo de un lado a otro, con una cara que parecía querer estamparlo contra el piso. Mi piso limpio y que tiene debajo a un molesto anciano que parece hacer de molestarme su pasión.

—Esos mocosos... Si no fuera por mi futuro, yo...— Lo que quería decir, se lo acabó guardando, no sin terminar soltando un sonido que... creo, sinceramente, haría una niña cuando la atrapan cometiendo una mala acción. Antes de que pudiera preguntar qué se traía, ella se dejó de juegos y directamente me golpeó con su celular en la mejilla.

... No estoy feliz, ¿saben?

—¿Qu-—

—Como sea, lo que quieras preguntarme, no es importante. Solo soy una pobre mensajera. Quienes deben contestarte las preguntas son esos dos...— Nuevamente teniendo las ganas de agregar algo más pero finalmente guardándoselo, lo despegó de mi mejilla con pequeñas heridas y comenzó a teclear con furia mientras yo me preguntaba si ella ya estaba lo suficientemente estable como para llamar a la policía.

De repente, ella empezó a gruñir... y pensé, sinceramente, que me podría arriesgar.

Preguntándome cuántas mujeres llenas de si mismas conocería en mi vida antes de que los Dioses decidieran que el cliché se había cumplido, ella dejó de teclear. Esta vez ofreciéndomelo a una distancia por lo menos no invasiva, se sopló un poco de pelo que estorbaba su visión... lo que me trajo preguntas importantes, como qué diablos estaba pensando el tipo que se casó con ella.

Es linda, pero no lo vale, amigo.

—Aquí tienes. Lo que pase ahora es culpa de ellos—

Me quedé observándola un segundo, sin entender muy bien qué hacer más allá de encerrarme en mi cuarto, pero cuando ella comenzó a impacientarse mientras acercaba más su celular, barajé seriamente las opciones que podía tomar. Si valía la pena meterme en el lío de esta mujer y su aparente jefe... pero bueno, si tienen el dinero para sobornar a la casera, supongo que por ahora tengo que estar de su lado menos malo.

Suspirando internamente, agarré el aparato que pesaba más que ninguno otro, viendo con desesperación derrotista el nombre de Hoshino-san como si fuera de alguna forma lo único que tendría sentido. Llevándomelo al oído con un mal presentimiento debido a una fuerte respiración que me recordaba a un viejo pervertido, dudé seriamente de si pronunciar una palabra... pero...

—¡HABLA YA! ¡SÉ QUE ESTÁS AHÍ!—

... De repente, al escuchar una voz tan chillona, descubrí que si iba a terminar tratando con esa voz, prefería al viejo pervertido.

Sorprendido por este bizarro giro de los acontecimientos, yo modulé una expresión de suma sapiencia, dignas de un Nobel.

—... ¿Pero que mierda?—

... Pero un Nobel a la paciencia, porque después de esto me merezco sentarme a la derecha de cualquier Dios a mi elección.

—¡AAAAHHH~! ¡¿CÓMO TE A-UHGKJ!—

—Eres demasiado ruidosa—

De repente escuché una voz igual de infantil, solo que un poco, aunque no demasiado, grave, además de escucharse mucho más madura. Quizás demasiado para un tono que destila tan corta edad, pero prefiero una ligera incomodidad que un chillido de perro salchicha taladrándome el oído.

—...—

Aun así, no encontré en mí respuesta alguna. En frente mío la mujer desconocida decidió que era un buen momento para hacerse finalmente una esfera cuasi-perfecta, dejándome a mí lidiar con esto... pero, si estos eran los jefes a los que servía, creo que puedo entender qué la llevó a volverse así de histerica. Casi me genera simpatía.

Casi.

—Si, perdonala a ella. Es un poco tonta, pero es una buena chica— De fondo pude escuchar gritos furiosos que decían palabras que horrorizarían a cualquier madre. Sin importarle la migraña que me estaba generando esto, el niño siguió como si nada. —Sé que no empezamos de la mejor manera, pero me gustaría presentarme. A ambos de hecho. Somos-—

—¡MISERABLE! ¡¿QUÉ LE HICISTE A M-¡KUGH!— Tras que un sonido que sonaba como piel chocando entre sí, hubo un segundo de silencio que lentamente se convirtió en un sonido familiar. Uno que, a pesar de la situación, todavía me toca una fibra sensible. —E-E-Eres muy malo. ¡E-Eso me d-dolió!—

La respuesta del niño fue, primero que todo, cubrir el celular para que no se entendiera lo que dijo al parecer, porque de repente todo solo fue volver a sentir ver televisión en la casa del abuelo. Sin distinguir muy bien de qué hablaban, pude por lo menos vislumbrar que el niño hablaba con un tono molesto, pero que guardaba un poquito de compasión: solo un poquito.

A la niña no le entendí nada, pero porque, a juzgar por esos ruidos que le partían el corazón a uno, se estaba aguantando las ganas de llorar. No obstante, tenía la madurez suficiente para al menos tratar de hablar en lugar de romperse, por lo que esa madurez no necesariamente es algo único del niño.

—...—

Si bien no estoy de acuerdo con lo que está sucediendo del otro lado, tampoco soy tonto: aunque creo que todos los hermanos se deberían amar en cierto grado, el cariño y la forma en que lo expresábamos con Komachi no era la esperada. Aunque de niños no nos llevamos tan bien, nunca se me pasó por la cabeza golpearla ni ella me dio motivos para ello.

Pero es algo común entre hermanos. Me lo han contado y lo he visto, así que... por lo menos me contento con que ese cariño se escucha. No está bien golpearse, pero si son niños, seguro que con el tiempo se las arreglarán: mientras haya cariño, yo al menos creo eso.

Mientras tenía esos sentimientos complejos productos quizás de sentirme algo emocional por mi última charla con Hoshino-san, lo que sea que hablaron se terminó arreglando. Aunque aún escuchaba a la niña respingar un poco, por lo menos solo me generaba una pequeña molestia. Tosiendo falsamente para hacer como que nada pasó, el niño volvió a hablar.

—Me disculpo de verdad. Tuve que tomar... medidas drásticas, pero le aseguro que somos buenos niños. Ella más que todo. Solo estamos... un poco alterados— Diciendo eso último con un ligero tinte acusatorio, no me costó mucho hilar los hilos, mas el motivo por el que existían en primer lugar me sobrepasaba.

—... Es bastante obvio que son algo de Hoshino-san. ¿Su familia, tal vez?— Eso último que dije generó que la niña pegara un grito de sorpresa que delató de inmediato sus intenciones. Mientras el niño decía algo tan chistoso como 'Ruru' con una seriedad genuina, yo decidí proseguir con mis adivinanzas. —Con eso aclarado, ¿qué son de ella exactamente? ¿Primos? ¿O algo más?—

—Si, somos primos de Ai. Primos lejanos— Respondiendo con un poco más de rapidez de la cuenta, el niño prosiguió. —No creo que ella quiera que sepas estas cosas y tampoco queremos decirlas, pero a pesar de que somos familiares lejanos, hemos convivido un montón en el pasado con Ai. Somos muy cercanos—

—Puedo verlo...— Solo eso podría explicar como se atrevieron a cometer un delito así. —Sin embargo, que un par de niños hayan hecho esto es sin duda impresionante. Supongo que lo excepcional de Hoshino-san viene de familia—

Y de su dinero también. No me quedó muy claro cuales eran los origenes de Ai en la escuela, pero no me extraña que sea de una familia con cierto nivel de dinero o prestigio. Mujeres como ella suelen nacer para triunfar, pero soy de los que creen que de dónde vengas influye demasiado. Más allá de ser grosera, recuerdo que ella tenía buenas notas: nacer con dinero es lo último que le falta para completar el combo de chica perfecta.

—Si... Podríamos decir que sí...— No sonando del todo convencido, este niño demostró también tener una modestia impropia de su edad. No hay duda de que debe ser un prodigio o algo así.

Pero más importante que alabar a este niño...

—Aunque ahora estoy más tranquilo porque resultaron ser solo ustedes, quiero que sepan que lo que hicieron no es una broma. Esto es peligroso, ilegal y se pueden meter en muchos problemas— Tratando de sonar firme, como un adulto debería, quise dejarlos claro que esto no es cualquier cosa. Que, en otras circunstancias, con otro tipo, esto fácilmente pudo acabar muy mal.

Pero por más debilidad que tenga por los niños, esto sigue siendo una mierda. Necesito dejarlo claro.

—...—

—No sé qué hacer, la verdad, pero antes de tomar una decisión, quiero escuchar qué los motivó a hacer esta tontería— Sonando un poco más indulgente, continué. —Si tienen un buen motivo para haber hecho esto, quizás considere dejar esto en secreto—

Con ustedes: algún día me voy a vengar de la casera. No sé cuándo ni cómo, pero no es una promesa, sino un aviso.

—... Le agradezco profundamente su comprensión, Hikigaya-san— No captando mentiras en su tono, hice un sonido leve de asentimientos mientras le daba pie a explicarse. —La verdad es que... aunque no podemos comunicarnos con Ai tanto como querríamos, la queremos un montón. Y... recientemente, en una de nuestras visitas, notamos que ella está... diferente—

—... ¿Diferente en qué sentido?—

Por supuesto que es bueno esto, o al menos debería serlo. Si Hoshino-san me quiso de tutor fue para ser diferente, ¿no? Entonces no debería haber problema... pero, por otro lado, Hoshino es una experta en mentir debido a su profesión, y no hay duda de que muestra otra cara cuando está con gente de confianza. Con extraños uno siempre tiende a dejar ver su mejor lado.

—Ella... ¿Cómo decirlo...?— No sabiendo bien qué decir, o quizás solo no atreviéndose a soltarlo, el niño se tomó un tiempo corto antes proseguir. —Ella está más... pensativa. No es que no piense, pero... notamos que nos ve de forma extraña, como si quisiera decirnos algo pero sin salir nada. Y también siento que ella... se ve menos feliz—

... Suspiré en el mundo real mientras me llevaba la mano libre a la cabeza, porque de verdad necesitaba, ahora más que nunca, que este domingo se sintiera como tal. Esto es comparable a toda la tarea que me dieron hace un par de días.

—Mira, tú... familiar de Hoshino-san— No sabía su nombre y la verdad no me apetece saberlo. Tampoco creo que me lo diga. —La verdad no sé mucho de Hoshino Ai y ella nunca ha mencionado nada de su vida personal. Bien puedes estar mintiéndome o en realidad ella te odia. Espero que entiendas lo sospechoso que se ven ustedes tres—

—Yo... lo veo, señor—

La mujer enfrente mío hizo un leve sonido que se sintió como una queja, pero ella puede chupar limón por todo lo que me importa.

—... Pero, a riesgo de pecar de ingenuo debido a que eres un niño, creeré que te preocupas en el fondo por tu prima. Tienes más derecho de saber esto que yo, la verdad, pero espero que luego le cuentes a tus padres lo que hiciste. Hazlo y podemos olvidarnos de todo esto...— Dudé de eso último debido a que el riesgo de que esto vuelva a ocurrir si les da la gana no es cero, pero creamos un poco en la juventud.

Hubo una pequeña conversación entre los dos mientras el niño volvía a tapar el sonido con sus dedos. Mientras pasaba eso, miré a la mujer extraña y un poco volatil todavía siendo todo eso, pero ahora más calmada. Ahora me miraba con sentimientos extraños, aunque no negativos. Me veía con... no lo llamaría orgullo, pero algo cercano a ello. Como si fuera un adulto responsable que tomó una buena elección.

... Alguno de los dos tiene que serlo.

—Yo... Ambos entendemos, ¿verdad, Ruru?—

—S-Si. ¡Ahora habla... p-por favor!—

Negué con la cabeza: por más que la madurez fuera compartida así fuera a nivel desigual, el respeto era tan disparejo que la balanza destruyó la mesa.

—De acuerdo. ¿Qué quieren saber primero? Ah, y sepan que puedo dar mi opinión en vez de un hecho: si son tan maduros como creo, deberían entender esto—

—Lo entendemos—

—¡HABLA... S-Señor!—

Dios, esa niña es tan...

—... No conozco mucho a Hoshino-san y no sé cómo es con ustedes, así que primero vamos a la información— Tomé un respiro necesario porque, de verdad, lo que voy a decir ahora es vergonzoso y complicado para un niño a partes iguales: tanto que prefiero comer chocolate de wasabi.

—...— Hasta la mujer se quedó curiosa mirándome.

—En pocas palabras, no sé por qué yo ni tampoco cómo lo haré, pero Hoshino Ai quiere que le enseñe a amar. De una forma más a mi estilo: 'genuina', si se me permite decirlo. Quiere amar de forma diferente, al menos, creo, con personas que definitivamente no son fanáticos cualquiera.

—...—

—...—

—...—

... Si solo tengo un par de ojos mirándome, ¿por qué siento que son seis?

—... Si se me permite opinar, creo que la vieron más pensativa porque, de hecho, está pensando en todo lo que le dije. Y si está más infeliz... aparte de las sospechas obvias hacia mi persona, ¿tal vez solo está intentando verse más... natural o algo así? No sé cómo sea con ustedes, pero conmigo siempre muestra una cara perfecta. Quizás, en cierto grado, lo hace con todos—

—...—

—...—

—...—

... De verdad esto es lo peor que he experimentado desde la secundaria. ¿Cuando volví a tener trece años?

Justo cuando pensaba seguir hablando para ver si algo de lo que decía lograba hacerme sentir menos mal...

—... ¿Pero qué mierd-—

—¡Ruru!—

—¡Deja de llamarme así!—

... Estos dos niños comenzaron a pelearse y la mujer me miró con ojos extraños, como si me estuviera acusando de un delito que quizás no cometí.

De verdad odio el mundo del espectáculo. Por eso el manga y anime son el medio superior de Japón.


—Chiiii~—

—...—

—Chiiii~—

—... Ruby, ¿por qué me estás mirando como si hubiera hecho algo malo? Esto no es mi culpa—

—... Chiiii~—

Suspiré ante la inmadurez de mi compañera en esta cruzada, tristemente la única aliada con la que podía ser sincero al completo. Miyako-san estaba preparando la leche para ambos en la cocina, pero seguro con una cara que no es feliz. Tampoco triste, sino... rara. Si, rara, como todo lo que ha pasado últimamente. Esta situación es un maldito desastre y lo peor es que no veo una solución a corto plazo.

La verdad, habría preferido seguir hablando con Hikigaya-san incluso ahora, pero lo que terminó contándonos lo hizo imposible. Traté de guiar la conversación hacia un rumbo productivo, pero Ruby lo hizo imposible y, según Hikigaya-san, Miyako-san no ayudó a su comodidad. Prometiéndome que volveríamos a hablar después, cuando todo se calmara, fue que me fui no del todo amargo.

Pero estoy amargado. Mi boca sabe horrible, me duele la cabeza y Ruby no está ayudando con esa mirada. Sé que ella es una fanática de Hoshino Ai: yo también lo soy, así que entiendo de donde viene, pero ¿por qué tengo que ser yo con quien se desquité? No me parece justo. Si no fuera por mí, todavía seguiríamos en blanco con todo esto.

... Aunque saber esto no sé si fue mejor...

—... Aqua, tienes cara de estar pensando. ¿Ya se te ha ocurrido algo que hacer? Sino no entiendo porque estás tan tranquilo. ¿Acaso odias a mamá? No la odias, ¿verdad, Aqua-kun? No, Aqua-san. Aqua-yaro— Ante semejante exhibición de odio, solo pude mirarla con un poco de asco. Más que una hija, Ruby ahora mismo me recuerda a los fans más rancios de las Idols.

Me pregunto si yo me veía así cuando era Gorou... Negando internamente con la cabeza, traté de, como al parecer era mi trabajo, encarrilar este tren a punto de estrellarse.

—... Primero, aleja tu cara de mí. Me llega tu respiración— Y no es que huela precisamente bien. —Segundo, por mucho que estés desesperada y creeme que yo también lo estoy, hacer algo precipitado nos va a llevar a la ruina. Lo mejor es pensar un plan que tenga la menor probabilidad de fall-—

—¡PERO MAMÁ...! ¡ELLA SE ESTÁ C-CONTAMINANDO!—

—...—

Ruby es mi hermana en esta nueva vida, pero estamos lejos de tener una relación como tal. Por supuesto que trato, a mi modo, de ser un adulto responsable de la que creo es una adolescente o una veinteañera posiblemente hikkikomori, pero nada más allá de eso. No somos hermanos mentalmente hablando y por eso no tengo reparos en tenerle un poco de desprecio a lo que está diciendo.

Ai... Si bien como su hijo debería tener un poco de peso en lo que ella hace, como antes fui Gorou, no lo puedo hacer. Es más: como dependiente de ella en todo sentido, ella tiene derecho a hacer lo que quiera y yo solo lo puedo aceptar. Si ella quiere relacionarse con ese hombre, por más que sea riesgoso dado su trabajo, solo puedo mirarla y desearle lo mejor. Quiero que ella sea feliz, y si lo quiere ser así, entonces está bien...

...

Pero... aunque no sea por las mismas razones de Ruby, yo...

—Ruby, yo tampoco quiero que esto continue. Nadie quiere— Quizás ni siquiera Ai del todo, pero eso ya es suponer mucho.

Ruby pareció calmarse un poco cuando le dije. Todavía tenía los ojos dilatados, pero sentí en ella un poco de cariño. Camaradería más bien: lo que sientes cuando encuentres otra alma que comparte tus pensamientos o vivencias. Es una mirada que, de una forma que sé está mal, me alegra. Me alegra que ambos y al parecer también Miyako-san no queramos que esto siga.

Yo... yo de verdad soy egoísta...

—...—

—Pero hacer un movimiento precipitado no es una buena idea. Para empezar, ¿qué podemos hacer? ¿Revelar estas reuniones a la prensa? Aparte de que eso podría destruir su carrera, ese tipo no se merece ese hostigamiento mediático. A sus ojos él no está haciendo nada malo, y tienes razones para creerlo si lo que dijo es cierto—

'Ella me pidió'... Dijo que no sabe cómo o por qué, pero que así fue. Ella dio el primer paso por... razones y él solo correspondió como un favor.

Por supuesto que es sospechoso y no hay que creerle del todo. Puede que estemos ante un manipulador que se está escondiendo como un tipo normal. Quien sabe si en su habitación guarda un altar a Ai o algo peor. Si lo que nos dijo Miyako sobre él es cierto, su apariencia no es precisamente la mejor y sus ojos son especialmente horribles. A riesgo de presuponer demasiado, podría ser de esos otakus tristes y solitarios.

No agraciado, solitario según lo que Miyako descubrió 'hablando' con sus vecinos, hogar mal cuidado: he visto ese patrón demasiadas veces cuando era más joven. Diablos, yo mismo en cierto modo lo fui en algún momento. Me obsesioné muy fuerte con Slayers en su momento.

Me moví en círculos extraños, pensé cosas fuera de lo normal, compré tantas cosas... raras: en definitva, conozco a los de su tipo y sé lo peligrosos que pueden ser cuando hay una chica en el medio, especialmente una tan hermosa como Ai.

Hikigaya Hachiman es un peligro, y debe ser detenido.

—Kuh... T-Tienes razón, pero aun así...—

Suavizando mi expresión, traté de, nuevamente, jugar a ser una especie de hermano mayor. —Por ahora tratemos de saber mejor quién es él y cómo es su vida más allá de Ai. No podemos hacer nada sin tener pruebas primero y tampoco podemos ir pensando lo peor de las personas. Ai no querría que pensemos así de la gente, menos de... él, si es lo que... creemos que es—

Eso último lo terminé soltando con un poco de... no desprecio, pero algo más parecido que diferente. Ruby se veía frustrada, con ganas de decir muchas más cosas, pero se lo guardó y se dejó alzar por una Miyako todavía ida, pensando en un montón de cosas en esos ojos apagados.

Al menos podemos contar con que intente sacarle respuestas a Saitou-san, que le diga a ella y por extensión a nosotros, en qué diablos pensó al permitir que Ai se relacione de esa manera con un hombre. ¡Uno mayor encima! Esos son los peores.

Mientras Ruby tomaba la leche sin ganas, me pregunté, por centesima vez en la hora, qué diablos está pensando nuestra madre para enamorarse y buscar enamorar a un universitario humilde, casi que un 'chico malo', que es también un presunto perdedor.

Tomando mi leche a la fuerza, traté de meterme en la mente de Ai, de entender qué la pudo haber llevado a hacer todo esto.

...

... Si, estoy en blanco.


Bueno, un capítulo que creo fue menos increíble de lo que pudo haber sido, pero que sin duda me divertí. Necesitaba centrarme más en el lado OnK de la historia y creo que esta manera fue la mejor. Los pequeños no iban a no meterse y esperen más de ellos con el tiempo. Ahora deberíamos centrarnos un poco más en Yui, el pasado de Hachiman y ya ahí volveremos a centrarnos muchísimo más en Ai.

Tengo que hacer valer a Yui entre los personajes más importantes, ¿saben?

Por lo demás, un capítulo divertido de escribir, más en su segunda mitad. Espero que hayan disfrutado leer mis desvarios y nos vemos, espero, en menos de un mes. Ahora no debería tardar tanto en actualizar.

En fin, al comentario.

Guest:

Tranquilo, que esto sigue. Más allá de nadie/casi nadie comente, disfruto haciendo esta historia. Me permite relajarme e intentar explorar cosas que no suelen ser mi fuerte. Gracias por comentar.

...

Bueno, cuídense, ¿si?