Disclaimer 1: Fanfic sin ánimos de lucro. The Loud House es creación de Chris Savino, propiedad material de Nickelodeon Intl, y está bajo licencia de Viacom International Media y Jam Filled Entertainment.

Disclaimer 2: Los materiales referidos y/o parodiados son propiedad intelectual y material de sus respectivos creadores.

Aviso: ninguna relación con La Novena Hora.

Un teorema sin resolver

I

Verde, blanco y naranja libres

Royal Woods, Michigan

4 de julio de 2031

4:42 am

La habitación de Lisa Loud

Las cosas con cada Loud saliendo se habían complicado un poco para Lynn y Rita.

Cuando las cinco mayores salieron al mundo, Lynn a menudo era el lacrimógeno. Rita, por su lado, tuvo que mostrarse fuerte, en especial con la partida de Luna a los 17 alegando que la escuela no le serviría de nada para enfocarse en su meta. El pleito terminó con un padre deshecho y con los siguientes en cintura como pocas veces, y para cuando Luan y Lynn salieron (ambas durante la pandemia por Covid-19, con un significativo retraso por las restricciones a viajeros en 2020 y el asunto de la viruela de mono en 2021, a los habituales temores del padre se sumó la histérica reacción por la que tuvo que ser sedado.

En el ínterin, Lincoln. Él, más por causa de varias relaciones personales que por otros motivos, postergó su salida de Royal Woods para ordenar un poco su vida por tiempo indefinido. ¿La razón? Solo él la conoce, pero a juzgar por lo que dijeran Jordan Rosato y Rachel Hidalgo (ya que después del segundo grado en la preparatoria le perdieron el rastro a Mollie Nordberg), a Lincoln le resultaba difícil separarlo de las menores.

De ahí, a partir de Lucy las lágrimas fueron sobre todo para Rita. Lucy, en particular, fue un dolor de cabeza, pues gracias a ella las últimas ocho casas y laberintos embrujados en Halloween resultaban bastante más aterradoras que la tradicional Casa de los Sustos de la calle Olive. Con las gemelas, era imposible aguantar que ambas tuvieran que separarse, pues Lana se iría a estudiar veterinaria en Florida (aprovechando que los abuelos Reynolds y Leonard estaban pasando allí su retiro en compañía de Leni y Gavin) mientras que Lola haría lo propio con su carrera de modelaje, lo que nos dejaría con tres Loud en casa.

Para empezar, Lily. Ella tuvo bastantes problemas de conducta que la directora Bernardo (sonaría raro, pero por acusaciones de desvíos de dinero en 2029 la directora Rivers fue removida y la antaño actriz y dramaturga fue la opción más viable, amén que necesitaban que se alejara de las actividades teatrales) no aguantó y, a poco de graduarse, una broma que implicó media docena de cerdos a mitad del partido de fútbol a los que alimentó con trufas y un perfume con aceite del mismo hongo sobre los jerseys del equipo provocó que la expulsaran. Por lo mismo, y ante la imposibilidad de que pudiera encontrar acomodo en otros lados, no tuvo de otra más que empezar a pagar renta y buscar empleo en el gimnasio de la tía Sharon… costaría creerlo, pero ella encontró a Lance en plena infidelidad con una antigua amiga de Leni, Fiona, y eso no lo pudo soportar, lo que incluso obligó a Lynn a cerrarle la puerta a su hermano cuando, en plena borrachera, se le fue encima a Rita en el cumpleaños diecisiete de Lincoln, motivo por el que llegó a cuestionarse incluso quién fue el padre de al menos tres de los chicos.

Siguiente en la lista, Lincoln. Fuera de su situación ya expuesta, no hay gran cosa. Acabando la preparatoria y siendo quien tuvo que leer el discurso de fin de cursos en vista de que Clyde se intoxicó con una bouillabaisse estilo Boston, Penelope Pessin se presentó indispuesta y Linka Solokov, la estudiante de intercambio, tuvo que salir del país por asuntos de familia. Después de eso, se tomó el sabático y dividió su tiempo entre el restaurante y cualquier asistencia que las hermanas que lo requiriesen le ocupe. Ello, por desgracia, devino en acusaciones de algunos compañeros. En concreto, Chandler, quien lo acusó de tramposo en la votación para Rey de la Promoción de 2023 aún cuando el peliblanco hizo campaña para que nadie votase por él. Algo absurdo, pues a él le importaba un cuerno eso y prefería producir el noticiero escolar, que tan buena aceptación tuvo en la preparatoria como en secundaria.

Sobre su situación escolar, en el primer intento sus dos mejores prospectos (Artes y Diseño en la Universidad de California Los Angeles y Administración en Syracuse) lo rechazaron por un "perfil bajo", mientras que su última opción (Pedagogía en la estatal de Michigan) elevó su costo y eliminó la mitad de su padrón en el sistema de becas para aumentar la presión sobre sus beneficiarios. Ello lo orilló a tener que cursar a distancia y en sistema abierto, a partir del año siguiente, para la última, en parte debido a su natural propensión a tratar con niños y todavía hasta adolescentes. Y siendo que apenas pasó un año desde que terminó sus estudios, estaba en pláticas con la superintendente Chen para empezar como suplente en la primaria de Huntington Oaks.

Última, y no menos importante, Lisa. La castaña y (por decisión propia) poco agraciada Loud se dispuso a buscar el retiro sin siquiera tener que haber trabajado formalmente un solo día en su vida, dedicándose en parte al desarrollo de vacunas y tratamientos por un lado y al desarrollo de algunas invenciones que, esperaba, le permitieran tener total libertad financiera antes de los veinticinco. Ya que desde hacía años abandonó cualquier pretensión sobre conformar parte de una especie de Senado Galáctico al no haber pruebas de vida inteligente que quisiera hacer contacto -en parte merced de un incidente provocado por un aparato de los Gurdle y del que decidió que lo mejor era aplicar un muy concienzudo borrado de memoria, en especial con las víctimas-, centró su labor en la salud y el avance científico a como diera lugar.

Por desgracia, eso mermó muchísimo sus habilidades sociales, y en eso era social y, cosa que ella intentaba reprimir, emocionalmente dependiente de Lincoln. Y de hecho estaba haciendo una pequeña actualización a su investigación fecal cuando Lincoln hizo acto de presencia en su búnker.

-Toc toc -anunció Lincoln, algo soñoliento.

-Deberías estar dormido -apuntó Lisa, algo cansada, sin quitar los ojos de la pantalla de una vieja laptop reconfigurada-. Y más importante, no deberías estar aquí.

-Quince años y sigues teniendo problemas para cambiar tu contraseña -alegó Lincoln-. Y siempre es tu cumpleaños, el mío o el de Darcy en cualquier formato.

-Sabía que debí…

-¿Cambiar el orden de los unitarios? Por favor -resopló Lincoln-. Lo intentaste hace tres años cuando probaste el cumpleaños de Darcy y resultó que solo intercambiaste los del mes. Y te consta que me había hecho algo predecible.

-Por favor, limítate a dejar tu mensaje, primate, antes de que vuelvas a tu ritual de onanismo matinal de las cuatro -contestó Lisa.

-¿Y darte material genético para tus investigaciones de eugenesia familiar? No, gracias -agregó burlón el chico-. De hecho vine a pedirte refugio por esta noche.

-¿Y por qué crees que pensaba dártelo?

-Asómate y verás.

Dejando de lado su estudio, Lisa se apresuró en trepar la escala que daba acceso a su búnker y, sin importarle mucho el contacto con el cuerpo delgado de su hermano en el estrecho tiro, asomó la cabeza por el hueco, mirando hacia donde debía de estar el que antaño era la habitación de Lisa y Lily y que ahora era el estudio de su madre. En su lugar, había un enorme boquete de madera astillada y telas rasgadas de al menos medio metro de diámetro.

-Dime que fuiste tú -pronunció Lisa, esperando a que fuera producto de la estupidez del peliblanco.

-Quisiera llevarme el mérito, pero está vez fue cosa de Lynn -respondió Lincoln, algo atribulado al señalar el escritorio de Rita en el suelo, hecho ahora astillas y metal doblado.

-¿Cómo fue posible eso? ¡Eran ochenta libras de roble! -exclamó Lisa, perturbada- Y eso sin contar el peso extra.

-Lily la retó a qué no podía alzarlo más de veinte pulgadas del suelo -dijo Lincoln, escueto.

-Con razón… -suspiró Lisa, frustrada-… ¿y por qué tú petición de refugio?

-Lynn usó mi cuarto como armario. Tiene un par de horas que llegó.

-¿Y nuestros padres?

-Mamá se quedó con el abuelo, papá sigue como jurado.

-¿Los destrozos de Reininger's del pasado Viernes Negro siguen sin resolver?

-No creerías lo que la señora Carmichael tiene que aguantar desde que la acusaron de abusar de una menor -suspiró Lincoln-. Creí que ella era heterosexual, pero…

-Aprecio tu interés en compartirme información delicada, pero lo único que quiero es terminar con mi actualización de mis registros fecales -rehusó Lisa, buscando bajar de nuevo e ignorando el roce de sus posteriores con la entrepierna de él para poder hacerlo.

-Ya van a dar las cinco -aclaró Lincoln.

-¿Tan tarde?

-O temprano, da igual -riñó Lincoln, un tanto divertido-. Deja eso, te hará bastante mal si te desvelas así.

-¿Y cuál es tu plan? -cuestionó Lisa, bajando ya libre del contacto humano.

-Primero… esperar a que bajes -indicó Lincoln, bajando tras ella-. Luego, guardar y apagar tu laptop…

-¡Eso es privado! -exclamó Lisa, queriendo hacerse la molesta cuando en realidad se sentía más bien divertida, puesto que le gustaba que Lincoln se pusiera así a veces, en un plan tan infantil que solo lo calificaba de "bobo", en cuanto Lincoln guardó y cerró la laptop.

-… ¿y por qué no? -añadió Lincoln, algo condescendiente mientras la alzaba sobre sus brazos-, cargarte como cuando eras niña hasta la cama…

-¡Uy! Ora… -jadeó exaltada Lisa, sorprendida y abrumada antes de ser depositada sobre uno de los camastros.

-… ¡y hacer esto! -remató el chico, descubriendo el abdomen algo abultado de Lisa y empezando a hacer pedorretas, mismas que le sacaron una tremenda carcajadas que, con facilidad, podrían haber despertado a Lynn aún con el grueso aislamiento del búnker de por medio.

Lincoln había sido muy claro desde el principio. Por mucho que haya estado para sus hermanas menores, Lisa siempre ha sido, por mucho, una de las más cercanas, y si no fuera por el simple hecho de que ella era siete años menor y el obvio lazo sanguíneo, bien podría pasar muy por alto toda intrusión… incluso a su intimidad.

Durante el resto de la noche, que para ellos fue hasta las siete, se la pasaron viendo La Patrulla de Protección Planetaria Vol. 2. Y muy a pesar de que las luces del día no los alcanzaban todavía, al poco rato de quedarse dormidos Lisa se acurrucó contra el pecho de Lincoln.

Un bonito cuadro de convivencia fraterna no podía durar mucho. Lynn, a la postre retirada del deporte por una lesión en el tendón de Aquiles que la marginó del clasificatorio nacional para los Juegos Olímpicos de Brisbane, fue a despertarlos, aunque contrario a Lincoln el hecho de haberse ido la dejó un poco fuera de sintonía con el resto. De tal modo, en un punto que le perdió un poco el rastro se encontró con que (para ella) intentó ingresar usando su cumpleaños cuando solo usó el de Darcy la misma semana que Lincoln cortó (por necesidad) con Mollie.

Tomando impulso, Lynn buscó en la cochera el hacha de Lana y aporreó con fuerza la escotilla con tan buena puntería que rompió el panel de acceso externo e inutilizó el interno y, sin saber que otra cosa podría hacer, llamó a Emergencias.

-Es la quinta vez que nos hacen venir en 4 de Julio -recriminó uno de los bomberos que abrieron la escotilla.

-Si, de vuelta a los viejos tiempos -masculló la ahora sargento Schoffner, sacando a ambos hermanos-. Una más y juro que alguien irá a prisión.

-¡¿Se puede saber qué estaban haciendo allí?! -cuestionó molesta Rita, recién llegada del hotel donde Albert y Myrtle se hospedaron para pasar en Royal Woods las fiestas.

-Nos desvelamos… viendo una película -admitió Lincoln, bostezando.

-¿Y qué hace mi escritorio hecho pedazos?

-Ese fue culpa de Lily -acusó el chico, a lo que la menor decidió fingir demencia en respuesta.

-No sé de que hablas, Linc -replicó la menor. Yo acabo de llegar de una fiesta.

-¿Y cómo explicas que la puerta del Apestoso está abajo? -cuestionó Lynn.

-¿Cómo que mi puerta está abajo? -preguntó Lincoln, molesto.

La discusión a dos frentes, Loud hacia las autoridades y entre ellos, derivó en que Lisa tendrá que clausurar sí o sí su búnker, pues al ser una estructura de los días de la Guerra Fría alterada con fondos civiles y gubernamentales las opciones se redujeron a ceder toda investigación y cerrar la instalación a dichos fines para llevar todo a un laboratorio "más acorde" con las necesidades de quienes se harán cargo (énfasis en ello porque Lisa tendría también que ceder toda autoría) o llamar al gobierno federal para la incautación de la propiedad. Rita, obviamente, se quedó con la primera opción, pues en estos días el mercado inmobiliario se había puesto de patas arriba y conseguir una casa, aún siendo jubilado, ya no era una opción tan viable en los suburbios si no se tendría un gran poder adquisitivo.

Así, al caer la tarde, amén de que la familia había terminado los preparativos para una cena familiar en el patio de enfrente con la mayoría de los vecinos, las autoridades terminaron su trabajo e incluso avanzaron en la clausura permanente del búnker, adjunta a un citatorio para aclarar lo que se haría con el daño al terreno. Y debido a que por ello Lisa no corrió con mejor suerte, la recomendación que hiciera la policía local (en concreto un oficial que los vio con ojo crítico) fue empezar a reunir el importe de lo que podría ser una cuantiosa multa para prevenir cualquier eventualidad.

Entre tanto, Lincoln se vio obligado a ayudar en las tareas de remoción y demolición por cortesía, y no fue sino hasta las ocho que se dio el tiempo para buscar a su hermana por toda Royal Woods e incluso partes de Hazeltucky y Beaverton solo para cubrir opciones. El primero, allí se mudó Darcy sin perder el contacto con ella. En cuanto al segundo, allí se encuentra su antro de rap favorito y esa noche sería de micrófono abierto para los novatos… cosa que, desde luego, Lisa seguía siendo pese a ser aficionada al rap de la Costa Oeste.

No se llevó a Vanzilla. Para el caso, cuando intentó comprarse un auto la situación no solo no salió bien, sino que su padre y el abuelo Leonard hicieron todo lo posible para que ninguna agencia ni lote le vendiera ni una póliza de seguros en toda el área de Detroit si no aceptaba la van familiar. Y lo peor de todo, la vieja van ni siquiera ya tenía partes originales funcionales ya que el dueño de la automotriz Fungo murió hace unos años y la oficina de impuestos remató todos y cada uno de los modelos en existencia sin vender como chatarra. Por lo mismo, decidió pedalear un poco, así tuviera que arrastrar una calandria biplaza que Lucy le había hecho instalar en su bicicleta para evitarse el tener que pedalear.

Pedaleando, meditó un poco las cosas que lo llevaron a preocuparse por Lisa de esa forma. Por un momento, pensó que esa inusual preocupación sería más como reacción a una feromona que está usando en él, sugestión subliminal o incluso algún rayo hipnótico o dispositivo de control mental.

Pensó cada posibilidad como si fuera algo serio. ¿Feromonas? Si era el sujeto de pruebas, no dudaría en hacerle revertir los efectos si empezaba a reaccionar como todo un galán con algunas chicas de la ciudad. Sugestión… imposible. Incluso Lincoln admitía que es más alguien persuasivo que manipulable hasta cierto punto. La idea del rayo hipnótico era algo demasiado absurdo, y en cuanto al dispositivo de control mental, imposible. Era uno de sus proyectos más ambiciosos a los trece y acabó con las gemelas colgando por la ropa interior de los cuernos de una estatua de la vaca Tippy en Lactolandia antes de su clausura.

"Debe haber algo más", pensó consternado antes de virar en dirección a Beaverton.

.

Para cuando terminó de cargar una última memoria USB-C con la matriz de Todd 7.0 y purgó todos sus equipos de cualquier investigación hecha desde los dos años, Lisa aprovechó el trajín que la familia tenía con los últimos preparativos de la cena en el patio para escapar. Ni siquiera tomó previsión de lo que debiera tomar para salir de casa, pues pensó que el tiempo le jugaba en contra y se fue solo con lo que llevaba encima.

Contrario a lo que pudo pensar, por muy esquemática que fuera su agenda es terriblemente incapaz de improvisar fuera de su campo. No contempló que Darcy y su madre se irían de vacaciones por la temporada, su pobre intento de relación con David quedó en nada y un par más solo no se dieron porque, para variar, la mayoría de las veces que intentó pulir sus relaciones sociales tarde o temprano el tema de Lincoln salía a relucir, como para buscar opacar cualquier conversación y justificar un potencial rechazo.

¿Enferma? Un poco. ¿Enamorada? No lo ve así. Incluso si de eso se tratara, pensó, sabe que su relación con él, de tornarse amorosa, sería un delito en el estado y sus opciones se reducirían.

Su resistencia física, merced a años de presentar justificantes convincentes al entrenador de turno, no era lo que se diría la mejor de la familia. De hecho, en la preparatoria la entrenadora Hutch no dudó incluso en recomendar algunas rutinas si su supuesto "soplo cardíaco" no era corregido o atendido para que pudiera presentarse con normalidad a clase. Aunado a ello, haberse saltado el almuerzo de forma por completo involuntaria fue una pésima idea. Veía con cierto recelo que no poca gente decidió presentarse en el parque Ketcham para el evento que organizó la alcaldía, y por mucho que en los últimos años abandonó la carne roja y los lácteos casi por completo, el ver que la muchedumbre agolpada en los prados tenía ya desplegadas sobre mantas y mesas plegables batallones de perros calientes, regimientos de hamburguesas y compañías enteras de bebidas de todo tipo para redondear la noche, amén de otras delicias dulces y saladas que a esa hora y con la festividad eran poco menos que deseables. Especial atención mereció una familia que llevó, como si de un luau se tratara, un enorme cerdo que chorreaba grasa en un espetón sobre las brasas, una especie de puré de aspecto al parecer repelente pero de aroma apetecible y una suerte de bloques de haupia que desprendían un olor a coco que ya la tenían babeando.

Recapitulando un poco, se dio cuenta de que el hambre podría ser un enemigo tan traidor como el sueño. Y considerando que no hay tiendas cerca y el rápido razonamiento de la falta de educación que significa acudir a alguna de las mesas y tomar disimuladamente -tanto como podría serlo para un Loud-, todo se reduce a humillarse y mendigar o volver a casa a escuchar las severas reprimendas que tuvieran que darle sus padres y que ya estaban más que confirmadas. Y lo peor de todo, apagaron los faroles del parque y un radio de dos calles para que la luz no interfiera…

"Si tan solo hubieran hecho lo mismo en el último eclipse total de luna…", maldijo para sí, pues aquella noche de abril el cielo estuvo mayormente despejado y las condiciones eran aceptables para la observación astronómica, algo extraordinario al conjugarse con una nutrida "lluvia de estrellas" salida de materiales de desecho de cometas que habían pasado relativamente cerca del planeta en 2023 y 2024.

Decidida a irse del lugar, no se percató del ciclista atolondrado que pedaleó contra ella y, a toda velocidad, le dejó pasar una calandria por encima del pie.

-¡Más cuidado, bruto barbaján! -exclamó Lisa, adolorida por el paso del ciclista.

Como si lo hubiese invocado, el ciclista paró casi en seco, cayendo con todo y calandria primero y caminando hacia ella. No fue sino hasta que una de las bombas que estalló en el cielo con un resplandor rojizo iluminó la zona.

-¡Cuidado por donde cruzas, miope de mierda! -voceó el extraño, un latino alto con una incipiente cola de caballo, lentes de armazón rectangular y vestido de mezclilla azul, polera guinda y chaleco gris acero- ¡Hiciste que mi cliente se cayera! -añadió señalando hacia una septuagenaria de tez bronceada y cabello castaño entrecano recogido en un moño.

-No fue mi…

-¡Claro que es tu culpa, mocosa! -rugió el latino con mordaz prepotencia- ¡No estoy asegurado, así que tú me vas a pagar por sus gastos médicos!

-¡Yo no sabía…!

-¡Me vas a pagar de una forma o de otra! -amenazó el latino,

Todo prejuicio que tuviera Lisa sobre los latinos estaba siendo replanteado. Fuera de Bobby y de su familia, los pocos contactos con dicha gente habían sido escasos, siendo si acaso un par de amigas de Lola y un exnovio de Lynn que no terminó de convencer por la enorme similitud que tenía con ella, y al ver que alzaba un puño con velocidad se imaginó varios escenarios posibles. Todos acabando muy mal para ella, y así sería de no ser porque algo hizo que el agresor estrellara el golpe contra un auto.

-¡Déjela en paz! -bramó Lincoln.

El peliblanco había saltado detrás del latino mientras su bicicleta yacía a unos metros de él, en plena calle. Sabía que él es un pacifista, pero también reconoce que hasta la gente de paz tiene una línea muy delgada que cruzar sin tomar a la ligera.

No fue una lucha que se dijera igualada. Lincoln, más alto que su presa, había caído de bruces y se sentó entre maldiciones empezando a golpear. El latino, sin más opciones, hizo lo posible por escapar del salvaje encuentro y abandonó tanto la bicicleta y su calandria como a su pasajera en cuanto logró asestar un golpe mal dado en la cara del peliblanco.

Minutos más tarde, luego de que ambos pasarán por la estación de servicio, estaban fuera de esta comiendo unos nachos. Hacía unos meses que Flip falleció, pero el nuevo encargado, un viejo cascarrabias que apenas y era mejor que el estafador local. Mínimo, se le agradece que los inspectores de Salubridad hicieran una limpieza exhaustiva y certificaran que, pese a las insalubres condiciones del local y la vivienda, Nacho, el mapache, contaba con sus vacunas al día y tenía sus papeles como "animal exótico de compañía" en regla al momento de fallecido su dueño. Lincoln presentaba algunos cortes y algo de inflamación en la cara, pero no era mucho comparado con la impresión que dejó en Lisa. Esta, un tanto impaciente, hizo un intento por suturar un corte bajo la inflamación con materiales que encontró en el botiquín del sanitario, del que solo el antiguo dueño conocía su ubicación.

-¡Eso duele! -reprochó Lincoln a media punzada, retrayéndose y tirando un poco de la aguja con él.

-Si no te movieras no te dolería tanto -acusó Lisa.

-No me dolería tanto si no te hubieras ido de casa.

-No me habría ido si el gobierno no amenazara con incautar la casa.

-No nos habrían amenazado con eso sí Lynn no…

Si, ahí fue que cayeron en cuenta. Suspirando, Lincoln se resignó a seguir recibiendo la atención de Lisa.

-No te muevas… -indicó Lisa, cambiando su tono a uno un tanto más dulce, algo atípico si no se dirigiera a Lily o a Darcy.

No le extrañó a Lincoln. El último punto de la sutura improvisada con materiales del botiquín, le parecía, apenas y dolió. Solo faltaba cortar el hijo, desinfectar el área y -hasta donde el peliblanco deja a entender- volver a casa. Y después de todo lo vivido en la pasada hora, no sentían ganas de ver más luces si no eran las pantallas de sus teléfonos. Sin embargo, no podían evitarlo, pues los fuegos artificiales eran bastante potentes. Destellos multicolor, producto de las sales minerales, óxidos y metales que eran añadidos a la mezcla de la pólvora, se podían apreciar a cada pasó, al igual que numerosas mesas, sillas, parrillas y asadores que los vecinos de la avenida Franklin atestaban de comida a tal grado que las mesas vinieran bajo el peso de la comida. No obstante, y eso les sorprendió, no era el caso de su hogar. Ello lo pudo constatar Lincoln al encontrar en la puerta una nota pegada.

Lincoln

Nos llevamos a Lily al hospital. Se rompió la cadera cayendo en el drenaje buscando a Lisa. Llama en cuanto regresen.

Mamá

-Clásico de Lily -bufó Lincoln.

-Hay más -señaló Lisa, leyendo…

Dejamos las hamburguesas en el refrigerador. Si llegas antes de las nueve, nos alcanzan en el parque Ketcham.

Frustrado, Lincoln quiso golpear su frente, cosa que Lisa impidió con un gesto.

-Podrías romper la sutura -negó la castaña.

-¿Y eso quién lo decidió? -cuestionó Lincoln.

-Suturé varias veces a Lynn -divagó Lisa-. No es como si ella me obedeciera desde que tengo uso de razón.

-Ya sabes cómo es ella -confirmó Lincoln, abriendo la puerta y entrando a la casa-. Si quiere algo, hace lo que cree ne…

-¿Podrías guardar silencio? -pidió Lisa, entrando y sacándose de encima el suéter- Solo quiero recostarme y descansar un poco. Ha sido un día muy pesado y conflictivo para tener que hablar de más.

Lincoln puso un poco de atención sobre Lisa. A menudo no se quitaba el suéter frente a él, más que nada por el sudor que sus hermanas mayores tenían e intentaron inculcar en ella, pero ciertamente no era mucho de dar tanta importancia al físico. Tenía algo de carne encima, pero eso era lo de menos, y un pensamiento intrusivo caló en su mente.

Lástima que sea tu hermana.

Si su madre se hubiera dado tiempo para revisar su historial de internet, sabría que el bloqueo parental, gracias a Lisa, era un mero chiste. Y de hecho, luego de un -en su momento- cuantioso pago y de no ser porque la mayoría de las veces usaba el modo incógnito del navegador, el mismo estaría rebosando de videos y fotos sucias, sin importar mucho la edad mientras fuera legal, de mujeres algo bajitas (sin llegar a medir menos de 1.60), castañas en diferentes tonalidades y un poco regordetas… lo que podría explicar que Jordan perdiera su lugar como jugadora del equipo de soccer de la escuela por querer gustarle o el que Rachel se tiñó el cabello de un -pensó- feo tono avellana que no le quedaba para nada bien. Ni hablar de Mollie, que hizo lo posible por congraciarlo con sus padres sin éxito y a cuyo padre le ofrecieron un nuevo puesto en Nueva York con departamento en SoHo incluido. Y eso, por no explicar un fetiche que despertó de ver con celos, hace cinco años, que Shelby, su prima, se presentó en casa con un chico y la familia de este en el campamento Mastodon.

-Ni se te ocurra -dijo Lisa en cuanto el peliblanco creyó que no estaba siendo visto al apartar la mirada de sus hombros, levantándose en el acto.

-¿Qué? -preguntó Lincoln, un tanto inocente.

-Sé bien que sientes cierta atracción por algún congénere, hermano mayor -expuso Lisa-. No solo nuestro proveedor de internet tiene acceso a los historiales incógnitos de cada integrante de esta familia.

-Ah, pues…

-No te culpo por intentarlo. Shelby no es precisamente una belleza a tu alcance, pero si te sirve de consuelo puedes considerar que hay algo que no puedes negar.

En cuanto terminó de hablar, sacó un aparato del bolsillo de su pantalón y apretó un botón.

-Un inhibidor mejorado -dijo Lisa, una vez que se aseguró que ningún aparato recibiera o emitiera señal alguna-. Ahora. Pasemos a algo que podría interesarte.

-¿Y qué crees que podría interesarme? -preguntó Lincoln.

-Ya que temía que al gobierno pudiera interesarle está conversación, creo poder hacer algo por contener tus impulsos sentimentales y carnales por alguien con un nexo sanguíneo -explicó Lisa, volviendo al sofá-. Quieres algo que podría satisfacer cierto morbo y sabes que no podrías satisfacerlo sin forzarlo, así que…

-¿De qué hablas? -preguntó Lincoln, sintiéndose atrapado y queriendo revertir la situación.

-Tienes cierta inclinación por el incesto -respondió escueta Lisa.

-Eso no es…

-¿Cierto? -ironizó Lisa- Muy bien, voy a poner las cosas en perspectiva. Tus anteriores relaciones fallaron porque a tus parejas les diste entrada a tu historial de internet y perdieron algo en el proceso. Jordan Rosato perdió su posición en un equipo deportivo, Mollie Nordberg perdió la consideración de sus padres (unos verdaderos mojigatos, por cierto), y en cuanto a Rachel Hidalgo… bueno, pobre de ella. Supe que se terminó obsesionado contigo después de su graduación y no se ha casado. Y el común denominador es que, a su modo, quisieron complacerte

-Uy… -suspiró Lincoln, incómodo.

-Lo que me lleva a ofrecerte un… trato -planteó Lisa con nerviosismo-. Me ayudas con… bueno, cualquier cosa que pudiera necesitar, no importa que sea, y a cambio…

"… podrías satisfacer tu curiosidad morbosa sobre lo que sería relacionarse a un familiar cercano" quiso decir Lisa, aunque por los nervios no supo cómo decirlo sin perder su expresión.

-Detente un poco -pidió Lincoln-. ¿Tienes una idea de lo que me ofreces?

-Estoy consciente de los riesgos éticos, morales y legales que algo así podría implicar -afirmó Lisa, recuperando un poco la compostura-, por no decir de los fisiológicos en caso de haber posibilidades de una concepción endo…

-Si, si, ya entendí -cortó Lincoln-. Es solo que… bueno…

Se tardaba en procesarlo. No niega que ha visto series, cómics y pornografía donde dos o hasta muchos personajes son familiares. Escribió y dibujó un par de cómics de publicación reservada únicamente para Stella y Kara, las únicas otras dos personas con quienes había visto esos contenidos, pero él jamás había querido meterse en una relación así, algo que, entre sus hermanas, Lisa le ofrecía y sabía bien de las consecuencias.

Las palabras murieron en su boca. Sin esperarlo, Lisa se había levantado y lo besó con torpeza, gesto que le tomó diez segundos en corresponder. Inusual, pecaminoso, ruin… toda idea que se había hecho acerca de ello aún cuando en sus momentos más privados lo llegaba a disfrutar, se resquebrajó en cuanto paladeaba la lengua de la primera bebé que sostuvo en sus brazos.

Lisa no sabía lo que hacía. Mejor dicho, no sabía aplicar lo que hacía. Así como Lincoln veía lo suyo, Lisa a duras penas podía entretenerse ya fuera de trabajo (lo que le deja, grosso modo, apenas dos o tres horas libres, sin contar el tiempo que dedica a dormir), y esto en parte es culpa suya al sobresaturar su agenda.

Sin pensarlo, Lisa rompió el contacto solo para tomar impulso y saltar sobre Lincoln, cayendo ambos sobre el sillón al mismo tiempo que se abrió la puerta. Grande fue la sorpresa del recién llegado como para encender las luces y descubrir el bochornoso cuadro.

-Eh… -dudó Luna, cansada y algo harta de su viaje.

-¡¿Luna?! -exclamó Lincoln, sorprendido.

-Miren, chicos -dijo Luna, que vestía un pantalón de vinipiel ajustado-, acabo de volver de un viaje pesado y de pelearme con Sam, y no quiero procesar lo que acabo de ver.

Separándose un poco, Lisa y Lincoln solo alcanzaron a medio componer un poco sus ropas.

-Buenas noches, chicos -dijo Luna, arrastrando sus maletas hasta que llegó a la mitad, cayendo abatida por el agotamiento y empezando a roncar.

Ignorando un poco el estruendo y las luces de los fuegos artificiales, Lincoln se llevó a la cama a Luna. Dado que solo estaban ellos dos, Lily y Lynn, podría decirse que su situación está un poco a salvo. Confían, no obstante, que Luna guarde el secreto o se olvide de lo que presenció. Una vez que llegó a la habitación que antes Lori y Leni compartían y la acostaron en la cama que fuera de la modista, a Lincoln se le cruzó una nueva idea.

"Dos por uno…" pensó. "… no suena nada mal si no hay objeción... nah, seguro la hay. No quisiera saber qué pasaría si le llego a ser infiel".

-Admito que Luna tiene cierto atractivo, pero debo recomendar que, si pensabas en añadir un elemento a la ecuación este no debe tener relación -pensó Lisa en voz alta.

-¿Qué dijiste?

-No, nada -respondió Lisa, encogida de hombros.

~o~

25 de diciembre de 2024

Lisacoln Week

Día 1

Festividad

Ya me suenan lo reproches. Sam, termiba este pendiente, Sam, ¿a que hora avanzas con tus compromisos, Sam...

Admito que no estoy en la mejor situación mental. Quería zafarme un poco, y ya con varias Ship Week que se me pasaron, pensé en no perdonar la última del año... lo que en retrospectiva me saldrá mal tanto por fechas y fiestas como por la bonita tradición de terminar hasta semanas después. También sé que les debo un relacionado con La Novena Hora, pero no veo ni con quién podría malir sal... soy un asco.

De corazón, aún en mi estado, les deseo unas felices fiestas. Y con esto, llega el fin de mis actividades este año.

It's showtime!

Sam the Stormbringer