Al salir de la enfermería, se topó con Sanji. Llevaba una bandeja llena de comida, más bien llena de fruta y zumos. No sabía en qué momento había podido preparar todo aquello, aunque podía imaginar que era solo por la bella navegante que había hecho tales platillos con tal rapidez y esfuerzo. Ambos chocaron con una mirada tensa, antes de que el cocinero siguiera el camino para dejar la bandeja de comida.

Luffy no podía negar la tensión creciente entre ambos desde que Nami se marchó en la primera ocasión. No necesitaba verbalizar como le echaba la culpa y, mucho menos lo responsabilizaba de todo lo que le había pasado a la peli naranja, ya que era demasiado evidente de que algo le había ocurrido mientras no estaba bajo su protección…

Como si él no se sintiera lo suficientemente culpable de verla de esa forma.

Como si no se sintiera de por si como un completo y gran idiota por no saber cómo manejar la situación que sabía que, de alguna forma, había creado en algún momento.

"Debemos buscarle ayuda" comentó el cocinero antes de entrar en la sala, con la puerta abierta, haciendo que todos se enteran de su postura.

Eso era evidente. Sin siquiera mirar como entraba en la sala, Luffy fue a la biblioteca, donde tenían su den. No tardó en marcar el número que tan bien conocía y pedir un favor a Torao. Era el único en quien creía que podía curar a Nami. Sabía que una necrosis como la que había comentado Chopper solo podía hacerse una amputación, pero quizás el cirujano de la muerte podía hacer algo más efectivo.

Un poco de fe. Algo.

Ya no solo por su bienestar, también por ella y, sobre todo, por hacerla quedar a su lado. Necesitaba a Nami de su lado y esa era la única forma que ella conocía.

"Gracias por pedir ayuda" escuchó detrás de él. Era Robín, con una sonrisa cansada

"¿Cómo sigue?" se atrevió a preguntar mientras se acercaba a ella

"Dormida. Aun… no saben qué hacer" informo ella con una calma que Luffy no terminaba de creer. Podía notar el nerviosismo en la peli negra, al rascarse el antebrazo y su distante mirada.

"¿Qué le paso?" preguntó Luffy, dejando salir parte de toda la frustración que sentía "¿Por qué está tan herida? ¿Ese idiota qué va con ella no la ha sabido proteger?"

"No se sabe, se negaban a hablar… y no lo querían ver, capitán"

Otra vez esas malditas palabras perforaban su aun tembloroso corazón. Luffy no las soportaba, ya que le recordaban el desprecio que Nami le mostró en cada ocasión mientras que se habían reencontrado. Esa forma tan insultante de cómo negaba que fuera su capitán, la forma en la que su rostro no quería que fuera vista por él o, peor aún, la forma en la que se quedó grabado en su cabeza como se desfiguraba al ver cómo se acercaba con una sonrisa… mientras que él solo anhelaba verla sonreír a su lado otra vez.

"Luffy…"

"Lo siento" la interrumpió de pronto el capitán "Siento lo de esta mañana. No debí… presionar tanto."

"Tranquilo, capitán… yo también la echo de menos."

Ambos se miraron por un momento, comprendiendo sin tener que intercambiar más palabras todo lo que realmente pensaban y sentían respecto al gran tema. Luffy no podía terminar de saber todo lo que la arqueóloga sabía, su halo enigmático seguía encerrando el más grande de los misterios. Pero podía ver su preocupación no solo por Nami, también por él. Su forma tan errática de actuar, la forma en la que siempre estaba ausente con los ojos cerrados… Robin simplemente lo sabía todo. Si, todos la querían de vuelta no solo porque las travesías sin navegante eran la peor opción posible, también por ese aprecio y cariño que siempre le habían tenido. Cada uno a su manera la quería y esos matices nunca pasaban desapercibidos.

En definitiva, Robin sabía lo que Luffy negaba tan vehementemente.

"Ahora está descansando sola, ya que Sanji no le deja dormir solo con ella en la enfermería. Quizás es un buen momento para ser honesto con ella, ¿no?"

La forma en la que Robin había dejado caer esa información era más que suficiente para él. El capitán asintió con una sincera y gran sonrisa, antes de salir corriendo. No tardó en estirar sus brazos y catapultarse hacia su destino. Sin llamar a la puerta, entró. Todo estaba un poco más oscuro de lo habitual, aunque podía distinguir el dormido cuerpo de su amigo en la única cama. Buscó la lámpara que siempre Chopper dejaba en su escritorio y la encendió con cuidado para fijarse en como se encontraba la navegante.

No podía evitar sorprenderse por completo al ver que Nami tenía el rostro sudado y algo pálido, mientras que sus cabellos, desordenados ocupaban toda la almohada. Estaba completamente tapada, pero su silueta se dibujaba sobre las suaves mantas. Era innegable fijarse en cómo, a partir de un punto, ya no existía más ese brazo. Pronto, a esa ausencia, se sumaría la pierna por su culpa.

Una punzada de dolor atravesó su pecho sin compasión. Realmente todo aquello era su culpa.

Buscó la silla con ruedas y se sentó al lado de su cama. Solo ahí pudo notar su suave respirar, algo que lo alivió de inmediato, aunque no había que todo aquello fuera más fácil. No podía negar que era doloroso no solo la situación física con Nami: la emocional era la que dolía mucho más que nada. Era un mar el que los separaba y, por mucho que intentara remar hacía su lado, aquella maldita distancia crecía más y más.

"Lo siento" terminó por murmurar sin poder verla a la cara.

¿Qué era lo que realmente sentía Luffy?

Sentía aquellas palabras que dijo antes de que desapareciera. Sentía todo lo que estaba atravesando en ese momento. Sentía ser esa persona que le había borrado la sonrisa. Sentía no haber sido honesto hasta ese momento.

Sentía el ser incapaz de decir todo lo que de verdad sentía por ella.

Sacudió la cabeza con cierta fuerza, hasta notar como le dolía y ya no podía pensar con claridad. Aquellas palabras, todos esos pensamientos se habían vuelto a disipar como la bruma en la mañana y tan solo podía sentir decepción de si mismo.

Sabía que era lo que había y, simplemente lo iba a negar.

Miró por un momento a Nami. Quería que fuera lo último que viera antes de dormir a su lado.