Disclaimer: Disney tiene todos los derechos de la película.
La cabaña de Emily Tasugo
Tema del reto: Cuento navideño
La noche se pasó en un parpadeo para Judy. Había pasado las últimas horas rodeada de carpetas, leyendo, tecleando y armando el perfil de la víctima perfecta. Tenía que tener su mente ocupada en el trabajo para dejar de pensar, pensar la agobiaba, la torturaba, la haría fallar en su idea de máscara de felicidad perfecta.
- ¿Judy? ¿Qué haces despierta tan temprano? - Una voz ronca se escuchó desde el sofá.
- Trabajo en el perfil, vuelve a dormir Ron. - Dijo sin siquiera despegar sus ojos de la pantalla y de lo que estaba tecleando.
- Y ahí va de nuevo, mi compañera obsesiva a dar su descanso por el caso. Hoy es nuestro día libre Judy, es sábado, tienes que descansar.
- No puedo descansar si hay mamíferos desapareciendo y muriendo...¡Oye! - La coneja casi asesina al doctor al ver que cerró su laptop.
- Lo siento, es la única manera en que prestas atención.
- ¡Y no te imaginaste que podría haber perdido todo lo que llevaba!
- Te conozco, repito, casi tuve el honor de casarme contigo... Sé que obsesivamente das "guardar" cada cinco segundos... - Ante el molesto y sonrojado rostro de la coneja, Ron se carcajeó victoriosamente. - Lo sabía...
- Bueno... pues sí, una debe ser previsora, se puede ir la luz y...
- Es una laptop querida...
- ¿Ya terminaste de molestarme?
- Bien tregua... Pero ya hablando en modo serio. - Su rostro cambió de burlón a preocupado. - No eres una máquina, pequeña coneja intensa... eres una mamífero, que requiere de alimento, descanso y recreación, no pierdas ese lado mamífero tuyo, ese lado es el que te ha hecho ser la oficial que eres hoy y tus triunfos.
- Creo que... tienes razón... estoy agotada.
- ¿Y cuándo no he tenido la razón, eh? - Se burló y la coneja le lanzó una almohada para golpearlo, exitosamente por supuesto. - Ok, lo admito, tienes un poderoso punto aquí. Mira, dejemos las discusiones tontas y vayamos a conocer la villa, si quieres, puedes tomarlo como un trabajo de infiltración, si es que eso te motiva más.
- Sabes que decirle a una hembra para motivarla, ¿eh? -Río un poco. - De acuerdo, tú ganas esta vez, podemos pasear un poco. Solo dame un momento para ducharme y cambiarme.
- Suena como a un plan, creo que hay una linda cabaña donde hacen desayunos especiales y me gustaría ir contigo. Ve y yo me arreglo aquí mientras tú usas el baño.
- Bien, ya regreso.
La coneja se resignó a seguir el plan del conejo, se levantó, tomó un conjunto de ropa y se dirigió al baño de la habitación. Abrió la llave del agua caliente y en cuanto la habitación se llenó de vapor de agua, lo respiro para calmarse. En su cabeza no dejaban de aparecer imágenes de ese tonto zorro que llevaba años como dueño de su mente... Nick Wilde... de estafador a aliado clave, a mejor amigo, a compañero a... ¿qué más?... ¿qué le dolía tanto?, ¿por qué su ausencia le perjudicaba a tal manera que se lanzó como loca a buscarlo por todos los precintos?... ¿Habría hecho eso por cualquier otro amigo?... La respuesta era no... Él era especial... no se lo había preguntado en su único afán de encontrarlo, pero ahora era evidente, tanto, que ella casi siendo una detective se sintió estúpida de no haberlo notado antes... estaba enamorada de Nick... No importaba la diferencia de edad, de especies... ella se había enamorado por completo de él, de su sonrisa astuta, de sus bromas, de sus malos chistes, de cómo lo daba todo en el trabajo, sus cuidados para con ella, cómo la hacía sentir y el noble corazón que poseía.
- Eres una idiota Judith Laverne... lo eres...
Por eso cancelar la boda le importó menos que nada... No estaba enamorada de Ron, estaba enamorada del zorro... Lástima que le había tomado 3 años enteros a su cabezota de coneja darse cuenta. Ya era tarde.
Tras terminar el baño y sus reflexiones que la torturaban desde ayer, se puso su suéter de cuello negro, jeans y se preparó para tratar de disfrutar su día, al menos un poco.
- Estoy lista. - Sonrió débilmente y Ron, que también ya se había vestido, se levantó a mirarla.
- Te prometo que este lugar es perfecto y que te encantará Judy y justo acaba de abrir, ¡vamos!
Sin dejarla contestar, él le aventó su abrigo y se la llevó tomada de la pata. Salieron de su habitación y se aventuraron al exterior de la posada, caminando por el bosque que la rodeaba, había vuelto a nevar la noche anterior. Ambos caminaron en silencio, ella con cierta ansiedad y él, con un ánimo desconocido para ella.
Al llegar al destino, la coneja gris en efecto vio que se trataba de una pequeña cabaña, bastante cálida, tanto en ambiente como temperatura por su chimenea. Era una biblioteca, vio a pequeños mamíferos escuchando como una anciana tejona bibliotecaria les leía un cuento navideño.
- Aquí hay una mesa Judes, podemos pedir el desayuno. Dicen que el pay de manzana es una delicia.
- ¡Habrá que probarlo! - Dijo entusiasmada, finalmente, su ánimo estaba mejorando. - Todo aquí tiene un aroma delicioso... Comenzando por la madera de las paredes. - Inhalo y exhalo, disfrutando del aroma.
- Sabía que te gustaría, la posadera me dijo que teníamos que probar este lugar, y en cuanto me lo describió, sabía que te tendría que traerte aquí y mira que no me equivoqué y... - De pronto, la cálida pata de Judy sobre la suya, lo hizo sonrojar y levantar la mirada.
- Gracias Ron... por siempre estar aquí para mí, por, a pesar de haber cancelado la boda, seguir siendo tan bueno conmigo. - Sus ojos lavandas lo veían con ternura.
- No tienes que agradecer... yo disfruté muchísimo nuestra relación Judy, fue lo mejor de mi vida... y, estemos juntos o no, siempre cuidaré de ti...
Eso tomó por sorpresa a la coneja, que se quedó sin palabras, para variar. Suspiró tratando de recomponerse y miró hacía el grupo de pequeños cachorros escuchando la historia. Vio a un pequeño cachorro de zorro rodeado de presas, no se juzgaban ni se veían extraño, solo se dedicaban a escuchar la historia que la bibliotecaria narraba y actuaba con emoción.
- Sí que has hecho un cambio, zorro tonto... - Pensó para ella misma y dio un sorbo al té que acababan de servirle. - Ahora tengo que pensar... cómo voy a seguir sin ti...
CONTINUARÁ...
