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Sobre arándanos y zanahorias

Tema del reto: Arándanos y zanahorias


Bizarro, era la palabra que describía por completo la situación, Judy y Nick, paseando por el mercado de una villa navideña... con sus "parejas". Incómodo, molesto y extraño. Llevaban una hora en juegos y probando de todo lo que se les atravesaba en su camino.

La noche de la petición de pata, que el zorro totalmente había olvidado, miró la tristeza en las amatistas de Judy, estuvo a punto de cancelar todo, pero la vio salir, y el tumulto de oficiales no le permitieron moverse de su lugar.

Estaba impotente, él mismo en su afán de "seguir adelante con su vida", se había complicado todo. En su defensa, el vulpino no tenía idea de que se volvería a ver con Judy y menos de que luego de años y esa situación, volverían a conectar como el principio. Ahora estaba ahí, en una cita doble, frente a la única hembra que realmente había amado.

- ¡Miren son buñuelos! - La zorra gritó alegremente. - Me encantan, azucarados y crujientes, ¿los conocen ustedes?

- ¿Eh? Creo que no, yo realmente no soy de Zootopia, soy de Las Madrigueras y no son típicos de allá.

- ¡Yo sí! Me encantan. - Ron sonrío y tomó una bolsita con unos para compartirlos con Judy. La coneja estaba por decir que no, cuando el médico le dio un enorme trozo que casi la atraganta.

- ¡Un carrusel!¡Vamos Nicky! Por favor. - Zara tiró del brazo de su prometido como su fuera una niña pequeña. El zorro giró los ojos en molestia y gruñó un poco impaciente.

- Acabamos de comer linda, nos vamos a marear, mejor después.

- ¡Judy, Ron, vengan conmigo!- Ella insistió.

- ¿Qué dices Judes? ¡Vamos!

- Yo preferiría que no porque...

- ¡Tonterías te divertirás! - La zorra tomó la pata de Judy y se la llevó prácticamente al carrusel. Nick se quedó abajo mirando todo con diversión.

- Yo diría que sí Zanahorias, un paseo te caería bien...

El zorro se burló descaradamente, y, aunque su novia vio con desagrado el apodo, le resto importancia por ahora y continuó llevándose a su víctima. Nick leyó de labios de la furiosa coneja un "ya me la pagarás".

El juego se inició con algunos cachorros, parejas felices y el curioso trío de Zara, Ron y Judy. El vulpino los vio comenzar a girar, y él mismo tuvo que admitir que tan solo con mirar, se estaba mareando. Unos minutos después, el sonido de alguien vomitando y cachorros gritando inundó los alrededores.

- ¿Te sientes mejor Judes? - Preguntó el conejo completamente apenado, limpiando el resto del almuerzo de Judy de su chaqueta, minutos después que bajaron.

- Lo siento mucho chicos... era lo que trataba de advertirles.

- Creo que lo mejor será que vayamos a cambiarnos, vamos Nicky... - La zorra iba a darse la vuelta, cuando su novio no la siguió.

- En realidad, la señora Toperrez me pidió turno en su puesto de ayuda, vayan y los espero aquí.

- Ya veo... - Dijo Zara con tristeza.

- Entendemos perfectamente... ¡Vamos Judy, volvamos a la posada!

- Lo siento Ron, de hecho, yo también me había apuntado en el puesto de ayuda, te veo más tarde.

Tratado de evitar a su compañero todo lo posible, la coneja ni siquiera lo dejó hablar y se apresuró a caminar a donde quiera que se encontrará ese puesto.

- Oh... entonces Pelusa, ¿Te apuntaste al puesto de ayuda de la señora Toperrez? Yo no te vi en la lista. - La miró con astucia.

- Eso es porque no te avise, simplemente lo hice...

- Ah ¿de verdad? Recuérdame... ¿qué actividad habría este año para apoyar?

- Bueno... yo... ¡Cómo podrías no recordar si tú también te apuntaste!

- ¡Lo sabía! Eres una conejita mentirosa... muy mal... Santa Claws no te traerá regalo. - Se burló por completo, y aunque ella comenzó mirándolo con furia, eventualmente se unió a su burla.

- Bien me atrapaste... yo, solo quería un tiempo de paz, es todo. Pero si hay un puesto donde pueda ayudar, me parece bien.

- Créeme Zanahorias... ese puesto sí que va a ser divertido...

- Por qué tengo el presentimiento de que me voy a arrepentir totalmente de esto, de nuevo...


Y la valerosa oficial no se equivocó en absoluto, dicho puesto del mercado-feria sí la había hecho arrepentirse.

- Globos de pintura... ¿los mamíferos tienen que lanzarnos pintura? ¿Por qué? - Se quejó luego de recibir el impacto de un globo en su espalda.

- No seas amargada, es por caridad, lo recaudado va para las familias de las víctimas de la dama de hielo.

- Es fácil para ti no quejarte, tú eres quien cobra y yo recibo los golpes, literalmente. - Otro globo más impactó en su estómago.

- No es mi culpa que el traje solo viniera en tu tamaño, un lindo y redondo arándano. Y antes de que creas que esto fue planeado, fuiste tú la que decidió apuntarse.

- Me tienes en ello, no puedo decir nada.

- Oh Nick, querido, no te preocupes. - La anciana topo apareció y le dio un traje de zanahoria a Nick. - Aquí tengo otro de tu tamaño, ¡así podemos recaudar doble!

- Oh el karma es delicioso... - La coneja se carcajeó tanto, que logró evitar los proyectiles de otros dos pequeños.

- Ríete todo lo que quieras Zanahorias, yo...

- Oh, te devuelvo el apodo, creo que ahora te queda mejor a ti.

Las risotadas de la coneja incrementaban a cada momento. Nuevamente, hace un mes cuando Nick se apuntó a esta actividad, que en aquel entonces era para otra causa, nunca se imaginó que Judy Hopps estaría ahí para verlo.

- Bueno lindo arándano... esto puede ser juego de dos.

- Nick... borra esa malvada risa de tu rostro... de verdad que me estás asustando...

Pero por el contrario, la sonrisa de Chesire del zorro creció el doble. Rápidamente se puso el traje de zanahoria y colocó doscientos billetes en el tarro de cobro, asombrando a los cachorros que miraban todo.

- Créeme Zanahorias... vas a desear que no fuera el oficial de mejor puntería...

- ¿Acabas de comprar veinte globos, zorro enfermo?

- Oh sí...

Y antes de que alguien siquiera pudiera respirar, el zorro comenzó una guerra sin cuartel contra la pobre coneja. Ella apenas tuvo unos segundos para reaccionar y tratar de esquivar los proyectiles que le lanzaban.

- ¡Nick Wilde eres un enfermo! - Logró gritar antes de que el globo le impactará en el rostro.

- Tal vez... ¡Pero soy el rey en este momento nena y!... - Su rostro palideció... sus proyectiles se habían agotado.

- Oh...que interesante... y déjame adivinar, zorro tonto... - Escupió un poco de pintura. - Aun tienes esa regla tuya de no cargar con más de 200 por si te asaltan o pierdes la billetera...

Ahora fue el turno del vulpino de temblar y palidecer...

- Judy, seamos racionales, esto fue por mera caridad, piensa en todos es huérfanos pequeñitos que vimos durante la semana.

- Créeme... a ellos les irá bien.

La coneja puso en el tarro quinientos billetes, y todos los presentes de los alrededores se reunieron para la venganza que prometía ser épica.

- Siempre tienes que ganar ¿eh? Sádica...

- Oh zorro tonto... no tienes la menor idea... - Su sonrisa de oreja a oreja anunció lo que se venía.

- ¡Esta muerto señor Wilde! - Un pequeño ciervo dijo, haciendo reír a todos sus demás amigos.

- Lo estoy desde que me crucé con esta sádica la primera ve...

La lluvia de globos había comenzando, todo el público disfrutaba, otros grababan y unos más se preparaban para hacer memes del famoso héroe del pueblo. Globo tras globo fue impactando en el zorro.

- ¡Al menos en la cola no! - Trató de pedir misericordia.

- ¡Sí señora coneja, en la cola!

- ¡David que demonios pasa contigo!

- ¡Lo siento señor Wilde, pero no me dejó fugarme de la escuela el otro día!

Todo era felicidad para Judy, hasta que eventualmente sus globos se terminaron. Los dos se miraron fijamente, mientras la audiencia se disipaba, divertidos del espectáculo que habían tenido.

- ¡Gracias chicos! ¡Se vendió todo en menos de una hora! Son realmente generosos. - La anciana les pasó dos toallas y ambos aceptaron con gratitud.

- Bueno, otro trabajo bien hecho, ¿no?

- Sí Zanahorias, tu delito de asesinato quedó perfecto.

- ¡No seas llorón, tú comenzaste! - Se burló más.

- Recuérdame no volver a meterme contigo, eres más peligrosa que muchos de los mamíferos que he arrestado.

- Eres un exagerado. Ven, vamos a la parte trasera Escurridizo, quiero quitarme este tonto disfraz.

- ¡Señorita Hopps! ¿Quiere que la ayude a desvestirse? ¡Vaya descaro! Aunque no puedo quejarme.

- Eres un tonto. - Tomó la toalla y lo golpeó. Ambos comenzaron a perseguirse, mientras a la lejanía, unos ojos celestes claro los miraba con odio...

CONTINUARÁ...