Ver a un hombre destruido no era una experiencia nueva para Leonard, su trabajo le había llevado a ausentarse muchas veces de su hogar, mucho más tiempo del que le gustaría pensar, embarcarse y cruzar el océano era una tarea que podía llevar más tiempo del que imaginaba cuando era un adolescente idiota y sentía admiración por la gente que se embarcaba, aun así cuando aprendió los pormenores pudo ver a más de uno de sus compañeros perder más de lo que ganaban en ese trabajo, más de alguno vio a su familia desmoronarse por la distancia, engaños, dobles vidas, trampas, sentía que lo había visto de todo y que él hizo su mayor esfuerzo por evitarlo no podía quejarse, no cuando había tenido a tantos compañeros suyos ahogados en el alcohol porque todo se había ido al demonio o incluso algunos que aprovechaban sus momentos de distracción para tirarse por la borda.
Su vida a bordo de navíos había sido larga, vio tanto felicidad como desgracia, podía reconocer a una persona que estaba a una bala de acabar con todo, y eso lo vio en aquel sujeto que sentía era uno de los responsables de haber destruido a su familia.
Tentó a su hijo menor por una vida que los separo, le rompió las piernas a su hijo mayor, el día que lo vería destruido era algo que solo ocurría en sus sueños, algo que gozaba presenciar mientras aquel bruto rogaba que acabaran con su miserable vida, ¿Por qué no lo había disfrutado? Él lo sabía perfectamente.
Una vez salió de las instalaciones pudo ver al niño sentado en un pequeño saliente de cemento de la entrada, un poco alto para su estatura por lo que sus piernas colgaban un poco, con su mirada totalmente fija en el suelo mientras se encontraba en completo silencio, esperaba que al salir el niño soltase todo su dolor y frustración, los niños de su edad no saben contener bien sus emociones por lo que según el plan, ese sería el momento donde daría el golpe final a su recuerdo de Albert y pasaría a ser el siguiente modelo a seguir, algo que no estaba ocurriendo.
Era renuente a confiar en las palabras de Albert sobre el muchacho, pero encontrarle en esa tranquilidad después de un evento como ese, le preocupaba.
- Lincoln, se que ese idiota te dijo esas cosas, pero ahora es cuando…
- No quiero hablar de eso.
- Niño, te lo digo por experiencia, contener eso…
- No quiero, no ahora, solo déjeme en paz.
Leonard podía identificar fácilmente a alguien destruido, lo había visto en Albert, y también lo había visto en ese pequeño niño.
No era algo que le agradase de ver, si lo pensaba con lógica alejar a un niño de un potencial peligro era lo mejor, pero reducirlo a ese estado era la parte que no se había detenido a pensar.
- (Pensando) No, esto era lo que estaba buscando, ahora solo debo apoyarlo, pronto comprenderá que lo mejor era alejarse de alguien como él. - A Lincoln. - Bueno, al menos vayámonos de este lugar, no queda nada por hacer aquí, además, yo cumplí con mi palabra, te llevé con Albert.
- …
Si Leonard tenía que definir esa situación, la mejor forma de ejemplificarlo era con una victoria agría, el año escolar acabaría pronto y se llevaría a Lincoln en menos de 2 semanas de ese lugar, ese tiempo era un riesgo, su hijo le había informado que Rita había desaparecido y posiblemente no volvería en un tiempo, Albert estaba encerrado sin posibilidad de salir, todo lo que quedaba en ese pueblo era el chico y Leo, pero este tenía su propia vida, muy lejos de allí, solo sería cosa para que desistiera y también se alejara.
Eso era todo, fue paciente y eso le otorgo la victoria, vio de reojo a Lincoln quién caminaba en silencio a su lado, pensó en intentar tomar su mano para que caminasen juntos, comenzar a estrechar su vinculo abuelo-nieto, pero al observar la expresión de dolor y seriedad en el rostro del muchacho termino por declinar, tenía sentido, aun estaba procesando el desprecio de Albert, ya tendría tiempo, por el momento, solo tenía que esperar un poco más.
Una vez ambos estaban sentados en el vehículo Leonard encendió el motor e iba a ponerse en marcha, pero la duda le detuvo, ¿Dónde llevaba al niño? No podía dejarlo en el café donde se conocieron, tampoco podía llevarlo a la casa donde vivía con Albert, ni siquiera sabía donde vivía el chico y llevarlo a donde se estaba alojando sería imposible, su mirada se desvió hacía este y con incomodidad termino haciendo una pregunta que, a su pensar, era casi ridícula.
- Lincoln, ¿Cuál es tu hogar?
El muchacho giro su rostro para mirar a Leonard, su boca iba a esbozar una palabra que no pudo completar, quedando una pequeña mueca en su rostro de una palabra imposible, saltando la duda él.
¿Cuál era su hogar?
¿A dónde pertenecía?
La única respuesta que tenía en ese momento era…
- No lo sé.
Para Leonard, alguien que portaba orgulloso el apellido Loud, sintió que se encontraba ante el mayor silencio que había enfrentado en su vida.
Casa Loud, en ese momento
Luna observaba fijamente la entrada, si bien aun era temprano y ni siquiera habían pasado muchas horas no confiaba plenamente en los planes que pudiese tener ese señor y Lori, las frías palabras de su hermana mayor solo le terminaban de preocupar, pero contradecirla tan directamente solo terminaría en peleas que si bien ya tenían desde antes que el balance de la casa se desplomase con Lori teniendo aquella actitud comenzaba a temer de lo que pudiese decir o hacer, ese era el duelo de Lori, estaba segura, solo sería cosa de tiempo para que ella regresara, eso era lo que estaba pasando, solo tendría que soportar un poco y las cosas mejorarían.
Luan, a su lado, solo observaba la impaciencia de su hermana, pensando un pequeño juego de palabras con el que intentar relajarla pero que, al pensarlo, pudo recordar las palabras de Lori, termino por tragarse esa broma y solo observar, después de todo, eso es lo que hace una persona madura en una situación así, ¿No?
Mientras meditaba eso pudo observar a Lana caminar en silencio hacia la cocina, la muchacha se había mantenido casi en silencio desde la muerte de Lola, casi como si hubiera perdido la capacidad de comunicarse con otros, acataba las ordenes de Lori y nada más, si no fuese porque Lori les dijo que ya no podían faltar más, ni menos en esos periodos de exámenes, probablemente ella seguiría tirada en su cama, una decisión que no podía entender de Lori, Lana era una niña pequeña, se encontraba en primer grado, conversar con los maestros sobre esa situación sería lo más normal y que ella pudiese descansar de las presiones a las que estaba sometida debería ser lo normal, aunque sabía perfectamente que los maestros ni los asesores de ese lugar pensaban demasiado en los estudiantes.
Estaba preocupada por Lana, por todas sus hermanas, se había decidido a apoyar a Luna aun cuando esta parecía que deseaba centrarse en ese niño, aunque no compartiera su visión pensaba que una forma de demostrar su madurez era aceptándolo, desde que Lori comenzó a trabajar y Luna empezó a estar más tiempo en casa noto que esta se callaba más, posiblemente para evitar decir algo que causase un desastre, esas eran acciones de gente madura, también que ayudaba cuando alguien tuviese un problema aunque no se dijese nada, detectar un problema también era de gente madura… cosas que ella no hacía.
Hablaba de más, hacía estupideces destructivas llamándolas bromas, odiaba el recuerdo de Lori diciéndole que era una inmadura, pero no podía negar esa realidad, y si Luna se quería concentrar en que ese niño estuviese bien, ella podría ayudar al resto de la familia para aligerar aunque sea un poco la carga de esta.
Por ello se levanto de su asiento y se encamino a la cocina, notando como Lana se encontraba viendo el refrigerador.
- ¿Tienes hambre Lana?
Intento decirlo con toda la gentileza posible, pero una reacción habitual de su familia es temer cuando ella se comporta así, lo sabe perfectamente y no quería incomodarla, tendría que fingir algo de jocosidad si no quería preocupar más a los demás.
Pero aun con eso, la niña solo le miro fijamente, sin pronunciar palabra alguna antes de volver a voltearse hacía el refrigerador.
- Si quieres puedo prepararte algo sencillo, alguien con el estómago vacío estará obligado a tener una expresión amarg-"Lana" como la tuya, ¿Entiendes? - Pensando - Estúpida, estúpida, estúpida.
Lana no se volteo esta vez, Luan lo entendió, ese no era un buen momento para su humor.
- (Nerviosa) L..Lana, hace un bonito día fuera, ¿Te gustaría salir a caminar? El patio es un buen sitio para jugar.
El silencio volvió a hacerse presente, los recuerdos de Luan siempre situaban a la chica como alguien activa, siempre detrás de Lola, temeraria cuando debía serlo, sin miedo a caer en lodo o acercarse a un pequeño animal callejero, sabía que el golpe de la muerte de Lola le habría golpeado muy duro, todos seguían dolidos por eso, pero parecía que la felicidad de la niña se había ido junto a su gemela, algo que, irónicamente, le acababa de dar una idea.
- Lana, sabes, Lola me pidió varias veces unas galletas especiales para sus fiestas de té, ¿Tú jugabas con ella no? ¿Quieres que juguemos unas de esas fiestas de té? Puedo hornear esas galletas para la ocasión.
- A Lola... le encantaban.
Era una idea, un pequeño intento burdo, pero Lana había hablado, le había tomado por sorpresa, pero aquel intento había logrado sacarle algunas palabras a su hermanita.
- C..Claro, seguro que ella estaría encantada de una en estos momentos, una que ambas podríamos recrear, ¿Qué te parece?
- Lola…
- Vamos, la fiesta de té te animara, preparo las galletas y tendremos una agradable tarde juntas.
Lana no respondió a eso, pero para Luan eso ya no tenía peso.
La pequeña había hablado, había mostrado interés en alguna cosa que no fuese casi la intención de un autómata que solo sigue ordenes, si hacer unas cuantas galletas y jugar una tarde completa con su hermana menos funcionaba para mejorar un poco su animo lo haría, dios sabe que ella lo haría, pensar en Lola pidiéndoselas con un rostro inocente causo un poco de dolor en su corazón, ese rostro inocente avergonzado pidiéndole energéticamente, siendo animada por Lori quién le animaba a ser imponerse más, pero el contraste de palabras engreídas y rostro avergonzado era un recuerdo que le causaba ternura y dolor, más no se concentro en eso, Lana estaba a su lado observándola y no podía hacerla esperar, tal como sus hermanas mayores debía concentrarse en el ahora y apoyar, cuando las galletas estuvieron listas noto que Lana ya no se encontraba a su lado, preocupándola.
- ¿Dónde se metió?
Miró hacía la sala, por la ventana y por la puerta hacia el patio, Lana no se encontraba en ninguna parte.
- No puede ser, la perdí, pero si estaba a mi lado, - Con fuerza y desesperación tomo tiro ligeramente de su cabello. - Solo fue un instante, ¿Dónde pudo ir?
Acelero hacia el interior con la intención de seguir explorando, pero al notar su rostro de preocupación Luna la detuvo.
- Luan, ¿Qué paso?
- Ah, nada, nada de nada, ¿Qué podría pasar?
- Estás demasiado nerviosa, dime que paso.
- Esto… nada, en serio.
- (Tono serio) Luan.
- En serio, no te preocupes, lo tengo bajo control.
- Luan, si algo…
- Por favor Luns, necesito que confíes en mí, dijimos que confiaríamos más en la otra, te lo ruego, confía esta vez en mí.
Luna miro fijamente a su hermana, se centro totalmente en sus ojos suplicantes y suspiro.
- Confió en ti Luan.
- Gracias, gracias, gracias.
Dicho esto, ella siguió su camino, dando rápidos vistazos a la habitación de Rita, el sótano y el almacén de la despensa, subiendo a saltos la escalera para revisar el baño y el closet del pasillo para luego abrir la habitación de Lana, notando en el centro, en una pequeña mesita color rosa, a Lana sentada en silencio, esperando.
Verla nuevamente le devolvió el aire al cuerpo a la muchacha, pensando por un momento en gritarle en desesperación por haberla dejado sola sin avisarle, algo que solo pudo agradecer el morder su lengua ante la desesperación y evitar que gritase, conteniendo su ira.
Paso unos segundos calmándose antes de poder poner una expresión más suave.
- Lana, por fin te encuentro, las galletas están listas, vengo en breve.
Cerro la puerta y camino unos pasos, momento en que se devolvió avergonzada y entro nuevamente en la habitación, siendo observaba en silencio por Lana.
- Olvide llevarme la tetera para el agua caliente, que torpe soy.
- Lola no usaba té, no bebíamos nada.
- A..Ah, eso es… digo, tiene sentido, era un juego, el té es… caliente y la tetera… de juguete… voy por las galletas, vuelvo en breve.
Al salir de la habitación, mientras bajaba la escalera, simplemente no podía dejar de pensar en una cosa.
- Tonta, tonta, tonta, tonta, tonta, tonta.
Una vez llego a la mitad de la escalera su velocidad se redujo notablemente, caminando a paso relativamente normal a diferencia del ritmo acelerado con el que busco a Lana, tomando las galletas y dirigiéndose hasta la habitación nuevamente, sentándose frente a Lana quién le miraba en silencio, Luan solo puso el plato de galletas en la mesa e intento sentarse en una de las sillas, quedando totalmente incomoda ante el tamaño de esta, parándose de golpe en el momento que sintió que esta comenzaba a crujir.
Ante aquel sonido pudo notar la segunda reacción de Lana, una de preocupación por aquel juguete.
- Tranquila, no le paso nada, me levante a tiempo.
La mirada de la niña no mejoro, ni tampoco el ambiente.
- Bueno… ¿Comencemos? Voy a sentarme en el piso.
Ambas quedaron mirándose fijamente lo que no disminuía la incomodidad de Luan, generalmente la que acompañaba a las gemelas en esas fiestas de té era Lori, ella solo ayudo un par de veces con las galletas y luego se retiraba, tampoco fue de jugar mucho a esas cosas cuando era pequeña por lo que no sabía como proceder, miraba indecisa el juego de tazas y las galletas en medio de aquella mesa, rascando su cabeza ante la falta de ideas hasta que no soporto el silencio.
- Y dime Lana, ¿Cómo jugabas con Lola a esto? La verdad jejeje, no tengo idea.
- Lola… ponía sus peluches en los otros asientos.
- Oh claro, los peluches.
Luan se levanto y se encamino hasta la cama de Lola, una que seguía sin tenderse, tal como había quedado la última vez que la niña la había usado.
- (Furiosa) ¡Detente!
El grito repentino de Lana asusto a Luan, quien se quedo quieta en el acto antes de sentir una patada en su pierna, la cual logro tumbar a Luan quien en reacción se llevo sus manos a dicha zona luego de quejarse, momento en el que la puerta fue abierta violentamente, siendo Luna quién la abrió.
- (Preocupada) ¡¿Qué paso?!
Lana se veía molesta, resoplando a Luan quien se encontraba tirada sosteniendo su pierna, provocando que Luna dirigiera su mirada a la pequeña rubia.
- ¿Q…
- Luna, espera, fue mi error.
- Pero…
- Luna, por favor.
Con algo de duda pudo notar nuevamente la cara suplicante de su hermana menor.
- Esta bien, pero ten más cuidado.
Y luego de dar un último vistazo a Lana quién ni siquiera se molestó en girarse cerró la puerta, dejando a ambas en soledad nuevamente.
- Lana, lo siento, no era mi intención enojarte.
- No toques los peluches de Lola, son de ella y ella los amaba mucho.
- Lo entiendo, perdóname, no volveré a hacerlo.
Ambas se quedaron un nuevo momento en silencio, uno que Luan aprovecho para levantarse y mirar a su hermanita una vez más.
- Bueno, entonces… ¿Qué podría ser nuestros otros compañeros para la fiesta de té?
- Yo… no lo sé.
- Bueno… - Señala un pequeño aparador con espejo. - ¿Puedo tomar algunas cosas de ahí?
- Ahí es donde Lola se preparaba para ir a los concursos.
- Ah, bueno… ¿Y tus cosas?
- Mis cosas… Lola y yo… compartíamos todo…
- Entonces… sus cosas son tus cosas Lana, no creo que a ella le molestaría que las tomaras.
- Ella siempre se molestaba conmigo cuando tomaba sus peluches, pero… no se enojaba cuando tomaba sus vestidos… ella decía que podríamos participar juntas en esas competencias.
- Sabes, yo también creo que te verías bien en uno de esos vestidos, después de todo Lola se veía bien, y tú te ves como Lola.
- Lola, ¿Me parezco a Lola?
- Bueno, son gemelas.
- Lola es única, yo soy fea, ella es linda, yo no podría parecerme a ella.
- Lana, hermanita, tú eres hermosa.
- No lo soy, Lola es la bonita, es la inteligente, ella tiene amigos, mamá Lori la quería a ella, yo no… no soy nada de eso, yo no me parezco a Lola.
- Lana.
Luan estaba dudosa de su próxima acción, sabía que Lana siempre estaba pegada a Lola, pero ver que ella se sintiera así consigo misma era una reacción que no esperaba ver, si hacía mal su jugada solo lograría que su hermanita se deprimiera más y comenzara a llorar, podía notarlo en los ojos cristalizados de Lana que hablar solo la estaba llevando a dañarse más, no podía dejar que eso ocurriera, notando que ambas eran reflejadas por el espejo de aquel pequeño aparador, tragando con dificultad antes de tomar una corona que muchas veces uso Lola, poniéndola en la cabeza de Lana aprovechando que a la pequeña solo alcanzaba a reflejarse su cabeza.
- Mírate, ¿No ves que eres idéntica a Lola?
Lana había llevado sus manos a sus ojos para quitarse aquella sensación húmeda de estos, el momento donde sintió ese pequeño peso sobre su cabeza fue mientras sus ojos estaban cerrados y que, al abrirlos, pudo notar aquello en el reflejo.
- ¿Lo… la?
Estiro su mano, intentando alcanzar aquella imagen, ver a su hermana preocupada, mirándole.
- Lola, Lola.
Al ver que aquella imagen no se movía en su dirección comenzó a desesperarse.
- ¡Lola! ¡Lola!
Pero al levantarse, pudo notarlo, aquella vestimenta, ese overol, esa vestimenta, la terminación en coletas, aquello no era de su hermana, en una pequeña acción su hermana había desaparecido una vez más.
- Ella estaba… estaba ahí…
- Jeje, te dije que eras igual hermanita.
- Pero… Lola es… yo no…
- Mmm… si sigues desconfiando.
Aprovechando el momento de duda en la pequeña, Luan se acerco al ropero, tomando uno de los vestidos rosa de Lola que tendía a usar diariamente, desatando las coletas de Lana para dejar caer su cabello.
- ¿Qué?
- Confía en mi hermanita.
Luan levanto los brazos de Lana y coloco encima de la ropa de esta el vestido, se veía abultado culpa del overol de la chica, pero cubría casi en su totalidad este, siendo el momento en que la castaña giro la desconcertada cabeza de Lana para obligarla a ver el reflejo una vez más.
- Lola…
- Te lo dije, eres tan hermosa como Lola.
- Como… Lola…
La pequeña llevo una de sus manos a su rostro, tocándolo, como si no fuese el suyo, como si fuese el rostro de alguien más, incrédula de lo que su reflejo estaba mostrando, algo que Luan vio con algo de felicidad, lejos del estoicismo de la niña ahora podía ver emociones, estaba hablando, estaba reaccionado a las cosas pese al silencio y ostracismo al que ella se sumergió desde aquel horrible suceso, por lo que con una sonrisa en su rostro se sentó en el piso al otro lado de la mesita color rosa, tomando una de las ahora frías galletas.
- Entonces señorita Loud, ¿Le apetece acompañarme en esta fiesta de té?
La niña miro hacia su hermana, todavía incrédula de lo que estaba viendo.
- S..Si… me… gustaría…
Aquello solo ensancho la sonrisa de Luan, pues estaba segura de que finalmente se estaba comportando como una buena hermana mayor.
Centro de Royal Woods, momentos después
Para Roberto caminar por las calles de un día de semana era algo extraño, llevaba un tiempo ya en trabajos menores de medio tiempo juntando dinero, finalmente había alcanzado el monto que necesitaba y podía recuperar la libertad que había sacrificado, incluso su madre le había dicho en un comienzo que no era necesario pero su deseo de hacerle un buen presente a su hermanita era superior, más considerando que ella amaba el mundo de las patinetas, comprarle una especial para su cumpleaños número 11 lo había animado por meses, todo ese tiempo de reponer estantes, cuidar gente en la piscina, mover cajas, patrullar edificios, pasear perros, todo lo valía al imaginar cuando Ronnie viera ese obsequio, el solo imaginar el rostro le motivaba a seguir feliz su camino, algo que quizás fue porque estaba sumido en sus pensamientos o quizás fue algo totalmente repentino, pero termino chocando de frente contra alguien.
El impacto no fue especialmente fuerte, pero ambos igualmente terminaron cayendo.
- Auch, lo siento.
- (Enojada) Fíjate en el camino idiota.
Al ambos levantar la vista, pudieron notarlo.
- ¿Lori?
- Roberto.
- Oye, hace días que no te veía, (Curioso) ¿Por qué no estás en el trabajo?
- Podría hacerte la misma pregunta. - Dijo mientras ambos terminaban de levantarse.
- Bueno, mi contrato llegaba hasta ayer, conseguí el dinero que necesitaba, ¿Y tú?
- ¿En serio te importa?
- Bueno, ¿Somos amigos no?
- No somos amigos, solo te me pegabas en el trabajo para conversar, diría más bien conocidos.
- Puedo vivir con eso, oye, ya que estás libre, ¿No te parecería ir a tomar un helado? Podríamos conversar tranquilamente ahora que no nos están fiscalizando.
- No tengo tiempo para estar contigo.
- Entiendo, para otra ocas…
- No, no habrá otra ocasión, no me interesa juntarme contigo, entiéndelo de una vez.
Mientras le reclamaba, Lori se acerco un poco a Roberto, lo suficiente para comenzar a darle agresivos toques con su dedo en el pecho, señalándolo con molestia con cada impacto mientras sus rostros se acercaban, lo que permitió que el muchacho pudiese sentirlo, con cada palabra un molesto hedor etílico emanaba de la boca de la muchacha, uno que reconoció bien, su padre más de una vez cuando era menor le hablo con ese mismo hedor impregnado en su cuerpo antes de que este comenzara a discutir con su madre, aquellos recuerdos eran desagradables y solo podía agradecer que su hermanita fuese demasiado joven para recordarlos, pero habían quedado grabados en él.
Las conversaciones con ella habían sido agradables la mayoría de las veces, aunque fuese principalmente él hablando mientras ella solo asentía con monosílabos, había conocido un poco de su historia a través de los rumores por lo que el contraste con la persona real le causaba curiosidad, sentía que era una buena chica, dedicada a su familia, se lo había dejado en claro más de una vez, y precisamente por eso aquel aroma a alcohol le preocupo.
- Oye, acompáñame, por favor.
- Entiéndelo, no me interesas en lo absoluto.
- Eso no es lo importante, necesitas reponerte un poco.
- ¿Reponerme? ¿De qué? Me siento bien, me siento tranquila.
Comportamiento agresivo, aquel aroma, al notarlo mejor pudo notar que la muchacha no lograba estar completamente estable al estar de pie.
Su preocupación aumento en ese momento.
- Lori, si quieres, te acompaño, ¿Puedo?
- Haz lo que quieras, como si me importara.
Dicho eso Lori comenzó a caminar, Roberto intentaba mantenerse en todo momento detrás, observando lo más detenidamente posible a Lori.
Ella rechazo en todo momento las invitaciones que le daban sus compañeros en el trabajo para ir a beber, algo que agradecía ya que así no se sentía solo al negarse, cuando le pregunto a la chica si realmente no le interesaba esta asintió, ¿Entonces por que estaba algo ebria caminando por las calles? ¿Acaso le había mentido? ¿Acaso…
No pudo terminar su pensamiento cuando desde el cuello de su camisa fue jalado, notando que ella ahora le miraba con una expresión molesta.
- ¿Te crees muy gracioso?
- Un poco, Nini cree que podría ser un comediante.
- No me importa si te crees o no, ya deja de seguirme.
- Estoy preocupado, claramente estas ebria.
- ¿Ebria yo? Nah, estoy feliz, alegre, no sabría describirlo, tal vez… libre.
- Lori, el otro día, cuando ocurrió el accidente de tu hermana, ¿Paso algo grave?
Aunque algo molesta, Lori aun tenía una expresión algo alegre, una que se desvaneció en el momento en que el muchacho realizo aquella pregunta.
- Eso no te importa Roberto.
- Me preocupas, en serio.
- No me vengas con esa mierda.
Lori soltó la camisa de Roberto, encaminándose lo más rápido que pudo para alejarse, pero el muchacho no se detuvo y la alcanzo fácilmente.
- Lori, si necesitas hablarlo…
- (Molesta) No necesito hablarlo, no necesito una mierda, y si necesitara algo sería que me dejaras en paz.
- Pero Lori.
- ¡Deja de seguirme!
En un último esfuerzo por alejarse Lori quiso intentar correr, pero sus sentidos no se encontraban en el mejor de los estados y solo provoco que se tropezase, torciéndose un tobillo y dejando varios raspones en sus piernas expuestas, intento levantarse nuevamente para alejarse, pero el dolor rápidamente se irradio por su pierna provocando que su intento de levantarse volviese a tirarle al piso, uno que observo frustrada, enojada, ansiosa y, por sobre todo, triste.
- Déjame sola… por favor…
- Lori, vamos. - Roberto comenzó a ayudarla a levantarse pese a que esta no hacía ningún esfuerzo por levantarse. - Hay un parque cerca, puedes descansar ahí.
- Déjame… snif, por favor…
- Cuando sepa que estás más tranquilo.
Como pudo, Roberto logro montarla sobre su espalda, caminando con ella acuestas por cerca de 2 cuadras hasta que llegaron a un pequeño parque, lugar donde busco rápidamente un banco en el que sentó a la chica cuyos sentimientos terminaron por desbordarse camino a ese lugar, envueltos de quejas y suaves golpes a su espalda mientras le pedía que le dejara ir, enfocándose en el momento en que fue liberada en tratar inútilmente de cortar su llanto, algo que se extendió unos pocos minutos hasta que la muchacha finalmente se calmó, fijándose nuevamente en el muchacho.
- Gracias, creo… que necesitaba eso.
- ¿Te refieres al llanto o al alcohol?
- …
- Lori, ¿Por qué? De todo el tiempo que conversamos siempre parecías alguien sumamente razonable, somos menores de edad, no deberías beber ni menos salir así a la calle, si un policía te hubiera visto podrías haber tenido serios problemas.
- No creo que pueda tener problemas más graves de los que ya tengo.
- Siempre hay una solución para las cosas, mamá siempre lo dice.
- Roberto, mi familia… simplemente… se derrumbó.
- ¿Derrumbó? (Preocupado) ¿A qué te refieres?
- El otro día… el accidente que tuvo mi hermanita… ella… no lo logro.
- Oh, o..oye… yo… lo siento mucho.
- Mi hermanita falleció, intente matar a mi madre, un mugroso apareció en mi casa, es solo cosa de tiempo para que Rita vuelva y me mate ella a mí.
La simplicidad con la que la muchacha había comentado esas cosas provocaron que Roberto tardase un momento en asimilar el peso de aquellas palabras, casi como si fuese una reacción retardada, como si hubiese tenido que analizar letra por letra para entender el significado de aquella oración, observando con incredulidad a la chica sentada a su lado.
- O..Oye, eso es grave…
- Lo es, sinceramente estoy impresionada, hace un rato recibí una llamada del hospital, tienen a mi madre ahí, yo la tiré en medio de la nada rogando que muriese como la rata que es, pero no, sobrevivió de alguna forma y según me cuentan, debió de sufrir un aborto o algo así, se podría decir que yo mate a esa criaturita al intentar acabar con Rita.
- Lori… tú no… no pudiste…
- ¿Me veía como alguien tan ejemplar? No lo creo, al menos… siento que ya no me reconozco.
Lori bajo la mirada, concentrándose en el suelo bajo sus pies, si lo pensaba bien sus acciones fueron ridículas, sin sentido, un alivió pasajero con el que tendría que cargar durante mucho tiempo, posiblemente por el resto de su vida además de haber ganado una enemiga que no dudaría en deshacerse de ella a la menor oportunidad tal como lo hizo con Lola, quizás por eso al encontrar aquella petaca escondida en el cuarto de Rita termino por bebérsela, no tenía idea que contenía y el sabor era horrible, pero no se detuvo, no lo hizo, aquella llamada del hospital había desmoronado tantos de sus planes y pensamientos, aun no terminaba de revisar el cuarto de Rita en búsqueda de algo con lo que poder tirarla tras las rejas, una parte de ella rogaba que esa paranoia que tuvo cuando volvió a su hogar fuese eso, mera paranoia, que Rita realmente no volvería a aparecer si la abandonaba en medio de la nada, pero ahora su miedo había sido confirmado y esa persona seguía viva, muy debilitada, pero viva.
Y ahora… una tipa cualquiera diciéndole sus problemas a un completo extraño, uno que podía sentir como le juzgaba por sus palabras, que fácilmente podría llamar a un policía y que le arrestasen por sus delitos, posiblemente sería lo mejor, resguardada por grandes paredes de concreto que le separasen de Rita, tal vez eso podría detenerla, no estaba segura, solo estaba nerviosa.
- (Horrorizado) ¿Por qué… alguien intentaría matar a su propia familia?
- Rita… para ella, nunca fuimos su familia, siempre provoco problemas y rencillas, abuso de nosotras y de mi papá, cuando Lola… mi hermanita… luchaba por sobrevivir… ella dio la orden y la desconectaron, ni siquiera… snif… le dieron la oportunidad de luchar, solo se la arrebataron, le… arrebataron todo, Rita lo hizo… yo solo… snif… quería devolverle algo del dolor que le causo a mi hermanita.
Era la primera vez que Lori se abría tanto con él, las quejas o silencios a los que le envió tantas veces, las explicaciones del porque su dolor o apatía, había odio en el interior de ella, una pena que ninguna cantidad de lágrimas podría borrar, esas palabras habían sido descritas con tal nivel de desgarro que sentía que si tocaba a su locutora podría quebrarse como si fuera de cristal, y, aun así, no podía dejar de mirarla con repulsión.
Era su madre, su propia madre, incluso hablo de un niño que no nació, ¿Pudo abandonar todo eso por una idea de venganza? ¡Había mandado a la basura todos los valores que tantas veces le repitió durante las horas de trabajo y por las cuales ella vivía atormentada!
¿Podría ser la muerte de un ser querido ser equiparable a intentar asesinar a otros 2?
Roberto se levanto del asiento, no quería dirigirle la mirada a la chica en esos momentos, ella podía entenderlo, aunque no le agradaba había puesto atención a las conversaciones con el muchacho, un gran cariño por su familia, un chico demasiado honesto, era una buena persona, una que no dudo en ayudarle cuando le vio en peligro, en esa espalda pudo notar la indignación de aquel sujeto, uno que, le gustase o no, ella lo sabía perfectamente.
Ese era su primer y mejor amigo.
- Gracias por traerme hasta aquí.
- …
- Yo lo entiendo, no te voy a pedir que me comprendas, se que no pasara, pero lo que si puedo decir es… que lamento haberte tratado como te trate cuando tu intentabas apoyarme.
- ¿Eso es todo lo que querías decir?
- Si.
- Entonces adiós… Loud.
- Adiós… Roberto.
El muchacho siguió caminando hasta que desapareció de la vista de Lori, si bien su pie seguía doliendo en unos minutos más posiblemente estaría totalmente sano una vez más, era curioso, aquel muchacho que tanto insistió en alejar le sirvió para un último desahogo, ni siquiera con su tío se había sincerado a ese punto, si era porque sabía que después de algo así no lo volvería a ver quizás se hubiera detenido, pero ya estaba hecho, era un último regalo de despedida antes de lo que estaba por hacer, un último aliento de apoyo antes de enfrentarse a aquella terrible realidad, una vez descanso lo suficiente y pudo apoyar el día siguió su camino, rumbo directamente al hospital, sabiendo que podría esperarse cualquier cosa de esa aquella mujer la cual ahora era abiertamente su mayor enemiga.
Una vez en el edificio no tardo mucho en ubicarse, llegando rápidamente con el medico quién le informo rápidamente de algunas cosas, quedando en completo silencio una vez fue dirigida donde se encontraba Rita, dejándole frente a la puerta de la sala donde esta se reponía, aspiro todo el aire que pudo antes de llenarse con determinación que no poseía, preparándose para fuese lo que fuese que se encontraría en aquella habitación.
Y al abrir la puerta, pudo observarla, despierta y tranquila, mirándola con una sonrisa en su rostro.
- Rita.
- Hola hija, me alegra que vinieras a visitarme al fin.
