Papyrus interrumpió de lleno la conversación con sus chillidos. Junto a Alphys, ambos salieron al patio interior desde la puerta de atrás.
La chica, aunque con una tímida sonrisilla divertida, se le notaba cansada. Pequeñas gotas de sudor iluminaban su frente a la vez que su respiración profunda empañaba sus gafas.
-¿¡Que le hiciste a mi noviaPaps!?
-¿¡Ah!? ¡Yo no le hice nada! ¿Como puedes pensar que elGran Papyrushiciese algo malo?
Undyne salto de su asiento en un estruendoso movimiento. La silla de metal cayó al suelo en un golpe seco.
Ella se acercó con rapidez hacia su pareja, con los brazos estirados, nada más llegar, abrazó con fuerza a la más baja mientras apoyaba su barbilla en la cabeza de la otra.
-No... no me ha... ha hecho nada...
Alphys, aunque intentaba ayudar a Papyrus, el tartamudeo de su voz no hizo más que hacer que Undyne la juntase firmemente a su cuerpo.
Ella miraba a su amigo con un gesto de enfado.
-¡Undyne! ¡Solo le di el Gran Tour por la casa del Gran Papyrus!
-¡Alphys no hace demasiado ejercicio! ¡Deberías haberlo hecho más despacio!
-¡Si fui despacio!
Sans suspiro con alivio; el día de llegada se había librado de hacer aquel Tour.
Ahora, el pensamiento de haber sufrido la visita guiada por la casa, el mismo día que pisaba la costa y después de la extraña reunión con Chara, lo hacía agotarse al instante.
Así si se hubiera sumergido en un sueño en segundo.
-No todos pueden seguir tu ritmo,Paps.
Papyrus miró a su hermano por un momento, todo su rostro se había caído en una completa mueca de incredulidad.
Con un primer asentimiento de cabeza tranquilo, volvió a recuperar su expresión sonriente, algo sonrojada quizás.
-El Gran Papyrus se disculpa. ¡Lo siento mucho Alphys!
La piel de la mujer se coloreó en un profundo rojo. Miraba de un lado hacia el otro rápidamente, tartamudeaba palabras que se quedaban incompletas a la mitad. Hasta que, demasiado abochornada, se agarraba del uniforme policial de su novia.
Undyne le sonrió con cariño mientras se relajaba. Toda la tensión que hubo de un momento a otro se disipó como la espuma del mar.
Los tres con paso tranquilos se volvieron hacia el merendero.
-¿De que hablabais? ¿¡Conseguiste convencerle de Sans nos acompañara a entrenar!?
-No, no se mueve para nada. Nos poníamos al día. Le estaba avisando que tuviese cuidado con Chara.
Papyrus abrió la boca en una pequeña o. Agitó su cabeza a modo de afirmación.
-Nos quedamos a mitad de la costa, ¿no crees?
-Si, bueno. Ya creo que te esperas lo que ocurrió. No hubieron suficientes pruebas sólidas para retenerla, ni siquiera se mencionó el intentar ir a juicio con todas las pruebas circunstánciales.
Chara, sin ninguna atadura legal que la mantuviese en la comisaría, se marchó con sus flores.
A partir de ahí, el caso que habíamos conseguido mantenerlo templado, se enfrió.
Sin nuevas pistas, sin testigos, sin nada para continuar, tuvimos que archivarlo en la librería de casos no resueltos. Había que seguir.
-¡Pero eso no significa que nos hayamos olvidado! No tienes porque tener miedo hermano. ¡Nosotros lo resolveremos aunque pasen cinco... o diez años! ¡Lo haremos!
Sans le respondió con una sonrisa. Él no estaba preocupado, tenía toda la pinta que lo más seguro habían sido asesinaros no intencionado. Si no, había tenido demasiada suerte el asesino.
Y por asesino... laGenocida, ella estaba haciendo bastante ruido.
Desde su lugar, los cuatro escucharon como salían súplicas de la casa contigua. Gritos que aumentaban de volumen cada vez más hasta que se callaron.
Curiosos, con los dos policías a la cabeza, el grupo se dirigió hacia el jardín exterior donde el muro de separación de ambas casa era más bajo.
De cuclillas, ambos policías indicaron a sus dos amigos que se quedarán atrás. Undyne y Papyrus compartieron miradas de desconcierto.
Quizás, podrían estar actuando de manera exagerada, mas, aquellos estruendoso ruidoso, agudos como una altísima nota desafinada, no podían ser de ninguna televisión. Sonaba humano, demasiada fluida y real como para pertenecer a una película.
-¿Violencia doméstica?
Papyrus negó al susurro de la mujer.
-No he visto nunca a nadie con Chara. Desconozco si tiene pareja o ...
La aludida salió de la casa. No dio un portazo, ni siquiera pudieron ver si realmente cerró la puerta.
Sans vio como sus sonrisa seguía inmutable en su rostro. Sus movimientos eran firmes al igual que sus ojos fríos, casi parecía más el andar programado de una máquina que de una mujer.
Con pasos fuertes que hicieron retumbar sus zapatos con tacones en el suelo, se dirigía hacia la salida. Con sus ojos, sin ningún brillo en ellos, se posaron en el bajo muro de hiedras. Ella suspiro.
El día había empeorado de tal manera que Chara ni ganas tenías de enzarzarse en una tonta pelea. Y eso que aquel albino le hacía mucha gracia, pero no.
Apretó sus manos en puños. En esos momentos no las sentía como suyas. Sus palmas estaban pegajosas, muy pegajosas, tanto, que luchaba por girarse y dirigirse hacia el interior para lavársela. Aquel líquido invisible, se derramaba por sus dedos, los mojaba y le dejaba una sensación viscosas. Deseaba que aquel líquido se quitase de su piel. ¡Incluso se quitaría la piel si con ello conllevase a dejar de sentirlo!
Se giró solo para ver que desde la casa salía su molesta visita.
Chara rodó los ojos. Conociéndola, sabía que no la dejaría en paz.
La oportunidad de tomarse un té para tranquilizarse se perdió como un juguete atrapado por la estuación, ella seguiría insistiéndole hasta no ser más molesta que el tonto delDescabezado.
¡Maldición!
¡A ella le había dejado de gustar tomar el té con compañía!
¿No podía dejarla?
¿Ahora?
Después de tantos años sola.
Sonrió con ironía. Sonrió porque o sino terminaría gruñendo. Y estaba cansada de que sus palabras terminasen siendo el susurro del mar. Ignoradas.
Chara se paró a escasos metros de la salida de su parcela. Con pequeño movimiento hacia atrás, estiró los músculos de su espalda. Siempre era lo mismo, encontrarse con alguno de ellos hacía que todo su cuerpo se entumeciera, paralizados por un subidón de adrenalina que la hacía arder de dentro hacia afuera.
Estiro sus manos, abría y cerraba los puños casi erráticamente. Si seguía apretándolas no podría moverla correctamente en un rato, eso sería horrible para su trabajo.
Debería haber cogido alguno de sus cuchillos de cocina. El mango frío de metal contra sus dedos, aunque fuese por poco, enfriaría todo esa rabia que estaba contenida.
Su sonrisa aumento a cada minuto que pasaba. Chara sabía que su invitada podría ser muy valiente cuando le apetecía, pero en momentos reales, cuando realmente tenía que enfrentarse a sus acciones, se escondía; que niña tan pequeñita.
Dio unos pasos hacia delante. Como había sospechado, a cada paso, ella retrocediera tambaleándose. Sus pies tropezaron entre los desniveles de las rocas que hacía de camino hacia la salida, se desequilibró hasta tal punto que en un ruido seco, terminó en el suelo aplastando a sushermosasflores.
Chara separó sus labios mientras mostraba parte de su dentadura.
Oh.
Vaya.
Eso si que no lo soportaba.
Estas en la boca del lobo,mocosa.
