Disclaimer: Naruto no me pertenece.
Aclaraciones: Modern Times. Universo Alternativo.
Advertencias: Ninguna.
Capítulo 12
Naruto ocupó el lugar correspondiente en el tren, considerándose afortunado de conseguir un boleto disponible, especialmente en esas fechas. Llevaba una mochila grande con un par de atuendos adentro sin preocuparle los percances al confiarse que en casa tendría a su disposición más ropa que ponerse. Conociendo a su madre era seguro que así era.
Inmediatamente el tren comenzó a avanzar. Le tomaría exactamente una hora llegar a la estación central de Yokohama, donde su padre lo recogería. Naruto insistió que podría llegar por su cuenta a casa, pero papá solía ser igual de terco que su madre y se negó, argumentando que así no tendría contratiempos.
Sacó el celular y leyó los mensajes que Sakura le enviaba. La noche anterior fue Nochebuena y él la pasó solo en el apartamento. Ni siquiera Menma estuvo ahí, algo de lo cual estuvo agradecido, aunque tampoco le agradó estar solo en esas fechas que presuntamente eran reservadas para estar acompañado. Le envió un mensaje a su novia exactamente a la medianoche, deseándole una bonita Navidad, pero por cómo ella publicaba fotos en Instagram, posando en el lobby del hotel donde se hospedaban, era obvio que estaba demasiado ocupada cómo para responder.
Cenó pollo frito y jugó por el resto de las horas a uno de sus juegos favoritos, tratando de mostrarse indiferente al sentimiento de soledad empujando entre sus costillas. Naruto veía con frecuencia los regalos para sus más allegados, especialmente a sus padres. No pudo conseguir algo mejor, llegando demasiado tarde a las tiendas y viendo la poca mercancía que quedaba en los estantes, sintiéndose culpable de no haberse organizado con mejor tiempo.
—Me esforzaré el próximo año —se dijo a modo de consolación, yendo hasta los regalos y cogiendo una pequeña caja con el nombre de Menma en la tarjeta.
Hizo una mueca. Debió estar loco para pensar que fue buena idea conseguirle algo a Menma. Y aun cuando no era la gran cosa, pensar en su gemelo era un gesto demasiado amable de su parte, especialmente por cómo éste le trataba. Sin embargo, aun cuando no fuera cristiano, dejar de ser egoísta y perdonar era lo que significaba tener espíritu navideño. Además papá le había pedido no pelear con su hermano o comenzarían nuevamente el año de esa manera. Quizá una ofrenda de paz de su parte ayudara a que Menma dejara de comportarse como un maldito bastardo.
—Al menos está afuera —halló eso como una oportunidad, entrando a la habitación de Menma con facilidad; era extraño que éste dejara el seguro sin poner.
Naruto depositó el regalo en el escritorio de su hermano, tratando de no estar ahí por mucho tiempo. No vio gran cosa, salvo que la habitación de Menma tenía mejor orden que la suya, marcando una gran diferencia entre sus habilidades de higiene y organización.
Salió rápidamente de la pieza, cerrando con suavidad para no dejar señales de su presencia, regresando a su propio cuarto, ocupándose en sus asuntos.
Navidad la pasó en el trabajo. Yahiko le pidió de emergencia ir ya que un par de sus empleados confirmaron estar indispuestos cómo para asistir. Naruto aceptó al preferir mantenerse ocupado que quedarse en casa, además de ganar un poco más de dinero por trabajar en un día festivo. No hubo demasiada gente, salvo pequeños grupos o parejas que les visitaron para rentar unos cuantos cubículos y divertirse pegándole a las bolas. Él limpió la zona un par de veces mientras Yahiko se ocupaba de lo administrativo en la oficina.
—Pensé que la pasarías con tu novia —llegó Yahiko al lado de Naruto, sentándose en la recepción, sin clientes a la vista.
Naruto suspiró con poco ánimo.
—No, ella está en Canadá. Con sus padres. Esquiando.
—Ya —respondió Yahiko con un palilo atrapado entre los dientes.
El dueño del lugar le dio un par de golpecitos en la espalda.
—Resistirás.
—No me hagas sentir miserable —pidió Naruto con una mueca al sentir la lástima de Yahiko.
El comentario logró sacarle una risa al joven de cabello naranja, quien concluyó sus asuntos con Naruto para retirarse a la oficina.
Cerraron con poco dinero en la caja registradora, aun así Yahiko agradeció el apoyo de Naruto, deseándole buen viaje al estar enterado de que el Uzumaki iría de visita a la caja de sus padres. Naruto se despidió de su jefe, tomando la dirección contraria para llegar a la estación y abordar su tren.
Mientras viajaba de pie, Naruto leía las nuevas actualizaciones de su novia en su cuenta, viendo lo sonriente que lucía con su traje para esquiar, posando junto con sus padres en lo que parecía ser un restaurante y enseñando los regalos que obtuvo de estos. Sakura respondió su mensaje varias horas después, pidiendo disculpas por la demora y excusándose con la diferencia de horarios. Él solo respondió que le alegraba que la pasara bien.
Al llegar a su apartamento Naruto no hallo la luz prendida, lo cual significaba que Menma no estaba en casa. Su hermano jamás le avisaba a dónde iba, ambos se comportaban más como extraños que dos personas que compartían la misma sangre; y aunque no tuviera razones por las cuales fijarse en los asuntos de Menma, seguía siendo su hermano menor. Sacó el celular para contactarlo, al menos por mensaje; si decidía llamarlo éste no contestaría. Desde la noche anterior no lo vio ni tampoco en la mañana, estaba seguro que ni siquiera pasó la noche en el apartamento.
Hey —comenzó a escribir en el chat—, ¿dónde estás? No te veo desde anoche. Al menos da señal de que sigues vivo —envió.
Bufó irritado de no recibir una respuesta inmediata. Ese Menma. Mañana iría a casa y no le había confirmado si lo acompañaría o lo haría por su cuenta, hasta dudaba de si visitaría o no a sus padres, algo que estaba seguro causaría una desilusión a sus progenitores por no verlos reunidos. Naruto sacó unas prendas de su guardarropa y las echó en la mochila, terminando rápido con el equipaje, acostándose en la cama y viendo al techo.
En algún momento Naruto cayó dormido, despertándose gracias al ruido de la puerta de la entrada. Apenas se pudo sentar en la cama cuando escuchó los pasos retumbar por el corredor, directos a la puerta de su habitación. La luz del pasillo lo encegueció por un momento antes de que algo impactara su rostro, haciéndole gruñir por recibir ese trato de la nada.
Cuando pudo sentirse menos taciturno, Naruto observó con fulminantes ojos la figura de Menma quien estaba bajo el umbral de la puerta.
—¿Cuál es tu maldito problema? —masculló Naruto al reconocer el regalo que dejó en la habitación de su hermano ahora en el piso.
—Y todavía lo preguntas —resopló Menma al cerrar la puerta de un golpe, dejándolo nuevamente en la oscuridad.
Ignoró el llamado del impulso de ir detrás de ese idiota y molerlo a golpes. Sus padres se darían cuenta de que pelearon si llegaba a casa con el rostro lleno de moretones. Respiró un par de veces para calmarse, recogiendo la cajita envuelta de papel navideño para dejarla en su propio escritorio, mirándola con cierta frustración de que ni así Menma quisiera hacer las paces al menos por un día.
—Ni sé para qué lo intento... —musitó al sacarse la sudadera y ponerse ropas más cómodas para irse a dormir.
El tren arribó puntualmente, con los parlantes anunciando la llegada a la estación. Naruto cogió su mochila, quitándose los audífonos y desabordando. No fue difícil hallar a su padre quien resaltaba de entre la multitud debido a su cabello rubio quien, notándolo, alzó la mano para no perderlo de vista. Sonrió y acortó los pasos que lo separaban de su progenitor para llegar al lado de éste y ser recibido por los firmes brazos de su padre quien lo apretó con cariño.
—Naruto —decía con júbilo su padre al verse a la misma altura—, hijo, qué gusto verte —mencionaba con un cariño desbordar del azul de su mirada, haciendo que Naruto riera apenado por las muestras de cariño.
—Estoy en casa, pá —respondió al saludo.
Ambos salieron de la estación después de decirle a su padre que vino solo. Naturalmente Minato preguntó por Menma, pero Naruto se limitó a encogerse de hombros al no tener idea de cuáles eran los planes de su gemelo. Minato entendió, suspirando, pero sin culpar a Naruto de no poder convencer a Menma de acompañarlo.
—Estoy seguro que podremos verlo en otra ocasión —dijo optimista.
Subieron al coche y viajaron por las calles de la ciudad mientras escuchaban música. Naruto hablaba de los hechos más significativos de todo el año que estuvo fuera de casa, narrando una que otra divertida anécdota que sacaba risas a su padre por la manera cómica en cómo Naruto describía sus aventuras.
No tardaron mucho para llegar al vecindario en el cual Naruto creció, notando el gran cambio que había sufrido desde la última vez que estuvo en casa. La fachada de la casa tenía otro color y el jardín se había tornado opaco debido a la nieve acumulada en la calle. Minato le pidió pisar con cuidado al no haber podido quitar el exceso de ésta de la entrada, haciendo que Naruto le prometiera hacerlo.
—No te haré trabajar en tus vacaciones —dijo Minato al acercarse más a la puerta, cerrando detrás de sí el portón que señalaba los límites de la vivienda—, viniste a visitarnos, no a que te pusiera a trabajar.
—Tampoco me molesta —explicaba Naruto, siento tan natural para él querer ayudar a sus padres—. Será más rápido si lo hago yo. Digo, no es que crea que eres viejo, pá, pero podrías caerte y eso...
Minato rió por las ocurrencias de Naruto, pero sin enfadarse. Sabía que su hijo tenía buenas intenciones, aunque al momento de darlo a entender podría malinterpretarse; por eso era bastante común que se metiera en problemas.
Entraron a casa y Naruto aspiró profundamente el aire hogareño que tanto extrañó. Dejó los zapatos en la entrada, adentrándose a la morada de donde pudo distinguir el aroma de comida que viajaba por cada rincón de la casa. Tuvo la idea de sorprender a su madre, mirando con complicidad a su padre, yendo de puntillas hasta la cocina donde la conocida figura de su progenitora se movía de aquí para acá, moviendo los cucharones en el guiso que ella preparaba, tarareando una cancioncilla que seguramente escuchó en la radio, tomándola por sorpresa al brincar a su lado y gritar:
—¡Tadaima, kaa-chan...! ¡Auch! —inmediatamente sintió el golpe de la cuchara en su cabeza, borrando su sonrisa por el dolor, viendo la mueca de sorpresa de su madre al reconocerlo.
—¿Naruto? —Kushina abandonó su posición de ataque al mirar a su hijo mayor sobarse la cabeza, sonriendo ampliamente—. ¡Oh, Naruto, al fin estás en casa! —rápidamente lo abrazó con fuerza, sacando un quejido al joven rubio por la monstruosa fuerza de la cual su madre hacía uso en las ocasiones menos impensables.
Aun así Naruto correspondió al abrazo, aspirando el característico aroma de su madre desprender desde su cabello rojizo.
Kushina se separó de él con la misma sonrisa para luego pegarle en el hombro.
—Má —se quejó de inmediato Naruto.
—No vuelvas a asustarme así, pensé que eras un ladrón —explicó la pelirroja, frunciendo el ceño—. Tuviste suerte que usara la cuchara y no el cuchillo. ¡Pude haberte lastimado!
—Eh, sí, perdón, má —rió con nerviosismo Naruto al saber que su madre no solía tomarse bien los ataques sorpresas.
Bastaba recordar cómo su padrino, Jiraiya, terminó cuando pensó que era una buena idea asustar a su madre.
La cara de enfado de Kushina no duró mucho porque volvió a sonreírle, abrazándolo por segunda vez y decirle lo mucho que lo extrañó. Naruto se sintió tan seguro que no permitió avergonzarse con las muestras de afecto que su madre le profesaba.
—Pero mira lo flaco que estás —ni siquiera habían pasado cinco minutos para que su madre comenzara a estudiarlo, sintiéndose nuevamente nervioso de la analítica observación que su madre le hacía—, ¿si te estás alimentando bien? —luego fruncía el ceño—. Te he dicho que debes acompañar en todas tus comidas vegetales y frutas. Ingerir tanto ramen instantaneo no te nutritrá para nada.
—Má, no tienes que preocuparte, como bien, en serio. Solo tuve una ruda semana de exámenes.
—Con más razón debiste comer adecuadamente —Kushina hizo un mohín, con las manos en la cintura y la mirada purpura pegada en la cara de su hijo—. Ve a dejar tus cosas en tu habitación y a ponerte cómodo. Todavía con una hora de diferencia debió ser cansado llegar hasta aquí. Yo te llamaré cuando la comida esté lista, ¿de acuerdo?
—Hai.
Su padre le dedicó otra sonrisa al pasar a su lado, subiendo a la segunda planta donde reconoció los retratos colgando de la paredes, así como los adornos. Mamá era fiel creyente que las paredes vacías eran un reflejo de la poca unidad en un hogar, por lo cual siempre gustaba de adornar cada espacio libre con algo que estuviera relacionado con ellos. Frecuentemente se sentía avergonzado de verse expuesto así, especialmente si traía a casa a amigos quienes tenían a disposición momentos íntimos de su familia postrados en la pared. Sin embargo, ahora que estaba en casa, era natural para él sonreír y sentirse apreciado.
Llegó a la habitación que ocupó desde siempre. Olía a limpio y era claro que su madre seguía haciendo el aseo pese a no vivir ahí. Naruto se sintió agradecido, ingresando y dejando su mochila en la silla del escritorio, sentándose por un momento en la cama, observando las paredes llenas con con los posters de las bandas que ya no escuchaba tanto o los animes que gustaba ver desde niño. Incluso en su escondite secreto las mismas revistas para adultos seguían ahí, riendo apenado. Fue hasta la ventana para abrirla por un momento, sintiendo cómo las ráfagas de aire frío chocaban contra su piel, aun así halló la sensación como calmante.
En cuanto sintió que la nariz moqueaba, Naruto la cerró y regresó a ver sus pertenencias, sintiendo la nostalgia. Abrir los cajones de su escritorio y encontrar las notas olvidadas que Sasuke le había hecho para no reprobar sus materias lo hicieron reír. También sus cartas de Pokemon o los garabatos en los libros de Historia Moderna; también se avergonzó de todos esos corazones que dibujaba con el nombre de Sakura y el suyo en el centro.
—Casi una vida enamorado de Sakura Haruno... —musitó al leer el grado al que pertenecieron esos libros.
Podía recordar esas memorias en que las mariposas bailaban un vals dentro de su estómago cada que ella pasaba cerca. Buscó todas las maneras de llamar la atención de la chica bonita de cabello rosa, ya fuera siendo el payaso de la clase y la pesadilla de todo profesor, o quien mejor jugaba el sóccer en las horas libres de la jornada. Siempre que la veía andar con sus amigas le sonreía, corriendo a su lado para decirle lo linda que lucía, ganándose de inmediato miradas toscas de la chica quien le pedía dejara de comportarse como un idiota y de que no, no iba a salir con él.
—¿Uh? —de entre toda esa montaña de recuerdos Naruto halló un cuadernillo. Lucía menos roído que el resto.
Al abrirlo lo identificó como notas de más de una materia, separadas por secciones. La caligrafía era limpia y elegante, además de tener dibujos claros y precisos de biología, o figuras geométricas. Naruto no lo reconoció como notas que Sasuke le daba, ese teme no se tomaría tantas molestias; este cuaderno pareció ser escrito de la manera más atenta posible.
Cuando le dio vuelta Naruto leyó el nombre de la persona a quien le pertenecía. O le perteneció.
Hyuga Hinata. 2do grado. Escuela Secundaria Akazuka.
—¿Hinata me prestó esto...? —se preguntó a sí mismo al no tener idea de que tuviera algo como eso en sus cajones.
Lo hojeó con atención. Abarcaba temas complicados que seguramente a esa edad no pudo entender. Las propias anotaciones tenían notas pequeñas que aclaraban la terminología que ella usó para explicar los procedimientos de unas fórmulas en Química, al igual que los hechos más sobresalientes de un período de Historia.
Y en la última hoja había un mensaje escrito.
Espero que esto pueda ayudarte, Naruto-kun. Buena suerte en tus exámenes, sé que pasarás.
—Hinata Hyuga.
No tenía memorias de haber sido cercano a Hinata en la secundaria. Ni siquiera en la preparatoria lo fueron. En aquella época era considerado el chico problema, pasaba más tiempo en la oficina del director o en los pasillos sosteniendo cubetas llenas con agua que en clase. Sintió remordimiento. Ella sí pareció verlo como un amigo para haberse dedicado a escribir aquel cuaderno de notas y entregárselo, aunque Naruto no recordaba cómo.
El único medio que los había hecho convivir fue Sakura. Al saber que la joven Hyuga pasaba tiempo con la rosada, siempre le preguntaba el paradero de ésta cada que la veía en solitario en su club. Después de que Sakura aceptó ser su novia, él vio con mas frecuencia a la chica debido a sus salidas y a que su círculo de amigos tenía en común a las mismas personas. Y ahora que Hinata salía con Menma, sus interacciones se habían vuelto normales, al punto de que él se sintiera extraño de no verla frecuentemente.
—Parecía que ya me conocía bien desde antes... —murmuró al leer cada palabra ahí escrita, sabiendo a la perfección que el Naruto del pasado sin duda tuvo problemas en cada uno de esos temas.
Rascó su cabello al sentirse culpable de alguna manera. Nunca la tomó en cuenta, no como ahora. Siempre acompañaba a Sakura, casi como Ino, era natural llevarse bien con las amistades de su novia. Ino era un dolor en el trasero, pero Hinata siempre fue amable. Jamás buscaba hacerlo sentir mal, ni siquiera se unía a las bromas que Ino frecuentemente gustaba hacerle cada que quería pasar un momento a solas con Sakura e incluso buscaba darles privacidad.
Básicamente Hinata fue invisible para él desde secundaria. La consideró la chica más rara que había conocido y aquella categoría la acompañó hasta la noche en que notó ciertas cosas en ella que, de alguna manera, le hacían sentir ansioso.
El peso de la realización cayó en Naruto de manera abrumadora.
Sin embargo, no pudo continuar con el rumbo de sus pensamientos al escuchar desde abajo el llamado de su madre para que fuera a comer.
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Después de la comida y de conversar con sus padres, enterarse de las buenas nuevas, sus padres lo sorprendieron al entregarle una caja envuelta.
Naruto sintió las mejillas rosadas por el gesto, viéndolos con pena.
—No tuvieron que hacerlo... —hizo saber.
Kushina restó importancia y en su lugar lo apresuró a abrirlo.
Terminó abriendo el regalo, sintiéndose agradecido de que sus padres, aun con los gastos, tuvieran el gesto de regalarle algo. Al quitar la envoltura y abrir la tapa se topó con una nueva chaqueta de tonalidad naranja, su color favorito, y forro negro. Se sintió querido.
—Pá, má, muchas gracias —les dijo con los ojos queriendo humedecerse, cosa que hizo a Minato acariciarle su cabello y a Kushina decirle que no llore.
—No la manches con tus mocos —expresó Kushina con una mueca divertida de ver a su hijo limpiarse cualquier atisbo de lagrima con el brazo.
—Yo no estoy llorando —masculló Naruto al sonar su nariz con la servilleta que su padre le acercó.
Kushina solo rió por lo dicho por su hijo mayor, invitándolo a probarse la prenda y ver cómo lucía.
Hizo caso a su madre y se puso la chaqueta, cerrando una otra vez el ziper para ver que funcionara bien. Escuchó a su madre aplaudir y decir que lucía bastante bien, avergonzándose. Pero igualmente sonrió de que ninguno de sus padres le criticara ser un fan de un color tan inusual como el naranja, algo que Sakura siempre hacía cada que prefería aquella característica en toda ropa que adquiriera.
—El de tu hermano quedará pendiente —aviso Kushina al dejar de lado el otro regalo envuelto—, claro, si viene —esto lo dijo con cierto desanimo en su voz que Naruto, incluso siendo tan despistado, lo notó—. Si no lo hace, ¿podrías dárselo?
Naruto asintió sin atreverse a rechazar el favor. Omitió el hecho de contarles a sus padres lo sucedido la noche anterior y cómo Menma seguía rehusándose a aceptar sus gestos y comportarse como hermanos en lugar de desconocidos.
—No te preocupes, má, yo se lo doy —prometió, sacándole una sonrisa aliviadora a su madre de escucharle decir eso y pensar que entre ambos nada malo sucedía.
La tarde pasó rápido ya que se dedicó a ayudar a su padre con la nieve, usando su nueva chaqueta. Incluso apostó con su padre a terminar más rápido, ambos compitiendo y riendo al quitar la nieve de la propiedad. No fue hasta que Kushina salió a decirles que era hora de entrar y que tenía chocolate caliente esperándolos. En la cena su madre lo sorprendió con ramen casero, algo que lo hizo sorber ruidosamente los tallarines mientras saboreaba el sazón hogareño de su madre, del cual confesó extrañar tanto en su estómago. Kushina lo alentaba a comer todo lo que quisiera, e incluso le dijo que le guardaría un par de cosas para que se llevara a la ciudad. Él asintió a todo, agradecido con su madre de tomarse las molestias.
Servidos y ayudando a su padre a ocuparse de los trastes usados, pasaron a la sala donde su madre ya había puesto el kotatsu, con una canasta llena de mandarinas. Los tres se quedaron hasta tarde, viendo el programa en la televisión, con su madre animando a los participantes del reality show y riendo por las ocurrencias que los presentadores decían. No fue hasta que su madre comenzó a bostezar que consideraron como suficiente la velada y se retiraron a sus respectivas habitaciones.
Dentro de su habitación Naruto leía los mensajes de sus amigos, no era nada importante, solo él respondiendo que estaba en casa de sus padres y que en esos momentos no podía reunirse con ninguno de ellos. Chouji lo había invitado a pasar la velada con él y su familia, algo que le hizo sonreír por el buen sujeto que su amigo era. Le prometió llevarle alguna botana típica de la ciudad.
El chat con Sakura se mantenía igual a cómo lo dejó, sin nada de novedades. No le puso mayor importancia al entender que estando de vacaciones estaría más ocupada disfrutando del lugar que en ponerle atención. Naruto decidió no sobrepensar en ello, estaba en casa de sus padres y se la estaba pasando bien.
No lo echaría a perder.
Estuvo tentado a enviarle un mensaje a Menma diciéndole lo idiota y egoísta que era, pero eso no ayudaría a nada. Además, mucho mejor para él recibir todas las atenciones de sus padres.
Se quedó despierto por unas horas más, incluso dejó en pausa una película de acción cuando la notificación de un nuevo mensaje vibró. Naruto enarcó una ceja al ser molestado a esas horas, pero aun así sintió curiosidad.
Era de Hinata. La sorpresa lo hizo sentarse en la cama, abriendo rápidamente el mensaje con el corazón agitado por una extraña razón. Naruto lanzó una mirada hacia el cuadernillo de notas cuya propietaria era Hinata. Se le hizo nudo el estómago.
No era nada grandioso, era un mensaje sencillo de ella deseándole una feliz Navidad, aunque también se disculpaba por molestarlo en esas horas. Él respondió que no lo hacía, que todavía seguía despierto.
Hinata respondió que aun así fue grosero de su parte no considerar su descanso. Él rió por lo correcta que Hinata era y se aseguró de aclararle que no le estaba haciendo ningún mal.
Ella escribió que esperaba que disfrutara sus días acompañado con su familia, buscando la manera de despedirse. Naruto entró en ansiedad de que ella lo hiciera tan pronto. ¿Desde cuándo sus conversaciones eran tan cortas?
Entonces la llamó.
El primer timbre resonó entre los tímpanos de Naruto como un eco siniestro; las manos le empezaron a sudar y por inercia se paseó alrededor de su habitación. Interiormente se cuestionó si Hinata le respondería y consideró la hora como inapropiada para mantener una charla. Seguramente estaba ocupada con su familia, o a punto de dormir...
O con Menma. La posibilidad lo hizo detenerse en bruto. Quiso echarse para atrás y cortar la llamada, pero la voz de Hinata le habló desde el otro lado y Naruto no pudo colgar.
—Hola, Naruto-kun —por cómo sonaba la voz de Hinata era obvio que estaba avergonzada—, lo siento, no quise molestarte. Uh, seguramente estás cansado...
—Para nada —respondió él entre una extraña mezcla de nervios y alivio—. Eh, perdón, probablemente no fue una buena idea llamarte. Debes estar ocupada y eso... —rió, considerándose a sí mismo como un tarado quien no piensa en las consecuencias de sus actos.
Tampoco quería forzar una charla, no tenía un tema interesante del cual sacar provecho y no quería ser alguien molesto, solo mantener por un rato más la conversación.
Naruto observó el cuadernillo de notas. Eso. Podría utilizar eso como un punto de partida para que la llamada no se tornara incómoda.
—No, no lo estoy —respondía ella después de un rato—. Mi hermana y yo veíamos una película en la sala, pero ya se durmió.
—Ya, entiendo. Uh —se rascaba la cabeza con cierta frustración—. Lo siento —confesó al sentirse como un idiota, recordando que Hinata tenía problemas para dormir y que seguramente le estaba causando una gran molestia—, no debí llamar... Eh, fue algo estúpido. Ya que me enviaste un mensaje, pensé que podríamos... Hablar y eso, pero fue una idea tonta. Perdón, Hinata, quizá... En otra ocasión...
—En lo absoluto, Naruto-kun, no me molestas. Aunque debería disculparme yo más que nadie por no considerar tu horario de sueño, después de todo no es apropiado mandar mensajes a estas horas.
—No, no te disculpes, simplemente querías desearme lo mejor, y lo agradezco —Naruto rió e imaginó que ella estaría apenada al otro lado de la línea—. Eh... ¿Sabes? Justo estaba revisando las cosas en mi habitación y encontré algo tuyo.
—¿Algo mío? —cuestionó Hinata en un tono de asombro. Seguramente ella tampoco recordaba el haberle dado algo.
—Sí —caminó hacia donde estaba el cuaderno y lo tomó, mirando la portada donde los datos básicos de Hinata estaban escritos—. Es algo viejo, no te preocupes, seguro ni lo recuerdas. Es... un cuaderno de notas, creo que cursábamos segundo grado de secundaria.
—Oh —ella exclamó—. Y-Ya lo recuerdo. Qué verguénza. Debes estar sorprendido de encontrar algo así en tus pertenencias. Seguramente ya no tiene utilidad, ha pasado mucho tiempo. Puedes sentirte libre de botarlo si gustas.
—¿Eh? ¿Por qué haría eso? —a Naruto le extrañó que Hinata pensara aquello—. Lo escribiste para ayudarme, ¿no? Aunque me di cuenta muy tarde, pero... Lo agradezco mucho, Hinata. Pensaste en mí para hacer todo eso.
—N-No es la gran cosa, Naruto-kun, solo quise ayudar. Lamento no habértelo dado en persona, era... muy penosa en esos días. Y ya que no éramos cercanos, bueno, temí ofenderte, así que le pedí a Sakura de favor entregártelo.
—¿En serio? —hizo el esfuerzo de recordar, pero nada se le vino a la mente salvo lo más destacado de esos días de secundaria. Se sintió mal por olvidar algo así—. Agh, no lo recuerdo... De verdad lo siento, Hinata-chan.
La risa de ella estalló como confeti al otro lado y sintió que el corazón se removía inquieto.
—Pasó hace mucho, no hay motivo para que te sientas mal. Seguramente Sakura olvidó mencionarlo también. Pero no hay problema.
Al otro lado percibió movimiento debido a la interferencia en el celular, Naruto puso especial atención, sobre todo cuando escuchaba susurros en el trasfondo.
—Perdón —Hinata retomó la palabra después de una pausa—, mi hermana acaba de despertar y tengo que acompañarla a la cama.
—Claro —lo entendió a la perfección al recordar el rol de Hinata como hermana mayor—, eh, entonces te dejo. Gracias por hablar conmigo, Hinata.
—Sin problemas, Naruto-kun. Nos veremos en otra ocasión, disfruta tu estadía con tus padres.
—Hai. Tú también pásala bien, Hinata.
—Uhm. Adiós, cuídate mucho.
—Igual.
La llamada se cortó y Naruto percibió las mejillas sonrojadas.
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Los sonidos matutinos del vecindario lograron despertar a Naruto. Por un momento padeció de confusión al no reconocer de inmediato el lugar en el cual se hallaba, pero después de hacer memoria y confirmar que estaba en casa de sus padres, todo se volvió claro. Soltó un bostezo, viendo la hora de su reloj en el celular. Apenas las nueve.
Tarde o temprano mamá iría a despertarlo, dándole igual si estaba de vacaciones o no, aquello no le daba excusa de volverse un holgazán. Saliendo de la habitación para dirigirse al baño a hacer sus necesidades, Naruto escuchó cierto movimiento en la planta de abajo. No puso atención al saber que su hogar desbordaba de energía debido al carácter hiperactivo de su madre, ocupándose de sus asuntos mañaneros.
No fue hasta que salió del baño que el escándalo se volvió imposible de ignorar y, teniendo un interés natural por lo que le rodeaba, Naruto decidió bajar las escaleras para descubrir qué sucedía.
Él quedó a medio camino al observar en la entrada cómo su madre abrazaba con ímpetu a Menma quien lucía fastidiado de tanto cariño.
—Mamá —gruñía el azabache al encontrarse en esa posición que lentamente se tornaba incómoda—, ¿no crees que estás exagerando?
—¿Exagerando? —Kushina le miró con el ceño fruncido sin liberar a su hijo menor—. Pensé que no vendrías y que pasarían meses para verte. ¡Claro que no estoy exagerando! ¿Acaso hago mal en extrañar a mis hijos? —moqueaba la mujer y Menma desvió la mirada a otro lado—. A este ritmo me obligarán a irlos a visitar a Tokio...
Naruto tuvo pánico de que aquello se cumpliera. No había nada de malo recibir la visita de sus padres, especialmente mamá, pero si sería algo vergonzoso, especialmente el lugar que rentaban. No era el mejor, y vaya que conocía a sus padres. Insistirían en buscarles algo mejor, sin importar cuánto costara.
—No tienes que hacer eso. Estoy aquí, ¿no? —musitó Menma al pensar lo mismo que Naruto y saber lo problemática que la situación sería.
Lentamente se separó de su madre, marcando una distancia y teniendo el espacio para quitarse la chaqueta.
—Afuera hace mucho frío —remarcó Kushina al tomar la chaqueta de su hijo y ponerla en el guardarropa de la entrada—, si hubieras avisado, tu padre pudo haber ido por ti a la estación —regañó.
Menma bufó.
—Algo de frío no me matará —respondió con indiferencia.
—Pero no es buena idea que te expongas así —Kushina continuaba—, ¿qué pasa si te enfermas, uh? Disfrutar tus vacaciones enfermo no sería lo ideal... Podrías...
—Creo que sería buena idea dejar que Menma fuera a su cuarto, Kushina —Minato interceptó al adivinar que a Menma no le gustaría escuchar regaños de parte de la pelirroja como bienvenida. Era fácil asumirlo por la expresión que el azabache marcaba en sus rasgos—. Que descanse un poco. Una vez que lo haga, podrá actualizarnos de cómo ha sobrellevado la universidad y demás.
Kushina hizo una mueca sin estar completamente de acuerdo, más no se quejó y permitió que su hijo menor subiera las escaleras.
—Haré el desayuno —avisó a Menma, notando que Naruto también estaba ahí—, cuando te llame procura bajar, ¿sí?
—Está bien —respondió Menma al seguir con su camino, pasando de lado de Naruto.
Ninguno dijo nada. Naruto pensó que Menma no visitaría a sus padres ya que nunca le compartió sus planes, había sido una sorpresa ver que sí lo hizo. Él se limitó a bajar las escaleras sin prestarse a las provocaciones. Al menos haría una tregua para no pelear bajo el techo de sus padres. Eran fechas festivas después de todo.
Ya mañana podrían regresar a lo acostumbrado.
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En la hora del desayuno Kushina y Naruto eran quienes animaban la situación con sus habituales charlas, demostrando sin falla alguna que eran madre e hijo por la similitud de sus ademanes, tanto a hablar en gran volumen al momento de dar a conocer sus opiniones al respecto o el gran apetito que los invadía para orillarlos a devorar todo a su alcance.
Minato sonreía con dulzura de ver a su familia reunida; aunque Menma no participara activamente en la conversación, tenerlo ahí era más que suficiente.
Justo el día de ayer el matrimonio, a través de las vivencias de su hijo mayor como universitario, estaban al tanto de los sucesos compartidos por Naruto de lo más destacado de aquel año. Kushina había preguntado el cómo se la pasaron en su cumpleaños al sentirse todavía mal por no haberles enviado lo esencia, salvo un par de paquetes con su comifa favorita y muchos mensajes de felicitaciones; Naruto en un ataque de risas les narró lo bien que la pasó al lado de sus amigos, pues éstos le habían organizado una fiesta sorpresa.
Aquello pintó en Kushina una sonrisa al escuchar que su hijo estaba rodeado de buenas personas.
Inmediatamente cuando Menma ocupó su lugar en la mesa familiar, fue imposible no ignorar los ojos atentos de sus padres, quizá interesados en la perspectiva de su parte. Bufó interiormente, pensando que Naruto pudo haberse encargado de compartir esos detalles con sumas exageraciones y mentirillas blancas para no despertar la preocupación de sus padres con respecto a cómo iba su relación, especialmente viviendo en el mismo apartamento.
—¿Todo bien con la escuela, hijo? —Minato decidió lanzar la primera pregunta, observando al joven Uzumaki quien se limitaba a masticar en silencio los alimentos.
—Sí —respondió sin sentir ánimo de compartir más detalles.
—Me lo imagino —Minato asentía—, siempre has sido buena en la escuela. Creo que es tonto que nos preocupemos en ese aspecto.
—Con la mente brillante que tiene, claro que sería tonto hacerlo —concordó Kushina, sonriente.
Menma pausó su masticado, observando a sus dos progenitores.
—Exacto —dijo—, por eso no tienen que preocuparse por mí. Sé cuidarme solo.
—Y eso está bien, pero no quiere decir que debas resolver todo por tu cuenta, Menma —hizo saber Kushina—. Siempre vamos a estar para ti, por favor recuérdalo.
—Hai —soltó él en una cortante respuesta que ayudó a que dejara de ser el centro de atención.
Naruto prefirió no participar en la conversación entre sus padres y Menma, estuvo más ocupado en terminar con el desayuno. Además, si decía algo, estaba seguro que Menma le patearía la espinilla bajo la mesa, sumergiéndose en una pelea invisible para sus padres.
En cuanto la hora familiar terminó, Kushina no tardó en traer el regalo reservado a Menma hasta el azabache y pedirle que lo abriera delante de todos ellos.
Sin tener manera de negarse a los deseos de su madre, Menma así lo hizo, abriendo la caja para toparse con una nueva chaqueta con tonalidades de azul eléctrico. Serviría bien para el clima helado de enero.
—Gracias —dijo a sus dos padres al saber perfectamente que la razón por la cual la prenda quedaba bien era porque su padre acompañó a su madre.
Era bien conocido que Kushina Uzumaki era malísima con las tallas.
—Cierto —musitó Menma al recordar a último minuto de un detalle.
Naruto observó con curiosidad a Menma levantarse de la sala para ir a la entrada, trayendo consigo obsequios envueltos. Eso lo hizo caer en el hecho de que él olvidó los suyos en el apartamento. ¡Por eso se sintió tan ligero de equipaje al momento de abordar el tren!
—No es la gran cosa —musitó al entregarle sus respectivos obsequios a sus padres—, espero les guste.
—Menma —Kushina lo veía con ojos de ilusión por tomarse esas molestias—, no importa lo gruñón que te has puesto, sigues siendo un niño dulce.
Menma hizo una mueca por el comentario de su madre, más prefirió no comentar nada al respecto al sentarse de nuevo en el sofá de una pieza.
—No tenías que tomarte estas molestias —dijo Minato un tanto avergonzado—, pudiste usar el dinero en ti en lugar de nosotros.
—No hay nada especial por lo que me sienta interesado, así que está bien —murmuró con honestidad.
—¿Uh? ¿Naruto? ¿Qué con esa cara? —preguntó Kushina al notar cómo el entusiasmo de su hijo se había evaporado.
—Ah, lo siento, má, pá —el rubio miró a sus dos padres con cierta pena—, yo también les había comprado algo, pero... Lo olvidé. En serio perdón.
Kushina rió sin preocupación alguna, no tomándose aquello como algo importante.
—¿Y por eso te pones triste? Puedes traerlos en la próxima vez que nos visites, o enviarlos por mensajería. Tenerlos aquí, con nosotros, es más que suficiente.
—Kaa-chan...
Después de aquel momento emotivo los regalos fueron abiertos. Kushina chilló emocionada de ver que tenía un nuevo juego de cuchillos que un famoso chef promocionaba en su programa de cocina, del cual ella era totalmente fan. Minaro sonrió con cariño por verla feliz, mirando a su hijo menor para agradecerle el considerar esos aspectos al momento de elegir algo para su madre.
Minato fue el próximo. Primero no lo entendió, pero al cabo de unos segundos en que su mente pudo hacer clic, una sonrisa se dibujó en sus labios al sacar del recipiente un rompecabezas en 3D de la Muralla China. Ya que era un amante de los diseños arquitectónicos, era bien conocido su afición por las obras más significativas en la historia de la humanidad. Además ayudaría a ampliar su colección personal.
—Gracias, Menma —el primero en hablar fue Minato quien le sonreía a su hijo menor.
Y a comparación del rubio mayor, Kushina se lanzó a abrazar a ambos gemelos, repitiendo que el mejor regalo de ese año era tenerlos ahí juntos, llevándose bien.
Tanto Menma como Naruto se miraron entre sí, sabiendo a la perfección que era todo lo contrario.
.
Kushina se quejaba a viva voz de lo rápido que sus hijos tenían que regresar a Tokio, más Menma debía realizar unos trámites para sus cursos, así como Naruto reintegrarse a sus labores en el negocio de Yahiko. A la mañana siguiente Minato ya los esperaba en el auto para llevarlos de regreso a la estación de donde su tren partiría. Sin duda a Menma le hubiera gustado partir antes, pero Kushina logró convencerlo de irse junto a su hermano. Al menos eligió un asiento lejos del de Naruto.
Después de despedirse de la pelirroja y asegurar visitarlos en otra ocasión, salieron de casa para montarse en el auto familiar. En menos de media hora Minato se despedía de sus hijos, deseándoles lo mejor, un buen año y buena salud, así como la seguridad de pedirles, en caso de requerirlo, lo que necesitaran. Naruto asentía a todo lo dicho por su padre, chocando los puños con éste, mientras Menma se limitaba a observarlos en silencio para tomar sus cosas en cuanto el anuncio de abordar se escuchó en los parlantes, así como el sonido del freno del tren en arribar.
Al entrar a los interiores, Naruto se seguía despidiendo de su padre mientras Menma caminaba por el pasillo para dejar su equipaje arriba, tomando asiento inmediatamente.
Ignorando el chat personal que mantenía con Suigetsu, Menma respondió a un par de mensajes de Hinata que en sí no eran tan importantes, solo ella queriendo saber en qué tren regresaría a Tokio. Le había prometido verse después de las fechas y de la visita a su familia.
El tren avanzó a su acostumbrado ritmo, sumergiendo a los pasajeros en un ambiente relajado y silencioso, seguros de llegar puntualmente a su destino. Menma recostó la cabeza contra el cabezal del asiento, permitiéndose reposar durante el viaje.
La obra de teatro que tanto Naruto como él mantuvieron en casa concluyó exitosamente. Realmente se esforzó para no rodar los ojos o mostrarse irritado del natural comportamiento del cabeza hueca, todo para no levantar sospechas o llamar la atención de sus padres sobre un asunto que no tenía solución.
Agradecía que solo pasó un día entero en su hogar natal, haber alargado su estadía en compañía de Naruto pudo terminar mal. En el apartamento de Tokio tenía como consuelo el no verse las caras debido a la diferencia de horarios que cada uno manejaba, pero en casa de sus padres era otro asunto.
Porque realmente no lo soportaba.
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Naruto despertó justo a tiempo de que el freno del tren resonara en la estación y verse de regreso a la metrópolis. El estómago se hizo un hueco al notar la nostalgia que le escalaba por la espalda al saber que tardaría un par de meses para visitar a sus padres otra vez; al menos su madre le había empacado una buena cantidad de comida que lo haría no sentirse tan alejado de ellos.
Cogió sus pertenencias con calma sin preocuparle si Menma bajó primero o seguía ahí. Que ambos hubiera viajado de regreso no significaba que tuvieran que hacer lo mismo de camino a casa. Avanzó hasta la salida, con la mochila ahora llena y la chaqueta nueva que sus padres le obsequiaron bajo el brazo, bajando los escalones.
Al alzar la vista se topó con la sorpresa que Hinata estaba ahí, al lado de Menma, sonriéndole dulcemente. Naruto apretó la correa de la mochila, desconociendo el sentimiento picando en sus costillas. Quiso aventurarse a dar el primer paso, pero no pudo. Se le veía tan contenta, incluso Menma llevaba un mechón rebelde de cabello azulado detrás de la pequeña oreja, algo no tan propio viniendo de alguien como Menma quien se comportaba como un arisco animal con el contacto humano.
Entonces la mirada de la dulce chica se posó en él, ubicándolo lejos. Pareció sorprenderse. Aquel gesto llamó la atención de Menma quien giro, conectando su azulado mirar con el de Naruto quien, sintiéndose irritado de alguna manera, compartió el mismo sentir que el gemelo menor al notarlo.
Tratando de no incomodar a la Hyuga, Naruto sonrió y se acercó a ambos trotando, llegando de inmediato hacia ellos para enfado de Menma quien claramente quería correrlo.
—Naruto-kun —Hinata sonrió al rubio—, bienvenido —repitió el mismo gesto que con Menma al saber que ambos gemelos regresaban de Yokohama. Los miró a ambos—. Espero que la hayan pasado bien.
—Yoh, Hinata —saludó Naruto con total normalidad, como si por dentro una ansía indiscreta no lo estuviera comiendo vivo—. Lo hicimos. Mamá cocinó un montón de comida y todavía me pidió que me llevara más —narraba con sumo detalle, sacando otra pequeña sonrisa en el rostro de la joven—. ¿Quieres probarla? Te aseguro que el sazón de mamá es genial.
—Eso suena genial, Naruto-kun, pero no quisiera importunar, su madre les cocinó específicamente a ustedes.
—¿Pero qué dices? —el rubio rió—. La comida sabe mejor cuando la compartes. Además, estoy seguro que a Menma no le molestaría. ¿Verdad? —preguntó esto último mirando a Menma.
Menma le observó con claras señales de querer callarlo para siempre.
—No era necesario que me recibieras —Menma decidió ignorar a Naruto y enfocarse en Hinata quien, al traer de nuevo el tema de conversación antes de que el rubio se uniera a ellos, volvió a fijarse en su novio.
—Lo sé, pero aun así quise verte —respondía ella con las mejillas sonrojadas—. Mi padre y primo regresan hasta mañana, aun cuento con algo de libertad, quise aprovechar el tiempo que me queda para pasarla contigo... Aunque me disculpo si esto te resulta molesto...
Menma suspiró.
—Tú no eres molesta, solo no esperaba verte... aquí. Es todo —percatándose de que traía equipaje, Menma no tuvo otra opción que recurrir a una solución fácil—. Aun tengo que dejar todo esto en el apartamento, ¿quieres venir? Después iremos a dónde quieras.
Hinata asintió efusivamente.
Naruto observó la dinámica, sintiéndose ajeno pese a estar cerca de ellos. Muy dentro de sí sabía que estorbaba, que era un tercero en esa relación de dos, pero los pies los sentía pesados. Pude simplemente decir que él debía hacer ciertas cosas también, pero en la mochila llevaba comida que necesitaba ser refrigerada o se echaría a perder.
Ni siquiera Menma podría luchar contra esa lógica.
—¿Naruto-kun? —Hinata llamarle lo despertó de su ensimismamiento. Ella estaba parada frente suyo, con Menma detrás viéndole con una mueca poca amistosa—. ¿Vienes? Podemos compartir taxi.
—Claro, claro —respondió con nervios, rascándose la nuca.
La Hyuga le dedicó otra sonrisa amistosa mientras se adelantaba con Menma, ambos cogidos de la mano, con él atrás siguiéndoles los pasos.
Como un mero espectador.
