Disclaimer: Yo solo uso lo conocido para nuestro entretenimiento, o ya estaría gozando con mi riqueza.


y bueno


A raíz de su terquedad en el asunto, Elsa se equilibraba al caminar con el tablero de ajedrez ya listo, para ubicarlo en la cama y ahí tener cuidado al subirse y encarar a su oponente. Era más fácil colocar las piezas al final, mas ponía buen esfuerzo en trasladarlo de la mesa a la superficie blanca, como lo había sido al enseñarse a bailar con un libro en la cabeza y que todavía no era experta.

En la actualidad pensaba que no había sabido enfocarlo correctamente al crecer, puesto que ese dominio de sí misma debía haberlo plasmado en la tarea de controlar su magia y no sentirse tan nerviosa durante su coronación. Ensimismada en su postura, habría tenido mayor éxito en no darle todo el poder a sus manos, o de eso podía convencerse ahora.

Como si aquella particularidad fuese la protagonista de ese día, Hans, antes de pedir su primer movimiento, mencionó:

—¿Qué te parece, con el objetivo de dificultar nuestro juego, distrayéndonos, nos hagamos preguntas?

De hecho, sería interesante. Tendría que pensar en las cuestiones por abordar, como en las respuestas a otorgar, mientras sopesaba las jugadas de su partida. Él podía beneficiarse, dado que no debía mover sus piezas, pero no era en extremo demandante para ella.

—Ya que llevas la delantera al ser yo quien manipule de tu lado, dame la prerrogativa de poder indagar en cualquier tema, en cambio tú no, o de hacer dos cuestiones.

—Negociadora nata —repuso él arqueando la comisura de su boca.

—¿Escogí la ruta precisa?

—Sería aburrido si no. De acuerdo, aunque deberás soportar que no te gusten las respuestas. Pueden ser ambos.

Sonrió, porque prefería que fuese franco y él reconocía su habilidad como jugadora al no poder escoger minuciosamente sus palabras.

—Indicaré cuando no quiera responder.

—Esperemos no llegar a eso.

Asintió y aplaudió.

—Dime, Hans, ¿cuál es tu color favorito?

Ella soltó una carcajada al ver la incredulidad en su rostro, justo la reacción que se esperaba a juvenil cuestionamiento.

—Tendrías que mirar tu cara —Bruni pareció reírse con ella y supuestamente dormía—. No lo haré hasta tu segundo movimiento.

Él negó ligeramente y dio su instrucción.

—No dejaré de responderte, aunque no tengo una cosa como color favorito. ¿Rojo? ¿O azul? Son los más atrayentes.

Elsa descubrió la trampa en la dinámica, porque quería curiosear.

—¿Por qué dejaste de ser la reina? —preguntó él, en tanto ella se preparaba para adelantar su peón, sin hacerlo hasta contestar. —Se supo, pero nadie conoció el motivo.

—Si querías saberlo, podías haberlo cuestionado en cualquier momento —animó con un guiño amistoso.

Como nunca antes, Hans se soltó a reír a carcajadas. Al igual que días antes, en su deseo de buena ventura, transmitía honestidad en sus actos, por raro que pareciera. Y era satisfactorio contemplar a un humano sin pretensiones.

En adelante dejaría de ser en un sonido extraño.


NA: Tenía que acontecer en el trece.

Besos, Karo.