Disclaimer: Yo solo uso lo conocido para nuestro entretenimiento, o ya estaría gozando con mi riqueza.


dejase de buscar


Los primeros días de noviembre se presentaron más fríos comparados a aquellos del último lustro, anunciando tempranamente un invierno helado.

Elsa se atrevía a pensar que era ella ayudando a ajustar el clima a sus ánimos actuales; dos semanas después de haber llevado a Hans a la orilla del mar, no se sentía expectante de su tiempo favorito del año, mucho menos porque era capaz de sentir la tensión de él al preocuparse por ella… En lugar de interesarse en sí mismo.

De verdad le decepcionaba no tener su respaldo en los planes de ella para sacarlo —que admitía postergaría hasta el siguiente año—, y no quería contagiarse con su visión objetiva y negativa del asunto, aun cuando generalmente ella era negativa y sensata, más que sentimental.

¿O era ella egoísta y él ya estaba cansado de ilusionarse con fantasías? Ella había puesto mayor ahínco al entender que se había enamorado y podía estar viendo diferente la situación.

—Elsa…

Agitó la cabeza y se concentró en el tablero de ajedrez, donde tenía que hacer su jugada.

—Disculpa, perdí la noción del tiempo.

—Está bien, ninguno de los dos se ha concentrado en la partida. Quería decirte… una cosa…

Debido a su titubeo, ella alzó la mirada con curiosidad y a su cuerpo atravesó una explosión de sensaciones hermosas al observar el rostro sonrosado e inocente de él.

¿Cómo iba mantener en resguardo su corazón, o callar lo que sentía, si lo enfrentaba así?

—Cuando te vi sufrir por tu hermana, hace años… no entendía. Me detuve preguntándome cómo se sentía… el amor. —Ella se inclinó, su corazón latiendo rápido al oírlo, esperanzada de lo que diría. —Ahora… lo sé.

Se le cortó la respiración.

—Lo sé… gracias… A ti.

Él rio nerviosamente, mientras ella se cubría la boca emocionada. Tembló de alborozo por dentro, sabiendo correspondidos sus sentimientos.

—Es imposible no hacerlo… Tú, tú eres. Oh, demonios. Escúchame, estoy siendo un muchacho tembloroso. —Lo vio tomar aire, aunque sus ojos se habían puesto vidriosos de lo que la sobrepasaba, también presintiendo que se venía algo grande.

Y malo.

¿Cómo era inevitable pensar que diría algo referente a su estado, si con su confesión ella habría saltado a sus brazos?

—Y eres lo mejor que me voy a llevar de aterrizar aquí. Conocer el amor por ti es la experiencia más increíble y el honor más importante de mi vida, no lo habría logrado con otra persona, mi Elsa. Te amo… pero…

—No lo digas —intervino negando con su cabeza, ya sintiendo las lágrimas en su piel.

—Perdóname, no puedo evitar al egoísta que hay en mí. Estoy enamorado de ti, Elsa. Nunca creí estarlo, mas te amo. Y quería que lo escucharas para que sepas una última cosa de mí, una estimable, antes de que… de que me dejes dormir para siempre.

—No…

—No soportaría ver que conoces a un hombre y te enamoras… que te casas y tienes a sus hijos.

Era la confesión más bizarra, aunque no tenía para comparar.

—No tienes que soportarlo, te amo —él hizo un sonido de sorpresa. Ella asintió repetidamente—. Te amo, Hans, y no podría estar con otro hombre.

—Pero, Elsa, estoy condenado a este lugar —dijo él extendiendo sus manos. —No hay salida, haz una vida digna de ti.

Ella cogió con ambas manos el tablero y lo congeló antes de apartarlo para acercar más el perchero con él.

—¿Y ese es tu egoísmo? No me estás pidiendo una promesa de fidelidad.

—Tienes tanto amor por dar, ¿por qué privarlo? Ten hijos, deja el guardapelo como un legado y si algún día salgo o solo me ven, seré feliz con una parte tuya cerca. Necesito esa esperanza. Si no consigo salir de aquí, quiero aferrarme a lo único de ti que quede.

—Mi sobrino o sobrina nacerá en enero, será una parte mía que trascienda, sin traicionar mi corazón. Hasta ti no he amado a nadie, Hans, y ningún hombre me ha interesado, esa vida digna de mí solo la tendría contigo.

—Te dije que no quería poner en riesgo el amor que tenías. Y era cierto, que yo no lo tuviera no significa que pueda atentar contra el de otros. Ahora que lo tengo, sé cuánto es valioso, sobre todo el tuyo. No quiero lastimarlo otra vez, si seguimos…

—No.

—Elsa…

Vio su mando extenderse y posarse a la pared invisible que los separaba. Ella colocó la punta de su dedo y cerró los ojos al sentir su calor y palpitar.

No.

—Puedes cambiar de opinión en cualquier momento… —musitó con su voz apagándose.


NA: Que anticlimático esto.

Yo creí que ff no me iba a dejar cumplir mi cuota, aunque sí subí el capítulo en Ao3.

Besos, Karo.