Disclaimer: Yo solo uso lo conocido para nuestro entretenimiento, o ya estaría gozando con mi riqueza.


oportunidades


Un prematuro copo de nieve invernal cayó en el dorso de la mano de Elsa, quien dio vuelta a su brazo para abrir su palma a la primera nevada de diciembre. Bruni bajó de su hombro izquierdo y corrió para atrapar sus preciados trofeos fríos, y en otra ocasión eso le habría hecho reír, pero en el presente solo le sacó una minúscula sonrisa aprobatoria.

Se acordó de cerrar el libro en su regazo para no mojarlo y lo cubrió con su ropa.

—Continuemos dentro —dijo a Hans, descansando en su hombro derecho.

—¿No verás la nieve?

—¿Quieres quedarte fuera?

—Elsa… —Ella inspiró al sentir su consternación. —Tampoco te he escuchado cantar y se acerca Navidad.

No tenerlo cara a cara facilitó ese momento. Permaneció con la mirada perdida en el horizonte, un nudo en la garganta.

—Este año no. Que no pase nada en ti… no me emociona. ¿Qué sentido tiene… comportarme jubilosa por las fiestas si estoy triste… porque estés tan lejos y… y tan cerca?

Ni debería seguir cantando, eran palabras vacías. No podía hacer un paréntesis por unas semanas cuando la realidad que le esperaba era descorazonadora.

—Eso no importa, Elsa. No cambies por algo que no puede resolverse. Has superado trece años de encierro poniendo primero la felicidad de tu hermana, cruzado un mar embravecido para descubrir la verdad sobre ti misma, si alguien podía superar lo peor, eres tú. Te conozco y sé que no es un comportamiento duradero de ti, solo debes encontrar tu fuerza interior.

Ella suspiró.

—¿Y si quiero dejar ganar el pesimismo? No es tan difícil.

—¿Por qué no… hablas con Anna? Ella es la más alejada de él y tiene experiencia en estar fuera, y tu hermana siempre te da un impulso que nada más puede. ¿Hazlo por mí? Me carcome que estés así tanto tiempo.

Rio entre dientes y alzó el colgante hasta tener a Hans vista enfrente.

—Sabes negociar, ¿verdad?

Él sonrió cariñosamente antes de inclinarse para colocar su palma contra la barrera invisible. De inmediato su pecho se calentó como si la tocara.

—En especial cuando me importa.

Ella llevó el guardapelo a sus labios y delicadamente posó un beso.

Había razón en sus palabras, por lo cual no renegó a moverse al castillo antes de lo habitual, donde pudo acobijarse con la compañía que allí encontraba. Hablarle a alguien más de amar a Hans y su padecimiento por la situación fue liberador, y como siempre el abrazo de su hermana resultó un bálsamo para su corazón.

Después de su plática salió a la luz una certeza que tenía oculta en lo profundo; podría seguir viviendo a pesar de la pena, recuperar su gran alegría, aunque tomaría tiempo. Él no se encontraría físicamente para tocarlo, pero sí estaría de alguna manera y era más de lo que muchos podían tener.

Comprendió la madurez de Hans al sugerirle amar a alguien más y formar una familia, pero había aceptado mucho atrás que no lo necesitaba para ser dichosa, como lo había manifestado. Le faltaría una prueba viviente y un legado del amor que había conocido y tenía por Hans, pero lo tenía a su lado, donde lo atesoraría siempre.

Era irónico que se hubiese enamorado de alguien en un encierro.

Con su plática las semanas corrieron más rápido y pronto llegó la Navidad. Por su hermana, Hans y su familia, hizo el esfuerzo de mostrar una mejor cara esos días, cuando todavía no estaba lista.

Ese día fue la primera vez que lo mostró a la vista de todos.

Las miradas cuestionadoras de la gente no faltaron; sin embargo, como las conocían, y sabían el efecto de la magia, no pidieron explicaciones y la dejaron participar en las actividades donde podía hacer equipo con él.

Escucharlo reír por una pésima interpretación de mímica era un acontecimiento para enmarcar por siempre, un gran obsequio de cumpleaños y navideño. Con él y la próxima llegada de su sobrino o sobrina tenía un poco para animarse.

…aunque él la sorprendería con su frase la noche de Navidad, cuando ya todos se habían retirado.

—Te preparé un regalo.

—¿Qué dices? —replicó avergonzada, porque se había confiado con su aseveración de que no debía preparar un dibujo para hacerle, pues no quería nada más que a ella.

Le cosquilleó el estómago de solo recordarlo. Había sido la mañana de su cumpleaños, luego de despertarla cantándole por su aniversario y de haberse lamentado por no tener otra posibilidad a su alcance; leyendo la noche anterior, ella se había quedado dormida y amanecer con su voz no tenía comparación.

Hans se sonrojó y tosió.

—Como sabes, no tengo más que mi mente entre mis medios a la mano… te compuse un pequeño poema. Y no está dentro de mis talentos, pero es para ti y quise hacer lo mejor.

Vibró por dentro.

—Espera.

Como estaba en el perchero junto a su mesa de noche, y ella en la cama, lo tomó para colocarlo frente a sus almohadas. Lo tuvo cara a cara, pero se acostó boca abajo en el colchón para estar más a su altura, con el mentón descansando en sus brazos.

Era la mejor posición para oírlo, no bien él se puso visiblemente nervioso por el cambio.

—Sé que me encantará —sentenció con su sonrisa más genuina recientemente.

Él respiró lentamente antes de hablar.

He mirado mi alma sin encontrar nada,

y en la tuya he encontrado todo.

¿Es que acaso no vivía hasta conocerte,

y he pasado la eternidad buscándote?

Porque en ti mis días tienen propósito

y mis latidos son en tu nombre.

Se le escapó una lágrima al oírlo, con el corazón raudo de emoción. Era una forma sencilla de expresar sus sentimientos, muy bella para ella.

El amor inspiraba las más bonitas creaciones… y el suyo trazó un sinfín de composiciones en su cabeza.

—Gracias. Yo tengo una para ti —susurró.

Hans asintió con una sonrisa que simulaba una caricia.

Vivirás eternamente;

como olas de mar,

danzante en mi memoria,

yendo y viniendo.

Como cielo de verano,

suave y brillante;

y brisa de primavera,

sano y bueno.

Te mantendrás frío y mío,

igual que el invierno,

calmando mis tempestades amargas de otoño.

Y en mi último aliento,

serás el sueño final

de un mañana juntos.

Te amaré

siempre,

desde hoy,

hasta que mi alma

deje de buscar

oportunidades de encontrarte,

en esta

y todas mis vidas.

Perdida en sus ojos y una infinidad de horas, el sueño llegó; no sin antes escuchar de él:

—Duerme, amor mío, que yo cuidaré tu descanso.


NA: Por si alguien andaba con el pendiente de los títulos ja,ja,ja. Busqué escribir una cosa cursi, pero realmente no me gusta la poesía, así que no me esforcé demasiado XD.

Besos, Karo.