- ¿Gajeel? – aun extrañada la peliazul se llevó el móvil al oído y habló en busca de alguna respuesta.

- "Sigo aquí" – Juvia sonrió nerviosa ante el tono exasperado de su amigo. La chica no mencionó palabra, pues Lucy aun no le decía lo que estaba aconteciendo, así que prefirió pasarle el teléfono a la Heartfilia sin demora.

- El Señor Simpatía decidió saltarse una parada porque está aburrido. Nos dirigimos a la Gran Plaza, la parada que le sigue a la Casa Cultural –

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Aquellas palabras calaron en los oídos del Redfox como un taladro. Era absurdo lo que acababa de escuchar. Prácticamente increíble.

- Estás bromeando, ¿verdad? – preguntó con incredulidad mientras una sonrisa se dibujaba en sus labios, después de todo se podía tratar de una simple broma para sacarlo de sus casillas. Sin embargo, la sonrisa que mostraba desapareció de a poco cuando recibió una negativa del otro lado de la línea - ¿Qué carajos me estás diciendo? – aun sin poder creer lo absurdo de la situación escuchó atento una vez más las palabras de la rubia, quien parecía estar completamente seria.

Levy solo observaba con atención las facciones del Redfox y, sin saber con certeza lo que estaba ocurriendo, comenzó a sentir cómo en su interior comenzaba a descontrolarse cierta ansiedad que estaba luchando por reprimir. Cuando el pelinegro colgó la llamada la peliazul tragó grueso y esperó los detalles de la situación.

- Esto es ridículo – más que dirigirse a la peliazul, Gajeel habló en voz alta para sí mismo – Si lo hubiéramos planeado no hubiera salido tan bien – esta vez se dirigió a la pequeña que tenía al frente – Se saltaron esta parada. Van a la siguiente – terminó de decir.

Levy asimiló aquellas palabras lentamente y estuvo a punto de hacer el mismo cuestionamiento que el chico de si era broma lo que le acababa de decir, pero calló, pues se imaginaba cuál era la respuesta.

- ¿Este viaje puede salir peor? – la incredulidad no cabía en la pequeña. Se llevó una mano a la frente mientras su vista se dirigía al piso. Estaba intentando pensar, pero el nerviosismo la estaba turbando.

- En realidad sí, pero no lo vas a querer escuchar – respondió el chico al tiempo que se llevaba las manos a los bolsillos y observaba la actitud afligida de su compañera.

- Lo sé – dijo de mala gana la pequeña, pues su pregunta era producto de su frustración, pero muy bien sabía que todo podía empeorar aún más.

Todo iba mal desde el momento en que se encontró en un lugar desconocido, sin dinero, celular ni ninguna otra pertenencia, al lado de la persona que había sido su verdugo por todo un año y el mayor culpable de muchas de sus lágrimas.

Ambos se quedaron en silencio bajo la sombra que regalaban los grandes árboles plantados a un lado de la acera. La brisa fresca borraba los rastros de sudor que empezaron a surgir y el cielo despejado era sinónimo de un hermoso día, el cual ambos estaban ignorando por completo al estar sumergidos en sus pensamientos.

- Haremos lo siguiente – la voz grave del pelinegro rompió el silencio que se formó durante largos minutos. Levy despegó su mirada del piso para dirigirla hacia él, dándole a entender que tenía su atención – Es evidente que no llegaremos a tiempo a la próxima parada y tampoco quiero seguir tomando buses solo porque sí. No es mi definición de diversión – explicó un poco menos serio que al inicio, haciendo con sus últimas palabras una referencia a los malestares que se había esforzado en disimular. Mientras tanto, Levy lo escuchó atenta sin intenciones de interrumpir, por lo que pudo continuar – Por otro lado, nada nos asegura que no se vayan a saltar la parada que le sigue. Entonces lo mejor sería que nosotros ignoremos a dónde se dirigen ellos ahora mismo y la parada siguiente, e ir directamente a la que le continúa. Una vez allá esperaremos a que lleguen y nos uniremos al grupo como si nada hubiera pasado - el chico terminó de explicar su idea y se quedó observando directamente a la chica, esperando su respuesta.

Por su parte, Levy no podía negar que le veía lógica a aquel planteamiento. Además, ella no había podido pensar en algo más razonable debido a que los nervios estaban haciendo estragos en su interior y solo se podía enfocar en la explicación que les daría a sus tutores para que no levantaran un acta por lo sucedido.

- Bien. Hagamos eso – con esas palabras la peliazul le entregaba el mando al Redfox. No quería admitirlo en voz alta, pero se estaba dando por vencido. Comenzaba a aceptar que su viaje soñado sería el causante de una marca en el perfecto historial académico que había construido con gran esfuerzo y dedicación.

Mientras Levy se lamentaba para sus adentros, Gajeel tomó en sus manos el folleto donde se describían los destinos a visitar y visualizó a dónde debía ir. Comenzó a caminar a paso decidido, percatándose que luego de pocos segundos, Levy lo empezó a seguir con la mirada un tanto perdida.

La chica había perdido la determinación y él, a pesar de notarlo, le restó importancia.

Con ayuda de los transeúntes, Gajeel pudo ubicar la parada de autobuses que les correspondía y después de tomar asiento en una banca, se dispusieron a esperar.

El transporte en Caelum era deficiente y eso lo empezaron a notar desde que habían iniciado el recorrido a la segunda parada del viaje. Esta vez lo reafirmaban cuando el autobús apareció cerca de la media hora de espera.

Una vez dentro del vehículo, Gajeel envió un mensaje de texto a Juvia indicándole el nombre del lugar en donde los esperarían. Luego de eso el mareo lo dejó clavado en su asiento hasta que llegaron a su destino.

Levy ignoró la mala cara del chico y bajó del autobús seguida de él. La peliazul observó su alrededor rápidamente para luego tomar asiento en el banco dispuesto en la caseta donde habían bajado, a una distancia prudente de Gajeel, el cual ya se encontraba sentado en aquel banco, en un intento de recuperarse rápido de su malestar.

Gajeel sintió con alivio cómo la sensación de mareos y nauseas perdían efecto en su cuerpo. Estaba hastiado de los autobuses y las continuas curvas que tenían las carreteras de la isla.

Cuando el chico se sintió un poco mejor empezó a detallar a su alrededor. Más allá de la caseta de la parada se extendía un piso de piedra y un hermoso bulevar, lleno de árboles y arbustos.

Levy, en cambio, estaba hundida en sus pensamientos pesimistas. La chica se encontraba con la mirada clavada al piso y no se percató cuando el Redfox se levantó de su lugar y avanzó un par de pasos.

- ¿Vas a venir? – preguntó el chico al percatarse de que la chica ni siquiera había alzado la mirada.

- ¿A dónde vas? – la voz de Gajeel la había sacado de sus pensamientos y al verlo de pie dispuesto a irse lejos de la parada de autobús algo no le sentó bien – Lo mejor será esperar aquí. Así los podremos ubicar fácilmente - explicó la chica sin muchos ánimos.

- Estás loca si piensas que voy a pasar lo que queda del paseo esperando en una banca – respondió de mala gana el pelinegro ante la sugerencia de la joven – Ya suficiente es tener que pasarla contigo – añadió con deseos de hacerla alterar. Sin embargo, solo recibió una mirada fulminante de la otra parte.

A pesar de que le molestaba la actitud del Redfox, Levy le dio la razón en silencio. No habían hecho más que correr de una parada a otra y estresarse en el proceso. No estaba disfrutando en absoluto el viaje que había prometido ser memorable, por lo que tomó una decisión. Se levantó de donde estaba y caminó hacia el chico, haciéndole saber que lo seguiría.

No pensaba quedarse sola e incomunicada mientras esperaba, corriendo el riesgo de perderse completamente si no llegaba a encontrar el autobús de su clase. Además, si ya daba por hecho que su historial iba a verse afectado, por lo menos disfrutaría un poco aquel momento para así decir luego que valió la pena.

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En cuanto comenzaron a caminar por el bulevar se percataron de que había bastante movimiento, en comparación a las otras localidades donde habían estado. La gente iba y venía, algunos restaurantes disponían mesas afuera de los locales y las pocas tiendas tenían sus entradas adornadas.

Continuaron caminando hasta llegar a una pequeña plaza, la cual parecía ser el punto de concentración, ya que muchas personas se encontraban ahí adornándola y otras a su alrededor estaban levantando algunos puestos de comida y de entretenimiento.

- Parece que habrá un festival – mencionó Levy mientras observaba como también estaban instalando unos altavoces - ¿Cuál era la parada de nuestra clase? – le preguntó al chico a su lado, quien tenía el folleto con la descripción. Gajeel sacó dicho papel y lo ojeó rápidamente.

- La Casa Antigua – dijo luego de visualizar el folleto – ¿Todo es antiguo en esta maldita isla? – preguntó con frustración al comenzar a creer que Fairy Tail los había enviado a una clase extendida de historia. Levy observó la reacción del chico y luego habló calmadamente.

- Podríamos ir a ver – sugirió. La vedad era que a ella le encantaban las cosas antiguas y le llamaba la atención la historia del lugar.

Levy pensaba que si Caelum tenía tantos lugares históricos por visitar era porque tenía una extensa historia que contar. Décadas de momentos vividos se reunían en aquel lugar y ella deseaba conocer los detalles. Gajeel la observó durante varios segundos, en los cuales Levy ni siquiera le dirigió la mirada y luego suspiró.

- Como quieras – cedió el chico ante la sugerencia anterior, después de todo sabía que la peliazul tenía gustos similares a los de su padre, aburridos y tediosos de escuchar. Y ya que estaban ahí no hacia ninguna diferencia el visitar aquel lugar.

Con una sonrisa, Levy se acercó a alguien para solicitar indicaciones sobre la ubicación de su interés y agradeció una vez le suministraron la información requerida. Si de algo se había percatado la pequeña era de que los habitantes de Caelum eran en extremo amables y no rehuían de los turistas, por lo menos en su experiencia.

Sin darse cuenta, la chica volvió a tomar el mando y ahora era seguida por Gajeel. Caminaron un largo trayecto hasta llegar a unas extensas escaleras de piedra, las cuales les habían sido detalladas en la explicación y eran señal de que iban por buen camino.

Empezaron ascender por las empinadas escaleras a paso animado, por lo menos la chica, hasta llegar al último peldaño.

- Tu condición física apesta – comentó el pelinegro al darse cuenta de que la chica tenía la respiración acelerada y se había visto obligada a hacer una pausa al llegar al último escalón. La extensión de las escaleras había sido amplia, sin embargo, no había supuesto ningún reto para el pelinegro.

- Cierra la boca, Redfox – Levy se puso a la defensiva y trató de disimular su acelerada respiración. Sabía bien que su condición física no era la mejor, pues nunca fue muy amiga del ejercicio, pero no iba a tolerar que se burlara de ella. Entonces, ignorando al chico, siguió de largo y caminó hacia la estructura antigua que se encontraba en el medio del terreno. Era una casa hermosa e imponente, con grandes ventanas y una arquitectura de antaño digna de admirar.

Con la emoción recorriendo su interior, Levy avanzó hasta la puerta de entrada, la cual se encontraba abierta.

Adentro la vista fue más emocionante. El lugar conservaba características únicas y en sitios estratégicos disponía de un escrito donde se reflejaba la historia de aquel lugar.

Gajeel siguió a Levy imitando el recorrido, con la única diferencia de que no siempre leía la reseña histórica. Durante el trayecto se encontraron con unas pocas personas que también parecían estar de visita.

Se entretuvieron ingresando en las numerosas habitaciones del lugar, el cual, después de leer un poco, supieron que había permanecido intacto desde la guerra debido a su ubicación de difícil acceso. Por esta razón se mantuvo por muchos años como refugio y como espacio para experimentos sobre los avances de la época.

El recorrido comenzó a parecerle más interesante al pelinegro cuando en una de las habitaciones encontraron el modelo antiguo de una máquina de vapor. El chico conocía sobre el tema y el impulso que significó dicha fuente de energía durante la revolución industrial.

Nunca había visto un modelo en persona, por lo que lo admiró desde todos los ángulos posibles y fotografió cada detalle.

Levy se percató del embelesamiento del Redfox con aquella maquina una vez salió de la habitación y notó que el chico no la seguía. Sin ganas de continuar sola, por miedo a perderse, regresó a dicha habitación y esperó por él sin interrumpir su admiración.

Poco después continuaron con el recorrido por las distintas y curiosas habitaciones de aquella imponente casa, ingresando en cada una hasta que detallaron cada rincón del lugar.

Finalizando el recorrido dentro, salieron a uno de los jardines donde pudieron apreciar un césped bien cuidado, un pequeño estanque, el cual sorpresivamente contenía unos cuantos peces, y a lo lejos observaron lo que parecía ser el armazón de una gran maquinaria.

Gajeel avanzó automáticamente al creer reconocer la gigantesca máquina. Levy lo siguió también sintiéndose atraída por el impresionante aparato, el cual parecía superar los veinte metros de altura.

La chica sonrió de forma burlona cuando observó al Redfox apuntar el celular hacia la máquina para fotografiarla.

- Pensé que no te gustaba lo antiguo – mencionó con ironía la chica, esperando alguna reacción por parte de su compañero.

- Es un convertidor. El método más innovador de aquella época para transformar hierro en acero – explicó el chico sin dejar de fotografiar aquel aparato – No todos los días tienes oportunidad de ver uno original – Levy se percató de que el chico tenía conocimientos sobre aquel tema y que, además, le llamaba la atención.

- ¿Te das cuenta de que tu interés hacia esa cosa es casi el mismo interés de Metalicana por las runas? – Gajeel ignoró por completo las palabras de la chica mientras rodeaba el convertidor, detallándolo – Es emocionante encontrar algo antiguo que no ves todos los días. Además, le da valor a la historia – continuó Levy al notar que el chico no prestaba atención a sus palabras.

- Tienes razón – mencionó Gajeel, volviéndose en dirección a ella. Levy abrió los ojos de par en par, debido a la sorpresa que le causó que el chico le diera la razón, sin percibir el ligero tono de burla que el chico había implementado – Entonces lo malo es cuando siempre hablan de lo mismo, convirtiéndolo en algo aburrido – el chico sonrió y luego se volvió hacia el artefacto para tomar unas últimas fotografías.

- A eso se le llama pasión – Levy se cruzó de brazos sin saber que sus mejillas sonrojadas por el enojo eran la causa de la sonrisa burlesca que en esos momentos poseía el pelinegro.

Sin volver a tomar la palabra, Levy se adelantó y volvió a ingresar a la casa para poder salir de la misma. Al poco tiempo Gajeel le dijo adiós al imponente convertidor de hierro que robó su atención y salió del jardín. Una vez cruzó la casa completa se encontró con Levy en la entrada.

Sin dirigirse la palabra, ambos salieron, pero antes de encaminarse a las escaleras que los llevaría a la salida, Levy se detuvo.

El pelinegro caminó un par de pasos más allá y también se detuvo, volviéndose para observarla con sus penetrantes ojos escarlata.

- ¿Puedes tomarle una foto a la casa? – la peliazul titubeó un poco al realizar la pregunta, pero no dejó que la mirada sobre ella la intimidara. Quería tener un recuerdo de donde estuvo, además, quería mostrarle a Lucy un poco del lugar.

Gajeel levantó una ceja ante la pregunta y sin moverse de donde estaba sacó su celular, abrió la aplicación de la cámara y le tomó una foto a la casa. Seguidamente apuntó la cámara hacia Levy y también tomó una fotografía de la chica con la casa al fondo

- ¿Estás bromeando? – la chica se llevó las manos a la cadera y lo reprochó con la mirada.

- Esa pose es mejor – Gajeel volvió a tomar otra fotografía y rio fuertemente cuando observó el resultado en su galería – No se ve tan mal – articuló en voz baja después de que su risa burlona llamara la atención de un par de personas cerca.

- Eres un idiota – sentenció Levy mientras respiraba profundo para no alterarse más. Sabía que Gajeel era así, solo que lo había olvidado.

- No te enojes. Ten – aun con una sonrisa dibujada, el pelinegro le entregó el móvil a la chica – Fotografía lo que quieras – Levy aceptó el celular y sin perder tiempo empezó a buscar el mejor ángulo para tomar la foto.

Gajeel la observó en silencio, percatándose del hecho de que se encontraba cómodo con ella en ese momento. Por un segundo sintió como si nada hubiera pasado entre ellos y ahora mismo estaba bromeando con una vieja amiga, pero muy bien sabía que no era así.

Borró su sonrisa y volvió su mirada hacia otro lugar. Lo mejor era que Levy y él no destruyeran la barrera que se había formado entre ambos y era consciente de ello.

- Gracias – las palabras de la chica lo sorprendieron, ya que no se percató del momento en el que se le acercó. Levy le ofreció el móvil de vuelta, pero él solo levantó la mano en señal de negación.

- Mejor volvamos abajo. Tal vez quieras más fotos de allá – dijo con simpleza el pelinegro. La Mcgarden solo sonrió como respuesta, después de todo sí quería algunas fotos extra del animado ambiente de donde habían venido.

Sin decir más, la chica colocó el celular dentro de uno de los bolsillos de su enterizo mientras que en el otro bolsillo reposaba el suyo propio, completamente descargado.

Comenzó a caminar junto al Redfox, rumbo a las escaleras y una vez empezaron a descender el chico habló nuevamente.

- Camina despacio. No quiero que te desmayes al estar abajo – se burló de la chica en tono serio, la cual sorpresivamente le asestó un golpe en el brazo a modo de respuesta. Gajeel se rio en voz alta ante aquella reacción tan inesperada.

La peliazul no dijo nada para defenderse, solo atinó a golpearlo con suavidad ya que ella había estado a punto de reír por aquel comentario, pero se negó a hacerlo. Descendió las escaleras con paciencia y, una vez estuvieron abajo, la Mcgarden pensó en su amiga.

- Debería llamar a Lucy – anunció para no indagar en el único móvil disponible sin permiso.

- Hazlo. No está bloqueado – el pelinegro le dio su aprobación sin sumarle importancia al asunto, por lo que Levy sacó el celular de su bolsillo y encendió la pantalla presionando un botón. Automáticamente apareció la cámara activada, ya que fue la última aplicación que ejecutó en dicho dispositivo. Sin perder el tiempo cerró la cámara y apareció la pantalla inicial del móvil, sorprendiéndola con un fondo de pantalla que no se esperaba.

En la pantalla del móvil se podía ver un pequeño gato negro con el hocico blanco recostado cómodamente sobre un mueble cuando fue capturado por la cámara. Levy estuvo a punto de sonreír ante aquella imagen, pero prefirió hacer como si no hubiera visto nada y buscó rápidamente dónde marcar el número de su amiga, el cual conocía de memoria.

Lucy contestó al segundo repique y pudieron hablar por un par de minutos. La rubia le dijo que aún continuaban en la Gran Plaza, en un recital de poesía que estaba abierto al público. Rieron un poco cuando la Heartfilia comentó el estado de zombi que llevaba Natsu debido al aburrimiento. Antes de finalizar la conversación quedaron en que la rubia avisaría cuando partieran y así estar alerta.

- Aun tenemos tiempo – mencionó Levy al terminar de relatarle al Redfox lo que había hablado con Lucy.

- Nada mal. Prefiero estar aquí que en su lugar – comentó el chico haciendo referencia al recital de poesía en donde se encontraba la clase entera.

- Aunque si hubiéramos ido hasta allá en primer lugar ya estaríamos juntos – expresó la peliazul de forma inofensiva, pensando en que definitivamente todas las decisiones que habían tomado ese día eran las peores. Sin embargo, cuando se percató de que Gajeel la estaba viendo de forma reprobatoria volvió a hablar – No te estoy culpando. Solo es un comentario – notó que el chico bajó la guardia después de sus palabras.

- Como sea – Gajeel le restó importancia al asunto anterior. Bien había esperado que la chica le recriminara, debido a que la idea de saltarse las dos paradas había sido de él, pero no tenía ganas de enfrascarse en aquel asunto – Seguro no tardan en partir. Hagamos algo para pasar el rato – sugirió el pelinegro recibiendo un simple asentamiento de cabeza por parte de su acompañante.

Recorrieron el lugar por varios minutos, notando que los preparativos del aparente festival estaban bastante adelantados y el ánimo de los habitantes era casi contagioso. Los altavoces habían sido instalados en el centro de la plaza, pero aún se encontraban apagados.

Se atrevieron a salir de la calle principal y se adentraron en algunas calles transversales que también estaban hermosamente adornadas, pero con menos transeúntes.

Levy aprovechó de tomar algunas fotografías rápidas a algunas casas y a pequeñas tiendas que contaban con una decoración colorida y floral bastante atractiva.

Estuvieron rondando por varias cuadras a paso tranquilo hasta que dieron con un lugar que llamó fuertemente la atención de la joven. Se trataba de una pequeña floristería, la cual poseía una entrada repleta de flores que combinaban a la perfección con la fachada de la misma. En cuanto se detuvieron en la entrada, Levy tomó una foto de aquel hermoso local y poco después salió una amable mujer a atenderlos.

La mayor los invitó a entrar y, a pesar de negarse un par de veces, ambos terminaron accediendo ante la insistencia de la fémina.

Levy no se arrepintió de haber ingresado al local, pues el lugar era una hermosura por todos los rincones.

La pequeña chica quedó encantada con todas y cada una de las flores que había en el interior, pero le explicó a la mujer que no estaban interesados en adquirir ninguna.

Por su parte, Gajeel se encontraba observando a su alrededor de forma neutral, el lugar le parecía bonito, pero nada más. Mientras detallaba el sitio escuchaba a ambas féminas hablar animadamente. Cuando la encargada de la tienda entendió que estaban en un viaje escolar, sin recibir demasiados detalles, simplemente les recomendó un lugar para visitar. Una vez atrapó la atención de ambos, buscó una foto postal que tenía a la venta y les explicó cómo llegar.

En la foto se podía contemplar una monumental fuente con una hermosa vista detrás. La encargada de la tienda explicó que era uno de los miradores más hermosos de la isla.

Luego de recibir aquella información, la Mcgarden quedó realmente encantada, por lo que agradeció varias veces a la mujer antes de retirarse junto a su compañero.

- Si aún no parten me gustaría ir a aquel lugar – comentó la peliazul, refiriéndose a sus compañeros de clase que se encontraban en otra localidad.

- Está bien – respondió Gajeel mientras continuaban caminando, alejándose poco a poco de la floristería donde habían permanecido por varios minutos – Pero antes vayamos a comer algo. Me muero de hambre – mencionó al tiempo que se llevaba las manos a los bolsillos. El sol estaba en su máximo esplendor, no se habían sentado en un buen rato y la necesidad de beber y comer algo se estaba haciendo cada vez más intensa.

- Me parece bien – secundó la peliazul, pues ella también había sentido su estómago rugir minutos atrás, pero prefirió callar sus necesidades al saber que dependía del chico para poder adquirir algo debido a que no llevaba su bolso consigo – Vayamos a algún puesto de comida cerca de la plaza – sugirió al tiempo que sacaba de su bolsillo el móvil del pelinegro, el cual había guardado cuando entraron la floristería. Observó la pantalla dispuesta a revisar si había algún mensaje o llamada de alguna de sus amigas.

- En el camino había un par de restaurantes. No se veían nada mal – comentó el pelinegro, sugiriendo ir a un lugar donde se pudieran sentar tranquilamente y comer algo sustancioso. Sin embargo, Levy no parecía compartir su misma idea.

- Los puestos de comida de la plaza seguramente son más económicos. Además, quedan de camino hacia la fuente que nos acaban de indicar – habló tranquilamente mientras volvía a encender la pantalla del celular, notando que no había noticias de su clase.

- ¿Crees que estoy en modo ahorro? – la pregunta del chico llamó la atención de la peliazul, por lo que elevó su rostro hacia él sin detener sus pasos, encontrándose con una mirada carmesí inquisitiva.

- No lo sé – respondió sinceramente ante el cuestionamiento anterior – De todas formas, te voy a pagar todo lo que hemos gastado – añadió. Ante aquel último comentario Gajeel detuvo su andar por completo y a los pocos segundos ella lo imitó.

- No estoy pidiendo caridad – la voz del chico fue seria, sorprendiendo un poco a la pequeña peliazul, quien lo estaba observando fijamente – Tengo los fondos suficientes para invitarte a una buena comida sin pedirte nada a cambio – Levy no entendió por qué aquellas palabras la hicieron sentir extraña. Tuvo que rehuirle a la penetrante mirada del chico ante la incomodidad que sintió en ese momento.

- Solo estoy diciendo que es mejor comer algo allá – se esforzó por no titubear, pero su mirada permaneció en dirección al piso y en sus mejillas se formó un grácil sonrojo, casi imperceptible - ¿Quién está en un festival y no come comida de festival? – añadió por último para enseguida darse la vuelta y empezar a caminar.

Gajeel decidió seguirla, ya que la joven con su último comentario había logrado amenizar el ambiente. El chico sonrió para sus adentros al ser consciente que de verdad había olvidado lo terca que podía llegar a ser la pequeña. Y, al mismo tiempo, se maldijo por ello.

Mientras caminaban en dirección a los puestos de comida, la Mcgarden se dio a la tarea de llamar a su amiga. Ya pasaba de mediodía y hacia una hora que habían hablado por última vez. En cuanto Lucy contestó la llamada, Levy pudo oír claramente la fuerte música de fondo.

- ¿Dónde estás? – preguntó extrañada la peliazul ante los tambores y alaridos al otro lado de la línea.

- "Continuamos aquí en la Gran Plaza, Lev-chan" – respondió Lucy del otro lado, acercándose el celular a los labios más de la cuenta, en busca de que su amiga la escuchara correctamente.

- ¿Todavía? – preguntó incrédula Levy al tiempo que recibía una mirada de reojo por parte de su acompañante - ¿Hasta cuándo estarán ahí? –

- "No lo sé. Ahora mismo hay una presentación de danza folclórica y el Señor Simpatía se está divirtiendo como nunca. Hasta está sonriendo" – mencionó Lucy, escuchándose notablemente frustrada – "Tenemos hambre y no hemos podido salir a comprar nada" – Levy no pudo evitar sentirse mal al escuchar aquello – "Esto es horrible, Lev-chan. Quiero estar contigo"- a pesar de aquellas palabras con tono de sufrimiento, evidentemente exagerado, la peliazul sonrió.

- Dentro de poco nos encontraremos nuevamente, Lu-chan – mencionó, tratando de animar a su amiga – Por ahora presionen para salir de ahí, el viaje es para nosotros, no para los tutores – aconsejó, sintiendo que era lo único que podía hacer por ellos.

- "Eso haremos. Te aviso de cualquier movimiento"- las palabras de Lucy sonaron con mayor ánimo y luego terminó la llamada. Levy permaneció con una sonrisa incómoda, pensando en la situación de su amiga.

- Ahora están viendo una danza folclórica mientras mueren de hambre – resumió la conversación en aquella oración para poner al tanto al Redfox.

- Repito, menos mal no estoy en sus zapatos – el chico no pudo evitar sentirse feliz por la decisión que había tomado y por a donde las casualidades los habían llevado.

Levy no mencionó palabra, pero para sus adentros estuvo de acuerdo con el pelinegro.

A pesar de no encontrarse con el grupo, no estaba pasándola tan mal. Estaba en un lugar hermoso, animado y lleno de vida. Había conocido sitios interesantes y, si el tiempo jugaba a su favor, conocería otro espacio que parecía prometer un recuerdo memorable. Así que no se podía quejar, ni podía decir con total sinceridad que deseaba estar en esos momentos con los demás.

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Luego de una caminata tranquila llegaron a los puestos de comida establecidos alrededor de la pequeña plaza central. Recorrieron numerosos puestos en busca de una comida provocativa, hasta que Levy divisó un platillo que robó su atención.

La chica se aceró a un puesto de comida para detallar la muestra del platillo.

- No me digas que vas a querer eso – se adelantó a hablar Gajeel cuando notó el plato de llamativos colores que estaba observando su compañera. El platillo dejaba ver colores muy parecidos a los de un arcoíris.

- Se ve delicioso – los ojos de Levy parecían brillar ante aquellos llamativos alimentos y cuando el vendedor salió a hablar sobre aquel platillo no hubo marcha atrás. Gajeel pagó por la comida con desconfianza, pero no mencionó palabra. Lo que sí dejó en claro era que él no iba a comer aquello, por lo que rápidamente fueron hasta otro puesto y compró un platillo tradicional que bien conocía y había probado antes. Solo le quedaba evaluar la sazón.

Una vez ambos jóvenes tuvieron sus comidas en mano, se alejaron un poco de la concentración de gente, la cual empezaba a incrementar a medida que transcurrían las horas. Encontraron una banca desocupada casi al final de la plaza y no dudaron en sentarse para empezar a degustar lo que habían adquirido.

Levy observó emocionada su plato de comida y, un par de fotos después, le dio el primer bocado. La cara de desagrado y decepción de la chica fue notoria al apenas sentir aquellos sabores exóticos invadir su paladar. Gajeel, quien había estado atento a la reacción de la chica, no pudo evitar explotar de la risa al notar las expresiones de su compañera.

- Sabe horrible – declaró Levy con tono entristecido después de obligarse a tragar la porción que se había llevado a la boca.

- Te lo dije. Eso no podía ser bueno – habló Gajeel aun entre risas. El chico sentía que sus ojos se cristalizaron y que su respiración se entrecortaba debido a las continuas carcajadas.

Levy no le dio importancia al pelinegro y continuó observando el platillo que tenía entre manos con total decepción. No podía creer que el platillo que le había hecho tanta ilusión supiera tan mal y que, además, tendría que comerlo obligada porque su estómago imploraba por un poco de alimento.

– Este no sabe tan mal, ¿quieres probar? – las palabras de Gajeel, quien ya se había calmado un poco de su ataque de risa, la hicieron levantar su mirada. El chico pudo notar que la pequeña tenía los ojos cristalizados y tuvo que contener la risa. Sin decir nada más le acercó su plato, el cual ya había probado minutos antes, y tomó con su otra mano el colorido platillo de la peliazul.

- Gracias – fue lo único que mencionó Levy antes de dar el primer bocado. En comparación con el plato anterior, el plato que eligió Gajeel le supo a gloria – Está delicioso – mencionó después de disfrutar la pequeña porción de comida que había tomado. Ya que no era su plato, no continúo comiendo, muy a pesar de que su estómago le pedía a gritos que continuara alimentándose. Pero para su sorpresa, cuando dirigió la mirada hacia Gajeel, lo descubrió observando detalladamente el colorido arroz - ¿Vas a probarlo? – preguntó con curiosidad, pero no recibió respuesta por parte del otro. En cambio, lo observó tomar una pequeña porción y llevársela a la boca. Esperó atenta la reacción de Gajeel mientras este masticaba, pero la cara del chico nunca cambió.

- No está tan mal – mencionó el pelinegro con voz neutral. Esperaba un sabor repugnante o exagerado, pero al fin y al cabo no resultó estar tan mal como había pensado desde el inicio. Sin dudarlo probó otro bocado, agregando los demás contornos, y le pareció aún mejor - ¿De verdad te parece tan malo? – preguntó mientras la observaba fijamente. Quería cerciorarse de que la chica no hubiera estado fingiendo.

Levy, quien lo observaba incrédula, solo asintió ante su cuestionamiento y luego tomó la palabra.

- ¿Te lo vas a comer? – preguntó con cierta desconfianza.

- Si tú no te lo vas a comer, yo sí – una sonrisa fortuita se dibujó en los labios del pelinegro sin percibirlo – Te puedes comer el mío. Si quieres – dicho esto el chico volvió su mirada hacía la comida, dispuesto a continuar comiendo el absurdo plato colorido.

Mientras tanto, Levy no podía creer que al Redfox le terminara gustando la comida que ella había elegido y luego despreciado, pero agradeció por ello y también continúo comiendo con ánimos el plato que originalmente era del pelinegro.

Al terminar la comida llegó un mensaje al celular del chico, proveniente de Juvia. En dicho texto anunciaban que por fin pudieron salir de aquel evento y se disponían buscar un lugar cercano para todos poder comer algo. En la última parte del mensaje colocaba que le avisaría cuando partieran de aquella localidad.

La Mcgarden se alegró por sus amigos, pero también sonrió ampliamente porque aquello significaba que tendrían por lo menos unos cuarenta minutos aproximadamente para visitar el lugar que la encargada de la floristería les había mencionado.

Una vez colocaron los desechos en el cesto de basura, decidieron emprender camino hacia el destino turístico recomendado.

Gajeel se dio cuenta de que la peliazul tenía una excelente retentiva, ya que recordaba bastante bien las indicaciones de la mujer de la floristería. Por ello se dejó guiar sin cuestionarla.

Caminaron varias cuadras y cada vez el terreno se iba haciendo más empinado, lo cual era una buena señal, después de todo se suponía que se estaban dirigiendo a un mirador.

El sol comenzaba a tornarse más amarillento y el cielo iba tomando destellos del mismo color. Aquella localidad tenía árboles en abundancia, los cuales les proporcionaban sombra cada tanto mientras continuaban su recorrido por la empinada acera.

Cuando llegaron a una planicie, Levy se sintió un poco perdida. Según lo que recordaba tendrían que estar en el lugar, sin embargo, frente a ellos solo se encontraban algunas casas y si iban más allá era una calle sin salida.

La peliazul se sintió un poco frustrada y sintiendo la presión de la mirada de Gajeel se acercó a alguien para pedir indicaciones. Cuando la orientaron un poco mejor, se percató de que no estaba tan lejos de lo correcto, solo debía doblar en una esquina y continuar subiendo un par de cuadras hasta dar con unas escaleras. Y así fue. Luego de caminar varios minutos inmersos en un cómodo silencio, pudieron vislumbrar unas escaleras de concreto por las cuales subieron sin ninguna prisa.

Esta vez sí habían llegado al destino deseado. El lugar era parecido a la pequeña plaza de abajo, pero mucho más pintoresco, con zonas verdes repletas de flores y una hermosa fuente adornando el centro del área. Varias personas se paseaban por el lugar sin prestarle real atención a los demás, simplemente disfrutando de la tranquilidad del momento.

Sin duda alguna el mayor atractivo del lugar era aquella fuente, la cual desbordaba agua por distintos orificios y creaba un efecto visual maravilloso.

Ambos chicos se vieron atraídos por el majestuoso monumento de dicho lugar, por lo que se acercaron sin pensarlo. Después de haber admirado la caída del agua y el hermoso color que tomaba debido a los rayos de sol, se distrajeron con la vista más allá de la fuente.

Si caminaban un poco más se encontraban con el mirador.

Estaban acostumbrados a los miradores de la ciudad, los cuales regalaban una excelente vista de los imponentes edificios y casas de la gran metrópoli. Sin embargo, esta vista era complemente diferente.

El mar se extendía a lo largo del horizonte, sublime y majestuoso. Una pequeña valla servía de protección en el límite del mirador. Luego de esta solo había un risco y el choque continuo de las olas contra la fuerte roca.

- Todo esto es hermoso – no pudo evitar decir la peliazul ante la vista que tenía de frente. Además, disfrutaba de la brisa fresca y del sol sobre ella, sintiéndose revitalizada.

Por su parte, Gajeel no emitió palabra, disfrutando en silencio del paisaje. Si se concentraba podía escuchar el romper de las olas, generándole una sensación de tranquilidad sinigual. Por tercera vez en el día se sintió afortunado de no estar con el resto del grupo y a la vez sintió que valió la pena asistir al viaje escolar. Después de todo, no se disfrutaba aquella vista todos los días.

Los pensamientos del pelinegro se vieron interrumpidos cuando un chasquido llamó su atención, descubriendo a la Mcgarden apuntando el celular hacia él, posiblemente capturando el momento. La miró con disgusto fingido y ella lo ignoró, esta vez apuntando el móvil hacia otra dirección.

Levy comenzó a fotografiar todo el lugar. Desde la vista al mar hasta la más sencilla flor que adornaba aquellos jardines. Gajeel la observó fijamente sin que esta se percatara y disfrutó de aquel momento. No recordaba ni una vez que Levy se viera feliz o animada estando a su lado. Siempre hubo dolor, rencor o vergüenza de por medio todo el tiempo que permanecieron juntos en Phantom Lord, estando en cualquier situación.

Aquel recuerdo resultó amargo para el chico, quien presionó los dientes con fuerza ante el mal sabor de boca que le dejaba la evocación de su yo del pasado. Había intentado cambiar desde que salió de Phantom y falló en los primeros días junto a la chica. Desde ese momento se percató de que seguía siendo el mismo miserable a pesar de querer dejar atrás todos sus errores. Y es que, en lugar de pedir perdón, simplemente quería que todo fuera olvidado, que el tiempo se reiniciara y no haber cometido las atrocidades que cometió. Pero la vida no era tan sencilla.

Se arrepentía de todo.

Actualmente era consciente de cada una de sus faltas, desde las más pequeñas hasta la más grande, pero simplemente no había podido admitirlo en voz alta frente a la persona correcta. Su personalidad reacia a doblegarse no se lo permitía. Y, a pesar de todo aquello, era tan patán como para continuar disfrutando de aquel momento al lado de Levy.

Evidentemente no había podido hacerse a un lado. Una vez la chica le empezó a hablar con más naturalidad, continuó molestándola o complaciéndola. Desde el inicio se negó a traspasar la barrera entre ambos, pero solo bastó una mirada de ella para mandar todo a la mierda.

Tal vez fuera la última vez que se hablaran de forma tan despreocupada, por lo que se sintió con el derecho de ser egoísta una vez más e ignorar el peso del pasado para disfrutar un poco del presente junto a ella, la pequeña chica que intentó alguna vez aplastar y que terminó poniéndole el mundo de cabeza.

- Ven aquí, Enana – el chico decidió dejar atrás sus cavilaciones y se acercó a la peliazul. Esta solo lo observó de mala gana por haberla llamado con aquel apodo y esperó que volviera a tomar la palabra, pero el Redfox solo tomó el móvil que ella tenía entre sus manos y le hizo una seña para que se alejara. Al notar que la chica no se movió ni un centímetro, el pelinegro habló – Le has tomado fotos a todo el lugar, menos a ti – explicó rápidamente - ¿Qué clase de recuerdo será si no tienes una foto tuya? – Levy no pudo evitar sonrojarse, pero accedió en silencio. Se colocó a un lado de las flores, cerca de donde estaba, y sonrió antes de que el chico capturara el momento.

La peliazul no estaba acostumbrada a tomarse fotos sola, por lo que le costaba mantener una pose cómoda y relajada. Sin embargo, sí deseaba un recuerdo de ella en ese hermoso lugar.

Gajeel tomó un par de fotografías más y luego la instó a dirigirse hacia la fuente de agua y, con esta de fondo, capturó unas cuantas imágenes extra. Hasta que un anciano lo interrumpió.

- Joven, yo lo puedo ayudar – habló con voz animada el extraño anciano. Gajeel no supo cómo reaccionar, debido a que no entendió a lo que se refería el hombre y este se percató de ello – A tomarles una fotografía juntos. Sé cómo hacerlo, no se preocupe – el anciano extendió su mano en dirección al celular, pero Gajeel lo detuvo con sus palabras.

- No es necesario. Muchas gracias – el pelinegro intentó ser amable, pero el anciano continuó con la mano extendida. Mientras tanto, Levy continuaba a una distancia prudente, pensando que el hombre que le estaba hablando a Gajeel se marcharía en cualquier momento, pero al notar que la situación se alargaba optó por acercarse para saber qué ocurría.

- Colóquese junto a ella, no se avergüence – el hombre sonreía en todo momento mientras hablaba, dejando ver sus desgastados dientes, producto de la edad – No se preocupe, joven. Sé tomar fotos muy bonitas. Los he visto tomando fotos, pero ninguna juntos - Gajeel dudó unos cuantos segundos, pero ante la insistencia del extraño no pudo negarse nuevamente, así que cedió su celular.

- ¿Qué sucede? – preguntó Levy cuando llegó hasta donde estaba su compañero, notando que este le entregaba su móvil a aquel hombre mayor.

- Vamos – dijo Gajeel mientras la sujetaba suavemente del brazo y la llevaba consigo de vuelta hacia la fuente – El viejo insiste en tomarnos una foto – el pelinegro respondió ante la duda de su compañera y esta se sonrojó debido a sus palabras.

Dejando la gran fuente de fondo, se colocaron uno al lado de otro a una distancia bastante separada. El anciano se cuadró en su posición y tomó una foto, demostrando que de verdad sabía hacerlo, pero no se los dejó saber.

- Mas juntos – recomendó el mayor mientras hacia una seña con la mano. A Levy le causó un poco de risa la situación, mientras que Gajeel solo se acercó un poco más a la chica sin expresión alguna. Sin conformarse, el hombre no dejó de mover la mano en señal de que se juntaran aún más – Acérquense más – esta vez Levy fue la que se acercó lo suficiente para complacer al mayor. Sus brazos casi se rozaban y la postura de ambos se veía algo rígida. Y así dicha escena quedó plasmada en la segunda fotografía que realizó el anciano – Otra – mencionó en voz alta el hombre para indicarles que capturaría de nuevo la imagen, por lo que ninguno de los dos se movió – Sonrían – era la cuarta foto que tomaba y ya Gajeel se estaba cansando del anciano.

- ¿Es una broma? – preguntó Levy con la sonrisa congelada para la foto.

- Parece estar emocionado – el hastío en Gajeel era evidente. Una foto era suficiente, por lo que no le veía sentido a aquello, pero Levy parecía divertirse a pesar de resultar incómoda. Fue entonces cuando una idea para molestarla se cruzó por su cabeza. Cuando el anciano vociferó que tomaría otra fotografía, el pelinegro elevó su brazo y lo asentó sobre la cabeza de la pequeña. Su altura era perfecta para que su brazo reposara de forma recta. Levy al darse cuenta se cruzó de brazos en un intento de controlar sus ganas de golpearlo.

- Redfox, retírate – habló de forma amenazante mientras se repetía una y otra vez que no podía ser violenta con las personas, a pesar de que ya lo había golpeado al retirarse de la Casa Antigua.

- Gihi – el chico rio un par de veces antes de bajar el brazo. Esperaba que el anciano hubiera capturado ese momento, así podría molestar a la Mcgarden más adelante.

Luego de que el pelinegro quitara el brazo de su cabeza, Levy se encaminó hacia el hombre mayor y le ofreció las gracias, recibiendo el celular entre manos. El anciano se fue bastante animado y eso hizo sonreír a Levy.

- Hace calor. Busquemos algo para beber – sugirió Gajeel una vez estuvo al lado de la Mcgarden. Esta asintió de mala gana, haciéndole saber que continuaba enojada por su acción anterior.

El chico solo sonrió y emprendió camino de vuelta hacia la plaza, donde con seguridad conseguirían alguna bebida.

El camino de vuelta fue más sencillo y rápido que el de ida, por lo que estuvieron en la plaza en pocos minutos. Una vez ahí, notaron que había más personas en aquel lugar, dejándole en claro que aquel, sin duda alguna, era el sitio más concurrido de aquella localidad.

Luego de detenerse en un puesto de comida que estuviera libre de clientes, el pelinegro compró dos gaseosas, ofreciéndole una a la chica para luego dirigirse juntos al banco más alejado de la plaza, donde habían comido con anterioridad, teniendo la suerte de encontrarlo vacío. Se sentaron y degustaron tranquilamente sus bebidas sin hablarse, hasta que algo sucedió.

- ¡Pero qué mierda! - exclamó Gajeel cuando sintió que algo cayó sobre su hombro. Levy se volvió a verlo inmediatamente y, a pesar de que se encontraba bebiendo su gaseosa, no pudo evitar reír ante la escena, por lo que el contenido en su boca salió disparado hacia Gajeel - ¡Maldición, Mcgarden! – maldijo el chico por lo alto mientras se levantaba, con la camisa empapada y con el excremento de pájaro aun en el hombro. Levy intentó disculparse, pero entre la risa y la bebida que había estado bebiendo, la peliazul se ahogó, lo cual le provocó una fuerte tos por algunos instantes.

Gajeel notó que tenía problemas para recuperarse, por lo que se aceró y le propinó unas cuantas palmaditas en la espalda, hasta que la tos desapareció. Sin embargo, la risa la invadió de nuevo.

- Lo siento – mencionó la chica de forma entrecortada por la risa, mientras se levantaba del asiento y comenzaba a sacudir con su mano la camisa del chico a la altura del pecho y el abdomen, lugares en los que había parado la gaseosa que intentó beber antes de soltar la risa. Los esfuerzos de la chica por limpiar la ropa de su compañero fueron totalmente en vano, debido a que la tela ya había absorbido todo el líquido – No fue mi intención. De verdad – la pequeña continuaba riendo a pesar de que el chico ya la había alejado para que no continuara golpeando su camisa, y a él, sin objetivo alguno – Dicen que eso es suerte – comentó cuando ya estuvo más tranquila, al tiempo que señalaba el excremento en el hombro del Redfox.

- ¿Suerte? ¡Ja! – el chico contestó con burla y rabia. No creía en la suerte y, si de verdad existía, no consideraba que estuviera a su favor.

- Si tuviera mi bolso aquí podría limpiarte – se lamentó la peliazul, pero inmediatamente encontró otra solución – Vayamos a alguno de los restaurantes y pidamos el baño – mencionó con una sonrisa y un leve sonrojo adornando sus mejillas – Yo también necesito utilizar un baño – el Redfox entendió la referencia, por lo que asintió a modo de aprobación. Terminaron de beber las gaseosas y se encaminaron hacia el primer restaurante que apareciese en el camino.

Levy dio gracias nuevamente por la amabilidad de los habitantes de Caelum, ya que al restaurante a donde fueron a parar, además de poner a su disposición el baño, se ofrecieron a ayudar a limpiar al Redfox.

Avergonzado, como pocas veces estaba, dejó que una amable anciana restregara su camisa con un paño húmedo. Levy comenzó a reír debido a la cara de frustración del chico, pero trató de disimularlo cuando este le dirigió una mirada asesina.

Para no hacer molestar más al pelinegro, y haciéndole caso al llamado de la naturaleza, sacó de su bolsillo los dos celulares que cargaba y se los entregó a su compañero para luego retirarse al baño.

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La peliazul le pasó seguro a la puerta del pequeño baño y se dirigió inmediatamente al inodoro. Le encantaba su atuendo, pero lo maldijo nuevamente cuando tuvo que despojarse casi por completo de este para poder cumplir su cometido.

Después de hacer lo que iba a hacer, sintió un gran alivio, por lo que en ese momento se volvió a colocar su enterizo con total calma. Luego de bajar la palanca se dirigió al lavabo y lavó bien sus manos. Seguidamente se observó en el espejo y arregló un poco su cabello y la cinta que lo mantenía bajo control. De un momento a otro puso atención en la sonrisa que había permanecido dibujada en sus labios todo ese tiempo y se sintió extraña nuevamente.

Tenía que aceptar que se estaba divirtiendo, lo cual no era malo del todo. Sin embargo, no esperaba que fuera junto a Gajeel.

Si se ponía a analizar los acontecimientos con detenimiento, se daba cuenta de que la naturalidad entre ambos se había dado de forma espontánea. Simplemente habían cruzado palabras un par de veces y el hielo se fue rompiendo poco a poco.

Aceptar aquello le hizo sentir temor.

No podía volver a la misma situación del pasado y ser la Levy manipulada por Gajeel. Siquiera pensar en ello la atemorizaba en demasía. A esas alturas aún se reprochaba sus decisiones de antaño y no quería volver a ser la niña tonta que se dejara influenciar.

Se llevó las manos a la cabeza con preocupación. Debía serenarse y no dejar que la ansiedad de los recuerdos la dominara. Gajeel era parte de su pasado y quiso dejarlo enterrado ahí, pero el chico insistía en volver a ser parte de su vida y simplemente no debía permitirlo.

Pero, por otro lado, tampoco se comprendía a sí misma, pues la estaba pasando bien con el chico, sin compromisos ni manipulación de por medio. Entonces, ¿por qué alejarlo? ¿por qué no ser amigos? No se entendía ni a ella misma.

O tal vez sí, pero no quería aceptarlo. El miedo nublaba su mente.

Se humedeció el rostro con un poco de agua y se volvió a ver en el espejo.

Sabía la respuesta. No era miedo nada más. Era rencor.

Ella no se consideraba una persona rencorosa, pero aun así debía aceptar que todavía no había perdonado a Gajeel del todo.

El Redfox la obligó a hacer cosas que jamás se imaginaría y de ahí surgió el miedo a sí misma. Gracias a Gajeel se dio cuento que había una faceta de ella que no conocía. Él la obligó a conocerse de la peor manera y eso lo hizo odiarse en aquel entonces.

Dejar de pensar en sí misma de forma negativa era algo que le había costado cambiar. Con el paso de los meses logró aceptarse y entender que aun había muchas cosas de sí que estaba por descubrir. Experimentar y tenerse paciencia era indispensable para descubrirse a sí misma. Aquello lo internalizó mucho después, una vez se separó del Redfox.

Por otro lado, en aquel entonces Gajeel también la defendió y hasta llegó a ser amable con ella. Debía aceptar que ese cambio de actitud fue una señal de alerta. Por esa razón huyó sin mirar atrás. Sin despedirse. Simplemente se fue lejos cuando sintió que estaba desarrollando sentimientos extraños hacia el chico.

La extraña relación que llevaron por meses no era sana. Se llegó a comparar con aquellas personas que desarrollaban sentimientos hacia su secuestrador o violador. No podía permitir que eso sucediera y se alegraba de haberse alejado en aquel entonces, ya que ahora veía las cosas con mayor claridad.

Si era sincera consigo misma, debía aceptar que de haber conocido a Gajeel de otra manera, y en otras circunstancias, seguramente hubieran sido buenos amigos. Y tal vez le gustase como algo más.

Pensar de esa manera la hacía sonrojarse por completo.

Pero sabía que la realidad era distinta.

Gajeel y ella se habían conocido como lo hicieron y aquello no iba a cambiar.

Él nunca mostró arrepentimiento por todo lo que le hizo y por ello, a pesar de tratarlo con cierta normalidad, inconscientemente continuaba alejándolo. No se permitía perdonarlo.

Viéndose directamente a los ojos a través de su reflejo frente al espejo, reconoció por primera vez en un tiempo que lo sucedido en el pasado aun dolía y mucho.

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La mujer mayor terminó de limpiar la camisa del chico en pocos minutos.

Gajeel le agradeció y, al igual que Levy, decidió aprovechar la oportunidad para entrar en el baño de caballeros. Le tomó solo un par de minutos y volvió a salir.

Al notar que Levy aun no salía del baño se dispuso a esperarla en el pasillo cercano. Sin embargo, un par de minutos después prefirió salir del lugar cuando su móvil vibró debido a una llamada entrante de Juvia.

Respondió rápidamente y escuchó la voz de su amiga saludando del otro lado de la línea.

- Dime – fue directo con la peliazul.

- "Nos estamos preparando para volver al autobús. Cuando todo esté listo para partir Lucy dice que preguntará el destino" - explicó Juvia por medio de susurros al otro lado de la línea. Gajeel prefirió no preguntar el por qué – "Como demoramos tanto aquí, nadie está seguro de cuál será la próxima parada" - terminó de decir la peliazul.

- Está bien. Le diré a Levy y estaremos atentos – respondió el chico listo para colgar la llamada, pero la voz de Juvia lo detuvo.

- "Gajeel" - llamó la atención del pelinegro, quien le hizo saber que aún estaba en línea con un simple monosílabo – "¿La situación con Levy va bien?" - los susurros de la chica se hicieron más bajos y la pregunta lo sacó de lugar, por lo que dudó en responder.

- Eso creo – respondió con sinceridad. Si bien se hablaban por ser la única compañía del otro, eso no quería decir que todo estuviera arreglado.

- "Juvia estuvo pensando que es la oportunidad de Gajeel para intentar solucionar las cosas con Levy" - el chico bufó por lo bajo ante las palabras de Juvia. No quería tocar el tema en ese lugar. En realidad, no quería tocar el tema nunca más. Intentaba convencerse de que estaban bien como estaban, por lo que no había razón para hacer resurgir eventos del pasado.

- No te metas, Lockser – Gajeel la interrumpió cuando se percató de que la chica iba a volver a hablar y, al otro lado de la línea, escuchó un suspiro. Juvia se esperaba una respuesta similar.

- "A Gajeel se le dio una gran oportunidad. Debería aprovecharla" – insistió la chica aun sabiendo que posiblemente el pelinegro se molestaría.

Gajeel observó a Levy salir del restaurante, por lo que volvió a hablar rápidamente, antes de que llegara hasta él.

- Es un asunto que no te concierne – sabía que estaba siendo incoherente, puesto que la mayoría de las veces terminaba contándole todo a Juvia como forma de desahogo o en busca de consejos. Por ello la chica tenía derecho a opinar y decirle las cosas de frente, muy a pesar de que a él le costase escuchar las opiniones desde otro punto de vista – Cuando tengas información sobre la parada me llamas - terminó de decir para luego colgar la llamada. A esas alturas ya Levy estaba a su lado.

- ¿Qué ocurrió? - preguntó la chica al notar que estaba hablando con alguien, asumiendo que era con alguna de sus amigas.

- Se están preparando para partir – anunció mientras le entregaba los dos celulares de vuelta a la Mcgarden – Preguntarán cuál es el nuevo destino y nos estarán avisando – Levy no pudo evitar sentir nervios y ansiedad ante aquella información.

Esperaba que todos llegaran hasta donde estaban ellos y así poder encontrarse de una vez por todas, a pesar de que se estuviera divirtiendo sin necesidad de estar con su grupo de amigos.

Sin decir nada más comenzaron a caminar sin rumbo alguno, uno al lado del otro, pero cada uno absorto en sus propios pensamientos. Al cabo de unos minutos el móvil del Redfox volvió a sonar.

- ¿Sí? - la peliazul contestó la nueva llamada.

- "Lev-chan"- Levy sonrió al escuchar la voz de su mejor amiga – "Estamos por salir. Vamos a la última parada del itinerario porque perdimos todo el tiempo en ese patético lugar" – la sonrisa de Levy se borró inmediatamente.

- Ya ni siquiera debería sorprenderme – mencionó con resignación la pequeña.

- "Tienen tiempo, nosotros aún no partimos. Y, además, estamos más lejos que ustedes según este mapa" – la rubia animó a su amiga, quien sonrió débilmente.

- Gracias, Lu-chan. Nos vemos allá – la chica colgó la llamada y volvió su castaña mirada hacia su compañero – Ya te imaginarás. Tenemos que irnos – mencionó Levy sin ganas de dar más explicaciones.

- Joder – se quejó el pelinegro mientras seguía a la Mcgarden, quien tomó la delantera y, como ya se había hecho costumbre, se acercó a un transeúnte para solicitar información.

Gajeel se tuvo que acercar a la peliazul y ver con cara de pocos amigos al chico al que le estaba pidiendo información, ya que el mismo la estaba invitando a salir en vez de darle las indicaciones que ambos requerían.

Al cabo de unos minutos el extraño joven dejó de coquetear con la pequeña y le facilitó la dirección de la parada de autobús que debía tomar. Incómoda, Levy le agradeció y junto a Gajeel se dirigió al lugar indicado.

La caseta de la parada no estuvo tan lejos de donde ellos estaban, por lo que llegaron rápido y se sentaron en el banco a esperar el autobús.

- Empiezo a experimentar un déjà vu – Gajeel se burló de la situación, recibiendo como respuesta una simple sonrisa.

En aquella zona donde estaban no había casi movimiento de gente. De vez en vez caminaban una o dos personas cerca de la caseta, pero todo era silencio y tranquilidad en aquel lugar. Ni siquiera había vehículos transitando por la carretera, por lo que supusieron que nuevamente seria otra larga espera.

A los pocos minutos de estar esperando, Lucy envió un mensaje de texto anunciando que el autobús ya había emprendido camino. Aquello activó la ansiedad de Levy, viéndose reflejada en la inquietud de su pierna derecha.

A pesar de que Gajeel notó aquel detalle, prefirió no decir nada y esperar en completo silencio.

Transcurrieron largos minutos y ni siquiera había pasado un solo vehículo. El ir y venir de los transeúntes estaba siendo más constante, pero cualquier tipo de vehículo brillaba por su ausencia.

Gajeel observó a Levy de reojo, quien aún continuaba moviendo la pierna compulsivamente, mientras miraba la carretera con detenimiento. Fue entonces cuando las molestas palabras de Juvia se le vinieron a la mente.

La Lockser le había insistido en que hablara con Levy desde que ocurrió el primer impase en el instituto.

Juvia había sido su fiel consejera desde que le confesó su pasado con la pequeña peliazul, aun estando en Phantom Lord. Recordaba claramente como la Lockser le había recalcado que su peor error había sido dejar ir a Levy sin aclarar las cosas. En aquel entonces, ese era un punto que ni siquiera pasaba por su mente. Sin embargo, desde que su amiga lo mencionó, estuvo de acuerdo con ella.

Y, aun así, todo se volvió más confuso cuando se reencontró con la Mcgarden.

Cuando la volvió a ver, en él resurgieron distintos sentimientos, entre ellos el resentimiento y la rabia. No era capaz de aceptar sus demás sentires, por lo que los renegaba constantemente.

Y, a pesar de ello, no entendía la insaciable necesidad que tenía actualmente por, aunque sea, mantener una relación de amistad con la peliazul.

Cerró los puños cuando las palabras de Juvia volvieron a resonar en su cabeza.

Si se esforzaba se podía mantener a la distancia y dejar que todo volviera a su estado natural. Ambos siendo indiferentes con el otro.

Pero también podía hablar con su compañera de clases y por lo menos así ordenar sus propios pensamientos. Después de todo no conocía la opinión de Levy.

Y la verdad era que le atemorizaba escucharla.

Su último pensamiento lo tomó por sorpresa. Aceptar que estaba atemorizado por algo lo hacía sentir molesto y frustrado. Levy provocaba eso en él. Sentimientos que lo irritaban. Por ello también debatía si mantenerla a su lado o apártala.

Aunque aquello no era solo su decisión. También era decisión de ella.

Gruñó por lo bajo al enredarse con sus conflictivos pensamientos. Con ello la frustración interna también comenzó a crecer.

Él no era ningún cobarde, pero se estaba comportando como uno. Él no le temía a ninguna mujer y no dejaría que Levy fuera la excepción.

Aunque ella siempre fue la excepción desde que la conoció.

Se maldijo para sus adentros y tomó una decisión. Era ahora o nunca.

- Mcgarden – mencionó lo suficientemente alto como para llamar la atención de la chica a su lado.

- ¿Qué sucede? – respondió sin demora ante el pronunciamiento de su apellido, al tiempo que dirigía su mirada hacia el pelinegro, llamándole la atención la seriedad en las facciones del chico.

- Yo… - Gajeel se maldijo internamente cuando sintió que las palabras se arremolinaron en su interior y un nudo se instaló en su garganta. Observó a la chica y, en pocos segundos, sus ojos carmesíes le rehuyeron a la inocente mirada castaña.

Su mente se quedó en blanco y todo lo que pensó en decir se desvaneció, quedando a flote unas únicas palabras que se negaba a exteriorizar.

- ¿Te sientes mal? – preguntó extrañada la Mcgarden cuando observó que el chico se inclinó un poco hacia adelante, posando los codos sobre las rodillas, manteniendo la vista al frente en un punto ciego.

- Lamento todo lo que ha pasado entre nosotros – soltó sin escapatoria. Los pensamientos continuaban revoloteando en su cabeza y, debido a que estaba evitando voltear hacia la peliazul, no pudo apreciar la impresión en el rostro de la chica ante aquellas palabras tan inesperadas – Mierda – despotricó al aire al sentir que se trababa nuevamente. Fijó su mirada en sus zapatos y entrelazó ambas manos con fuerza como método para drenar la frustración que estaba sintiendo en ese preciso momento – No actué bien. Soy consciente de ello y me arrepiento – confesó, intentando no pensar demasiado en sus palabras.

Después del impacto que causaron las palabras del Redfox en la pequeña, esta se empezó a incomodar. No quería hablar del tema, pues no deseaba rememorar lo sucedido.

- Fui un imbécil en Phantom… -

- Gajeel – interrumpió deseando detener las palabras del pelinegro, pero este continuó sin darle mayor importancia.

- Sé que eché todo a perder desde un principio. No medí las consecuencias… - el chico se vio interrumpido nuevamente por su compañera.

- No tienes por qué decir nada – la Mcgarden insistió en frenar aquellas repentinas palabras. En su interior sabía que quería escucharlas, quería saber si de verdad el chico se arrepentía, pero el nerviosismo que estaba sintiendo en esos momentos la estaba superando.

- Pero quiero hacerlo – Gajeel irguió su postura y enfrentó la mirada de Levy, notando por primera vez la conmoción en los ojos de la chica – Te fuiste y nunca pudimos hablar. Aclarar lo nuestro – el joven notó que algo en la mirada de Levy cambió ante sus palabras.

- Algo como "lo nuestro" nunca existió, por lo que no había nada que aclarar – dijo la peliazul, esforzándose por no rehuirle a la penetrante mirada carmesí que la estaba atravesando en ese momento – Además, este no es el mejor lugar para hablar del pasado – las palabras de la pequeña sonaron frías. Intentaba crear rápidamente una pared de indiferencia que la protegiera.

- ¿Y cuál es el mejor lugar para hacerlo? ¿Fairy Tail? – preguntó con ironía sintiéndose un poco molesto por la reacción de Levy - ¿Prefieres hablar estando rodeada de todos? –

- No – respondió con sinceridad la joven de forma inmediata. Entendía el punto al que quería llegar el Redfox. En realidad, no había buen lugar para hablar de aquello. Ella solamente quería cortar la conversación, pero si él insistía diría lo que pensaba sin importarle los sentimientos del otro – No es un tema que desee tocar, menos contigo – Levy sabía que aquellas palabras habían sorprendido al chico, lo notó en su mirada escarlata, pero aun así continuó – Si te soy sincera, fui inmensamente infeliz ese año en Phantom Lord. No me gusta ni siquiera recordarlo – sus palabras eran corto punzante y quería que así lo fueran. Por primera vez no quería ser ella la víctima – Me fui sin decir nada porque quería cortar todo de raíz. No deseaba volver a verte. No a ti, ni a tus amigos – Gajeel permanecía en silencio escuchando las palabras a las que tanto le había rehuido – Nuestra relación era enfermiza, Gajeel – después de aquello, el mencionado quiso desviar su mirada, pero se obligó a permanecer prendado a aquellos ojos castaños que se estaban cristalizando poco a poco.

- Lo era – le dio la razón a la chica. No podía tapar el sol con un dedo y era consciente de ello, pero no quería decir que en su interior no se estuviera sintiendo miserable, por lo que presionó su mandíbula con fuerza antes de volver a hablar – No estoy orgulloso de ello – Levy desvió su mirada tras aquellas palabras. Observó la carretera, rogando que un autobús llegara para dejar de sentir la presión en el pecho que estaba experimentando en ese instante – Al final las cosas cambiaron. Choqué contra una pared – confesó el Redfox, también desviando su mirada para asegurarse de no encontrar los castaños ojos que harían que se acobardara – Todo se volteó en mi contra y me lo merecía – soltó el chico para luego hacer una pausa. Estaba a punto de confesar en voz alta algo que nunca le había dicho a nadie, ni lo había aceptado para sí mismo, pero sentía que se lo debía a Levy. Sin embargo, cuando estaba a punto de hablar la chica se le adelantó.

- Hablar del pasado me hace daño – se sinceró la pequeña – No solo se trata de ti. Hablar de lo que pasó me hace revivir momentos que quiero enterrar – Levy tomó fuerzas y volvió su mirada hacia el pelinegro nuevamente, quien ya la estaba observando de vuelta – No le deseo a nadie lo que yo experimenté en aquel lugar – confesó la pequeña chica.

- Siento no haberte protegido como lo prometí – se disculpó sinceramente el joven, sabiendo a lo que ella se refería. Aquello que tanto daño le hizo y que seguramente la dejó marcada. Él había tenido esa disculpa atascada en su garganta por más de un año, culpándose por no haber estado con ella para evitar aquel fatal encuentro con Totomaru. Arrepintiéndose por no poder cambiar el rumbo de las cosas.

- Solo quiero olvidar todo – Gajeel sintió que en su interior se removió todo cuando notó una lágrima traicionera recorrer la mejilla de la pequeña chica, quien la borró rápidamente al arrastrarla con sus dedos.

- Olvidémoslo – secundó el Redfox al darse cuenta de que no dejaba de hacerla sufrir. Sonrió amargamente al considerar que estaba en su naturaleza lastimar a la joven a su lado, aunque no quisiera hacerlo – Sé que no es tan fácil, pero dejemos todo en el pasado – mencionó con voz seria mientras volvía a entrelazar sus manos con fuerza – Solo quiero que sepas que me arrepiento de lo que te hice – Levy sintió un leve escalofrío tras las palabras de su compañero. Aun así, no lo interrumpió – Algo así no volverá a suceder – con aquellas palabras Gajeel intentó finalizar la conversación que él mismo había iniciado.

Ambos chicos volvieron su vista en direcciones distintas y no se dirigieron la palabra de nuevo. Levy no sabía cómo reaccionar ante lo que acababa de acontecer y en lugar de quedar en paz se sintió intranquila. Había deseado una disculpa por parte del pelinegro, pero no esperaba que pasara de verdad. No sabía cómo sentirse al respecto en ese preciso momento, ni llegaba a comprender las sensaciones que se estaban desarrollando dentro de su pecho.

Gajeel agradeció que un autobús se acercó hasta la caseta donde ellos estaban, después de todo el ambiente se había tornado tenso, seguramente para ambos.

Levy dejó que el chico pasara adelante para que pudiera pagar por los dos con anticipación. Cuando ella subió al vehículo pudo notar que estaba casi vacío, pero aun así quiso sentarse al lado del portador de gran cantidad de piercings.

El chico se cruzó de brazos al tomar asiento y se tensó inmediatamente cuando la peliazul se sentó a su lado sin decir palabra. El autobús emprendió camino pocos segundos después y así comenzó el viaje en completo silencio.

El bus se detuvo en distintas paradas y solo un par de personas subían o bajaban.

Poco a poco, mientras iban recorriendo la carretera, el mar se empezó a asomar por el horizonte. Hubiera sido un recorrido relajante, con una hermosa vista, si tan solo el pelinegro se sintiera bien y si la chica no tuviera la mente ocupada con pensamientos incómodos.

- ¿Le contaste a Juvia sobre nuestro último altercado? – Levy rompió el silencio de repente, tomando por sorpresa a su acompañante. Este solo la observó de reojo para evitar moverse y empeorar el mareo que lo invadía en ese momento.

- ¿De qué hablas? – respondió con otra pregunta el Redfox. Su voz era más ronca de lo usual y su postura rígida le indicaron a Levy que el pelinegro se estaba sintiendo mal. Sin embargo, ella ignoró ese detalle y continuó.

- ¿Le contaste o no? – volvió a preguntar impaciente la peliazul, mientras observaba al chico, el cual tenía la mirada fija en algún punto frente a él.

- Sí – contestó seco el pelinegro.

- Lo sabía – claro que lo sabía, después de todo Juvia se lo había revelado con el comentario que hizo cuando estuvieron en la tienda de ropa – Me dijo que te arrepentías – explicó para recibir como respuesta un gruñido.

- Maldición, Juvia – pensó el chico mientras bufaba por lo bajo.

- ¿Cuánto sabe ella? – indagó sin dar tregua la peliazul.

- ¿Sobre qué? – preguntó el chico inmutable.

- Sabes a lo que me refiero, Redfox – el tono de Levy se volvió más agresivo y menos incómodo, a diferencia de momentos antes.

- No sabe nada – el pelinegro prefirió negar todo ante Levy. No veía conveniente que la pequeña se molestara aún más.

- ¿Estás seguro? – presionó la chica antes de sentir un poco de alivio por la respuesta del joven.

- Te estoy diciendo que no sabe nada – Gajeel trató de sonar tajante, sin embargo, sus palabras surgieron lentas y sin fuerza debido al malestar.

- Bien – se convenció por fin con la respuesta del chico – No le he contado de aquello a absolutamente nadie, ni siquiera a Lucy. Quiero que permanezca así – aquella confesión le sorprendió al Redfox. Eso quería decir que Levy había cargado con el peso de su pasado totalmente sola.

El pelinegro chasqueó la lengua sintiéndose patético. Juvia había sido su confidente por poco más de un año y ni él sabía bien cuánto conocía la chica sobre su pasado con la Mcgarden, después de todo un par de aquellas confesiones las había hecho con la compañía de una buena botella de alcohol y a diferentes grados de conciencia.

Debía admitir que no se sentía orgulloso de aquello, pero tampoco se arrepentía.

Juvia se había convertido en la vívida voz de su conciencia, la cual necesitaba escuchar de vez en cuando para entrar en razón.

- ¿Qué tipo de relación has llevado con Juvia? – la voz de la peliazul lo sacó de sus pensamientos.

- ¿A qué te refieres? – esta vez la pregunta si lo había desconcertado, por lo que respondió con otra pregunta por necesidad.

- ¿Te has acostado con ella? – Levy fue clara y directo al punto. No tenía ánimos de andar con rodeos.

- ¿Te volviste loca? – el chico se sorprendió tanto por la tan inapropiada pregunta, que se volvió a ver a la chica a su lado, solo para divisar un sutil sonrojo adornando sus mejillas y una mirada severa que le indicaba que la pregunta había ido en serio – No lo he hecho. Ni lo pienso hacer – respondió con sinceridad mientras volvía su vista al frente al sentir que su estómago se empezaba a revolver y el mareo se intensificaba debido a su movimiento repentino. La verdad era que nunca vio a Juvia con ojos de lujuria, ni a ninguna chica después de Levy.

Se avergonzaba de solo recordar cuando intentó tener sexo con un par de chicas. Ninguna le causó grandes sensaciones que lo inspiraran a continuar adelante con ellas, nada más allá de unos candentes besos y caricias. Nunca se había sentido tan insatisfecho.

Aquello no se lo había confesado a nadie. Ni siquiera a Juvia, que él recordara. Después de todo, al tocar ese tema se sentía poco hombre.

Algo había cambiado en su interior y lo sabía, pero no quería aceptarlo.

Por su parte, Levy se sintió aliviada por la respuesta que recibió. No porque le importase la vida íntima de Gajeel, sino porque sentía cariño por la chica de ojos azul profundo y no creía que fuera justo que el Redfox corrompiera su inocencia.

- Juvia es una amiga. Casi una hermana – agregó el pelinegro – Además, le gusta el tonto de Gray – terminó de aclarar haciendo uso de toda su fuerza interna para no arrastrar sus palabras.

- Menos mal – mencionó aliviada la pequeña – No la mereces – aquel vil comentario hizo que el chico sonriera con amargura mientras continuaba con su vista al frente.

- No tienes por qué ser tan desagradable, Mcgarden – mencionó en tono despreocupado. Era consciente de que la peliazul a su lado estaba intentando terminar de destruir cualquier avance que hubieran tenido entre ellos ese día – Yo no te estoy cuestionando si te acuestas con cualquiera de los idiotas de Jet o Droy – el chico también intentó sonar detestable con aquel comentario.

- Tampoco te incumbe – se defendió la chica rápidamente sin dar detalles de su vida íntima.

- ¿Y a ti sí te incumbe mi vida sexual? – replicó Gajeel sin entender el punto al que quería llegar su compañera.

- No – respondió inmediatamente para evitar malos entendidos – Solo me preocupé por Juvia. Ella sí parece ser una buena persona – otro golpe bajo para el Redfox. Levy se estaba volviendo una experta en insultarlo con cada oración, por lo que prefirió dejar la conversación de lado y comenzó a concentrarse en mantener la calma y el control de sus sentidos.

Por otra parte, Levy reconocía que se estaba pasando de la raya. Aquella no era su forma de ser, pero no pretendía retractarse.

Mantuvieron el silencio parte del recorrido, hasta que Lucy llamó al celular del pelinegro.

- "Ya llegamos" – fueron las palabras de Lucy apenas la peliazul aceptó la llamada entrante. La ansiedad se desató nuevamente dentro de Levy, sin saber siquiera cuál era su ubicación actual – "Parece que nos tienen una actividad preparada aquí, pero aún no nos explican nada" – la voz de Lucy al otro lado de la línea denotaba emoción, pero también cansancio.

- Voy a preguntar cuánto nos falta – dijo la peliazul para que tanto su amiga como el chico a su lado escucharan. Se levantó con cuidado de su asiento y, manteniendo el equilibrio durante las esporádicas curvas de la carretera, se acercó al chofer del autobús.

Gajeel se percató de que la chica mantuvo una corta conversación con el hombre encargado del volante y luego emprendió regreso hacia el asiento de donde se había levantado.

- Ya casi llegamos – anunció Levy aun al teléfono. Después de sus palabras pudo escuchar fuerte y claro el chillido que dejó escapar su amiga, produciendo una sonrisa en ella.

- "Estamos en la playa" - mencionó la rubia después de controlar su emoción – "Hay unas escaleras para bajar hasta donde estamos. Te espero ahí" – Levy aceptó la idea de la Heartfilia y luego de un par de palabras más colgó la llamada.

No sintió la necesidad de decirle nada a Gajeel, después de todo lo más importante ya lo había escuchado, y este de todas formas no hizo pregunta alguna.

Pasados poco más de cinco minutos, el chofer anunció la parada que les correspondía a los estudiantes de Fairy Tail. Ambos se levantaron de sus asientos y esperaron a que el autobús se estacionara frente a la caseta correspondiente.

Al bajar del vehículo sintieron los rayos del atardecer calentar débilmente su piel. El sol pronto caería por completo sobre el horizonte y la luna se haría la protagonista del cielo.

La peliazul observó a su alrededor para a lo lejos divisar a su mejor amiga sobre la acera, acompañada de varios de sus otros amigos. La emoción inundó su pecho y comenzó a caminar rápido en su dirección. Lucy la imitó.

Apenas estuvieron cerca se abrazaron sin dudar, contentas de por fin reencontrarse.

Gajeel, a diferencia de la peliazul, caminó a paso lento mientras intentaba recuperar el bienestar de su cuerpo.

El chico lleno de piercings observó cómo el pequeño grupo de amigos se reunió alrededor de la Mcgarden rápidamente. En pocos segundos él los alcanzó y la primera en acercarse fue Juvia.

- ¿Cómo se encuentra Gajeel? – preguntó la chica, evidentemente alegre de ver a su amigo.

- Del asco – respondió sincero y cortante el pelinegro. Cuando Juvia iba a preguntar algo de vuelta se vio interrumpida.

- Te ves del asco – mencionó Gray, haciendo referencia al aspecto enfermo con el que contaba el Redfox.

- Bajemos antes de que el Señor Simpatía termine de revisar su móvil y baje del autobús – advirtió Lucy en voz alta para que todos la escucharan.

Bajaron rápidamente tratando de lucir casuales mientras continuaban la conversación. Tanto la Mcgarden como el pelinegro fueron el centro de atención de toda la clase una vez pisaron la arena de aquella hermosa playa. Las preguntas recayeron sobre ambos y poco a poco fueron contando su experiencia.

Con el transcurrir de los minutos, Gajeel fue recobrando su actitud animada, ya que los malestares habían desaparecido casi por completo. Todos compartieron anécdotas sobre las últimas horas entre risas y comentarios divertidos.

Entre tanto, el malhumorado tutor continuaba dentro del autobús sin prestarle real atención a la clase, al estar concentrado en su móvil. Al cabo de varios minutos decidió reunirse con sus estudiantes solo porque los otros autobuses de las clases restantes arribaron en el estacionamiento.

Los grupos de autobuses se habían separado desde la segunda parada y, para sorpresa de todos, Gildarts apareció en uno de los vehículos y se unió al grupo.

Su tutor oficial los saludó y los organizó para comenzar la actividad planificada para todas las clases de tercero.

Aquella fue una experiencia nueva y conmovedora para la mayoría. Se reunieron en un punto medio de aquella majestuosa playa para, posteriormente, comenzar a preparar una increíble fogata que ya habían organizado con anterioridad todos los tutores.

En el proceso cayó la noche y fue cuando todo mejoró.

Compartieron una deliciosa comida alrededor del danzante fuego, a causa de la suave brisa, y luego comenzó una dinámica animada. Todos hablaron de su experiencia en el instituto y sobre las expectativas de su futuro universitario.

Para Gajeel no fue una dinámica muy amena, ya que no sentía que tuviera un lazo fuerte con el instituto y tampoco pretendía continuar como estudiante una vez se graduara de la preparatoria, por lo que su participación fue casi obligada y lo suficientemente neutra como para no entrar en detalles.

Después que todos y cada uno de los integrantes de la clase a cargo de Gildarts hablaron, fueron incitados por el mismo a expresar sus miedos sobre el futuro. Cada estudiante sintió una barrera al inicio, pero poco a poco, dejándose llevar por los ánimos del tutor y por la calidez del momento, uno a uno fueron abriendo sus corazones.

Levy sintió terapéutico el momento. Fue bueno escuchar que no estaba sola. Todos estaban entusiasmados y asustados al mismo tiempo. Algunos deseaban continuar juntos y a otros les daba igual que los caminos se bifurcaran. La gran mayoría tenía grandes expectativas sobre la vida universitaria, pero la incertidumbre y la presión por el examen de ingreso lograba achacar los ánimos. Para Levy fue bueno saber que no solo ella sentía aquello.

Gildarts, quien ya suponía aquella situación, debido a que casi todos sienten lo mismo llegado el momento de dicha transición académica, se dispuso a dar un discurso motivacional. No fue tedioso, ni tan extenso. Todos sus alumnos lo miraban fijamente sintiendo cómo las palabras del mayor calaban en su interior.

Esa noche, todos juntos alrededor de la cálida fogata, se sintieron llenos de ánimos y con las mejores energías para enfrentar los retos que les deparaba el futuro, no solo en el ámbito académico, sino también en el aspecto personal.

Levy disfrutó del momento, sintiéndose en paz mientras reía con sus amigos. Fue entonces cuando se percató de que necesitaba más momentos así. No todo podía ser estudios y estrés, porque terminarían siendo los únicos recuerdos de su último año.

En ese momento comprendió que debía darle importancia a los de su alrededor y a sí misma. Sonrió por un instante, mientras su vista se perdía en la madera envueltas en llamas. Se prometió en silencio esforzarse más para alcanzar su sueño y apreciar cada momento, sin descuidar a sus apoyos incondicionales, sus amigos, su gremio. Fairy Tail.

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Hola a todos, una vez más. Espero haya sido de su agrado este nuevo capítulo, el cual llegó pronto ya que estaba casi terminado.

Sé que a varias personas les parece que ya me he tardado bastante en reconciliar a esta pareja, pero deben recordar que ambos comparten un pasado bastante oscuro que desencadenó sentimientos de rabia y rencor, por lo que juntarlos después de dos o tres encuentros entre ellos sería algo poco realista. Sin embargo, esto no quiere decir que no se vayan a reconciliar. Este capítulo representa el primer paso en el camino de la reconciliación y de aquí en adelante tendrán altibajos que irán forjando sentimientos, pero decir más sería spoiler.

Un poco de paciencia que se acerca lo bueno.

Recuerden que si tienen cualquier duda, inquietud o alguna idea me pueden escribir y será bienvenida. Espero se encuentren bien, cuídense en todo momento y nos leemos en el próximo capítulo.

Saludos especiales a:

Firiare

Arual17

Aileen73

Jailys-sama

EternalBlueRose

Cxncer

Drako lightning

Ignoremeimdeleted

MacJardin