El sol chocó contra el níveo rostro de una peliazul, quien tenía aproximadamente un cuarto de hora despierta, pero se encontraba sin ánimos de levantarse ni querer salir de su habitación. Su cabeza dolía y su garganta estaba seca, pero poco le importaba en ese momento.
Los recuerdos de la noche anterior no dejaban de fluir y dar vueltas en su cabeza, ayudando poco con el molesto dolor.
No se reconocía a sí misma.
Había disfrutado el día anterior más de lo que quería reconocer.
Desde que inició el año escolar no había tenido un día en el que se despejara por completo y simplemente disfrutara del momento. Durante el viaje escolar casi lo logró, pero el peso que le generaba el latente recuerdo de su pasado con Gajeel no le permitió disfrutar como deseaba.
Sin embargo, la noche anterior fue la excepción a todas las veces.
No solo había hecho a un lado sus preocupaciones sobre el examen de admisión y su ansiedad por iniciar el curso para aprobar dicha prueba, sino que también había hecho a un lado sus inseguridades y temores en cuanto al Redfox.
Sabía que todo aquello había sido producto de haber estado bajo influencia del alcohol, pero aun así se sorprendía de sus acciones.
Cubrió su rostro con sus manos al recordar lo más insólito de la noche, el baile lento que tuvo con Gajeel. Se dejó llevar, no cabía duda. Y lo había disfrutado.
Un gritillo de frustración quedó ahogado en su garganta, no queriendo llamar la atención de sus amigas. Aunque no se encontraran en la misma habitación.
Si cerraba los ojos y se concentraba, podía recordar vívidamente las manos de Gajeel sobre su cintura y su calor, el cual le resultó hipnotizante.
Tenía muy presente que, a pesar de la cercanía y la intimidad que aquella canción les obligó a tener, el chico no fue más allá. Ella estaba consciente de que había formas más sensuales y cercanas de bailar aquel género. Sin embargo, él la respetó en todo momento y no podía evitar sentirse bien con ello.
Abrió sus ojos de golpe al sentir su rostro ardiendo.
Se levantó rápidamente y se observó en el espejo. Estudió su reflejo detalladamente, topándose con su rostro fuertemente sonrojado, como lo había sospechado. Se golpeó las mejillas repetidas veces con las palmas de sus manos, negándose a sentirse de esa manera. No podía dejar que Gajeel se volviera a apoderar de su mente.
No lo permitiría.
Estaba dispuesta a aceptarlo como amigo, cuando mucho. No era natural en ella tratar mal a las personas, por lo que no podía hacerlo con el Redfox sin sentirse culpable, pero debía concentrarse en establecer una distancia sana para su nueva relación de amistad. Ese sería su nuevo objetivo.
Se detalló en el espejo de nuevo, esta vez encontrando sus mejillas sonrojadas debido a los pequeños golpes que se había proporcionado.
Dispuesta a olvidar lo sucedido el día anterior, y mentalizada en no volver a descontrolarse con el alcohol, salió de su habitación. Estuvo unos cuantos minutos ocupando el baño para luego dirigirse a la cocina. Ahí se encontró con Lucy y Juvia.
La Lockser se quedó a dormir con ellas en esa oportunidad, pues estaban seguras de que a Gray no le hubiera simpatizado que volviera a pasar la noche donde Gajeel.
- Lev-chan, menos mal despertaste – exclamó Lucy al ver a su amiga ingresar a la cocina – No vas a creer lo que me está diciendo Juvia – la expresión de sorpresa de Lucy llamó la atención de la pequeña peliazul.
- ¿Qué ocurrió? – preguntó ahora intrigada la Mcgarden, al tiempo que se servía un poco de agua.
- Cuéntale, Juvia – Lucy incitó a su tímida amiga a narrar de nuevo lo sucedido la noche anterior.
- Juvia está muy avergonzada – confesó la Lockser y el sonrojo en su rostro lo confirmaba.
- Está bien. Yo le diré – mencionó Lucy. A esas alturas Levy se había sentado en una de las sillas del comedor mientras bebía de su vaso – Le estaba preguntando a Juvia qué había sucedido luego de que Gray se la llevara de la celebración – la Heartfilia puso en contexto a su mejor amiga antes de proseguir – Y me dice que no recuerda bien lo que sucedió – Levy elevó las cejas ante tal declaración – Juvia se embriagó a tal punto que no recuerda parte de la noche – la Mcgarden se llevó una mano a la frente, percatándose en ese momento que la ojiazul definitivamente no era buena tolerando el alcohol.
- Juvia recuerda algunas cosas. Lo demás es borroso en mi mente – declaró la chica de largas pestañas mientras observaba el suelo avergonzada – Juvia cree que Gray la besó, pero no está segura – las manos de la Lockser escondieron su rostro, en un vano intento de desaparecer.
- ¡¿Qué?! – las otras dos jóvenes exclamaron al unísono con sorpresa. Era posible que Gray por fin hubiera dado el primer paso para llevar la relación a otro nivel y su amiga no lo recordaba.
- ¿Un beso? ¿Estás segura? – preguntó Lucy, experimentando emociones contradictorias. La situación le hacía gracia, pero al mismo tiempo se sentía un poco frustrada, y algo culpable al haber contribuido con los juegos que involucraban alcohol.
- No lo sé – Juvia descubrió su rostro y observó a sus amigas con ojos cristalizados – Gray y Juvia salieron del gremio. Él estaba un poco alterado – la chica parecía estar intentando recordar lo sucedido – Juvia se sentía un poco mareada, pero intentaba no demostrarlo – relató mientras sus dos amigas la observaban atentas – Gray arrinconó a Juvia contra la pared y sujetó mi mentón mientras hablaba – la peliazul se llevó su propia mano hacía su mentón y lo acarició, recordando el tacto del pelinegro – Después de eso todo es oscuridad. Solo recuerdo que estuvimos en un momento bailando y luego estábamos nadando dentro de la piscina – la decepción invadió el rostro de las tres chicas.
- Terminantemente prohibido consumir alcohol la próxima vez – sentenció Levy, sin poder creer lo que había sucedido. Ella se había desinhibido y Juvia había perdido la memoria.
- Yo te noté bastante alegre anoche – comentó Lucy dirigiendo una sonrisa pícara hacia la Mcgarden.
- Tengo un fuerte dolor de cabeza que no quiero repetir – Levy desvió la conversación rápidamente. No quería que sus vívidos recuerdos volvieran a su mente.
- Juvia también – secundó la otra peliazul – Y nauseas – agregó al tiempo que ponía mala cara.
- Está bien, todas nos excedimos. A mí también me duele la cabeza y no creo poder comer algo sólido – aceptó la rubia para después suspirar – No sé cómo Kana soporta estos malestares – mencionó mientras internamente envidiaba la fortaleza de la castaña.
- Lo peor es que mañana debemos iniciar el curso – recordó Levy, recibiendo un largo suspiro por parte de sus amigas.
- Lo peor es que Juvia debe volver a casa hoy – mencionó con pesadez la peliazul. Sabía lo que le esperaba y no estaba feliz de regresar, pero era algo que debía hacer.
- Ve y calma los ánimos de tu tía. Ya mañana nos encargaremos de averiguar discretamente lo que sucedió con Gray – la Heartfilia alentó a su amiga. Todo sería menos pesado y más interesante si tenían un objetivo entretenido para el siguiente día.
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El lunes llegó sin compasión.
Apenas pudieron reunirse en el establecimiento donde se dictaría el curso para hablar un poco antes de que comenzara la reubicación.
El listado de las aulas que le correspondía a cada alumno fue publicado y comenzó la organización. Aquel curso era reconocido a nivel nacional, por lo que no era sorpresa alguna la gran afluencia de estudiantes que había en ese momento.
Cada alumno fue agrupado por promedio, por lo que Levy y Lucy fueron ubicadas en un aula diferente a la de sus otros compañeros.
Ambas chicas agradecieron al menos estar juntas.
Después de que todos los estudiantes estuvieran en el lugar que les correspondía, las clases iniciaron sin demora.
En dicho lugar los docentes iban directo al punto y no tocaban temas innecesarios.
Levy se sintió emocionada desde la primera hora de clase, sintiendo que todo lo que hablaban sus profesores era importante y no dejaba de anotar ningún detalle.
A pesar de que esa mañana no amaneció con los mejores ánimos, sintiéndose un poco cansada todavía ya que la noche le costó conciliar el sueño gracias a pensamientos innecesarios; al iniciar las clases su humor mejoró lo suficiente como para darle frente a su ahora nuevo compañero.
- Te llamabas Levy, ¿no es así? – un rostro conocido apareció frente a la Mcgarden, quien estaba alistando sus pertenencias para unirse a su grupo e ir a almorzar.
La pequeña peliazul reconoció al chico como el rubio amigo de Rogue, su excompañero de Phantom Lord, por lo que asintió ante su pregunta.
- Sting, si mal no recuerdo – respondió de manera cordial. Había observado al rubio durante las primeras horas de clases, sin embargo, al Cheney no lo había visto, por lo que supuso que le fue asignada un aula diferente, para su buena suerte.
- Tu amiga se fue con prisa – el chico parecía querer sacarle conversación, a lo que la Mcgarden se obligó a sonreír amablemente.
- Tenía algo que hacer antes de irnos a almorzar – la verdad era que Lucy había corrido al baño, pues sintió que su periodo se había adelantado sin previo aviso. Pero aquello era algo que Levy no pensaba explicarle al desconocido.
- ¿Almorzarán solas? – indagó el chico con bastante confianza, según Levy.
- Con nuestro grupo del instituto – respondió rápidamente al tiempo que sujetaba su maletín, lista para partir. El chico no le desagradaba, pero no quería reencontrarse con Rogue y, posiblemente, tener que entablar una incómoda conversación.
- Te acompaño – dijo con una sonrisa el ojiazul. Levy le devolvió la sonrisa, un tanto incómoda con su propuesta.
- Sting-kun – un par de chicas se asomaron por la puerta, llamando la atención de ambos, pero el chico volvió inmediatamente su mirada hacia la peliazul – Sting-kun – insistieron las féminas.
- No te preocupes, veo que estás ocupado – Levy se sintió salvada por la campana, así que simplemente sonrió una vez más y se dispuso a retirarse.
- No las conozco - insistió el chico de afilados colmillos - Voy contigo – la Mcgarden no supo cómo negarse sin sonar grosera, por lo que se resignó a caminar siendo seguida por el rubio.
Antes de que Lucy saliera como un bólido hacia el baño, quedaron de encontrarse junto a los demás en el área de la cafetería, por lo que sabía que la rubia no volvería por ella.
En el trayecto hacia la cafetería, Levy pudo notar que muchos saludaron al joven que la acompañaba, en su mayoría chicas. También atraía miradas de muchas otras que parecían no tener la valentía de dirigirle la palabra.
Todo un galán, pensó la peliazul sin dejar de avanzar.
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Lucy se unió al grupo en el área de la cafetería después de atender la emergencia que pudo haber resultado en un primer día desastroso.
- Hay demasiada gente aquí – mencionó Gray, empezando a sentirse de mal humor, ya que la concentración de estudiantes hacía más caluroso el lugar.
- Esperemos a Levy y nos vamos al jardín – propuso Lucy para mayor comodidad.
- Se está tardando – comentó Natsu impaciente. Tuvieron que esperar bastante por Lucy y ahora era extraño que la peliazul aún no apareciese.
- ¿Se habrá perdido? – preguntó Juvia, empezando a preocuparse.
- El lugar es grande, pero tampoco es para que se pierda – intervino Gajeel. El chico estaba por agregar algo más cuando fue interrumpido.
- Ahí está – avisó Natsu al divisar a la pequeña aproximándose a la cafetería. Sus amigos dirigieron la mirada hacía la misma dirección, extrañándose de ver a la peliazul acompañada.
- Hola – Sting fue el primero en saludar al estar lo suficientemente cerca del grupo de Fairy Tail.
- Hey, Sting – Natsu devolvió el saludo animadamente, chocando los cinco con su excompañero - ¿En dónde quedaste? – preguntó el pelirrosa con una sonrisa.
- En la misma clase que las señoritas – Sting señaló a Lucy y a Levy rápidamente.
- ¿Ahora eres un cerebrito? – la sorpresa en el rostro de Natsu duró apenas un par de segundos – De todas formas, aun no me superas – retó el Dragneel con una gran sonrisa.
- Hablemos afuera – interrumpió el Fullbuster al tiempo que se ponía de pie y comenzaba a caminar hacia la puerta que daba a los jardines del lugar, siendo seguido por sus amigos.
- ¿Qué me hace falta para superarte? Tengo mejor promedio y un mejor físico – alardeó el rubio cuando se sentaron bajo la sombra de un árbol, al tiempo que mostraba sus bíceps.
Levy negó silenciosamente con una sonrisa en los labios sin apartar la mirada de su envase de comida.
- ¡Ja! No tienes una novia sensual como yo – Natsu alardeó de Lucy y esta se sonrojó sin decir palabra.
- Si quisiera la podría tener – contraatacó el ojiazul con una sonrisa de superioridad.
- Ninguna es como Lucy – se defendió el pelirrosa, orgulloso de su novia. Levy sonrió aun más, concordando con Natsu, y el silencio se apoderó del momento.
Sting no dijo más, pues se distrajo al ver a su amigo pelinegro a lo lejos. El chico le hizo una seña para que se acercarse hacia donde ellos estaban.
- Hola – saludó Rogue al alcanzar la sombra del mismo árbol que los demás.
Gajeel y Levy cruzaron miradas por un instante ante la llegada del Cheney. La Mcgarden recordó la conversación que había tenido con Gajeel un par de días atrás, sobre lo que podría saber Rogue sobre ellos, y se obligó a tranquilizarse. Después de todo el chico no parecía tener conocimientos sobre ese tema
- ¿Cómo estás, Levy? – su nombre en los labios de Rogue la hicieron sobresaltarse discretamente.
- Bien, ¿y tú? – Levy preguntó por educación más que por interés. No podía evitar sentirse culpable por haberle dejado de hablar al chico de forma tan repentina en aquellos días en los que había empezado su pesadilla. Le pesaba haber mantenido con el Cheney una relación más allá de una simple amistad y luego haberlo hecho a un lado como si nunca se hubieran conocido.
Gajeel observó a Rogue desconfiado por el aparente interés que tenía exclusivamente en Levy.
- Siéntate – interrumpió Sting – ¿Qué me compraste? – preguntó mientras extendía su mano en busca de alimento, el cual le fue entregó por el pelinegro sin demora. Acto seguido, Rogue se sentó en silencio y comenzó a comer.
Los demás también se quedaron en silencio y prefirieron comer mientras hubiera tiempo.
Por su parte, Juvia había estado feliz de compartir la misma clase con Gray, pero se sentía nerviosa al no saber cómo actuar. El chico no tenía ninguna actitud diferente para con ella, por lo que empezaba a sospechar que en realidad no había sucedido nada entre ellos aquella noche y eso la entristecía. Después de todo se había ilusionado un poco.
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Los días pasaban volando para todos. Pronto comenzó el ajetreo del curso, las sesiones de estudio en grupo y las evaluaciones que medirían su progreso. Todo aquello no les dejaba tiempo entre semana para pensar en algo más que no fuera estudiar.
Gajeel reconocía que el nivel de aquellas clases no superaba la intensidad de Fairy Tail, por lo que con los repasos grupales que hacían en grupo los estaba llevando bastante bien y se podía percatar que era igual para los demás. Todos estaban más relajados, en comparación a la presión que se sentía estando en el instituto.
Levy se sentía completa al lograr llevar de manera equilibrada sus estudios, su salud y su vida social. Los fines de semana decidían pasar por el gremio para despejarse y renovar energías, mientras que entre semana se ocupaban de estudiar constantemente, aunque de igual manera se divertían en grupo.
Durante ese tiempo la Mcgarden también pudo notar que su relación distante con Gajeel no había cambiado en absoluto y aquello la aliviaba. El chico le hablaba con naturalidad, pero conservaba la distancia en todo momento. No se trataban como extraños, pero ninguno iba más allá, como debía ser. Las cosas parecían estar en orden.
Lucy, por otro lado, después de superar la decepción que le ocasionó saber que no había pasado nada entre Gray y Juvia, confirmado por Gray, se había trazado como nuevo objetivo ayudar a la peliazul de largas pestañas a terminar de romper el hielo con el chico. Se divertía de sobremanera juntándolos, dejándolos solos y haciendo uno que otro chiste picante para lograr ponerlos incómodos. Sentía que su esfuerzo estaba dando frutos, solo que Gray era bastante lento y Juvia era poco osada como para dar ella el primer paso.
Ese día en particular la rubia sentía que Gray estaba más cercano a Juvia. Hablaba con ella, jugueteaba, la abraza y podría jurar que hacía unos segundos, durante la sesión de estudios en la biblioteca del establecimiento, vio la mano del Fullbuster rozar la de Juvia lentamente, de forma intencional.
La Heartfilia no podía evitar sonreír y celebrar para sus adentros. Hacer de cupido la emocionaba en demasía.
Levy pudo notar una actitud extraña en su amiga, pero optó por ignorarla para no distraer su atención del problema que estaba resolviendo en una hoja blanca.
Al terminar, apreció con orgullo el resultado. Aún más después de confirmar en el libro que la respuesta era correcta.
Observó a los demás y pudo notar que todos estaban concentrados terminando el mismo ejercicio, por lo que decidió darse una pausa para ir al baño, después de haberlo pospuesto por varios minutos.
- Voy al baño – anunció sin vergüenza alguna mientras se levantaba de su asiento y se retiraba.
Mientras caminaba, la peliazul pensaba que aquel lugar era casi tan agradable como Fairy Tail. Durante su trayecto al baño podía apreciar los pasillos y salones desolados, debido a que las tutorías habían terminado hacía más de una hora.
Justo antes de llegar al baño pasó frente a un aula que, extrañamente, no estaba vacía. En su interior pudo reconocer a Rogue y Sting, pero prefirió no detener sus pasos y continuar su camino antes de que los chicos se percataran de su presencia.
Levy estuvo en el baño unos cuantos minutos, lo necesario para hacer lo que tenía que hacer y, al terminar, salió sin prisa.
De regreso volvió a pasar frente al aula que sabía estaba siendo ocupada, pero esta vez algo llamó su atención, obligándola a detener sus pasos. Inmediatamente se ocultó detrás de la puerta entreabierta y se asomó lentamente de nuevo para confirmar lo que le pareció haber visto.
Sting y Rogue estaban cerca el uno del otro, más cerca de lo normal.
Rogue se encontraba sentado en una silla mientras que el rubio se encontraba sentado sobre una de las mesas, inclinado hacia el pelinegro.
- ¡No seas tonto! – las palabras del rubio exaltaron a la Mcgarden, haciendo que se escondiera detrás de la puerta de forma inmediata – Respóndeme. ¿Te gusta? – Levy sabía que no era correcto escuchar conversaciones ajenas, pero el deseo de comprobar su nueva teoría la dejó inmóvil detrás de aquella puerta a medio correr.
- Ya te dije. No es más que una simple compañera – la voz de Rogue llegó ronca a los oídos de la peliazul, la cual aún no sabía de qué hablaban y, además, percibía que se habían alejado el uno del otro.
- Ni tan simple. En todo el tiempo que te conozco no te oí hablar de ella y ahora preguntas a cada instante por ella – las palabras del Sting sonaban a reclamo – Y no parece tener nada especial, por lo que he podido notar – Levy se mordió el labio, pues la conversación parecía casual y nada comprometedora como pensó que sería. Tal vez ató cabos demasiado pronto y, aunque le decepcionaba no poder saciar su curiosidad, prefirió dejarlos solos.
- Levy no es especial en el sentido que estás pensando – aquellas palabras congelaron completamente el cuerpo de la peliazul que estaba por retirarse. ¿Estaban hablando de ella? La curiosidad la detuvo en seco, permaneciendo en el mismo lugar a escondidas de los dos chicos – Pero no es mala chica. Yo lo eché a perder con ella y me avergüenzo por ello – la voz del pelinegro era suave, pero llegaba clara a sus oídos – Por eso desde que la encontré aquí he querido acercarme. Para intentar enmendar mis errores –
- ¿A qué te refieres? ¿Qué sucedió? – Sting exteriorizó la misma pregunta que se hacía la confundida peliazul. No entendía nada de lo que estaba escuchando.
- Ya te conté que cuando estudiaba en Phantom solía filmar a algunas chicas mientras teníamos relaciones – Levy rechazó internamente aquella parte del pelinegro, acordándose en ese momento que Rogue era igual de bajo que todos los que estudiaban en aquel instituto – Pues la verdad quería hacer lo mismo con ella. Por eso me acerqué cuando estaba en un momento vulnerable. Todos se metían con ella – los castaños ojos se abrieron con sorpresa ante las palabras que acababa de escuchar. La joven se llevó una mano a sus labios entreabiertos, en un vano intento de ocultar su impresión.
- Espera. Detente – el rubio interrumpió las palabras del Cheney sin pensarlo – ¿Me estás diciendo que te provocaba sexualmente alguien como Levy? – la expresión de sorpresa desapareció del rostro de la chica oculta detrás de la puerta. La peliazul sintió el enojo comenzar a surgir de su pecho, invadiendo su ser en cuestión de segundos mientras seguía escuchando a ambos chicos – He visto el tipo de chica con las que te involucrabas y Levy no les llega ni a los talones – los puños de la pequeña se cerraron con fuerza – Vamos hombre. Debe ser como acostarse con una niña – las uñas de la chica se enterraron en sus palmas y apretó su mandíbula inconscientemente, en un intento de no dejarse afectar por aquellas hirientes palabras.
- Quería probar algo diferente – Levy no sabía si la declaración de Rogue la enojaba o le daba asco – También iba a ser bueno para variar el material de los videos – la voz del chico no denotaba emoción aparente en ese momento.
- ¿Y qué tal fue? – la curiosidad en la voz del rubio era evidente.
- Ella se alejó de forma repentina. Creo que me escuchó mientras hablaba sobre ello – la ira inundó el cuerpo de la chica por completo. Con aquella última declaración era evidente que más personas supieron de los propósitos de aquel asqueroso chico para con ella – No me siento orgulloso de mis actos – aquellas palabras fueron como un susurro a los oídos de la chica, ya que había comenzado a caminar.
Se alejó con sus puños cerrados y los ojos levemente cristalizados. Aceleró el paso y empujó con decisión la puerta de la biblioteca.
- Ven aquí – la pequeña sujetó la mano de Gajeel, instándolo a levantarse rápido de su asiento. Todos la observaron sin entender qué estaba sucediendo.
Lucy pudo percibir el enojo en la mirada castaña de su amiga antes de que se alejara casi arrastrando al Redfox junto a ella.
Gajeel se dejó llevar por la chica, descolocado por su repentino comportamiento. Salieron de la biblioteca y, luego de un par de pasos extra, ella lo soltó y enfrentó su mirada.
Fue hasta entonces que el pelinegro se percató de que la Mcgarden estaba enojada.
- ¿Tú lo sabías? – preguntó de la nada la peliazul, confundiendo mucho más al chico.
- ¿Qué cosa? – la mirada castaña lo atravesó con ira.
- ¿Tú sabías que Rogue estuvo conmigo solo porque quería llevarme a la cama y filmarlo? – formuló la pregunta completa, intentando calmar su enojo, en vano.
Gajeel comprendió al instante la molestia de la chica y, aunque no sabía de dónde había surgido aquel tema olvidado, le respondió con resignación.
- ¿No era obvio? – al notar la expresión de Levy supo que no había utilizado las palabras correctas – Digo, Rogue se enrollaba con chicas únicamente para filmarlas. ¿Por qué sería diferente contigo? – Levy presionó sus dientes al no poder responder nada ante tal cuestionamiento, sintiéndose una tonta – Por eso te lo advertí en aquel entonces – Gajeel continuó al notar la consternación de la chica.
- ¿Por qué no? – susurró la pequeña mientras se clavaba las uñas en las palmas de las manos nuevamente, en un intento desesperado por controlar la frustración y el enojo que la estaban invadiendo.
Gajeel la observó por varios segundos, sin entender la pregunta.
- ¿A qué te refieres? – preguntó de vuelta el pelinegro.
- ¿Por qué no podía ser diferente? – la mirada vacía de Levy lo sorprendió. El Redfox no supo qué responder ante su cuestionamiento y aquello pareció enojarla más - ¿Cuál es el problema conmigo? – los ojos de la pequeña se cristalizaron con lágrimas de frustración, alterando los nervios de Gajeel.
- No hay problema alguno. ¿De qué estás hablando? – Gajeel sentía que la situación se le estaba escapando de las manos, sin saber por qué. Levy estaba al borde del llanto, pero al mismo tiempo parecía querer golpearlo.
- Estoy cansada de que me hagan menos – confesó la chica alzando la voz – Al parecer no soy lo suficiente mujer para ningún hombre – una lágrima traicionera rodó por la mejilla sonrojada de la peliazul, pero fue borrada inmediatamente por ella misma en un brusco movimiento.
- Oye cálmate – Gajeel la sujetó del brazo sin saber muy bien qué hacer para que se tranquilizara – No sé de dónde sacas esas ideas, pero te estás equivocando – continuó el chico, tratando de hablar lo más amable que pudiera en ese momento.
- ¿Qué sucede? – la voz de Lucy llamó la atención de los dos y Gajeel se alejó de la pequeña chica inmediatamente - ¿Qué está pasando? – la rubia se alteró al notar los castaños ojos de su amiga llenos de lágrimas a punto de desbordarse - ¿Gajeel? – Lucy demandó una respuesta, colocándose al lado de la pequeña peliazul para luego rodearla en un abrazo protector. Al sentir la calidez de su mejor amiga, Levy dejó salir las lágrimas súbitamente - ¿Qué le hiciste? – la Heartfilia cuestionó al único aparente culpable.
- No sé qué ocurre con ella – Gajeel no podía negar que se sentía mal por ver a Levy llorar, pero estaba igual de confundido que la rubia recién llegada.
Lucy al notar que su pequeña amiga comenzaba a sollozar entre sus brazos decidió llevarla al baño y esperar a que se calmase en privado.
El Redfox se quedó en el sitio, observando cómo las dos chicas se alejaban en un complejo abrazo.
Totalmente confundido se devolvió a la biblioteca con una única pregunta en mente:
¿Él había sido el causante de aquellas lagrimas?
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Largos minutos después, Lucy salió del baño a paso decidido.
Se encaminó completamente sola hacia donde estuvo reunida con su grupo de estudio minutos antes. Al apenas cruzar la puerta de la biblioteca y acercarse a la mesa correspondiente, su novio se dirigió a ella.
- ¿Qué ocurrió? – preguntó curioso el pelirrosa, quien había estado con la intriga desde que Levy casi arrastró a Gajeel por los pasillos. Su curiosidad aumentó aún más cuando su novia salió a averiguar y al cabo de unos minutos Gajeel volvió con rostro desconcertado y sin ganas de querer responder a ninguna de sus insistentes interrogantes.
- A Lev le duele un poco el vientre. No es nada – la rubia sonrió, intentando convencer a su novio con aquel simple pretexto.
- ¿De nuevo? – interrogó nuevamente el Dragneel, ganándose la atención de todos.
- Sí, amor. De nuevo – respondió Lucy, empezando a perder la poca paciencia. Natsu era sumamente perceptivo para algunas cosas, pero no comprendería los sentires de su amiga sin una larga explicación que ninguna estaba dispuesta a darle – Voy a acompañarla a casa – la Heartfilia comenzó a guardar las pertenencias de la Mcgarden y las propias mientras ignoraba la insistente mirada del pelirrosa.
- Yo las acompaño – enunció el Dragneel, dispuesto a imitar a su novia y comenzar a empacar.
Mientras tanto Gray y Juvia observaban en silencio, sin entender absolutamente nada de lo que estaba sucediendo. La Lockser apenas tenía una leve sospecha de que algo se había desatado nuevamente entre Gajeel y Levy, pero no sabía de qué podía tratarse.
- No te preocupes – Lucy detuvo en seco las acciones de su pareja. Levy no estaba de humor para comentarios indiscretos e insensibles y, lastimosamente, su novio era experto en hacer ese tipo de comentarios – Estaremos bien. Ella necesita un tiempo a solas. Continúen sin nosotras – la rubia dirigió la atención a los deberes que tenían pendiente, los cuales ninguno de los presentes había culminado.
- Continuaremos y después comparamos resultados con ustedes por el chat – intervino Juvia, suponiendo que sus amigas necesitaban espacio y no querían que ninguno se interpusiera.
Lucy la observó y le agradeció con la mirada.
- Bien – Natsu miró con desconfianza a las dos chicas, pero se resignó a permanecer en aquel lugar con los demás – Tengan cuidado – dijo no muy convencido.
- Lo tendremos. Te escribo cuando estemos en casa – mencionó aliviada la rubia.
Después de sujetar los dos maletines, se acercó a su novio y lo besó fugazmente en los labios. Luego de despedirse de los demás con una mano en alto se dirigió hacia la salida sin dudar. Levy seguramente la estaba esperando en el baño aún.
Gajeel, quien había permanecido de brazos cruzados observando fijamente a la Heartfilia desde que ingresó a la biblioteca, la vio desaparecer nuevamente por la puerta.
Internamente se estaba convenciendo de dejar las cosas como estaban, después de todo él no había hecho nada mal, de forma consciente. Pero una parte de él no dejaba de darle vueltas al asunto.
Aquella parte inquieta en su cabeza lo estaba molestando a tal punto que se levantó de golpe y, bajo el escrutinio de sus amigos, le siguió los pasos a la rubia, alcanzándola en pocos segundos.
- Oye – la voz varonil a sus espaldas detuvo los pasos de la Heartfilia en los pasillos de aquel edificio. Gajeel quiso preguntarle a la chica qué sucedía, pero de sus labios no salió absolutamente nada. Lucy lo observó fijamente y esperó a que el chico se acercara más a ella para hablarle.
- Gajeel – un leve sonrojo se apoderó las mejillas de la rubia – Disculpa si te acusé de algo – aquellas palabras sorprendieron inevitablemente al Redfox – Ya Levy me contó todo lo que sucedió – Lucy se avergonzaba de haber culpado directamente al chico sin tener conocimiento previo sobre la situación.
- ¿Qué sucedió? – preguntó con cautela el pelinegro, sin saber hasta qué punto Lucy tenía conocimiento sobre la relación de Levy con el Cheney y las extrañas costumbres de este.
La rubia se acercó más a su compañero y, luego de cerciorarse de que no hubiera nadie cerca, comenzó a hablar entre susurros.
- Mientras se dirigía al baño, Lev escuchó a Rogue y a Sting hablando – Gajeel escuchó atentamente cada una de las palabras de la chica – Al parecer Rogue estaba confesándole a Sting que desde el principio se interesó en Levy solo para lograr hacer un contenido diferente… – la chica hizo una pausa, buscando palabras decentes para explicar lo que intentó hacer el exalumno de Phantom – ¿Sabes a qué clase de contenido me refiero? – Gajeel asintió ante la pregunta. Por supuesto que sabía a lo que ella se refería. Lucy sonrió amargamente y continuó hablando - Rogue explicaba que deseaba filmar a una chica con un cuerpo diferente a las que acostumbraba… alguien menos voluptuosa – Gajeel entendió todo al escuchar la última declaración.
- Ese maldito – el chico cerró su puño inconscientemente. En aquel entonces sospechó que Rogue buscaba acostarse con Levy, después de todo era la que siempre hacía con las chicas con las que se involucraba, pero lo que no imaginaba que los deseos del chico iban con un objetivo tan específicamente enfermizo.
- Lo peor no es eso – declaró Lucy, sorprendiendo a su compañero – Levy me cuenta que luego Sting dijo cosas como que llevarla a la cama a ella sería como acostarse con una niña – aquellas palabras hicieron enojar al Redfox rápidamente, no pudiendo evitar volver a maldecir en voz alta - Y no hay nada que moleste más a Levy que la comparen con una niña en ese aspecto – el Redfox bufó por lo bajo, pudiendo comprender cómo se sentía la pequeña, después de todo él también se sentía enojado por todo lo que estaba escuchando. Lucy también se notaba molesta, pero luego de un largo suspiro sus facciones se relajaron y continuó hablando – Entiéndela, está en sus días sensibles. No quiso comportarse contigo como lo hizo, ni decir lo que dijo. Lev está avergonzada y en este momento solo quiere olvidarse de todo – declaró la rubia.
A pesar de que Lucy no estuvo de acuerdo con dejar las cosas así y deseó ir directamente a romperle la madre a aquellos dos, Levy la detuvo, sin deseos de crear un alboroto y ser motivo de habladurías por esa causa
– Tampoco quiere que se sepa nada de lo sucedido. No quiere que los chicos se enteren tampoco. Por eso no mencioné absolutamente nada allá adentro – declaró la Heartfilia al tiempo que señalaba en dirección a la biblioteca.
- Está bien – mencionó el chico, reconociendo la actitud cautelosa y moderada de su compañera peliazul – Hablaré con ella luego – el pelinegro intentó ser sensato también y no empeorar la situación, aunque su cuerpo le pidiera a gritos darle su merecido al Cheney.
- Se discreto, por favor – pidió la joven, sabiendo que sus dos amigos debían aclarar el malentendido entre ellos. Levy le comentó que creyó que Gajeel sabía de aquello desde un principio, por eso lo atacó directamente a él, pero la Heartfilia se había percatado por sí misma de que el chico no era consciente de la verdadera situación. El brillo iracundo que invadía aquellos rojizos ojos lo dejaba en evidencia ante su mirada minuciosa.
- Lo seré – Gajeel dio su palabra. No quería más problemas con Levy ni deseaba que ella se sintiera peor con la situación.
Nadie hubiera esperado que después de tanto tiempo la oscuridad que se encerraba en Phantom Lord persiguiera a la peliazul hasta ese punto.
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Al día siguiente, Gajeel estuvo esperando el momento idóneo para interceptar a la peliazul y hablar sobre lo que había sucedido la tarde anterior, pero la situación no estaba saliendo como esperaba.
A la hora de entrada, Levy estuvo bastante esquiva. Casi no habló con sus amigos y se dirigió a su clase sin demora. Lucy la excusó, alegando que aún no se sentía bien. Pero él sabía que en realidad lo estaba evitando.
Durante el almuerzo tampoco tuvo oportunidad, pues todos se reunieron como de costumbre, pero cada vez que intentó acercarse a la Mcgarden esta le rehuyó inmediatamente.
Aquella actitud esquiva de ella lo estaba comenzando a irritar. Consideró un par de veces la posibilidad de hablar con la chica por celular, pero la descartó rotundamente. El tema a tratar era delicado y debía hablarse frente a frente.
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Las clases del día culminaron y se estaban dirigiendo a la biblioteca para el repaso diario que acostumbraban. Fue entonces cuando el pelinegro sintió que era una buena oportunidad para atajar a la pequeña.
Estando por ingresar en la biblioteca, después de Gray y Juvia, Gajeel se detuvo por completo. Se dio media vuelta y enfrentó a la peliazul que estaba un par de pasos más atrás, sin importarle que Lucy y Natsu estuvieran presentes.
- Tenemos que hablar – declaró repentinamente, observando la sorpresa en el rostro de la Mcgarden, quien rehuyó de su mirada.
- Tenemos que estudiar – respondió ella, intentando seguir adelante e ignorar la petición del chico. Sin embargo, la voz de su mejor amiga detuvo sus pasos.
- No se preocupen. Nosotros los esperaremos para iniciar – intervino Lucy, sabiendo que su amiga necesitaba hablar, ya que se encontraba con los ánimos por el piso desde lo sucedido.
- ¿De paso me pueden traer algo de la máquina expendedora? – habló Natsu, haciendo sonreír a las dos chicas con resignación, debido al nivel de relajación que vivía el pelirrosa en ese momento.
- Anda – insistió Lucy una vez más al notar la duda en los castaños ojos de la pequeña.
Gajeel aprovechó la ayuda y, posando una mano en la espalda de la Mcgarden, la incitó a caminar en dirección contraria a la biblioteca.
Levy suspiró derrotada y se dejó guiar por el chico a su lado. Poco a poco se fueron alejando de sus amigos y se dirigieron al patio del lugar, donde el Redfox pensó que podrían hablar sin que nadie los molestara o escuchara.
Como había previsto, la zona estaba despejada, debido a que las clases habían culminado y eran muy pocos los estudiantes como ellos que se quedaban hasta después.
- Espera aquí – anunció Gajeel, al tiempo que dejaba sus pertenencias sobre un banco disponible, para luego dirigirse tranquilamente hacía una máquina expendedora cercana. Levy tomó asiento en el banco y decidió esperar por el chico, al tiempo que intentaba tranquilizar el nerviosismo que la estaba invadiendo.
El día anterior había explotado en la cara de su compañero sin este ser culpable de nada y, además, le había demostrado su lado más débil, el cual se esforzaba tanto en ocultar.
Nunca se había sentido cómoda cuando los demás bromeaban sobre sus pechos o su altura. Tampoco le gustaba que le restregasen en cara lo poco sensual que podía llegar a ser en comparación a muchas chicas de su misma edad. Ella era consciente de todo aquello, por lo que le molestaba que se lo recordaran.
– Ten – la voz de Gajeel la sobresaltó al haberse perdido entre sus pensamientos.
- Gracias – el chico le había ofrecido un jugo y lo tomó entre sus manos gustosa al notar que era su favorito. Gajeel se sentó a su lado y, al igual que ella, se dispuso a abrir su bebida. No dijo nada hasta dar el primer sorbo.
- Debes dejar de esperar cosas buenas de personas que no conoces – la pequeña sintió las toscas palabras del Redfox como un regaño. Él tenía un punto válido, aunque en ese momento no le gustara cómo sonaba. Siempre confiaba ciegamente en las personas y vaya que aquello le había traído consecuencias en su vida – Yo no sabía nada de lo que pretendía el enfermo de Rogue, pero lo intuía – continuó el chico, sabiendo que ella no iba a decir nada después de su comentario anterior – En aquel entonces no pretendía dejar que te tuviera – confesó de golpe el pelinegro, sin saber cómo su compañera se tomaría sus palabras. Por su parte, Levy se sorprendió ante aquella confesión, pero no fue capaz de levantar su mirada - Ahora siento que fue la única decisión inteligente que tomé – Gajeel volvió a tomar la palabra al no percibir ningún tipo de reacción por parte de la peliazul – En este momento solo quiero partirle la cara a él y a su amigo – declaró el chico con una sonrisa macabra, intentando que la pequeña reaccionara de alguna forma.
Teniendo éxito.
- Nada de violencia – sentenció la peliazul, sujetando con fuerza la bebida que tenía entre sus manos. En ese momento despreciaba a Rogue con todo su ser, pero no estaba en su naturaleza atacar a las personas – Es mi problema que me deje afectar por todo esto. Solo porque decidí confiar en la persona equivocada, nuevamente – un suspiro se escapó de sus rojizos labios, aun sin levantar su mirada.
Gajeel se tomó el comentario de la chica de forma personal, pero intentó ignorar aquello.
- El problema aquí no es solo ese, sino lo que sientes – volvió a hablar el chico cuando el silencio los invadió - Y estas equivocada al pensar que no eres suficiente para ningún hombre. Estás loca si de verdad piensas eso – manifestó con sinceridad, sin dejar que la incómoda sensación en su pecho lo detuviera - Eres más de lo que cualquier hombre puede pedir – aquellas palabras hicieron que Levy levantara su mirada, sorprendida de escuchar aquello de la persona que menos esperaba. Gajeel rehuyó de la castaña mirada femenina por varios segundos, hasta que decidió enfrentarla, a pesar de sentirse como un tonto en ese momento. La realidad era que quería decirle más que eso, pero no se sentía en el derecho de hacerlo – No dejes que comentarios tontos te hagan pensar lo contrario – aquello se lo dijo viéndola a los ojos, perdiéndose en el brillo de confusión que reflejaban los orbes castaños.
- Siento haberme alterado ayer – la pequeña rompió el contacto visual, sintiéndose extraña ante las palabras de su compañero – Las emociones me sobrepasaron – la chica de verdad se arrepentía de haberlo tratado como lo trató y se lo quería dejar saber.
- No dejes que algo que no sucedió te afecte – el Redfox volvió a tomar un sorbo de su bebida en un intento de darle un toque despreocupado a sus palabras – Sé que estás sensible. Lucy lo dejó claro ayer – Levy se sonrojó fuertemente ante ese último comentario, sabiendo que el chico comprendía el verdadero significado detrás de aquella oración.
- No debió haber dicho eso – la Mcgarden reprobó las palabras de su amiga. Era consciente de que a veces Lucy hablaba de más.
- Eso no es importante – manifestó Gajeel – Si vuelves a sentir que los problemas o las emociones te sobrepasan, puedes hablar conmigo – el chico estaba intentando ser lo más amable posible y dejarle saber que él estaba ahí para ella. Después de todo ya era parte de su círculo de amigos.
- ¿Desde cuándo te volviste bueno con las palabras? – bromeó Levy, dejando mostrar una sonrisa sincera. Las palabras del chico habían calado en su interior, sintiendo en ese instante una placentera calidez en su pecho.
- Desde este momento – el pelinegro sonrió de vuelta al darse cuenta de que había dicho lo correcto y no lo había echado a perder, como usualmente hacía.
- Gracias – agradeció la chica con voz seria, pero aun con una pequeña sonrisa instalada en su rostro – Te quería pedir que esto quedara entre nosotros – solicitó con un poco de vergüenza – Si los chicos se enteran será un escándalo – Levy no se quería ni imaginar lo que harían Natsu, Laxus o los demás del gremio ante aquella situación. Sabía que seguramente querrían, como mínimo, moler a golpes a Rogue.
- Está bien – aceptó Gajeel, sabiendo que la pequeña en realidad quería el bien para todos – Pero te advierto que él y yo cruzaremos palabras – el chico simplemente no podía dejar que la situación pasara por debajo de la mesa, mucho menos ante el insistente acercamiento que estaba intentando el Cheney.
- No hagas un escándalo de esto, por favor – suplicó la Mcgarden, al tiempo que posaba una de sus manos en el brazo de su compañero, sorprendiéndolo por el contacto inesperado – No es necesario – la pequeña en ese momento quería dejar atrás el tema.
- Está bien – aceptó un tanto renuente, ante la insistente y persuasiva mirada castaña.
Las palabras de Gajeel tranquilizaron a Levy. Ella volvió a tomar distancia y clavó la mirada en el verde césped que cubría gran parte del patio.
Después de haber meditado la situación en su hogar el día anterior, la peliazul se percató de que no solamente se dejó llevar por las emociones y explotó, sino que también tuvo una reacción desmedida en contra del Redfox, culpándolo de una forma u otra.
Era cierto que en la noche se sintió avergonzada con su amiga y con Gajeel, pero sobre todo se sintió como una tonta consigo misma. Sentía que debía bajar la guardia y soltar todo aquello que le pesaba.
- Gracias por la bebida – agradeció con el objetivo de desviar el tema.
- No es nada. Esta vez invito yo – mencionó relajado el pelinegro, sintiéndose satisfecho con el avance que estaba teniendo. Hablar con la chica de manera tranquila sobre temas importantes no era algo que hubiera creido posible unos meses atrás.
- No pienses que me he olvidado de la deuda – Levy sonrió al hacer referencia a lo que se supone que le debía desde el viaje escolar. Terminó su bebida antes de dirigir su mirada hacia el chico a su lado.
- Lo sé. Eso aún está pendiente – Gajeel sonrió de vuelta. La verdad era que él si se había olvidado de aquello – Te voy a contar un secreto – la curiosidad que causó esa frase hizo que la chica no apartara su mirada de él, observando cómo este sacaba su móvil del bolsillo – Cuando estoy de mal humor, veo esta imagen y todo mejora – el pelinegro buscó en su galería rápidamente ante la atenta mirada de la peliazul – No podrás evitar reírte – Gajeel sonrió ampliamente cuando encontró la imagen que buscaba y se la mostró a su compañera.
Levy lo golpeó suavemente en el brazo cuando se distinguió a sí misma en la pantalla del móvil. Lo que Gajeel le acababa de mostrar era una fotografía de ella durante el viaje escolar, en la Casa Antigua específicamente. Se podía detallar a sí misma con las manos en las caderas y con expresión de enojo en el rostro.
Recordaba claramente aquel momento. Fue justo cuando le pidió al chico que tomara una foto de la fachada de la casa y él fotografió sin muchos ánimos el lugar, siendo reprendido en ese preciso instante por ella.
- Borra eso – Levy intentó tomar el celular de él, pero Gajeel reaccionó con rapidez, alejándolo de ella.
- Jamás. Me causa gracia, gihee – el Redfox continuaba con la mano en alto, colocando fuera de alcance de Levy el móvil - Además, esto podría alegrar hasta el día más oscuro de cualquiera – Gajeel rio sin contenerse ante la cara de enojo de la pequeña - Sería ideal como imagen de fondo – intentó molestarla aún más, consiguiéndolo sin mucho esfuerzo.
- Ni se te ocurra, Redfox – la mirada amenazante fue advertencia suficiente para que él se detuviera, después de todo la chica estaba a un segundo de encimársele para obtener su móvil. Aunque aquella idea no le resultase desagradable en absoluto.
- Ahora sí suenas más a ti – confesó el pelinegro, logrando hacer que la pequeña bajara la guardia. El Redfox se levantó de su sitio y la observó directamente – Vayamos a estudiar – guardó su celular en el bolsillo mientras no apartaba la mirada de la sonrisa que Levy le estaba ofreciendo.
- Vamos – la chica se levantó con ánimos – Pero te advierto que cuando menos lo esperes lograré borrar esa foto de tu móvil – mencionó aun con una sonrisa angelical que no representaba en nada sus malévolas intenciones.
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Lucy mantuvo su palabra y no hizo mención sobre el tema de Rogue. Permaneció en silencio con mayor razón al notar a su mejor amiga más tranquila y de mejor humor.
Después de la charla en el patio, las cosas entre Gajeel y Levy se relajaron más de lo que habían pretendido. Ahora se hablaban con mayor naturalidad y los momentos juntos eran cada vez más frecuentes y menos tensos.
Gajeel, por su parte, dejó que todo fluyera. A pesar de desear hablar con Rogue seriamente, Levy le continuó insistiendo que dejara todo tal y como estaba, por lo que más temprano que tarde terminó cediendo ante la pequeña.
Por su parte, Levy decidió no darle más importancia a aquel asunto. Con sus amigos y su vida actual se sentía completa. No permitiría que algo que ni siquiera sucedió la alterara más. Sin embargo, su insistencia por enterrar aquella situación le estaba ocasionando algunos problemas.
Debido a que Natsu ignoraba lo que aconteció varios días atrás, no veía mal continuarse juntando con su excompañero Sting, quien a su vez invitaba a su amigo pelinegro, causante del revuelo interno en el cual solo se vieron envueltas tres personas.
Ni Rogue ni Sting eran conscientes de que la Mcgarden había escuchado su conversación, por lo que no se sentían incómodos al estar con ella y todo el grupo de Fairy Tail.
Cuando los dos chicos de Sabertooth se integraban al grupo, cierta tensión se instalaba en Gajeel, Lucy y Levy. Ninguno podía decir que no querían que aquellos dos estuvieran presentes sin levantar sospechas. Sabían perfectamente que, si lo hacían, Natsu y Gray harían preguntas que no estarían dispuestos a responder con total sinceridad.
Mientras tanto, por otro lado, estaba Juvia. La chica sospechaba que algo sucedía, pero era totalmente indiferente ante lo que acontecía, ya que nadie le contaba nada aún y tampoco se sentía en el derecho de preguntar.
La situación del grupo se desenvolvía de forma extraña y Levy sentía que solo en el gremio estaba totalmente segura y en confianza. Le encantaba pasar tiempo con sus amigos sin intromisiones ni personas externas. Ese día en especial se sentía muy a gusto hablando e intercambiando ideas con sus compañeros de gremio.
- Nosotros también queremos ir – manifestó Natsu de un momento a otro mientras sus amigos universitarios hablaban de un viaje que planeaban hacer antes de que acabaran las vacaciones de verano.
- Pero no podemos – recordó Lucy suspirando, entendiendo cómo se sentía su amado. A ella le encantaba viajar y no podía negar que le causaba cierta envidia escuchar a sus amigos tan emocionados planificando aquel viaje.
- ¿No podemos escapar un fin de semana? – Natsu intentó persuadir a su hermosa novia al tiempo que le hacía ojitos.
- No es solo un fin de semana. Ellos se van por una semana completa – Lucy intentó tener paciencia y no explotar – Esta vez no podremos acompañarlos – declaró resignada la rubia.
- Será para la próxima – mencionó Levy antes de que Natsu continuara quejándose.
- Ahora sí me arrepiento de estar asistiendo a ese curso – exclamó Gray al tiempo que cruzaba los brazos – Dejar un paseo de lado por estudiar es algo duro – todos asintieron ante aquella declaración.
- Todo tendrá su recompensa – animó Mira a sus amigos. Sabía que era injusto que ellos no pudieran asistir, pero era una situación que se estaba presentando cuando por fin la universidad les daba un respiro. Simplemente no podían desaprovecharla.
- Nosotros sabemos que el curso es molesto, pero necesario – Erza tomó la palabra al sentirse identificada con sus amigos.
- Se me ocurre una idea – vociferó Natsu por todo lo alto para llamar la atención – Viajemos al terminar el curso – expuso con una amplia sonrisa.
- Para ese entonces estaremos nuevamente en clases del instituto – Lucy destruyó la ilusión del pelirrosa en tan solo unos segundos.
- Tal vez no sea tan mala idea – esta vez fue Laxus el que intervino – Puede que no sea inmediatamente después de culminar el curso, pero un par de meses después unos días festivos concuerdan con el fin de semana – explicó el chico, consiguiendo la atención de todos – Se pueden aprovechar aquellos días para una escapada – los ojos del Dragneel se iluminaron y Lucy no pudo evitar sentir una punzada de emoción.
- Suena bien – mencionó Gajeel, aprobando la idea que se acababa de presentar. Necesitaban un respiro, aunque fuera dentro de varios meses.
- Para entonces estaríamos en otoño – indicó Mirajane - ¿A dónde podríamos ir? – inmediatamente todos empezaron a cavilar sobre el cuestionamiento que había hecho la hermosa peliblanco.
- La montaña podría ser una opción. Rentamos una cabaña por el fin de semana – Gray propuso la primera idea.
- No está mal, pero quisiera algo donde también paseemos – alegó Elfman sin muchas ganas de encerrarse en una cabaña por todo un fin de semana.
- En la ciudad vecina acaban de inaugurar un parque acuático… - el aporte de Droy fue interrumpido abruptamente por Evergreen.
- ¿En otoño? Estás demente – la chica se negó rotundamente de solo imaginarse la brisa fría en lo alto de un tobogán.
- ¿Qué piensan de ir la playa? – preguntó con cierta inseguridad Jet. El grupo lo pensó. La temporada ideal para asistir a la playa era en verano, de lo contrario no se disfrutaba al máximo.
- Me gusta la idea de la playa – expresó Erza, imaginándose un viaje a la playa con todo el grupo, una gran fogata y dulces por doquier. Todo le parecía excelente.
- No necesariamente debe ser una playa de aquí – habló Kana al sentir que parte del grupo continuaba dudando – Conozco un sitio con las mejores playas del país, con un clima ideal durante todo el año y con agua cristalinas. Hace unos años vacacioné con toda mi familia en una casa de playa hermosa – mencionó al tiempo que rememoraba en su mente aquel momento inolvidable – Puedo intentar buscar el contacto para rentar una casa y nos vamos a pasar el fin de semana completo – la idea de la Alberona resultó tentadora para todos, hasta que la chica tomó la palabra nuevamente – El único detalle es que debemos tomar un avión para llegar hasta allá – la castaña notó que los ánimos del grupo decayeron súbitamente.
- ¿Un avión? ¿Dónde queda eso? ¿En otro país? – Lucy se había ilusionado con la idea, a ello se debía su consternación actual.
- Es dentro del país – explicó Kana tranquilamente – Por ello no resultaría tan costoso – aun después de aquellas palabras la rubia no parecía muy convencida.
- Eso sería un verdadero reto para Natsu – expresó Gray con una sonrisa socarrona – Y para Gajeel, claro está – agregó el pelinegro, ganándose una mirada desafiante por parte del Redfox.
- Y para Laxus – incluyó Mira con una sonrisa graciosa. Bien sabía que su novio era débil ante viajes largos y todo lo que tuviera que ver con vehículos en movimiento, muy similar a Natsu. Aunque si lo pensaba bien, nunca habían estado en un avión, por lo que no tenía ninguna certeza de cómo le sentaría a su pareja, pero se lo podía imaginar.
- Valdría la pena vivir la experiencia – habló Laxus, sin dejarse intimidar por el comentario de su chica.
- Los costos serían un tanto más elevados en comparación a un viaje local – se sinceró Kana, ante el verdadero problema de viajar hasta el lugar que ella proponía.
- Tenemos tiempo para planificarnos – volvió a hablar Mira, sintiéndose emocionada por aquella travesía – Busca la información para luego establecer un presupuesto. Mientras tanto nos mentalizamos en que tendremos el viaje más grande de todos – todos experimentaron emociones diferentes ante aquella declaración.
Levy se sentía emocionada. Sin embargo, no podía evitar sentirse algo ansiosa cuando de dinero se trataba. Su abogado, encargado de administrar la herencia de sus padres, le pasaba dinero mensual, pero cuando se trataba de grandes montos no era una persona nada flexible.
La peliazul intentó dejar a un lado aquellos pensamientos casi de inmediato. Simplemente esperaría tener un presupuesto y luego trazaría un plan.
Por otra parte, Lucy y Juvia estaban viviendo la misma inquietud que la Mcgarden. La rubia vivía de lo que le pasaba su padre y sus pequeños ahorros, al haber ganado uno que otro concurso como novelista, pero estaba segura de que no sería suficiente y ni pensar en pedirle dinero a su padre. Primero muerta.
Juvia, a su vez, sabía que no contaba con nadie como segunda opción. Sus padres se esforzaban por mantenerla con lo justo y necesario. Mientras que su tutora actual, su adorada tía, en lugar de facilitarle dinero haría lo imposible para que ella no asistiera a dicho viaje.
Si analizaba bien su situación, solo tenía una opción viable.
Trabajar para costear su viaje.
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La idea del viaje animó a todos, pero quedó en segundo plano rápidamente cuando se enfocaron en otros asuntos pendientes.
Los chicos del gremio continuaron con su planificación del viaje actual, mientras que los que no podrían asistir decidieron enfocarse en sus estudios para no sentirse desanimados al estarse perdiendo de aquella experiencia.
- Es injusto – soltó Natsu, interrumpiendo la sesión de estudios. Claramente el pelirrosa no superaba que sus demás compañeros estuvieran disfrutando de sus vacaciones y él estuviera encerrado en una biblioteca rodeado de libros y apuntes – Espero que Mavis valga todo este esfuerzo – el segundo comentario del chico logró que dos de sus amigos levantaran la mirada de sus cuadernos.
- Claro. Seremos los universitarios más alocados – mencionó en tono de broma Gray mientras imaginaba fugazmente su vida como universitario.
- No lo serán si no se concentran en lo que estamos haciendo – Lucy llamó la atención, frustrada de que se distrajeran cada tanto.
- Ya después de esto podremos distraernos – animó Levy, en un intento de incentivar al pelirrosa.
- Tienes razón, Lev – habló Natsu con una sonrisa – Terminemos aquí y vayamos a comer algo – sugirió el Dragneel, al tiempo que volvía su atención al libro. Levy sonrió de vuelta.
- No me refería a eso exactamente – manifestó la peliazul, ya que su amigo había malinterpretado sus palabras. Aunque no le molestaba en absoluto aquella invitación.
- El tonto de Sting me habló de un restaurante nuevo. Vayamos después de aquí – propuso el Dragneel, sin saber que con la simple mención del rubio llegaba a incomodar a Levy y tensar a su novia.
- Está bien. Pero vayamos solo nosotros – habló con rapidez la Heartfilia, intuyendo que su novio luego propondría invitar al Eucliffe. Natsu levantó la mirada hacia su novia y sin cuestionar sus palabras asintió con una sonrisa de oreja a oreja.
- Por fin te sales con la tuya – bromeó Gajeel sin dejar de escribir en su cuaderno.
- Lo iba a lograr tarde o temprano – esta vez habló Gray – Era eso o nos volvía locos con sus quejas – una sonrisa socarrona se dibujó en los labios del ojiazul y los demás rieron, estando de acuerdo con él.
Natsu intentó defenderse, pero antes de que armara un escándalo y terminara de desconcentrar a todos, Lucy lo detuvo. La rubia obligó a todos a continuar con los deberes en silencio para después partir al lugar que había mencionado su amado.
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Hermosas tonalidades naranjas y violetas se apoderaron del cielo a medida que el sol caía en el horizonte.
El pequeño grupo de Fairy Tail caminaba por las calles mientras hablaban entre sí.
Levy no se podía quejar, a pesar de no tener suficiente tiempo para algunas cosas, si tenían oportunidad de compartir como un grupo de amigos convencional. Y esos instantes la hacían agradecer de su vida actual.
En poco tiempo llegaron al centro comercial, donde se encontraba el tan mencionado local de comida. Entraron emocionados al notar que el lugar contaba con muy buen aspecto.
Alguien los atendió enseguida y los llevó a una mesa disponible.
- Este lugar sería ideal para una cita – mencionó Lucy, emocionada por la atención que estaban recibiendo y por la belleza del lugar.
- No es mi estilo – alegó Gray al tiempo que revisaba la carta que les fue entregada poco después de sentarse.
- Eso es porque no tienes gusto – declaró la rubia sin perder detalle de la cantidad de platos diferentes que ofrecían en aquel restaurante.
- Este plato dice Levy por todos lados – habló Gajeel al tiempo que acercaba su carta a la mencionada, señalando el platillo en cuestión. El pelinegro rio en voz alta al notar un brillo en los grandes y castaños ojos de la chica, señal de que le había gustado la imagen donde se podía detallar un platillo lleno de colores llamativos y de forma peculiar.
- No se ve mal – declaró Levy, sintiéndose tentada a pedir aquella comida tan vistosa.
- Se ve extraño – mencionó Juvia inconscientemente. Al estar cerca de la Mcgarden, Juvia se había tomado el atrevimiento de observar lo que Gajeel le había mostrado a la pequeña.
- El objetivo de venir a lugares así es probar cosas nuevas – se defendió la peliazul – No tiene gracia ser como Gajeel y pedir algo que puedes comer cualquier otro día – la chica recibió una simple sonrisa por parte del mencionado ante aquel alegato.
- Muy bien, Enana – el Redfox dejó la carta sobre la mesa y observó intensamente a su compañera, notando de paso que el apodo no le había agradado – Viviré la experiencia y dejaré que ordenes por mí – Gajeel sonrió ante la sorpresa de la pequeña.
- ¿Incluido el postre? – preguntó de vuelta la Mcgarden.
- Lo que quieras – declaró Gajeel mientras se cruzaba de brazos, aun sonriente.
- Hecho – Levy sonrió ampliamente, decidida a ordenar lo que más llamara su atención de aquel menú. Los demás escucharon atentos el intercambio de palabras de aquellos dos.
- Suena divertido – mencionó Natsu, dejando la carta sobre la mesa al igual que Gajeel – Ordena por mí, Luce – pidió el pelirrosa.
- Está bien – a Lucy le encantaba la idea, sobre todo porque pensaba probar lo que ordenara para su novio también.
- Yo si ordenaré por mí mismo – anunció Gray, no estando dispuesto a arriesgar su cena. Juvia, por su parte, dudó en si pedirle al Fullbuster que ordenara por ella, pero optó quedarse en silencio y sonreír.
Desde hacía días una idea rondaba la cabeza de la Lockser, llegándole a robar la atención de su alrededor por instantes. Por esa razón había estado más retraída y pensativa que de costumbre.
Después de intercambiar ideas, decidieron ordenar y la comida no tardó en llegar después de varios minutos. No pararon de hablar en ningún momento y los temas cambiaban a medida que la hora transcurría.
Como Gajeel había imaginado, Levy ordenó para él un platillo que a primera vista era todo menos apetitoso. Sin embargo, al probarlo no se quejó, pensando que pudo haber sido peor.
Por otro lado, Levy estaba bastante contenta con su pedido. No pudo evitar echárselo en cara al pelinegro y, a su vez, ofrecerle un poco de su platillo para que probara.
Lucy y Natsu tuvieron suerte de atinar un par de platillos bastante deliciosos, los cuales compartieron también con sus amigos.
Juvia se divertía entre broma y broma mientras degustaban la comida entre todos. Después de comer, se atrevieron a ordenar unos cuantos postres y, ya al estar satisfechos, se retiraron del lugar.
Natsu parecía haber tenido bien planificado el paseo, pues confesó que quería revisar una tienda especifica que se encontraba en el centro comercial donde se encontraban. Fue el momento en el que el grupo se dividió, los chicos acompañaron a Natsu hasta la mencionada tienda de videojuegos, mientras que las chicas se desviaron hacia una tienda de perfumes cercana.
Al cabo de varios minutos, las féminas decidieron abandonar el lugar al no encontrar ninguna fragancia que las satisficiera y, sin perder el tiempo, se dirigieron hacia la tienda donde se encontraban los chicos.
- ¿Ustedes creen que el viaje a la playa se lleve a cabo? – preguntó de la nada Juvia. Sus dos amigas la observaron sin dejar de caminar.
- Lo más seguro es que sí – Lucy fue la primera en responder.
- A todos les gustó bastante la idea – añadió Levy - ¿Por qué lo preguntas? – preguntó de vuelta la pequeña.
- A Juvia también le gustó la idea, pero no cree poder ir – confesó la chica, deteniendo su caminar por completo y manteniendo su mirada en alto.
- ¿De qué hablas? – preguntó la Heartfilia, deteniéndose también. Siendo imitada por su mejor amiga varios segundos después. Ambas chicas detallaron la mirada entristecida de la Lockser.
- No creo que lo pueda costear – la peliazul de largas pestañas decidió sincerarse con sus amigas – Aunque Juvia está considerando trabajar para conseguir algo de dinero – la verdad era que la chica tenía varios días meditando aquella alternativa y ese mismo día en el centro comercial había visualizado anuncios de trabajo en distintos locales.
- Trabajar – repitió Levy, considerando las palabras de su amiga – No suena mal – la pequeña sonrió ante la mirada atenta de sus otras dos amigas – Yo me uniré a ese plan, pues estoy segura de que por más que le ruegue a mi abogado por una mensualidad más sustanciosa, no cederá – admitió con un ligero sonrojo.
- Pero será una distracción – alegó Lucy, no muy convencida de aquella decisión, aunque le resultara tentadora a ella también.
- Cuando terminen las vacaciones de verano tendremos que dejarlo – dijo Juvia, demostrando que ya había estudiado todas las posibilidades – Mientras tanto Juvia cree poder equilibrar el curso con el trabajo – la Lockser no pensaba arrastrar a sus amigas en sus planes, pero que se animaran con ella la hacía sentir más segura.
- Estaríamos aprovechando el tiempo que nos ofrecen las vacaciones de verano – expresó Levy con una sonrisa, sintiendo que había encontrado la solución perfecta sin siquiera haberla buscado con anterioridad.
- No suena mal. Podemos intentarlo – declaró Lucy, sintiéndose más convencida después de aquellos argumentos – Estoy con ustedes – después de aquellas palabras las tres celebraron de forma discreta la decisión improvisada que acababa de tomar y, desviándose del camino a la tienda de videojuegos, se dirigieron a los locales que exhibían anuncios de trabajos. Se presentaron en distintos lugares y dejaron sus datos. La mayoría de los locales solicitaban estudiantes específicamente, sabiendo bien que las vacaciones de verano eran perfectas para contar con personal joven que aportara un aire nuevo al ambiente laboral.
Después de visitar varios locales, Lucy recibió una llamada de Natsu preguntando por su paradero. Las tres decidieron detener su búsqueda por los momentos y unirse a los demás.
La Heartfilia sugirió no decirles nada a los chicos, estando segura de que a su novio no le gustaría la idea. Más allá de la actitud relajada de Natsu, este era bastante sobreprotector con ella y podría apostar que trataría de persuadirla de la decisión que había tomado junto a sus amigas.
En cuanto a Levy y Juvia, ambas accedieron a no mencionar nada respecto al asunto y tranquilamente partieron al encuentro de sus amigos.
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La semana de clases continuó sin ninguna novedad después de la visita al centro comercial.
Era la hora de almuerzo y Levy, una vez más, se sentía incómoda al estar compartiendo el espacio junto a Sting y Rogue, a causa de una nueva invitación del Dragneel.
La peliazul se tensaba cada vez que el Cheney le dirigía la palabra, sintiéndose entre molesta y avergonzada.
Ese día en especial sentía que el pelinegro estaba intentando acercarse a ella con mayor insistencia, por lo que apenas terminó de comer, la peliazul se levantó de su asiento con rapidez.
- Voy por algo de beber – anunció en voz baja, con pocas ganas de que la siguieran.
- Te acompaño – Levy sonrió con resignación cuando Gajeel se levantó y comenzó a andar. Caminaron uno al lado del otro sin decir palabra, hasta que llegaron a la máquina expendedora que se encontraba al otro extremo del patio – Si me dejaras hablar con él no estaría siendo tan intenso – declaró repentinamente el Redfox, llamando la atención de la pequeña chica.
- El tema ya está olvidado, Gajeel – la peliazul le reprochó con la mirada por estar sacando a flote algo que quería dejar atrás.
- ¿Y por qué te ves como si quisieras salir corriendo? – contraatacó Gajeel, sabiendo que su compañera quería ocultar el sol con un dedo.
- No vale la pena agrandar el problema – Levy se acercó a la máquina y observó con detenimiento su interior, tomándose su tiempo para elegir.
- ¿Que haya jugado con tus sentimientos no es un problema lo suficientemente grande? – el pelinegro se recostó de la pared cercana, sin apartar su mirada de la chica.
- Si lo dices así haces parecer como si me hubiera enamorado – recriminó la peliazul al tiempo que se cruzaba de brazos – Y no me enamoré de él. Así que dejemos a un lado el hecho de que el chico con fetiches no pudo estar conmigo – Levy había analizado la situación y después de varios días llegó a la conclusión de que el Cheney era quien había salido perdiendo en todo. Ella se dejaría de recriminar y de culpar por confiar ciegamente en él, tomándolo como lección de vida. Dudaría más de las personas antes de darles su confianza – Que intente dejar de lado lo sucedido no quiere decir que me encante la idea de pasar tiempo con aquellos dos – aclaró Levy ante la insistente mirada de su acompañante – Solo quiero distraerme en mis tiempo libre sin tener que rememorar momentos desagradables – el chico chasqueó la lengua ante aquellas palabras.
- Entonces hablemos con el tonto de Salamander – propuso Gajeel, notando como la Mcgarden insertaba un par de monedas en la máquina y presionaba los botones correctos.
- ¿Por qué te importa tanto? – la pequeña enfrentó la rojiza mirada de su compañero al lanzar su pregunta. Gajeel insistía cada tanto en aquel tema y ella no terminaba de entender por qué el interés de él.
Por su parte, Gajeel se quedó mudo varios segundos, asegurando que aquella había sido una excelente pregunta. Una que ni siquiera se había hecho a sí mismo.
- No te quiero dejar sola en esto – se sinceró el chico sin apartar la mirada, notando como la peliazul se sonrojaba de un momento a otro.
- No estoy sola – mencionó Levy, desviando su mirada y agachándose un poco para recoger las dos bebidas que la maquina había expulsado. Sin levantar la mirada, la chica le ofreció una bebida a su compañero, quien la aceptó inmediatamente.
- Claro que no lo estás – resaltó el Redfox, sin ganas de continuar insistiendo con el tema. Sentía que se había esforzado en decir aquellas palabras, por lo que ya había hecho suficiente para hacerle saber a la chica que contaba con él.
- Hola – un saludo repentino distrajo la atención de los dos exalumnos de Phantom Lord. Una sonriente chica pasó a un lado de Gajeel, levantando su mano y moviendo sus dedos de formal grácil en señal de saludo, sin detener su andar en ningún momento.
- Hola – Gajeel le devolvió el saludo y una sonrisa juguetona se dibujó en sus labios. La desconocida continuó su camino sin decir más, dejando un poco impresionada a la peliazul.
- ¿Qué fue eso? – preguntó incrédula la pequeña, creyendo haber notado cierto coqueteo en el saludo de la otra fémina.
- No lo sé – respondió con sinceridad el pelinegro, borrando su sonrisa – Ha ocurrido un par de veces. Está en mi clase – el chico se dispuso a abrir la bebida que le había ofrecido la Mcgarden, quien lo observaba curiosa – Soy irresistible – intentó bromear al notar que la peliazul no decía palabra.
- Yo diría que llamas la atención – mencionó la pequeña, intentando sonar despreocupada al tiempo que abría su bebida.
- ¿Estás diciendo que no tengo ningún atractivo? – preguntó el chico con fingida molestia.
- Nada que ver. No me refiero a eso – respondió la peliazul con despreocupación, al reconocer el tono de indignación fingida de su compañero - ¿Por qué no intentas hablar con ella? – escuchar aquella inocente pregunta salir de los labios de Levy no le agradó al pelinegro en absoluto.
- No tengo tiempo para esas cosas – argumentó con rapidez sin ánimos de que la chica insistiera con aquella idea – Además, no me interesa – alegó para después emprender camino de vuelta hacia el comedor.
- La sonrisa tonta que pusiste en ese momento dice lo contrario – debatió la pequeña, siguiendo los pasos del chico. Gajeel estuvo a punto de decir algo en contra, pero el sonido de un celular llamó la atención de ambos. Levy reconoció inmediatamente la melodía de su móvil. Lo extrajo de su bolsillo sin prisa, notando que se trataba de un número desconocido.
La pequeña contestó sin detener sus pasos, ante la atenta mirada del pelinegro, y se sorprendió cuando un hombre le empezó a hablar al otro lado de la línea.
Gajeel continuó caminando sin apartar su atención de la peliazul.
De un momento a otro Levy detuvo sus pasos y sonrió ampliamente.
- ¿Hoy? – Gajeel también detuvo su andar y se volvió hacía su amiga cuando esta habló – Muy bien. Pasaremos por allá a llevar el horario – el chico no tenía idea de con quién estaba hablando la Mcgarden y mucho menos entendía a lo que se refería con aquellas palabras. Después de un par de palabras más, la chica terminó la llamada.
- ¿Todo bien? – preguntó interesado el Redfox al notar una amplia sonrisa por parte de la peliazul.
- Excelente – respondió con ánimos la pequeña, quien sentía que podía saltar de la emoción en ese momento, pero se contuvo.
- ¿Quién era? – volvió a preguntar el pelinegro, ya que su compañera no daba señales de querer darle más detalles. Levy lo observó sonriente y dudó por varios segundos, pero luego su sonrisa se amplió más.
- Te voy a contar, pero debes prometer que no mencionarás nada hasta que todo esté arreglado – Gajeel elevó una ceja ante las palabras de la pequeña. Aquel misterio llamó aún más la atención del pelinegro, quien aceptó sin chistar la petición de ella, prometiendo silencio – Nos acaban de aceptar en un trabajo a Juvia, Lucy y a mí – la emoción invadió más a la Mcgarden al decirlo en voz alta.
- ¿Un trabajo? – preguntó un tanto extrañado, después de todo no había esperado escuchar aquello - ¿Haciendo qué? – preguntó nuevamente en busca de más detalles.
- Es una tienda de ropa – mencionó la pequeña al tiempo que recordaba que aquella tienda era una de las que habían visitado dos días atrás, cuando estuvieron en el centro comercial – Las funciones que desempeñaremos nos las explicarán pronto – aclaró, sin estar muy segura tampoco sobre sus puestos de trabajo y deberes.
- No sabía que estaban buscando trabajo – confesó el chico, extrañándose de que Juvia no le hubiera comentado con anterioridad, como usualmente hacia cuando tenía algo en mente.
- Surgió de la nada – explicó Levy, sorprendiéndose de la extraña reacción del Redfox – ¿Cuál es el problema? – la chica se llevó las manos a la cadera con cuidado de no derramar su bebida y enfrentó la mirada escarlata de Gajeel al notar un gesto extraño por parte de este.
- Ninguno – respondió tranquilamente ante la cuestionable mirada de la chica – Solamente no me las imagino trabajando a ninguna – aquellas palabras no fueron del agrado de la peliazul.
- ¿Y por qué no? – esta vez Levy se cruzó de brazos, aun con su bebida en mano. Gajeel sonrió, notando que había hecho molestar a la chica, sin querer.
- No lo estoy diciendo de mala manera, Mcgarden – intentó retractarse el Redfox – Solo es que no pensé que tuvieran la necesidad de hacerlo – Levy bajó la guardia después de escuchar a su compañero. Le molestó por un momento pensar que el chico se burlaría de ellas y de su decisión de trabajar.
- No lo estamos haciendo por algo prioritario – mencionó la chica más relajada, al tiempo que retomaba el camino de vuelta al comedor – Queremos ahorrar y la experiencia no está de más – la sonrisa volvió a los labios de la pequeña – Por favor, no menciones nada hasta que sea oficial – volvió a insistir la peliazul, pensando en su mejor amiga. Era deber de Lucy darle la noticia a Natsu, por lo que ninguno debía entrometerse.
- Puedes estar tranquila. No diré nada – el Redfox intentó dejarle en claro a la chica que podía confiar en él - ¿Cuándo será oficial? – preguntó por curiosidad.
- Esta tarde – respondió la pequeña sin dejar de sonreír. Ella y sus amigas habían tenido éxito y si acordaban bien los términos con su nuevo jefe, estarían trabajando el tiempo suficiente para lograr guardar una cantidad considerable que se podría traducir en, al menos, un boleto de avión.
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Apenas Levy llegó a donde sus amigas, las apartó del grupo con la excusa de ir al baño. Fue así como pudieron hablar sin ningún inconveniente sobre la llamada que acababa de recibir la Mcgarden. Tanto Lucy como Juvia se alegraron en demasía y, posteriormente, un arranque de emoción las invadió a todas.
Se pusieron de acuerdo para ir al gremio al salir de clases y, cuando Natsu estuviera lo suficientemente distraído con los demás, se escabullirían hacia el centro comercial. Después de deliberarlo un poco con sus amigas, Lucy había decidido mantener todo en secreto hasta que los términos de parte y parte fueran expuestos. La rubia sentía que su novio le impediría ir a cerrar el acuerdo si le decía antes, por lo que prefirió ser precavida.
Las dos peliazules no cuestionaron su decisión. Luego de terminar de planificar su recorrido para después de clase, se volvieron a unir al grupo segundos antes de que sonara la campana para regresar a las aulas.
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Apenas culminó la jornada, todos partieron al gremio por decisión unánime.
Todo iba de acuerdo al plan de las chicas.
En cuanto llegaron se unieron con los que estaban presentes en el gremio y el grupo se dividió.
Gajeel pudo notar la actitud sospechosa de sus compañeras de clases cuando estas se sentaron en un lugar bastante alejado de ellos, pero decidió hacerse de la vista gorda, queriendo no verse involucrado en caso de que algo sucediera.
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En cuanto las chicas sintieron que todos estaban lo suficientemente distraídos, decidieron partir del lugar en completo silencio, logrando pasar totalmente desapercibidas.
En poco tiempo llegaron a su destino y el encargado de la tienda, un hombre con un poco de sobrepeso y de cabellos castaños, las recibió con una amplia sonrisa.
El hombre las dirigió a una pequeña oficina al final de la tienda y en esta comenzó la explicación sobre la dinámica del lugar.
Llegado el momento, entregaron sus horarios académicos para acordar junto al mayor los días que trabajarían. Luego de una charla bastante extensa y después de aceptar unos cuantos términos necesarios, el encargado decidió iniciar un recorrido por la tienda, enseñándole a sus nuevas empleadas las distintas áreas que el gran establecimiento poseía.
Levy se sentía bastante emocionada, pero el nerviosismo se instaló en su pecho cuando todo fue un hecho.
A partir de ese momento todo comenzaba a ser real. Acababan de aceptar el que sería su primer empleo.
Comenzarían a trabajar al día siguiente y sentía que una nueva etapa daba inicio.
Laborar era algo que nunca había experimentado, ya que sus padres le habían dejado una vida acomodada, a pesar de haber partido tan abruptamente. Levy agradeció por ello, pero sentía que era hora de probarse a sí misma. Se sentía más que capaz de cumplir con aquel trabajo y continuar rindiendo en clases, pero no saber qué le esperaba la hacía sentir un tanto insegura, lo cual le incomodaba, pero a la vez le agradaba si lo veía como un nuevo desafío.
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- Natsu no lo tomó nada bien - mencionó la rubia para después soltar un largo suspiro. Luego de salir del centro comercial donde estaba la tienda, volvieron al gremio como si nada. Para entonces todos se habían percatado de su ausencia, incluido el distraído pelirrosa. Lucy le restó importancia, pero al partir del gremio decidió ir a casa de su novio y pasar la noche con él para así darle la noticia de su nuevo empleo.
- Eso explica la cara de pocos amigos que tenía cuando llegaron - recalcó Levy en voz baja. Ambas chicas ya se encontraban en su salón de clases, esperando que el profesor correspondiente llegara.
- Alegaba que le molestó que no le hubiera informado antes - confesó la rubia - Pero estoy completamente segura de que si lo hubiera hecho no me hubiera dejado continuar - los ojos de la Heartfilia se incendiaron al sentir la molestia volver a recorrer su cuerpo.
- Pero, ¿qué es lo que le molesta? - Levy aún no entendía bien cuál era el problema del chico.
- Él dice que me tengo que concentrar en mis metas y que no tengo necesidad de trabajar - Lucy trató de utilizar las mismas palabras que el chico había pronunciado la noche antes - Pero si te soy sincera creo que está inseguro de que no tenga el tiempo suficiente para nosotros entre clases y trabajo - expresó por primera vez en voz alta lo que había estado cavilando a lo largo de la noche.
- Tendría un punto - la peliazul no pudo evitar darle la razón a Natsu en cuanto a ese razonamiento - Pero eres tú. Vas a hacer que funcione - la pequeña posó una mano encima de la de su amiga, intentando darle ánimos.
- Lo haré - sentenció Lucy al tiempo que apretaba de vuelta la mano de su mejor amiga - Aunque me molesta que dude de mí - la voz frustrada de la chica denotaba tristeza también.
- Conserva la calma y demuéstrale que todos sus temores son innecesarios - Levy le sonrió en un intento de transmitirle seguridad a la rubia. Por su parte, Lucy quiso cambiar de tema.
Debido a que se quedó con Natsu y habían discutido gran parte de la noche, no tuvo tiempo de repasar para las clases de ese día, lo cual también le frustraba, pues sentía que no estaba iniciando con buen pie.
Ambas chicas se enfrascaron en temas sobre las materias que les tocaba ver ese día y de un momento a otro el profesor que correspondía hizo aparición y comenzó la clase sin titubeos.
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A la hora del almuerzo se reunieron con el resto del grupo, notando la ausencia de una cabellera bastante llamativa.
- ¿Y Natsu? - preguntó Levy al tiempo que tomaba asiento.
- Dijo que hoy no almorzaría con nosotros - mencionó Juvia, repitiendo lo que había dicho el pelirrosa antes de partir son Sting y Rogue a otro lugar. Lucy arrugó el rostro ante aquellas palabras.
- Esta vez sí que lo hiciste enojar - Gray se dirigió a Lucy sin tacto alguno. A esas alturas el pelirrosa ya se había desahogado con sus amigos, sin importarle a ninguno que se estuvieran saltando la primera mitad de la clase, a la cual solo asistió Juvia, llegando a sentirse un poco excluida y con curiosidad sobre lo que estaba ocurriendo.
- Está siendo un poco inmaduro - confesó Gajeel después de dar una primera mordida a su almuerzo.
- Seamos sinceros, ninguna necesita buscar un trabajo para estar bien - Gray defendió uno de los puntos de su amigo pelirrosa, el cuál Gajeel no podía contradecir - Y que lo hicieran a escondidas también fue de mal gusto - esta vez la oscura mirada del Fullbuster recayó sobre Juvia, la cual comenzaba a entender todo lo que estaba aconteciendo y optó por bajar la mirada, rehuyendo de los orbes azulinos de Gray.
- No son unas niñas, Fullbuster. Pueden hacer lo que les plazca - Gajeel entendía hasta cierto punto el disgusto de sus dos compañeros de gremio. Sin embargo, decidió contradecir al ojiazul solo para molestarlo. Por su parte, Levy sonrió a medias ante las palabras del Redfox.
- Si lo hicimos a escondidas era justamente porque sabíamos que se lo iban a tomar mal, por alguna extraña razón que desconocemos - intervino la Heartfilia.
- ¿Por qué simplemente no se alegran por nosotras? - contraatacó Levy, sintiendo que necesitaba una explicación ante esa extraña actitud de sus amigos.
- No queríamos ocasionar problemas con esto - dijo Juvia en voz baja, aún sin levantar su mirada. La peliazul de largas pestañas comenzaba a sentirse un tanto culpable, después de todo ella había sido la de la idea de trabajar y sus dos amigas la apoyaron.
- La noticia fue sorpresiva. Es todo - Gray decidió calmar los ánimos al notar el semblante triste de Juvia - Solo nos tenemos que acostumbrar al hecho de que ya no las veremos tan seguido - el chico sonrió a medias al tiempo que tropezaba a propósito la pierna de Juvia por debajo de la mesa. La peliazul buscó los azules ojos de su compañero ante el repentino contacto, obteniendo una sonrisa juguetona por parte del Fullbuster.
- Solo será durante las vacaciones de verano - recalcó Lucy, sintiendo que el ambiente pesado se estaba desvaneciendo.
- Además tendremos un día libre - anunció Levy más relajada.
- Solo hay que esperar que a Salamander se le pase la rabieta y todo estará como siempre - Gajeel se burló de la actitud que estaba tomando Natsu.
- Entonces, ¿ya no tendremos sesiones de repaso después de clase? - preguntó curioso el Fullbuster. Lucy sonrió sin ánimos, al haber olvidado ese detalle.
- Ustedes pueden continuar haciéndolas. Nosotras estudiaremos después, pero igual podemos reforzar conocimientos en los tiempos libres - manifestó Levy, quién ya había pensado en aquello. Después de clases ellas se tenían que retirar inmediatamente, por lo que no tendrían tiempo de extender la jornada de estudios como lo llevaban haciendo durante lo que iba de curso.
- Entonces la única diferencia será que no tendremos la molesta presión durante las sesiones de estudio - bromeó el Redfox, obteniendo una doble mirada de disgusto por parte de Lucy y Levy.
- De igual manera tienen que continuar estudiando. Recuerden que lo que aprendamos aquí definirá nuestro futuro - recalcó Lucy con cara de pocos amigos. Ambos pelinegros asintieron sin darle demasiada importancia a las palabras de la chica, sabiendo que en cualquier momento podía empezar el discurso motivacional del cual rehuían. Sin embargo, para sorpresa de ambos, las chicas se quedaron en silencio mientras comían.
Todo parecía estar en orden en esos momentos, pero aún debían esperar a que la situación se desarrollara poco a poco.
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Su primer día de trabajo empezaba esa misma tarde.
Al llegar a la tienda el encargado las recibió de nueva cuenta con una gran sonrisa y sin perder tiempo les proporcionó el que sería su uniforme. También les asignó sus puestos de trabajo y las presentó rápidamente ante los demás empleados.
Por los momentos serían simples ayudantes, hasta que se familiarizaran con todo. A Levy le asignaron el área de pagos mientras que Lucy y Juvia recibirían a los clientes y los ayudarían ante cualquier petición.
Las chicas iniciaron con bastantes ánimos su primer día.
Mientras las horas avanzaban se percataban de que todo era bastante entretenido y de que casi nunca estaban sin hacer nada, lo cual les gustó, pero a la vez les asustó.
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Con el pasar de los días las cosas entre Natsu y Lucy se fueron calmando. El Dragneel aceptó de mala gana la decisión de su novia y decidió apoyarla en aquello, después de recibir varios consejos y reproches por parte de sus amigos en el gremio.
El pelirrosa optó por acompañar cada día a su amada y a sus amigas hasta el trabajo, para luego irse al gremio y esperar la hora de salida.
Los primeros días fueron difíciles para él, aunque no lo quiso demostrar. Estaba acostumbrado a estar con Lucy casi todo el día, por lo que sentir su ausencia lo entristecía. Pero decidió no flaquear y continuar con los mejores ánimos frente a todos, al tiempo que en su interior planificaba las horas que tendría libre junto a su novia.
Poco a poco se hizo más común que Natsu invitara a Lucy a quedarse en su hogar, con el objetivo de aprovechar el tiempo juntos durante la noche. La rubia se sentía afortunada al notar que su novio se estaba esforzando por apoyarla y estar con ella. Aquello la hacía feliz de sobremanera.
Por otro lado, Levy sentía que le estaba costando adaptarse a la nueva rutina, por lo menos los primeros días. Al salir de la tienda solo quería llegar a casa y recostarse. A pesar de intentar estudiar, muchas veces terminaba quedándose dormida sin percatarse.
La pequeña lo conversó con sus amigas y todas aceptaron que estaban pasando por lo mismo. Cuando se trataba de Lucy y Juvia, la Mcgarden era consciente de que sus dos amigas tenían un trabajo más pesado, ya que siempre estaban con algún cliente y era muy extraño que se sentaran o descansaran en horas.
En el caso de Lucy, al llegar a casa de Natsu se distraía y muchas veces lograban estudiar juntos un buen rato, pero el cansancio la vencía de un momento a otro.
En cuanto a Juvia, era exactamente la misma historia. La Lockser apenas ponía un pie en su hogar podía sentir como la energía la abandonaba y las ganas de ser productiva desaparecían.
Pero ninguna aceptaría aquello como un impedimento.
Solamente necesitaban acostumbrarse a la nueva dinámica para que todo continuase fluyendo.
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- Simplemente ignóralas – manifestó Lucy para después beber un buen sorbo de su gaseosa.
- No las soporto – se quejó Levy, refiriéndose a sus nuevas compañeras de trabajo, las cuales no hacían más que hablar disparates y decir cosas fuera de lugar, según la pequeña peliazul.
- Juvia también ha escuchado comentarios similares – confesó la Lockser, quien no había querido mencionar nada antes, ya que sabía que su amiga de castaños ojos se sentiría insultada.
- ¿Qué escuchaste? – preguntó Lucy, igual de curiosa que Levy.
- Que Levy y Beth desentonan en la tienda – dijo sin tapujos la peliazul de largas pestañas. Levy se mordió el labio para reprimir las maldiciones que deseaban salir de su boca. Beth Vanderwood era una alegre chica que trabajaba en la tienda con ellas, pero era pequeña y con un aspecto bastante infantil, por lo que no era difícil imaginarse con qué objetivo soltaban aquel tipo de comentarios para que rondaran por el establecimiento.
- Son unas… - la Mcgarden se contuvo al notar que un par de personas estaban caminando cerca de ellas. Las chicas se encontraban en su hora de descanso, por lo que aprovecharon de salir un momento de la tienda y tomar algo en un lugar cercano.
- No les prestes atención. También he escuchado algunas cosas que dijeron sobre Juvia y sobre mí, pero no les daré importancia – Lucy intentó no darles relevancia a aquellos comentarios que también habían llegado a sus oídos – Algo que sí me parece bastante curioso es que el encargado siempre se les acerca bastante a ellas – susurró la rubia, teniendo cuidado de quién se encontraba cerca.
- Juvia siente que el encargado se acerca más de la cuenta a todas – añadió Juvia, dejando pensativas a sus amigas.
- Creo que tienes razón – aceptó Levy después de rememorar un par de acontecimientos – Invade un poco el espacio personal – acotó, pero la verdad era que no sentía que el hombre lo hiciera con malas intenciones.
- Yo tomo distancia. No me gusta cuando se me acerca tanto – mencionó Lucy, quien se había percatado de ese detalle poco después de haber empezado a trabajar.
- También tomaré distancia si vuelve a suceder – Levy consideró que era mejor ser precavida – Aunque no siento que lo haga conscientemente. Parece ser una persona muy amable, nada más – comentó en voz baja – Pero no me sorprendería que aquellas cualquieras tengan un interés de por medio – las palabras de la pequeña llamaron altamente la atención de sus dos amigas.
- ¿Levy cree que buscan sacarle dinero? – Juvia fue la primera en preguntar.
- No creo que estén detrás de él por simple gusto – alegó la Mcgarden casi segura de sus conclusiones.
- No me sorprendería – manifestó la rubia, cavilando en aquella afirmación – Pero se nos acaba el descanso. Será mejor volver antes de que las mejores amigas de Levy vengan por nosotras – la Heartifilia bromeó, obteniendo un gruñido como respuesta por parte de su mejor amiga.
- No me hace gracia – Levy se levantó de su lugar y sacudió su uniforme para luego dirigirse con el mentón en alto hacia su lugar de trabajo. Sus compañeras de trabajo hacían comentarios despectivos, estuviera presente o no, pero se negaba a darles el gusto de verse afectada. Toda su vida había sido víctima de aquel tipo de pensamiento y, a pesar de que no le sorprendía en demasía, sí le molestaba.
Después de darse un par de bofetadas mentales, la peliazul atravesó el umbral de la tienda con el mejor ánimo. Haría su trabajo y se enfocaría en ser la mejor, opacando los comentarios sobre su físico con otros sobre su intelecto y su eficiencia. Solo tenía que esforzarse.
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No era común que Juvia estuviera contando los minutos para cerrar la tienda. Sin embargo, en esa ocasión la chica no se encontraba completamente cómoda. El encargado la había regañado un par de veces por hablar de forma un tanto extraña, al punto que los clientes preferían ir con otra persona para que los atendiesen. Además, la corrigió en repetidas ocasiones sobre cómo tender y guardar las prendas.
La peliazul agradeció que el flujo de clientes bajara mientras se acercaba la hora de cierre, ayudando a que el orden en la tienda se mantuviera. Gracias a ello sintió que el encargado ya no respiraba sobre su nuca y la dejaba a sus anchas.
La tensión en los hombros de la chica era evidente. A pesar de intentar relajarse, su estado de alerta volvió cuando visualizó a unos particulares clientes atravesar la puerta de entrada y dirigirse hacia ella al percatarse de su presencia.
- Bienvenidos – Juvia hizo una reverencia y saludó como si se tratara de cualquier otro cliente, con el deseo de que el encargado no le llamara la atención frente a sus amigos - ¿Los puedo ayudar en algo? –
- Pero que buen trato dan aquí – mencionó Natsu con una amplia sonrisa ante el saludo de la chica.
- Me podría acostumbrar a que me reciban así – bromeó Gray sin percatarse de la incomodidad de su amiga.
- Juvia no esperaba que vinieran – dijo en voz baja la peliazul, intentando verse menos tensa.
- ¿Qué hacen aquí? – Lucy apareció detrás de Juvia, sorprendiendo a la Lockser. Después de acomodar montañas de ropa, la rubia volvió a acercarse a la entrada por si llegaba algún cliente. Fue cuando notó la presencia de sus amigos y de su adorado novio.
- Salamander no paraba de insistir con que viniéramos – habló Gajeel por primera vez, pues había estado ocupado detallando el establecimiento.
- Falta poco para que cerremos – anunció Juvia con una sonrisa.
- Será mejor si nos esperan afuera – mencionó Lucy – Hoy el encargado ha estado tenso – no habían pasado desapercibidas las veces que el mayor le llamó la atención a Juvia y había sucedido lo mismo con la Heartfilia, pero con menor frecuencia.
- ¿De qué hablas? Queremos ver si hay algo interesante – expresó Natsu sin perder el tiempo – Además de ti, claro está. Te ves sensual con ese uniforme – el coqueteo tomó a todos desprevenidos, los cuales desviaron la mirada lejos de la pareja.
- ¿Dónde está la enana? – Gajeel se dirigió a Juvia, pensando en ir a molestar a la Mcgarden.
- Está atendiendo la caja – respondió rápidamente la chica.
- Bien. Nos vemos luego – el pelinegro se dio media vuelta para iniciar un corto recorrido por la tienda antes de acercarse al área de pago.
Natsu se alejó junto a Lucy y Juvia acompañó brevemente a Gray, hasta que un nuevo cliente atravesó el umbral y tuvo que hacer su trabajo.
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Gajeel caminó por la tienda observando a grandes rasgos las distintas secciones. Nada llamó su atención, ni necesitaba algo en específico, por lo que se aburrió rápidamente de estar ahí.
Mientras avanzaba por la sección de caballeros, el chico pudo distinguir a lo lejos una cabellera azul que lo hizo sonreír inconscientemente. Sin perder el tiempo tomó entre sus manos la primera playera negra que se le cruzó y avanzó hacia el área de pago.
Su compañera de clases estaba atendiendo sonriente a un cliente, por lo que se colocó en el lugar correspondiente para esperar su turno.
- Buenas noches. Lo podemos atender inmediatamente si se dirige a la siguiente caja – una chica apareció de la nada al lado del Redfox, el cual por fuera permaneció inalterable, pero aceptó para sus adentros que aquella mujer lo tomó desprevenido.
- No, gracias. Voy con ella – el pelinegro señaló a la Mcgarden y apartó su mirada de la fémina, dándole a entender que no estaba interesado en sus indicaciones.
La chica, por su parte, se extrañó ante aquella respuesta. Cuando estuvo dispuesta a decir algo más, el llamativo cliente al que le acababa de hablar avanzó hacía su nueva compañera de trabajo, por lo que decidió no decir más y retirarse.
- ¿Qué haces aquí? – Gajeel pudo observar cómo la sonrisa de Levy desapareció en cuanto él se acercó y, a cambio, en sus mejillas se instaló un sorpresivo y casi imperceptible sonrojo.
- Estamos dando una vuelta – respondió despreocupado con una sonrisa burlona en los labios – Y aproveché para evaluar tu desempeño – dijo al tiempo que le extendía la playera a la pequeña, quien la recibió al instante.
- Ya veo que el tiempo libre te sobra – mencionó Levy mientras escaneaba el código de la prenda.
- Pudiera estar haciendo cosas mejores, pero dado a que Salamander insistió, me tengo que distraer de otra manera – el chico sonrió de nueva cuenta cuando Levy ignoró sus palabras y le dijo el monto a pagar, por lo que palpó los bolsillos de su pantalón y extrajo su cartera para luego sacar una de sus tarjetas, ofreciéndosela a ella sin premura – Por cierto, ¿sabes hacer devoluciones? – preguntó antes de que la chica se dispusiera a procesar el pago. Levy lo observó con una ceja en alto.
- Sí. ¿Por qué? – la peliazul lo observó de forma sospechosa. Recientemente le habían explicado el procedimiento para las devoluciones, pero no le había mencionado a nadie nada al respecto.
- Porque no tengo ni la más mínima idea de qué talla es – Gajeel se carcajeó ante la cara de la chica, llamando la atención de las empleadas cercanas. Levy no fue consciente de lo último, simplemente reprochó al chico con la mirada para luego buscar la etiqueta de la playera.
- Es talla extra grande. No te quedará bien – anunció la peliazul, regresándole la prenda al chico.
- La llevaré igual. Si no me gusta vendré a devolverla, gihee – Levy lo observó detenidamente para saber si bromeaba o no y, pasados varios segundos, decidió procesar el pago.
- Eres extraño, Redfox – fue lo único que mencionó la chica. Seguidamente guardó la playera en un empaque y se la entregó al chico con una sonrisa forzada – Gracias por su compra. Vuelva pronto – Gajeel no pudo evitar volver a reír en voz alta, dado que se estaba divirtiendo más de lo esperado con la incomodidad de sus trabajadoras amigas.
- Nos vemos afuera, Enana – el chico se despidió y se retiró antes de que la amabilidad fingida de la pequeña se esfumara debido al apodo que utilizó. Levy resopló cuando su compañero de clases se retiró para luego notar que tenía un par de miradas curiosas encima, las cuales decidió ignorar.
Observó la hora y deseó que avanzara rápido para alejarse de aquellas chicas lo más pronto posible.
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Juvia suspiró aliviada cuando ella, junto a sus dos amigas, abandonaron la tienda. El día había estado pesado para las tres, pero el mal genio del encargado recayó mayormente sobre la peliazul de largas pestañas.
- ¿Pueden evitar visitarnos mientras trabajamos? – regañó Levy en cuanto se acercaron a un banco cercano, donde se encontraban sentados sus tres amigos.
- Díselo a Natsu – se defendió Gray sin pensarlo dos veces. El pelinegro no deseaba volver a escuchar el disgusto de las chicas por interrumpirlas durante sus labores – No deja de decir que quiere estar con Lucy – el Fullbuster dejó al descubierto a su amigo sin miramientos. Ante aquellas palabras Lucy se sonrojó y sonrió abiertamente.
- Cállate – un sonrojo bastante notorio se apoderó del rostro del Dragneel, quien a pesar de no avergonzarse al expresar cuánto extrañaba a su novia mientras ella no estaba, se apenaba cuando ella estaba presente y clavaba sus orbes miel en él, haciéndole desear comerla a besos – Esta vez hay una razón de por medio – el pelirrosa intentó ignorar la situación por el momento, para no desviarse de su objetivo principal – Quería que estuviéramos todos juntos para proponerles un plan – las palabras de Natsu lograron captar la atención de todos, quienes se mantuvieron en silencio, esperando que el pelirrosa continuara hablando – Este sábado Sting va a hacer lo que él llama "la mejor fiesta del verano" – Levy levantó la ceja ante aquella noticia, pero se mantuvo callada, dejando hablar a su amigo – Se jacta de que sus fiestas son mejores que cualquier otra. Entonces, propongo asistir a la dichosa fiesta, ver qué tiene de especial y después nosotros hacer una fiesta aún mejor en Fairy Tail y trapear el piso con el tonto de Sting – el grupo juraría que en los ojos de Natsu se encendió una llamarada ante los ánimos con los que mencionó aquellas palabras.
- Yo paso – Levy fue la primera en pronunciarse en contra de la idea. Después de todo no se le hacía nada atractivo asistir a una reunión donde Sting sería el anfitrión y Rogue seguramente también estaría presente. En conclusión, no asistiría a un lugar donde estarían dos personas con las que no le era agradable pasar tiempo en esos momentos.
- Vamos, Lev – Natsu se dirigió a la pequeña con voz melosa – Tenemos tiempo sin hacer algo divertido todos juntos – rogó el chico – Además, el grupo parte a su viaje el fin de semana, por lo que el gremio estará vacío y no tendremos nada interesante que hacer – la insistencia de Natsu a veces excedía los niveles de paciencia de sus amigos.
- Yo no tengo problema en ir. Suena bien – aceptó Gray, alegrando de sobremanera a su amigo pelirrosa.
Lucy suspiró, sabiendo que una vez se le hubiera metido aquella idea en la cabeza a su novio sería imposible sacársela. La rubia se entristecía por su amiga, pues tenía en cuenta que no estaría cómoda en aquella situación y no quería obligarla a ir solo para complacer a su novio.
- Gray está animado y Gajeel también – mencionó Natsu con emoción, ignorando la mirada de sorpresa del Redfox, quien no había mencionado nada al respecto como para que lo incluyeran en aquella clasificación – Y ya pensé en todo. Ustedes tres trabajarán el sábado. Entonces al salir nos vamos al lugar de la fiesta y ya que el día siguiente lo tienen libre no habrá ningún problema para descansar – Lucy sonrió después de la explicación. Se notaba que su novio le había dado vueltas al asunto y que, además, se esforzaría por convencerlas.
- Hablemos de eso en otro lugar. Muero de hambre – Lucy intentó desviar la atención por un momento. La idea no le parecía mala, pero se sentía entre la espada y la pared. No sabía si debía apoyar a su mejor amiga o a su novio, por lo que prefirió salir por la tangente.
- Bien, vayamos a comer – Natsu aceptó contento, sabiendo en su interior que lograría convencer a las chicas de asistir a la que se supone sería una fiesta que no olvidarían jamás.
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Durante toda la cena, Natsu se empeñó en convencer a todos de lo fenomenal que era la idea de asistir a la fiesta de Sting con el simple objetivo de luego opacarla con una celebración propia. Tanto así que Gray también se unió al pelirrosa e intentó persuadir a sus indecisas amigas.
La primera en ceder ante la idea fue Juvia, quien se convenció debido a que Gray y Gajeel dijeron que asistirían.
Con el transcurrir de los minutos Lucy aceptó, debido a la insistencia de su novio. La verdad era que pensar en asistir a una fiesta y despejarse de todo le parecía excelente, pero dejar a su mejor amiga de lado era lo que le pesaba.
Por su parte, Levy mantuvo su decisión hasta último momento. No cedería ante la presión ni se dejaría llevar por los demás. Le incomodaba el simple hecho de pensar que estaría en un lugar con otras personas que no le agradaban, a pesar de que sabía que sus amigos estarían a su lado.
Al final, gracias a la intervención de Lucy, Natsu dejó de insistirle a la peliazul sobre el tema, pero en su interior el chico estuvo lejos de quedar conforme. Que Levy no asistiera con ellos le hacía sentir como si la estuvieran dejando de lado, cosa que no le agradaba en lo más mínimo al Dragneel.
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Los días transcurrieron entre estudios y trabajo. Levy cada día se sentía en mejor forma con respecto a su rutina, por lo que su actitud era cada vez más positiva. Excepto cuando llegaba el momento de tener que tratar con algunas de sus compañeras del trabajo.
A la peliazul le invadía el enojo cuando los comentarios punzocortantes en su contra llegaban a sus oídos. No podía creer que se topara con ese tipo de personas de forma tan continua. Estaba en un punto en el que no sabía si ella las atraía o el mundo estaba lleno de personas despreciables.
Ese día en especial las chicas del trabajo la estaban sacando de sus casillas.
Por una parte, sus amigas estaban emocionadas por la fiesta a la que acudirían en la noche, emoción que ella no compartía debido a que no pretendía asistir a aquella celebración. Mientras que, por otro lado, sus compañeras de trabajo habían decidido ser aparentemente amables con ella, pero podía notar sus segundas intenciones a leguas.
- Levy-chan, ¿tienes novio? – una de las jóvenes inició una conversación casual, aprovechando que la tienda se encontraba vacía, ya que estaban por cerrar.
- No – contestó la peliazul sin más, con pocos ánimos de pretender falsa cordialidad.
- Los chicos que vinieron hoy estaban bastante guapos – comentó otra chica, interesada en la próxima respuesta a su siguiente pregunta - ¿Son tus amigos? – la joven se refería a sus tres amigos, los cuales volvieron a pasar ese día por su sitio de trabajo, con el objetivo de recordarles la hora de encuentro para partir juntos a la fiesta y para intentar convencer, una vez más, a la renuente Mcgarden.
- Sí. Estudiamos juntos – la peliazul decidió responder sin dar demasiados detalles.
- ¿Me puedes presentar al pequeño? Está bien guapo – mencionó la primera joven, dueña de una larga y dorada cabellera.
- Tiene novia – Levy declaró con seriedad, aunque debía aceptar que la situación le hacía gracia para sus adentros. Si Lucy supiera que le habían echado el ojo a su novio seguramente habría reaccionado de forma poco decorosa.
- No puede ser – se lamentó la rubia sin disimulo, al tiempo que la otra la interrumpía.
- ¿Y el más alto? – intervino una curiosa castaña, quien había quedado prendada al chico rebelde del grupo desde que lo había visto días atrás.
- Él está soltero – dijo la peliazul, entendiendo que se referían a Gajeel.
- Juraba que ese chico y tú tenían algo – mencionó la rubia, adentrándose en el tema que realmente le interesaba.
- ¿Qué dices? Se nota que Levy no es del estilo de él – alegó la otra, ignorando por completo la presencia de su compañera de castaños ojos.
- Puede que tengas razón. No congenian – la risa chocante de su compañera erizó la piel de la Mcgarden, quién solo optó por sonreír y tragarse las palabras que tenía en mente. Gajeel y ella no congeniaban, tenían razón, pero ella sí era del estilo de él, estaba segura y no podía negar que aquello le subía un poco el ego. Pero no quiso seguir ahondando en esos pensamientos, ya que el recuerdo de su pasado continuaba pesando.
- No creo que se interese en ninguna de ustedes tampoco – optó por decir la peliazul, solo para no quedarse con las ganas. Sonrió abiertamente ante la atenta mirada de ambas chicas, la cuales no parecían nada conformes con aquella afirmación.
- Lev-chan, ya terminamos por hoy – la voz de la Heartfilia llamó la atención de las tres jóvenes en el área de pagos de la tienda. Sin percatarse, ya se había hecho la hora de partir, lo cual no podía alegrar más a la pequeña.
- Todo listo, Lu-chan – la Mcgarden había dejado en orden su lugar de trabajo desde minutos antes, debido a que no había movimiento de clientes y sabía que la hora de salida se acercaba. Echó un último vistazo a la caja, para luego levantarse de su asiento y aproximarse a su mejor amiga.
- Lev-chan – la melosa y burlona voz de la castaña llamó la atención tanto de la Mcgarden como de la Heartifilia – Debido a esa actitud es que estás soltera. Ningún chico se fijará en ti – Levy frunció el ceño ante dichas palabras.
- No solo ese es su problema – manifestó la otra rubia para después reírse un poco, en un intento consciente de provocar a la peliazul.
- Vamos, Lu-chan – Levy sostuvo la mano de su mejor amiga al percatarse de que estaba a punto de decir algo en contra de las otras dos chicas, pero ella prefirió simplemente sonreír ante aquello – Están heridas – Lucy no entendió las palabras de su pequeña amiga, pero se dejó arrastrar sin decir palabra.
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- Que ellas ¿qué? – el grito de Lucy se dejó escuchar por toda la casa. Habían llegado a su hogar desde hacía un par de minutos y se encontraban en la habitación de la rubia junto a la Lockser, mientras Lucy rebuscaba entre su armario la ropa que usaría para la fiesta de esa noche – Debiste decirme antes que tiene la mira puesta en Natsu. Para ponerlas en su lugar desde ya – exclamó la Heartfilia. La rubia no se caracterizaba por ser extremadamente celosa, pero le gustaba que otras chicas conservaran la distancia y si no eran de su entera simpatía su actitud cambiaba drásticamente.
- Sería interesante ver su próximo movimiento – declaró Levy, sintiendo que le daría placer ver el mundo de aquellas dos arder por estarse metiendo donde no las llamaban.
- No se moverán mucho si de verdad intentan algo – amenazó la Heartfilia al tiempo que arrojaba un par de prendas al suelo. Levy y Juvia rieron ante el repentino malhumor de su rubia amiga.
Desde que llegaron estuvieron hablando del tema y dándole vueltas a la repelente actitud de aquellas chicas para con Levy. Cambiaron de tema después de un rato, mientras se turnaban para ducharse y vestirse.
La Mcgarden solo observaba cómo sus dos amigas se arreglaban y, por algunos instantes, deseó unírseles solo para compartir la dicha de verse igual de sensual que ellas.
Al cabo de un par de horas Natsu llegó, ya totalmente arreglado y listo para partir. El chico frunció el ceño al notar que Levy no estaba lista, ni pretendía ir, como ya lo había dejado claro repetidas veces, pero él había hecho caso omiso.
- Esperaremos a que Lev se vista – mencionó el obstinado pelirrosa cuando Lucy anunció que estaban listas.
- No iré, Natsu. Diviértanse ustedes – formuló la peliazul con voz suave y una gran sonrisa, sabiendo que debía ser paciente con su amigo.
- Nunca nos dejas mal. ¿Por qué esta vez sí? – insistió Natsu en un último intento por convencer a su pequeña amiga. Lucy quiso intervenir, pero decidió quedarse al margen, deseando para sus adentros que Levy cediera ante la presión – Vamos, será divertido – reiteró el chico al notar que Levy no supo cómo responder su pregunta – Esta noche será parte de los recuerdos de nuestro último año. No quiero que te quedes fuera – se sinceró el chico. Sentía que todos eran familia para ese momento, por lo que el deseo de permanecer unidos lo impulsaba a ser como era.
- Natsu, yo… - la peliazul se sintió extraña ante aquella declaración. No le gustaba sentirse la aguafiestas del grupo, pero tampoco quería ser motivo de incomodidad durante toda la noche, ya que sabía que querría partir en cuanto llegaran al lugar.
- Sería divertido que Levy-chan nos acompañara – intervino Juvia por primera vez desde que Natsu inició con la idea de asistir a la fiesta – Ir en grupo es agradable – las palabras de Juvia fueron sencillas, pero tuvieron efecto dentro de la Mcgarden.
- Puedes intentarlo, Lev – Lucy estuvo siempre en contra de presionar a su mejor amiga, pero llegado el momento le gustaba más la idea de que fuera con ellos a que se quedara sola en casa toda la noche – Si no te sientes a gusto nos dices – la rubia sonrió al notar cómo su amiga se mordía el labio, clara señal de duda.
- Pasémosla bien juntos – insistió Natsu, una vez más.
- Bien. Ustedes ganan – aseveró la peliazul – Pero deben esperar a que me arregle de forma decente – mencionó la chica, dejando mostrar una pequeña sonrisa. Había cedido ante la presión de sus amigos y solo esperaba que aquella decisión no le explotara en la cara.
- Nosotras te ayudamos – Lucy chocó las palmas de sus manos un par de veces debido a la emoción, para después empujar suavemente a Levy hacia su habitación al tiempo que invitaba a Juvia a seguirlas.
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- ¿Qué haces aquí? – cuestionó Gajeel al notar la presencia de la Mcgarden al llegar al punto de encuentro, a tan solo un par de cuadras de la casa de Sting, el lugar del festejo – Me pareció entender que no vendrías – manifestó con cierta duda.
- Natsu puede llegar a ser bastante persuasivo – fue lo único que alcanzó a decir la pequeña antes de que todos emprendieran camino hacia la dirección que les fue dada. Gajeel quiso decir algo más, pero prefirió callar por los momentos.
En pocos minutos llegaron a la gran casa donde se estaría celebrando la dichosa fiesta.
En cuanto se acercaron ni siquiera fue necesario que tocaran la puerta, pues fueron recibidos por un chico alto y bastante enérgico, quien los invitó a pasar de forma animada.
El lugar tenía un amplio jardín lleno de gente y la casa era imponente, llegando a impresionar a todos con su elegancia.
- No sabía que Sting nadaba en dinero – mencionó Gray sin ocultar la impresión en su rostro.
- Fairy Tail es mejor – mencionó Natsu en un vano intento de desprestigiar el hermoso lugar donde se encontraban. A medida que se adentraban en la casa, Levy podía notar que había mayor cantidad de gente y algunas miradas curiosas recaían en ellos al ser los recién llegados.
Por su parte, Gajeel saludó brevemente a varias personas que se acercaron a él, llamando la atención de su propio grupo.
- Hay gente de Phantom aquí – anunció el pelinegro, posando su rojiza mirada en la Mcgarden, a quien no le gustó para nada escuchar aquellas palabras.
Levy se sintió incómoda inmediatamente, arrepintiéndose de dejarse llevar por sus amigos más rápido de lo que esperaba.
- Hey, chicos. Bienvenidos – Sting apareció de la nada, saludando al grupo de Fairy Tail – Me alegra que vinieran – mencionó el rubio sonriente.
- Está genial este lugar – Gray fue el primero en animarse a hablar. El Fullbuster tenía la ligera sensación de que se divertirían bastante en esa casa, pues todo a su alrededor se veía bastante animado y movido. La música era alta y adecuada para la ocasión. Y más allá de los portales traseros se podía divisar otro amplio jardín, con sillas, mesas y bebidas por doquier.
- Están en su casa. Diviértanse – anunció Sting con cordialidad – Si desean algo en particular pueden decirme – las palabras del Eucliffe pudieron parecer normales, pero después de guiñar el ojo los chicos entendieron que ocultaban otro significado más allá de lo inocente. Luego de aquello, el rubio se dirigió a saludar a otros invitados.
Después de estudiar sus alrededores, Gray no perdió el tiempo e invitó a bailar a Juvia, la cual aceptó gustosa. Por su parte, Natsu decidió buscar algo para beber junto a Gajeel, ya que deseaba empezar la fiesta de forma relajada.
Lucy y Levy observaron el lugar e intercambiaron un par de palabras antes de que los chicos regresaran con cervezas para todos. Hablaron entre ellos un rato, hasta que de un momento a otro se vieron involucrados en un curioso juego de bebidas.
Un grupo cercano los invitó a unirse a un juego donde todos bebían al azar, el cual estuvo bastante divertido para todos mientras duró. Cuando el juego cambió a confesiones sobre sexualidad y retos bastante osados, Levy decidió apartarse, como acostumbraba a hacer en ese tipo de juegos.
La peliazul observó a la lejanía a Gray y Juvia bailar una canción bastante lenta y sensual, por lo que no le sorprendía la cercanía de ambos. Lo que si le sorprendió fueron las manos varoniles del Fullbuster sujetando de manera posesiva las caderas de la peliazul.
De un momento a otro la Mcgarden no pudo evitar entreabrir los labios, debido a la sorpresa que la invadió cuando Gray besó a Juvia de manera apasionada.
Después de ver aquello, Levy buscó con la mirada a Lucy para llamar su atención. Sin embargo, durante el proceso se topó con un par de rostros conocidos. A la lejanía dos chicos la observaban fijamente. No conocía sus nombres, pero los recordaba como sus compañeros de clase en Phantom Lord. Intentó ignorarlos y continuó buscando a su rubia amiga, a la cual visualizó alejándose junto su novio en dirección a la pista de baile. Levy sonrió al pensar que tal vez Lucy se percató de lo sucedido entre la Lockser y Gray y decidió ver de cerca.
Después de unos cuantos segundos, en los que dirigió su atención a lo que sucedía en la pista de baile, devolvió sus pensamientos hacia uno de sus amigos faltante. Observó su alrededor lleno de gente y, con esfuerzo, logró divisar a Gajeel hablando con un pequeño grupo de personas. La peliazul chasqueó la lengua al pensar que seguramente se trataban de más alumnos de Phantom Lord.
Con pocos ánimos, Levy tomó asiento en un lugar apartado, logrando pasar desapercibida para muchos mientras aun podía visualizar a los demás.
Transcurrieron largos minutos y la pequeña empezaba a desear con fuerza estar en su hogar leyendo un buen libro entre sus mullidas cobijas.
- Bu – el susurro repentino en el oído de la peliazul la hizo saltar perceptiblemente debido a la sorpresa – Se nota que te estás divirtiendo – mencionó Gajeel, quien sonreía abiertamente al lograr su objetivo de asustar a la chica.
- Eres un tonto – se quejó la Mcgarden al tiempo que se llevaba una mano a su oreja y un ligero sonrojo se apoderaba de sus mejillas al haber sentido un escalofrió recorrer su espalda, provocado a causa de la voz ronca tan cercana a su oído – Me estaba divirtiendo hasta que llegaste – mintió, agradeciendo para sus adentros que Gajeel le hiciera compañía.
- Me imagino – mencionó con simpleza el chico aun sonriente, mientras tomaba asiento al lado de la peliazul – El ambiente no está tan mal – Gajeel trató de iniciar una conversación en cuanto ambos quedaron en silencio.
- La verdad es que no, pero no me siento cómoda rodeada de gente de Phantom – se sinceró la joven mientras soltaba un suspiro.
- De Phantom solo hay algunos. Los demás son de Sabertooth, el instituto en el que están Sting y Rogue actualmente – explicó el pelinegro – Son algo simpáticos – se refirió a los chicos que los habían invitado a jugar y con los que posteriormente se había quedado solo cuando Natsu y Lucy se fueron a bailar – Por un instante pensé que te habías ido – volvió a hablar el chico, recordando que estuvo varios minutos buscándola con la mirada, hasta que al fin la divisó sola y alejada del grupo.
- Lo pensé – manifestó mientras tenía su vista fija en la pista de baile, sin desear ver a su compañero a los ojos.
- Y, ¿por qué no lo hiciste? – preguntó el pelinegro de manera relajada, sorprendiéndose de que la chica sonriera y mirara hacia el piso de forma avergonzada.
- No lo entenderías – Levy sonrió débilmente, sintiéndose una tonta para sus adentros.
- Ponme a prueba – expresó con interés el Redfox ante el reaccionar de ella.
- Es que… - Levy no sabía cómo exteriorizar lo que pensaba sin que sonara ridículo – Últimamente he visto algunos documentales de desapariciones y asesinatos. Y las personas que parten solas de una fiesta o reunión son un blanco fácil, sobre todo si se trata de chicas jóvenes – apenas terminó de hablar, la risa de Gajeel explotó. Levy apretó los labios y empujó al chico suavemente en señal de molestia – No te burles – reclamó la chica ante la descontrolada risa de él.
- No lo hago – Gajeel intentó detenerse antes de que la pequeña se molestara de forma definitiva – Cuando te quieras ir solo tienes que decirme. Así nos matan a los dos – el pelinegro no pudo contener la risa después de su propio chiste. Por su parte, Levy se sentía como una tonta, pero no pudo negar que las palabras del Redfox le hicieron gracia.
Ambos controlaron su risa cuando una chica se acercó a ellos con una bandeja llena de bebidas, la cual Gajeel rechazó al instante, pero de forma amable. Levy lo observó extrañada cuando la detuvo de tomar un vaso.
- Te aconsejo no probar nada que no te hayas servido tú misma – habló con seriedad el pelinegro una vez se alejó la chica con las bebidas – Ven conmigo – Gajeel se levantó de su lugar ante la atenta mirada castaña. Levy lo imitó sin perder el tiempo y lo siguió hasta la cocina, encontrándose una hermosa y espaciosa estancia en la cual solo había un par de personas - ¿Qué quieres tomar? – el Redfox se acercó a una mesa llena de licores y esperó por la respuesta de su compañera.
- Quiero algo fuerte – la sorpresa en los ojos carmesí después de sus palabras hizo sonreír a la pequeña – Necesito relajarme – volvió a hablar la peliazul. Se había prometido a sí misma no volver a caer ante los efectos del alcohol. Sin embargo, sabía que con unos pocos tragos le sería más fácil desenvolverse en aquel ambiente.
Sin decir nada ante aquella confesión, Gajeel observó detenidamente la amplia gama de opciones en bebidas que tenía a su disposición y optó por la que sabía que haría que la chica arrugara el rostro. Levy permaneció en silencio mientras observaba al chico servir un licor con tonalidad ámbar en dos shots. Cuando este le ofreció el pequeño vaso, lo recibió sin dudar.
- Este lo tomaremos solo – mencionó el chico mientras levantaba el shot en su mano – El segundo lo acompañaremos – Levy asintió sin saber bien a qué se refería con aquellas palabras e imitando al chico, ingirió todo el trago sin dudar. El sabor fuerte del alcohol la tomó desprevenida, sintiendo su garganta caliente de inmediato. Fue entonces cuando unas fuertes ganas de toser la invadieron, pero intentó disimular su malestar - ¿Habías probado antes el tequila? – preguntó el chico mientras volvía a servir contenido dentro de los vasos y, esta vez, buscó por la cocina los dos acompañantes que hacían una excelente combinación con ese tipo de trago.
- No. Y está lejos de ser mi bebida favorita – la pequeña observó con desconfianza a Gajeel mientras cortaba un limón y le untaba un poco de sal – No pretendas que eso lo mejore – el pelinegro sonrió ante las palabras de ella. Sin perder el tiempo, el chico le ofreció a la peliazul un segundo shot y un trozo de limón con una parte cubierta de sal.
- Será más fácil de tomar así – bajo la atenta mirada de Levy, Gajeel lamió la sal que recubría una parte del limón, dejando ver por un par de segundos la pequeña esfera de acero que adornaba su lengua, para luego beber todo el shot de tequila y, posteriormente, morder el limón.
La peliazul lo imitó con algunas dudas, pero después de seguir el paso a paso sintió que el líquido no quemó tanto en su garganta. Aun así, seguía sintiendo que era demasiado fuerte para su gusto.
- Ahora bebamos algo normal – pidió Levy sin estar dispuesta a beber otro trago de tequila.
- Pensé que querías algo fuerte – se burló Gajeel.
- No tan fuerte – Levy también sonrió, para sorpresa del chico. Los tragos de alcohol comenzaban a hacer efecto, por lo que decidió servir para ambos una bebida más suave.
Luego de tener ambos un vaso lleno, se dispusieron a abandonar la cocina. Volvieron a donde estaban todos. Hablaron entre ellos por un largo rato y luego su grupo de amigos se reunió nuevamente, para minutos después volver a desaparecer entre la multitud. Levy sonrió al notar cierta complicidad entre Gray y Juvia, mientras Natsu y Lucy se concentraban en pasar tiempo juntos.
Las horas transcurrieron rápidamente mientras Gajeel y Levy fueron invitados a un nuevo juego de cartas que el grupo de Sabertooth había organizado. La Mcgarden y el pelinegro eran equipo y les estaba yendo bastante bien en las partidas. Levy agradeció que Rogue no se acercara, después de notar que la había estado observando a la distancia desde hacía varios minutos atrás, hasta que Sting lo arrastró a otro lugar.
Gracias a esa distracción, Levy fue la culpable de que perdieran la partida en curso, teniendo ambos que beber como penitencia una cantidad de alcohol bastante grande.
Después de aquello, Levy sintió que era prudente abandonar el juego. La risa en exceso y su lengua trabada eran una clara señal de que estaba en su límite de tolerancia al alcohol.
- Necesito ir al baño – la pequeña le susurró al oído al Redfox, para que este lograra oírla a pesar de la fuerte música – Acompáñame – suplicó cuando su compañero simplemente asintió ante sus anteriores palabras.
- ¿Tan mal estás? – preguntó Gajeel al observarla y notar que la petición había sido verdadera.
- No quiero ir sola – Levy volvió a susurrarle al oído, está vez apegando su cuerpo más de lo necesario. Gajeel hubiera malinterpretado la situación si no la conociera tan bien como lo hacía.
- Después de esto me convertiré en tu mejor amiga – bromeó el chico mientras comenzaba a caminar en búsqueda de un baño. Levy sonrió ampliamente y lo siguió de cerca.
Al pasar por la cocina, ambos vieron algo que los obligó a dar un paso atrás y esconder su presencia. Levy, curiosa, volvió a mirar el interior de la cocina con cautela. En un rincón lejano, se encontraba Sting aprisionando a Rogue contra la pared y devorando sus labios en un beso necesitado.
- Vámonos – sin ánimos de volver a ver aquella escena, Gajeel tomó a la peliazul de la mano y la obligó a partir. Caminaron como si no hubieran visto nada hasta un pasillo donde había varias personas en fila, esperando por entrar al baño – Debes estar bromeando – dijo Gajeel en voz alta al notar que el tiempo de espera iba a ser bastante largo – Esta casa es enorme. Debe haber otro baño – mencionó en voz baja mientras volvía a tomar a la chica de la mano, guiándola en dirección contraria.
- Espera – Levy lo detuvo al notar la puerta de una habitación entreabierta y otra puerta en su interior, lo que seguramente sería otro baño. Sin pensarlo dos veces ambos ingresaron y cerraron la puerta. La peliazul se dirigió con premura hacia la segunda puerta, encontrando un agradable cuarto de baño del otro lado. La joven ingresó mientras que el Redfox se quedó husmeando la habitación, siendo atraído por una hermosa guitarra que reposaba en un mueble cercano – Creo que es la habitación de Sting – mencionó Levy al salir del baño – El estante está lleno de cosas de hombre – dijo la pequeña al tiempo que se acercaba a un escritorio cercano a la puerta del baño.
- Aun no puedo creer la mierda que vi – habló Gajeel en voz alta sin temor a ser escuchado – Que Rogue se haya vuelto marica es algo que no podré asimilar fácilmente – Levy rio al escuchar aquellas palabras.
- Sabía que estaban en algo extraño esos dos – confesó la pequeña, ahora entendiendo que lo que le pareció ver aquella vez dentro de un aula no fue su imaginación – Hace unas semanas los vi en actitudes sospechosas – declaró la peliazul al tiempo que observaba una foto del Eucliffe sobre el escritorio.
- Espero no verlos en actitudes sospechosas más nunca – expresó el pelinegro en tono de broma. La verdad es que no tenía problema con una relación entre hombres, pero que el chico más mujeriego que haya conocido estuviera con otro chico si era algo que lo impresionaba.
- Gajeel, ven a ver esto – las palabras de Levy sacaron al Redfox de sus pensamientos. Tardó un par de segundos en reaccionar, pero rápidamente se aproximó hasta ella - ¿Qué es eso? – Levy señaló un polvo blanco que reposaba dentro de una pequeña bolsa sobre el escritorio, estando apenas algunos restos esparcidos sobre la madera.
- No parece ser nada bueno – declaró Gajeel, sospechando lo que probablemente fuera aquello – Será mejor irnos – anunció el chico, sin ánimos de verse involucrado en algo relacionado con drogas de aquel calibre. Sin embargo, cuando ambos pretendían emprender camino hacia la salida, la puerta se abrió de golpe.
Levy reaccionó rápido al divisar a Sting y Rogue ingresar a la habitación envueltos en un complejo beso. La chica tomó de la mano a Gajeel y lo atrajo hacia la puerta cercana a ambos, ingresando en el baño sin ser notados por los recién llegados.
- ¿Se puede saber qué estás haciendo? – reclamó entre susurros el pelinegro para no ser escuchado. Levy ignoró a su compañero y se atrevió a entreabrir la puerta para poder visualizar lo que estaba sucediendo en el exterior.
La chica pudo notar a Sting en la cama, encima de Rogue, mientras continuaba besándolo con pasión.
- Espera, Sting – tanto Gajeel como Levy pudieron escuchar claramente las palabras del pelinegro a pesar de la distancia – Detente – la voz ronca de Rogue era evidencia suficiente para saber que el chico en realidad no quería que el otro se detuviera.
- Relájate – Sting comenzó a besar el cuello de Rogue bajo la atenta mirada de una peliazul que no estaba siendo notada por ninguno de los dos – Te sentirás bien – volvió a hablar el rubio mientras descendía por el cuerpo de su compañero entre beso y beso.
- Cierra esa puerta – ordenó Gajeel en un susurro firme, con pocas ganas de continuar escuchando a los otros dos. La Mcgarden solo se volvió hacia su compañero y llevó su dedo índice frente a sus labios, en clara señal de que hiciera silencio.
Al devolver la mirada hacia el frente, Levy divisó claramente cómo el rubio desajustó los pantalones del Cheney y palpó por encima de la ropa interior el miembro medianamente erecto de su amigo.
- No, Sting – Levy se sonrojó fuertemente ante las suplicas del pelinegro y el sonoro gemido que vino después cuando Sting liberó el pene erecto de la ropa interior y lo introdujo en su boca sin perder el tiempo.
Sintiendo que era más de lo que podía soportar, la peliazul cerró la puerta del baño con sumo cuidado y se volvió hacia Gajeel, dejándole ver su rostro completamente sonrojado.
- ¿Ya te excitaste lo suficiente? – manifestó el pelinegro de mal humor.
- No estuvo bien ver eso – la peliazul se llevó las manos el rostro, pues la imagen de Sting lamiendo el miembro de Rogue había quedado plasmada en su mente.
- Por supuesto que no. Pareces una enferma – rechistó el chico cuidadoso de no levantar la voz.
- Pareces homofóbico – se defendió la peliazul al tiempo que se cruzaba de brazos.
- No lo soy, pero no significa que me guste estar dentro de un baño donde se puede escuchar claramente cómo suena cuando un tipo le chupa el pene a otro – el mal humor de Gajeel fue en ascenso cuando ambos se quedaron en silencio por algunos segundos y pudieron escuchar tenuemente algunos gemidos masculinos desde el exterior.
- Si fueran dos mujeres seguro te encantaría – refutó la pequeña, cambiando la situación inmediatamente. Gajeel no supo cómo defenderse ante esa lógica, por lo que decidió callar por varios segundos.
- El verdadero problema es que nos metiste en este lugar – expresó el pelinegro, cambiando la dirección de la discusión – ¿Qué crees que pensarán al notar que estamos los dos aquí? Por donde lo veas está mal – las palabras del Redfox hicieron reaccionar a la peliazul. Ella se había movido por puro instinto en un intento de evitar un momento incómodo.
- Después que terminen se irán como si nada – susurró la Mcgarden, sabiendo que estaba siendo demasiado optimista.
- Al terminar seguramente querrán usar el baño – Levy se mordió el labio, reconociendo que esa era la opción más probable – Se darán cuenta de que los estábamos espiando y quedaríamos como unos pervertidos – continuó hablando el chico por lo bajo, para no llamar la atención de quienes estaban concentrados en sí mismos – A no ser que quieras decir que estábamos teniendo sexo desenfrenado en el baño para que no piensen que los espiábamos y luego el rumor se esparza a tal punto que hasta el director de Fairy Tail se entere – las palabras de Gajeel no le gustaron en absoluto a la chica – Que lástima que no podamos decir que estábamos jugando cartas en el baño – el pelinegro dejó de hablar cuando la Mcgarden levantó su mano.
- Para de hablar. Estás diciendo puras tonterías – la pequeña se notaba bastante preocupada, pero estaba dispuesta a remontar la situación en la que se encontraban – Déjame pensar – Levy observó todo a su alrededor y en pocos segundos se topó con la alternativa más obvia, pero menos considerada – Salgamos por la ventana – Gajeel dirigió su vista hacia las dos ventanas que había, ambas bastante pequeñas. Sin decir nada, ambos se acercaron a una de las ventanas y la abrieron.
- Está un poco alto desde aquí, pero puede funcionar – dijo Gajeel, motivado a salir de aquel lugar y dejar atrás los gemidos masculinos – Yo iré primero y te ayudaré a bajar – Levy asintió y observó cómo su compañero comenzaba a salir cuidadosamente por la ventana. Fue bastante incómodo para el chico, ya que tuvo que salir de lado para poder pasar su cuerpo por aquella pequeña ventana, pero lo logró después de varios minutos.
El pelinegro agradeció a una pestaña que sobresalía de la pared. Gracias a eso se pudo acomodar a duras penas antes de saltar hacia el suelo. La distancia entre la ventana y el jardín doblaba su altura, por lo que pudo manejarlo sin demasiado riesgo. Sin embargo, sabía que esa distancia si podría llegar a ser un problema para Levy.
- Sal con cuidado – advirtió el chico desde el piso al notar que Levy estaba atravesando la ventana. Levy logró acomodar su postura en la sobresaliente de la pared, pero se detuvo al notar la altura a la que estaba.
- Es demasiado alto – la chica sintió que sus piernas se paralizaron. En ese instante consideró que su idea no había sido tan buena como creía.
- Te voy a atrapar. No te preocupes – Gajeel intentó animarla a continuar. El chico se sentía capaz de sostenerla en cuanto ella saltara.
- ¿Estás seguro? – la peliazul no podía evitar dudar en ese momento. Era consciente de que su condición física era nula, por lo que no era buena siquiera saltando, mucho menos aterrizando – Creo que puedo bajar poco a poco sujetándome de aquí – la chica intentó agacharse para bajar sus piernas y quedar suspendida con ayuda de la pestaña sobresaliente para que el chico tomara sus piernas. Sin embargo, el espacio era bastante reducido.
- Te vas a caer si haces eso. Salta – advirtió el Redfox previendo la situación, pero para su sorpresa, Levy hizo caso omiso a sus indicaciones. La chica comenzó a moverse lentamente y sacando provecho de su pequeño cuerpo pudo posicionarse de forma ideal para sujetar con sus manos la pestaña y comenzar a descender sus piernas de forma tal que quedaran suspendidas y Gajeel pudiera sujetarlas – Deja de mecerte – demandó el pelinegro al dificultársele sostener las piernas femeninas.
- No aguanto más – las manos de la chica cedieron y se dejó caer de espaldas a lo que ella sentía como un vacío. El Redfox la sujetó, pero un paso en falso hizo que el peso de la chica lo llevara hacia atrás. Gajeel cayó contra el piso, con la espalda de Levy sobre sí. Ambos estallaron a carcajadas en ese preciso instante, liberando la tensión a la que estuvieron sometidos por algunos instantes.
- Maldición, caí sobre algo – mencionó el chico entre risas. Levy se apartó inmediatamente y se sentó a un lado. Gajeel también se sentó, descubriendo que había caído sobre una piedra plana de jardín.
- ¿Estás bien? – Levy se preocupó al notar aquello, por lo que su mirada se volvió seria.
- Estoy bien – el chico le restó importancia al asunto e intentó bromear sobre lo sucedido – Ahora estás más pesada – la peliazul se sonrojó y se levantó de su lugar como un resorte.
- ¿Me estás diciendo gorda? – reclamó la pequeña, llevando automáticamente sus manos hacia sus caderas.
- ¿Gorda? Para nada, Mcgarden – Gajeel sonrió de forma juguetona – Estás como quieres – el chico sonrió abiertamente cuando el sonrojo en la peliazul se tornó violento – Volvamos adentro – volvió a tomar la palabra al notar que ella había quedado muda. Sin decir más, volvieron al interior de la casa, simulando que no había sucedido nada.
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Al ingresar a la casa se reencontraron con sus amigos y después de insistir en repetidas ocasiones, Gajeel logró convencer a Natsu de partir.
Era bastante temprano como para irse de la fiesta, pero la presencia del polvo blanco en la habitación del rubio había sido la suficiente advertencia para salir de aquel lugar, el cual se podría tornar en algo peligroso.
Natsu propuso comprar algunas bebidas y continuar la fiesta en casa de Levy y Lucy, idea a la que los demás accedieron gustosos.
Después de comprar comida y bebidas, al llegar a casa, Levy sintió que la felicidad la invadía. Estar con sus amigos compartiendo era todo lo que podía pedir.
Se instalaron en la sala, colocaron un poco de música y sirvieron las bebidas mientras se sentaban en el piso alrededor de la mesa ratona dispuesta en la estancia. Hablaron por varios minutos, comieron y bromearon, hasta que Natsu llamó la atención de todos.
- Allá me dieron esto – el pelirrosa sacó de su bolsillo lo que a simple vista parecía un cigarrillo. Sin embargo, era más que eso y todos lo supieron.
- ¿Por qué no te deshiciste de eso? – preguntó Lucy, sin darle demasiada importancia al asunto.
- Pensé que estaría interesante probarlo, pero no ahí rodeados de tanta gente – Levy se sorprendió ante las palabras de su amigo. No esperaba que dentro de su grupo se despertara la curiosidad por probar alguna droga, aunque no podía negar que lo había pensado en algunas ocasiones y consideraba que era una experiencia que no quisiera dejar pasar si se presentaba la oportunidad, solo para saciar su curiosidad – No me digan que tienen miedo – Natsu pensó que todos se animarían, por lo que le sorprendió la nula respuesta por parte de sus amigos.
- Eso no lo esperaba de ti, Salamander – habló Gajeel con una sonrisa socarrona. Que su amigo tuviera esas actitudes de pronto le causaba gracia.
- No es algo tan malo – se defendió Natsu, el cual no le estaba dando tantas vueltas al asunto.
- No lo es – secundó sin preocupación el Redfox, no quería que su amigo lo malinterpretara.
- ¿Lo has probado? – la pregunta de Lucy fue para Gajeel.
- Tal vez – el Redfox sintió la mirada de Levy encima, por lo que prefirió no verla en ese momento. En su pasado había hecho y probado muchas cosas, de unas se arrepentía, de otras no.
- Yo también – la declaración de Lucy llamó la atención de todos, incluyendo la de su novio – Fue hace años, en mi época de rebeldía. Lo hice para molestar a mi padre – Lucy sonrió recordando aquel entonces.
- No se diga más. Lo encenderé – Natsu se levantó de su lugar para ir en busca de un encendedor – No me puedo quedar atrás – los demás rieron por su actitud infantil. El chico regresó y lo encendió frente a todos. Natsu en su pasado había llegado a probar únicamente el cigarrillo, por lo que pensaba que aquello no sería tan diferente. Inhaló un poco, notando cómo el interior y el papel alrededor se iban consumiendo. Llenó sus pulmones con el humo y lo dejó salir lentamente mientras se lo ofrecía a su novia.
Lucy sostuvo el supuesto cigarrillo relleno de cannabis e imitó las acciones de su novio, con la única diferencia de que sostuvo por más tiempo el humo en su interior. Gajeel tomó el rollito después de Lucy y ante la mirada atenta de sus demás amigos, hizo lo mismo. Cuando lo pasó, los otros tres dudaron, siendo Juvia la primera en extender su mano.
La Lockser dudó al no saber muy bien qué hacer, pero luego de que Gajeel le explicara lo que debía hacer, se animó a continuar. La peliazul sintió que el humo quemó su garganta y tosió en un intento de deshacerse de esa sensación.
Gray sostuvo el cigarrillo, dispuesto a no quedarse atrás, y siguió las indicaciones dadas. También sintió escozor en la garganta y un sabor fuerte, pero lo pudo tolerar.
La última en intentarlo fue Levy, quién a pesar de sentirse nerviosa, tomó el rollito entre sus dedos con firmeza. La pequeña aspiró con fuerza, sintiendo como el humo recorría su garganta e iba directo a sus pulmones. El sabor y olor no fueron de su agrado, pero aun así no hizo mala cara. Carraspeó un poco antes de pasarle el objeto nuevamente a su amigo pelirrosa.
Aquel cigarrillo alcanzó para tres rondas entre todos. Poco a poco una sensación de relajación se instaló en ellos y una risa tonta surgía de vez en vez cuando alguien decía algo medianamente gracioso. Los efectos no fueron tan fuertes como pensaron, pero asumieron que se debía a que compartieron poca cantidad con su poca experiencia de cómo hacerlo.
- Entonces a Levy se le ocurrió halarme hacia el baño y encerrarnos ahí – todos se estaban riendo mientras Gajeel contaba parte de la historia vivida esa noche – Lo peor fue que comenzó a espiarlos y se escuchaba todo claramente – continuó relatando el Redfox para después beber el contenido del vaso que le fue asignado.
- No lo puedo creer – Lucy se sentía afortunada de estar escuchando el que parecía ser el mejor chisme de su vida.
- Yo tampoco – mencionó Natsu un poco consternado ante la noticia sobre su amigo. Nunca se hubiera imaginado aquello.
- Si al caso vamos, los dos están guapos – volvió a tomar la palabra Lucy – Así que pudo ser una escena bastante sensual – las sonrisas de las tres chicas presentes se agrandaron, al tiempo que los chicos las observaban de forma desagradable.
- Y así fue – comentó Levy con su rostro sonrojado – Aunque luego sentí que invadí su privacidad – se lamentó la chica, no pudiendo evitar sentirse culpable.
- Claro, después que viste todo – reclamó Gajeel – Muy tarde para sentir culpa, Enana. Viste una porno en vivo – bromeó el chico. Los demás rieron ante el comentario.
- Lev, si viste todo puedes decirnos algo – la sonrisa de Lucy demostraba picardía - ¿Rogue está bien dotado? – los chicos pusieron los ojos en blanco ante la pregunta de la rubia, mientras que Juvia y Levy se sonrojaron. Incluso Lucy tenía un sonrojo sutil en sus mejillas después de mencionar aquellas palabras.
- Luce, nosotros no queremos saber eso – se quejó Natsu para evitar que la pequeña chica hablara.
- Natsu tiene razón – intervino Gray, apoyando a su amigo – Nadie quiere saber eso – al Fullbuster se le hacía desagradable la imagen solo de imaginársela.
- No. No lo está – respondió Levy rápidamente a pesar de las quejas de sus amigos. Las tres amigas rieron mientras que los chicos volvieron a revirar los ojos.
- Excelente. Ahora cada vez que vea a Rogue recordaré que lo tiene pequeño. Gracias por el dato innecesario – mencionó Gajeel mientras bebía un gran sorbo de su trago.
- Que alguien le diga a Levy que los tamaños que ve en los videos porno no son reales – alegó Gray, en un intento de no establecerle un tamaño al pene de Rogue en su mente, sino sufriría el mismo efecto que Gajeel.
- Eso lo sé – se defendió la pequeña. Levy había hecho el comentario desde su experiencia, por lo que quiso defender su punto, pero decidió que era más inteligente callar antes de comprometerse con sus palabras. Solo se limitó a morderse el labio inferior y permanecer en silencio. Gajeel detalló aquel simple gesto, el cual no pudo evitar parecerle sumamente sensual. Pero en cuanto apareció ese pensamiento en su cabeza se reprochó internamente, negándose a pensar así de su amiga nuevamente.
- ¿Será que estás acomplejado? – contraatacó Lucy con una sonrisa malévola ante las palabras de Gray.
- Mi tamaño no es algo me angustie – respondió Gray con naturalidad, sabiendo que si reaccionaba más allá de eso podrían ponerse en su contra y comenzar las bromas.
- Ya basta. No quiero conocer tu tamaño tampoco – intervino Natsu, con deseos de dejar de pensar en el pene de sus amigos.
- Todo concluye en que Gajeel prefirió lanzarse por la ventana a continuar en ese lugar – relató Levy, sin desear que los ánimos del momento cambiaran.
- Cualquiera hubiera elegido esa opción – dijo Natsu entre risas. Bromearon un poco más sobre el tema para luego empezar otros relatos de lo sucedido en la fiesta, como que Natsu se molestó cuando a Lucy se le acercó otro hombre mientras bailaban o cómo Juvia perdía en todos los juegos en los que participó.
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Con el transcurrir de las horas, el amanecer se acercaba y el sueño se iba haciendo presente en cada uno, por lo que decidieron establecer el orden para dormir. Natsu dormiría con Lucy, por lo que no habría problema. Juvia dormiría con Levy, mientras que Gajeel y Gray tendrían que dormir en los muebles de la sala.
Lucy acomodó el lugar, mientras Levy buscaba algunas sabanas y almohadas para que sus invitados durmieran más cómodos.
Cuando todo estuvo listo, se despidieron y cada uno tomó lugar donde correspondía, quedando completamente dormidos en pocos minutos.
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Levy se despertó al sentir la garganta seca. Con pocos ánimos buscó su móvil y al divisar la hora se percató de que dentro de poco sería mediodía. Había dormido bastante bien, a pesar de tener compañía en su cama.
La Mcgarden deseó dormir un poco más, pero la necesidad de agua era más fuerte. Se levantó con pesadez y se dirigió a la cocina. Una vez ahí tomó dos vasos de agua sin pensarlo demasiado.
La pequeña chica se sirvió un último vaso de agua y, cuando estuvo dispuesta a partir de vuelta a su habitación, divisó algo que llamó su atención. Gajeel estaba sentado en el mueble palpando su espalda.
La Mcgarden se acercó sigilosa hacia él.
- ¿Te duele mucho? – preguntó en voz baja, sin querer despertar a Gray, quien estaba durmiendo profundamente en el otro sofá cercano.
- Me está molestando un poco. No es nada – manifestó el pelinegro sin darle demasiada importancia al caso. En cambio, Levy no parecía conforme con esa respuesta. Sabía que el chico se había lastimado cuando cayeron y en parte se sentía responsable por ello.
- Déjame ver – la peliazul se sentó a su lado y esperó a que el chico le diera la espalda para poder revisarla. Sin embargo, Gajeel no se movió ni un centímetro.
- Estoy bien – insistió el chico, sin ganas de parecer un desvalido – En serio – intentó convencer a la Mcgarden, la cual empezaba a verlo de mala gana.
- Te digo que me dejes ver – reiteró impaciente la pequeña, mientras tomaba entre sus manos la camisa del pelinegro y la subía para dejar al descubierto parte de su espalda – Redfox – la expresión de sorpresa y preocupación de la chica hizo que el chico se alertara.
- ¿Tengo algo? – preguntó intentando disimular se propia preocupación.
- Se ve bastante mal – expresó con sinceridad la peliazul, tratando de describir el escandaloso aspecto del gran hematoma que tenía su compañero – ¿Te duele aquí? – Levy comenzó a palpar la zona con precaución, buscando asegurarse de que solo fuera un golpe y no algo más grave.
- Es soportable – manifestó el chico, intentando concentrarse en el dolor y no en los dedos de la Mcgarden recorriendo parte de su espalda.
- Espera aquí – anunció en un susurro antes de levantarse del sillón y caminar a paso acelerado hacia su habitación. Al cabo de unos minutos la pequeña volvió, ante la expectante mirada carmesí – Esto adormecerá la zona – el pelinegro visualizó lo que parecía ser un gel frio dentro de un envase redondo – Acuéstate – ordenó la chica, la cual al notar la mirada desconfiada de su compañero lo obligó a recostarse de nuevo sobre el sillón, empujándolo suavemente con sus pequeñas manos.
- Hazlo con cuidado – advirtió el Redfox. El golpe le dolía más de lo que estaba dispuesto a aceptar, por lo que prefirió lanzar una pequeña advertencia.
Por su parte, Levy asintió mientras abría el envase lleno de gel y tomaba un poco con sus dedos. Delicadamente untó el producto en la piel bronceada de su compañero y aplicó cierta presión, empezando a masajear la zona suavemente.
Gajeel se negaba a hacer gesto alguno, pero le dolía y le gustaba al mismo tiempo. Las manos de la peliazul se sentían bien sobre su piel, excepto cuando ejercía más presión de la necesaria y hacía que el dolor nublara las agradables sensaciones que el contacto provocaba. El Redfox admitió para sus adentros que aquella era la combinación perfecta para mantener sus pensamientos bajo control y no dejarse llevar por una situación fácilmente mal interpretable.
Por su parte, a pesar de ser ajena a las sensaciones que estaba provocando en Gajeel, la peliazul estaba viviendo su propio duelo interno. La chica quiso ayudar a su amigo, sintiéndose responsable de aquella herida, pero sus buenas intenciones la llevaron a un punto en el que empezaba a dudar de sí misma y de sus propios pensamientos, los cuales comenzaban a salirse de control.
Volver a tocar a Gajeel libremente estaba despertando algo en ella que no reconocía. Recorrer con sus manos la piel del pelinegro una vez más la hizo recordar todas las veces que sujetó con fuerza aquella amplia espalda, llegando a arañarla y estrujarla a voluntad cuando el placer llegaba a ser tan fuerte que nublaba su raciocinio por completo.
La pequeña reconoció para sí que acariciar la espalda masculina le estaba resultando placentero, por lo que decidió prolongar su masaje y se atrevió a extender el área más allá del moretón. Sus dedos se deslizaban con facilidad gracias al gel, logrando acariciar de forma rápida la amplia espalda y llegando a sentir toda su forma y musculatura.
- Gajeel – el susurro ronco de la chica llamó la atención del pelinegro, sacándolo de sus propios pensamientos y poniéndolo alerta - ¿Se siente bien? – se atrevió a preguntar la Mcgarden, sin saber qué tipo de respuesta esperar, pero deseando para sus adentros una afirmación que mantuviera su regocijo.
- Me duele – declaró Gajeel con sinceridad a medias. La verdad era que aquel masaje se sentía bien, demasiado bien, y no quería que ella se detuviera. Pero de seguir así la situación se podría salir de control en cualquier momento y era lo que menos deseaba. Debía controlarse para conservar la relación de amistad que actualmente compartía con su compañera de clases. Por esa razón respondió de forma imprecisa, sin dar detalles específicos.
- Intenta descansar un poco más – dijo Levy, deteniendo sus movimientos luego de escucharlo hablar – Espera que seque antes de colocar la camisa en su lugar – indicó la chica antes de levantarse de su sitio una vez más.
- Gracias, Mcgarden – agradeció el pelinegro sin moverse de su sitio, por lo que no pudo visualizar el sonrojado rostro de su compañera.
- Nos vemos más tarde – fue lo único que mencionó la joven antes de volver a su habitación. Rápidamente volvió al lado de Juvia y se envolvió con las sabanas por completo, intentando huir de sus propios pensamientos.
La Mcgarden deseó volver a quedarse dormida mientras hacia su mayor esfuerzo por ignorar la sensación que la piel de Gajeel había provocado en sus manos.
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Extrañamente, con el pasar de los días la relación entre Gajeel y Levy mejoró notoriamente. Hablaban con normalidad, bromeaban, se escribían de vez en vez y no les era incómodo quedarse a solas. Parecía ser que ambos decidieron ignorar lo que había sucedido la mañana siguiente después de la fiesta de Sting y la normalidad predominaba en su relación.
La peliazul se esforzó por no pensar demasiado las cosas y no llevarlas a otro nivel. La pequeña admitió que desde la fiesta de Sting se sentía aún más cercana a su grupo de amigos.
Esa noche habían dejado de ser chicos correctos y compartieron sin prejuicios. Y ella se sentía a gusto con ese tipo de experiencias.
Por otro lado, Gajeel había percibido que su nivel de complicidad con la peliazul había aumentado desde entonces. Bromeaban cada tanto sobre su aventura saltando por una ventana y sobre el romance de los dos chicos que espiaron por accidente. Además, el pelinegro notaba que desde aquel suceso Levy no parecía tan tensa ante la presencia de Rogue durante algunos almuerzos grupales.
Ambos se sentían a gusto en esos momentos. Nada era complicado, no había segundas intenciones de por medio y estaban siendo ellos mismos.
De esa forma los días volaron y el curso de ingreso a la universidad se acercaba a su fin. Los educadores impartieron conocimientos sin miramientos, haciendo que los últimos días fueran los más intensos y, al mismo tiempo, los más productivos.
Al culminar el último día de curso, todos se sintieron preparados para arrasar con el examen de ingreso, el cual daría lugar un día antes de iniciar el nuevo periodo escolar. Mientras tanto, tenían exactamente cinco días de descanso antes de enfrentar el temido examen por el que tanto se habían esforzado esos últimos meses. El pelirrosa del grupo rebosaba de felicidad al sentirse libre de estudios intensos, por lo menos algunos días. Sin embargo, su felicidad no era completa, ya que su novia y sus amigas continuaban trabajando en la tienda de ropa.
Las chicas continuaban esforzándose para recibir el que sería su último pago. Se sentían satisfechas de haber podido lograr su cometido y ahorrar gran parte de sus ganancias.
El trabajo en la tienda no había sido sencillo, pero tampoco fue impedimento para realizar sus otros deberes.
Aquel día fueron a trabajar las tres jóvenes, como normalmente hacían después de acabar el curso. Por una parte, Levy se sentía a gusto en el trabajo desde que entabló amistad con Beth, su pequeña compañera de grandes ojos y cabello con tonalidades naranja. La chica le resultaba bastante simpática y se llevaron bien en cuanto comenzaron a hablar más seguido. De esa forma la idea de ir a trabajar se volvió más llevadera y soportable para la peliazul.
El día en el trabajo transcurrió con normalidad. A mitad de la jornada, las tres chicas se dirigieron hacia el encargado de la tienda para dejarle saber que esa sería su última semana en el trabajo, ya que las vacaciones de verano terminarían y volverían al instituto nuevamente. El hombre recibió la noticia con una sonrisa y les habló sobre su último pago y la fecha del mismo.
Juvia se sintió feliz al escuchar las noticias de su último pago. La peliazul se sentía orgullosa de haber logrado trabajar con éxito y conseguir su propio dinero, aunque las cosas en casa no estuvieran tan bien como ella quería demostrar ante los demás. Su tía discutía a diario por su ausencia prolongada en casa y la falta de atención ante algunas exigencias fuera de lugar.
La Lockser intentaba colaborar en todo lo que pudiera. Sin embargo, la mayor no quedaba conforme en ningún momento. Y la situación empeoró cuando esta descubrió que su sobrina estaba en una especie de relación, la cual nunca fue confirmada por la Lockser.
Juvia intentaba hacer a un lado los constantes problemas que atrajo a su hogar el hecho de volverse la novia de Gray. Su tía los había visto despedirse en la entrada y un único y tímido beso desató la ira de la mujer.
Aun así, aquella situación no le robaba la felicidad a la peliazul de por fin haber logrado dar el gran paso con Gray.
La noche de fiesta donde Sting se habían dejado llevar y se besaron sin pensar. Desde entonces los besos y algunas caricias se intensificaron, pero no fue sino hasta un par de semanas después que Gray decidió proponerle una relación formal, como era debido.
Todos se enteraron sobre su relación a los pocos días y la celebración en el gremio no se hizo esperar. Ese mismo día comenzaron los arreglos para obtener su propia marca de Fairy Tail, junto a Gajeel. Por lo que la Lockser no se podía sentir más feliz en esa etapa de su vida.
- Antes de marcharte necesito que pases por mi oficina – el encargado de la tienda se dirigió a la Lockser, la cual había estado perdida en sus pensamientos hasta ese momento. Juvia asintió tímidamente, para luego percatarse de que ya habían comenzado a cerrar la tienda.
Sin perder el tiempo, la peliazul realizó los deberes que le correspondían al finalizar cada jornada y les anunció a sus amigas que las alcanzaría luego de hablar con el encargado. Levy y Lucy salieron de la tienda para encontrarse con sus amigos, los cuales estaban esperándolas para ir a cenar, como de costumbre.
- Siento la demora – mencionó Juvia una vez el encargado de la tienda le abrió la puerta del despacho. Cuando estaba con el hombre, la peliazul se esforzaba por no hablar de la forma característica a la que estaba acostumbrada, ya que el mayor le llamaba la atención cada tanto por esa razón.
- No te preocupes. Entra – el hombre regordete se hizo a un lado para dejar pasar a la Lockser y luego cerró la puerta a sus espaldas – Toma asiento – Juvia asintió y se sentó en uno de los sillones dispuestos en el medio de la habitación. El encargado tomó asiento frente a la chica en otro sillón, con una sonrisa en los labios – No te voy a quitar demasiado tiempo – habló el hombre, teniendo la entera atención de la peliazul – Me gusta tu trabajo y me parece que tienes la imagen perfecta para la tienda – ante tales palabras los azules ojos de la chica se abrieron con sorpresa y un sonrojo invadió su rostro – Quisiera ofrecerte un nuevo cargo. Aunque claro, con ello también tendrás más responsabilidades – el mayor sonrió amablemente al notar el asombro de su joven empleada. Por su parte, Juvia no sabía qué responder al respecto. El hombre le estaba ofreciendo una oportunidad que posiblemente la ayudaría a independizarse, pero no estaba segura de si aquello se acoplaría a su vida de estudiante – Si necesitas un poco de flexibilidad solo tienes que decírmelo – a Juvia le pareció que el hombre había leído su mente.
- Muchas gracias por el ofrecimiento – manifestó la peliazul, aun sin estar segura de la decisión que debía tomar – Yo… - la chica intentó decir algo, pero el encargado se levantó de donde estaba y se sentó al lado de ella mientras la silenciaba con sus palabras.
- Puedes tenerme confianza – Juvia sonrió tímidamente – Puedes escalar alto si hablas conmigo – la chica se tensó cuando el hombre acarició un mechón de su azulino cabello. Comenzaba a no sentirse tan cómoda con la repentina cercanía que había impuesto el mayor – Utiliza tu boca y conseguirás lo que quieras – la sonrisa del hombre se acrecentó al saberse entendido. Juvia sintió que se paralizaba cuando el encargado deslizó la mano sutilmente desde su hombro hasta su mano, acariciándola.
- C-Creo que se ha e-equivocado – la peliazul se levantó de su asiento como un resorte cuando el mayor posó la mano en una de sus piernas. Un insistente temblor invadió sus extremidades y su corazón comenzó a latir desbocado, dándole paso al miedo.
- Tus deberes serán sencillos – insistió el hombre, también levantándose – Complacerme no es tan complicado – Juvia se alejó cuando el mayor quiso aproximarse a ella – No temas. Te puedo asegurar que también te gustará – manifestó el hombre en un intento de tranquilizar a la chica, pero esta se volvió a alejar.
- No deseo ninguna de las cosas que está insinuando – declaró la ojiazul, haciendo su mayor esfuerzo para parecer firme. La joven cerró sus puños con fuerza, en un intento de controlar los temblores y decidida se dirigió hacia la puerta, la cual no cedió cuando intentó abrirla. En ese momento la joven sintió que el aire abandonaba sus pulmones, entendiendo que la puerta estaba asegurada con llave – Déjeme salir – articuló con dificultad mientras volvía la mirada hacia el hombre, notando como este se aproximaba a ella con una sonrisa.
- Te daré tiempo para que lo pienses – el hombre se relamió los labios al estar frente a ella y luego disfrutó de los ojos cristalizados de esta cuando sujetó con una mano, de forma posesiva, el trasero femenino – Que suerte que en esta área no haya cámaras – susurró el hombre bastante cerca de su oído. Juvia se quedó totalmente estática, sin saber cómo reaccionar, hasta que el mayor abrió la puerta.
Sin perder ni un segundo, la ojiazul salió de la oficina como alma que lleva el diablo.
La Lockser caminó a paso rápido hasta salir de la tienda, sintiendo que le faltaba el aire e intentando contener las lágrimas que se acumulaban en sus ojos.
Se sentía frustrada, molesta, asqueada y temerosa. Un cúmulo de emociones se comenzaron a instalar en su pecho, provocando que se le dificultara aún más respirar.
- Hey, tardaste bastante – la voz de Gajeel hizo temblar de sorpresa a la peliazul, quien no se había percatado de la presencia del pelinegro al salir de la tienda. La chica se esforzó en sonreír mientras continuaban caminando, sin poder sostener la mirada de su amigo. Gajeel ignoró la extraña actitud de su, de por sí, extraña amiga – Natsu convenció a Gray de ir a una tienda cercana – relató el pelinegro de forma relajada mientras caminaba lentamente junto a la peliazul. Juvia mantuvo la mirada baja, sin lograr concentrarse en las palabras del pelinegro – Lucy y la enana fueron al baño a refrescarse. También están tardando – mencionó el Redfox al percatarse de que los minutos transcurrían y las otras dos chicas aún no volvían al que se suponía era el punto de encuentro - ¿Qué quería el viejo? – preguntó Gajeel, en busca de conversar un poco con su amiga mientras continuaban caminando con lentitud hacia un destino no definido. Sin embargo, al no recibir respuesta alguna, el chico frunció el ceño. Fue en ese momento que el pelinegro detalló a la cabizbaja chica - ¿Qué te sucede? – cuestionó un poco extrañado. Tampoco obtuvo respuesta en esa ocasión – Lockser – Gajeel detuvo sus pasos y la sujetó del brazo para que ella también se detuviera. Fue hasta entonces que la chica levantó la mirada y sus azules y cristalizados ojos hicieron contacto con los carmesí de su amigo - ¿Qué ocurre? – insistió el Redfox, sin poder ignorar la mirada de aflicción que tenía la peliazul.
- Todo está bien – Juvia sonrió débilmente al pronunciar aquellas palabras, pero una lagrima traicionera los sorprendió a ambos. La sonrisa de la chica desapareció inmediatamente y una expresión de dolor se apoderó de su rostro. Los sollozos no se hicieron esperar cuando la Lockser rompió en llanto y Gajeel se paralizó ante la repentina escena.
- Mierda – el chico maldijo su mala suerte de volver a estar presente cuando una de sus amigas comenzaba a llorar sin razón aparente – Todo estará bien – atinó a decir para calmar a la peliazul cuando algunas personas que pasaban cerca se percataron del llanto de la chica. Los fuertes sollozos de la joven comenzaron a llamar la atención de todos los transeúntes, por lo que el Redfox no tuvo más remedio que acercarse y abrazarla luego de percatarse de que las palmaditas en la espalda no estaban siendo efectivas para tranquilizarla – Respira – le susurró el chico de cerca al sentir los sollozos ahogados de la ojiazul. Él conocía a su amiga, era sentimental, pero no lloraba por cualquier razón – Tranquila - intentó tranquilizarla al notar que la chica lo abrazaba con fuerza mientras continuaba sollozando con el rostro enterrado en su pecho, incapaz de controlarse. Gajeel sabía que por el momento no obtendría ninguna explicación sobre aquel repentino llanto, así que decidió mantenerse sereno e ignorar las miradas curiosas de las personas que transitaban por el lugar.
Transcurrieron un par de minutos cuando una voz conocida se hizo escuchar.
- ¿Qué ocurre? – preguntó Gray con cara de pocos amigos al presenciar el abrazo entre aquellos dos. Juvia tembló entre los brazos de Gajeel al reconocer la voz del Fullbuster. La chica no quería que su novio la viera en esas condiciones, por lo que reforzó el abrazo, buscando que Gajeel no se separara de ella.
- ¿Está todo bien? – esta vez la pregunta provino de Lucy, quien acababa de llegar junto a su pequeña amiga y le había llamado la atención la escena frente a sus ojos.
- No me pregunten. No tengo idea – Gajeel se apresuró a hablar antes de que sus amigos sacaran conclusiones erróneas, como parecía ser el caso de cierto ojiazul.
- ¿Se siente mal? – preguntó Natsu, curioso también de lo que estaba sucediendo.
- No creo que llore por gusto – respondió con ironía el Redfox. Sentía que la chica se había calmado, pero estaba seguro de que no se movía porque no estaba preparada para darle la cara a todos.
- Juvia, ¿estás bien? – Levy se acercó a ambos exalumnos de Phantom Lord y le susurró a la chica, quien asintió lentamente, aun con el rostro enterrado en el pecho del muchacho - ¿Quieres ir al baño a lavarte el rostro? – habló con suavidad la pequeña peliazul, al tiempo que posaba una mano en el hombro de su nueva amiga, haciéndole saber que estaba ahí. La Lockser volvió a asentir lentamente y, con la mirada baja, se separó poco a poco del Redfox.
Lucy se aproximó rápidamente hacia sus amigas y, entre ella y la Mcgarden, guiaron a la chica de largas pestañas hacia el baño.
Mientras tanto, la tensión se sentía entre los dos pelinegros presentes. A Gray no le hacía ninguna gracia la cercanía que siempre tenían Juvia y Gajeel.
- ¿Por qué estaba llorando? – terminó por preguntar el Fullbuster, intentando dejar de lado la escena de la cual había sido testigo. Después de todo le preocupaba más la situación de su chica.
- No tengo idea – contestó con sinceridad Gajeel – Comenzó a llorar de repente – el pelinegro repasó en su mente lo sucedido. La chica había actuado rara desde que salió de la tienda, pero desconocía totalmente cuál era la causa de todo aquello.
- Esperemos a que las chicas regresen – recomendó Natsu, también preocupado por su amiga. Los tres chicos esperaron impacientes mientras las jóvenes dentro del baño intentaban que la ojiazul recobrara la compostura luego de que rompiera en llanto por segunda vez al relatarles lo que había sucedido.
Lucy y Levy la abrazaron con fuerza, sin poder creer lo que acababan de escuchar. Las dos chicas sintieron que compartían los mismos sentimientos de la peliazul, solidarizándose con ella e intentando transmitirle un poco de fuerzas ante lo que acababa de vivir.
Tanto la Mcgarden como la Heartfilia sintieron cómo la indignación las invadía, seguras de que Juvia también experimentaba el mismo sentimiento, y llegando a desear lo peor para aquel asqueroso hombre que había intentado manchar la inocencia de su amiga.
- Tienes que denunciarlo – habló Lucy cuando la Lockser se tranquilizó lo suficiente como para entablar una conversación.
- No – Juvia no pudo evitar negarse. No le gustaba verse involucrada en ese tipo de revuelos ni le gustaba ser el centro de atención – Nadie le va a creer a Juvia. No hay pruebas de nada – manifestó la chica con la mirada fija en algún punto del piso.
- Hablemos con todos. Encontraremos una solución – intervino Levy, siendo consciente de que la Lockser tenía un punto. Si no había pruebas, difícilmente las autoridades tomarían en serio el caso y todo sería en vano.
- No, por favor – Juvia no deseaba que sus amigos se enteraran y mucho menos Gray.
- Tienes que decirles – volvió a hablar Levy – Vieron como estabas. Lo más seguro es que estén preocupados – la peliazul estaba intentando hacer razonar a su amiga al tiempo que intentaba comprender sus sentires. No era fácil cargar con ese tipo de situación y ella muy bien lo sabía.
La Mcgarden hizo presión en el puente de su nariz, buscando despejarse de los horribles recuerdos de cuando algo similar le sucedió a ella, los cuales invadieron su mente en cuestión de segundos.
- No puedo – la voz de Juvia se quebró sin que pudiera evitarlo. No quería que sus amigos se compadecieran de ella. No quería causar lastima, ni que los chicos se enojaran por lo sucedido. Además, tenía miedo de que Gray la repudiara por dejarse tocar por otro hombre.
- Nosotras te ayudaremos – Lucy tomó la palabra, evitando que las lágrimas volvieran a surgir de los azules ojos de su amiga – No te dejaremos sola – la rubia abrazó nuevamente a la frágil chica, en busca de transmitirle un poco de valor. Sin perder el tiempo, Levy se unió al abrazo. Estaban para apoyarse las unas a las otras y ese tipo de situación solo lograba fortalecer sus lazos.
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- ¿Estás seguro que no fue algo que le dijiste? – cuestionó el pelirrosa a Gajeel por enésima vez.
- Que no – sentenció el Redfox, al punto de desear golpear a su amigo. Había transcurrido casi media hora y las chicas aun no daban señales – Solo le dirigí dos palabras antes de que empezara a llorar – replicó el chico de piercings, defendiendo su inocencia.
Mientras tanto, Gray escuchaba en silencio a sus dos amigos. El Fullbuster se había calmado y estaba concentrado con su vista fija en la entrada a los baños de mujeres, esperando que su novia se asomara en cualquier momento.
- Apuesto a que le dijiste que está más gorda – insistió el Dragneel con un rostro bastante serio. Gajeel, por su parte, se llevó una mano a la sien, haciendo presión en esta para así relajarse un poco y recordar que debía fomentar su autocontrol ante las ocurrencias de su amigo.
- Juvia no está gorda – intervino Gray por primera vez, contradiciendo al pelirrosa.
- Tampoco le dije eso – destacó el pelinegro. Estaba seguro de que él no había sido el causante de aquellas lágrimas. Tendría que tener muy mala suerte para serlo y no darse cuenta de que había dañado a su inocente amiga.
- Tal vez se lo insinuaste – Natsu no se daba por vencido – Cualquier chica llora cuando le dices gorda – explicó el chico simulando ser un intelectual. Ambos pelinegros se vieron a los ojos por algunos segundos.
- Me parece que si le dices eso a Lucy te golpearía en lugar de llorar – rebatió el ojiazul. A pesar de que su rostro demostraba seriedad, en su voz se podía notar un rastro de gracia al hablar.
- Te puedo hacer una demostración cuando quieras – habló Natsu en tono desafiante, sintiendo su sangre arder cuando Gajeel se carcajeó sin tapujos.
- Me gustaría ver eso – desafió el Redfox, casi viendo aproximarse una tragedia a causa de Natsu y sus ocurrencias. Gray también rio por varios segundos, hasta que notó que las chicas por fin se aproximaban hacia ellos. Sin perder el tiempo se acercó a Juvia. La peliazul se encontraba cabizbaja y era poseedora del sonrojo más violento de la historia.
- Vayamos a un lugar tranquilo – propuso Lucy una vez estuvieron todos juntos.
Los chicos observaban a Juvia con insistencia. Estaba claro que tenían preguntas y aquel no era el mejor lugar para hablar. Después de una breve deliberación, decidieron ir a un café cercano, el cual tenía mesas al aire libre y estarían lo suficientemente cómodos y bien atendidos para una charla amena.
Gray sostuvo la mano de su novia en completo silencio mientras caminaban hacia el lugar elegido. No quería incordiarla con preguntas, aunque deseara respuestas. Juvia sonrió débilmente al sentir el contacto de su pareja. Sintió su mano hormiguear y su corazón latir con fuerza, a pesar de los temores que la estaban atacando.
En pocos minutos llegaron al lugar acordado. Luego de ser recibidos se sentaron en el rincón más vacío de todo el lugar, en una hermosa y cómoda mesa con una vista digna de admirar. Luego de ordenar algunas bebidas, todos se observaron entre sí.
- ¿Es que ninguna va a decir nada? – Gajeel fue el primero en hablar, en un intento de romper con la tensión que se había apoderado del ambiente.
- Si Juvia está embarazada lo entenderemos y la apoyaremos – Natsu aprovechó de intervenir, un tanto ansioso por saber aquello que aún no decían.
- No seas tonto – regañó Lucy a su novio. Sin embargo, no pudieron evitar reír al ver la expresión de Gray.
- Ustedes no toman nada con seriedad – recriminó Levy, a pesar de también ser culpable y haberse reído junto a sus amigos – Ahora bien. No le demos más largas al asunto – puntualizó la pequeña, volviendo a retomar su seriedad anterior - ¿Les quieres contar tú? – la Mcgarden se dirigió a Juvia, quien no tardó en negar con la cabeza tímidamente. Levy suspiró ante la negativa de su amiga, sintiendo que no le sorprendía demasiado. Después de todo no era algo sencillo de hablar, pero debía hablarse – Juvia hoy recibió una propuesta de trabajo en la tienda – mencionó la pequeña peliazul, sin saber muy bien cómo abordar el tema. Los chicos miraron con curiosidad a la Lockser, sin entender qué estaba mal en aquella noticia – La situación es que el encargado quería algo más de ella. Invadió su espacio personal y la tocó sin su consentimiento – Juvia se hundió entre sus hombros, deseando desaparecer después de escuchar las palabras de su amiga relatando de forma decorosa lo que le había sucedido. La peliazul de largas pestañas temía la reacción de Gray y de sus amigos. Temblaba de solo pensar que no le creerían o que la rechazarían por ello.
- Me tienes que estar jodiendo – Gajeel no daba crédito a lo que acababa de escuchar, sintiendo su sangre arder.
- Juvia, ¿qué te hizo ese cabrón? – Gray no se preocupó por disimular su enojo. Se imaginó lo peor en cuestión de segundos, sintiendo la verdadera preocupación invadir cada parte de su ser violentamente - ¿Estás bien? –
- Juvia está bien – se apresuró en responder la peliazul, al reconocer la inquietud en la voz de Gray – Él manoseó el trasero de Juvia antes de salir la oficina – la chica se esforzó por pronunciar aquellas palabras por segunda vez en el día. Sabía que aquella situación pudo haberse desarrollado en un evento peor, pero aun así sentía que lo que sucedió fue suficiente para sacudir su interior. Su mente y su cuerpo eran víctimas de una intranquilidad que difícilmente podía describir.
- Esto no va a quedar así – todos se sorprendieron ante el tono serio y enojado que empleó Natsu al hablar – Nadie se va a meter contigo a la ligera y salir ileso – el pelirrosa si dirigió a Juvia sin dudas en su voz. Él podría ser reconocido por no darle importancia a muchas cosas y tomar con poca seriedad los temas complicados, pero si algo no toleraba era que lastimaran a sus seres queridos.
- Estoy de acuerdo con Salamander – respaldó Gajeel, deseando hacer pagar al imbécil que se sobrepasó con su amiga.
- Alto ahí – intervino Lucy, sabiendo la dirección que estaba tomando la situación – Nada de violencia. Tenemos que buscar una solución adecuada – manifestó la rubia, sintiendo que podían estudiar distintas alternativas antes de tomarse la justicia por su propia mano.
- No me pidas que me quede de brazos cruzados – la seriedad de Natsu volvió a sorprender a todos, sobre todo al notar que no se dirigió a su novia de forma tonta o con mimos – En estos casos la ley no actúa de forma justa – Gajeel asintió ante aquella afirmación, sintiéndose extraño al concordar con Natsu por las buenas.
- Juvia no desea que se metan en problemas – la peliazul tomó la palabra, en busca de calmar los ánimos de sus amigos y de su novio, ya que, aunque Gray no había dicho absolutamente nada y solo la había tomado de la mano con firmeza, se pudo percatar de que su otro puño se encontraba cerrado con fuerza y su mandíbula tensa, lo cual era un claro indicio de que algo oscuro se estaba desatando en su interior.
- No haremos nada – manifestó Gray con parsimonia. Las palabras del chico no fueron del agrado del pelirrosa y cuando este quiso reclamar, el Fullbuster volvió a hablar con firmeza – Lo importante es que estás bien. Ahora solo necesitas dejar de pensar en eso – Gray se dirigió a Juvia al tiempo que acariciaba su azulino cabello y plantaba un beso su frente, haciéndola sonrojar fácilmente.
- Es justo lo que necesita Juvia en estos momentos – habló Levy cuando notó que Gajeel y Natsu estaban por refutar – Distraerse le sentará bien – la peliazul era consciente de que seguir hablando sobre el tema podía lastimar a la susceptible Lockser, por lo que prefería volver a tocar el tema en otro momento.
Aunque Levy deseara que el encargado de la tienda pagara por lo que había hecho, no podía estar de acuerdo con una solución llena de violencia y rencor. Además, ya se sentía más tranquila al saber que Gray apoyaría a su amiga en esos momentos. Juvia no estaba sola, como ella lo estuvo en el pasado, y ese simple hecho la aliviaba en demasía. Nadie merecía pasar por aquello en silencio y mucho menos sin alguien en quien apoyarse.
Levy hubiera deseado que su amiga no pasara por algo así, pero sabía que no había mucho que hacer. Tristemente ese tipo de cosas sucedían y eran más comunes de lo que podía imaginar y de lo que quería creer. No quería que ninguna otra viviera aquello, pero debía afrontar la cruel realidad.
En esos momentos la Mcgarden se sentía como una hermana mayor protegiendo y apoyando a su pequeña hermana.
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Después de lo sucedido, Juvia les insistió a sus amigos que no hicieran un revuelo por ello e incentivó a sus dos amigas a continuar trabajando como si nada hubiera sucedido. La Lockser dejó de asistir al trabajo, pero no deseaba que les descontaran los últimos días a sus amigas también, después de haberse esforzado tanto.
Natsu se negó a que Lucy volviera a aquel lugar, pero la rubia tomó la decisión de presentarse con el único objetivo de encontrar las pruebas necesarias para demostrar que el encargado era un abusador.
Levy y Lucy continuaron asistiendo al trabajo de mala gana, sin aun poder creer lo que aquel hombre había hecho. Luego de haber dialogado con Mira sobre la situación, en busca de un consejo más neutral sobre cómo accionar en ese caso, llegaron a la conclusión de que no había mucho por hacer. Mientras estaban trabajando habían confirmado que, efectivamente, no había cámaras cercanas al despacho del encargado.
Por otra parte, bien sabían que el hombre era respetado por todos y tenía fama de ser una persona cortés y educada, por lo que tampoco podían sacar provecho de una mala reputación.
No tenían demasiadas opciones para inclinarse por lo legal y aquello las frustraba de sobremanera. Al mismo tiempo, los días transcurrían y ambas podían notar que los chicos de su grupo estaban mostrando ciertas actitudes extrañas.
Juvia no podía estar más agradecida con sus amigos y su novio, el cuál había tomado una actitud de ensueño desde que ocurrió aquel fatídico evento, todo lo contrario a lo que ella había imaginado en su momento.
Gray había sido atento, comprensivo y cariñoso sin sobrepasar los límites. El chico la escuchaba sin juzgarla, la apoyaba y permanecía a su lado casi todo el tiempo. Aun así, la Lockser también se había percatado de algunas reuniones sospechosas entre su novio y sus amigos cuando estaban en el gremio, pero le restó importancia, pues el tema ya estaba zanjado y cierta normalidad había vuelto a su vida.
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El último día de trabajo de las chicas llegó y, con ello, la liberación total.
Lucy y Levy estuvieron más que felices de haber terminado en aquella tienda, la cual comenzó siendo un lugar agradable y terminó como el lugar al que no volverían nunca más.
Las jóvenes recibieron su ultimo pago, incluida Juvia, y decidieron celebrar en una reunión de solo chicas. Lucy, Mira, Levy y Juvia asistieron a un hermoso café y hablaron por largo rato. Mientras las horas transcurrían, el sol caía y daba comienzo a un espléndido atardecer digno de admirar.
Al terminar su pequeña reunión, decidieron partir al gremio antes de que anocheciera por completo. Lucy y Mira se dispusieron a ir al baño antes de emprender camino, mientras Levy y Juvia conversaban animadamente. La Mcgarden se sentía más tranquila después de corroborar que su amiga se encontraba mejor mentalmente. Había recibido apoyo por parte de todos y sabía que ello había sido fundamental para que la ojiazul saliera adelante. Los días anteriores no habían sido sencillos, pero sin duda comenzaban a mejorar.
- Hola Juvia – la voz de un hombre interrumpió la conversación de ambas chicas. La mencionada se volvió hacia la persona que había pronunciado su nombre, encontrándose de frente a un rubio que bien conocía.
- Metalicana-san – habló Levy estupefacta al reconocer al padre de Gajeel.
- ¿Levy? – el mayor se sorprendió al apenas notar a la chica, sin haberse percatado antes de su presencia. Una sonrisa se dibujó en los labios de Levy y, sin poder evitarlo, se acercó al hombre con emoción y lo abrazó fugazmente.
- ¿Cómo ha estado? – la alegría de ver al mayor sano y salvo, después de haber creído que había partido de este mundo, era mayor que la vergüenza.
- Bastante bien – respondió el Redfox mayor, alegre ante la efusividad de la pequeña chica. Por su parte, Juvia permaneció a un lado sin intervenir, con una sonrisa en los labios al presenciar el inesperado reencuentro - ¿Y tú? ¿Cómo has estado? – preguntó de vuelta el ojiazul, interesado también en la amiga de su hijo – No te reconocí. Estás radiante – halagó el hombre, haciendo sonrojar un poco más a la pequeña peliazul.
- Muchas gracias – agradeció el halago antes de continuar – Todo ha estado excelente – respondió a la pregunta anterior con una gran sonrisa en los labios – Me alegra verlo bien – la chica continuaba sorprendida y alegre de encontrarse con Metalicana. En el poco tiempo que interactuó con él había crecido un gran aprecio que no se había desvanecido con el pasar del tiempo.
- Lo mismo digo – mencionó el hombre de ojos azul eléctrico – Me enteré por Juvia que estás estudiando con Gajeel – comentó Metalicana, al tiempo que alzaba la vista hacia la otra peliazul que había permanecido en silencio. Levy también la observó, extrañada de escuchar aquello, pero no le dio demasiada importancia a aquel detalle – Eres bienvenida de venir a casa cuando quieras. Hay mucho de qué hablar – convidó gustoso el ojiazul al saber que Levy era una excelente compañera para conversar sobre runas y expediciones.
- Me encantaría – Levy no pudo evitar aceptar al imaginarse las vivencias que el hombre le relataría. Haber conocido a Metalicana había sido fundamental para decidirse por una carrera en específica, la filología, la cual se proponía a estudiar en Mavis si todo iba de acuerdo al plan.
- Tengo varias cosas que podrían ser de tu interés, si aún mantienes tu gusto por las runas – el rubio no podía olvidar la emoción desbordante de los castaños ojos de la pequeña amiga de su hijo cuando le enseñó su oficina repleta de runas y antigüedades capaz de maravillar solo a un selecto grupo de personas.
- Cada día me interesa más el tema – recalcó Levy para dejar en claro que sus gustos no habían cambiado en absoluto – Pienso estudiar sobre ello. Serían de mucha ayuda sus investigaciones y hallazgos – para ese punto Lucy y Mira habían regresado del baño y observaban curiosas al hombre con el que se encontraba hablando su amiga.
- No se diga más. Hablaré con Gajeel para que se encargue de avisarme cuando estés libre – la alegría en las maduras facciones del atractivo Redfox era notoria.
- Podemos intercambiar números – propuso Levy al tiempo que buscaba su celular dentro de su bolso – Esperar por Gajeel puede llegar a ser algo tardío – bromeó la peliazul con una sonrisa en los labios. Por su parte, Metalicana correspondió a la sonrisa de la joven, estando de acuerdo con sus palabras. El mayor imitó a la Mcgarden y buscó su móvil. En cuestión de segundos ambos tuvieron el número del otro agregado en sus contactos.
- No les quito más tiempo entonces – mencionó Metalicana al notar al trío de chicas que se encontraban cerca observándolos fijamente – Fue un placer encontrarme contigo después de tanto tiempo. Espero vernos pronto – se despidió el rubio amablemente, pero antes de empezar a andar se volvió hacia las otras jóvenes – Hasta luego chicas – después de sonreírles con una mano en alto, el Redfox partió del lugar.
- ¿Quién es esa persona? – preguntó Lucy, aun sin apartar su mirada de la amplia espalda del hombre que se alejaba cada vez más.
- Metalicana Redfox. El padre de Gajeel– respondió Levy con una sonrisa aun en sus labios. Haber hablado con el mayor la había puesto de muy buen humor.
- ¿Cómo es que eres tan cercana al padre de Gajeel? – volvió a preguntar Lucy, un tanto extrañada por la actitud de su amiga y de aquel hombre.
- Me ayudó una vez en un trabajo y me cayó bastante bien – mintió la peliazul. No quería darles ningún detalle a sus amigas de cómo fue que conoció al Redfox mayor.
- ¿En un trabajo? – insistió la rubia solo por curiosidad, sin percatarse del creciente nerviosismo que su pregunta desató en el interior de su mejor amiga.
- Un profesor me asignó a Gajeel como pareja para un trabajo. Así fue como los conocí a ambos – manifestó la Mcgarden, sin evitar tartamudear al final de su oración. Juvia pudo notar el movimiento nervioso de las manos de su nueva amiga. La Lockser sabía muy bien que así no habían sucedido las cosas con la familia Redfox, por lo que entendió que Levy no quisiera adentrarse en los hechos del pasado.
- Metalicana-san es una gran persona. Siempre es bastante amable con Juvia – intervino la Lockser, en busca de distraer la atención de Lucy. Levy agradeció la intervención de la chica, dándole tiempo de respirar y recobrar la compostura.
- Ya entiendo de dónde salió Gajeel tan llamativo – esta vez fue Mira quien tomó la palabra – Ese hombre es guapísimo – un grácil sonrojo se apoderó de las cuatro chicas, al estar todas de acuerdo con esa afirmación – Lo que no entiendo es una cosa – Mira se volvió hacia Levy y la observó con seriedad, haciendo que la pequeña peliazul se tensara nuevamente - ¿Quieres ser nuera o madrastra? – la risa escandalosa de Lucy se dejó escuchar ante tal pregunta.
Levy se paralizó hasta que entendió a lo que se refería su peliblanca amiga. Juvia no pudo evitar sonreír a causa del sonrojo que predominó en el rostro de la Mcgarden.
- Ninguna de las dos – dijo Levy de manera tajante, al tiempo que le daba la espalda a su amiga en señal de indignación ante el cuestionamiento anterior.
- ¿Estás segura? – insistió Mirajane con una sonrisa juguetona en los labios. Levy comenzó a caminar, dejando claro que no respondería la nueva pregunta – Yo te apoyo en cualquiera de las dos opciones – continuó bromeando la peliblanca al tiempo que comenzaba a caminar detrás de su pequeña amiga. Lucy y Juvia siguieron a las otras dos con una sonrisa divertida dibujada en los labios.
- Si Kana se entera de esto se te va a adelantar, Lev-chan – Lucy se rio a expensas de la Mcgarden, sabiendo que aquello la irritaría, pero no quería desaprovechar la oportunidad de bromear un poco.
- Que lo haga. A mí no me importa – respondió Levy sin intenciones de mostrar algún tipo de molestia de la cual sus amigas se pudieran aprovechar para continuar bromeando.
- ¿Se imaginan a Kana como madrastra de Gajeel? – todas rieron sin pudor ante tal cuestionamiento por parte de Mira. Entre risas y bromas, las cuatro se dirigieron hacia el gremio, al encuentro de todos sus amigos.
Una vez en el gremio contaron los acontecimientos del día y presenciaron la seriedad de Gajeel al hacer mención de su padre junto a otros comentarios, acompañado del fuerte sonrojo de Levy, que dejaba en evidencia lo avergonzada que se encontraba en ese momento. Aun así, la pequeña agradecía para sus adentros que Lucy no continuara preguntando por su pasado, por lo que cierto alivio recorrió su cuerpo muy a pesar de las bromas de varios de sus amigos.
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Los últimos días pasaron con velocidad, llegando el momento más esperado para el grupo de Fairy Tail.
El examen de ingreso a Mavis había dado inicio y el nerviosismo invadía el cuerpo de todos y cada uno de los estudiantes que se encontraban sentados frente al cuestionario que decidiría su futuro.
Respirando profundo, Levy se dedicó a iniciar, dejando fluir sus conocimientos y tratando de controlar los nervios y la tensión del momento. Les deseó suerte mentalmente a todos sus amigos para luego centrar toda su atención en aquellas hojas frente a sí.
Transcurrieron las horas y la fatiga, tanto física como mental, comenzó a hacerse presente. Tuvieron un pequeño descanso antes de continuar con la parte final del examen. Todos querían acabar, pues ya casi habían dejado todo de sí plasmado en aquella prueba.
La campana que anunciaba el final del examen fue acompañada por varios suspiros. Todos levantaron sus lápices por orden de los moderadores y esperaron que les retirasen las hojas donde todo se encontraba resuelto.
Poco después se les indicó que podían abandonar el establecimiento.
Levy se reencontró con sus amigos en pocos minutos y partieron del lugar entre suspiros de alivio y comentarios sobre lo que acababan de vivir.
La peliazul no había estado tan tensa y sentido tanta presión en mucho tiempo, por lo que agradeció que todo hubiera terminado y por fin tuviera tiempo para descansar como era debido, intentando no pensar en los futuros resultados del examen de ingreso.
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El gremio había organizado una pequeña fiesta para celebrar que los chicos por fin habían terminado la prueba de ingreso.
Al llegar al gremio se encontraron con un ambiente totalmente animado y lleno de vida, lo cual hizo que se relajaran por completo. Natsu fue el primero en comenzar el festejo, sosteniendo una cerveza que le fue entregada apenas entraron y brindó por haber llegado hasta ese momento tan anhelado, la culminación del intenso estudio.
- Las manos me sudaron durante todo el examen – mencionó Gajeel una vez todos se encontraban sentados tranquilamente mientras conversaban sobre sus experiencias.
- Juvia sentía el estómago revuelto – confesó la peliazul de largas pestañas – Por un momento sentí que iba a vomitar – declaró la chica, tratando de dejar atrás ese recuerdo nada grato.
- Yo sentí que todo se me había olvidado – manifestó Natsu, sin perder la sonrisa que tenía instalada desde que salió de la prueba – Pero a medida que fui leyendo todo volvió a mí – el chico se sentía bastante orgulloso de aquello – Aunque hubo varias preguntas que no sabía, así que puse una opción al azar – parte del grupo rio ante aquella declaración.
- Yo también estuve en blanco por un momento – confesó Lucy, sintiéndose identificada con su novio – La tensión en ese lugar no era normal – la Heartfilia bebió un poco de su cerveza, buscando despejarse.
- A mí los nervios no me alteran – intervino Gray, orgulloso de su desempeño – Lo frustrante era cuando leía una pregunta sobre algo de lo que jamás había escuchado – Natsu asintió, concordando con su amigo.
- Creo que a todos nos fue bien. Las sesiones de estudio fueron productivas – mencionó Levy con una sonrisa – Ahora podemos relajarnos un poco – los alaridos de Natsu no se hicieron esperar después de escuchar aquello.
- Por fin llegó el momento de divertirse – el pelirrosa vociferó en voz alta, haciendo que los demás miembros del gremio escucharan y se animaran al igual que él.
La fiesta apenas daba inicio. Se reagruparon y comenzaron los juegos, los retos y el baile. Habían decidido divertirse a lo grande y no desperdiciarían ni un instante.
Levy se entretuvo con un juego de cartas que había aprendido junto a Gajeel en la fiesta de Sting. Ambos hacían un buen equipo, pero la racha terminó cuando intercambiaron de parejas. La peliazul comenzó a perder cuando su compañero regordete empezó a confundir las cartas.
Gajeel se reía de manera peculiar cada vez que sus contrincantes perdían y debían beber un shot de licor como penitencia. Que Levy perdiera no le hacía tanta gracia como que lo hiciera por culpa del "tonto" de Droy.
- Eres un inútil – Gajeel se levantó de su asiento al haber ganado por tercera vez consecutiva. Entonces decidió no continuar con el juego al notar que la peliazul comenzaba a alcoholizarse más de la cuenta.
- Ustedes hicieron trampa – acusó Droy a Gajeel y a Laxus como medida desesperada para no sentirse culpable de todas las derrotas que tuvieron Levy y él.
- Sí, claro. Como digas – el Redfox le restó importancia a las palabras del robusto chico y se acercó a Levy, lo suficiente para susurrarle algo al oído y hacer alterar los nervios de Droy ante tal cercanía – Acompáñame a bailar – invitó el pelinegro en un susurro, sin deseos de que los demás supieran de su propuesta, en caso de ser rechazado.
Por su parte, la peliazul se sonrojó al sentir el cálido aliento de su amigo chocar contra su oreja. Sin embargo, no le molestó la cercanía ni la invitación. Levy últimamente se había sentido bastante cómoda con la cercanía del Redfox y era consciente de ello, pero no le estaba dando la importancia suficiente a aquel hecho. Quería dejar que todo fluyera y permanecer relajada era su plan inicial. No dejaría que pensamientos innecesarios invadieran su mente, ni que las preocupaciones o el nerviosismo se apoderaran de ella. La Mcgarden solo se limitó a asentir con una sonrisa y se levantó de su lugar, ignorando el llamado de Droy, quien seguramente quería evitar que se fuera con el Redfox.
En cuanto empezó a caminar, Levy sintió cómo la mano de Gajeel se posó en su espalda, guiándola hacia la pista de baile improvisada. Y aquello no la molestó ni la extrañó en absoluto.
A esas alturas ya no era ninguna novedad que el Redfox fuera su pareja de baile durante algunas celebraciones en el gremio. Ambos se adaptaban bastante bien al estilo del otro y a los distintos géneros musicales, haciendo que bailar fuera bastante entretenido y ameno.
Cuando se trataba de canciones lentas, Gajeel conservaba la distancia, se enfocaba en hacer contacto con las manos de su amiga y evitaba tocar su cuerpo de manera prolongada. De esa forma mantenía alejados los pensamientos intrusivos e innecesarios. Aprendió a disfrutar de la compañía de Levy sin ser invadido por recuerdos desagradables y eso lo mantenía tranquilo.
La peliazul disfrutaba de bailar con su amigo en ese momento. La canción era animada y de vez en cuando comentaban una que otra cosa que les hacía gracia, por lo que podían reír y bailar al mismo tiempo. Por ese instante todo quedaba a un lado. Lo negativo, las preocupaciones, la ansiedad por el futuro. Todo quedaba en segundo plano por varios minutos y eso era agradable para ambos. La paz del momento era indescriptible, hasta que los pasos cesaban y algunas verdades volvían a pesar.
Poco a poco la noche fue cayendo y las actividades durante la celebración fueron variando. Para ese momento ya la mayoría tenía un grado de alcohol bastante elevado recorriendo sus cuerpos, por lo que estaban más relajados y desinhibidos que de costumbre.
Un pequeño grupo se integró en un juego de preguntas y retos y, poco a poco, fueron llamando a los demás para que unieran. Gajeel y Levy abandonaron la pista de baile cuando fueron solicitados para formar parte del juego que habían iniciado sus amigos.
- Como Gajeel y Levy se acaban de integrar, las preguntas serán para ellos – habló Elfman, quien parecía ser uno de los organizadores de dicho juego – Si no quieren responder tienen que beber dos shots enteros – les explicó el peliblanco bastante animado. Levy se sentía un poco desconfiada, pues usualmente no se integraba en este tipo de juegos donde predominaban preguntas y retos sexuales. Por su parte, a Gajeel le daba totalmente igual participar o no. Estaba acostumbrado a esa clase de juegos, sabiendo que los más alocados en los que participó fueron estando en Phantom Lord.
- Muy bien. Empiezo yo – intervino Mirajane, otra de las organizadoras del dichoso juego – Pregunta para Levy – la peliazul se tensó en cuanto mencionaron su nombre y la Strauss lo notó. Mira sabía de sobra que a Levy no le gustaban ese tipo de juegos y eran muy pocos los detalles íntimos que habían alcanzado a sacarle en esa clase de dinámica - ¿Con quién tendrías algo? ¿Con Gajeel o con su padre? – Levy atravesó con la mirada a Mira debido a la pregunta. A su vez la peliblanco y los demás se encontraban riendo sin miramientos, a excepción de Gajeel.
- Con ninguno – respondió a secas la Mcgarden, con cara de pocos amigos y sin querer voltear a ver al pelinegro que estaba a su lado.
- Tienes que elegir a uno o beber – sentenció la Strauss, sin darle otra alternativa a su pequeña amiga. Sin decir nada más, Levy bebió lo que se le fue impuesto sin respirar – Muy bien – mencionó satisfecha la moderadora al mando – Ahora es turno de Gajeel – el Redfox tenía un rostro serio, al no encontrar entretenido que ahora bromearan con Levy y su padre, lo cual, solo de pensar en la posibilidad, le daba asco y rabia al mismo tiempo - ¿Cuántas relaciones serias has tenido a lo largo de tu vida? – preguntó con curiosidad la hermosa chica, ya que conocían muy pocos detalles de la vida privada de Gajeel. Así que era el momento ideal para integrarlo más al grupo y descubrir su pasado.
- Ninguna – el Redfox tardó en responder, pero finalmente lo hizo con total sinceridad. No podía definir ninguna de las relaciones en las que estuvo como algo serio, mucho menos si se trataba de la relación con Levy. Si bien había sido la que más lo marcó hasta el momento, estaba lejos de haber sido algo oficial.
- ¿Cómo así? ¿Por lo menos has tenido alguna relación? – volvió a preguntar Mira, sin sentir saciada su curiosidad.
- Pensé que era una sola pregunta – dijo Gajeel con tranquilidad, sin ganas de dar detalles de su vida privada. Necesitaba más alcohol del que tenía para dar rienda suelta a su lengua. Mirajane chasqueó la lengua, decidiendo esperar a la próxima ronda para sacarle la verdad al chico nuevo.
- Está bien – cedió la peliblanco para continuar con el juego – Es turno de Juvia – la Lockser, quien había estado como una simple observadora, se vio involucrada de sorpresa - ¿Has tenido algo con alguien antes de Gray? – Mirajane parecía tener preparadas las preguntas para cada quién. Era por esa razón que la dejaban ser la que guiara ese tipo de juegos, la audacia de la chica la hacía perfecta para tomar desprevenido a cualquiera.
- J-Juvia no… - el nerviosismo se apoderó de la chica. Mira clavó su mirada azulina en la de la Lockser. Si esta mentía ella lo sabría y Juvia lo presintió – Estuve con alguien hace un tiempo – la peliazul se resignó a confesar, ya que sabía que el silencio traería más consecuencias que la verdad. Juvia cerró los ojos al sentir la mirada de todos encima de ella. Definitivamente no era la respuesta que la mayoría esperaba.
Gray fue el más sorprendido de todos. Siempre había dado por hecho que era el primero en la vida de Juvia debido a su inocencia y por eso nunca habían ahondado en dichos temas. Pero saber que no lo era le causó gran desconcierto.
- Ahora el turno es de Erza – continuó Mira, intentado disimular su sorpresa. Por eso le encantaban ese tipo de juegos, ya que era común descubrir cosas que nunca se hubieran imaginado.
- No tienes que decir nada que no quieras – susurró Gajeel al oído de Juvia, aprovechando que la tenía a un lado y que la atención de la mayoría se había desviado. Aquel movimiento fue notado por Gray y por Levy, quienes, a pesar de la cercanía, no pudieron escuchar las palabras del chico. Aquella complicidad entre los ex alumnos de Phantom Lord no le gustó para nada al Fullbuster.
- Está bien – respondió de vuelta la peliazul, en forma de susurro – Es tiempo de dejar ir aquello – Juvia se refirió a sus vivencias del pasado.
- Debe ser una decisión tuya. A tu paso, no al paso de los demás – los susurros continuaron por parte de Gajeel. Él tenía conocimiento de la relación a la que Juvia se refería, por lo que le preocupaba que la chica se precipitara al contar aquella experiencia y terminara saliendo herida.
- Así será – Juvia se volvió hacia su amigo, agradecida por sus palabras – Gajeel no tiene de qué preocuparse – susurró la peliazul antes de que la risa colectiva del grupo acallara su voz. La pregunta hacia Erza había sido respondida por la misma y ellos no se habían enterado por estar en su mundo ignorando a los demás.
- Volvemos con Kana – anunció la Strauss sonriente, al estarse divirtiendo con las respuestas de sus amigos - ¿El mejor sexo que has tenido ha sido con alguien mayor o con alguien contemporáneo contigo? – preguntó sin pudor alguno la chica.
- Con alguien mayor – respondió con una sonrisa pícara la castaña. No tenía problemas con dar detalles de su vida sexual, siempre y cuando se sintiera en confianza con los presentes.
- Con viagra cualquiera lo logra – bromeó Natsu, quien permanecía como espectador, al igual que su novia. Ninguno tenía interés de ingresar al juego en esa ocasión y se lo habían hecho saber a Mira.
- Le puedo decir que te dé un poco, para que tú también lo logres – contraatacó Kana. Luego estalló en carcajadas a causa de su propio chiste y al ver la reacción de su amigo pelirrosa.
- Está bien. Está bien. Continuemos – Mira chocó sus palmas para devolver la atención de todos hacia ella – Es turno de Levy nuevamente, si más nadie quiere participar – el silencio fue rotundo. Todos estaban disfrutando de escuchar a los nuevos y a los que menos participaban, por lo que no estaban dispuestos a interrumpir – Vamos a subir el nivel. Esta vez será verdad o reto – anunció las nuevas reglas – Si no quieren decir la verdad, pueden elegir el reto y viceversa. En caso de no querer cumplir con ninguno deberán tomar un vaso grande – a Levy no le gustó lo que estaba escuchando. Mirajane traía algo entre manos y lo sabía – Lev-chan, deberás contarnos tu peor experiencia en Phantom Lord o dejar que alguien te dé un beso, sin tú saber quién será – la sonrisa de Mira lo decía todo.
Levy siempre contó muy por encima sus vivencias en Phantom Lord, enfatizando que quería olvidar esa etapa de su vida. Por lo que nadie sabía a ciencia cierta lo que experimentó en ese lugar. La peliblanco estaba intentado descubrir algo nuevo y no lo lograría.
- Dame el vaso grande – una sonrisa retadora se dibujó en los labios de la Mcgarden. No dejaría que su amiga mayor se saliera con la suya. Tampoco estaba dispuesta a dejar que cualquiera tocara sus labios, mucho menos sin saber con quién iba a hacer algo tan íntimo como lo era compartir un beso.
- Si así lo quieres… - Mira se encargó de rellenar el vaso, mucho más grande que el shot, pero no lo suficiente como para llegar a ser un vaso de tamaño regular, sabiendo que esta sería la última ronda de la Mcgarden, puesto que no toleraría ese grado de alcohol por más rondas.
Levy aguantó la respiración una vez más y en tres grandes sorbos dejó el vaso completamente vacío. Gajeel, Juvia y Lucy veían con preocupación a la pequeña, quien no pudo evitar arrugar la cara al pasar el último sorbo.
- Levy es una Vikinga y no lo sabíamos – bromeó Mira al ver que la chica se tomó todo el licor que le fue servido sin chistar – Ahora veamos qué tal lo haces tú, Gajeel – la mirada rojiza chocó con la azulina de la chica. El Redfox estaba preparado para escuchar cualquier disparate – Queremos que nos digas si te gusta Levy o tendrás que lamer dos dedos de su pequeña mano – Levy miró fijamente a su amiga, sorprendida con sus palabras.
- Será otro vaso para mí, Strauss – Gajeel debía aceptar que lo había puesto entre la espada y la pared. No estaba dispuesto a aceptar o desmentir lo primero ante todos los presentes y sabía que Levy no sentiría a gusto con lo segundo, así que tomó la decisión correcta. Le fue servido su vaso sin arrepentimientos y procedió beberlo a paso rápido, sintiendo cómo el licor quemaba su garganta, pero permaneciendo sereno en el exterior.
- Hoy la gente está aburrida – abucheó la peliblanco – Veamos si tú nos sorprendes, Juvia – antes de que pudiera continuar, Juvia intervino.
- Juvia prefiere retirarse – habló con decisión la chica – Tomaré igual que mis compañeros y me retiraré – sentenció sin dejar opción a réplicas. No estaba dispuesta a decir otra cosa que la comprometiera después de notar la seriedad con la que su novio la observaba y muchos menos quería tener contacto directo con alguien que no fuera él. Aun se sentía incómoda con el contacto físico, sin poder evitar rememorar lo sucedido con el encargado de la tienda.
- Está bien – Mira notó tan decidida a la Lockser que no se sintió en el derecho de contradecirla. Llenó otro vaso de licor y se lo acercó a su amiga. Juvia lo bebió de forma pausada, pero se le terminó por completo.
- Yo también me retiro – anunció Erza, en un intento de que no le preguntaran más por Jellal y de evitar hacer algo vergonzoso de lo que después se arrepentiría.
- Siempre supe que te acobardarías – retó Mirajane, pero al no ver reacción por parte de Erza simplemente suspiró y procedió a servirle otro vaso de licor mientras sus compañeros abucheaban al notar que ya ninguna quería seguir con el juego y que la diversión estaba por acabarse.
- ¿Tú también te retiras? – la Strauss se adelantó y se dirigió a Kana sin ningún tacto.
- Para nada. Estoy preparada. Adelante – una sonrisa creció en los labios de la peliblanco ante tal disposición.
- Entonces, Kana… - Mira estudió bien sus palabras antes de proseguir – Nos tienes que contar una fantasía sexual rara que tengas y no hayas cumplido o deberás darle un beso húmedo a Droy en la costilla – casi todos los presentes rieron después de escuchar las palabras de la peliblanco. Kana solo hizo cara de asco por un par de segundos para luego empezar a cavilar su respuesta. Después de un momento pensando seriamente, se le vino algo a la cabeza y sonrió.
- No es sexual exactamente, pero tengo una fantasía rara que he querido cumplir desde hace un tiempo para acá y no he tenido oportunidad de hacerlo – la castaña hizo una pausa, agrandando su sonrisa llena de picardía.
- Cuéntanos cuál es – instó Mirajane, sintiéndose un tanto ansiosa por la repuesta que la otra pretendía dar.
- Quiero saber qué se siente besar a alguien con un piercing en la lengua – al terminar de hablar la chica se mordió el labio inferior y dirigió su mirada directamente hacia Gajeel, quién no había caído en cuenta de que la indirecta era hacia él.
Ante la confesión de Kana comenzaron los murmullos entre todos y algunos simplemente rieron a carcajadas.
- Creo que esa fantasía la puedes cumplir. Después de todo ninguno tiene ataduras de por medio – habló la Strauss, también dirigiendo su azulina mirada hacia Gajeel. Juvia se retiró lentamente del lugar, deseando no verse involucrada en futuras ocurrencias que tuvieran esa noche. Gray notó inmediatamente que su novia se dirigía hacia el área de la piscina, pero no quiso seguirla. No se sentía preparado para tener una conversación seria. Ser el que no tuviera experiencia en una relación lo descolocaba y lo volvía inseguro.
- ¿Me están hablando a mí? – reaccionó Gajeel al percibir la mirada de las chicas sobre él.
- ¿Alguien más aquí tiene un piercing en la lengua? – Kana se acercó con seguridad, sin despegar su mirada castaña de la carmesí. Gajeel entendió todo de golpe, sintiendo dudas sobre la situación. No supo por qué, pero el Redfox solo atinó a volver su mirada hacia Levy. No sabía si era en busca de ayuda o de aprobación, pero al voltear hacia la peliazul, la pequeña lo estaba observando fijamente y la mirada castaña de ella no le transmitía nada bueno. El brillo en los ojos de la chica fue indescifrable para él en ese instante. Luego Kana se acercó lo suficiente como para obligarlo a devolver su atención hacia ella - ¿O es que te gustan los hombres? – preguntó la osada chica ante la vacilación de él.
- Me gustan las mujeres – aclaró el pelinegro, sintiéndose atajado por la Alberona cuando esta sujetó el cuello de su camisa y se acercó aún más. Todos estaban expectantes, sin creer que la castaña fuera capaz de encimársele a Gajeel de esa forma.
- Entonces, ¿nunca has besado a nadie? – volvió a cuestionar la joven, jugueteando un poco más con la camisa de él y rozando de vez en vez el cuello bronceado del chico con sus dedos, en una caricia esporádica.
- Sí lo he hecho – Gajeel no sabía dónde había quedado su actitud osada en ese momento. Parecía un chico virginal que nunca había tenido a una mujer cerca y que no sabía manejar la situación. Sentía que apenas podía hablar. Al mismo tiempo tenía la mirada de Levy clavada a un lado, la sentía sobre sí y no sabía por qué aquello lo angustiaba de sobremanera.
- Entonces cállate y bésame – la castaña se levantó sobre sus pies un poco para terminar de acortar la distancia y alcanzar los labios del chico. Gajeel sintió el contacto y le fue extraño, no eran los labios que deseaba probar. Eran tan diferentes.
Kana tomó la iniciativa y movió sus labios sobre los del indeciso Redfox. Atrapó uno de los varoniles labios y lo mordió con poca fuerza al tiempo que lo saboreaba con su lengua, en busca de que él hiciera lo mismo y profundizaran el contacto al punto que ella deseaba.
Gajeel adivinó las intenciones de la joven, por lo que quiso darle lo que quería y terminar con aquello lo antes posible. No podía separarse en ese momento y que su orgullo de hombre quedara pisoteado por alguna de las suposiciones de ella, así que la tomó de la cintura con firmeza, la acercó a su cuerpo con fogosidad y tomó el mando. El pelinegro mordió con fuerza moderada el labio inferior de ella y luego introdujo su lengua en la húmeda cavidad de la chica, logrando acariciar la lengua de su compañera con la suya.
Levy observó con detalle la escena y tuvo sentimientos encontrados. Ver a alguien besándose apasionadamente podía llegar a ser excitante y vergonzoso al mismo tiempo, pero en su caso no era solo eso. Algo se apretó en su pecho y la incomodidad la invadió, por lo que desvió su mirada de ambos jóvenes y emprendió camino lejos de ahí. No se sentía molesta, ni triste. No reconocía lo que sentía en ese momento.
Por otra parte, Kana estaba en una lucha por ver quién dominaba en el aquel húmedo beso. A la chica no le gustaba quedarse atrás, pero la verdad era que el ritmo de Gajeel la había hipnotizado por largos segundos. Podía notar la pequeña esfera de acero que tanto había deseado probar acariciando su lengua, resultando ser algo bastante curioso al tacto. Era extraño y placentero al mismo tiempo, una sensación un tanto adictiva.
Gajeel disminuyó la intensidad del beso poco a poco y se separó de la chica lentamente. Kana y algunos espectadores se encontraban sonrojados. La Alberona no sabía qué decir en ese momento. Las sensaciones que la invadieron durante el beso la tomaron por sorpresa. No esperaba para nada que fuera tan placentero.
El Redfox maldijo internamente cuando buscó a Levy con la mirada y no la encontró por ningún lado. Él no había hecho nada malo, lo sabía, pero aun así se sentía preocupado.
- Se nota que te gustó – mencionó Gajeel de forma socarrona al devolver su atención hacia la Alberona y notar que la chica se había quedado totalmente muda y sonrojada – No te vayas a enamorar – se burló el chico antes de darle la espalda y dirigirse hacia la puerta trasera del gremio, sin saber que allá encontraría a dos de sus amigas.
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En cuanto Levy decidió irse lejos de la multitud, notó que la puerta que la llevaría hacia la piscina estaba abierta, por lo que pensó que sería una gran idea tomar un poco de aire fresco para despejar su mente y olvidar el incómodo sentimiento que se había apoderado de su pecho.
Al cruzar el umbral, la Mcgarden notó inmediatamente la presencia de la otra peliazul del gremio, sentada en el borde de la piscina con las piernas sumergidas en el agua.
- ¿Está todo bien? – Levy no pudo evitar sentir deseos de hacer lo mismo que Juvia, por lo que se despojó de sus zapatos e imitó a su amiga – ¿Qué haces aquí sola? – preguntó de nuevo al no recibir respuesta a su anterior cuestionamiento.
- Juvia necesitaba espacio – la Lockser sonrió con tristeza – Aun no me siento cómoda con el acercamiento de otros. Y allá se estaban poniendo un poco creativos – Levy no pudo ignorar el temor reflejado en los ojos de su amiga. Reconocía ese brillo fácilmente, era el mismo que ella vio reflejado en el espejo por varios meses - Te entiendo. No debes forzarte – las palabras de la Mcgarden eran sinceras. Eran las mismas palabras que una vez le dijeron a ella cuando estaba en una situación similar. Por un instante consideró abrirse con Juvia, pero temió que sus recuerdos se descontrolaran y la invadieran en ese momento.
- Juvia se esfuerza para sentirse bien y todos aquí cuidan de mí. No tengo por qué temer - mencionó la chica aún con un tono triste. Levy pudo notar que el cuerpo de la Lockser demostraba incomodidad, por lo que sintió que algo dentro de sí se removió.
- Sé que no es tan sencillo como parece - habló la pequeña peliazul – Lo sé porque en Phantom Lord viví experiencias horribles – Levy había tomado la decisión de contarle a Juvia sin ser consciente de la presencia de alguien más a sus espaldas. La peliazul sentía que ayudaría a su amiga a seguir adelante con ayuda de su propia experiencia – En aquel lugar varias chicas me golpearon y cortaron mi cabello - decir aquellas palabras le costó más de lo que había imaginado, a pesar de haber sucedido hacia tanto - Aunque el cambio en mi cabello le gustó a las personas cercanas a mí y todo estuvo bien por un tiempo, yo continuaba recordando aquel evento una y otra vez - Juvia prestó atención a las palabras de su amiga, sintiéndose identificada en varios aspectos - El tiempo pasaba y yo revivía aquella experiencia todas las noches en mis sueños. Yo estaba bien, sonreía y podía disfrutar de muchas cosas, pero por dentro estaba rota - la pequeña hizo una pausa, dudando nuevamente de continuar. Gajeel cerró los puños con fuerza al escuchar aquellas palabras, siendo totalmente ignorado por las dos chicas – Tiempo después un chico se sobrepasó conmigo - la mirada de Juvia le pesó en ese momento a la joven de orbes castaños, sintiéndose avergonzada, pero aun así se esforzó por proseguir – Él… Él me tocó a la fuerza – su voz se quebró inevitablemente cuando los recuerdos llegaron a su mente. No le pudo sostener la mirada a su compañera al decir aquello - Después de eso mi paz mental no volvió – Levy hizo una pausa, buscando las palabras correctas para continuar - Con la ayuda de alguien pude borrar el amargo momento por algunos días – la pequeña peliazul omitió la mención del Redfox, sin saber que Juvia era consciente de que él había estado al lado de la Mcgarden cuando aquello sucedió.
La Lockser sabía que aquel evento también había afectado al Redfox, aunque nunca habría punto de comparación en cuanto a la experiencia de Levy, la cual estaba escuchando en completo silencio en ese momento.
- No descansaba al dormir. Las pesadillas hicieron estragos en mí durante meses – un suspiro se escapó de los rosados labios de la Mcgarden - Hasta que decidí buscar ayuda profesional - las últimas palabras de Levy sorprendieron a la peliazul de largas pestañas y al chico de mirada carmesí que permanecía inmóvil a unos pasos de la puerta - En la terapia aprendí bastante. Me dieron herramientas para sanar que no habría descubierto por mi cuenta y, con el tiempo, logré hacerlo - la voz de la chica se hizo más suave - Pude enfrentar la realidad sin tantos problemas. Sin embargo, no cumplí con uno de los ejercicios más importante - confesó sin sentirse orgullosa de aquello, siendo consciente de que en su interior aún predominaba el miedo - Debía hablar del tema con las personas más cercanas a mí - hizo una pausa antes de que su voz se quebrara nuevamente. Intentó recobrar la compostura para volver a tomar la palabra - Nunca se lo pude contar a Lucy. No quería que ella sufriera por algo que me sucedió a mí - una sonrisa amarga se dibujó en su rostro - Nunca había hablado de esto con ninguno de mis amigos. Hasta ahora - la Mcgarden se detuvo al sentir el abrazo repentino por parte de su amiga.
Juvia no pudo evitar acercarse a la pequeña peliazul y estrecharla en sus brazos, sospechando que confesar todo aquello no había sido nada fácil para la chica.
- Levy ha sido demasiado fuerte - mencionó la Lockser sin poder evitar que sus ojos se cristalizaran y un par de lágrimas rodaron libres por su rostro al sentirse conmovida por la revelación de los hechos desde el punto de vista de su amiga.
- Me enseñaron a serlo - alegó la pequeña, sintiendo que las emociones la comenzaban a sobrepasar - Y aunque nunca dije nada, mis amigos han sido mi apoyo incondicional sin ser conscientes de ello - las lágrimas que se acumularon en sus ojos avellana amenazaron con recorrer su rostro. Sin embargo, pudo evitar que sucediera a duras penas, desviando la atención de sus memorias - Te cuento todo esto para que no te quedes en silencio. Por más mínimo que le parezca a los demás, si a ti te pesa, busca ayuda - aconsejó con fuerza en sus palabras. Juvia se separó de su pequeña amiga al escucharla y asintió, valorando aquel consejo.
- Gracias, Lev-chan - agradeció Juvia de corazón. Necesitaba esas palabras sin haberlo sabido.
- Ahora borra esas lágrimas. No llores por mí - Levy sonrió, intentando animar el ambiente. Juvia se limpió el rostro rápidamente, sintiéndose un poco avergonzada.
- Puedes contar con Juvia para lo que sea - se ofreció la ojiazul – Si quieres hablar estaré dispuesta a escuchar – se sinceró la Lockser, sin deseos de que la Mcgarden se sintiera sola en aquel mundo.
- Gracias. Lo tendré en cuenta - Levy respondió con sinceridad, sintiéndose feliz de escuchar aquellas palabras - ¿Puedo pedirte un favor? - preguntó inmediatamente y continuó hablando después de que su amiga asintiera - No comentes nada de lo que te he dicho. Deseo que todo permanezca igual - Juvia sintió que no era lo correcto, pero no podía traicionar a su amiga. Aunque ella conociera ciertos detalles del pasado de la peliazul gracias a su amistad con Gajeel, nunca sería capaz de contar algo sobre ello sin consentimiento de cualquiera de los dos implicados.
- Levy no debe preocuparse. Juvia no dirá nada - dijo la joven al fin, dejando más tranquila a la Mcgarden, sintiendo que podía confiar en la palabra de su amiga.
Por su parte, Gajeel sentía que algo se había encendido en su interior. Una vez más se recriminó no haber protegido lo suficiente a Levy. Haber dejado que aquellas personas la lastimaran era algo de lo que se arrepentiría por siempre.
Quiso retirarse y calmar su ira, pero sus pies se movieron en dirección a las chicas. Estaba siendo un entrometido y lo sabía, pero no quería irse y dejarla sola una vez más.
- ¿Qué no debe decir Juvia? – la voz del pelinegro sobresaltó a sus dos amigas de forma evidente. Levy lo observó por un par de segundos para luego volver su castaña mirada hacia la piscina. Juvia intentó hablar, pero el nerviosismo hacía que nada surgiera de sus labios.
- ¿No estabas ocupado allá adentro? – la Mcgarden respondió con otra pregunta, con el objetivo de distraer la atención de Gajeel. No sabía por cuánto tiempo el chico las había estado escuchando, pero no le preocupaba tanto ese hecho, después de todo Gajeel vivió todo a su lado, siendo en parte el culpable de sus pesadillas.
- A Juvia la está buscando Gray como un loco – el Redfox mintió descaradamente, pero consiguió lo que quería. Juvia se levantó inmediatamente de su lugar y se dirigió hacia el interior del gremio sin decir palabra. Mientras tanto, Levy permaneció sentada, esperando que el chico se retirara y la dejara sola, pero sucedió todo lo contrario.
Gajeel tomó asiento a su lado, evitando sumergir las piernas en el agua como ella lo estaba haciendo, debido a que aún vestía el pantalón de su uniforme.
- ¿No tienes algo mejor que hacer? – preguntó Levy de una manera un tanto despectiva.
- Lo estoy haciendo – el chico se esforzó para levantar la mirada hacia ella – Quiero hablar contigo – confesó el pelinegro, sin saber bien qué decir, ni cómo decirlo.
- Escuchar conversaciones ajenas es de mal gusto, Redfox – se anticipó la peliazul, sin ganas de escuchar algo al respecto. Aunque la pequeña sabía bien que estaba siendo hipócrita, después de todo unos meses antes ella había escuchado una conversación entre Gajeel y Juvia en ese mismo lugar, pasando desapercibida por ambos chicos en aquel entonces.
- No fue intencional – afirmó Gajeel, dejando en claro que sí las había estado escuchando minutos atrás – Debiste decirme antes cómo te sentías – mencionó sin saber bien cómo abordar el tema al que quería llegar.
- Si no te dije nada… - la pequeña peliazul se detuvo para reformular sus palabras – Si no te he dicho nada, es porque no quiero hablar de eso contigo – se sinceró la chica, no estando dispuesta a abrir sus sentimientos ante él.
- Quiero ayudarte – declaró el Redfox, pero Levy lo detuvo en el acto.
- No sigas, Gajeel – suplicó la joven, negándose a permitir que él destruyera su barrera nuevamente.
- Déjame intentarlo – Gajeel insistió, pero se sorprendió cuando la peliazul se inclinó hacia adelante y de un movimiento se sumergió en la piscina, sin importarle tener puesto el uniforme de Fairy Tail, con el cual habían presentado el examen de ingreso esa misma mañana.
Levy estaba huyendo de él y el pelinegro lo supo cuando la vio nadar tranquilamente hacia un punto céntrico de la piscina. Quería estar sola y tal vez era lo mejor, pero él también era obstinado y no quería desaprovechar la oportunidad. Debía dejar el tema zanjado entre ambos. Así que se levantó de su lugar, se despojó de sus zapatos y se sumergió en el agua al igual que ella, sin pensarlo demasiado.
La peliazul lo sintió. Gajeel nadó hacia ella sigilosamente por debajo del agua, pero antes de emerger ya Levy lo había detectado gracias a la iluminación de la piscina.
- Eres insufrible – expresó Levy, permaneciendo a flote en el agua gracias a los coordinados movimientos de sus brazos y piernas, sin intenciones de salir huyendo a pesar de la cercanía que mantuvo el chico luego de salir a flote.
- Estás pasada de tragos. No te puedo dejar sola dentro de una piscina – el chico sonrió por varios segundos y ella no pudo evitar imitarlo. A pesar de negarse a sí misma a hacerlo, sonrió junto a él. En ese instante a Levy le sorprendió la comodidad que experimentaba estando cerca de su compañero, pero tuvo que desviar su mirada luego de hacer contacto con los orbes carmesí y desear, en sus pensamientos más internos, acortar la distancia como había hecho Kana momentos atrás – Permíteme decirte una sola cosa y te prometo que te dejaré tranquila – el silencio de Levy luego de sus palabras le dio a entender que podía continuar – Soy tu amigo, ¿no es así? Déjame ser el apoyo que necesitas – expresó desde lo más profundo de su ser, sin rodeos y observándola de frente, traspasando su mirada castaña, la cual brillaba aún más con la ayuda de las blanquecinas luces de la piscina.
- Me estás pidiendo algo imposible – por fin habló la peliazul luego de un prolongado silencio. Volver a confiar en Gajeel podía llegar a ser la peor de sus decisiones, como lo fue en el pasado – No puedo, Gajeel. Me da miedo confiarte mis sentimientos – la sinceridad por parte de la chica fue como una bofetada para el Redfox.
- Ya no soy quien fui en el pasado – Gajeel se sinceró de manera impulsiva, sin ser consciente de que su rostro se había enrojecido levemente al decir aquellas palabras – No pienso repetir los mismos errores que cometí en aquel entonces - por su parte, Levy sintió que aquellas palabras tuvieron un efecto extraño en ella y en pocos segundos sus ojos se cristalizaron sin que pudiera evitarlo. Algo se removió en su interior y, sin poder moverse o decir palabra alguna, una lagrima traicionera acarició su mejilla, perdiéndose inmediatamente al fusionarse con el agua de la piscina – Te lo prometo – volvió a decir Gajeel, atreviéndose a borrar el rastro de la lágrima con una caricia, empapando la mejilla de la peliazul con su mojada mano.
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