Capítulo 18

La rubia finalmente se halló en la tan dichosa cafetería del centro de la ciudad, en efecto la de ojos celestes se encuentra allí y no tarda en recibirla con el mismo cariño y entusiasmo de siempre

— ¿Estas feliz ahora? — Preguntaría Haruka sonriendo —¿Qué era tan urgente que no podía esperar?

— No tiene que haber algo en especial, solo quería verte. Set dice que trabajas demasiado, aunque realmente no lo necesitas y creí que te haría bien darte un respiro.

— Así que todo esto es gracias a que Setsuna te pidió molestarme.

— En realidad te equivocas, Set está lejos de decirme que hacer o no, de manera que si te molesto es solo porque se me antoja.

—"¡Vaya, no me digas!" ¿Es en serio? ¿Interrumpes mis obligaciones solo porque se te antoja hacerlo?

— Sip.

— Ya en serio Ami, deja de hacerme esto ¿Tienes idea de lo idiota que me siento cada vez que corro solo porque tú me lo pides?

— No deberías sentirte mal por ello, a mí me parece que eres adorable. — Haruka hace una especie mohín intentando parecer molesta, sabe que Ami la manipula aprovechando su debilidad por los mimos.

— Bien, ya que estamos aquí entonces ¿Qué quieres hacer? — Ami sonreiría nerviosamente, su expresión parecía ocultar algo, aunque esto cambiaria rápidamente luego de observar un poco más de cerca a la rubia.

— ¿Estás bien? — Preguntaría algo inquieta.

— …Sí… Eso creo, es decir… ¿Qué clase de pregunta es esa? ¿Por qué no habría de estarlo?

— ¡Perdón! es solo que. No lo sé, pareces... No pareces estar bien del todo —. Afirmaría Ami luego de notar los pequeños pero continuos temblores en las manos de la rubia, los efectos de los medicamentos que se le prescriben a pesar de haber sido suspendidos casi por completo aún mantienen ciertos efectos residuales en su organismo. —... solo quiero saber cómo te has sentido últimamente.

— Es por eso que estoy aquí entonces, pudiste preguntar por teléfono.

— Sabes bien que no es lo mismo, además ¿Desde cuándo te molesta tanto verme?

— No me molesta verte linda, al contrario, es solo que no tienes que preocuparte por mí todo el tiempo.

— ¿Qué clase de familia sería si no me preocupara por ti? — Haruka sonreiría cálidamente tomando las manos de Ami entre las suyas.

— Estoy bien, sabes que ya casi no tengo que ir a terapia. Es como si todos los que una vez se interesaron por controlar cada aspecto de mi vida se estuvieran olvidando de mí existencia. Con algo de suerte ya no tendré que medicarme en absoluto.

— "¿Y ha funcionado?"

— ¿Qué? ¿El tratamiento? Usted sabe bien que eso es imposible doctora Mizuno.

— Pues qué alivio, si funcionara sería una verdadera pena. — Esta vez el tono de voz de Ami parecía haberse realojado, incluso develaba algo de picardía.

— ¿De verdad lo crees? Si Setsuna pudiese oírte se podría muy celosa.

— Lo dudo, ella sería la primera en saber que no es por mí que lo digo, sino por todas aquellas lindas inteligentes y encantadoras mujeres que aún esperan por alguien, como tú.

— Ami, por favor ya te lo he dicho…

— Ho vamos Haruka. Mira que haber desperdiciado la ocasión con Esmeralda… Ahora ella se lo pasa de un lado a otro con esa tal Sophie y creo que van más que enserio.

— En realidad, me alegra que las cosas estén saliendo bien entre ellas.

— Y qué hay de ti ¿No crees que ya es tiempo de darte una oportunidad?

—… ¿Lo harías tú?

— De hecho, lo hice, te sigo adorando Haruka lo sabes, pero lo que no logre a tu lado lo he encontrado con Setsuna, Dios sabe que la amo con toda mi alma y que ahora no podría ser más feliz con nadie. Solo me gustaría que pudieras hacer lo mismo.

— Nadie celebra más su relación que yo Ami, probablemente Setsuna y tu estaban destinadas a encontrarse y al parecer después de todo ella resultó ser tu verdadero amor y tú el de ella.

—Tal vez el verdadero amor esté a la vuelta de la esquina, solo es cuestión de abrirse un poco y dejarlo entrar.

— No creo que para mí sea lo mismo y de cualquier forma tener una relación no es algo en lo que piense muy a menudo. De momento estoy mucho mejor así, hago lo que quiero, salgo de vez en cuando… solo tengo que mantener un perfil bajo y vivir mi vida tranquilamente.

— Solo buscas una excusa. Si te dieras la oportunidad…

— Es igual, no hay nadie que me interese.

— Sí, pero no querrás estar sola el resto de tu vida.

— Escucha: Quizás un día quiera salir y probar suerte, pero no será pronto, mi vida está bien tal cual está y si mantengo a mi familia cerca y unida no puedo estar sola ¿No lo crees?

—... Está bien, no quiero molestarte más con lo mismo.

— Lo sé y no creas que no valoro lo que haces y el que te preocupes por mí.

—…Es… Es que a veces te exiges demasiado Haruka, deberías salir con alguien solo para distraerte un poco, liberar algo de tensión.

— ¿Qué parte de me divierto no entiendes? ¿Ya olvidaste la fiesta que dio Amelia? Pase todo el fin de semana bebiendo, si hubiese tenido a alguien esperando en casa habría tenido un enorme problema.

— Si hubieses tenido a alguien esperando en casa pasarías todos los fines de semana sintiéndote mucho mejor junto a esa persona, sin resaca y sin la necesidad de sobrecargarte de trabajo.

— Okay sí, admito que en ocasiones es un poco agotador, pero, me gusta así, no es nada de lo que alguien deba preocuparse.

—... Aun piensas en ellas ¿No es verdad? — La rubia daría un profundo y muy melancólico suspiro.

—… Sabes que si dijera que no sería una enorme mentira.

— ¿No has pensado en buscarlas? ¡Bueno sé que sí! pero me refiero a recientemente.

— Sería inútil ¿Por dónde empezaría?

— Sabemos que están en una especie de ciudad o pueblo cerca del mar, solo tendrías que recorrer cada costa del mundo.

— Si eso es una especie de broma créeme no tiene gracia.

— Lo siento, no quise ser cruel, pero... ¿Si supieras por dónde empezar, lo harías?

— Mi destino nunca fue estar a su lado, siempre estuvo mejor sin mí. Supongo que me tomó bastante entenderlo, pero bueno, así son las cosas y estoy bien con eso.

— Pero, aun así, lo harías ¿Verdad?

— Ami ¿Qué esperas que te diga?

— La verdad Ruka.

— La verdad… Bien, la verdad es que Michiru tiene ahora una nueva y mejor vida e igual yo.

— Se que aun sigues esperando que aparezca en tu puerta junto a su hija, pero eso no sucederá y no puedes seguir así.

— Lo sé, sé que no debería. De cualquier forma, no importa ¿no lo crees? No puedo simplemente olvidarme de todo.

— No es cuestión de olvidar Haruka si no de sanar y tú aun no consigues hacerlo. Se que lo intentas y hasta ahora lo has hecho muy bien, pero necesitas darte la oportunidad con alguien más.

— … Dime ¿Por qué ahora estamos hablando de ellas? Sabes que no me gusta.

— Sí, pero hace mucho no tocamos el tema y es bueno hablar de vez en cuando de algunas cosas, aun cuando no nos guste del todo. — Haruka recordó haber leído algo similar en la carta de Michiru.

— … "Sí qué coincidencia" ¿También eres psicóloga Ami?

— No es mi campo, aunque ya que lo mencionas, sí, parte de mi trabajo tiene algo de eso. Pero no se necesita una especialidad para entenderte.

— Ya he tenido especialistas analizándome; no necesito que tú lo hagas también ¿Quieres saber si aún extraño a Michiru? ¡Sí! ¿Tiene eso algo que ver con que no tenga una relación afectiva? ¡Para nada! Ahora ¿Podemos irnos? Se me antoja un trago.

— No te preocupes no vine aquí para forzarte a salir con nadie.

— Me alegra, por un momento creí que me presentarías a alguna amiga desesperada por tener una relación.

—... En realidad, es algo un poco más serio de lo que piensas Haru... — Afirmaría Ami… Parece dibujar algo en una servilleta mientras es observada por Haruka sin mucho interés... — ¿Reconoces esto? — La rubia observaría aquel papel y en efecto reconoce la figura… aunque parece indiferente a ella; se mantendría en silencio por un segundo.

— …Parece ser el distintivo de Michiru, solía ponerlo en sus pinturas.

— No soy muy buena replicándolo, la cuestión es que no hace mucho, vi uno idéntico en un par de cuadros de una galería muy cerca de aquí.

— La mayor parte de sus pinturas están en mi casa, dos en la tuya y un par más en casa de sus padres, pero son todas.

— Lo mismo pensé cuando las vi, luego, creí que eran de su época de estudiante y por alguna razón terminaron allí, la cosa es que el lugar no es la clase de sitio donde se venda cualquier cuadro pitado por algún desconocido, de hecho, venden arte muy costoso, de más está decir que esas pinturas también lo son.

— Confundiste su distintivo alguien ha de tener uno similar.

— Créeme no es el caso, estoy segura de que son de ella y aunque una persona use un distintivo similar, creo que es muy poco probable que también use "Neptune" como seudónimo.

—... ¿Así es como se hace llamar?

— Es lo que me dijeron cuando pregunté por el autor, siempre me pareció un pésimo seudónimo, pero… es ella ¿No es verdad?

—… Has dicho que el lugar está cerca de aquí ¿Estas, segura de ello?

— Desde luego, el lugar está en Lower Byron St… — Haruka aspiraría hondamente llenando sus pulmones, casi como si de un momento otro en verdad le hiciese falta el aire.

—… ¿Cómo es que fuiste a parar allá? — Preguntaría luego de soltar la enorme bocanada de aire que había tomado, como si aun intentase controlar algo dentro de ella.

— Un amigo me pidió que lo acompañara, quería algo para obsequiar a sus padres por su aniversario de bodas. — La rubia conoce la galería de Lower Byron St y parece asumir lo que escucha con tranquilidad o al menos eso intentaba. Tomaría dinero suficiente de su bolsillo sin siquiera contarlo dejándolo sobre la mesa y sin prisa abandona el lugar, acompañada por la joven recién graduada como médico.

— ¿Qué clase de amigo es ese que se da el lujo de comprar algo en ese lugar?

— ¿De qué hablas?

— De que solo alguien con una muy buena cantidad de dinero podría hacerlo.

— No debería extrañarte, sabes la clase de amigos que tenía cuando vivía aquí con mi familia.

— Me sorprende que te dirijan la palabra cuando ya no perteneces a su círculo social.

— Supongo que no a todos les importa eso... ¿Conoces ese lugar?

— Whitworth Art, lo conozco bien, Michiru trabajo allí después de su divorcio, de hecho, pertenece a un amigo suyo…

Flash back

Junio – 1932

Entre las pesadillas que le despertaban en medio de la noche e imágenes difusas que irrumpían trastornando sus días, Michiru, lentamente reconstruye cada vez con más claridad los hechos de aquel funesto día, reviviendo la terrible agresión de la que fue víctima. Después de la infructífera búsqueda del mensaje de Taiki estaba más que inquieta. Incapaz de expresar su dolor y de confiar en nadie sus temores la consumían. Sus constantes pifias con Haruka se hacían cada vez más frecuentes y dolorosas, al punto de que la idea de irse tan lejos como le fuese posible parecía ser lo más sensato, lo único que lamentaba era que no vería nuevamente a su hija, evidentemente Darien jamás no se lo permitiría.

No obstante, algo más la mortificaba y simplemente no podía irse sin averiguarlo, necesitaba saber por qué Usagi se convirtió en una imagen tan temible como persistente en su memoria ¿Por qué ese nombre era lo único que recordaba de aquella carta? Haruka siempre fue reservada en cuanto a esa mujer, pero quizás hallaría algo buscando entre sus cosas.

Quizás la rubia debió ser más cuidadosa considerando lo que había en esos documentos, pero la realidad es que después de todo lo sucedido, no tenía caso ya ocultarlos demasiado (Excepto por su hermano que había desaparecido) ¿Por qué alguien revisaría sus cosas?

Luego de encontrar un sobre que despertaría su curiosidad, en entre las pertenecías de la rubia, Michiru tomaría las llaves de su escritorio. En principio no pareció encontrar nada relevante, excepto por el doble fondo oculto en uno de los cajones el cual estuvo a punto de pasar inadvertido y en el que hallaría una serie de papeles en los que se hacían referencia a Seiya Kou. Aquel sujeto que alguna vez habría querido advertirle algo acerca de Darien y cuya repentina muerte sería el comienzo de su verdadero temor hacia el padre de su hija.

¿Por qué Haruka tenía parte del archivo con los detalles acerca del fraude de Damians corp y quién diablos era Serena Tsukino?

La aquamarina se daría a la tarea de leer todo aquello que encontró junto a correspondencia escrita por Usagi, Michiru pronto ataría cabos y se daría cuenta de que Serena Tsukino y Usagi eran la misma persona y más que eso, también se trataba de la esposa de Seiya Kou, ahora más que nunca necesitaba recordar el mensaje de su hermano en aquella carta perdida.

La noche antes de su desaparición el subconsciente de Michiru le daría su más horrida pesadilla despertando con el alma destrozada, de golpe recordaría con claridad el mensaje de Taiki, ahora estaba segura de que aquella mujer no podía tener buenas intenciones, de lo contrario habría mencionado que su cómplice fue la última persona en ver a Taiki con vida ¿Que sucedió aquella noche y que fue de aquel sujeto? Usagi sabía que Darien habría enviado a Hotaru lejos del país y no mencionó nada al respecto ¿Qué era lo que ocultaba? Probablemente nada bueno y si esa mujer tenía algo que ver con la desaparición de su hermano, probablemente no tendría problema en hacer daño a Haruka o a cualquiera de su familia.

En medio de la noche Armand habría sido despertado por su ama de llaves, al parecer hay alguien que lo busca con urgencia.

— … ¿Michiru?

— Así es señor, espero que no le moleste, pero considerando la hora y que se trata de la señora Kaioh, no me pareció adecuado sugerirle que regresará en otro momento, ahora se encuentra en la sala de estar, pero si usted lo desea pedo persuadirla para que regrese en horas más apropiadas. — Sin perder más tiempo, el castaño de ojos color miel se apresura en pos de recibir a su amiga, había estado preocupado y esperando noticias suyas desde que simplemente dejó de asistir al trabajo, incluso fue a casa de Michiru para saber de ella, pero lo único que consiguió fue verse asediado por preguntas de la policía; quienes para nada respondieron a las suyas a pesar de su insistencia pues se trataba de una investigación delicada.

Ciertamente verla le significaría un enorme alivio, aunque por desgracia habría sido también la confirmación de lo que temía, algo realmente malo había sucedido y esto provocaría que Michiru pareciera una persona más que diferente a la que él creía conocer.

A pesar de su insistencia en saber los detalles, la aquamarina simplemente se negaría a decir algo al respecto, tan solo quería el dinero que Armand aún le debía de su salario y las comisiones derivadas de su trabajo, lo que ya era una buena pasta, pero aun así también le pediría, de ser posible, le prestara una buena suma a lo que él no pudo negarse pues Michiru afirmaba que era la única persona que podía ayudarla y en la que podía confiar, desde luego Armand no disponía de dicha cantidad en su casa por lo que Michiru pasaría el resto de la noche allí.

En la mañana, saldrían en busca de un banco para retirar el dinero, una vez Michiru lo tuvo en sus manos, se despediría de su amigo sin perder más tiempo y prometiendo que le devolvería hasta el último centavo. Armand habría insistido en que si confiaba en él debía dejar que la ayudara con algo más que simple dinero, lógicamente la aquamarina se negaría a aceptar algo más de su parte, dejándolo con más preguntas que respuestas.

Encontrar a Serena no fue algo particularmente difícil, por la ubicación del apartado postal en aquel sobre, Michiru sabía que debía ir a Oxford una vez allí se remitiría al registro de archivos públicos de la ciudad.

Aunque Serena Kou Tsukino prefería mantener su vida al margen del ojo público, se la conocía por ser la accionista mayoritaria de la Anglo-Persian Oil Company, corporación del petróleo que continuaba creciendo a pasos agigantados y desde luego por ser hija de un distinguido ex miembro del parlamento, el duque de Sussex, sin embargo, Serena rompería vínculos con su familia al cambiar su apellido británico tras relacionarse con quien después se convertiría en su esposo.

Desde luego allí no encontraría la dirección de alguien como Serena en aquel entonces, de modo que buscó en los obituarios el archivo de Seiya Kou y bingo, su último lugar de residencia, por fortuna Serena Tsukino, viuda de Kou, aún residía allí y sería tan obvio para Michiru como lo fue para Haruka al ver la placa con el apellido Kou Tsukino en el enrejado de la propiedad.

Decidida a obtener respuestas, Michiru se haría a un arma, ya fuera que estuviera a punto de entrar a la boca del lobo o que allí en verdad obtuviera el paradero de Darien y por ende de su hija. Llenándose de coraje a cada minuto se preparó para ello, usando ropa cómoda similar a la que Haruka solía usar, no llevaba nada consigo más que lo necesario en caso que tuviera que salir con rapidez, una mochila con dinero y lo que vestía. Sin embargo, nada la habría preparado para todo lo que llegaría a saber.

Su propio hermano al parecer era un homicida y Haruka le había mentido, no importaba que fuera por querer evitarle el dolor de saber que Darien fue quien arruinó a su familia desde un principio, tampoco porque hubiera sido engañada por Serena para que reservara su identidad, Michiru era su compañera, la persona a la que se suponía Haruka amaba y tenía todo el derecho a saber.

Ahora, Michiru deseaba irse más que nunca y para cuando Serena condiciono la entrega de Hotaru y la seguridad de todos sus seres amados, fue un poco más sencillo aceptar las cosa e irse en silencio, en verdad creía que sería lo mejor para todos, quizás así los protegería en especial a Haruka, aunque temía que su reacción provocara que le hicieran daño.

Al momento de ver a su hija, por primera vez en mucho tiempo Michiru lograría sonreír genuinamente y por primera vez desde que toda aquella pesadilla había comenzado habría logrado sentir el regocijo conocido como verdadera felicidad. La única persona que podía estar tanto o más feliz que ella era desde luego la misma Hotaru, quien, a pesar de haber sido cuidada con todas las comodidades y caprichos propios de una niña de la aristocracia, nada le habría hecho dejar de extrañar a su familia, ni mucho menos a su amada madre.

Para sorpresa de Michiru, la pequeña se hallaba aun en compañía de sultán, la cría de Golden retriever que papá Haruka le había obsequiado. El cachorro estuvo todo el tiempo con Hotaru, al parecer Darien creyó que le haría buena compañía a la pequeña mientras esta regresaba su lado, tal vez ser padre era lo único que había hecho escasamente bien en su vida y en cuanto a Serena, no tenía razón alguna para alejar a la pequeña de su peludo amigo y de hecho le pareció una buena forma de preservar el buen estado emocional de una niña tan inocente como su propio hijo.

Serena y Yaten, habrían mentido en cuanto a lo que ordenaron a Zafiro, él tenía claras instrucciones de llevarlas a Dubái y mantenerlas allí por mucho más que un largo tiempo, cosa que no pareció molestarle al tipo, después de todo él tampoco debía regresar debido a la gravedad de sus vínculos en lo concerniente al así llamado "caso Akerman". Allí Zafiro podría disponer de una gran cantidad de fondos gracias a una cuenta que Serena dispuso de una de sus filiales derivadas del petróleo en medio oriente para lo que él y sus dos custodiadas pudieran necesitar.

Desde luego Serena y Yaten no iban a admitir esto ante la rubia, especialmente cuando en algún punto les perdieron el rastro, era mejor afirmar que las dejaron ir sin mayor condición, aunque ciertamente aludieron también que las mantenían bajo una muy prudente vigilancia en caso de que a Michiru se le ocurriera hacer algo poco conveniente para ellos, como, por ejemplo, regresar al país.

Michiru tenía la sospecha de que no se trataba de solo llevarla lo más lejos posible para dejarla en paz junto a su hija; sino de mantenerla retenida en algún en algún país remoto y ciertamente los planes de ella eran más que distintos. De ninguna manera se convertirá en una especie de rehén, fue prisionera de Darien demasiado tiempo y no volvería a pasar por ello, menos aún con un tipo básicamente idéntico a él, ni tampoco se convertiría en una excusa para que Serena obligase a Haruka a hacer algo que no quisiera. Ciertamente el dinero no era algo que le estuviera sobrando, pero cualquier cosa sería mejor, a tener que vivir de los recursos de aquellos responsables; por la muerte de su hermano. Eso no iba a suceder y no había ninguna razón que le hiciera pensar que dejarse manipular sería una buena idea.

A solo unos días de recuperar a su hija, Michiru y la pequeña, se hallaban en la ciudad de nantes en Francia. La estadía allí serial realmente breve, gracias a que el mismo día de su arribo emprendería un nuevo viaje desde aquel puerto, esta vez con destino a Marsella en donde finalmente abordarían un último navío con destino a Dubái.

De subir a ese último barco ya no habría marcha atrás, Michiru necesitaba deshacerse de Zafiro, aunque ciertamente el tipo estaba lejos de ser un tonto por lo que en el hotel de Marcella compartirían la misma sweet, de esa forma el sujeto podía estar al pendiente de ellas con más facilidad mientras aguardaban por el navío que Serena enviaría para ellos.

Sin duda aquella noche en esta última ciudad, la aquamarina tendría su mejor oportunidad y quizás la única para darse a la fuga junto a Hotaru. Luego de dejar a su hija en la cama en compañía de Sultan, una vez que la pequeña se durmió, Michiru afirmó querer darse una ducha. Aquel era el único lugar al que podía ir sin que Zafiro estuviera a su lado, a él no le pareció fuera de lo normal hasta que pasaron unos treinta minutos, algo aceptable si tal vez la mujer estuviera relajándose en la tina del cuarto de baño, el problema es que la regadera habría estado abierta todo ese tiempo. Zafiro tocaría a la puerta varias veces para asegurarse de que no hubiese nada fuera de lugar, pero al no obtener respuesta alguna, de repente le vendría a la cabeza la ventana que allí había, era un noveno piso, pero aun así Michiru podía haber salido por allí y hacer algo realmente estúpido.

De inmediato el tipo arremetió con todo su peso para derribar la puerta y comprobar si realmente ella estaba allí o no, quizás de haberse escabullido estaría aun cerca y a tiempo de poder detenerla. Ciertamente no deseaba salir a buscarla solo para darse cuenta de que había sido engañado y que ella aprovechara su salida para tomar a la niña y escapar con ella.

El sujeto no tendría éxito en su primer intento de echar abajo la puerta de madera, tampoco en el segundo, pero fue en este segundo intento que Michiru soltó el seguro del picaporte de modo que cuando zafiro arremetió por tercera vez pasó de largo tropezando dentro, en donde ella esperaba armada con la tapa del inodoro la cual se rompería con el golpe que le dio en la cabeza. A pesar de ello no lograría noquearlo e intentaría de arremeter nuevamente, pero Zafiro consiguió desarmarla y someterla casi de inmediato.

El tipo era realmente imponente, tanto como el mismo Darien Akerman, y desde luego no parecía feliz por el patético e irritante intento de ella por huir, lo que gatillaría una mala reacción en psique Michiru. El pánico se apoderó de ella, provocando que temblase como una hoja, rogaria porque no fuese a lastimarla ella o su hija. A pesar de estar herido y ciertamente molesto, Zafiro nunca pensó en devolver la agresión y solo pudo sentir pena por aquella vulnerable mujer.

— ¿Qué te hace pensar que lo haría? — Le contesto soltándola tan pronto como había escuchado su suplica. Pasando la mano por su cabeza Zafiro siente algo húmedo en ella, luego observaría su mano manchada con sangre. Sin duda estaba dolorido y se notaba en su voz — Me pidieron llevarte a Dubái no molerte a golpes, mucho menos a esa niña… no soy una bestia, pero si vuelves a hacer algo parecido juro que pasarás el resto del viaje atada a la estúpida cama.

— Justo en ese momento, Hotaru aparecería frente a ellos.

— Mami ¿Qué pasa? — Michiru corrió hacia ella para devolverla a la habitación.

— Nada cariño, Zafiro se tropezó, pero ya está bien — La aquamarina pasaría algo más de una hora encerrada en la habitación con la niña hasta verla dormir de nuevo, entonces escucharía tocar a la puerta. Lo piensa dos veces antes de responder, pero al final sabe que tarde o temprano tendrá que salir, lo mejor es no irritar al tipo menos después de lo acontecido

— ¿Qué quieres? — Preguntaría en voz baja y visiblemente insegura.

— Sal de ahí, no querrás despertarla de nuevo. — Michiru sigue al tipo hasta el living, parece haber aprovechado el tiempo para atenderse el golpe, tiene una gasa en la cabeza asegurada por una venda alrededor de ella.

— ¿Qué pensabas hacer? ¿Irte en medio de la noche con tu hija quién sabe a dónde y sin dinero?

— No lo entenderías, no tienes idea de lo que es vivir cautivo a la sombra de alguien sabiendo que un día puede hacerte algo terrible... no pienso pasar por eso de nuevo.

— Se la clase de sujeto que era Darien Ackerman y no soy para nada como él, por eso ayude a Serena.

— ¡Claro! ¿Debo creer que eres un buen samaritano y que el dinero que imagino no fue poco el que te dieron, no tuvo que ver nada con que les ayudaras a matarlo?

— Si eres bueno en algo no lo haces gratis y ese infeliz merecía todo cuanto le hicieron, también sé que Serena no es precisamente un ángel, pero yo le temería más a Yaten, si por el fuera ya no estarías con vida.

— ¿Yaten? ¿Te refieres a ese sujeto de cabello cano? Creí que él solo era alguien más trabajando para ella.

— ¿Trabajar? — El de ojos azules reiría con sarcasmo —Alguna vez fue hermano de Seiya Kou, en mi opinión sin él, Serena simplemente habría enviado a Darien a prisión junto a Taiki.

— Sabías lo que ellos harían y aun así has hecho todo cuanto te han pedido, solo eres la misma clase de basura que ellos. — Michiru quiso retirarse a su habitación la llenaba de una desagradable sensación, pero Zafiro la retendría tomándola del brazo.

— No creo que la muerte de Darien te afecte demasiado y si lo dices por lo de tu hermano; no lo supe hasta que fue muy tarde, y de cualquier forma tampoco habría podido hacer nada. Con personas como ellos no se juega y ni siquiera estar de su lado es garantía de estar a salvo. ¿Por qué crees que acepte traerte para no volver nunca a Reino Unido?

— Entonces no es tu culpa, solo eres egoísta y supongo que crees que eso te hace menos depreciable "¿No es verdad"

—…

— No tienes de qué preocuparte Zafiro, el planeta está lleno de gente como tú y todos creen tener una justificación para lo que hacen.

— No tengo intención de justificar lo que hago. Solo quiero que sepas que en verdad me interesa ponerte a salvo. Siento mucho lo que sucedió contigo y tu familia y lo creas o no; si pudiera remediarlo lo haría.

—... Entonces pruébalo.

— ¿Qué?

— Déjame ir.

— ¿Estás loca? Nos mataran a ambos, si no valoras tu vida deberías pensar un poco en tu hija.

— Es justo lo que hago, solo diles que escapé.

— Entonces me mataran por incompetente.

— Por favor ¿Que te hace pensar que un día simplemente no cambiarán de idea y de todos modos lo hagan?

— …

— Como yo lo veo, no eres más que otro cabo suelto. — Zafiro parece considerar la situación, sabe que las palabras de Michiru son realmente una posibilidad y aunque no está seguro de lo que debe hacer, ese peño ápice de decencia que aun posee parece molestarle más de lo que el deseaba.

— Hay mucho dinero esperando en Dubái. — Sus palabras harían perder la esperanza a Michiru.

— Debí imaginarlo, no dejaras esa fortuna solo por tus escrúpulos, si es que en verdad aun te queda alguno.

— ¡No, no lo estás entendiendo! Puedo sacar bastante dinero, suficiente como para que tú y tu hija vivan sin preocuparse el resto de sus vidas, luego podrás llevarla a donde quieras; con ese dinero desaparecer no será tan difícil.

— Serena espera que en efecto lleguemos a ese lugar muy seguramente no serás el único vigilándonos incluso ha de haber escoltas en ese barco.

— ¿Y cómo piensas huir si siquiera un boleto de tren?

— Eres tú quien no lo está entendiendo, no puedo aceptar ese dinero si lo hiciera sería como si estuviera vendiendo la vida de mi hermano, a mi familia y nuestro derecho a obtener justicia... solo acepte irme para poder estar con mi hija y con algo de suerte ellos estarán bien.

— ¿Qué crees que les pasará si desapareces?

— Si les pasa algo será porque nunca consideraron cumplir su promesa, vaya o no a Dubái... Los argumentos de Michiru no eran algo que realmente convenciera al de ojos celestes, pero algo era seguro, su parecido con Darien era solo físico, quizás no era un beato, pero probablemente le importaba saber que al menos por esta vez podía hacer lo correcto…

El navío aguardaba desde muy temprano en el puerto, Zafiro no pareció tener prisa, se tomó el tiempo para que Michiru y su hija se preparen para el viaje y pidió servicio a la habitación para desayunar. Michiru se dispuso a recoger sus pertenencias, en realidad no era mucho solo algo de ropa de cambio, el sujeto se había tomado la libertad de comprarle un poco de eso, lo único que ella conservaba de Reino Unido era la pequeña alforja con dinero, no la había dejado en ningún momento pues era lo único con que contaba para cuidar de Hotaru por sí misma, aunque cada vez se hacía más evidente que no la necesitaría lo que paradójicamente le preocupaba pues en breve estaría camino a su nueva jaula de oro.

El hotel se hallaba cerca al puerto, poco menos que unos cinco minutos en auto, pero el de ojos azules elegiría caminar un rato por la zona y poco después se hallarían una especie de mirador. Desde allí Zafiro señaló una resplandeciente embarcación de tonalidad nívea con una línea color índigo claro y una segunda línea dorada que adornaban el casco con una sutil onda desde la proa terminando elegantemente en la popa en la que se veían algunos detalles dorados más. Se trataba del Silver Cristal, un lujoso e inigualable velero propiedad de Serena Kou.

— Necesito comprobar que todo esté listo para zarpar, puedes dar una última vuelta y quizás comprar algunas cosas más para el viaje si quieres — Afirmó Zafiro mientras extendía una fajilla de dinero y los pasaportes que Michiru y su hija necesitaban para ir a donde quisieran. Desconcertada, Michiru dudaría de lo que parecía estar ocurriendo.

—… ¿Qué es lo que haces?

— Lo correcto, asegúrate de salir lo antes posible de este país.

— Qué hay de ti ¿Qué es lo que harás?

— Iré a Dubái, para cuando Serena se entere habré saqueado esa cuenta lo suficiente para vivir como un rey, veré que hacer después, quizás tenga daño cerebral pero seguro estaré bien. — Dijo haciendo referencia al golpe en su cabeza.

Sin dudarlo, Michiru extendería su mano; pero solo para tomar los pasaportes.

— Acepta el dinero, sabes que en verdad lo necesitas. — Repondría Zafiro

— Ya te lo dije, no está bien que lo haga, no tienes que preocuparte tengo suficiente para pensar en qué hacer.

— No es para ti sino para Hotaru. Serena se lo debe por quitarle a su familia, lo más justo es que ella pague por el bienestar de tu hija, y de cualquier forma esto tampoco es mucho. — Aquel parece ser un buen argumento, pero aun así Michiru rechazaría el ofrecimiento, no quiere nada que provenga de esa mujer o su cuñado.

— … Bien, espero que en verdad no te haga falta.

— No pienso agradecerte por esto.

— Es igual, no tienes que hacerlo… — Aquella, habría sido la última vez que Michiru vería a Zafiro ni tampoco volvería a saber nada respecto a él.

Marzo — 1933.

Los últimos meses Armand lo ha pasado leyendo los periódicos, era frustrante saber todo por cuanto había pasado Michiru solo por lo que la prensa publicaba, ahora entendía el por qué perecía alguien tan diferente cuando estuvo en su casa aquella noche, aunque desde luego no creería ni por un segundo que su amiga hubiese sido capaz de asesinar a nadie y le pesaba no haber hecho algo mejor por ella cuando tuvo la oportunidad.

Tenía un nuevo administrador en su negocio por lo que aún seguía yendo solo de vez en cuando para ver que todo marchase bien, pero esta vez encontraría más que solo números y detalles a revisar.

Su asistente le entregaría algunos sobres de correspondencia, esta vez parecía haber recibido algo por error, Armand no conocía al remitente y de hecho no conocía a nadie en España, por lo que se sorprendió al comprobar que en verdad estaba dirigido a él. Mayor fue su sorpresa cuando al abrirlo se dio cuenta de que la carta en realidad había sido enviada por Michiru y que en ella le pedía viajar a Sevilla.

Por fortuna encontraría a la aquamarina y su hija mejor de lo que esperaba, Hotaru estaba llena de salud y energía, una niña alegre como siempre lo había sido. Michiru pasaba el tiempo entre cuidarla y conseguir dinero para que no le faltase nada, pintaba para cualquiera que pudiera pagar lo suficiente por su trabajo y ocasionalmente posaba para estudiantes de arte si se daba la oportunidad, pero ahorrar dinero se dificultaba gracias a que no se quedaba más que un par de meces en la misma ciudad o pueblo y el dinero con el que salió de Reino Unido se había agotado bastante rápido.

Armand estaba más que dispuesto a cuidar de Michiru, quería darle el dinero que ella necesitara para salir de Europa, pero la aquamarina lo sorprendió diciendo que no era eso lo que necesitaba, lo que deseaba era convertirse en el artista que siempre quiso ser y él podía ayudarla a conseguirlo. Tenía un par de pinturas, eran mucho más que simples retratos de alguien que deseaba verse bien en un lienzo, dijo que sabía que podía venderlos muy bien, de hecho una galería ya había aceptado exhibir un cuadro suyo antes pero el dinero que le pagaron fue mucho menos del que ganaron al venderlo y pensó que su amigo podía ser un poco más justo en cuanto a promover su trabajo y cobrarle una comisión adecuada, Armand no dudó ni por un segundo que Michiru lograría realizar su sueño y desde luego haría todo lo posible para que así fuera.

Quedarse algunos días cuidando personalmente de ellas no le pareció mala idea ni tampoco a Michiru, de hecho, ella necesitaba tener un rostro amable y conocido cerca, alguien con quien hablar y poder desahogarse, él fue lo mejor que le había pasado después de que recuperó a Hotaru.

El castaño regresaría a reino unido y Michiru aceptó el dinero que requería para marcharse lo más lejos posible, estaba convencida de que podía devolverlo, tenía que lograr su objetivo, de ello dependía en gran medida el bienestar de Hotaru.

Normalmente usaban apartados postales para enviar cualquier cosa el uno al otro, en efecto Armand le ayudaría a promocionar y vender sus primeros cuadros con una buena ganancia para ambos, el talento de innato de Michiru hacía de su trabajo algo exquisito y novedoso, sus pinturas pronto comenzarían a ganar adeptos. Desde entonces han sido socios, más porque ella insiste en darle exclusividad sobre su trabajo a su amigo pues básicamente sus obras se venden por sí solas, de hecho, Michiru pintaría un cuadro dedicado a él considerando que no habría obtenido tal éxito sin su ayuda, o al menos era lo que ella estimaba.

End Flashback

—... por qué tantos rodeos para decirme esto. Preguntaría Haruka.

— Bueno… no estaba muy segura de cómo te afectaría, es más aún tengo mis dudas, pero no puedo seguir fingiendo que nunca estuve en ese lugar.

— ¿Hace cuánto sabes esas pinturas?

— ¿Qué importancia tiene? — Sin duda a Ami le pesaba responder.

— Bastante, al menos para mí.

— Da igual ya estamos aquí, es lo que importa.

— ¡Ami!

— ¡Ok, ya!... como un par de meses… creo.

— ¡Como un par de meces dices! ¿Y apenas hoy se te da por mencionar algo?

— Haruka, hace un momento decías que buscarla sería un error y estoy de acuerdo, claramente ella no necesita que ser encotrada.

— ¡¿Crees que no lo sé?! ¡Eso no significa que no me pueda importar saber algo como esto!

— ¡Y esa esa es justa la razón por la que te lo estoy diciendo ahora!

— "Ho que bien, gracia" "A lo mejor mejor te lo hubieras dejado para navidad o mi cumpleaños, habría sido una buena sorpresa" "¿No lo crees?"

— ¡Cielos ya basta! ¿Quieres? ¡Lamento no haber dicho nada antes! solo espero que esto sea para bien.

— … ¿A qué te refieres con "para bien"?

— De que te convenzas realmente de que ya no haces parte de su vida, no vale la pena seguirte reservando por un simple recuerdo. Están en un bello lugar, ella hace lo que siempre quiso ¿Qué otra cosa necesitas saber? Simplemente deberías intentar rehacer tu vida con otra persona.

— La rubia daría un breve suspiro, no deseaba enfadarse por lo que consideraba tenía derecho a saber y Ami simplemente había decidido ocultarle.

—... Ami en verdad… te agradezco que hayas decidido decírmelo a pesar de tus dudas, pero tienes que dejarme seguir con mi vida tal cual quiero, no necesito enamorarme de nuevo en serio estoy bien así.

—… No se trata solo de eso Haruka, no quiero que hagas algo que pueda lastimarte solo por querer saber algo a cerca de ella, sé que Michiru es una buena persona y que seguramente tampoco no ha sido fácil para ella, pero a veces es mejor dejar el pasado en donde pertenece no creo que te haga bien escarbar de nuevo en él.

— … Y…¿Set, lo sabe? ¿Se lo has dicho al menos a ella?

— Puffs ¿Cómo crees? Capas que va y te lo dice así nada más — Respondió Ami mientras se detenían en el cruce frente al establecimiento —... ¿y ahora?

— Entramos, fingimos interés en algunas pinturas vemos algunos cuadros y tal vez podamos averiguar algo.

— "Genial, seguro nos darán su dirección teléfono o hasta nos lleven a su casa sin pedirlo"

— ¿Se te ocurre algo mejor?

— ¡Seguro! Damos vuelta, nos olvidamos de esto y nos vamos al cine.

— No vinimos hasta aquí solo para dar la vuelta.

— Okay, entonces adelante, yo espero aquí.

— No vas a dejarme sola ahora ¿o sí?

— ¿Pues qué crees? Sí, vas a ir sola.

— Ho vamos por favor, Ami no seas cruel. — La joven de ojos celestes parece algo contrariada, simplemente no puede negarse a los ojitos de borrego degollado con los que la rubia la miraba.

— Además, creería que me lo debes ¿No?

—… ¡Bien! ¡Qué más da! — Diría, exhalando un sentido suspiro —…Debí quedarme con mi enorme e impertinente boca cerrada.

—…Pronto, una encantadora y bella señorita de grandes y soñadores ojos celestes, entraría al distinguido lugar acompañada de un alto y considerablemente apuesto caballero de pelo rubio.

Cap 18 —

Saludos.

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A todos gracias por su lectura.