ALTERACIONES
El ministerio de magia bullía con actividad, como siempre. Funcionarios iban y venían en medio del ajetreo constante, con pergaminos y carpetas en mano, sumidos en sus propias preocupaciones. La atmósfera estaba cargada con el zumbido de conversaciones apresuradas y pasos resonando en los pasillos de mármol.
El ajetreo también estaba presente en el piso de regulación mágica, en donde se supervisaba y regulaba el uso adecuado de la magia en diferentes situaciones y entornos.
Harry salió por una de las oficinas laterales, su mente inmersa en sus propios pensamientos. Sus pasos eran firmes pero automatizados, como si estuviera siguiendo un patrón conocido. La expresión en su rostro era seria, reflejando las responsabilidades y preocupaciones que lo acompañaban como jefe de la oficina de aurores.
Mientras tanto, Hermione salió de una oficina en el lateral opuesto, su bolso apretado contra su costado. Su mente estaba ocupada con las tareas que tenía por delante, y su mirada estaba concentrada en el camino frente a ella. A pesar de su apretada agenda como jefa del departamento de criaturas mágicas, una chispa de determinación brillaba en sus ojos.
Fue en ese momento, cuando el destino parecía caprichoso, que sus caminos se cruzaron. Harry y Hermione se encontraron en el pasillo donde estaba el ascensor. Sus ojos se encontraron por un instante, un instante que pareció extenderse en el tiempo. En ese momento, todo a su alrededor se volvió borroso, como si fueran los únicos dos en el mundo.
Los pensamientos y las emociones se agolparon en sus mentes. Harry se sorprendió por la intensidad de la mirada de Hermione, una mirada que parecía contener un millón de palabras no dichas. Su corazón latió con fuerza en su pecho, y sus mejillas se encendieron con un rubor incómodo.
Por su parte, Hermione sintió como si el tiempo se hubiera detenido. La presencia de Harry frente a ella era abrumadora, y su corazón parecía latir en su garganta. La tensión entre ellos era notoria.
Esta vez, en lugar de la intensa mirada que habían compartido anteriormente, ahora había una mezcla de sorpresa y nerviosismo. Ni uno ni el otro esperaba toparse con el otro en ese momento. Aunque sus labios se movieron en un intento de hablar, las palabras parecieron evaporarse antes de que pudieran pronunciarlas.
Harry, con las manos metidas en las bolsas de su pantalón, trató de reunir el coraje para decir algo, pero sus mejillas se encendieron en un tímido rubor. Hermione, por su parte, sintió que su corazón latía con fuerza contra su pecho, mientras sus ojos se desviaban hacia el suelo.
Finalmente, Hermione rompió el silencio.
— Harry, necesitamos hablar — murmuró, su voz temblorosa pero firme, como si estuviera decidida a enfrentar la situación.
Harry levantó la mirada en un instante y se encontró con los ojos de Hermione. Fue un encuentro breve pero intenso, como si todas las emociones no expresadas entre ellos se manifestaran en ese momento. Sin embargo, el contacto visual duró apenas un parpadeo antes de que ambos apartaran la vista, incapaces de sostener la intensidad del momento.
Luego, Harry asintió lentamente, su expresión una mezcla de incertidumbre y resignación. Antes de que pudiera responder algo más, las puertas del ascensor cercano se abrieron, como si el destino los estuviera guiando. Sin decir una palabra, ambos entraron automáticamente, como si el pequeño espacio del ascensor ofreciera una tregua momentánea de la tensión que los rodeaba.
El pequeño espacio del ascensor parecía encogerse aún más en presencia de la tensión entre ellos. Miraron sus propios pies, evitando encontrarse con la mirada del otro, mientras el ascensor ascendía lentamente hacia su destino.
El silencio llenó el aire, dejando solo el suave zumbido del ascensor como compañía. Cada segundo que pasaba aumentaba la incomodidad, como si fueran dos polos opuestos que se rechazaban.
Esta vez, fue Harry quien rompió el silencio.
— Lo siento por lo de ayer — comenzó, su voz apenas más que un susurro — No sabía que Sarah reaccionaría de esa manera.
Hermione suspiró, sintiendo que sus palabras eran insuficientes para expresar la complejidad de sus sentimientos.
— No es tu culpa, Harry. No tienes que disculparte por las acciones de Sarah.
Sin embargo, sus palabras apenas rompieron la superficie de la tensión acumulada entre ellos.
La planta baja del ministerio de magia estaba llena de actividad, como siempre. Personas de todas partes se apresuraban de un lado a otro, el sonido de sus conversaciones llenaba el aire. En medio de ese caos, un grupo variado de amigos se reunió, cada uno de ellos con expresiones serias y determinadas en sus rostros.
Ron, con su cabello pelirrojo característico y su expresión concentrada, entró en el atrio seguido de cerca por Draco, que llevaba una actitud imperturbable a pesar del ambiente frenético. Roxanne caminaba a su lado, con una mirada de decisión en sus ojos, lista para cualquier desafío que se presentara. Neville junto a ella, su porte tranquilo pero sus ojos llenos de determinación.
James y Lilly los siguieron con pasos decididos. A pesar de su corta edad, llevaban una carga de responsabilidad en sus hombros, conscientes de la importancia de la misión que habían emprendido. Sus miradas eran intensas y llenas de valor mientras avanzaban junto a los adultos.
El grupo se detuvo en un rincón del atrio, un lugar donde podían observar el flujo constante de personas mientras estaban relativamente apartados. Los amigos intercambiaron miradas de complicidad, compartiendo la importancia de lo que estaban a punto de hacer. Cada uno de ellos sabía que estaban involucrados en un plan que debería tomar el curso correcto de la historia y juntar a sus amigos, Harry y Hermione. Que se dieran cuenta de lo enamorados que estaban.
Ron cruzó los brazos sobre el pecho, mirando a su alrededor con una expresión pensativa. Draco permaneció a su lado, su mirada analítica mientras evaluaba el ambiente. Roxanne se acercó a Neville, colocando su mano en su brazo en un gesto de apoyo silencioso.
Neville, con su expresión serena pero determinada, se volvió hacia James y Lilly. Les dirigió una sonrisa alentadora, reconociendo la importancia de su papel en todo esto. Los dos jóvenes asintieron en respuesta, compartiendo la confianza de Neville.
Las puertas del ascensor se abrieron, revelando el interior iluminado por una tenue luz. Sin embargo, Harry y Hermione permanecieron inmóviles, como si estuvieran atrapados en un momento suspendido en el tiempo. A su alrededor, el flujo constante de personas continuaba, ajeno a la tensión que emanaba de la pequeña cabina.
Cuando el ascensor sonó, fue Roxanne quien alertó a los demás para que vieran la escena que tenían frente a ellos.
Mientras Harry y Hermione permanecían allí, con la mirada clavada en el suelo del ascensor, Ron, Draco, Neville y Roxanne intercambiaron miradas significativas mientras veían a Harry y Hermione dentro del ascensor, atrapados en una tensión bastante notoria.
Ron frunció el ceño, su expresión una mezcla de preocupación y tristeza. Sus ojos se desplazaron entre Harry y Hermione, y pudo ver en sus gestos y en sus miradas que algo había cambiado drásticamente entre ellos.
Draco, normalmente imperturbable, tenía una mirada pensativa en su rostro mientras observaba la escena con atención.
Neville apretó los labios, sus ojos en Harry y Hermione con una mezcla de comprensión y preocupación.
Todos habían sido testigos de la discusión en la cena y sabían que había un conflicto no resuelto que estaba afectando a sus amigos. Roxanne, al estar cerca de Neville, lo miró con un gesto de apoyo silencioso, compartiendo su preocupación por la situación.
A medida que el tiempo parecía detenerse en ese momento, los amigos intercambiaron miradas llenas de significado. A pesar de la distancia, podían sentir la profundidad de la tensión entre Harry y Hermione.
Mientras tanto, James y Lilly observaban la escena, y sus corazones latiendo con inquietud. Ver a sus padres dentro del ascensor sin siquiera poder mirarse o dirigirse la palabra los llenaba de una mezcla de tristeza y frustración. Para ellos, que habían crecido viendo el amor y la cercanía entre Harry y Hermione, esta imagen era completamente desconcertante.
James, con sus ojos oscuros fijos en la escena ante él, se mordió el labio, tratando de entender cómo habían llegado a este punto. Lilly, a su lado, sentía un nudo en la garganta. Ver a sus padres tan distantes, cuando sabía lo profundamente que se amaban, era doloroso.
Sintieron una mezcla de frustración y tristeza mientras observaban a sus padres en el ascensor. Habían viajado accidentalemente en el tiempo para reunirlos, pero verlos tan distantes y sin comunicarse era abrumador.
James apretó el puño con fuerza, sintiendo la impotencia de la situación. Sus ojos oscuros se llenaron de determinación, decidido a hacer todo lo posible para cambiar el rumbo de las cosas.
Los hermanos compartían la misma angustia. Ver a sus padres en medio de una tensión que no reconocían de su época era desgarrador. Se mordió el labio, luchando contra las lágrimas mientras miraba a sus padres, a quienes amaba profundamente.
Ron, Neville, Draco y Roxanne compartieron miradas cargadas de preocupación mientras observaban a James y Lilly. Sabían que los dos jóvenes estaban presenciando una escena dolorosa entre sus padres, y su deseo de ayudarlos solo aumentaba. Era evidente que la tensión entre Harry y Hermione tenía un impacto profundo en todos los presentes.
James y Lilly compartieron una mirada silenciosa, intercambiando preocupación y tristeza. Sabían que su misión de reunir a sus padres se había vuelto aún más difícil.
Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, Harry reunió el coraje para romper el silencio. Sin mirar a Hermione directamente, su voz salió en un susurro apenas audible.
— Por favor, adelante — dijo suavemente, haciendo un gesto hacia la salida del ascensor.
Hermione sintió un nudo en la garganta mientras levantaba la vista y lo miraba de reojo. Sus ojos se encontraron por un breve instante, y en ese contacto visual, pudieron percibir el peso de las palabras no dichas entre ellos. Harry no podía mirarla a los ojos, y Hermione también desvió la mirada, su corazón latiendo con fuerza en su pecho.
Finalmente, con un movimiento lento y cauteloso, Hermione tomó la seña de Harry y salió del ascensor. Las puertas se cerraron detrás de ella, dejando a Harry solo en el interior.
Con el corazón apretado, todos observaron mientras las puertas del ascensor se cerraban, separando a Harry y Hermione. Era evidente que había mucho trabajo por hacer para restaurar lo que se había perdido entre ellos.
Dentro del confinamiento del ascensor, Harry cerró los ojos con fuerza, dejando que sus pensamientos se arremolinaran en su mente. Sabía que las cosas entre él y Hermione no podían continuar así, que había algo que necesitaba abordarse.
El silencio, la tensión acumulada y la distancia que parecía haberse interpuesto entre él y Hermione ocuparon sus pensamientos. Se pasó una mano por el cabello, sintiendo la frustración que lo invadía.
Se preguntó cómo era posible que algo tan natural como su relación con Hermione se hubiera vuelto tan complejo. Recordó cómo solían comunicarse sin palabras, cómo bastaba con una mirada o un gesto para entenderse mutuamente. Ahora, cada intento de comunicación parecía chocar contra una barrera invisible.
En su mente, revivió los momentos compartidos con Hermione, las risas, las aventuras, los momentos de consuelo y apoyo. Había sido tan fácil amarla, tan natural, que nunca había pensado que podrían llegar a este punto de desconexión. Suspiró profundamente, sintiendo un nudo en la garganta.
— ¡Maldita sea! — murmuró en voz baja, dejando escapar su frustración y desesperación — Ojalá pudiera decirte de una vez lo mucho que te amo, Hermione — Sus palabras resonaron en el pequeño espacio del ascensor, como si finalmente estuviera liberando un pensamiento que había estado atascado en su mente y en su corazón durante mucho tiempo.
A medida que pronunciaba esas palabras, una sensación de alivio se apoderó de él. Era un pensamiento que había mantenido en silencio, temeroso de lo que podría significar, pero ahora lo decía en voz alta, aunque solo fuera para sí mismo.
Tenía que hablar con Hermione, necesitaba abordar sus sentimientos y afrontar la tensión que los separaba. Estaba decidido a hacer lo que fuera necesario para recuperar lo que habían perdido.
Por su parte, Hermione salió del ascensor con paso apresurado, su mirada fija en el suelo mientras luchaba por contener las lágrimas que amenazaban con escapar. La sensación de angustia que la invadió parecía asfixiante, y no pudo evitar sentir que el mundo a su alrededor se había vuelto un poco más oscuro.
Caminando por los pasillos del ministerio, Hermione se obligó a mantener la compostura, pero las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas, dejando un rastro húmedo en su camino. La frustración y el dolor que había estado guardando en su interior finalmente encontraron una salida, y las lágrimas eran un reflejo de la confusión y la tristeza que sentía en ese momento.
Se preguntó cómo habían llegado a este punto. Cómo la comunicación fluida y hermosa que solía compartir con Harry se había vuelto tan esquiva. Recordó los momentos en los que una mirada o una sonrisa eran suficientes para entenderse mutuamente, y ahora parecían estar atrapados en un silencio incómodo.
— ¿Cómo es posible? — murmuró para sí misma, su voz apenas un susurro en el aire. La pregunta no tenía respuesta fácil, y su corazón se apretó en su pecho mientras continuaba caminando. La distancia entre ella y Harry parecía un abismo infranqueable en ese momento, y no sabía cómo podrían volver a ser lo que solían ser.
Sus pensamientos se volvieron hacia Harry, y una sensación de anhelo se apoderó de ella.
— Ojalá pudiera decirte cuánto te amo, Harry — susurró en voz baja, como si las palabras fueran un secreto que compartía consigo misma. Las lágrimas continuaron deslizándose por sus mejillas, pero sus pasos no se detuvieron. Aunque la situación entre ellos era compleja, no estaba dispuesta a renunciar sin luchar.
Finalmente, llegó a su oficina y cerró la puerta detrás de ella. Se permitió un momento para respirar hondo, secar sus lágrimas, y luego con determinación en su mirada, se sentó en su escritorio y comenzó a trabajar.
Después de presenciar la tensa escena entre Harry y Hermione en el ascensor, Ron, Draco, Neville y Roxanne, intercambiaron miradas, sabiendo que necesitaban encontrar un lugar donde pudieran hablar en privado sobre sus planes para ayudar a James y Lilly a reunir a sus padres.
Ron tomó la iniciativa y miró a su alrededor, buscando una solución. Sus ojos se posaron en una puerta que parecía llevar a un corredor menos transitado. Se acercó a la puerta y la abrió, revelando un pasillo vacío con varias puertas a lo largo de él. Un pequeño rótulo indicaba las diferentes oficinas que se encontraban en ese corredor.
— Creo que este lugar podría funcionar — sugirió Ron, señalando hacia el pasillo — Es menos concurrido y podríamos encontrar una oficina vacía para hablar sin interrupciones.
— Buena idea, Weasley. Además, aquí en este corredor hay muchas oficinas individuales que podríamos utilizar — Draco asintió en acuerdo.
El grupo avanzó por el pasillo, mirando los rótulos en las puertas mientras buscaban una oficina vacía. Finalmente, llegaron a una puerta que decía "Oficina de Archivos" y se dieron cuenta de que estaba desocupada.
Roxanne, que trabajaba por esos lados, recordó que la mayoría de los empleados se encontraban en una conferencia ese día, lo que explicaba por qué muchas de las oficinas estaban vacías.
— Esta parece estar libre — comentó Roxanne, abriendo la puerta para revelar una oficina pequeña pero funcional — Y con la conferencia en marcha, es poco probable que alguien venga aquí.
El grupo asintió con aprobación y entraron en la oficina. Una vez adentro, cerraron la puerta tras de sí y se miraron el uno al otro. Neville tomó la palabra, su expresión seria pero decidida.
— Tenemos que idear un buen plan para ayudar a James y Lilly a llevar a cabo su misión — dijo Neville — Sabemos que la tensión entre Harry y Hermione es más fuerte de lo que imaginabamos, y necesitamos un plan sólido para acercarlos de nuevo. El plan de Malfoy sobre emborracharlos sigue en pie, pero sería durante la fiesta de compromiso.
Ron asintió y entendió la gravedad de la situación.
— Chicos, creo que podríamos pedir ayuda a los gemelos. Si hay alguien que pueda idear un plan creativo y sorprendente, son ellos.
James y Lilly asintieron, compartiendo la misma opinión. Ron sacó su varita y envió un patronus a los gemelos Weasley, explicando la situación y pidiéndoles su ayuda. Poco después, recibieron una respuesta y los gemelos, Fred y George, aparecieron en la oficina con sus típicas sonrisas traviesas.
— ¡Vaya, vaya, vaya! Así que los Potter Granger necesitan nuestra ayuda para resolver un pequeño problema amoroso — bromeó Fred.
— ¿Quién mejor que nosotros para crear un plan digno de los maestros bromistas? — agregó George con una risa.
El grupo compartió una risa, pero pronto se pusieron serios y les explicaron la situación con detalle. Después de escuchar atentamente, Fred y George se tomaron un momento para pensar y luego presentaron su nuevo plan.
— ¡Bien, escuchamos todo lo que nos han dicho! — comenzó Fred, con un brillo travieso en los ojos. — Tenemos un plan infalible para juntar a nuestros queridos amigos Harry y Hermione.
— Lo llamamos el "Plan Confeti Sorpresa", y funciona así — Continuó George — vamos a crear un confeti especial que, al principio, parecerá una bola de fuego realista. Cuando lo lancemos, todos pensarán que están en peligro y se lanzarán al suelo.
Ron, Draco y Neville se miraron entre sí, intrigados por la idea. Sabían que los gemelos Weasley eran maestros en travesuras.
— Pero aquí está el giro ingenioso. Cuando ese confeti explote, en lugar de fuego, llenará toda la sala con confeti de colores brillantes. ¡Será como una lluvia de celebración! — exclamó Fred con emoción.
George continuó explicando los detalles logísticos y las señales para asegurarse de que el efecto sorpresa funcionara perfectamente.
— La clave aquí es que, en medio de la confusión, Harry tendrá que proteger a Hermione. Ya sabes, como un buen auror protector — Fred guiñó un ojo.
Todos asintieron, comenzando a entender la estrategia. Los gemelos continuaron con los detalles del plan, discutiendo cómo podían asegurarse de que Harry y Hermione estuvieran en la posición perfecta cuando todo sucediera.
Finalmente, con el plan detallado y acordado, Fred y George se sintieron satisfechos.
Mientras tanto, los días siguientes transcurrieron en un silencio incómodo y esquivo. Los cruces casuales en los pasillos se volvieron evitaciones deliberadas. Harry y Hermione luchaban por encontrar la forma de comunicarse, pero cada vez que intentaban hablar, sus palabras parecían quedar atrapadas en sus gargantas.
Dias después, como parte del plan, Luna caminaba por los pasillos del ministerio de magia con su característica tranquilidad y aire soñador. Llevaba su cabello rubio suelto, con una expresión serena en su rostro mientras se dirigía hacia el departamento de aurores. Tenía un objetivo claro en mente y estaba decidida a llevarlo a cabo.
Llegó al área donde se encontraba el departamento, y sus ojos se posaron en el escritorio de la secretaria que estaba atendiendo a un mago mayor que hacía una consulta. Luna esperó pacientemente, su mirada vagando por los detalles del lugar mientras dejaba que su mente divagara.
La secretaria finalmente levantó la vista y se encontró con los ojos azules y serenos de Luna.
— ¡Ah, hola, Luna Lovegood! ¿En qué puedo ayudarte hoy? — preguntó la secretaria con una sonrisa amable.
— Hola, me gustaría hacer una breve visita a Harry Potter. ¿Podría anunciar mi llegada? — Dijo Luna devolviendo la sonrisa y acercándose al escritorio.
La secretaria asintió y comenzó a escribir en su pergamino de anotaciones.
— Por supuesto, déjame ver si está disponible en este momento.
Luna inclinó ligeramente la cabeza hacia un lado, su expresión soñadora no había desaparecido.
— Puedes tomar asiento y esperar en la sala justo al final del pasillo.
Luna asintió agradecida y se dirigió hacia la sala de espera, que estaba decorada con sillas cómodas y cuadros mágicos que cambiaban de escena. Se sentó en una de las sillas y esperó pacientemente, sumida en sus pensamientos mientras observaba las imágenes en movimiento en los cuadros.
Sabía que su conversación con Harry era importante, y se había preparado mentalmente para lo que tenía que decir. Esperaba que sus palabras pudieran darle un empujón en la dirección correcta, aunque sabía que la decisión final estaba en manos de Harry.
Luna llegó a la oficina de Harry, su sonrisa radiante y sus ojos llenos de curiosidad.
— Hola, Harry ¿Cómo estás? — saludó con su característica calidez y sinceridad.
Harry levantó la vista sorprendido por la visita de Luna.
— Oh, hola Luna. Estoy bien, supongo. Gracias por preguntar — respondió con una sonrisa tenue.
La pregunta siguiente de Luna lo tomó por sorpresa. Después de la incómoda escena en la casa de Neville, no esperaba que alguien se preocupara por cómo estaban las cosas con Sarah.
— Bueno, con Sarah... no hay nada bien últimamente — confesó, sintiendo cómo la tensión de su relación se reflejaba en sus palabras.
— Entiendo. ¿Han tenido problemas? ¿Además de lo que ocurrió en la cena de Neville y Roxanne? — Luna asintió comprensivamente.
Harry suspiró, pasando una mano por su cabello desordenado.
— Sí, hemos discutido bastante últimamente. Parece que peleamos por cualquier cosa. Simplemente no me siento bien en la relación, sabes.
La sonrisa astuta de Luna no pasó desapercibida para Harry mientras hablaba. La pregunta que siguió lo dejó sin palabras por un momento.
— ¿Por qué no te sientes bien con ella? ¿Hay alguien más? — inquirió Luna con una chispa traviesa en sus ojos.
El corazón de Harry latió más rápido, preguntándose cómo Luna podía ser tan perspicaz.
"¿Cómo era posible que su amiga Ravenclaw siempre supiera más cosas de las que aparenta saber?" pensó Harry, confundido por la habilidad de Luna para leer entre líneas.
— Siempre ha habido alguien más y siempre la misma — admitió Harry, su tono algo avergonzado mientras evitaba la mirada de Luna.
La respuesta de Harry pareció aumentar la curiosidad de Luna en lugar de saciarla.
— Entonces, ¿por qué no hablas con Sarah, terminas con ella y estás con ese alguien más? — preguntó Luna con su habitual inocencia, como si estuviera sugiriendo algo tan simple como elegir un postre en el gran comedor.
Las palabras de Luna hicieron que Harry se sintiera vulnerable y expuesto. ¿Cómo podría explicarle lo que sentía?
— No puedo. Ella no siente lo mismo, creo — admitió en un suspiro, dejando escapar sus pensamientos más profundos a su amiga de confianza.
— A veces, las cosas no son tan simples como parecen, Harry. Tal vez deberías considerar hablar con ella sobre cómo te sientes. Nunca se sabe lo que puede pasar si no intentas — aconsejó con su sabiduría característica y lo miró con compasión.
— No puedo. Ella es demasiado buena para mí. Yo... no la merezco — admitió con una mezcla de resignación y autocrítica. Suspiró frustrado.
La respuesta de Harry provocó una expresión de determinación en el rostro de Luna.
— ¡Eres Harry Potter! ¡Eres increíble también! — exclamó, tratando de animarlo — Creo que deberías decírselo. Nunca sabrás si no lo intentas — añadió Luna con una sonrisa tranquilizadora.
Harry pasó sus manos por su rostro, sintiendo la tensión en su interior.
— Ese es otro punto a favor de ella. Es la única mujer que ve más allá de la fama del niño que vivió, es la única que me ve como solo Harry — confesó con sinceridad, sus emociones saliendo a la superficie — ¡Ella es increíble, asombrosa, maravillosa, brillante, hermosa! ¡Ella es ...! ¡Es Hermione! —exclamó, dejando escapar todo lo que sentía — Si le digo y no siente lo mismo, podría perder su amistad — agregó, su voz temblando ligeramente mientras admitía su mayor temor.
La sonrisa de Luna brilló con complicidad, como si supiera algo que Harry no había considerado.
— Creo que deberías hablar con ella — dijo con dulzura, transmitiendo su confianza en la situación.
Harry se sintió vulnerable en ese momento, sus emociones al descubierto frente a su amiga Luna.
— Luna, te agradezco mucho por escucharme y por tu consejo. Pero te pido por favor, no le digas a nadie sobre esto. Especialmente no a Hermione — Harry pidió mirando a los ojos serenos de Luna con una expresión sincera.
Luna asintió con comprensión, su mirada suave y tranquilizadora.
— No te preocupes, Harry. Tu secreto está a salvo conmigo. Entiendo lo importante que es esto para ti, y respeto tu decisión.
Harry le ofreció una sonrisa agradecida, sintiendo un gran alivio al saber que podía confiar en Luna con sus pensamientos más profundos.
— Gracias, Luna.
Luna le devolvió la sonrisa con su característica ternura.
— Siempre estaré aquí para ti, Harry. Puedes contar conmigo en cualquier momento.
Horas después, en la tranquila oficina del departamento de aurores, Harry estaba sumido en la lectura de algunos informes cuando escuchó un suave golpe en la puerta. Levantó la vista y encontró a su amigo Ron asomándose con una sonrisa.
— ¿Listo para almorzar, Harry? — preguntó Ron con entusiasmo.
— Sí, definitivamente necesito un descanso. Vamos — Harry asintió dejando los informes a un lado.
………………………………………….
Bajo la intensa luz del mediodía, Harry y Ron caminaban juntos por las calles cercanas al ministerio de magia.
Ron miró a su amigo de reojo, notando la expresión pensativa en su rostro. Finalmente, decidió romper el silencio.
— ¿Vas a decirle a Hermione cómo te sientes, Harry?
La pregunta de Ron tomó a Harry por sorpresa, y suspiró cansado.
— ¡No puede ser! ¿Tú también? ¿Por qué creen que...? — Harry agitó la cabeza con incredulidad, como si no pudiera entender por qué todos a su alrededor parecían estar metidos en el asunto de sus sentimientos.
Ron soltó una risa suave, una sonrisa burlona en sus labios.
— Oh, por favor, Harry. Eres mi mejor amigo, ¿Crees que no he notado la manera en la que la miras, la cuidas y cómo te pones cuando sale con un hombre?
Harry se sintió atrapado, sus mejillas se calentaron por la vergüenza. Miró hacia el suelo mientras caminaba, sin poder negar lo que su amigo estaba diciendo.
— Es solo que... no quiero arruinar nuestra amistad. Y estoy seguro de que no siente lo mismo por mí.
— Entiendo Harry, de verdad lo entiendo. Pero también te diré esto, nunca sabrás si no lo intentas. Hermione es inteligente, comprensiva y, bueno, no puedo imaginar a nadie mejor para ti. Si sientes algo por ella, es hora de que lo enfrentes — Dijo Ron poniendo una mano en el hombro de Harry con empatía.
Harry suspiró profundamente, agradecido por la perspectiva de su amigo.
— No sé, Ron. Me asusta. Si ella no siente lo mismo, podría cambiar toda nuestra dinámica. Hoy hemos tenido un momento incómodo, gracias a la escena que armó Sarah ayer con Jane. No quiero perderla.
— Harry, si hay algo que sé con certeza, es que lo que ustedes tienen es especial. A veces, tomar ese riesgo es la única manera de descubrir si vale la pena — Ron le dio una mirada de complicidad.
Harry sonrió agradecido, pero antes de que pudiera decir algo más, Ron se volvió más serio.
— Y hablando de relaciones, Harry, tengo que ser honesto contigo. Creo que es hora de que termines con Sarah. Nadie la aguanta, ni siquiera tú. Y después de lo que ocurrió en la cena de Neville y Roxanne, es obvio que tu relación con Sarah no va a funcionar. No la amas, Harry. No estás enamorado de ella. Estás enamorado de Hermione.
Harry se quedó sorprendido por la franqueza de Ron.
— Ron, yo...
Ron lo interrumpió con un gesto de su mano.
— No te lo tomes a mal, mate. Solo quiero que seas feliz. Y todos sabemos que estás pasando por un momento complicado. Si necesitas ayuda, estamos aquí para apoyarte.
— Gracias, Ron. De verdad — Harry miró a su amigo, sintiendo un nudo en la garganta.
Harry y Ron regresaron al ministerio después de su almuerzo, listos para retomar sus responsabilidades. Sin embargo, en el atrio, Cormac McLaggen estaba rodeado de sus colegas y parecía estar presumiendo de algo con una sonrisa arrogante en su rostro.
— Voy a pedirle a Granger de nuevo que salga conmigo y esta vez tendrá que aceptar, y voy a llevarla a la cama — dijo McLaggen con petulancia, pronunciando cada palabra con confianza.
Justo en ese momento, Harry pasó junto a ellos y escuchó las palabras ofensivas de McLaggen. La ira se encendió en su interior, su rostro se tensó y sus puños se apretaron involuntariamente. ¿Cómo se atrevía a hablar de Hermione de esa manera tan despectiva y arrogante?
— ¿Qué fue lo que dijiste, McLaggen? — preguntó Harry, su voz resonando con furia contenida. Sus ojos estaban clavados en el castaño, su expresión oscura y amenazante.
McLaggen, lejos de mostrar arrepentimiento, hizo una mueca de burla y levantó una ceja.
— Potter ¿No te parece interesante mi plan para conquistar a Granger? — provocó con una sonrisa cínica.
La sangre de Harry hervía, pero sabía que no podía dejarse llevar por su enojo. Apretó los dientes, tratando de mantener la calma.
— No tienes derecho a hablar de ella de esa manera, McLaggen. Ella no es un objeto para que te jactes de conquistar.
Los colegas de McLaggen observaron la tensión en el aire, algunos con curiosidad y otros con incomodidad. Pero McLaggen parecía disfrutar de la situación, su actitud arrogante no disminuyó en lo más mínimo.
— Relájate, Potter. No es como si fueras el dueño de Granger. Si ella decide que quiere divertirse un poco, ¿quién soy yo para negarme? —respondió McLaggen, su sonrisa desafiante.
La ira de Harry seguía bullendo bajo la superficie, pero sabía que no ganaría nada confrontando a McLaggen en ese momento. Miró a Ron, quien lo miraba con preocupación, y después a McLaggen.
— Mantente alejado de Hermione. Y si tienes algún respeto por ella, trata de hablar de ella con dignidad y consideración — dijo Harry con una frialdad que cortaba el aire.
— ¿Qué? ¿Sigues molesto por que en sexto año no te dio la razón al decir que no quería nada conmigo? ¿Estás celoso, Potter? — preguntó Cormac, su voz llena de provocación mientras buscaba incitar a Harry.
Fue solo un par de segundos que le tomó a Harry reaccionar, su frustración y enojo alcanzando un punto crítico. Sin pensarlo dos veces, agarró las solapas del cuello de McLaggen, levantándolo del suelo y presionándolo contra la pared.
— ¿No te bastó con que te haya rechazado cientos de veces frente a nosotros? — preguntó Harry con una voz fría y dura, mirando directamente a los ojos de McLaggen. Detrás de él, Ron tenía su varita levantada hacia Cormac, listo para intervenir si la situación se salía de control.
Cormac pareció tambalearse en el agarre de Harry, pero antes de que pudiera responder, una figura conocida apareció por una esquina.
Hermione se detuvo en seco, su rostro mostrando una mezcla de preocupación y molestia al presenciar la escena que tenía frente a ella. Sin dudarlo, se acercó rápidamente al grupo, consciente de que debía intervenir antes de que las cosas empeoraran.
— ¡Harry! — exclamó Hermione con firmeza, su voz resonando con autoridad — ¡Bájalo ahora!
— ¿Ya ves, Potter? Hasta Granger me defiende de ti. ¿O es que estás celoso por que nunca te enteraste de quién es ese alguien más que le gusta a Hermione? — agregó Cormac con una sonrisa petulante, saboreando su pequeña victoria al ver la reacción de Harry.
La provocación de Cormac logró su objetivo, y Harry sintió cómo su enojo aumentaba. Antes de que pudiera decir algo, Hermione intervino nuevamente.
— ¡Harry! — exclamó Hermione nuevamente, su voz firme pero con un toque de alarma al mismo tiempo. Luego se volvió hacia McLaggen con una expresión de molestia.
Harry notó la mirada que se intercambiaron Hermione y Ron antes de que ella volviera su atención a Cormac. Ese intercambio de miradas le hizo pensar que había algo que no sabía y que los tres parecían conocer.
— Y tú cállate. ¿No has logrado entender que nunca he querido y no quiero nada contigo? — agregó Hermione con un tono cortante, dejando en claro su posición y tratando de desviar la atención de lo que Cormac había mencionado.
Harry sintió un nudo en el estómago mientras observaba a Hermione, notando la firmeza en su voz y en su mirada. Era evidente que había algo más que él no sabía, y eso solo lo dejó aún más confundido y molesto.
Ron, por su parte, observó la escena con una mezcla de molestia y preocupación. Si Cormac seguía provocando a Harry, la situación podría salirse de control rápidamente.
— Harry… — Hermione susurró esta vez y miró a Harry.
La voz de Hermione pareció tener un efecto inmediato en Harry. Sus ojos se encontraron con los de ella, y aunque su agarre seguía firme, gradualmente bajó a McLaggen al suelo, soltándolo con un gesto brusco.
Ron también bajó su varita, observando con atención la escena mientras Cormac se enderezaba y ajustaba su ropa, su expresión mostrando una mezcla de sorpresa y enojo.
Hermione soltó un suspiro frustrado, agitando la cabeza. No se iba a quedar callada cuando Mclaggen había estado a punto de revelarle a Harry sus sentimientos por él.
— No tengo tiempo para tus tonterías, McLaggen. Si tienes algún problema conmigo, dímelo de manera adulta. Y si no, entonces te sugiero que sigas con tus asuntos — dijo ella con una frialdad que sorprendió a todos.
Cormac pareció momentáneamente desconcertado por la respuesta de Hermione, pero rápidamente recuperó su actitud petulante.
— Como quieras, Granger. Pero deberías considerar mis propuestas, podríamos divertirnos un poco — respondió él con una sonrisa arrogante antes de dar media vuelta y alejarse.
Hermione observó mientras McLaggen se iba, su expresión aún molesta. Luego, se volvió hacia Harry y Ron, indicandoles que la siguieran a su despacho, y ambos amigos la acompañaron en silencio. La atmósfera estaba cargada de tensión, y ninguno de los tres parecía estar dispuesto a romper el silencio incómodo.
Cuando llegaron al despacho de Hermione, ella se volvió hacia ellos, interrumpiendo el silencio antes de que pudieran hablar o sentarse.
— Ron, Neville y Draco estaban buscándote. Parece que había algo urgente que necesitaban discutir contigo — informó Hermione, llevando una mano a su frente con un gesto cansado.
El pelirrojo asintió y dejó el despacho sin decir una palabra, dejando a Harry y Hermione solos. El ambiente en la habitación parecía pesado, como si el conflicto con Cormac hubiera dejado una marca en la atmósfera. Y en ese momento la tensión que se había creado anteriormente entre Harry y Hermione, cuando nisiquiera podían hablarse, desapareció por unos minutos.
— ¡¿Qué fue eso, Harry?! ¡¿Quieres meterte en problemas?! — preguntó Hermione, su tono de voz alterado por la preocupación.
Harry suspiró, sintiendo que la ira aún latía en sus venas.
— ¡No podía dejar que se saliera con la suya después de decir esas cosas de ti, Hermione! ¡No podía quedarme callado!
Hermione miró a Harry con una mezcla de gratitud y molestia. Aunque estaba molesta por la forma en que Cormac había provocado la situación, no pudo evitar sentir un atisbo de deseo por la forma en que Harry la había defendido.
— ¡Tú no escuchaste todo lo que ese idiota dijo de ti! ¡Mencionó que iba a llevarte a la cama! ¡No podía simplemente ignorarlo! — Harry continuó, su voz alzándose ligeramente.
Hermione sintió un nudo en su garganta al escuchar las palabras de Harry. Sabía que él la defendía con pasión. Intentó ocultar sus sentimientos, manteniendo una expresión seria.
— Harry, entiendo que estabas molesto, pero enfrentarlo de esa manera no ayuda en nada. Solo empeora las cosas — dijo Hermione, intentando razonar con él.
Harry miró a Hermione, sus ojos verdes brillando con una mezcla de emociones. Había algo más en su mirada, algo que Hermione no podía descifrar por completo en ese momento.
— Tienes razón — murmuró Harry, su voz más suave ahora — Pero no puedo soportar que alguien hable de ti de esa manera. Eres mi mejor amiga. Me saca de quicio.
Hermione bajó la mirada por un instante, y mordió su labio inferior sintiendo su corazón latir con fuerza. No podía negar que las palabras de Harry la afectaban profundamente, pero también tenía que ser cautelosa. No podía dejar que él descubriera la verdad detrás de sus sentimientos.
— Es lindo y agradezco que me defiendas, pero a estas alturas deberías de saber que las palabras de Cormac no valen la pena. Además, me conoces y sabes que no voy a dejar que nadie me toque sin mi consentimiento — contestó Hermione en un tono más calmado, tratando de apaciguar la situación.
— Bien. Lo siento — Harry se rindió, pero no pudo evitar recordar otro punto que le causaba intriga — Solo una cosa más. ¿Le dijiste a Cormac y no a mí quién era ese alguien más? Porque parecía saberlo y quería dejarlo claro en mi cara — agregó Harry, levantando una ceja con expresión inquisitiva.
— Harry... no le dije a Cormac, él lo dedujo — admitió, sintiéndose cada vez más frustrada por la situación.
— ¿Ron lo sabe? — preguntó Harry, sintiendo un pellizco de decepción al ver que Hermione asintió levemente.
— Entiendo que Ron es nuestro mejor amigo, pero le dijiste a él y no me lo dijiste a mí. ¿No confías en mí? — preguntó Harry con un tono de decepción en su voz.
Hermione se sintió atrapada en su propia mentira, pero no podía permitir que Harry descubriera la verdad. No podía arriesgarse a perder su amistad por revelar sus verdaderos sentimientos.
— Claro que confío en ti, Harry. No te lo dije porque sé que eres más protector que Ron y que posiblemente reaccionarías como lo hiciste con McLaggen, y no puedo arriesgarme a eso — improvisó Hermione, tratando de dar una explicación razonable.
Harry asintió levemente, pero en su interior sintió una punzada de tristeza. Sabía que había algo más detrás de las palabras de Hermione, pero no podía obligarla a revelarlo si no estaba lista.
— Bien — dijo Harry, su voz sonando decepcionada. Llevó sus manos a los bolsillos de su pantalón y se dio la vuelta para dirigirse hacia la puerta. Ahora sabía que ese alguien más de Hermione, no era él.
Hermione observó a Harry alejarse, sintiendo un nudo en su garganta. Quería decirle la verdad, quería gritar que ese "alguien más" que mencionaba era él, pero sus miedos la mantenían callada. Cuando finalmente reunió el valor para intentar detenerlo, la puerta ya se había cerrado con un golpe.
La castaña se dejó caer en su silla, sintiendo que las lágrimas comenzaban a emerger. No solo había perdido la oportunidad de revelar sus sentimientos, sino que también había herido a Harry al hacerlo. La tensión y la confusión se acumulaban en su pecho, amenazando con abrumarla.
En el silencio de su oficina, Hermione dejó que las lágrimas fluyeran, permitiéndose sentir todo el peso de sus emociones no dichas. Sabía que tenía que encontrar una manera de arreglar las cosas, pero el camino parecía cada vez más difícil de recorrer.
