PRESAGIOS
Año 2006
Al día siguiente, después de una agotadora jornada laboral, Harry se encontró quedándose dormido sobre su escritorio, sumiéndose en un sueño profundo que pronto se transformó en una visión inesperada.
En ese mundo onírico, sus ojos se abrieron y se encontraron con la familiaridad de los objetos en su escritorio. Sin embargo, un susurro atravesó el espacio, llamándolo por su nombre. No era una voz cualquiera; era la voz de Hermione.
Al alzar la cabeza, se encontró con una imagen de Hermione, pero una versión mayor. La mujer que estaba de pie en la entrada de su despacho tenía al menos cuarenta años, si no más. Las pequeñas y suaves líneas que habían aparecido en su rostro hablaban de años vividos, y algunas hebras plateadas se entrelazaban en su cabello, pero para Harry, ella seguía siendo tan hermosa como siempre. La sorpresa iluminó sus ojos al encontrarse con esta visión de Hermione.
— Harry, mi amor …
Harry parpadeó y se levantó de su asiento junto al escritorio al escuchar a Hermione llamarlo así, estaba algo confundido, pero ella lo miraba con una tierna sonrisa en sus labios.
— Mione… ¿Me llamaste…? — Harry preguntó mientras lentamente se acercaba a ella.
— Mi dulce esposo… — Hermione continuó manteniendo su sonrisa.
Harry seguía sin saber cómo reaccionar a esto y fue en ese momento cuando notó que efectivamente, Hermione tenía un anillo de matrimonio en su dedo. Luego subió su mirada y notó el collar en su cuello del que colgaba su snitch dorada.
— Veo que conociste a James y Lilly — Hermione habló y lo sacó de sus pensamientos.
Harry frunció el ceño sin haber entendido, pero segundos después recordó a Louis y Jane y la comprensión lo golpeó como si fuera un balde agua fría. Sus ojos se abrieron como platos.
Claro, si querían pasar desapercibidos y no levantar muchas sospechas, tenían que al menos cambiarse los nombres.
Pensó en ''Jane'', con su cabello castaño rojizo que claramente había heredado de Hermione. Tenía la misma textura suave y brillante, pero ese tono rojizo le recordaba a su madre, Lily Potter. Los recuerdos de su madre siempre habían sido borrosos y envueltos en una sensación de pérdida, pero en el rostro de Jane, esos recuerdos adquirían una nueva profundidad y belleza. Los ojos verdes de ella eran idénticos a los suyos. Eran los mismos ojos que él veía cada vez que se miraba al espejo, pero en el rostro de Jane, esos ojos adquirían una nueva intensidad.
Luego, su mente se desvió hacia Louis. Tenía el cabello castaño y los ojos miel de Hermione. Esos ojos que siempre le habían dado consuelo y amor, y ahora brillaban con la misma inteligencia y calidez en él.
Hizo un leve movimiento con su cabeza para preguntarle a Hermione, quien respondió con un leve asentimiento y la misma sonrisa en su rostro. Sus ojos se humedecieron
— Te amo… — Hermione dijo y acarició la mejilla derecha de Harry con su mano, mientras lentamente se acercaba a él.
Harry jadeó al escuchar las palabras de Hermione y cerró sus ojos bajo su toque. Su piel era suave y cálida. Segundos después un ligero beso como la caída de una pluma se posó en sus labios.
Él no se quedó atrás, llevó su mano a la mejilla de Hermione y presionó suavemente sus labios contra los de ella reteniendo el beso por otros segundos más. Si esto era un maldito sueño, no quería despertar nunca.
— Dime que esto no es un sueño. Te amo, Hermione — Harry dijo cuando finalmente se separaron, mientras seguía acariciando su mejilla y sintiendo las lágrimas acumularse. Sus ojos recorrieron todo el rostro de Hermione buscando confirmación de que no era un sueño.
— Todo va a estar bien cariño … — Hermione ladeó su cabeza atrapando la mano de Harry y poniendo su otra mano sobre la de él, acariciando con su dedo la mano de él.
Harry juntó sus frentes y ambos cerraron sus ojos solo sintiendo la compañía y la calidez del otro.
— Pero el tiempo corre y todo necesita ordenarse — Hermione dijo aún con su frente junto a la de Harry.
Harry no entendió a qué se refería Hermione con eso, quería preguntarle, pero cuando abrió los ojos, Hermione ya no estaba.
Harry se encontraba profundamente dormido sobre su escritorio, con la mente aún llena de emoción por el beso que había compartido con Hermione. Su voz murmuraba su nombre en un sueño inquieto mientras la buscaba.
El sonido del reloj en la oficina marcando las horas parecía ser la única compañía de Harry en ese momento.
Su mente estaba llena de preguntas sobre lo que ella había mencionado antes de irse, sobre "el tiempo corre y todo necesita ordenarse". Pero no había respuestas, solo un profundo anhelo por encontrarla de nuevo.
…………………………………………………
Hermione había pasado toda la noche dándole vueltas en su cabeza, a la puerta que había abierto el día anterior, la cual la había llevado a un lugar lleno de secretos y peligros, y Hermione tenía que descubrir la verdad detrás de esa habitación de espejos antes de que fuera demasiado tarde.
Decidió que tenía que ir a la biblioteca del ministerio ese día para investigar más sobre los extraños espejos rotos.
Cuando estuvo en el ministerio caminó por los pasillos hacia la biblioteca sumida en sus pensamientos.
En ese mismo momento, Harry caminaba hacia la oficina de Kingsley tomando el mismo camino en el que venía Hermione sin saberlo. La tensión seguía presente entre ellos, y ambos venían perdidos en sus pensamientos.
De pronto, sin darse cuenta de que venían en dirección contraria, ambos levantaron su rostro y encontraron su mirada antes de chocar contra el otro. En ese momento, ambos se miraron directamente a los ojos sin poder articular ninguna palabra. El silencio llenó el pasillo, y la tensión entre ellos pareció crecer aún más.
Los ojos de Hermione, cargados de emoción, y los de Harry reflejaban una amalgama de sentimientos. La sorpresa, la tensión y la confusión se apoderaron de la escena, y por un instante, pareció que el tiempo se había congelado en ese pasillo del ministerio.
La tensión entre ellos era palpable. Ambos se miraban directamente, pero ninguno parecía ser capaz de articular una palabra. Era como si el peso de todo lo que había ocurrido, se hubiera concentrado en ese singular encuentro.
El silencio dominó el pasillo, solo interrumpido por el suspiro nervioso de ambos. No sabían si debían retroceder o avanzar, hablar o permanecer en silencio, y esa indecisión llenó el aire de un magnetismo incierto.
Sus miradas, todavía atrapadas una en la otra, parecían buscar respuestas, pero ninguna llegaba. El pulso latía con fuerza en sus venas, y la tensión que se extendía entre ellos se volvía insoportable.
Unos segundos después, la tensión entre ellos fue momentáneamente desplazada por la intriga, cuando unas voces detrás de la puerta cercana atrajeron su atención. Fruncieron el ceño simultáneamente, preguntándose qué estaba ocurriendo en la oficina contigua.
Harry, con su dedo índice en los labios, hizo una señal a Hermione para que guardara silencio y ambos pudieran escuchar mejor. En ese instante, parecía que todos sus conflictos y desacuerdos habían quedado en segundo plano ante la posibilidad de descubrir lo que estaba pasando en la oficina vecina.
Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos por escuchar, las voces seguían siendo ininteligibles. Las palabras parecían estar amortiguadas por la puerta, lo que solo aumentaba la intriga de Hermione y Harry.
Harry se adelantó para abrir la puerta contigua, pero antes de que pudiera girar la manija, sintió la cálida mano de Hermione en su brazo. La preocupación en su mirada no pasó desapercibida para él.
El corazón de Harry dio un vuelco al ver la preocupación en los ojos de Hermione. Fue una confirmación de que a pesar de la tensión reciente entre ellos, ella aún se preocupaba por él. Era un gesto pequeño pero significativo.
Harry le devolvió una sonrisa suave, tratando de transmitirle que todo estaría bien. Hermione asintió lentamente, indicando que estaba lista para entrar.
Harry se adelantó con cautela hacia la puerta y le hizo un gesto a Hermione para que sacara su varita. La seriedad reflejada en su rostro mientras asentía en dirección a la puerta. Con movimientos lentos, Harry giró la manija y entraron en la pequeña oficina contigua.
Dentro de la oficina, Lilly y James se encontraban absortos en sus actividades, sin darse cuenta de que estaban a punto de ser descubiertos por sus padres.
Lilly estaba sentada frente a una mesa cubierta de libros y pergaminos. Concentrada, pasaba sus dedos por las páginas de uno de los libros, leyendo atentamente las instrucciones de un hechizo relacionado con el giratiempo. James estaba a su lado, observando con curiosidad mientras su hermana estudiaba.
Cuando Harry y Hermione vieron a Louis y Jane, bajaron sus varitas. Sin embargo, la mirada aguda de Hermione cayó sobre el giratiempo que Lilly sostenía en sus manos. Un nudo de sorpresa y confusión se formó en su
estómago al reconocer su objeto mágico. La tensión en la habitación creció al instante.
— Jane, ¿qué haces con ese giratiempo? — preguntó Hermione, acercándose a ella con una mezcla de regañina y curiosidad.
Lilly, en su apuro al verse descubierta, abrió sus ojos como platos, y reaccionó rápidamente. Movió su varita y murmuró las palabras del hechizo que había estado estudiando. El giratiempo que se posaba en su mano comenzó a emitir una intensa luz que llenó la habitación con un resplandor dorado. Los objetos a su alrededor parecieron congelarse en el tiempo, y el aire se llenó de una extraña electricidad.
Harry, que había mantenido su distancia, observó a James con una mirada intensa, sintiendo la inexplicable conexión que había entre ellos. Ese breve momento de conexión entre padre e hijo se rompió abruptamente cuando el giratiempo emitió una onda expansiva que los envió a todos por los aires, suspendidos por unos segundos y luego fueron arrojados violentamente contra la pared, y el mundo pareció girar y distorsionarse a su alrededor. El sonido de la expansión llenó sus oídos mientras caían al suelo, inconscientes.
El tiempo se desvaneció en un torbellino dorado mientras quedaban atrapados en el efecto del giratiempo, sin conciencia de lo que ocurría a su alrededor.
Unos minutos después, James y Lilly abrieron los ojos lentamente y se encontraron con la visión de sus padres yaciendo inconscientes en el suelo. Un nudo de terror se formó en el estómago de Lilly mientras observaba a su madre y a su padre aparentemente inmóviles.
Con movimientos torpes y temblorosos, Lilly fue la primera en recuperarse. Se levantó tambaleante y caminó hacia sus padres. Con un nudo de terror en el estómago, cayó de rodillas a su lado.
Temía que su desesperación por intentar salvarlos los hubiera llevado demasiado lejos.
Lilly tomó con su mano temblorosa la muñeca de su madre, buscando desesperadamente cualquier señal de vida. Sus dedos temblaban mientras buscaba el pulso, y finalmente, sintió un latido débil pero presente. El alivio inundó sus ojos, y con lágrimas en las mejillas, continuó tomando el pulso de su padre.
Mientras Lilly revisaba a su padre, James se acercó a su hermana, con la frente arrugada en un intento de comprender la situación.
— Lilly... si estuvieran muertos, ya habríamos desaparecido — dijo con un tono de voz que mezclaba incredulidad y confusión.
Lilly se enderezó, con un alivio que comenzaba a reemplazar su miedo inicial. Asintió a su hermano, y ambos compartieron una mirada, llegando a un entendimiento tácito. Sabían que esto les proporcionaba un valioso tiempo para huir y pensar en una respuesta adecuada.
Aunque ambos padres estaban inconscientes, estaban vivos, y eso era lo que importaba en ese momento.
Sin decir una palabra más, los dos jóvenes Potter salieron corriendo de la oficina antes de que sus padres despertaran. La próxima vez que se enfrentaran a sus padres, sabían que las preguntas vendrían, pero al menos ahora tenían tiempo para prepararse.
Mientras tanto en la mente de Harry y Hermione sucedían ciertas cosas bastante reveladoras.
Una visión comenzó a tomar forma. Un periódico del año 2007 pareció materializarse frente a ellos, y sus ojos se posaron en el titular en negrita:
"Harry Potter y Hermione Granger, la pareja dorada, le dan la bienvenida a su primogénito James Sirius Potter Granger".
Bajo el titular, una foto de ellos dos sosteniendo con ternura a un pequeño bebé en sus brazos, sus rostros iluminados por sonrisas llenas de amor y felicidad.
Las emociones se agolparon en sus corazones mientras absorbían la imagen. Un amor profundo y una sensación de conexión los envolvió, llenándolos de una inexplicable calidez. Aunque la visión era fugaz, dejó una impresión duradera en sus almas.
Mientras sus mentes procesaban la visión, la conciencia de Harry y Hermione comenzó a regresar lentamente. Abrieron los ojos, parpadeando para enfocar sus miradas mientras se encontraban en el suelo de la habitación. Sus mentes giraban entre la visión y la realidad que los rodeaba, dejando una sensación de misterio en el aire.
Harry se levantó con dificultad sobando su cabeza y extendió su mano hacia Hermione, ofreciendo su ayuda para que se levantara del suelo. Ella tomó su mano con gratitud, y juntos se pusieron de pie en medio de la habitación, aún tratando de recuperarse del impacto del hechizo y la visión.
— ¿Estás bien? — Harry preguntó con preocupación, examinando el rostro de Hermione en busca de cualquier señal de malestar.
Sin embargo, su mente estaba un tanto nublada por la sacudida y el estruendo.
— Sí, estoy bien, Harry. Solo me siento un poco aturdida — respondió, tratando de restar importancia a la situación, y forzando una sonrisa para tranquilizarlo.
Su mente todavía estaba procesando todo lo que habían experimentado. Ambos volvieron sus miradas hacia los rincones de la habitación, buscando a los chicos, pero notaron que Jane y Louis habían desaparecido. La sorpresa se mezcló con la confusión en sus rostros mientras intercambiaban miradas llenas de interrogantes. No había rastro de los jóvenes en la habitación.
Ambos habían decidido guardarse para ellos mismos la visión o lo que fuera que hayan visto en sus cabezas cuando estaban inconscientes, pues este podría haber sido un juego mental.
Días después, Harry avanzaba por el atrio del ministerio con paso decidido cuando vio a Hermione enfrascada en una animada conversación con Viktor Krum. Sus cejas se fruncieron involuntariamente al verla sonreír y reír ante las palabras del jugador de quidditch búlgaro. Los celos ardieron en su interior.
Decidiendo no interrumpir su conversación, Harry se cruzó de brazos y observó desde la distancia, luchando con la mezcla de emociones que lo invadía. Celos, incomodidad y un toque de enojo se agitaban en su interior al ver a Hermione interactuar con Viktor de esa manera.
Finalmente, la conversación entre Hermione y Viktor llegó a su fin, y Harry aprovechó el momento para seguir su camino. Sin embargo, Viktor se apartó de Hermione y caminó en dirección a Harry.
Viktor supo que Harry había estado observando desde lejos cuando él conversaba con Hermione, y por su expresión sabía que estaba celoso. Decidió aprovechar la situación para divertirse un poco a costa de Harry.
— Potter — lo saludó Viktor con una sonrisa enigmática.
Harry asintió en respuesta, pero no pudo evitar sentirse tenso ante la presencia del búlgaro. La tensión entre ellos era bastante obvia, y Viktor parecía disfrutar de eso.
— Krum — respondió Harry con una voz fría.
Viktor lo miró con tranquilidad antes de hablar con un dejo de diversión en sus ojos.
— Pareces un poco tenso, ¿Celoso, quizás?
Las palabras de Viktor lo tomaron por sorpresa y su expresión se endureció.
— No tengo razón para estar celoso, Viktor. Hermione y yo no somos pareja.
— Pero eso no cambia lo que sientes, ¿Verdad, Potter? — Viktor alzó una ceja, manteniendo su sonrisa enigmática.
Harry apretó los puños en sus bolsillos, luchando por mantener la compostura. No podía negar que las palabras de Viktor habían dado en el blanco. Sentía un nudo de celos en su pecho cada vez que veía a Hermione sonreír con alguien más.
— No te equivoques, Krum. No tengo ningún problema contigo, siempre y cuando no lastimes a Hermione.
Viktor lo observó con tranquilidad antes de soltar una risa burlona.
— Entendido, Potter. Pero déjame aclararte algo, si Hermione y yo decidimos estar juntos, no me importará lo que pienses.
La respuesta de Viktor lo hizo enfurecer. Sin embargo, antes de que pudiera decir algo más, Viktor se giró y se alejó con una sonrisa provocadora en los labios.
La puerta de la oficina de Harry tembló por el portazo cuando Hermione irrumpió, su expresión era una mezcla de preocupación y enojo. El aire cargado con la tensión que flotaba entre ellos.
— ¿Qué le dijiste a Viktor? — preguntó Hermione, su tono firme pero lleno de alarma.
Harry se puso de pie, enfrentando la tormenta que había entrado en su oficina. Sus ojos se encontraron, y por un momento, el silencio pesado pareció llenar la habitación.
— No mucho, Hermione. Solo le dejé claro que no debería lastimarte — Harry intentó mantener la calma, pero su mirada aún ardía con la ira que Viktor había avivado.
Hermione frunció el ceño, buscando en los ojos de Harry alguna verdad oculta. Sin embargo, antes de que pudiera responder, Harry continuó.
— No quiero que salgas lastimada, eso es todo. — Suspiró, pasando una mano por su cabello desordenado — Pero parece que no te importa mucho lo que piense.
Hermione soltó un suspiro frustrado y se cruzó de brazos.
— Puedo cuidar de mi misma, Harry. No necesitas intervenir.
La respuesta de Hermione golpeó a Harry como un recordatorio de la brecha que se estaba formando entre ellos.
— No te preocupes por eso — contestó evasivo y cortante.
Hermione apretó los puños, su enojo latente estalló en palabras.
— Entiendo lo de Cormac, él es un grandísimo idiota — comenzó, elevando su voz — Pero ¿¿Viktor?! ¡¿Por qué?! ¡¿No quieres que busque cómo ser feliz?! Tú mismo lo dijiste, Harry. ¡Puedo salir con quien yo quiera!
La respuesta de Harry no se hizo esperar, avanzó hacia ella y su voz sonó cargada de frustración y enojo mientras también elevaba su tono.
— ¡Solo sales con idiotas! ¡Ese es el problema!
Hermione frunció el ceño, se quedó sin aliento y boquiabierta ante la respuesta de Harry, y antes de que pudiera pensar en su respuesta, las palabras solo salieron de su boca.
— ¡Tú solo sales con huecas, piernas perfectas, que se creen la octava maravilla del mundo! ¡Que no te aman como mereces! — Hermione exclamó, y el silencio llenó la habitación después de sus palabras.
Las lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas de Hermione, y sus labios temblaron mientras lo miraba fijamente. El ambiente estaba cargado de tensión. Harry también se dio cuenta de lo que había dicho y cómo había revelado sus sentimientos de manera involuntaria.
En ese momento, Harry recordó el sueño que había tenido, en el que una versión mayor de Hermione le dijo que lo amaba y lo llamó "esposo". Había besado a esa Hermione en el sueño, y había sido un beso mejor de lo que nunca hubiera imaginado. Ahora sentía que debía comprobar si era igual en la realidad. Las palabras de Hermione sobre merecer ser amado resonaron en su mente.
Sin apartar la mirada de ella, Harry dio un paso adelante, acercándose más. Su mano se alzó lentamente, y con dedos temblorosos acarició su mejilla derecha, donde una lágrima recién formada se deslizaba.
— ¿Cómo merezco que me amen, Hermione? — preguntó con suavidad, su mirada intensa en la suya.
Las palabras de Harry hicieron que Hermione tragara saliva con dificultad, sintiendo una mezcla de miedo y expectativa en el aire. La cercanía de Harry hacía que su corazón latiera descontroladamente.
— Por ser Harry... — murmuró Hermione, su voz apenas audible debido a la cercanía de Harry.
— Ellos no te merecen a ti — afirmó Harry con voz suave y cautivadora, su pulgar acariciando su mejilla con ternura.
Hermione apenas pudo contener un temblor mientras lo escuchaba hablar. Su mente parecía nublarse ante su presencia y sus palabras.
— ¿Quién me merece, Harry? — susurró, su voz temblando mientras lo miraba.
Harry exhaló suavemente, sintiendo la ansiedad en el aire.
— Ni siquiera sé si yo mismo te merezco... — confesó Harry, su voz quebrada por la sinceridad que estaba exponiendo. Sus dedos acariciaron suavemente el rostro de Hermione, como si temiera que pudiera desvanecerse si la tocaba con demasiada fuerza — Pero sé que ellos no te aman como yo lo hago.
Hermione se quedó sin palabras, completamente sorprendida por la intensidad de la confesión de Harry.
Había algo en su tono, en la forma en que sus ojos parecían desnudar su alma frente a ella, que le cortó la respiración. Pero antes de que pudiera responder, antes de que pudiera siquiera procesar lo que acababa de escuchar, sintió los labios de Harry sobre los suyos.
El beso fue suave al principio, casi como una pregunta, una búsqueda de confirmación. Pero en cuanto Hermione respondió, en cuanto sus labios comenzaron a moverse en sincronía con los de Harry, todo cambió. La suave presión se transformó en algo más profundo, más urgente.
Hermione, sintiendo la calidez de Harry, correspondió con la misma intensidad, sus manos encontrando su camino hasta el pecho de Harry, sintiendo el latido rápido de su corazón bajo la chaqueta de auror. No era solo un beso; era la culminación de años de sentimientos reprimidos que finalmente encontraron una salida.
La habitación parecía desvanecerse a su alrededor mientras sus labios se movían en un baile lento y apasionado. Las manos de Harry acariciaban con suavidad el rostro de Hermione. Ambos sintieron como sus sentimientos cobraban vida en ese beso.
El beso que comenzó con suavidad, como una exploración cautelosa de terreno desconocido, se convirtió en una pasión ardiente que los envolvió por completo.
Los labios de Harry eran cálidos y suaves contra los de Hermione, sus movimientos iniciales lentos, como si estuviera probando el sabor de un deseo. Sus dedos acariciaron la curva de su cuello, ascendiendo hacia su cabello mientras la abrazaba con ternura.
Hermione respondió con la misma intensidad, sus manos se aferraron a la chaqueta de Harry, con un agarre firme y desesperado.
La habitación pareció desvanecerse a su alrededor mientras se perdían en el beso. El tiempo se detuvo, solo quedaron ellos dos, explorando un nuevo territorio emocional que habían evitado durante mucho tiempo.
El beso continuó, con pasión y urgencia, como si estuvieran tratando de recuperar el tiempo perdido. Sus emociones fluían libremente, sin barreras ni secretos.
Finalmente, con lentitud, Harry se separó apenas de los labios de Hermione, su aliento chocando entre ellos. Sus ojos estaban llenos de intensidad y vulnerabilidad.
— Hermione... — murmuró pegado a sus labios, su voz cargada de emociones que había guardado durante tanto tiempo.
Harry volvió a besarla. Sin embargo, justo en el apogeo de ese momento, la puerta de la oficina se abrió abruptamente, y la figura de Sarah entró en el umbral. Sus ojos se abrieron como platos al ver a Harry y Hermione en medio de un beso.
Ambos se separaron rápidamente, sus rostros enrojecidos y sus alientos entrecortados por la sorpresa y la vergüenza. Harry se quedó frustrado y atónito, sin saber qué decir ante la repentina interrupción. Sarah miró la escena con incredulidad, y luego su expresión se transformó en una mezcla de enojo y decepción.
— ¡Siempre lo supe! — exclamó Sarah con un tono que mezclaba la ira y el dolor — ¿Cómo pude ser tan estúpida y seguir confiando en ti?
Hermione se sentía abrumada por las emociones que la invadieron. Se habían besado, y ahora todo parecía desmoronarse ante la irrupción de la realidad. No sabía cómo reaccionar ante Sarah, sabiendo que estaba en lo correcto al sentirse herida.
Harry trató de encontrar las palabras adecuadas, pero se sintió atrapado en medio de una tormenta de sentimientos. No podía negar lo que acababa de suceder, y no se arrepentía, pero tampoco quería lastimar a Sarah más de lo que ya lo había hecho.
— Sarah, lo siento — murmuró Harry, su voz llena de confusión.
— ¡No me digas que lo sientes! — exclamó Sarah, su voz se elevaba con cada palabra — ¡Tú me engañaste! ¡Con ella!
Hermione sintió una mezcla de vergüenza, culpabilidad y enojo. Aunque había compartido ese increíble beso con Harry, y quería repetirlo, había cruzado una línea al estar con él, especialmente mientras él estaba en una relación. Se mordió el labio inferior, sin saber cómo responder ante la furia de Sarah.
Hermione evitó el contacto visual y, sin decir una palabra más, dio media vuelta y salió llorando enojada de la oficina de Harry. Todo lo ocurrido parecía retumbar en su mente, amplificando la magnitud de lo que había sucedido.
La sensación de culpa y el remordimiento la acompañaron mientras se alejaba, dejando a Harry y Sarah solos en un silencio incómodo y cargado de emociones intensas.
A medida que la puerta se cerraba detrás de Hermione, el ambiente en la oficina se volvía más denso. El silencio era ensordecedor, interrumpido únicamente por la respiración agitada de Sarah y el latido acelerado del corazón de Harry.
Sabía que había cometido un error terrible y que las consecuencias no serían fáciles de manejar.
— Sarah… — Harry comenzó a decir, su voz llena de angustia, pero fue interrumpido por un gesto de la mano de Sarah.
— No — dijo ella, su voz temblorosa pero firme — No hay nada que puedas decir para justificar esto, Potter. Lo vi con mis propios ojos.
Harry estaba confundido, se sentía mal por haberle sido infiel a Sarah, pero por otro lado se sentía aliviado porque sabía que este sería el fin de su relación con ella, lo que había querido hacer desde hace mucho tiempo.
Harry simplemente se quedó en silencio, mientras Sarah hablaba y terminaba con su relación amorosa.
Cuando ella salió furiosa de la oficina dejando solo a Harry, las imágenes del beso con Hermione volvieron a la mente de Harry. Una mezcla de emociones lo invadió.
Quería besar a Hermione de nuevo, desesperadamente. Necesitaba hablar con ella y aclarar las cosas. Pero había cruzado una línea y su amistad estaba en peligro.
No podía negar que el beso había sido increíble, que había sentido una conexión que iba más allá de la amistad. Pero ahora Hermione estaba molesta con él, y tenía toda la razón de estarlo.
Con un suspiro pesado, Harry se dejó caer en su silla y pasó sus manos por su cabello desordenado. Tendría que enfrentar las consecuencias de sus acciones y tratar de enmendar lo que había roto. Pero en ese momento, su mente estaba llena de confusión y dudas, sin saber cómo reparar los daños que había causado en su vida y en la de la única mujer que amaba.
Abatida y abrumada por todo lo que había ocurrido, Hermione llegó a su oficina, cerró la puerta detrás de ella y se dejó caer en su silla. Las lágrimas corrían por sus mejillas mientras su mente daba vueltas sin parar. Había compartido un beso con Harry, su mejor amigo, el hombre del que había estado secretamente enamorada durante años.
Por Merlín, se habían besado y había sido increíble. El beso había sido todo lo que había imaginado y más. La sensación de sus labios contra los suyos, la conexión entre ellos, era algo que había anhelado durante tanto tiempo. Pero mientras se perdía en esos pensamientos, también estaba llena de culpa y enojo.
Se sentía enojada consigo misma por cruzar esa línea, por permitirse dejarse llevar por sus sentimientos y por haberlo hecho mientras Harry aún estaba en una relación. Sabía que había cometido un error y que enfrentaría las consecuencias.
Deseaba con todas sus fuerzas poder estar con Harry, poder explorar lo que sentían el uno por el otro, pero el camino hacia eso sería difícil y complicado. No solo tenía que lidiar con sus propios sentimientos y el enojo que tenía hacia Harry, sino también con el hecho de que había lastimado a Sarah, a quien nadie soportaba, pero tampoco merecía que le fueran infiel.
Hermione se pasó una mano por el rostro, tratando de secar sus lágrimas. Se sentía atrapada en medio de un torbellino emocional, sin saber qué hacer o cómo manejar todo lo que estaba sintiendo. El deseo de estar con Harry chocaba con su sentido de responsabilidad y con el daño que había causado.
Suspirando con frustración, Hermione se dio cuenta de que estaba en una encrucijada. Tenía que enfrentar las consecuencias de sus acciones y tomar decisiones difíciles sobre lo que haría a continuación. No sería fácil, pero tampoco podía ignorar lo que sentía por Harry.
Con la mente y el corazón en conflicto, Hermione se sentó en su silla, perdida en sus pensamientos mientras intentaba encontrar una solución a este complicado rompecabezas emocional que había caído sobre ella.
Sarah caminaba furiosa por los pasillos del Ministerio de Magia, con la sangre hirviendo y los puños apretados. Sus pasos resonando en el mármol del suelo, mientras sus pensamientos giraban frenéticamente alrededor de la imagen que había presenciado hacía solo unos minutos: Harry, su Harry, besando a Hermione Granger en su oficina. Era como si el mundo se hubiera detenido en ese instante, todo su ser inundado por una rabia que nunca antes había experimentado.
¿Quién se creía Hermione Granger? Ella siempre había sido la mejor amiga de Harry, la eterna confidente, pero esto... esto era una traición en toda regla. Y Harry, que no había tenido el valor de decírselo a la cara, ahora se revolcaba en su culpa en lugar de enfrentarse a ella.
Sin pensarlo dos veces, Sarah decidió tomar el control de la situación. Si Harry no iba a ser honesto con ella, entonces tendría que hacer algo para que todo el mundo supiera quién era en realidad. Y qué mejor manera de empezar que acudiendo a Ginny Weasley, la periodista talentosa y comprometida que había estado escribiendo para * El Profeta* desde hace unos años. Sarah estaba segura de que, con la información adecuada, podría contarle a Ginny todo lo que había visto, con la esperanza de que la noticia llegara a la primera plana del periódico, o al menos de que Ginny estuviera de su lado.
Con esa idea en mente, Sarah llegó a la redacción del Profeta, donde Ginny trabajaba. A pesar de la hora tardía, las lámparas mágicas aún brillaban sobre las mesas, y el suave susurro de plumas escribiendo sobre pergamino llenaba el aire.
Ginny Weasley estaba sentada en su escritorio, revisando algunas notas con el ceño fruncido. Sarah no pudo evitar notar cómo su cabello rojizo resplandecía bajo la luz, algo que siempre la había molestado, como si Ginny estuviera siempre iluminada por una luz propia.
— Ginny, necesito hablar contigo — dijo Sarah con un tono decidido, su voz apenas temblando por la emoción contenida.
Ginny levantó la vista, sorprendida de ver a Sarah allí a esas horas, pero no dijo nada, solo alzó una ceja, indicando que continuara.
— He encontrado a Harry... — Sarah se interrumpió un momento, tratando de mantener la calma — he encontrado a Harry besándose con Hermione. ¡En su oficina, nada menos! — Las palabras salieron casi como una acusación, y sus ojos chispearon de indignación.
Ginny la miró en silencio durante unos segundos, procesando la información. Sabía que Sarah estaba buscando una reacción, tal vez incluso una alianza. Pero lo que Sarah no podía entender era que Ginny había estado esperando este momento durante años. No el momento en que Harry y Hermione la traicionaran, no, sino el momento en que se dieran cuenta de lo que todos los demás ya sabían: que estaban hechos el uno para el otro.
— ¿Y qué quieres que haga al respecto? — preguntó Ginny, fingiendo una neutralidad que estaba lejos de lo que realmente sentía.
Sarah, frustrada por la falta de indignación en la voz de Ginny, lanzó una mirada desesperada.
— ¡¿No te importa lo que ha hecho?! — exclamó, casi rogándole que se indignara. — ¡Me está engañando con su mejor amiga!
Ginny se inclinó hacia adelante, apoyando los codos sobre la mesa y entrelazando los dedos. Sus ojos se fijaron en los de Sarah con una intensidad que la hizo retroceder ligeramente.
— ¿Y por qué me estás contando esto a mí, Sarah? — Ginny habló con una calma calculada, como si ya supiera la respuesta, pero quisiera escucharla de los labios de Sarah.
— Porque... — Sarah dudó, sintiéndose de repente insegura bajo la mirada penetrante de Ginny. — Porque pensé que tú podrías... ¡No lo sé! ¡Exponerlos! — exclamó, más como un ruego desesperado que como una declaración.
Ginny sonrió levemente, sin rastro de burla, pero con una comprensión que Sarah no alcanzaba a ver.
— Sarah, déjame preguntarte algo — Ginny se recostó en su silla, su tono suave pero firme. — ¿De verdad quieres estar con alguien que no está realmente enamorado de ti? ¿Alguien que, por lo que parece, ha encontrado a la persona que realmente ama?
Sarah se quedó paralizada, su mente tardó un momento en procesar las palabras de Ginny. ¿Acaso le estaba insinuando que era su culpa? ¿Que debería aceptar que Harry y Hermione tenían algo con lo que ella no podría competir? La furia comenzó a burbujear en su interior, reemplazando cualquier sentimiento de inseguridad que pudiera haber tenido.
— ¡No puedo creerlo! — exclamó Sarah, la rabia distorsionando su voz — Pensé que, de todas las personas, tú entenderías.
Ginny no se inmutó ante las palabras de Sarah, pero sus ojos se endurecieron un poco.
— Soy amiga de Harry y Hermione, Sarah, y siempre lo seré. Si ellos han encontrado algo juntos, algo real, no voy a interferir — Ginny la miró con una expresión que Sarah no supo interpretar, pero que la enfureció aún más.
— ¡Esto es ridículo, Ginny! — continuó Sarah, su voz alzándose en volumen. — ¡Los estás eligiendo a ellos por encima de lo que es correcto!
Ginny suspiró, claramente exasperada por la dirección que estaba tomando la conversación.
— No, Sarah. Lo que es ridículo es aferrarse a alguien que claramente no está comprometido contigo. Si de verdad crees que forzar las cosas o culpar a los demás va a mejorar la situación, estás equivocada.
Las palabras de Ginny eran como un puñal que se clavaba en Sarah, y cada palabra la hacía sentir más frustrada. Sarah había llegado buscando apoyo, y en lugar de eso, había recibido una lección moral que no estaba dispuesta a aceptar.
— No necesito que me sermonees, Ginny — espetó Sarah, su rostro enrojecido por la ira. — ¡Sabes qué, olvídalo! No necesito tu ayuda. Ni la de nadie. Si quieres tomar partido, hazlo. Pero no esperes que me quede callada.
Sin darle a Ginny tiempo para responder, Sarah se giró bruscamente y salió de la oficina. Su plan original de exponer a Harry y Hermione en las páginas de * El Profeta* se desmoronaba, pero eso no significaba que iba a rendirse. Si Ginny no quería estar de su lado, Sarah estaba decidida a encontrar otra manera de hacer que Harry pagara por lo que había hecho.
Se alejó por los pasillos, con la mente llena de pensamientos vengativos, y el sonido de la puerta cerrándose detrás de ella. Pero si algo sabía Sarah, era que no iba a dejar que esto se quedara así. Ginny podría estar del lado de Harry y Hermione, pero eso no significaba que todos lo estarían.
Una vez que Sarah se fue, Ginny suspiró y se recostó en su silla. Sabía que esta situación sería complicada y delicada de manejar. Aunque la razón detrás de la "traición" a la que Sarah se refería, existía desde hace más de diez años. No era una traición. Harry y Hermione estaban enamorados desde hace mucho tiempo.
Aunque Sarah estaba convencida de que Harry la había engañado, Ginny sabía que había más, sabía sobre los sentimientos de sus amigos aunque ellos no dijeran nada.
Horas más tarde, Ginny se sentó frente a su escritorio con una sonrisa traviesa en el rostro. Sabía que las cosas eran más simples de como Sarah las pintaba.
Con un brillo en los ojos, Ginny comenzó a escribir el artículo que tituló de manera sugestiva:
"Harry Potter y Hermione Granger, ¿Finalmente se dieron cuenta de que están enamorados?".
Los corazones del mundo mágico estarán latiendo con emoción y expectativa después de las sorprendentes acusaciones de traición lanzadas por Sarah Parker contra Harry Potter. Pero, ¿Podría esta situación haber llevado a un emocionante giro de los acontecimientos?
Sarah Parker ha afirmado que Harry Potter la engañó con Hermione Granger, lo que en sí mismo sería un gran revuelo. Sin embargo, aquellos que conocen a Harry y Hermione más de cerca saben que esta historia tiene muchas capas y matices que no son evidentes a simple vista.
Desde hace años, los rumores sobre la relación entre Harry y Hermione han estado rondando el mundo mágico. Su profunda amistad, llena de complicidad y momentos compartidos, ha dejado a muchos preguntándose si hay algo más detrás de su cercanía. Y, aunque Harry y Hermione nunca lo admitieran en voz alta, aquellos que los conocen bien han notado algo especial en la manera en que se miran, en cómo se preocupan uno por el otro y en su inquebrantable conexión.
Yo, Ginny Weasley, cuya amistad con Harry y Hermione me brinda una visión privilegiada, no puedo ocultar mi emoción por lo que esta historia podría revelar.
Desde hace más de una década, hemos visto cómo Harry y Hermione han compartido momentos inolvidables, han superado desafíos y han estado uno al lado del otro en cada paso del camino. Y aunque han mantenido sus sentimientos en secreto, aquellos de nosotros que los conocemos bien hemos sido testigos de cómo sus corazones se han entrelazado de manera inconfundible.
Hago hincapié en que esta no es una historia de traición, sino una de profundos sentimientos que han estado creciendo en el corazón de Harry y Hermione durante mucho tiempo.
Se preguntarán ¿Si Harry y Hermione finalmente admitirán lo que siempre ha estado en el aire? El amor está en el aire, no podemos negarlo. Y si Harry y Hermione finalmente deciden dar un paso adelante y admitir sus sentimientos, podríamos estar presenciando uno de los momentos más emotivos y esperados en la historia del mundo mágico.
En medio de la controversia, la emoción y las especulaciones, una cosa es segura: la historia de Harry y Hermione está lejos de haber llegado a su fin. Y mientras todos esperamos ansiosos por el siguiente capítulo, no podemos evitar preguntarnos si esta historia de amistad y aventuras podría convertirse finalmente en el cuento de amor que todos hemos estado esperando.
¡Pendientes para más actualizaciones sobre la relación entre Harry y Hermione, y prepárense para un emocionante giro que podría cambiarlo todo!
Ginny Weasley.
El mundo mágico estaba en completo revuelo tras la publicación del artículo de Ginny Weasley. La noticia se había esparcido como pólvora, y en todas partes se hablaba de la posibilidad de que Harry Potter y Hermione Granger finalmente admitieran sus sentimientos. Las reacciones eran diversas, desde sorpresa y emoción hasta incredulidad y escepticismo.
En medio de este escenario, Hermione entró a la oficina de Ginny con una expresión molesta en su rostro. Sus ojos chispeaban de indignación mientras enfrentaba a su amiga periodista.
— ¡¿Por qué escribiste eso?! — reclamó Hermione, su tono de voz denotando su frustración.
Ginny la miró con una sonrisa traviesa y arqueó una ceja.
— ¿Preferías que te pusiera como la traidora con la que Harry le fue infiel a Sarah? — preguntó en tono burlón, divirtiéndose con la reacción de Hermione, quien se sonrojó intensamente.
Minutos después, Harry irrumpió en la oficina de Ginny, su rostro marcado por la molestia.
— Ginny, ¡¿qué demonios?! — reclamó, sin embargo, su expresión se suavizó cuando notó la presencia de Hermione en la habitación.
La pelirroja observó a sus dos amigos, su mirada pasando de uno a otro, notando la tensión palpable en el aire.
— Esperen, ¿En serio se besaron? — preguntó con una mezcla de emoción y diversión en su voz, disfrutando de cómo Harry y Hermione evitaban mirarse y se sonrojaban ante su pregunta indiscreta.
La atmósfera en la oficina estaba cargada de tensión. Harry y Hermione compartieron un incómodo silencio, sus miradas evitándose mientras buscaban palabras para responder. El pasado había sido desenterrado y expuesto de manera pública, y eso había abierto otra brecha de vulnerabilidad entre ellos.
Finalmente, Harry rompió el silencio, hablando con voz ronca.
— Ginny, esto es serio. No puedes simplemente publicar algo así sin consultarnos — expresó su frustración, su mirada dirigida a su amiga.
Hermione asintió, apoyando las palabras de Harry, aunque no pudo evitar sentir una mezcla de emociones en su interior.
Ginny, por su parte, se encogió de hombros con una sonrisa.
— Puede que haya sido un poco descarado de mi parte, pero sé lo que todos estamos esperando — dijo con complicidad — Y… chicos, admitámoslo, todos los indicios están ahí.
La tensión en la oficina se palpaba en el aire cuando Hermione comenzó a llorar. Harry la miró con preocupación, notando cómo las lágrimas llenaban sus ojos y resbalaban por sus mejillas. Su instinto era acercarse y consolarla, pero antes de que pudiera decir algo, Hermione evitó su mirada y se apresuró a secar sus lágrimas.
— Hermione... — murmuró Harry, su voz llena de inquietud, pero antes de que pudiera continuar, ella se dio la vuelta y caminó hacia la salida de la oficina de Ginny, saliendo con un portazo, dejando un eco de su frustración en la habitación.
Ginny observó la escena con una mezcla de sorpresa y curiosidad, viendo cómo las emociones habían llevado a Hermione a huir de la situación.
— Bueno, eso fue dramático — comentó Ginny en tono ligero, intentando romper la tensión que quedó en el aire.
Harry soltó un suspiro frustrado, pasando una mano por su cabello mientras miraba hacia la puerta por la que Hermione había salido. Estaba confundido por su reacción, deseando comprender cómo podría arreglar las cosas.
Ginny se levantó de su silla y se acercó a Harry, poniendo una mano reconfortante en su hombro.
— Ella está lidiando con muchas emociones en este momento, Harry — le dijo con comprensión en su voz — Puede que no sea el mejor momento para hablar.
Harry asintió con resignación, agradecido por el apoyo de Ginny.
— Supongo que tienes razón — admitió, sintiendo un nudo en la garganta por todo lo que había sucedido en tan poco tiempo.
La pelirroja le sonrió amablemente y le dio un apretón en el hombro antes de volver a su escritorio.
— Dale tiempo, Harry. Las cosas se resolverán eventualmente — le aseguró.
Mientras Harry asentía en acuerdo, su mente se llenó de pensamientos y sentimientos confusos. La reacción de Hermione lo dejó con más preguntas que respuestas, pero estaba decidido a darle el espacio que necesitaba y, cuando fuera el momento adecuado, abordar lo que había sucedido entre ellos.
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