Los personajes son propiedad de Rumiko Takahashi, así como todo lo que tenga que ver con Hogwarts es propiedad de J.K. Rowling.

Esta historia participa en la dinámica navideña "Calendario de Adviento" de Mundo Fanfic Inuyasha y Ranma dentro de la temática de "magia" propuesta para el día 23.

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Navidad en el castillo

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Se suponía que era la época más feliz del año, las semanas que cualquier estudiante estaba esperando para volver a casa y pasar tiempo con su familia y, sin embargo, este año él tenía que quedarse encerrado en el dichoso colegio porque su madre tenía "cosas más importantes que hacer" como salvar el mundo mágico y eso. ¿Es que no tenía suficientes meses para hacerlo durante el resto del año?

Estaba acostumbrado a compartir a su progenitora con el mundo, por algo ella era una de las brujas más importantes y famosas del momento, pero cuando llegaban estas fechas todo solía girar en torno a él. No por nada era hijo único y además había desarrollado muy rápidamente sus habilidades mágicas, lo que llenaba de orgullo a Nodoka. Así que, desde que tenía uso de razón, la Navidad había sido el momento en que su madre y él pasaban los días practicando hechizos, comprando regalos, cocinando, comiendo ricas recetas y contando fascinantes historias de su vida al amor de la chimenea.

Sin embargo este año no habría nada de aquello y eso le cabreaba y le frustraba.

Resopló indignado mientras se dirigía al gran comedor del vetusto castillo. Iban a ser unas fiestas muy solitarias. Si bien es verdad que no estaría del todo solo ya que varios alumnos, sobre todo los que venían de países extranjeros, y algún que otro profesor para controlarlos, permanecerían en el colegio.

Cuando pasó el gran portón vio a varios chicos concentrados en la larga mesa más cercana al abeto. Normalmente los alumnos debían sentarse en la zona indicada para cada una de las cuatro casas en las que se les dividían cuando llegaban en su primer año escolar pero, al ser periodo festivo y haber tan pocos estudiantes, los profesores les instaban a compartir y relacionarse más entre ellos. Así que, no sin antes refunfuñar por lo bajo, optó por tomar asiento al lado de Ryoga, otro Gryffindor que estaba en quinto año como él y con el que se llevaba bastante bien cuando no andaba perdido por el castillo.

Mientras charlaban de banalidades, con unos vasos de jugo de calabaza, una pareja de estudiantes de Hufflepuff se sentó varios puestos más a la derecha de ellos mientras mantenían una animada conversación. La risa tintineante de ella le llevó a girar el rostro y prestarle toda su atención ignorando lo que fuera que Ryoga le estaba contando en aquel momento.

Tenía la sonrisa más bonita que hubiese visto en su vida y, como siempre que la observaba, su corazón se sintió liviano con un incómodo cosquilleo, como si alguien le hubiese lanzado un "wingardium leviosa". Esa preciosa expresión le iluminaba la cara y llenaba de calidez todo y a todo el que la rodeaba. Era mágica aunque no tuviera mucho sentido decir eso en un mundo como el suyo.

Pero esa sonrisa nunca iba dirigida a él y, si era dolorosamente sincero consigo mismo, ni siquiera estaba seguro de que ella supiera de su existencia.

Y eso que él era el mago más prominente de su generación, guapo, con un gran potencial mágico y encima de Gryffindor, la casa de los valientes. Así que no podía entender por qué esa chica no se dignaba a mirarlo. ¡Y eso que compartían muchas clases y se sentaba casi siempre un pupitre por delante de él! Sin embargo se pasaba el día con sus amigas o con ese chico un año mayor que él, el tal Shinnosuke, un mago mediocre y olvidadizo de su misma casa. Parecían novios aunque según le había oído aseverar en varias ocasiones a sus amigas, y no era porque él estuviese muy cerca o cotilleando, solo eran amigos.

—Joder, no puedo creer que pase tiempo con un imbécil que debe ir a todos lados con una recordadora —murmuró sin poder evitarlo.

—¿Perdona? —cuestionó su amigo ligeramente sorprendido— ¿Qué tiene que ver una recordadora con que me ayudes en el proceso de ser un animago?

—Nada, nada solo que igual así no te olvidas de hacer el proceso de meditación para descubrir tu forma —Con un gran esfuerzo por su parte tuvo que desviar los ojos de la chica para centrarse en su interlocutor e inventar cualquier excusa para salir del apuro mientras se ruborizaba abochornado.

—Yo no me he olvidado del proceso, te acabo de contar que ya lo he hecho pero me sale que mi forma animaga es la de un cerdito negro y no puedo ser eso, tengo que ser algo mas fiero. Me habré confundido en algo del proceso y no le quiero preguntar a la profesora Hinako. Por muy jefa de nuestra casa y profesora de transformaciones que sea, me da pavor hablar con ella.

—Te entiendo —soltó una risita histérica pensando en su profesora transfigurada en niña mandona chillando por la incompetencia de su compañero para con su asignatura— Aunque yo soy metamorfo y no animago supongo que si me lo cuentas de nuevo igual puedo decirte si te has equivocado en algo.

La charla intrascendente de Ryoga continuó y él pudo volver a divagar sobre la chica de la sonrisa bonita, Akane. Joder si hasta su nombre era precioso.

Akane, Akane Tendo, la japonesita con una habilidad mágica increíble que le superaba en casi todas las asignaturas y que había llamado su atención desde la ceremonia de selección en su primer día en Hogwarts.

Ella era inteligente y muy valiente, debería haber quedado en Gryffindor, como él, y no en la casa de los tejones junto a ese amante de los animales exageradamente hormonados. Sabía que ella era honesta, leal y tenía muy buen corazón, eso le encantaba de Akane, pero por favor, solo había que mirar lo mal que le quedaba esa corbata amarilla en combinación con el precioso negro azulado de su pelo. ¡Era horrible! el rojo le sentaría mil veces mejor, incluso el azul en caso de ser necesario.

Aunque él no estaba enamorado de ella, para nada… bien es verdad que su amortentia olía a ella, pero eso no era relevante e incluso puede que fuese un error ya que se acercó a la poción sin quererlo cuando tuvo que llevar un mensaje al cetrino profesor mientras daba clase a otro curso… eso debería contar, ¿no?

Suspiró. A quién pretendía engañar, llevaba pendiente de ella desde que sus ojos se cruzaron por primera vez en el gran comedor cuando estaba sobre el taburete con el sombrero seleccionador sobre su cabeza y él observándola desde su recién inaugurado sitio en la mesa Gryffindor deseando que se uniese a él. En ese momento no entendió el impulso que le llevó a pensar tal cosa, a fijarse en ella por encima del resto de los desconocidos que conformaban el primer año. Se dijo que era una tontería que igual solo se debía a que había pocos estudiantes extranjeros pero, por mucho que había intentado evitarlo, esa curiosidad inicial había crecido hasta esa agonía revoloteante que sentía ahora.

Cuando la tenía cerca solo dos sentimientos eran posibles; o la mayor felicidad que nunca había experimentado o el amargor de los celos que le provocaba verla cerca del cuida cabras.

Como esa vez en su cuarto año, el del torneo de los tres magos en el que no pudo participar debido a su corta edad aunque él era mil veces superior a cualquiera de los seleccionados. Ella se lo pasó entero ayudando al representante del colegio, que también era un Hufflepuff. Cuando llegó el baile de navidad y hubo que escoger pareja, se planteó en un momento de enajenación mental pedírselo a ella. Pero no tenía sentido hacer el ridículo, ella iría con el campeón con el que se pasaba horas en la biblioteca intentando averiguar cuál era el significado del huevo dorado que escondía una pista para la segunda prueba o con el imbécil que con suerte recordaba su nombre. Y total él tenía a medio curso (tanto chicas como chicos) suspirando por tener el honor de acompañarle. ¡No por nada era el chico más guapo y el mejor mago de su promoción o incluso de todo el colegio! Y entonces ella lo sorprendió apareciendo en la fiesta de la mano del campeón de China, Pantimedias Taro, el mejor buscador del mundo e ídolo de masas, haciéndolo sentir a la altura del betún. Mientras ella reía dando vueltas sin parar con un vaporoso vestido azul bígaro que resaltaba sus incipientes curvas haciéndola verse espectacular, él solo podía sentirse como una cucaracha, pequeño e insignificante, aplastado en su orgullo aunque todo eso fuese ridículo ya que en ningún momento lo había rechazado porque nunca le había preguntado nada.

Pero eso había sido hacía ya dos años, se suponía que ahora era más maduro y había aprendido de sus errores. Que debería haberse dado cuenta de que no podía revolcarse en la amarga derrota cuando ni siquiera había participado en la guerra. Que tenía que ser valiente, como buen Gryffindor y afrontar la realidad. Debía ser osado y atreverse de una vez a hablar con ella. En menos de año y medio dejarían el colegio, sus caminos se separarían definitivamente y no podía quedarse con la espina clavada de no haberlo intentado.

—¿Una partida?

—¿Qué? —Volvió a salir abruptamente de sus pensamientos y miró a Ryoga que le señalaba un tablero de ajedrez mágico. No sabía en qué momento había dejado de contarle sobre su proceso de meditación o si se había ofendido por su falta de atención pero daba la sensación de que no se había enterado de nada— Si, claro ya sabes que me encanta ganarte.

Ryoga bufó molesto —No eres invencible Ranma… además como se ve que hoy estás en las nubes seguro que puedo aprovechar la ventaja.

—¡Serás cerdo! Yo no estoy en las nubes así que deja de decir gilipolleces y haz tu primer movimiento.

—Claro, claro como digas, pero igual esta vez acabo ganando haciendo jaque a tu reina —Los ojos del chico se desviaron ligeramente en dirección a Akane poniéndole los pelos de punta.

Un fuerte y absurdo sentimiento de posesión le invadió, ella era suya.

Durante varios minutos se concentró en el juego, no le iba a dar el gusto de ganar al puerco de su compañero. Ni en eso ni en nada más.

—Caballo a H3 —dijo ufano cuando ya quedaban pocas piezas en el tablero.

Pero antes de que las figuras se moviesen mágicamente provocando la destrucción de una de ellas, una estridente voz llenó el espacio y un helado escalofrío recorrió su cuerpo.

—¡AIREEN!

No podía ser, una de sus pesadillas había decidido no irse por navidad. Por un lado tenía sentido ya que, como todos los que estaban ahí, su familia estaba lejos, en China, pero dado que su abuela era una de las brujas más poderosas del mundo, aunque no tanto como su madre, tenía la esperanza de que usase algún hechizo desconocido o un traslador para llevársela.

Con gran pesar de su corazón vio como la irritante y voluptuosa chica de frondosa melena morada aterrizaba a su lado en el banco e intentaba restregar sus atributos contra su costado. ¡Qué asco! Ya no sabía cómo decirle que no hiciera eso. Echó un rápido vistazo en dirección a su querido tormento a ver si lo había visto pero ella parecía muy contenta hablando con el dichoso cuida plantas o cutre intento de Scamander.

Se separó de Shampoo, no sin dificultad, y murmuró que no le dejaba concentrarse en el juego y que le dejase espacio. Sorprendentemente se apartó un metro y suspiró aliviado.

Desde que vino para el torneo de los tres magos como miembro de una de las delegaciones no se la despegaba de encima. Más aún cuando cometió el error de invitarla al baile de navidad en un patético intento de captar la atención de Akane. Por un instante creyó ver celos en la fugaz mirada que cruzaron en esa fiesta pero ni ese momento de felicidad, puede que creado por su imaginación, compensaba el sufrimiento de tener que aguantar a la chinita desde entonces.

Cuando acabó el curso pensaba que no la volvería a ver, sin embargo, la muy desgraciada, pidió un traslado y este año se encontró compartiendo con ella las clases de nuevo. Al menos acabó en Slytherin y no coincidían en la sala común de su casa pero eso no parecía refrenarla y, de alguna manera, a veces conseguía colarse dentro, desbloquear el hechizo que impedía a una chica subir donde están los dormitorios masculinos y meterse desnuda en su cama.

Otro escalofrío le recorrió al recordar eso. Que Merlín se apiadase de él y que algún profesor la pillase, o que suspendiese todo y la expulsasen, o que se le llenase la cara de granos y decidiese meterse en un agujero y no salir de él, o lo que fuera con tal de que desapareciera de su vida.

—Jaque —dijo decidido, ansioso porque terminase el juego y poder alejarse de la pesadilla china.

Ryoga hizo un movimiento brusco desesperado, como siempre, y no puedo evitar sonreír. Era mejor que él y siempre lo sería por mucho que le molestase al cerdo.

—Jaque mate —proclamó ufano ampliando su sonrisa.

—Mierda —El chico le miró ceñudo con su prominente colmillo saliendo entre sus labios apretados. Luego relajó la expresión y adelantó la mano con deportividad, eran Gryffindors después de todo.

Un abrazo estrangulador le impidió devolver el gesto.

—¡Aia! Sabía que tú conseguirlo —chilló Shampoo volviendo a restregarse a su lado cual gata en celo y esta vez captando la atención de todo el comedor— Ser el hombre más fuerte, guapo y valiente en el mundo.

La china le miraba feliz, con expresión atontada. Podría asegurar que en sus ojos veía resplandecer estrellas y corazoncitos. Era perturbador. Espeluznante si tenía en cuenta la cantidad de veces al día que la ignoraba y rechazaba, pero a ella no parecía importarle y eso, más que darle lástima le cabreaba.

Un movimiento brusco en su periferia desvió su atención de la empalagosa amazona. Akane se había levantado de su sitio, alejándose del idiota desmemoriado. Era su oportunidad, debía correr tras ella pero antes debía deshacerse del koala morado anclado a sus bíceps. Tenía que inventar una excusa rápida.

—Shampoo

—Sí Aireen.

—¡Eh! Esto… me haría muchísima ilusión si como ganador de la partida pudiese tener el dulce especial navideño de Honeydukes… je, je…

—No preocupar, yo conseguir —Y sin otra palabra más la china se lanzó en dirección al pueblo atravesando el gran ventanal con el consiguiente revuelo, enfado y hechizo de reparo por parte del libidinoso profesor de encantamientos Happosai, que en esos momentos estaba terminando de decorar el árbol.

Feliz por lo bien que había salido su estratagema, le dio otra excusa absurda a Ryoga y se apresuró al encuentro de la peliazul a través de las puertas del comedor.

—Tendo, espera.

La chica se giró sorprendida por el reclamo. Su precioso rostro quería creer que asombrado porque alguien tan perfecto como él la interpelase.

—Sí, ¿necesitas algo? —preguntó con su armónico tono de voz.

Él se rascó la nuca nervioso e indeciso. "Venga hombre échale coraje que no muerde, ya has hecho lo más complicado, ahora termínalo".

—Esto sí, pero antes que nada permíteme que me presente, soy Ranma Saotome —Y juntando los brazos a ambos lados del cuerpo, tal y como recordaba que su madre le había enseñado de pequeño, hizo una inclinación al estilo oriental.

—Sí, sé quien eres Saotome, eres el hijo de Nodoka Saotome a la que estudiamos en historia de la magia, de origen japonés, aunque has vivido gran parte de tu vida en el Reino Unido, un Gryffindor obviamente por el color de tu uniforme y además formas parte del equipo de quidditch por cómo corean tu nombre en el gran comedor cuando hay partido.

—No solo formo parte, soy el capitán y el mejor buscador de todos los tiempos.

—Bueno eso es irrelevante, nunca voy a ver los partidos, me parece un juego francamente aburrido.

Eso le dejó completamente descolocado ¿juego aburrido? ¿no iba a los partidos? Por eso siempre que miraba, desde lo alto de su escoba, entre la masa de gente color amarillo no conseguía hallarla. Una vez casi pierde de vista la snitch por estar demasiado concentrado en otra búsqueda que, ahora sabía, era infructuosa.

Tomó aire lentamente y se animó a seguir.

—Sí bueno, entiendo que al venir de un entorno muggle te cueste más apreciar la belleza del deporte mágico por excelencia.

Ella resopló ofendida.

—Me estás llamando tonta o estás insinuando algo más grave relacionado con el estatus de mi sangre.

Mierda, él y su bocota.

Movió los brazos frenéticamente cruzándolos como si fueran un escudo mientras giraba la cabeza de un lado a otro a modo de negación.

—No, no, no quería sugerir nada de eso, lo juro. Yo solo, yo solo…

—Tu solo ¿qué? —La chica irradiaba magia hasta la punta de sus añiles cabellos de lo enfadada que estaba. Era toda una visión.

—Pues, pues ¿te importa si empezamos de cero? Por favor —No le gustaba suplicar pero si era la única opción recurriría a su sensibilidad Hufflepuff.

Akane suspiró y cerró los ojos intentando calmarse. Su aura disminuyó y eso en el fondo le decepcionó un poco. Le parecía realmente bonita cuando se cabreaba. Definitivamente era masoquista.

—Está bien. Hola Saotome soy Akane Tendo, encantada de hablar contigo por primera vez en cinco años —A pesar del toque de ironía con el que lo dijo le extendió su mano y le dirigió una cálida sonrisa.

El chico trastabilló más embobado que antes pero alcanzó a devolverle el gesto.

—Sí bueno es que no ha habido ocasión antes (mentira) y como los dos estamos atrapados en este castillo en navidad pensé… bueno yo… es que siempre estás cerca de ese aprendiz de guardabosques.

—¿Guardabosques?

—Sí, tu novio, el chico ese de la coleta que siempre anda contigo.

Una risa cristalina salió de sus preciosos y besables labios.

—Shinnosuke no es mi novio, solo es un amigo.

Una confirmación por fin.

Pudo ver cómo un coro de ángeles tocaban la trompeta a su alrededor mientras se imaginaba a sí mismo haciendo un ridículo baile de la victoria y dando saltitos de la emoción. Había fuegos artificiales y flores por todas partes. Una felicidad ensordecedora que le congeló en su ensoñación más tiempo del esperado.

—¿Estás bien? ¿Seguro que esa bludger que te dio en el último partido no te dejó secuelas?

El bochorno de haberse quedado atontado tras el descubrimiento dio paso al asombro, seguido de curiosidad y unos horribles nervios de los que solo sabía afrontar de una forma. Siendo un gilipollas.

—Así que no solo estuviste en un partido a los que supuestamente nunca vas sino que además recuerdas que me lesionaron en él. ¿Estabas pendiente de mí por algún motivo en especial? —dijo moviendo sus cejas—. Sé que soy impresionante jugando al quidditch y difícil de olvidar.

—Pero mira que eres idiota y egocéntrico —Akane se dio media vuelta dispuesta a poner tierra de por medio. Había vuelto a meter la pata otra vez y era dolorosamente consciente de ello desde que las primeras palabras habían abandonado su boca.

—No, por favor. Lo siento, es que me pones nervioso y, cuando estoy así, mi cerebro se apaga y no dice más que tonterías.

Ella giró la cabeza mirándolo de reojo sin saber si creerle o no. Pero al menos había parado su marcha y necesitaba aprovecharlo antes de que se le agotasen las oportunidades que ella parecía estarle otorgando. Ojalá tuviese un vial de "Félix felicis" para resolver esto.

—De veras que no sé por qué no paro de decir estupideces. Llevo años queriendo acercarme a ti y pedirte salir y… —Se tapó la boca lo más rápido que pudo pero eso no borró lo que acaba de decir y, por la expresión asombrada de ella, era evidente que le había escuchado con claridad— No, no, no. Yo no, no…

Ahora sí que estaba histérico y abochornado. Notaba su cabeza ardiendo. Seguro que se había puesto rojo.

Necesitaba huir, a poder ser a otro país y no regresar jamás. Solo tenía que encontrar alguna chimenea conectada con red flu y…

—¿Lo has dicho en serio? —Akane se había girado del todo enfrentándolo con un bonito tono rosado en su decidido rostro— porque me encantaría quedar a tomar algo contigo en las tres escobas uno de estos días, si te parece bien.

Casi se le cae la mandíbula al suelo. ¿Akane Tendo acababa de invitarlo a salir? ¿La chica por la que llevaba años suspirando no solo no lo había rechazado a pesar de sus meteduras de pata anteriores si no que le había pedido una cita?

—Sí, sí, cla-claro que me-me gustaría ir contigo cua-cuando quieras.

La sonrisa de ella se amplió iluminando todo a su alrededor. Su corazón empezó a bombear más rápido. Podía escuchar los acelerados latidos martilleando sus oídos. El pulso en la boca del estómago. ¿Era ese un buen momento para besarla? No, no desde luego que no, si apenas podía juntar dos sílabas para aceptar su propuesta mucho menos se veía capaz de inclinar su rostro y rozar esos deseables labios que le llamaban como cánticos de sirena.

—¡Genial! Pues qué te parece si quedamos mañana por la mañana. Podríamos vernos en el vestíbulo al pie de la escalera e ir juntos desde…

Y la luz que había iluminado ese rincón del castillo durante esos escasos segundos se apagó junto con sus esperanzas y su corazón.

—¡Aireen! Como tú pedir, yo traer tus dulces favoritos, poder comerlos juntos en la habitación de Shampoo —Y en menos de un parpadeo la china volvía a estar colgada de su antebrazo restregando sus pechos mientras le mostraba feliz su compra.

—Akane esto no es lo que… —Sus palabras murieron al volver a dirigir su atención a la peliazul y ver que estaba alejándose rápidamente por el pasillo— Akane espera, ¡Akane! ¡AKANEEEE!

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Se levantó sobresaltado de la cama, sudoroso y con el corazón a mil. Había sido un sueño, aunque no sabía si clasificarlo más bien como una pesadilla.

Todos los años por esas fechas su prometida se empeñaba en ver las películas del mago ese gafotas, porque por algún extraño motivo las encontraba muy navideñas, y hoy había tocado "El príncipe mestizo". De ahí su extraño sueño con su yo de 17 años en el mágico castillo.

Pero ya iba a cumplir la veintena y eso era ridículo. A pesar de las cosas extrañas que rodeaban su vida, él no era un ser mágico. Hacía un año que por fin se había deshecho de su maldición y que la dichosa gata, y el resto de sus supuestas prometidas, se habían rendido y habían emprendido sus propios caminos.

Solo una cosa se mantenía igual que en el sueño. Akane y él no habían pasado del plano de amigos, prometidos por sus padres, y eso le irritaba cada vez más. Sobre todo porque él sí que quería avanzar en su relación y ya no había nada que se lo impidiera, nada salvo su propia cobardía.

Pero ya estaba harto, este sueño había sido el toque de atención que necesitaba. Debía declararse de una vez a su preciado tormento o, por lo menos, pedirle una cita real y partir desde ahí.

Todo envalentonado se levantó de la cama dispuesto a hablar con Akane, sin tener en cuenta la hora, porque los milagros de navidad existían y él estaba deseando empezar a disfrutar del suyo.

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¡Hola a todos!

Lo primero, muchas gracias por leer esta pequeña historia.

Muchos me habíais pedido una continuación de la parte mágica mi fic "El dichoso sombrero" y, si bien eso era complicado ya que se trataba de un sueño, se me ocurrió que Ranma también podía tener otro similar y que tuviese puntos en común con el de Akane, aunque en la realidad eso fuese inviable a menos que ella le hubiese contado su sueño. Como ya dije en alguna otra nota de autor tengo pensado escribir una historia independiente y mas completa que narre las aventuras de ellos en un colegio de magia estilo Hogwarts pero en Japón (el Mahoutokoro según el fandome de HP) pero eso será dentro de mucho tiempo cuando termine las que tengo a medias.

Algunos os preguntareis que porqué he colocado a Akane en Hufflepuff en vez dejarla en Ravenclaw o Gryffindor como insinué en el fic anterior. Pues bien, la culpa la tiene mi amiga RowenStar a la que pertenece el precioso dibujo de la portada, que ha conseguido comerme el coco hasta hacerme ver que es muy lógico que nuestra peliazul favorita pertenezca a la casa del tejón. No por nada Nymphadora Tonks, una mujer con mucho carácter y valiente, pertenecía a dicha casa. Por otro lado el remake de Ranma ha hecho que también me cuestione el meter a Ryoga en Slytherin ya que ahora lo veo mas ambicioso y con un claro instinto de auto-preservación, pero le falla el ingenio así que lo he mantenido donde lo tenía inicialmente, ya me diréis qué opináis y, si queréis abrir debate, podéis buscarme en Twitter y lo hablamos por ahí.

Se, porque me lo han dicho mis betas, que lo que he narrado aquí no os va a dejar satisfechos y muchos me pediréis un segundo capitulo en el que se vea a Ranma declarándose a Akane sin embargo prefiero dejarlo a vuestra imaginación.

Ahora mismo tengo un problema en el codo que hace que, si estoy mucho tiempo escribiendo delante del ordenador, me duela horrores y empeora si lo hago muchos días seguidos necesitando ir a fisioterapeuta, por lo que reservo mis energías solo para el trabajo. Por esto mismo no he podido continuar con el fic de "una vez en diciembre" el de Akane/Anastasia ya que la dolencia empezó justo nada mas publicarlo en verano. Pero no os preocupéis que no lo dejaré abandonado, estoy en ello solo que voy muuucho mas lenta. Este one-shot es que lo tenía medio escrito y lo suyo era subirlo en estas fechas por lo que no podía esperar.

Para finalizar quiero dar las gracias a mis incondicionales betas y amigas LumLumLove y SakuraSaotome por su apoyo, correcciones y consejos.

Besos a todos desde España.