El amanecer teñía el cielo de un cálido naranja cuando Ignis y Ethan llegaron a las puertas de Magnolia. Para Ignis, era un paisaje familiar, pero para Ethan, era completamente nuevo. Las calles de piedra, las casas adornadas con banderines y el bullicio de la gente daban vida a una ciudad que parecía estar en constante movimiento.

—Bienvenido a Magnolia, hogar de Fairy Tail —dijo Ignis con una sonrisa amplia, extendiendo los brazos como si presentara un tesoro.

Ethan, aún algo desconfiado, mantuvo su mirada seria mientras seguía observando los alrededores. Había pasado tanto tiempo solo que la energía vibrante de un lugar así lo abrumaba. Sus ojos, uno plateado y otro negro, captaron detalles en cada esquina: niños corriendo, mercaderes montando sus puestos y el aire de camaradería que parecía impregnarlo todo.

—Es... más ruidoso de lo que esperaba —murmuró Ethan, ajustándose el abrigo.

Ignis soltó una carcajada y le dio un golpe amistoso en el hombro.

—Eso es solo el principio. Espérate a conocer a mi familia y al gremio. Si crees que esto es ruidoso, estás a punto de ver lo que es un verdadero caos.

Pyrix, el zorro alado de Ignis, trotaba junto a ellos, moviendo sus dos colas flamígeras mientras observaba con curiosidad todo lo que los rodeaba.

—¿Es esto siempre así de tranquilo por aquí? —preguntó Ethan, inclinando la cabeza mientras sus ojos con heterocromía se posaban en un grupo de niños que reían cerca de una fuente.

—Tranquilo es una palabra que no usaría para describir este lugar —respondió Pyrix con una sonrisa—. Pero espera a ver el gremio.

Ethan no dijo nada, pero el comentario de Pyrix le sacó una ligera sonrisa, apenas perceptible.

La puerta de Fairy Tail se abrió con un estruendo cuando Ignis la empujó con fuerza, entrando con la misma energía que irradiaba en todo lo que hacía.

—¡Estoy en casa! —gritó, su voz resonando en el gran salón.

La reacción fue inmediata. El bullicio del gremio se detuvo por un momento mientras las miradas se dirigían hacia la entrada. Magos de todas las edades estaban esparcidos por la sala, algunos entrenando, otros discutiendo sobre misiones, y otros simplemente disfrutando de un buen desayuno.

Una figura destacada, con cabello rosa brillante y una mirada intensa, corrió hacia ellos. Era Eileen Dragneel, vestida con una armadura ligera de tonos rojos y dorados, que combinaba elegancia con funcionalidad.

—¡Ignis! —gritó mientras se acercaba, pero en lugar de abrazarlo, le propinó un golpe fuerte en el hombro que casi lo hizo perder el equilibrio.

—¡¿Dónde te habías metido?! —demandó, cruzando los brazos—. Mamá estaba a punto de enviarnos a buscarte.

Ignis se quejó, sobándose el hombro. —Tranquila, Eileen. Solo estaba ocupado salvando a este tipo —dijo, señalando a Ethan.

Eileen dirigió su atención a Ethan, estudiándolo con ojos críticos.

—¿Un Devil Slayer? —dijo al notar las runas brillantes en su brazo.

Ethan sostuvo su mirada con calma. —Sí.

Antes de que la conversación pudiera continuar, una carcajada profunda resonó desde el fondo del gremio.

—¿Qué tenemos aquí? —dijo Kane Redfox, hijo de Gajeel y Levy. Alto y musculoso, con cabello negro y ojos afilados, Kane cruzó los brazos mientras se acercaba. Su sonrisa confiada reflejaba una personalidad que llenaba la habitación—. ¿Otro proyecto de caridad de Ignis?

Ignis rodó los ojos mientras Pyrix bufaba levemente.

—Oh, por favor, Kane. ¿No tienes a alguien más que molestar?

Kane soltó otra carcajada. —Solo bromeo, relájate. Bienvenido al gremio, chico.

Mientras Ignis y Kane discutían, otra voz resonó desde el segundo piso.

—¿Ignis? Esos gritos tuyos pueden escucharse desde aquí

La figura que descendió era imponente, incluso sin su armadura. Erza Scarlet, conocida como Titania, la Reina de las Hadas, bajó las escaleras con una presencia que silenció la sala. A pesar de que actitud estricta se ha suavizado con los años desde que se casó y tuvo sus propios hijos, aún era una mujer que ni siquiera el maestro del gremio estaba dispuesto a enfadar. Su cabello rojo fluía como una llama viva, y sus ojos castaños evaluaron a Ethan con precisión militar.

Ignis se tensó ligeramente. —Hola, mamá.

Erza arqueó una ceja. —¿Quién es este joven?

Ignis enderezó los hombros. —Es Ethan. Lo encontré en el camino. Es un Devil Slayer, y creo que encajará bien aquí.

Erza cruzó los brazos y asintió lentamente, pensando en su viejo amigo con una magia similar. —Un Devil Slayer, ¿eh? —Su mirada se suavizó ligeramente—. Bienvenido a Fairy Tail.

Antes de que Ethan pudiera responder, una llamarada estalló cerca de la entrada, seguida de una risa familiar.

—¡Ah, así que este es el chico nuevo! —Natsu Dragneel, el Salamander, apareció con su característica bufanda y su sonrisa radiante.

—¡Papá! —exclamó Ignis, llevando una mano a su cara por la actitud infantil de su padre.

Natsu se acercó a Ethan y lo inspeccionó como si fuera un animal raro.

—Eres un Devil Slayer, ¿eh? Apostaría a que podríamos tener una buena pelea algún día.

Ethan, sin saber si lo decía en serio o no, simplemente respondió: —Supongo que sí.

En medio de la confusión, una figura relajada entró al salón principal. Gildarts Clive, ahora el Maestro del Gremio, se acercó con su sonrisa despreocupada y su cabello rojizo ya mostrando algunas canas.

—¿Qué está pasando aquí? ¿Ignis, trajiste un nuevo recluta? —dijo mientras se acercaba con un tarro de cerveza en su mano de metal.

Ignis asintió. —Ethan, este es Gildarts, nuestro maestro.

Ethan inclinó ligeramente la cabeza, respetando la presencia del hombre.

—Bienvenido a Fairy Tail, Ethan —dijo Gildarts, dándole una palmada en la espalda que casi lo hizo tambalearse—. No te preocupes, aquí no hacemos muchas preguntas… al principio.

A medida que el día avanza, Ethan conoce al resto de los miembros del gremio, cada uno con una personalidad única. Algunos son amistosos, otros más reservados, pero lo que destaca es la calidez general del lugar.

Crystal Fullbuster lo observa desde una distancia prudente, claramente desconfiada, pero intrigada. Por otro lado, Celeste Heartfilia es más directa, extendiendo la mano con una sonrisa radiante.

—Eres interesante —dice Celeste—. Ignis no suele traer invitados.

—No soy un invitado —responde Ethan—. Solo... estoy viendo cómo es este lugar.

—No te preocupes, pronto te sentirás como en casa —dice Celeste con una sonrisa mientras se aleja.

Raven Redfox, con su actitud sarcástica, también tiene algo que decir.

—Espero que no seas tan impulsivo como Ignis. Uno ya es suficiente.

Ignis protesta mientras Ethan simplemente se encoge de hombros.

Más tarde, Ethan se encontró en el balcón del gremio, observando la ciudad bajo la luz del atardecer. Pyrix se sentó a su lado, sus colas moviéndose lentamente.

—No estás acostumbrado a esto, ¿verdad? —preguntó Pyrix con voz calmada.

Ethan negó con la cabeza. —No. Pero… tal vez podría acostumbrarme.

Ignis apareció detrás de ellos, sonriendo.

—Sabía que encajarías. Fairy Tail es más que un gremio. Es una familia.

Ethan miró a Ignis, luego al horizonte, y asintió ligeramente.

—Tal vez valga la pena intentarlo.

Los tres permanecen juntos mientras el gremio es iluminado por la luz cálida del atardecer, simbolizando el comienzo de un nuevo camino para Ethan.