Los personajes de Inuyasha pertenecen a Rumiko Takahashi yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener. Cualquier parecido a la realidad es mera coincidencia o referencia.
13. Galletas Navideñas (Día 13).
Era una tarde fría de diciembre, el viento soplaba suave pero constante fuera de la casa Higurashi. En la cocina, el olor a mantequilla y azúcar comenzaba a llenar el aire. El papá de Kagome, se encontraba frente a la mesa de la cocina, con los ingredientes ya dispuestos: harina, huevos, azúcar, mantequilla y chocolate. A su lado, Kagome que apenas llegaba a los siete años, esperaba con entusiasmo, ese día, su padre le enseñaría a ella y a InuYasha, a preparar galletas rellenas de chocolate.
—Ustedes van a cernir la harina, una taza cada uno— indicó Takashi—. Yo iré batiendo la mantequilla con el azúcar y huevos— dijo mientras tomaba una espátula y comenzaba a batir.
Kagome tomó con cuidado el colador y la taza medidora. Sus manos pequeñas apenas podían sostener todo a la vez, pero su determinación era firme. InuYasha, a su lado, fruncía el ceño mientras miraba la harina con desconfianza.
—¿Por qué tenemos que cernirla?— preguntó InuYasha, su voz sonaba un poco gruñona, pero en sus ojos dorados se reflejaba una genuina curiosidad.
—Para que las galletas queden suaves y esponjosas— respondió con paciencia Takashi, le sonrió sin detener su movimiento al batir la mezcla—. Además, ayuda a que no queden grumos en la masa. Y créanme, ¡nadie quiere morder un grumo de harina!
Kagome rió con alegría y comenzó a mover el colador de un lado a otro con energía. La harina caía como una pequeña nevada blanca sobre el tazón. InuYasha, sin querer quedarse atrás, intentó imitarla. Sacudió el colador con demasiada fuerza y una nube blanca explotó frente a él, cubriéndolo por completo.
—¡Achú! —estornudó, parpadeando para quitarse la harina de los ojos.
—¡InuYasha, pareces un fantasma!— rió Kagome, señalando el cabello y las orejas blancas de su amigo, ahora aún más cubiertas de polvo.
—Bueno, ¡al menos sabemos que te tomaste el trabajo en serio!— Takashi no pudo evitar soltar una carcajada—. Ven aquí Inuyasha— dijo mientras le pasaba una toalla para limpiarse.
—Esto es más difícil de lo que parece…— InuYasha gruñó suave, pero una pequeña sonrisa asomó en sus labios—. ¿Ahora qué sigue?
—Ahora, agregaremos la harina poco a poco a la mezcla de mantequilla— Takashi miró la mezcla cremosa con aprobación—. Pero antes de eso, ¿qué les parece si probamos un poquito de chocolate?— preguntó, haciendo que los ojos de ambos niños se iluminaron como luces de Navidad.
—¡Sí! —gritaron al unísono.
Takashi rompió una barra de chocolate en pequeños pedazos y dejó que cada uno tomara un trozo. InuYasha lo mordió de inmediato y su expresión pasó de seria a pura felicidad. Kagome dejó que el chocolate se derritiera en su lengua, disfrutando su dulce sabor.
—¡Las galletas van a ser las mejores del mundo!— exclamó Kagome emocionada e InuYasha asintió con entusiasmo, con las mejillas aún llenas de chocolate.
—Muy bien, ahora que ya sabemos que el chocolate sabe bien, es momento de mezclar la harina con la mantequilla. Recuerden, hay que hacerlo con cuidado para que no salga volando por todos lados.
Ambos niños asintieron, con paciencia y esmero, comenzaron a incorporar la harina en la mezcla cremosa. InuYasha apretaba la espátula con fuerza, mientras que Kagome hacía movimientos más suaves. De vez en cuando, Takashi intervenía para corregir sus movimientos o para recoger un poco de harina que inevitablemente terminaba fuera del tazón.
—Muy bien, esto ya se parece a una masa de galletas— anunció Takashi—. Ahora, vamos a hacer bolitas y las vamos a aplanar un poco. Después, pondremos un pedacito de chocolate en el centro y las cerramos como si fuera un pequeño regalo.
Kagome tomó un poco de masa y formó una bolita casi perfecta. Sus ojos brillaban de emoción mientras escondía el trozo de chocolate dentro. InuYasha, por su parte, hacía las bolitas un poco más grandes y en lugar de esconder el chocolate, parecía que quería poner todo el trozo encima.
—¡InuYasha, así no se hace!— rió Kagome—. ¡Tienes que esconder el chocolate dentro para que sea una sorpresa!
—¿Por qué? A mí me gusta ver el chocolate— protestó InuYasha, pero luego, viendo la expresión divertida de Takashi, suspiró y empezó a hacerlo como le indicaron.
Después de unos minutos, la bandeja estaba llena de galletas listas para hornear. Takashi las metió cuidadosamente en el horno y cerró la puerta con un gesto solemne.
—Ahora solo queda esperar— dijo con una sonrisa, poniendo un cronometro que sonaría dentro de algunos minutos—. Mientras tanto, ¿qué les parece si tomamos algo calientito?
—¿Atole?— preguntó Kagome con ojos brillantes.
—¡Exacto!— confirmó su padre—. Ya lo preparé mientras mezclaban los ingredientes.
—¡Genial!
Takashi vertió el espeso atole de vainilla en tres tazas, el vapor subía con un aroma dulce y reconfortante. Kagome tomó su taza con ambas manos, disfrutando del calor que se extendía por sus dedos. InuYasha hizo lo mismo, mirando con curiosidad el líquido cremoso que probaría por primera vez, oliéndolo antes de darle un sorbo.
—¡Está buenísimo!— exclamó InuYasha, con una sonrisa extendiéndose por su rostro.
—Es perfecto para una tarde fría, ¿verdad?— dijo Takashi con calidez.
Kagome e Inuyasha se sentaron frente al horno, el dulce aroma de las galletas se hacía cada vez más fuerte. Kagome sonreía con las mejillas sonrosadas por el calor del atole e InuYasha, relajado, daba pequeños sorbos mientras sus orejas se movían ligeramente, siguiendo los sonidos de la cocina.
—Me gusta hacer esto— dijo Kagome de repente, mirando a su padre y a su amigo—. Preparar cosas juntos… se siente especial— su padre sonrió, revolviéndole el cabello con cariño.
—Porque lo es, Kagome. Cocinar juntos es una hermosa forma de compartir y crear recuerdos.
Cuando la campanilla del cronometro los alertó, Takashi se levantó para revisar las galletas.
—¡Creo que ya están listas! —anunció con entusiasmo.
Ambos niños dejaron sus tazas sobre la mesa y se acercaron rápidamente al horno. Takashi sacó con cuidado la bandeja.
—¿Qué les parece si limpiamos todo este desastre mientras las galletas se enfrían?
—¡Sí! —exclamó Kagome con energía, tomando una esponja para limpiar la mesa.
InuYasha tomó una toalla húmeda y empezó a recoger la harina esparcida por el suelo. Sus movimientos eran torpes, pero en su rostro había una pequeña sonrisa. Takashi los miraba con orgullo mientras lavaba los utensilios en el fregadero. La cocina pronto quedó limpia, aunque con un par de manchas que contaban la historia de su aventura culinaria.
—Papá, ¿ya se enfriaron?— Kagome estaba ansiosa por saber si les habían quedado bien.
—Creo que si— Takashi tomó dos galletas al comprobar que estaban frías y se las entregó a ambos niños.
Kagome tomó una y dio un pequeño mordisco. El chocolate derretido se desbordó ligeramente y su expresión se iluminó.
—¡Están deliciosas!
—¡Definitivamente son las mejores galletas del mundo!— InuYasha mordió su galleta y asintió vigorosamente.
—¡Desde ahora serán nuestras galletas especiales!
Mientras disfrutaban de sus galletas y del atole que aún quedaba en sus tazas, la tarde fría de diciembre se volvió cálida y llena de risas. Era un momento simple, pero uno que guardarían en sus corazones para siempre.
13/12/2024
