Los personajes de Inuyasha pertenecen a Rumiko Takahashi yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener. Cualquier parecido a la realidad es mera coincidencia o referencia.


14. Familia (Día 14).

La casa de los Higurashi había cambiado con los años, pero el hogar siempre seguía siendo el mismo: lleno de calidez, risas y una profunda sensación de pertenencia. La cocina, donde tantas veces había visto a su madre y a su padre cocina, ahora era el escenario de una nueva etapa en la vida de Kagome e Inuyasha.

Con una sonrisa tranquila en el rostro, Kagome estaba de pie frente al horno, observando con atención las galletas que comenzaban a dorarse lentamente. La luz suave de la tarde se filtraba por la ventana, iluminando su cabello, ahora más largo y recogido en una coleta alta. Aunque el tiempo había pasado, su esencia seguía siendo la misma: la joven con la que InuYasha había compartido tantas aventuras, pero ahora también la mujer con la que compartía su vida diaria.

El reloj marcaba las seis de la tarde, aún faltaban dos horas para que InuYasha regresara del trabajo. Kagome suspiró, había planeado esto con tanto cariño, esas galletas tenían un significado muy especial. Había una noticia que deseaba compartir con él, algo que cambiaría sus vidas para siempre. Llevó ambas manos a su vientre, con un gesto de ternura. A veces se sorprendía así misma tocándose de esa forma, como si buscara una conexión más profunda, como si, de alguna manera, pudiera sentirlo ya, aunque aún no era más que una pequeña chispa de vida.

Sonrió suavemente al recordar los momentos de alegría con InuYasha, los días tranquilos y los más caóticos, los cuales ahora parecían un preludio de lo que estaba por venir. Su corazón latía más rápido con la emoción y al mismo tiempo, una ligera preocupación se instalaba en su mente. InuYasha siempre había tenido un sentido del olfato extraordinario. ¿Habrá notado algo ya?, se preguntó mientras mordisqueaba su labio inferior.

Esperaba que no, quería ver la sorpresa genuina en sus ojos cuando se lo dijera, quería que este recuerdo se quedara grabado en sus corazones para siempre. La idea de que él pudiera haber descubierto su secreto antes de tiempo le daba una pizca de nerviosismo, pero confiaba en que había logrado ocultarlo lo suficiente con el cambio de suavizante y desodorante.

No tenía duda de que InuYasha sería un padre increíble, aunque a veces le costara admitirlo. Lo había visto con los hijos de sus amigos y con su sobrina, se preocupaba y cuidaba de ellos. Estaba sumida en sus recuerdos cuando el suave sonido de la puerta abriéndose la alertó.

Había llegado antes. Se giró y ahí estaba InuYasha, con su cabello plateado brillando bajo la luz del atardecer y una expresión de sorpresa al verla frente al horno.

—¿Qué festejamos?, solo haces esas galletas en ocasiones especiales— dijo al reconocer el olor.

—Llegaste antes.

—No pareces feliz, ¿qué pasa?, ¿esperaba a alguien más?— bromeó.

—¡Claro que no!, me sorprendiste— dijo al acercarse a su esposo y darle un suave beso.

—Hueles a chocolate— movió su nariz—. Y a… vainilla.

Kagome le vio nerviosa, no había usado vainilla. InuYasha había detectado algo más allá del simple aroma a chocolate.

—¿A vainilla?— repitió intentando esconder su nerviosismo—. ¡Debe ser porque estaba por hacer atole!— Kagome forzó una sonrisa nerviosa, tratando de esconder su creciente preocupación detrás de una fachada tranquila.

InuYasha levantó una ceja, claramente sin convencerse del todo. La forma en que ella se comportaba era tan fuera de lo común, eso no pasaba desapercibida para él, pero decidió no presionar. Había algo en su expresión que le indicaba que algo más estaba pasando, pero no la iba a forzar a decirlo si no quería. En lugar de eso, volvió a besarla.

—Está bien, te creo, aunque me huele un poco raro todo esto...— bromeó mientras miraba el horno—. ¿Las galletas están listas?, ya me dio hambre— cambió de tema, con la esperanza de aligerar el ambiente.

—Falta que se enfríen.

—Bien, iré a bañarme.

Kagome se quedó en silencio por un momento y sintió un nudo en el estómago, como si las palabras se estuvieran formando en su garganta, pero no salieran. Ese era el momento perfecto para decirle, pero el miedo a que él lo hubiera descubierto antes de tiempo la hacía titubear.

—InuYasha...— dijo con un suspiro, mirando al suelo y luego alzando la vista para encontrar su mirada—. Hay algo que quiero decirte...

InuYasha, al notar la seriedad en su tono, se acercó más, colocando una mano en su cintura.

—¿Qué pasa?— dijo, ya con una preocupación genuina en su voz.

Kagome apretó suavemente los labios, tomando una profunda respiración. Cerró los ojos por un segundo antes de abrirlos nuevamente, enfrentándose a él.

—No iba a hacer atole de vainilla… yo… estoy embarazada.

El silencio llenó la habitación, solo interrumpido por aire que entraba por la ventana. El tiempo pareció detenerse mientras las palabras flotaban en el aire entre ellos.

InuYasha se quedó inmóvil por un momento, procesando lo que acababa de escuchar. Sus orejas se movieron hacia arriba en señal de asombro y su mirada se suavizó lentamente.

—Lo confirmé hace una semana, no te había dicho porque quería esperar el momento perfecto para decírtelo…

Un besó suave pero intenso, interrumpió a Kagome. Para Inuyasha ahora todo tenía sentido, ese dulce aroma a vainilla que había percibido en ella, no era el cambió de perfume o por el suavizante nuevo, era porque estaba embarazada del bebé de los dos.

—¡Voy a ser papá!— dijo él, sus ojos brillaban con felicidad.

Kagome sonrió, el temor de no saber cómo reaccionaría él se desvaneció completamente y ahora solo quedaba un futuro brillante por delante.

—Sí, será algo increíble— respondió ella, acariciándose el vientre con suavidad.

InuYasha la abrazó con fuerza, envolviéndola en un abrazo cálido y protector, como si quisiera asegurarse de que todo lo bueno que les estaba por llegar estuviera seguro bajo su cuidado.

—¿Estas galletas son para celebrarlo?— se separó un poco para mirarla a los ojos, acariciando su mejilla con ternura.

Kagome rió suavemente, su corazón lleno de amor por el hombre que tenía frente a ella, por el futuro que ahora compartían, por su familia que estaba por crecer más.

—Sí, las galletas son para ti, bueno, para los tres— Kagome acarició con dulzura su vientre e InuYasha se inclinó para darle un beso en la frente, poniendo su palma derecha donde estaba creciendo el bebé de ambos—. Te amo, InuYasha, estoy tan feliz de que esto esté sucediendo.

Los dos se quedaron allí, en un silencio compartido, las galletas continuaban su proceso de enfriamiento, pero para ellos, ese momento era más que cálido.

—Yo también te amo, Kagome, no sabes lo feliz que me haces— respondió InuYasha con un tono tan profundo y sincero.

Kagome cerró los ojos, podía sentir la seguridad, apoyo y amor de su esposo, pero el aroma de las galletas la regreso a su niñez, donde preparaba esas mismas galletas con su padre, él ya no estaba con ella, pero ese era su legado, uno de amor, que continuaría vivo en ese pequeño ser que crecía dentro de ella. No tenía duda de que su padre, aunque ya no estuviera presente, estaría observando con orgullo el camino que ella e InuYasha seguían recorriendo juntos.


14/12/2024

Muchísimas gracias por todos sus mensajes, aprecio cada uno de ellos y me emociona leerlo, saber sus opiniones.

Deseo que nos sigamos leyendo en los próximos 11 días, no olvidemos el de año nuevo.