El sonido rítmico del acero cortando el aire se mezclaba con el suave crujir de la madera bajo el peso del barco. Zoro giraba su espada con precisión, un movimiento tras otro, dejando que sus músculos siguieran el flujo conocido de su entrenamiento. El Going Merry avanzaba a buen ritmo, y la relativa calma que llenaba el barco era inusual, pero no desagradable.
Desde que Vivi y Carue se unieron a la tripulación, la dinámica había cambiado. No era malo, pensaba Zoro, mientras daba un corte ascendente. Era... diferente. Todos parecían más enfocados en las novedades: Usopp y Luffy entretenían al pato gigante con entusiasmo infantil, mientras que Vivi se había adaptado con sorprendente rapidez al caos que llamaban "trabajar en equipo". Incluso Nami se mostraba más paciente, aunque solo un poco.
Zoro exhaló con fuerza, dejando que sus pensamientos se desvanecieran mientras ajustaba la postura para un nuevo golpe. En el fondo, agradecía que todos estuvieran ocupados con sus cosas. La atención que antes se repartía entre peleas tontas o comentarios innecesarios ahora estaba dirigida a Vivi y su misión. Eso significaba más tranquilidad para él. Más tiempo para entrenar.
Sin embargo, había algo que aún lo incomodaba. Un eco persistente que no podía sacudirse: Whiskey Peak.
Zoro tensó los hombros al recordarlo. Pero rápidamente trató de alejar el pensamiento. Era algo que había adoptado con los años, una suerte de meditación propia. El viento y el movimiento constante del barco eran como un metrónomo que lo anclaba al presente.
Cerró los ojos por un instante, dejando que el acero descansara a su lado. Había aprendido, años atrás, que la espada no era solo fuerza. También era equilibrio. Inspiró profundamente, dejando que el aire fresco del mar llenara sus pulmones, y lo soltó en un largo suspiro.
No había notado que Nami lo miraba desde la distancia. Ella lo observaba en silencio, su ceño apenas fruncido en una mezcla de curiosidad y preocupación.
Habían pasado un par de días desde Whiskey Peak, y aunque Zoro siempre había sido algo más serio que el resto de sus compañeros, sí había notado que estaba un poco raro. Quizá eran cosas suyas, pensó al principio. Pero no podía sacudirse la idea de que algo no estaba bien.
¿Estará molesto conmigo? Esa fue su primera suposición. La deuda que lo obligó a asumir no era precisamente justa, y aunque no se lo había dicho directamente, ella sabía que incluso alguien como Zoro podía sentir que lo había llevado demasiado lejos.
Nami entrecerró los ojos, tratando de descifrar la expresión de Zoro mientras volvía a empuñar su espada. Era un poco frustrante no poder leerlo con claridad, especialmente porque algo le decía que el problema no era tan simple.
Decidida, caminó hacia él, dejando que el sonido de sus pasos en la cubierta interrumpiera el ritmo constante del entrenamiento.
—¿Puedo hablar contigo un momento? — Su voz era tranquila, pero lo suficientemente firme para que Zoro supiera que no se trataba de una simple charla.
El espadachín detuvo su movimiento, para mirarla con una ceja levantada. —¿Pasa algo?
Nami cruzó los brazos, observándolo con seriedad. —Eso iba a preguntarte a ti.
Zoro dejó escapar un resoplido mientras colocaba la espada sobre su hombro. Observó a Nami con cierta sospecha, pero también con un deje de resignación. Sabía que ella no se apartaría hasta obtener una respuesta que le satisficiera.
—Estoy bien —respondió con simpleza, girándose para retomar su posición.
Nami no se movió, sus ojos siguieron fijos en él, desafiándolo a que intentara ignorarla.
—No lo parece —dijo, dando un paso más cerca. Su tono no era acusador, pero sí cargado con esa insistencia que hacía imposible escapar. —No soy adivina, pero...
Hizo una pausa, desviando la vista por un instante, como si sopesara sus palabras antes de continuar.
—Si es por lo de la deuda... —No terminó la frase, resistiéndose a disculparse abiertamente, aunque sus palabras insinuaban más de lo que decía.
Zoro parpadeó, claramente sorprendido por la insinuación. Su expresión seria se suavizó, y una pequeña risa, baja y gutural, escapó de sus labios. Apoyó la espada en el suelo, apoyándose ligeramente en ella mientras miraba a Nami con una mezcla de diversión y exasperación.
—¿De verdad crees que estoy molesto por eso?
Nami alzó una ceja, cruzando los brazos con más fuerza.
—¿Y por qué no lo estarías? La deuda era ridícula, incluso para mis estándares.
Zoro dejó escapar otro resoplido, esta vez acompañado de una leve sonrisa.
—Desde que te conocí, supe que eras una bruja tacaña. —La miró directamente, el tono ligero de su voz contrastando con sus palabras—. No esperaría menos de ti.
El comentario hizo que Nami frunciera el ceño, aunque no pudo evitar que el calor de la vergüenza le subiera a las mejillas.
—¡Oye! —espetó, señalándolo con un dedo acusador—. Si vas a insultarme, por lo menos no lo digas con esa cara como si estuvieras bromeando.
Zoro se encogió de hombros, su sonrisa persistiendo como un desafío silencioso.
—Mira, ya pagué mi deuda, ¿no? —añadió, haciendo un gesto hacia donde se encontraba la princesa—. Ayudamos a Vivi, así que, técnicamente, estamos a mano.
Nami lo observó en silencio por un momento, procesando sus palabras. Aunque odiaba admitirlo, tenía un punto. Pero eso no cambiaba el hecho de que Zoro se estaba comportando más raro de lo usual.
—Si no es por la deuda, entonces... ¿qué te tiene tan extraño?
El espadachín la miró, casi como si estuviera evaluando si valía la pena responder. Al final, exhaló con lentitud, dejando que sus hombros cayeran ligeramente.
—Es por Whiskey Peak —admitió al fin, su mirada fija en el horizonte en lugar de en ella.
La mención del lugar hizo que Nami parpadeara, ligeramente desconcertada.
—¿Whiskey Peak? ¿Qué tiene eso que ver?
Zoro apretó la mandíbula, desviando la vista un momento antes de responder.
—Que Luffy me atacó sin siquiera preguntar —soltó, su voz baja pero cargada de molestia. Al ver la expresión sorprendida de Nami, agregó—: No me malentiendas, no espero que me adore ni nada parecido. Pero fue directo a por mí, como si estuviera absolutamente seguro de que yo era el problema.
Nami frunció el ceño, procesando sus palabras.
—¿Y tú no hiciste lo mismo? —replicó, recordando el caos de esa noche.
Zoro dejó escapar un resoplido, casi de burla hacia sí mismo.
—Por supuesto que sí. —Su tono era seco, casi como si estuviera regañándose—. En el momento en que me atacó, no pensé en nada. Solo devolví el golpe. No soy menos culpable de eso.
—Entonces, ¿por qué te molesta tanto?
—No lo sé. —Hizo un gesto para quitarse el sudor del a frente, visiblemente frustrado—. Supongo que esperaba algo más después de todo lo que hemos pasado.
Nami permaneció en silencio, sus ojos fijos en Zoro mientras procesaba sus palabras. Había algo en su tono, una mezcla de frustración y resignación que no era común en él. Finalmente, suspiró, suavizando un poco su postura.
—¿Y qué esperabas? —preguntó, su tono más curioso que desafiante.
Zoro la miró de reojo, como si debatiera si debía responder— Supongo que... algo más de confianza.
Nami permaneció en silencio por un momento, evaluando sus palabras. Finalmente, dejó escapar un suspiro y dio un paso hacia él.
—Luffy es así —dijo con una mezcla de comprensión y resignación—Sabes que muchas veces puede ser impulsivo.
—Ya lo sé, pero es algo injusto que seas precisamente tu quien lo diga.
Nami se quedó en silencio sin comprender a que venía ese comentario. Buscando algún indicio en la expresión de Zoro que le diera una pista sobre lo que quería decir.
—¿Qué se supone que significa eso? —preguntó, su tono más defensivo de lo que pretendía.
Zoro mantuvo su mirada fija en ella, un destello de algo más profundo atravesando su habitual expresión neutral.
—Significa que él confió en ti desde el principio, incluso cuando tenía razones para no hacerlo —respondió con calma, aunque su voz tenía un filo que sugería que no estaba del todo satisfecho con el tema—. No importaba que trabajaras para Arlong, que intentaras engañarlo o que nos robaras. Luffy siempre creyó que estabas de nuestro lado.
El comentario hizo que Nami parpadeara, sorprendida por la intensidad detrás de sus palabras.
—Eso es diferente... —empezó a decir, pero su voz se apagó al ver cómo Zoro negaba con la cabeza.
—¿Diferente cómo? —inquirió, sin apartar la mirada de ella—. Yo nunca di motivos para que desconfiara de mí, pero esa noche... —Dejó que las palabras se desvanecieran, como si no valiera la pena terminar la frase—. Da igual.
Nami abrió la boca para responder, pero algo en su postura, en cómo parecía cansado de toda la conversación, la hizo detenerse. En su lugar, dejó escapar un largo suspiro.
—Zoro... —empezó, pero antes de que pudiera continuar, un crujido detrás de ellos llamó su atención.
Nami y Zoro se giraron al unísono hacia el origen del ruido, encontrándose con Luffy apoyado contra la pared con una expresión despreocupada, pero con los ojos brillando con un destello de curiosidad.
—Vaya, así que era por eso —comentó, rascándose la nuca con una sonrisa amplia, como si acabara de resolver un acertijo complicado.
Zoro lo fulminó con la mirada.
—¿Desde cuándo estás ahí?
—Desde hace un rato —admitió Luffy, dando un par de pasos hacia ellos, ignorando por completo la tensión en el aire.
Nami suspiró, llevándose una mano a la cadera.
—¿Y qué estabas haciendo, escuchando como un fisgón?
Luffy ladeó la cabeza, como si realmente estuviera considerando su respuesta.
—Nah, solo estaba pasando y escuché mi nombre.
Zoro chasqueó la lengua, desviando la mirada.
—Típico...
Sin embargo, antes de que alguno de ellos pudiera decir algo más, Luffy se inclinó ligeramente hacia adelante, en un gesto que recordaba la forma en que Makino le enseñó a disculparse.
—Lo siento, Zoro —dijo con sinceridad, aunque su tono seguía siendo relajado—. Fui un idiota en Whiskey Peak. No debería haberte golpeado sin preguntar.
Zoro lo miró con escepticismo, pero al final dejó escapar un resoplido, como si la disculpa fuera suficiente para él.
—No hace falta que te disculpes como si fueras un niño —gruñó, aunque su tono carecía de la mordacidad habitual—. Solo asegúrate de no hacerlo otra vez.
Luffy enderezó la postura, con una gran sonrisa que parecía disolver cualquier rastro de tensión.
—¡Hecho!
Nami lo miró con los brazos cruzados, arqueando una ceja.
—¿Eso es todo? ¿Así de simple?
Luffy la miró con confusión, como si no entendiera por qué hacía falta complicar las cosas.
—Sí. ¿Por qué no?
Zoro dejó escapar una carcajada repentina, no una risa seca o sarcástica, sino una verdadera, profunda y relajada. La intensidad de su risa tomó por sorpresa tanto a Nami como a Luffy, quienes lo miraron con incredulidad antes de que la atmósfera ligera los alcanzara también.
Luffy comenzó a reír a carcajadas, contagiado por la situación, y hasta Nami, a pesar de sus intentos de mantener una expresión seria, terminó soltando una risa suave que se fue intensificando poco a poco.
—¡Vaya grupo somos! —logró decir Zoro entre risas, negando con la cabeza mientras recogía su espada del suelo—. Esto es ridículo.
Luffy se inclinó hacia adelante, todavía riendo con fuerza.
—¡Ridículo, pero divertido!
Nami se secó una lágrima que había escapado por la risa, intentando recuperar la compostura.
—Bueno, al menos ya no pareces estar a punto de romperle la cara a alguien, Zoro.
El espadachín se encogió de hombros, su risa disminuyendo hasta convertirse en una sonrisa más tranquila.
—Creo que ya tuve suficiente por hoy. Los dejo a ustedes para que sigan con... lo que sea que hagan.
Sin más, Zoro giró sobre sus talones y comenzó a caminar hacia el mástil, después de entrenar con intensidad necesitaba un buen descanso.
Luffy lo siguió con la mirada por un momento antes de girarse hacia Nami, aún con una sonrisa luminosa en el rostro.
—¿Te pasa algo? —preguntó, ladeando la cabeza mientras la observaba con genuina curiosidad.
Nami cruzó los brazos, alzando una ceja mientras intentaba ocultar el leve rubor que subió a sus mejillas.
—¿A qué te refieres?
—No sé... —Luffy se rascó la nuca, pensativo—. Solo parecía que querías decir algo antes.
—No es nada —murmuró, aunque su tono no era muy convincente.
Luffy no parecía convencido tampoco, pero no insistió. En lugar de eso, se dejó caer sentado en la cubierta, apoyando los brazos tras su cabeza mientras miraba el cielo despejado y soleado.
Nami lo observó por un momento, luchando contra su propio nerviosismo. Finalmente, inspiró profundamente y se animó a preguntar:
—Luffy...
—¿Hmmm? —respondió sin apartar la vista del cielo, completamente relajado.
—¿Por qué?
—Porque ¿qué?
—¿Por qué confiaste en mí? —soltó finalmente, las palabras saliendo con más fuerza de lo que esperaba. Su voz tenía un matiz de curiosidad mezclado con algo más difícil de identificar, quizá una pizca de inseguridad.
Luffy bajó la mirada hacia ella, sus ojos oscuros brillando bajo la luz del día.
—Porque quería hacerlo —respondió con la simplicidad de siempre, como si fuera la cosa más obvia del mundo.
Nami lo miró, incrédula.
—¿Y no querías confiar en Zoro?
Luffy ladeó la cabeza, como si meditara la respuesta.
—Eso fue diferente.
Nami entrecerró los ojos, sin poder evitar sentirse ligeramente frustrada con la respuesta.
—¿Diferente cómo?
Luffy se quedó en silencio por un instante, como si estuviera recordando. Luego, una sonrisa traviesa cruzó su rostro.
—Sabía que mentías —dijo con una honestidad que la dejó helada.
—¿Qué? —Nami parpadeó, sorprendida—. ¿Cómo que lo sabías?
Luffy se rascó la nuca, como si no entendiera por qué era tan sorprendente.
—¡Era obvio! Siempre ponías esa cara rara cuando decías algo que no era verdad. —Hizo un gesto exagerado, frunciendo el ceño y apretando los labios, intentando imitarla—. Así.
Nami se llevó una mano al rostro al mirar la imitación exagerada de Luffy, sintiendo cómo el rubor subía rápidamente a sus mejillas. No sabía que era peor, la pantomima o el hecho de que la persona que siempre creía los cuentos de Usopp le estuviera diciendo que era una mala mentirosa.
—¡No hago esa cara!
—¡Claro que sí! —Luffy exclamó, señalándola con una sonrisa traviesa—. Siempre la haces. Es como si intentaras decirme algo, pero no quisieras que me diera cuenta.
Nami cruzó los brazos, frunciendo ligeramente el ceño, aunque no podía evitar sentirse vulnerable.
—Entonces... ¿sabías que mentía y aun así confiaste en mí? —preguntó, mirando hacia un lado para evitar su mirada directa.
Luffy se quedó en silencio un momento, mirando hacia abajo, pensativo, como si todo fuera una obviedad. Luego, sin desviar la vista, respondió con una calma que la sorprendió.
—Sí.
Nami se quedó sin palabras, apenas entendiendo la respuesta. Finalmente, con un suspiro, preguntó:
—¿Por qué?
Luffy se inclinó ligeramente hacia atrás, apoyando los brazos en el suelo de la cubierta mientras sus ojos se dirigían a la vastedad del océano que se extendía frente a ellos. Parecía perderse en la escena por un momento antes de volver a mirarla.
—Porque siempre parecías triste cuando pensabas que nadie te estaba viendo.
Las palabras de Luffy la golpearon de lleno, como una ráfaga fría que dejaba todo en silencio por un instante. Su rostro perdió el rubor, pero la sorpresa y una extraña sensación de vulnerabilidad se apoderaron de ella.
—¿Triste? —murmuró, como si esa palabra fuera demasiado fuerte para su propio entendimiento.
Nami alzó la mirada, encontrándose con los ojos serenos de Luffy. Había algo en su tono, en la simpleza con la que lo dijo, que hizo que su corazón se apretara. Nunca antes nadie había notado algo así, o si lo habían hecho, nadie se había molestado en respetar su silencio.
—Por eso nunca te pregunté nada —continuó él, con la misma calma—. Tú no querías hablar de eso.
El viento agitó suavemente su cabello mientras el significado de esas palabras calaba hondo en ella. Nami bajó la mirada, apretando los labios para contener la avalancha de emociones que comenzaba a aflorar. ¿Cuánto había estado cargando sin que nadie se diera cuenta? Y ahí estaba él, su capitán, diciéndole que lo sabía, que lo había sabido todo el tiempo, y que aun así nunca había intentado forzarla.
La naturalidad con la que lo dijo la dejó desarmada. No era una confesión, ni un intento de consolarla; era un simple hecho, una verdad que él había aceptado sin más, porque para él era suficiente.
—Eres un idiota —murmuró, aunque su voz carecía de cualquier reproche.
Luffy soltó una risita, sin tomarse en serio el comentario.
—Eso me lo dices mucho —respondió, como si fuera un cumplido más que un insulto.
Por un instante, Nami no supo si reír o llorar. Optó por una sonrisa apenas perceptible mientras miraba hacia el océano. Había algo reconfortante en saber que, aunque no lo hubiera dicho en voz alta, él lo había entendido.
—Nami... —Luffy rompió el silencio, esta vez con un tono ligeramente más bajo.
Ella lo miró, notando cómo su expresión cambió por un instante. Su habitual despreocupación parecía ceder a algo más... ¿seriedad?
Luffy se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas. Giró ligeramente la cabeza, asegurándose de que no había nadie cerca antes de hablar. Zoro roncaba suavemente desde el mástil, y el resto de la tripulación no estaba a la vista.
Cuando volvió a mirarla, susurró:
—¿No has tenido pesadillas?
La pregunta la tomó por sorpresa. El rubor que apenas había comenzado a desvanecerse volvió a sus mejillas, pero esta vez no fue por vergüenza, sino por el impacto de que él le recordara algo tan personal, sobre todo cuando habían actuado los últimos días como si ese evento no hubiera sucedido.
—¿Por qué lo preguntas? —replicó en voz baja, aunque su tono no era de enfado, sino de cautela.
Luffy ladeó la cabeza, como si no entendiera por qué necesitaba una razón para preguntarlo.
—No sé... —admitió, mirando al horizonte por un momento antes de volver a clavar su mirada en ella—. Solo quería asegurarme de que estuvieras bien.
Nami desvió la vista hacia el océano. El sol comenzaba a descender en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos cálidos que se reflejaban en las suaves olas. Sentía un nudo en el estómago, como si las palabras de Luffy hubieran tocado algo que había estado intentando ignorar. Era increíble cómo él, con su naturaleza despreocupada, lograba ser tan atento de formas que nadie más parecía ser.
—He tenido algunas, pero no es tan malo como antes —respondió Nami, su tono ligero, pero con un trasfondo sincero.
Y era cierto. Aunque todavía había noches en las que despertaba agitada, el terror que antes la paralizaba ahora era más manejable y le costaba menos trabajo volver a conciliar el sueño.
Luffy asintió, su mirada atenta, pero con esa chispa de interés infantil que siempre lo caracterizaba.
—Si alguna vez necesitas que te ayude otra vez... puedo hacerlo. —Su oferta salió con la misma naturalidad de siempre, como si fuera lo más obvio del mundo.
Nami lo miró de reojo, sorprendida por la sinceridad en su tono. La primera vez que él la había acompañado, su presencia había sido una especie de alivio inesperado, algo que ella jamás se hubiera atrevido a pedir, pero que había terminado aceptando. Sin embargo, ahora...
—No es necesario, Luffy —respondió con una pequeña sonrisa, desviando la vista hacia el océano—. Desde que Vivi está a bordo, ya no paso las noches sola.
La respuesta, aunque casual y dicha sin ninguna intención más allá de explicar, golpeó a Luffy de una forma extraña. Parpadeó, intentando procesar lo que había escuchado. No entendía por qué algo en su pecho se sentía... incómodo. Era como si una parte de él no estuviera del todo de acuerdo con eso.
—Oh... —murmuró, sin saber qué más decir al respecto.
El silencio que siguió fue breve, pero para Luffy se sintió más largo de lo normal. Se recostó sobre la barandilla del Merry, mirando el cielo, aunque su mente estaba lejos de las nubes.
¿De verdad le molestaba que Vivi estuviera con Nami? No era exactamente eso. No estaba enojado con Vivi. Ni siquiera podía describirlo como un malestar real... Era otra cosa. Algo más complicado, como una sensación que no podía poner en palabras.
Una imagen cruzó su mente: Nami, dormida a su lado, su rostro relajado mientras los rayos de luna jugaban en sus facciones. Recordaba con claridad cómo se había sentido verla tan tranquila. Esa noche había sido diferente, un momento extraño pero agradable que se le quedaba grabado con cada detalle, como si el recuerdo quisiera aferrarse a él. Últimamente, esa escena volvía a su mente con frecuencia, sin ser capaz de evitarlo.
—Bueno, sí cambias de opinión, ya sabes dónde estoy —dijo al final, intentando que su tono despreocupado ocultara lo que realmente sentía.
Nami lo observó de reojo, captando algo en su voz que la hizo detenerse. Aunque sonaba ligero y relajado, había un matiz que no encajaba con su actitud habitual. Sus cejas se fruncían apenas, y sus dedos tamborileaban suavemente sobre la madera del Merry, un gesto casi imperceptible pero que revelaba que algo le rondaba la mente.
—¿En qué estás pensando? —preguntó Nami, arqueando una ceja, su tono curioso pero tranquilo, como si tratara de no invadir demasiado.
Luffy parpadeó, sacudiendo ligeramente la cabeza para salir de su ensimismamiento.
—No sé... cosas. —Se rascó la nuca y dejó escapar una risa ligera, aunque había algo en ella que no lograba convencer ni a él mismo.
A pesar de su respuesta aparentemente simple, el malestar en su pecho no desaparecía. Mientras el barco se mecía suavemente con las olas, Luffy dejó que su mirada se perdiera en el horizonte, como si buscara algo que pudiera darle claridad.
Sabía que no le molestaba que Vivi estuviera cerca de Nami. Vivi era su amiga, parte de su tripulación ahora, y eso le alegraba. Pero entonces, ¿por qué no podía evitar sentirse extraño cada vez que pensaba en esa noche, cuando era él quien había estado allí para ella?
Esa imagen volvió a su mente: Nami, descansando tan frágil, su respiración acompasada mientras el sonido de las olas llenaba el silencio entre ellos. Había algo en esos momentos que lo hacía sentir bien, algo que no entendía del todo pero que quería volver a experimentar. De repente, la idea de que ya no lo necesitara para eso le dejó una punzada extraña, como si algo importante estuviera deslizándose de entre sus dedos. Quería verla así otra vez, confiando en él de una forma tan natural y desarmada que casi lo dejaba sin aliento. Y, sin embargo, no sabía por qué.
El silencio entre ambos se prolongó, pero no era incómodo. Al contrario, había algo en la calma del momento que parecía envolverlos como las suaves olas que golpeaban el Merry. Luffy seguía mirando el horizonte, o al menos eso pensaba. En algún momento, sin darse cuenta, sus ojos habían vuelto a posarse en Nami.
Era curioso. Había algo en su perfil, en la forma en que el viento jugaba con su cabello y la luz del atardecer teñía su piel de tonos cálidos, que lo mantenía ahí, observándola como si estuviera viendo algo nuevo por primera vez.
Nami, por su parte, sintió su mirada antes de notarla realmente. Levantó la vista hacia él, arqueando una ceja, pero no dijo nada. Algo en su expresión cambió cuando sus ojos se encontraron. No era la primera vez que él la miraba, pero esta vez... se sentía distinto.
Por un momento, el tiempo pareció detenerse. El sonido del océano quedó en un segundo plano, y Nami sostuvo su mirada más tiempo del necesario, como si buscara algo en esos ojos oscuros que, aunque llenos de esa chispa característica de Luffy, parecían reflejar un matiz nuevo.
—¿Qué pasa? —preguntó ella, rompiendo el silencio. Su tono era ligero, pero había un leve temblor en sus palabras, como si no estuviera segura de querer escuchar la respuesta.
Luffy parpadeó, como si apenas se diera cuenta de que la estaba mirando. Se rascó la nuca con esa risa nerviosa tan suya, desviando la vista al cielo.
—Nada... solo pensé que te veías diferente con esta luz.
Nami parpadeó sorprendida, y su expresión se suavizó antes de que pudiera detenerla. La respuesta de Luffy era simple, directa, como él siempre era, pero no pudo evitar sentir que esas palabras habían tocado algo dentro de ella.
—¿Diferente cómo? —inquirió, aunque no estaba segura de por qué lo hacía.
Luffy la miró otra vez, esta vez con una sonrisa tranquila que no tenía nada de nerviosismo.
—No sé... bien.
El comentario era tan desprovisto de complicaciones, tan natural, que Nami no supo si reír o sentirse extrañamente vulnerable ante él. Así que simplemente sonrió, un gesto leve pero honesto, y volvió la vista al océano, permitiendo que el momento pasara sin agregarle más peso del necesario.
Luffy hizo lo mismo, apoyándose de nuevo en la barandilla del Merry. Sin embargo, el aire entre ellos había cambiado, ligero pero presente, como si algo que había estado en el fondo comenzara a hacerse notar.
El día avanzaba, pero esa sensación persistía, dejándolos a ambos con una pregunta sin respuesta que, por el momento, ninguno estaba listo para explorar del todo.
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Bueno, creo que la última actualización fue ayer, así que es lógico no tener nuevos reviews, jajaja, hoy estuve en llamas y prefiero publicar conforme termino de editar que aplazar los capítulos, ya vi que ese ritmo de trabajo no es lo mío. Estoy en temporada de finales así que no sé cuándo salga el nuevo capítulo a pesar de que escribo para procrastinar.
Si leyeron hasta aquí les mando un abrazo.
