El recuerdo de lo que alguna vez fue.
Agradecido por haber podido encontrar un establecimiento abierto en esa carretera desconocida, Koji Sakai-Jefferson maniobró con habilidad el lujoso automóvil que había alquilado para ese viaje y se estacionó justo frente a la puerta de esa tienda de abarrotes, en el único sitio disponible que había en esos momentos. A través del cristal del aparador principal podía verse con toda claridad un arbolito de Navidad decorado con esmero, con tanto esmero como podría esperarse de un empleado que se vería obligado a pasar la festividad en un establecimiento que abría las 24 horas, los 365 días del año (366, si era bisiesto).
Era la víspera de Navidad y los más afortunados se preparaban para irse a casa a descansar o para reunirse con la familia y los amigos para celebrar. Koji apagó el motor de su automóvil y se dio una pausa breve para darse ánimos antes de salir al exterior; miró hacia su izquierda, hacia un vehículo que resultaba imposible de ser ignorado, un llamativo deportivo de color amarillo. Tras analizarlo durante medio minuto, Sakai soltó una risita burla y de desdén.
– ¡Hay muchas personas con mal gusto en este país! –exclamó, teatralmente, al tiempo en el que agitaba su cabello gris plata, tras lo cual se corrigió–: Muchas personas con dinero y con tan mal gusto.
Se ajustó bien los botones de su costoso abrigo y salió del auto, preparado para batallar con el implacable clima invernal. En contraste, el interior de la tienda era cálido y agradable, lo que hizo que Sakai le tomara gusto a pesar de no ser más que una tienda común. No tenía planeado pasar a comprar nada, iba a conducir directo hasta la casa de Kyosuke y Miki, quienes lo habían invitado a pasar la Navidad, pero entonces olvidó la botella de vino que había comprado para llevar y entonces tuvo que hacer una parada forzosa en ese lugar para conseguir otra, pues sería totalmente imperdonable que se presentara en casa ajena sin un obsequio para los anfitriones. Koji dudaba de que en esa tienda hubiera vinos que valieran la pena, pero esperaba sustituirlo con algún otro licor que resultase más o menos decente.
– Disculpe, señorita, ¿en dónde está la sección de vinos y licores? –le preguntó a una de las empleadas, que se entretenía acomodando unas latas de fruta en conserva.
– En el pasillo 10 –respondió ella, quien lo miró embobada.
Sakai sonrió de esa manera tan encantadora y galante que les encantaba a las mujeres, al mismo tiempo en el que agitaba su bien cuidado cabello gris plata. La empleada se ruborizó y esbozó a su vez una sonrisita tonta de admiración, que le hizo saber a Koji que había conseguido el efecto que buscaba.
– Muchas gracias – dijo él, complacido, y le guiñó un ojo. Era bueno saber que conservaba el toque aún estando en una región desconocida.
Se encaminó después hacia el pasillo designado, con la elegancia y petulancia del que está acostumbrado a ser el centro de atención. A sus treinta y cinco años se encontraba todavía en su mejor forma y no se molestaba en ocultarlo. "Mantenerse soltero es la mejor manera de conservarse atractivo", solía decir a todo aquél que le preguntaba por alguna posible pareja y tal parecía ser que sus palabras eran ciertas, a pesar de que las había dicho para no decir la verdad que se ocultaba detrás de su eterna soltería.
Tras entretenerse unos minutos viendo algunos artículos vacuos, Sakai llegó al área de vinos y licores y vio que, para su enorme sorpresa, estaba mejor surtida de lo que esperaba. Con la expectación de un niño que ha encontrado en rebaja su dulce favorito, Sakai tomó una botella de su vino predilecto, que nunca pensó que encontraría en un lugar como ése y lo contempló emocionado. Sin pensarlo mucho, decidió que lo compraría y lo compartiría con sus amigos, a pesar de que no ser lo que había tenido en mente originalmente, pero estaba seguro de que hasta alguien como Kyosuke apreciaría la calidad del licor. Se dio la vuelta entonces, sintiendo que era su día de suerte, y repentinamente la sonrisa se le congeló en el rostro cuando vio lo que tenía enfrente. Fue tan sorpresivo, tan inesperado ese repentino cambio en su destino que estuvo a punto de tirar la botella que traía en las manos. Durante varios segundos que le parecieron eternos, Koji se quedó parado sin saber qué hacer, mientras su mente intentaba procesar la imagen que sus ojos le enviaban para convencerse de que lo que estaba viendo era real.
June.
El nombre llegó tan rápido a su mente desde el baúl de los recuerdos, casi sin pensarlo siquiera, que fue como si nunca se hubiera ido, como si siempre hubiese estado ahí, a la espera de ser recordado y mencionado en un susurro casi imperceptible. Koji se quedó parado sin saber qué hacer, pero antes de que siquiera pudiera pensar en la posibilidad de darse la media vuelta e irse, su cuerpo comenzó a moverse por sí solo hacia la mujer que también contemplaba los vinos e intentaba decidirse por alguno de los dos que veía en el estante. Ella llevaba un elegante abrigo largo estilo vintage, de un color verde oscuro que combinaba con sus ojos, y su cabello castaño oscuro caía en suaves ondas por los hombros y la espalda, luciendo tan elegante y hermosa como siempre lo había sido, pero con algunos años más de los que tenía la última vez que Sakai la vio. Fue tanta su emoción por encontrarla que ni siquiera se cuestionó si debía acercarse o no, en esos momentos fue perfectamente claro para él que ésa era una oportunidad única que no debía dejar pasar. ¡Había pensado tanto en ella en los últimos años! La mujer no se giró a verlo ni siquiera cuando se detuvo a su lado, así que él le puso la mano en el hombro y la llamó suavemente por su nombre.
– Hola, June –saludo Koji, simplemente.
Ella se giró a verlo, con el asombro de alguien que no espera ser llamado por su nombre, y en sus verdes ojos Sakai vio que June no lo había reconocido. Ninguno de los dos era ya un adolescente, pero Koji estaba seguro de que no había cambiado tanto como para que June Casablanca-Suzumura, su ex novia, no se acordara de él. Sin embargo, menos de treinta segundos después apareció una chispa de reconocimiento en los ojos de la mujer, quien dio un salto de alegría para después darle un fuerte abrazo, que Sakai recibió de muy buena gana. Ambos se abrazaron durante un largo rato, riendo con ese sentimiento de nostalgia que se presenta entre dos personas que no se han visto durante mucho tiempo.
– ¡Koji! –exclamó June–. ¡Qué gusto verte!
– Lo mismo digo, June –contestó él, sintiendo que un cálido sentimiento se apoderaba de su corazón–. Te ves muy bien.
– Gracias. –Ella sonrió genuinamente–. Tú también te ves muy bien. ¿Qué estás haciendo aquí?
– Voy a una fiesta de Navidad y pasé a comprar una botella de vino –explicó Sakai, mientras mostraba la botella–. ¿Y tú?
– Algo similar –respondió June y señaló su botella de vino; la mujer pasó por alto el hecho de que el portero no tenía motivos para andar por esos rumbos–. Qué gran coincidencia ha sido que nos encontráramos aquí, tras tantos años de no vernos.
– ¿Cuándo fue la última vez? –preguntó Sakai, de manera automática.
– Hace once años, en Manchester –contestó June, tras un breve titubeo.
Un silencio incómodo se estableció entre ambos después de esto, al recordar que la última vez que se vieron fue todo, menos placentera. Ése habría sido un buen momento para soltar una excusa, dar una despedida cortés y emprender la graciosa huida, pero Koji se sentía tan feliz de volver a ver a su ex novia que decidió pasar por alto esa incomodidad.
– Sí, es cierto –aceptó él, con tranquilidad–. Ha pasado mucho desde entonces, ¿no es así? ¿Tienes tiempo? Podríamos ir a tomar una copa a algún bar cercano, yo tengo al menos un par de horas de más, salí con mucho tiempo de anticipación.
– Eh, pues… –June consultó su reloj–. Yo no tengo tanta disponibilidad, además de que no creo que haya bares abiertos a esta hora, por la fecha…
Eso sonó tanto a una excusa que Sakai no pudo evitar decepcionarse; intentó ocultarlo con un movimiento rápido del cabello, algo que por lo regular distraía a las mujeres, pero June lo conocía bien, demasiado bien, y notó su desilusión.
– Pero supongo que puedo retrasarme una media hora, cuarenta minutos quizá –se apresuró a añadir–. Y aunque no haya un bar abierto, podríamos comprar una pequeña botella de vino y compartirla entre los dos.
– No me parece mala idea, aunque no deberíamos de conducir después de beber –sonrió Sakai–. Aunque no lo creas, deseo saber qué ha sido de la vida de la gran June Casablanca-Suzumura.
– Sólo soy June Casablanca, ya no uso el Suzumura –. La sonrisa de ella fue triste–. Vamos entonces, no hay que perder tiempo, que son once los años de los que debemos ponernos al corriente.
Al final, decidieron llevar una botella de jugo espumoso, sin alcohol, para no exponerse a un accidente, en esos momentos había comenzado a nevar suavemente y además ninguno de los dos era del tipo de personas que conduciría bajo los efectos del alcohol, aunque se tratara de un par de copas. Dado que a ninguno de los dos le apetecía beber de un vaso desechable, también compraron un par de copas de plástico, a falta de algo mejor. A Koji por poco se le olvida que había entrado ahí para comprar una botella de vino, lo recordó cuando notó que June llevaba una canastilla con cosas varias, las típicas compras de último minuto. Al llegar a la caja, dejó que ella pagara primero sus compras y pudo darse cuenta de que, a pesar de que ella dijo que ya sólo era June Casablanca, a secas, firmó el pago de su tarjeta con un segundo apellido añadido que comenzaba con la letra G. Quizás debió haberle puesto más atención a este detalle, pero Sakai estaba tan confundido por las emociones que ella despertó en él que no le dio la debida importancia en ese momento.
"Ha pasado tanto tiempo que perdí las esperanzas de volverte a ver, pero ahora que estás aquí, frente a mí, no puedo hacer menos que agradecer la oportunidad…". Porque, ahora lo admitía abiertamente, Koji la había extrañado terriblemente en todos esos años en los que estuvieron separados, arrepintiéndose una y otra vez de haber sido tan idiota por haberla dejado ir. ¿Se sentiría June tan feliz como él de habérselo encontrado? ¿Habría estado deseando encontrar la oportunidad de reencontrarlo para tratar de enmendar el pasado? Ella lo abrazó con mucha emoción cuando lo reconoció y parecía genuinamente feliz de volver a verlo. ¿Guardaría también en su corazón los rescoldos de su antiguo amor?
Al salir de la tienda, se quedaron parados mirando el coche rentado de Sakai y después se miraron entre ellos, con esa antigua complicidad que habían tenido desde adolescentes. De primera intención, ambos habían planeado tomarse el jugo espumoso recargados contra el cofre de alguno de los autos, pero hacía tanto frío que optaron por subirse al de Sakai, teniendo sumo cuidado de no derramar nada.
– Deja que suba mis compras al auto y me paso al tuyo –pidió June, tras lo cual sacó un mando a distancia con el que desactivó la alarma de un vehículo… que resultó ser el deportivo amarillo del que Sakai se había burlado a su llegada.
– ¿Ese coche es tuyo? inquirió él, con las cejas alzadas por el asombro–. Vaya que has cambiado mucho de gustos, creía que no te gustaba el amarillo, decías que no es un color que combine contigo.
– No es mío –explicó June y se ruborizó–. Es de mi esposo. El amarillo no me va, pero sí que es lo de él.
Koji sintió como si algo agudo se le clavara en el corazón, como si un témpano de hielo hubiese caído de golpe y sin previo aviso en su estómago. Sintió que fue arrojado a un abismo de decepción que lo enfrío más que el clima invernal. Trató de recomponerse y burlarse de sí mismo, esperando que lo que sintió fuese lo que la gente normal sentía cuando se reencontraba con un ex.
"Por supuesto que está casada, ¿qué esperabas? ¿Qué se mantuviera tan soltera como tú?".
Bien, que eso explicaba el apellido con letra G con el que June firmaba ahora. Seguramente, esa G era del marido. Aunque tenía muchas preguntas, Sakai se mantuvo callado mientras June acomodaba sus compras en el deportivo amarillo. Estaba tan sacado de su equilibrio que se dio cuenta de que estaba siendo descortés y se apresuró a ayudarla. Una vez que ambos terminaron, se subieron al coche rentado de Sakai, ella en el asiento de copiloto y él tras el volante. Koji sirvió el jugo espumoso en las copas de plástico y le pasó una a June, con las cuales brindaron y después se rieron por lo barato de la situación.
– Creo que ninguno de los dos es de beber este jugo espumoso en una copa de plástico –se burló June–. Pero así de impredecible es la vida.
– Totalmente. –Sakai fingió un tono petulante–. Sólo tomamos el mejor vino en copas de cristal cortado.
Ambos volvieron a reír, conscientes de que seguían teniendo muchas cosas en común; habían sido criados en familias ricas, sin carencias y desarrollando un gusto por las cosas exquisitas, presumían de modales refinados y ambos vestían ropas caras de buena calidad, pero además de eso también compartían el estigma de ser mestizos en una clase social alta que no aceptaba a los que no eran puros racialmente hablando. Era curioso cómo un simple comentario hecho en broma los había regresado a la época en donde se conectaron por coincidir en tantas cosas.
– ¿Y qué has hecho en todo este tiempo? –preguntó June–. Confieso que dejé de seguir las noticias sobre fútbol desde hace mucho, así que te perdí la pista.
– Bueno, no me ha ido mal –respondió Sakai, con orgullo–. Soy desde hace varios años el portero titular del Manchester United y he conquistado la Premier League por cuatro años consecutivos, incluso hemos llegado a la final de la Champions League, aunque no hemos podido coronarnos campeones.
– Oh, ¡qué bien! –exclamó June, pero después se corrigió–: No eso de que queden subcampeones, sino que seas titular del equipo y que hayan ganado la Premier League. Ya habrá suerte con lo de la Champions, estoy segura.
Parecía estar siendo sincera, se lo decía la forma en la que sus ojos verdes chispeaban al hablar. Sakai notó que, en zonas de piel que antaño habían sido lisas, ahora había unas pequeñas arrugas que sin duda eran producto de la edad. Era evidente que los años habían pasado para June, así como también habían pasado para Sakai, pero esos años la habían beneficiado, la habían refinado aún más y se veía muy bella y segura de sí misma. ¿Qué habría pasado en ese tiempo en el que no la vio? ¿Qué habría sucedido si June hubiese permanecido junto a Sakai y ambos hubieran completado los planes que alguna vez hicieron? ¿Habría notado esas arrugas y se habría maravillado con ellas o habrían pasado desapercibidas por haberse acostumbrado a ellas?
Sakai continuó hablando un poco más de su carrera futbolística, de cómo le habían ofrecido sustituir de manera permanente a Genzo Wakabayashi en el puesto de portero titular de Japón, pero Koji rechazó la oferta para jugar con la Selección de Suecia, la patria de su madre y ahora la suya también. A June pareció sorprenderle esto, pues creía que Sakai siempre jugaría junto a Kyosuke Kanou y a sus otros compañeros de Jyoyo Akanegaoka.
– Aunque bueno, no todos los que jugaron en ese equipo de fútbol llegaron a ser profesionales –se justificó June–. Y Rodrigo está jugando con Brasil, quiero suponer.
Koji respondió que así era y que en España, país en el que Rodrigo jugaba para el Real Madrid, se había encontrado una esposa con la cual tenía un niño; después, June le preguntó qué había sido de Kyosuke y de Miki Tsujiwaki, a cuya boda había asistido varios años atrás. Un poco sorprendido por el nulo conocimiento que tenía June sobre sus antiguos amigos, el portero le explicó que ahora tenían dos hijos, hombre y mujer, y que la niña quería seguir los pasos de su padre, quien continuaba cosechando éxitos en Europa y era el delantero estrella de Japón.
– De hecho, fue su equipo el que nos derrotó en la final de la Champions –se rio Sakai–. Todavía estoy esperando poder cobrarle la revancha.
– Sí, no me queda la menor duda. –June se rio también.
Él rellenó las copas y ambos brindaron otra vez; Koji aprovechó ese breve instante de silencio para atreverse a preguntar las cosas que quería saber de ella: en dónde vivía, a qué se dedicaba ahora y, lo más importante de todo, quién era el hombre cuyo apellido con la letra G era el que agregaba ella a su nombre de casada.
– Actualmente poseo un cargo directivo alto en una cadena televisiva –explicó ella–. Y sigo viviendo en Sternbild, la ciudad a la que me mudé cuando me fui de Inglaterra.
– ¡Wow, eso sí que no lo esperaba! –reconoció Sakai, asombrado–. Pensé que seguías trabajando como preparadora física.
No hizo comentarios sobre la ciudad en donde June radicaba (con su esposo) debido a que no tenía idea de en dónde quedaba, además de que le recordaba que ella ahora estaba muy lejos de su alcance.
– Bueno, sí trabajé algunos años en eso; de hecho, así fue como entré a la cadena, como preparadora física para su reality show estrella –aclaró ella–. Me encargaba de que los participantes no sufrieran lesiones debido a sus, eh, actividades.
– ¿Preparadora física de un reality show? –Koji alzó las cejas–. ¿En qué tipo de reality show podrían necesitar un preparador físico?
– Oh, es que era un programa muy especial, los participantes tenían que hacer actividades de alto impacto –respondió June, muy vagamente.
– ¿Era algo como Ninja Warrior, Physical 100 o algo así? –insistió él, mencionando los programas que conocía que requerían que sus participantes tuvieran buena condición física.
– No exactamente –negó June–. O bueno, quizás sí, algo similar. Es más bien como un show de heroísmo, uno muy real. No importa lo que es, realmente, la cuestión es que ahora tengo un puesto directivo en esa cadena y me va muy bien. Fue ahí en donde conocí a Ryan, mi esposo, fui su preparadora física y sigo encargándome de su bienestar todo lo que puedo a pesar de que ya no me dedico a eso; si te soy sincera, nunca pensé que terminaría casada con un hombre como él, ¡es tan distinto a mí en todos los sentidos! Pero parece que es cierto lo que dicen de que los opuestos se atraen, ya llevamos ocho años juntos y me siento tan feliz como el primer día.
Lo dijo con total sinceridad y, aunque no ahondó mucho más en el tema, Koji pudo notar que June amaba a su marido, lo que lo hizo sentirse muy melancólico.
– En general, me va bien en Sternbild, tengo muchos amigos ahí y me aceptan por lo que soy –continuó ella–. Ya sabes, siempre parecía estar fuera de lugar con eso de ser mestiza, no encajaba con los de la clase alta japonesa por no ser japonesa pura y los de la clase media no me aceptaban por provenir de familia rica, pero en Sternbild a nadie le importa mi condición, sólo soy yo. Y Ryan también me aceptó sin condiciones desde el comienzo, aun antes de saberlo todo de mí, jugó un papel importante en mi adaptación, tengo que decirlo.
– Me alegra saberlo –confesó Koji con sinceridad, a pesar de que le causaba cierta desazón saber que June no había logrado eso estando con él–. Parece que por fin encontraste tu lugar en el mundo.
– Así fue –asintió June.
– Pero me parece que también lo habías conseguido en Jyoyo Akanegaoka, ¿no es así? –insistió el portero sueco–. También ahí habías encontrado tu lugar.
– Sí, es cierto. –La mujer desvió la mirada y su voz se tiñó de añoranza–. Pero eso no iba a durar para siempre, fue una etapa pasajera en nuestras vidas y sabíamos que iba a terminar en algún momento. Una vez que salí de Jyoyo Akanegaoka, esa sensación de pertenecer a algo también se acabó.
– No voy a negarlo –suspiró Sakai.
Algo similar pasó con él, que saliendo de la preparatoria volvió a sentirse fuera de lugar, debido principalmente a que cada quien tomó su propio camino. El único sitio en donde seguía sintiéndose bien era al lado de June, pero eso también acabó por desaparecer.
– ¿Tú no te casaste? –quiso saber June, ansiosa por cambiar de tema.
– No –se apresuró a responder Sakai.
Hubiera podido decir que nunca estuvo tan cerca de comprometerse como cuando ella fue su novia, pero en vez de eso, mencionó vagamente a las novias que tuvo en los años previos: una modelo, una actriz, la hija de un socio de su padre, ninguna de las cuales le interesó lo suficiente. Durante un tiempo llegó a pensar que la modelo se convertiría en su esposa trofeo, la muñequita de aparador reglamentaria de casi todo futbolista profesional, pero Koji acabó desechando la idea cuando, al pensar las cosas en serio, tuvo que admitir que ella jamás podría llenar el lugar que él no había reconocido que se había quedado vacío. En vez de eso, siguió recalcando lo malo que era para mantener una relación, pensando en que June se reiría o le haría alguna broma, pero en vez de eso lo contempló con una expresión que parecía ser de compasión, algo que le causó mucha desazón. Otra vez.
– Quizás no estés hecho para sentar cabeza –opinó June, con suavidad–. Hay personas a las que les va mejor estando solteras. Quisiera decirte que seguramente el amor de tu vida está por ahí esperándote, pero los dos sabemos que la realidad no es tan cursi.
"El amor de mi vida acabó casándose con otro, porque fui lo suficientemente idiota como para no luchar por ella", pensó Sakai, pero se limitó a encogerse de hombros.
– Supongo que puede ser verdad –exclamó, con autosuficiencia fingida.
Para desviar la conversación de terrenos que podrían resultar peligrosos, ambos se pusieron a hablar de sus épocas en el internado de Jyoyo Akanegaoka, de lo emocionante que fue el primer torneo que jugaron Kyosuke, Rodrigo y el mismo Sakai, de cómo se volvieron parte importante y fundamental del equipo de fútbol varonil, y de cómo fueron derrotados por una de las escuelas más importantes del país, impidiéndoles el sueño de convertirse en campeones nacionales; de su promesa de volver más fuertes el siguiente año y ganar el torneo, para después sufrir una decepción al verse roto ese sueño pues Kyosuke se marchó a Holanda como jugador profesional, rompiendo así la terna del Jyoyo Akanegaoka, y de cómo Koji y Rodrigo no permitieron que eso los detuviera, pues consiguieron llegar a las finales en su tercer año de preparatoria, para quedar como subcampeones, un logro que fue bien apreciado a pesar de no haber sido el que buscaban. También hablaron del camino que recorrió Miki Tsujiwaki con el equipo femenil de sóccer, que contra todo pronóstico logró mejorar para posicionarse como el campeón nacional femenino en el tercer año escolar, bajo el mando de la entrenadora Moritaka.
– Y pensar que considerabas que el equipo femenil de fútbol de Jyoyo Akanegaoka era débil y mediocre –señaló Sakai, con una media sonrisa–, para que al final acabaras convirtiéndote en asistente de la señorita Moritaka.
– Es una lástima que yo ya me hubiese graduado cuando el equipo ganó el Campeonato Nacional de Preparatorias –dijo June, con una sonrisa triste–. Me habría gustado verlo desde la banca y no desde las tribunas, pero sé que si se logró fue gracias a la perseverancia de Miki y ella necesitaba tiempo para poder desarrollar todo su potencial.
– Según me contó Kyosuke, Miki se organizó con las chicas para darte un reconocimiento hecho por ellas, ¿es cierto? –inquirió Koji, a quien nunca se le ocurrió preguntarle este detalle a June durante el tiempo en el que estuvieron juntos.
– Sí, lo es. –La expresión de June volvió a ser de felicidad–. Me tejieron una medalla y me dieron un ramito de camelias, no sé cómo supieron que son mis favoritas. Fue un detalle muy lindo, todavía conservo esa medalla tejida como si fuera un tesoro.
– Nunca supe de eso y nunca se me ocurrió preguntártelo –se rio Sakai–. Es obvio que Miki y tú se llevaban muy bien.
– Aprendimos a respetarnos y a apreciarnos, en ese orden –aceptó June–. No nos llevábamos bien cuando ella llegó a la escuela, pero fue porque no nos habíamos tomado el tiempo de conocer el punto de vista de la otra. Yo la recuerdo con mucho cariño, Miki siempre fue una buena amiga.
– Y, sin embargo, actualmente sabes muy poco sobre las vidas de Miki y de Kyosuke –señaló Koji–. Tampoco sabes qué fue de Rodrigo y él también era tu amigo, pensé que seguías en contacto con los tres.
"Que yo era el único al que ya no le hablabas", pensó él.
– No, cuando me mudé a Sternbild dejé de hablarles a todos mis amigos de preparatoria. –June volvió a desviar la mirada–. No volví a buscarlos después de que me fui de Inglaterra.
– ¿Por qué? –quiso saber Sakai.
– Porque no quería obligarlos a elegir entre tú y yo –respondió ella, con una sonrisa resignada.
Sakai se quedó callado. Evidentemente, la mujer se refería a su ruptura amorosa, siempre era difícil para los que eran amigos de las dos partes de una pareja el saber qué hacer cuando la pareja terminaba su relación, pues quedaban en la incómoda situación de no saber a quién apoyar. Koji nunca se lo planteó, siempre dio por hecho que Miki, Kyosuke y Rodrigo seguirían hablándoles a los dos, no tendría por qué haber sido de otra manera, al menos desde su punto de vista.
– ¿Por qué pones esa cara? –cuestionó June, con suavidad–. No es nada del otro mundo, al crecer uno termina alejándose de personas de las que creyó que nunca se alejaría.
– ¿Pero por qué consideraste que eras tú la que tenía que alejarse de ellos y no yo? –quiso saber Sakai–. ¿Por qué creíste que tenías que alejarte, en primer lugar?
– Porque la causa de nuestra separación, esa causa, también era amiga de ellos –sentenció June, con tranquilidad–. Y haciendo balance, era yo la que saldría perdiendo, era la que menos conexión tenía de nosotros tres.
No fue necesario que Koji preguntara de quién estaba hablando June, por supuesto que lo sabía. Y la mención de esa otra mujer le causó mucho pesar, pues Sakai estaba perfectamente consciente de que si su relación con June se fue al carajo fue porque no le supo poner límites a su falso enamoramiento por Kaori Doumoto.
– Siempre la quisiste más que a mí –declaró June, sin rastro de rencor en la voz–. Ése fue el problema.
– No la quería –admitió Sakai, después de unos segundos de silencio–. Sólo estaba encaprichado con ella, ésa es la verdad.
Kaori Doumoto fue, hasta su matrimonio con Seisuke Kanou, la nutrióloga de la escuela Jyoyo Akanegaoka, era al menos cuatro años mayor que Koji y éste en un inicio estaba loco por ella, con el ardor de un adolescente que tiene alteradas sus hormonas y un gusto peculiar por las mujeres mayores (detalle que se repetía con June, aunque a menor escala pues ésta sólo era un año mayor). El problema no era tanto que Kaori ya estuviese con otro hombre (que sí lo era), sino el hecho de que ella ya era una mujer adulta y Koji todavía era un adolescente, lo que convertiría cualquier posible relación en un problema serio que podría haber enviado a la señorita Doumoto a la cárcel, de haber estado ella interesada en él. Sin embargo, Kaori nunca vio a Sakai más que como otro de los estudiantes de los que tenía que hacerse cargo, quizás con el tiempo llegó a considerarlo un amigo, pero nunca correspondió a sus intenciones románticas (aunque llegó a aprovecharse de ellas para impulsar a Sakai a mejorar) y en algún punto Koji fue lo suficientemente sensato como para dejarlas de lado, dándose cuenta después de que tenía una conexión auténtica con June, por quien siempre se sintió atraído en verdad. Esto permitió que Koji y June pudieran hacerse novios y mantener una relación estable durante los años de preparatoria que a June le quedaban en Jyoyo Akanegaoka, pues se graduó un año antes que Sakai, e incluso durante los años de universidad, que nos los separó sino que los unió todavía más. Sin embargo, todo cambió cuando Koji llegó a la mayoría de edad y volvió a tener contacto con Kaori debido a una llamada que ella le hizo porque necesitaba un favor que el padre del portero podía hacerle. June no podía decir que la señorita Doumoto hubiese tenido la culpa, pues nunca hizo algo para intentar "conquistar" a Sakai, pero por alguna razón ese simple contacto reactivó en Koji el enamoramiento que tenía por Kaori, lo cual comenzó a afectar su relación con June.
– Siempre creí que ese amor infantil por la señorita Doumoto desaparecería en cuanto otra persona, más adecuada para ti, te diera el amor que necesitabas –comentó June, mientras miraba a través de la ventanilla–. Que cuando maduraras te darías cuenta de que tenías cerca de ti a alguien que era más adecuada que una mujer mucho mayor que tú y que además ya estaba comprometida. Pero nunca sucedió.
– No la quería, sólo estaba encaprichado con ella –repitió Sakai, aunque se dio cuenta de que June no le creía–. Sé que no lo parecía, pero así fue. Yo… quizás sí fui muy idiota como para darme cuenta del daño que le hacía a nuestra relación con esos galanteos, del daño que te hice a ti… Como tú misma acabas de decir, me faltó madurez…
Cuando Kaori volvió a retomar contacto con Koji y con June, él comenzó a enviarle mensajes aleatorios a través de chat para preguntarle cómo estaba, primero, y para mantenerse en contacto con ella cuando la mujer viajaba a Manchester, después. La señorita Doumoto, que para ese entonces ya era la señora de Seisuke Kanou, solía acompañar a su esposo en sus viajes fuera de Milán para asegurarse de que comiera adecuadamente, así que era común que viajara a Inglaterra cuando el Milán AC se cruzaba en la Champions League con el Manchester United; cuando eso ocurría, Sakai le enviaba mensajes a Kaori para "ponerse a sus órdenes" y asegurarse de que no le faltara nada, aun así fuese algo mínimo, e incluso en algunas ocasiones la invitó a comer, a costa de cancelar cualquier plan que tuviera con June. Al comienzo, la señora Kanou se tomaba las atenciones de Sakai como algo sin importancia, detalles de un hombre que quería seguir demostrando que era un caballero, pero cuando supo que Koji mantenía una relación con June Casablanca-Suzumura, a quien también conocía, Kaori intentó ponerle un alto al joven, consciente de que se podrían malinterpretar esas atenciones y/o crear conflictos entre Koji y June, tal y como acabó sucediendo. Sin embargo, fue el mismo Sakai el que no le dio la debida importancia y selló así el destino de su noviazgo.
– Kaori siempre me dijo que, algún día, ese tonto enamoramiento que tenía por ella iba a arruinar cualquier relación amorosa que tuviese –comentó Koji, en voz baja–. Tenía razón.
Esta vez, fue June la que permaneció en silencio. Cuando ella se enteró de que Koji retomó contacto con Kaori y que la colmaba de halagos a través de sus mensajes (cosas como "siempre has sido una mujer hermosa y elegante" o "sabes cómo mantener el interés de un hombre, la edad nunca fue un impedimento"), le hizo varios reclamos a su novio, los cuales fueron subiendo de tono conforme él incrementaba las atenciones para con la señora Kanou y dejaba de lado las necesidades de su novia. El punto de quiebre llegó cuando June descubrió que Sakai había intentado comprar un vuelo a Milán porque Kaori necesitaba ayuda con uno de sus hijos y él pretendía dársela. Si bien el joven habría de reconocer después que se había pasado de la raya, la noche en la que discutieron agriamente por esa cuestión fue la última vez que se vieron; el último error de Koji fue no creer que el asunto pasaría a mayores, mientras que June empacó sus cosas esa misma madrugada para irse de Inglaterra. Para su buena o su mala suerte, días anteriores a la pelea a ella le habían ofrecido un puesto como preparadora física en el Manchester United, por lo que Sakai y June estuvieron a punto de convertirse en una pareja de futbolista famoso y profesionista de la salud que triunfaría junta en el mismo equipo, como les pasó al mismísimo Genzo Wakabayashi y a su esposa, la doctora Lily Del Valle, pero June escribió una carta de renuncia y la envió por correo electrónico mientras esperaba en el aeropuerto a que saliera su vuelo con rumbo a un destino en ese entonces desconocido.
– La última noche en que nos vimos, en Manchester, decidí que había tenido suficiente y que no iba a seguir esperando algo que nunca iba a suceder, que me amaras más de lo que la amabas a ella –murmuró June, dándole vueltas a su copa de plástico vacía–. Perdí una gran oportunidad para mi carrera, pero lo preferí antes de perder mi dignidad por ti.
El sol estaba por ocultarse y la luz disminuyó drásticamente, aunque no lo suficiente como para que él no pudiera ver la expresión de June. A través del escaparate de la tienda, Koji vio el árbol de Navidad y una guía de luces multicolores que no había visto la primera vez, las cuales prendían y apagan alternativamente en un caleidoscopio de tonos verdes, azulados, rojos y amarillos. Sakai tuvo el pensamiento fugaz de que, de haber sido él el empleado, habría colocado una guirnalda de focos blancos y no habría usado esferas tan brillantes en el árbol, le habría dado más clase al asunto.
"Vaya pensamientos tan estúpidos que a uno se le ocurren en momentos como éste…", se censuró a sí mismo.
– Lo siento –expresó él, con sinceridad–. Sé que todo fue culpa mía.
– ¿Y por qué esperaste a que una casualidad nos volviera a juntar para decírmelo? –cuestionó ella, dolida–. ¡Han pasado once años desde entonces, Koji!
– Porque tardé mucho en darme cuenta de lo estúpido que fui –admitió Sakai–. Tardé mucho en reconocer cuánto te amaba y cuánto te había herido con mis acciones, y cuando quise buscarte temí que no quisieras verme, creo que dejé pasar mucho tiempo para intentar arreglar las cosas. Ya no sirve de nada decírtelo ahora, pero me dolió mucho perderte, todavía me duele. Demasiado tarde me di cuenta de lo que tenía, de lo que valías para mí y de cuánto quería formar una familia contigo, de cuánto anhelaba que tuviéramos éxito juntos. Me dejé llevar por un capricho, por una estupidez, no supe lo que tenía hasta que ya no estuviste a mi lado…
– Yo también lloré mucho por ti –replicó ella, en voz muy baja–. Yo también creí que eras el amor de mi vida y también tenía muchos planes a futuro en donde estabas tú…
Pero ambos sabían que ya era demasiado tarde hasta para lamentarse. Había pasado tanto tiempo que cualquier posible forma de enmendar los errores del pasado habían desaparecido.
"¿Será realmente así?", pensó Sakai. "¿Será realmente demasiado tarde?
– Hace rato me preguntaste por qué nunca me casé y te dije que fue porque soy malo para las relaciones –comentó Sakai, al tiempo en el que se acomodaba un mechón de cabello detrás de la oreja–. Te mentí. No me casé porque no pude encontrar a nadie que se pareciera a ti.
Para ese momento, la oscuridad ya era casi total, aunque la nevada no había incrementado de intensidad. Probablemente ya era momento de que ambos se despidieran, si es que querían llegar a tiempo a sus respectivas cenas navideñas; June no había especificado a dónde iba, pero era casi seguro que pasaría la Navidad con su esposo. Sin embargo, Koji no quería despedirse todavía.
– Lamento todo, de verdad, debí de haberte tratado mejor –comentó–. Y también lamento haber sido tan idiota como para no notar que dejaste de hablarles a nuestros amigos para no afectar mi relación con ellos.
– No pasa nada –aseguró June, y parecía ser sincera–. Todo se resume a una cosa: yo te amaba demasiado, tú no me amabas lo suficiente.
– No fue así –negó Koji, enérgicamente, pero no insistió.
June miró su fino reloj de pulsera y sacó su teléfono de su bolso para enviar un mensaje, tras lo cual verificó que no estuviese dejando nada en el auto y suspiró: era hora de que se separaran. Sakai aceptó que no podía retenerla por más tiempo, así que dejó que bajara del auto y la siguió después hasta el deportivo amarillo, que a esas horas era lo único fácilmente reconocible en todo el estacionamiento.
– Aunque no lo haya demostrado, de verdad que me ha dado mucho gusto verte otra vez, Koji –dijo June, cuyo tono de voz se había suavizado–. Me alegra mucho saber que has logrado cumplir casi todas las metas que te has propuesto y no me queda la menor duda de que conseguirás las que te faltan. Ha sido lindo volver a verte, fue como un pequeño regalo de Navidad que no sabía que necesitaba, gracias por acercarte a saludarme.
– Me niego a dejarte ir otra vez –soltó Sakai, sin pensarlo demasiado–. Sé que yo ocasioné esto, pero no quiero perder comunicación contigo.
– ¡Ay, Koji! No tienes buenos antecedentes con las mujeres casadas –se mofó June, aunque sus palabras sonaron más a crítica que a broma–. Y si bien la señora Kanou no supo ponerte un alto, yo sí sabré.
– No tiene por qué ser con segundas intenciones –se defendió Sakai, alisándose las arrugas de su fino abrigo negro–. Podemos simplemente, no sé, volver a ser amigos. Sé que nunca recuperaremos el pasado ni el tiempo perdido, pero podríamos empezar de cero, tenemos toda una vida por delante.
Ella, que ya había abierto la puerta del conductor del deportivo amarillo, se detuvo para girarse y contemplarlo detenidamente durante unos segundos, seguramente para averiguar si él estaba hablando en serio. Acto seguido, se acercó a Koji, lo abrazó con fuerza durante un ratito y después le dio un beso maternal en la mejilla.
– Koji, te quise mucho, sólo dios sabe cuánto –dijo–. Pero creo que ambos estamos en donde debemos estar. Hay que dejarlo así.
La mujer le hizo una última caricia en el sedoso cabello gris plata, con el cariño que tendría una madre por su hijo o una mujer por un buen amigo, y se subió al deportivo amarillo. Antes de arrancar, bajó brevemente la ventanilla para darle un postremo deseo.
– Feliz Navidad, Koji –le deseó y movió los dedos para decir adiós.
– Feliz Navidad, June –contestó Koji y alzó la mano para devolver el gesto.
June subió la ventanilla y Sakai se hizo a un lado para permitirle que retrocediera y enfilara después con rumbo a la carretera. Su último recuerdo de June Casablanca sería ése de cuando le deseó feliz Navidad y le dijo adiós moviendo los dedos de la mano, antes de salir de su vida para siempre. Koji tenía ahora la certeza de que nunca más volverían a verse.
Ten una buena vida y sé feliz… Sin mí.
Sakai se quedó contemplando los faros traseros del automóvil amarillo hasta que se perdieron en la lejanía, mientras la nieve continuaba cayendo sobre él. Una vez que dejaron de ser visibles las luces rojas, el hombre se acercó a un bote de reciclaje para tirar la botella vacía del jugo espumoso y las dos baratas copas de plástico. Sólo hasta ese momento notó que tenía varias llamadas perdidas de Kyosuke y otras tantas de Rodrigo, quienes querían saber si se encontraba bien. Koji les contestó que había tenido un incidente con una de las llantas de su auto rentado y que había tenido que parar para solucionarlo, pero que ya se encontraba en camino. Había decidido que se guardaría ese reencuentro con June para él mismo, así como ella se lo guardaría para sí misma, pues era un recuerdo valioso que no quería compartir con nadie.
La nieve se había convertido ya en lluvia, pero esto de ninguna manera lo consoló ni calentó su corazón. Koji subió al fin a su automóvil y tomó después la ruta que lo llevaba hacia el norte, por el camino opuesto por el que se había marchado June, consciente de que, en muchas ocasiones, las personas no estaban destinadas a permanecer al lado del amor de su vida hasta el último de sus días. A veces, esas personas sólo estaban destinadas a conformarse con el recuerdo de lo que alguna vez fue.
Fin.
Notas:
– Koji Sakai-Jefferson y los personajes de Hungry Heart, así como Genzo Wakabayashi y Captain Tsubasa, le pertenecen a Yoichi Takahashi ©.
– Ryan Goldsmith y Tiger & Bunny le pertenecen a Sunrise, Masafumi Nishida y Masakazu Katsura ©.
– June Casablanca-Suzumura y Lily Del Valle son personajes creados por Lily de Wakabayashi.
– Este fic está inspirado en la canción "Same Old Lang Syne", en la versión de los Backstreet Boys. Desde hace tiempo que esta melodía me llamaba a escribir algo (culpo a Elieth Schneider por poner el disco navideño de los BSB varias veces), pero como siempre necesitaba encontrar a la pareja adecuada para ello ya que al final de la historia dicha pareja iba a terminar separándose definitivamente, siendo Koji y June los que al final fueron elegidos. Siempre quise escribir algo con mi parejita de Hungry Heart, pero Sakai y June nunca tuvieron la oportunidad de desarrollarse, nunca tuve inspiración con ellos más que para hacer un par de dibujos y después decidí mover a June al universo de Tiger & Bunny para darle otra historia y una pareja nueva, Ryan Goldsmith, pues acepté que mi universo de Hungry Heart nunca iba a tener desarrollo y que June no encajaba del todo con Sakai. Así pues, con este fic cumplo mi capricho de hacer algo con Koji y June, y también aprovecho para cerrar su historia, una que nunca tuvo la oportunidad de ser. Este fic es complemento además de otro que escribí con June y Ryan en Tiger & Bunny, llamado "Lo que tiñe una mora, otra verde lo decolora", en el cual se profundiza en lo que ella sufrió por su ex.
– Tenía planeado hacer un fanfic más alegre para Navidad (incluso llevaba más de la mitad escrita), pero debido a una pérdida importante que tuve se me quitaron las ganas y preferí escribir otra cosa que fuera más acorde con mi estado de ánimo actual. Les deseo felices fiestas a los que me siguen leyendo y que en el 2025 nos vaya mucho mejor.
