Capítulo XXVII

Paciencia

Anna bajó tan rápido como un rayo hasta el palacio una vez el navío atracó en el puerto del reino, habían usado la esfera de nieve que Norte le había confiado a Elsa, por lo que el viaje solo había tardado un par de minutos, los suficientes como para que Anna sintiera la angustia apretujar su pecho y acomodar un vacío en su estomago, convirtiendo cada segundo en una infinita eternidad tras otra, anhelante de ver con sus propios ojos el bienestar de su pequeña familia, las palabras y seguridad de los guardianes que habían estado en Arendelle no le eran suficiente, necesitaba tocar con sus propias manos las pequeñas manitas de su hijas y escuchar por si misma la voz de su marido, lo necesitaba todo, está vez, ajena a su habitual ingenuidad, no se fiaba de los buenos deseos y esperanzas.

Y hasta no verlos es que no se sintió tranquila.

- ¡Mamá volvió, mamá volvió! - exclamó la pequeña Elsa desde el jardín del palacio una vez vio a la reina aparecer - ¡También tía Elsa! - sonreía risueña al notar a la platinada asomar a la distancia - ¡Mira, papá, mira! - apuntaba con su diminuto dedo indice

- Si Elsa, si las veo - le sonrió Kristoff acercándose a su hija y tomándola entre sus brazos, con una sonrisa tan enorme como la preocupación que ocultaba con ella

- Bájame, papá, debo ir por ellas - le reprochó frunciendo los labios, asomando un puchero en ellos

El rubio soltó una carcajada algo aliviada gracias a las ocurrencias de la pequeña antes de dejar a su hija en el suelo adoquinado, pero los deseos de la infante no alcanzaron a concretarse, a penas se volteó con intenciones de correr hasta la reina y la guardiana, su madre ya estaba lo bastante cerca para fundirla entre sus brazos con vigor, con la suficiente fuerza como para sentir que su hija estaba segura entre sus brazos, pero con la suave delicadeza como de quien toma una pieza de cristal entre sus manos, como fuera, lo seguro era que Anna por fin podia respirar en paz.

Su familia estaba a salvo.

- Mamá, basta, me ahogas - se quejó la pequeña rubia mientras trataba de zafarse del agarre de su madre

- Perdón, perdón, solo... Te extrañé tanto - murmuró con la voz tenuemente quebrada, tratando de ahogar con todas sus fuerzas el sollozo que buscaba escapar

- Yo igual - respondió la infante algo más cómoda aún entre los brazos de su madre - papá también, y mucho - agregó, Anna levantó su mirada hacia Kristoff que la observó con consuelo, intuyendo que la situación no era del todo buena, mas la sonrisa del rey no se vió perturbada, una pequeña mascara para la princesa, quien estaba ajena a todo lo que pasaba en realidad - Tía Elsa, hola - le sonrió la pequeña aún entre los brazos de la reina, moviendo sus manitos a duras penas - ¿Dónde está tío Jack? - inquirió con inocencia

Elsa no estaba acostumbrada aun al sustantivo previo a su nombre, le causaba escalofríos, no era un desagrado, era más un temor, un temor nacido de su inexperiencia con los niños y en especial con los de su familia.

Aunque ella también era una niña en aquel entonces.

- Buenas tardes, su alteza - le sonrió con suavidad, apaciguando sus dudas como siempre lo había hecho. - Jack tiene una pequeña misión como guardian, no pudo venir en esta oportunidad - se excusó ante la mirada dulce de su sobrina, luego levantó la propia hasta Kristoff, quien esperaba algo más que las palabras de Anna - buenas tardes, su magestad - le saludó

- Elsa - negó con un gesto el rubio mientras agarraba con su dedo indice y pulgar el tabique de su nariz - no tienes que saludar de esa forma cada vez que nos veamos, somos familia - le reprochó

- Está bien, no te sulfures - se encogió de hombros mientras se acercaba a su hermana, posando su mano en su espalda, en un gesto de sosiego, esta aún permanecía hincada aprisionando a su hija entre sus brazos - tu piel se pone roja - se burló apacible, consiguiendo lo antes dicho por parte del otro y las carcajadas en las demás

Y a pesar de la felicidad y el alivio que ahora respiraban la reina y su hermana, la verdad tenía que hacerse saber y pasado el reencuentro fue que por fin pudieron explicarle a Kristoff lo que ahora acontecía, y ponerse al día con los acontecimientos ocurridos en el reino en la ausencia de ambas.

Y aunque aún había paz en el fiordo

Esta era finita.

La pequeña princesa fue encargada a Olaf, quien supo mantener a la curiosa mentecilla de la infante ocupada, aunque el ocurrente muñeco de nieve también deseaba saber las nuevas que estaban pasando, tuvo que mantenerse al margen por un largo momento, así lo sintío Olaf, al igual que Kristoff, quién escuchaba atento sobre la nueva maldición que los podría aquejar, demasiado confundido al igual que todos los demás.

Todo seguía siendo muy incierto por más que lo repitieran.

- Esperen - las detuvo Kristoff desplomandose en uno de los sillones aterciopelados de la habitación - denme un momento - pidió posando una mano en su frente, apoyado del posabrazo de madera labrada

Kristoff siempre había tenido problemas con su posición como rey, en especial con los viajes a otros reinos, constantemente se había sentido juzgado bajo las miradas escrutadoras y altivas de otros reyes, eran pocos los monarcas con los cuales tenía afinidad y el viejo rey era uno de ellos, uno de los pocos con los cuales podía llegar a sentir que quizás no hacía las cosas tan mal.

Un buen rey

Un buen padre

Un buen hombre

Una imagen de referencia para el inesperto rey de Arendelle.

- ¿Fergus? - quizo corroborar

- Y los príncipes igual - repitió Elsa

- También parte del pueblo - agregó Anna

- ¿Y también en las islas del sur? - preguntó ahora el rubio

- Y, según escuchó Hiccup, al parecer Hans podría tomar el mando - acotó la guardiana

- Sin mencionar a los Lords de los clanes que estaban llegando... - comentó Anna pasando sus manos por su rostro, tratando de despejar algo de la frustración - las cosas no van tan bien en los reinos vecinos - comentó al aire

- ¿Que dice Norte sobre todo esto? - interrogó ahora, aún con la expresión ausente por las noticias dadas, al igual que la respuesta a su pregunta

- No lo sabe, pero está seguro que no es Pitch Black... - respondió Elsa después de una larga pausa, tomando asiento en el sofá del frente de la mesa de centro - resolvimos volver a nuestros respectivos reinos, no podemos dejar desprotegidos a los pueblos - agregó ante el inminente silencio

- ¿Y como piensan protegernos? - preguntó en un reproche, acomodándose en el sillón

Elsa desvío su mirada hasta sus manos, retorciendo sus dedos con nerviosismo.

- Yo... No lo sé - respondió con sinceridad

Kristoff desvío su rostro hacia un lado en un gesto rendido, chasqueo su lengua mientras paso sus toscas manos por su rostro, al igual que lo había hecho Anna momentos atrás, superado por las circunstancias, atemorizado por volver a sus peores pesadillas, aterrado de que su hija tuviera que vivir aquello.

- ¿Están seguras que no es Pitch Black?

Ambas hermanas compartieron una mirada de reojo, colmada de dudas, afligidas pero sutilmente disfrazada, aunque él rubio ya sabía leerlas.

- Santa dice que es muy pronto para que pueda utilizar sus pesadillas... - respondió Anna

- ¿Y tú qué piensas? ¿Qué es lo que creen?

Y nuevamente el silencio se hizo presente, bastante recurrente para el gusto de Kristoff.

- Yo... Yo... - titubeó la cobriza - no lo sé - respondió desviando la mirada, culpable de no poder confiar en esta ocasión en la sabiduría del viejo guardian

- ¿Y tú, Elsa, qué piensas?

Elsa pareció considerar su respuesta, seleccionando bien sus palabras para hacerse entender.

- Tampoco lo sé. Sin duda es inusual, ciertamente, pero no deberíamos descartarlo - comentó Elsa cómo respuesta

Una nueva pausa se interpuso entre el trío, luego Kristoff suspiró para ponerse en pie con ayuda de ambas manos apoyadas sobre sus rodillas.

- Se supone que solo iban a evitar una boda... - murmuró rendido, luego negó con su cabeza buscando sacarse la mala sensación de sobre él - Bien - expulsó cómo un nuevo suspiró, luego carraspeó regulando su voz - tenemos que hacer algo, no nos queda de otra

- Estoy de acuerdo - aceptó Elsa poniéndose en pie - iré al bosque encantado, seguramente Yelena o los espíritus nos pueden guiar en esto

- Y yo podría ir con Pabbie, quizás su magia nos diga algo más - se animó el rubio haciendo un gesto con su puño sobre su palma

- Y tú te quedarás - dijeron ambos, cuñado y cuñada, mientras apuntaban a Anna, previendo lo que esta planeaba sugerir

- ¿Nos separaremos? - se quejó en un puchero - pero si nos acabamos de juntar - les recriminó - no pueden dejarme sola, pensé que habías dicho que serías la que nos cuidaría, por eso no vino nadie más - apuntó hacia su hermana sin querer sonar hiriente, aunque siéndolo de todas formas

- Solo será un momento - trató de calmarla Elsa, soportando el agudo vacío que había aparecido con las palabras de Anna - usaré la esfera de nieve, no tardaré

- Y Pabbie no está a más de una hora, con Sven llegaremos en menos tiempo que Elsa con su esfera, estoy seguro de eso - se unió Kristoff rodeando los hombros de Anna con su brazo

- Pero... - trató de refutar, siendo interrumpida antes de siquiera intentarlo

- Anna, debes estar para el reino, si te ven marchar apenas estando de regreso se alarmaran - le recordó Elsa con suavidad - también debes estar para Elsa

- ¿No tardarán? - preguntó con temor

- Yo misma iré por Kristoff - le sonrió la platinada con tranquilidad - todo estará bien Anna, no dejaré que nada te pase - la consoló tomando su mano

Anna desvío su mirada frunciendo el entrecejo, luego murmuró en un reproche, hundiéndose en su lugar, deshaciéndose del agarre de ambos.

- No es mi seguridad la que me preocupa

Elsa no hizo mas que mirar a su cuñado de reojo con la respuesta, viendo en los mieles del otro el mismo temor que manifestaba su esposa.

- Anna... - musitó afligida volviendo sus ojos a la reina

- Lo lamento hermana, es solo que... - pero la platinada la interrumpió antes que pudiera continuar

- No tienes que disculparte por querer cuidar a tu familia

- Es solo que me sentiría más tranquila en compañía - suspiró alisando sus cabellos, buscando calmar sus ansiedades y temores con el gesto - Dios, si tan solo hubieses dejado que Jack nos acompañará, pero tenías que espantarlo solo como tú sabes hacerlo - soltó en una réplica infantil mientras le daba las espaldas a su hermana y a su esposo

Una suspicaz mirada miel se clavo en Elsa, quien solo desvío sus ojos hacia otra parte, apretando sus labios en una mueca y devolviendo su mirada hacia Anna, quien continuaba afligida mirando por una de las ventanas sin darse por enterada de nada. Kristoff tan solo carraspeó llamando la atención de Elsa una vez más.

- ¿Lo espantaste? - preguntó con una sonrisa traviesa, Elsa boqueó algo de aire antes de responder

¿Por qué es que era que todos se lo nombraban?

- ¡Tienen que buscar a Sandman, yo no lo espante! - se defendió, en un tono más agudo de lo pensado

Anna giró sobre sus talones regalandole una mirada escrutadora a su hermana, no era propio por parte de Elsa reaccionar de tal forma, mientras la platinada trataba de ignorar los cosquilleos que le causaba recordar las palabras de Jack. Kristoff tan solo guardó silencio analizando la expresión de su cuñada, aún con una sonrisa burlona en el rostro.

- ¿Sucedió algo? - indagó la cobriza

- No, no ha pasado nada - respondió con rapidez

Demasiada para el gusto de Anna

- ¿Estás segura? - indagó una vez más

- Claro que estoy segura ¿Por qué no lo estaría?

- No suenas muy segura - hizo notar el rubio

- Gracias Kristoff - respondió Elsa con una mueca

- Entonces si sucedió algo - sonrió Anna juntando sus manos

- No ¿Por qué piensan que sucedió algo? - negó Elsa con un gesto - ¿Por qué es que todos me preguntan por eso? - replicó intentando defenderse pero surtiendo el efecto contrario

Anna y Kristoff solo rieron en respuesta.

- ¿Es en serio, hermana? - preguntó con retórica - o sea, sé que han pasado unos días desde que volviste, pero lo deberías notar - comentó ahora en el tono habitual de la verborrea de Anna

- ¿Qué es lo que debería notar? - replicó Elsa

Pero Anna guardó silencio, ahora ella siendo la inusual, en lugar de largar una respuesta sin más como lo había hecho durante toda la conversación, está vez quedó con la palabra en la boca, intercalando miradas entre su hermana y su esposo.

- Le agradas - dijo al final Kristoff como si no fuera nada, dando respuesta sin dejar completamente al descubierto al susodicho

Pero ahora era Elsa la que quedaba sin palabras.

¿Lo sabían?

¿Quién más lo sabía?

Y lo cierto era que los años habían pasado y mientras Elsa había estado recluida en su carcel helada, los demás continuaron existiendo, creando lazos y construyendo relaciones entre ellos. Arendelle había continuado con su historia y con ello el pueblo, su familia y sus amigos, aunque aún para Elsa todo seguía siendo un pestañeo entre la guerra y la calma.

Pero esa sensación no evitó que de igual forma se ruborizara.

No solo le agradaba.

O eso le había dado a entender en el Ahtohallan.

- No te sulfures, tu piel se pone roja - picó Kristoff con una sonrisa mas amplia que la que tenía antes

- Oh, no me he sonrojado - replicó volteandose con rapidez, caminando con sutileza hasta el borde de la chimenea, observando con atención su reflejo en alguna decoración de metal pulido

- ¡Si lo estás, si lo estás! - sonrió Anna avanzando hasta donde Elsa en pequeños saltitos, Kristoff se desplomó en el sillón riendo a carcajadas - ¡También te agrada! - continuó la cobriza tomando a la platinada por los hombros

- Ya basta, Anna, se supone que eres madre - se quejó Elsa tomando distancia, pero solo logro ensanchar aún más la sonrisa de su hermana - y es mejor que nos vayamos moviendo antes de que la maldición llegue al reino - agregó buscando desviar el tema, pero las risas solo se acrecentaron

Sin importar que dijera.

Elinor y Mérida permanecían en silencio una sentada al lado de la otra, estaban en uno de los salones del castillo, una mesa rectangular se levantaba en el medio de esta, en la cual momentos previos se habían reunido con los Lords a discutir los acontecimientos que los habían orillado a acudir a las tierras de Dunbroch.

La reunión había sido un concierto de gritos y sorpresas, las voces de los tres lideres se confundían y se elevaban sobre los otros, no muy distintos de la generación que los presedian, igual de competitivos que sus padres, buscando sobre ponerse sobre sus rivales, aunque nunca lo habían sido realmente, siendo solamente detenidos por las miradas y expresiones severas de la reina, Elinor, quien poseía la misma habilidad para hacerlos callar con un gesto, al igual que los anteriores líderes años atrás.

Ahora el silencio era tan sordo como cuando recién habían entrado a la habitación.

- Estás muy callada - dijo la reina cortando el silencio

- Uhm, igualmente - respondió después de una mueca sarcástica, luego soltó un bufido agregando la pregunta que le rondaba la cabeza desde hacía rato - ¿Qué haremos?

Elinor tan solo suspiró poniéndose en pie, caminando con elegancia por la habitación a pesar del cansancio que llevaba encima.

- Ninguna de las dos puede reinar - comentó - no tengo ningún conocimiento de batalla y lo que sé de leyendas magicas no me alcanza para descifrar todo lo que está sucediendo - reveló con calma, manteniendo la compostura a pesar de lo cargadas que estas estaban - ¡Esos hombres no tienen idea de a lo que se enfrentan y quieren salir a la guerra! ¿A qué guerra? ¡Son igual a sus padres! - renegó molesta - y ni hablar de los problemas que nos acarreó cancelar tu compromiso

- Lo lamento - murmuró la colorina desviando la mirada. Elinor se detuvo frunciendo con culpa el entrecejo

- No, cariño, no lo lamentes, no es lo que quise decir - dijo acercándose a su hija - no es culpa tuya que nuestras costumbres sean tan... Arcaicas - se disculpó

- Si, pero lo es todo lo demás - se quejó, su madre solo negó con un gesto

- Espero que tus amigos encuentren al guardian de los sueños

- Si, igualmente - murmuró apoyando su frente en el hombro de Elinor

Porque las cosas ahora eran más tensas que antes de la visita de los Lords, si es que se podía tensar más. Ya no era solo en las tierras de Dunbroch, poco a poco se notaba la extensión de la maldición por los terrenos, pasando por los territorios de los otros clanes, llegando hasta las islas del sur y quién sabe en cuantos lugares más, aún no lo sabía Mérida, y los demás habían salido a buscar las respuestas a aquella pregunta.

La maldición ya los habían alcanzado

Y la colorina realmente esperaba que no hubiera una.

Pero desde que la reunión había comenzado y los Lords habían saludado es que todo había quedado implícito, el preludio de lo que acontecería.

Y una vez el primero habló, nada volvió a ser igual nuevamente.

Ahora solo podía pensar en como afrontar las consecuencias de sus acciones y sus futuras responsabilidades que ya habían comenzado a manifestarse.

No las veían como a una líder

Ni a Mérida

Ni a Elinor

Aunque respetaban a la segunda como la reina.

- Iré a ver a tu padre - se excusó la mayor - necesito pensar en todo esto con él... - murmuró mientras acomodaba sus ropas

- ¿Y escuchar su opinión? - bromeó amargamente, Elinor solo frunció el entrecejo y suspiró ante la burla de su hija

- ¿Irás a ver a tus hermanos? - Mérida asintió

- Vere si Elsa sigue por aquí en primer lugar, aunque Anna estaba demasiado histérica como para esperar - comentó encogiéndose de hombros

Y así fue, apenas salieron del salon una fue donde había dicho mientras la otra volvió al salón principal esperando encontrar a alguien quien la pudiera orientar en las decisiones tomadas durante su ausencia, pero no quedaba nadie en el lugar y al asomarse por una de las ventanas solo pudo notar las naves de los Lords y las del reino, ni un barco blanco e inmaculado se notaba en el puerto, tal cual lo había imaginado, aún así no pudo evitar sentir que se había quedado completamente sola en aquella situación.

Y los pasillos vacíos no ayudaban a aplacarla.

Mérida se encaminó de vuelta a la habitación de sus hermanos, abrumada por el silencio y la tranquilidad, completamente ajena a todo ello, arrepentida de alguna vez haber deseado ese silencio, poco se imaginó que en un instante el pánico anhelaría del vuelta aquel silencio solitario; al abrir la puerta de la habitación de los trillizos fue que vio a Hiccup sentado en la silla que ella usaba, estaba dormitando con los brazos cruzados y su mentón apoyado en su pecho, la colorina tan solo atinó al lanzarle un pan duro de sobre una bandeja que permanecía en la mesita de noche más cercana a la puerta.

- ¿Qué haces aquí? - preguntó al notar el pequeño brinco que dió el cuerpo del castaño, ella permaneció en el umbral

- ¿Ya termino tu reunión? - preguntó mientras se desperezaba - Pensé que jamás saldrían de ahí - agregó desde su lugar - ya está anocheciendo - notó al mirar por la ventana

- ¿No había nadie para detenerte? - indagó frunciendo el ceño mientras entraba a la habitación sin cerrar la puerta

- Si, están algo corto de personal - respondió siguiéndola con la mirada - Tengo algunos dragones, no sé si lo sabías, te puedo echar una mano con la seguridad - ofreció, Mérida rodó los ojos

- La seguridad está bien - respondió tomando asiento en la orilla de la cama - ¿Qué haces aquí? - repitió

- Estabamos preocupados - respondió - no queríamos dejarte sola

- Ah ¿Y tú te ofreciste? - murmuró como un chiste, tratando de no sonar conmovida, porque no lo estaba

No tanto

- La verdad es que si - soltó encogiéndose de hombros - me ofrecí

- Oh - susurró enmudeciendo

- ¿Terminaste de atacarme? - preguntó poniéndose en pie y caminando hasta donde estaba Mérida - todo tiene que ser tan hostil contigo - farfulló en voz baja

- No soy hostil - replicó sin siquiera levantar la mirada, desviando su atención hacia su hermano quien seguía dormido

- ¿Cómo estás? - preguntó tomando asiento a su lado

- De maravilla, si no lo has notado, todo va cuesta arriba - respondió volteando los ojos

- Mer, hablo en serio - dijo tratando de despejar los rizos del rostro de la aludida

Mérida quedó estática por un instante

- ¿Escuchaste lo de Hans? - indagó aún mirando los cabellos rojos de su hermano, aunque ya sabía la respuesta de antemano

- Si, lamento eso - dijo sinceramente

- No te tienes por qué lamentar, tu no lo hiciste y yo no necesito de tu lastima

- No es lastima, es algo que se dice, tan solo intentaba... - trataba de explicarse - se le llama empatía ¿Sabes? - Mérida sonrió sin ganas y luego suspiró

- Aún no termino de entender si tomé las decisiones correctas o si me equivoqué - admitió

- Es muy pronto para saber eso, trata de no volverte loca pensándolo - trató de animarla - sea lo que sea que pase, tienes mi apoyo ¿Lo sabes? - Mérida asintió

- Quizas en este momento esté leyendo la cancelación del compromiso, pero...- comenzó a comentar con acidez, deteniéndose por un momento reconsiderando sus palabras - pero gracias

- ¿Qué tan malo puede ser? - preguntó tratando de quitarle amargura a la situación, Mérida lo observó no muy segura - yo digo, en contraste a lo que podría ser...

- Anna dice que es una mala persona y Elsa cree que es un psicópata - Hiccup asintió de acuerdo - y mi madre, quien pasó toda mi vida preparándome para este momento, espera cosas completamente diferentes a las cuales me enseñó a elegir - negó abrumada - todos creen saber que camino debo tomar, pero soy yo la que voy a cruzar esos caminos - agregó haciendo un ademán con sus manos

Hiccup guardó silencio, no muy seguro de que decir acontinuacion.

- Me dicen que hacer y esperan a que falle en ello - musitó en un suspiro

- No creo que quieran que falles

- Oh, yo sé que no, pero se siente así - admitió, luego pestañó con rapidez ahogando las lágrimas que buscaban salir - olvídalo, es solo que todo esto es muy agobiante

- Oh, y aguarda a qué seas la reina - bromeó tratando de animarla

- ¿Buscas deprimirme aún más? - luego negó con media sonrisa - de todas formas ya no hay manera de que sea reina. Tampoco es que me gustara la idea de casarme, nunca me ha interesado - comentó algo más reconciliada con la idea

- Si, eso suena como algo más propio de ti - aceptó Hiccup mientras apretaba, inconscientemente, el ededron bajo sus puños - ¿Cómo es que aceptaste todo esto? Llegaste a estar comprometida... Lo estabas ¿Verdad? - quizo verificar. Mérida asintió guardando silencio

¿Porqué había sido?

Hiccup no era el primero en preguntarle a Mérida, pero si al que ella más le interesaba responder.

Aunque ni ella misma entendía como es que todo había llegado tan lejos

- Él me agradaba - dijo en voz baja

¿De verdad lo hacía?

¿O era algo más?

- Oh, bueno, es un gran fundamento para comprometerse - aceptó falsamente

- También era bastante sincero - se defendió

¿Era cariño?

¿El deber?

- Si, eso es evidente - el castaño fingió concordar

- Me refiero a que decía lo que sentía - explicó con una mueca

- Lo que decía sentir - corrigió Hiccup

¿Lo que le hacía sentir o lo que no?

- Como sea, él no tiene a una esposa desaparecida - soltó como si nada cruzándose de brazos

- ¿Me estás atacando otra vez? - preguntó con una expresión confusa

- ¿Te sientes atacado? ¿Quien estaba atacando a quien en primer lugar? - se defendió conteniendo algunas cosas más de las que quería soltar - Yo solo quise resaltar lo obvio - apuntó

- ¿Resaltar lo obvio? - inquirió confundido

¿O era simplemente despecho?

Mérida suspiró rendida, ya no quería seguir indagando más allá, solo habían hablado sobre la punta del iceberg y ya era todo una discusión sin sentido, era suficiente para ella el día de hoy.

- Escuché que tuviste que volar de emergencia antes de que yo volviera - comentó tratando de cambiar el tema, pero Hiccup estaba lejos de entenderlo de la misma manera

- ¿Jack te dijo algo? - preguntó con expresión culpable, como si estuviese acorralado en alguna mala travesura - pensé que estaba viva - se excusó - debía corroborarlo yo mismo

- ¿De qué estás hablando? - preguntó confundida - ¿Quien está viva? Elsa dijo algo sobre problemas en Berk... Pensé que esta maldición los había alcanzado...

- ¿Berk? - negó Hiccup también confundido - nada pasa en Berk... - respondió hasta que su voz se apagó

Entendiendo a lo que se refería Mérida

Nadie le había dicho nada

Por lo menos nada sobre el avistamiento de Astrid

Excepto él.

- Hiccup - lo llamó - ¿Tu esposa está viva?

Había sido una mañana y tarde ajetreada, más de lo que él joven antiguo principe había imaginado, aún así había tomado todas las reuniones y tareas con satisfacción, disfrutando la libertad de su nuevo cargo, había comenzado tan temprano en la mañana que ni siquiera le había dado tiempo de desayunar o leer el correo de aquel día, lo que no había sido una decisión tan prudente por su parte.

El reino estaba en crisis, en unos pares de día el caos ya se había desatado y varios de los habitantes se habían visto atrapados por la trampa del sueño eterno, incluyendo a sus padres y algunos de sus hermanos mayores, a pesar de aquellas circunstancias, Hans, había sabido sobreponerse ante las inclemencias con carisma y tranquilidad, contagiando su calma y seguridad a los que se atravesaran en su camino, el esfuerzo valía la pena, por lo menos para él .

Aún así existían los detractores, como en todos los nuevos reinados, siempre habrían nobles con otros principios, aunque Hans no los esperaba tan pronto.

- Su majestad, su hermano, su majestad el rey Caleb de las islas del Norte, solicita una audiencia con usted - enunció la escolta de su oficina

El colorín observó al pequeño hombre, uno de los pocos súbditos de los cuales se podía fiar, de ojos saltones y barriga abundante. Hans le dió la espalda para observar por el ventanal tras el escritorio, la imagen de todo lo que le pertenecia y lo poco que debía temer, luego apretó sus puños arrugando la "invitación" que seguía en sus manos.

- Gracias, John, hazlo pasar - aceptó

El chaparro hombre hizo una leve reverencia antes de retirarse, Hans sonrió tenuemente preparándose para lo que venía.

- ¡Hans! - exclamó un hombre alto y de cabellos cobrizos con canas asomando en él, llevaba el entrecejo fruncido y la mirada furiosa - ¡Qué está sucediendo aquí! - le exigió saber con poca paciencia

- ¡Hermano! - exclamó el menor con falsa amabilidad, dándole frente con una amarga sonrisa - ¿Cómo estás? ¿Nuestros padres olvidaron educarte? - inquirió con burla - ¿Por qué tanta hostilidad?

- No quieras pasarte de listo conmigo - le acusó plantando su puño sobre la mesa

- Caleb, te guste o no, ahora yo soy el Rey, por cortesía te agradecería un trato a la altura del cargo - anunció - ya no soy tan solo tu hermano pequeño - le recordó

Un silencio furioso se acomodo entre ambos hombres, que se sostenían la mirada como si la vida dependiera de aquello tan intensamente que incluso se habían llegado a incomodar con la del otro, aún así ni uno cedió su posición buscando imponerse.

- Su majestad - siseó el mayor con desprecio tratando de mantener su compostura, como si el mísero acto requiriera más templanza de la que poseía - como uno de sus principales aliados necesito... No. - se corrigió - Exijo saber qué está pasando

Hans observó a su hermano con una mirada altiva, disfrutando el espacio de poder que por primera vez poseía sobre aquel hombre, luego esbozó una media sonrisa para responder con sarcasmo.

- No me has saludado - le recordó con satisfacción

Caleb inhaló profundamente con poca paciencia, buscandola con cada centímetro de oxigeno que entraba a sus pulmones, aún así estaba cerca de morder el ansuelo.

- Lars debería estar en tu lugar - le recriminó, Hans tensó su mandíbula, produciendo en una mueca

- No lo veo aquí haciéndose cargo - se defendió en una réplica mordaz

- ¡No tengo tiempo para esto! - exclamó furioso - vine a ver a nuestro padre, y si el no está posibilitado quiero ver al siguiente en sucesión y ese no eres tu

Hans estalló en una cruda carcajada que no quiso disimular ni parecía querer detener, luego negó con un gesto de cabeza condescendiente, rodeando el escritorio para darle frente al mayor.

- Supongo que no entiendes - comentó sosteniendo la mirada - entonces me veo obligado de instruirte en el tema - comentó altivo

Hans comenzó a pasearse por la oficina con confianza, su postura era recta y su caminar pausado, no quería darle ni un motivo a su hermano en su propia contra, ya no era el niño que había sido en su pasado. Caleb lo seguía con una mirada cautelosa, aún plantado en su lugar.

- Las cosas han cambiado, Caleb, Lars no está en condiciones para reinar, nadie lo está - sonrió pesadamente extendiendo sus brazos en un gesto por abarcar todo el lugar - hay que agradecer que aún quede yo para tomar las cosas bajo control

- ¿Y lo están? - le recriminó abruptamente - ¿Tienes todo bajo control?

Hans guardó un silencio dramático, saboreando el momento.

Sabía que decir.

- Escuché que tu esposa y tu hija están bajo la misma condición que nuestros padres y hermanos - comentó como si se tratara del tentempié de media tarde, Caleb apretó sus labios - ¿Tu tienes todo bajo control?

El portazo resonó en los pasillos del palacio de las islas del sur y los pasos firmes y pesados del que alguna vez fue el primero en la línea de sucesión se hacían eco por los muros, alejándose con menor rapidez de lo que el nuevo rey esperaba, aún así la sonrisa arrogante que tenía plasmada en el rostro no disminuyó ni un apice, aunque sus dientes rechinaban debido a la tensión de la visita. Hans tomó una gran bocanada de aire mientras peinó sus cabellos hacia atrás hasta ordenarlos en su sitio.

La invitación permanecía en sus manos.

¿Por qué ahora?

¿Importaba?

Ya era rey

Lo era

¿No?

Incluso él lo dudaba.

Era lo que se conoce bulgarmente como un rey interino, un sucesor tan bueno para reemplazar, pero no lo suficiente como para llevar el titulo real, y para colmo el consejo estaba en contra; que no era lo tradicional, que no era el indicado, que no era conservador.

Debía casarse

Pero las cosas se habían complicado

Todo por una caprichosa princesa

Y por una invitación genérica, o más bien, era una cancelación

Una traición.

Ni siquiera le agradaba en un comienzo

Y seguramente todos se habían dado por enterados

Hans volvió a arrugar la cancelación hasta poseer una esfera irregular de papel grueso y amarillento en sus manos, la letra cursiva de una genérica frase se hacía notaba en la bola, tan inpersonal y ajena como lo que profesaba, ni siquiera lo había escrito ella, eso enfurecía aún más al nuevo rey quien arrojó la esfera a la papelera más cercana.

No le quedaba tiempo

El colorín salió de la habitación con elegancia y premura, cruzando los pasillos en los cuales se escondía en su infancia, pero que ahora sorteaba en una suerte inconcebible, algunos óleos habían sido reemplazados de sus paredes por paisajes, mientras otros estaban cubiertos por un velo negro en un luto prematuro, pero eso poco importaba en ese momento, Hans no se detuvo ni por un segundo a admirar los nuevos cuadros que el personal estaba colgando y tan solo se dedicó a descender por el palacio hasta el subsuelo.

- Tardaste bastante, principito - se burló Sideburns - ¿o ahora es su majestad? - preguntó divertido

- Cállate, pobre idiota - le espetó molesto

- Esas no son las palabras de un digno mandatario

- Son las palabras de tu rey - le apuntó molesto

- ¿Tu? - rió divertido - ni siquiera puedes mantener una reina, das pena - se burló provocando la risa de los tres hombres restantes

- ¡No sabes de qué hablas! - se defendió enfadado

- ¿Ah no? - preguntó falsamente confundido - y qué es esto - apuntó lanzando un papel rectangular, Hans no debía verlo para saber que era

Y otra vez volvían a reir

- Ya déjalo, solo es otro niñato mal criado - comentó el hombre de rastas largas

- No puede ser un niño cuando nos prometió un ejército - les recordó Sideburns con demanda

- Cállense todos - los interrumpió una mujer apareciendo por alguna habitación oculta entre los muros de piedras - hacen demasiado ruido, no es momento para que los niños jueguen

- No están jugando, solo son ruidosos - apuntó el más serio del grupo que se reunía

- Solo dejamos en claro quienes son los que realmente valen en este lugar sin importar su origen - apuntó el colorín de espaldas anchas

- Ustedes no son nada - siseo Hans molesto

Pero la expresión de suficiencia y confianza de su rostro cambio en un instante, deformándose en el terror y el pánico, desde las sombras emergía con fuerza una silueta oscura y enorme, rodeada de cristales tan oscuros que parecían absorber la luz.

- Tenías una sola tarea - comentó en un tono bajo, aún así su presencia retumbaba por la estancia - y no supiste cómo hacerla

- Si... Pero... Yo...

Y está vez las risas ya no resonaban, todos permanecían en un silencio abrumador.

- ¿Dónde está mi ejército? - exigió, Hans calló con miedo, la silueta del señor de las pesadillas negó - la siguiente vez no seré tan indulgente, más te vale no fallar en lo que sigue