NA: Este capítulo fue el primero que escribí, por lo tanto, siempre tuve el propósito de que la historia terminara así. Espero disfruten.
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Harry Potter estaba muerto y Voldemort lo había asesinado. Todos los mortifagos a espaldas suyas aguardaron expectantes, Voldemort aplicó un crucius al cuerpo de Harry, pero no sucedió nada.
—Está muerto ¿no es así? —preguntó Voldemort a lo que Bellatrix se le acercó con desprecio, pero al notar que Harry no se movía ni un mínimo ápice, asintió—. ¡Está muerto!
Los vítores fueron feroces y el colegio amaneció en una oscuridad fúnebre.
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Duró un segundo el dolor, pero fue suficiente para comprender aquello que Lupin sintió.
Cayó de rodillas, se apretó el estómago y quiso vomitar. De repente reconoció la esencia de Harry y con ello, toda la verdad que le hacía falta conoce. Palo de escoba y calabaza. Esos olores fueron intensos, llenaron la cabeza de Draco y lo hicieron suspirar.
Pero después, de seguido, volvió a hacerse desconocido. Era el olor que reconocía de Harry, sin la parte húmeda de ese. Al instante, Draco olió la esencia de Harry en la parte en que había depositado el beso y suspiró.
Junto a todos salió al patio tan pronto escuchó esa marcha oscura que se acercaba sin prisas. Lo buscó y vio por primera vez, sobre el cadáver de Harry, el brillo de un alma consciente. El hilo de manada que no se había cortado. Harry estaba igual de vivo que la primera vez que lo conoció. Las lágrimas dejaron de caer, esperó junto a su madre, a que la marcha terminara de acercarse con Harry, en brazos de aquel gigante.
Draco vio los rostros de sus compañeros y profesores. Un silencio los recorrió a todos, en donde la tensión creció lo suficiente como para que Voldemort iniciara su discurso.
—¡Harry Potter está muerto!
Las risas de Voldemort fueron el centro de atención de todos. Hasta el más fiel mortifago dudó un segundo para luego unírsele.
Distinguió como Hermione se refugiaba en los brazos de Ron, llorando. Los Weasley también lloraban. En realidad, mucha gente comenzó a llorar. Y eso no hizo más que emocionar a Voldemort.
Narcisa tomó la mano de Draco y lo quiso llevar hacia atrás, pero las piernas del chico no se movieron ni un centímetro.
—Pero miren quienes están por allá… —siseó Voldemort divertido—. Hola, Draco ¿Cómo llevas eso de quitarte las pulgas? —se burló el hombre a lo que Draco frunció la mandíbula—. Oh… Narcisa, querida, luces tan hermosa como siempre; tal parece que enviudar no te afectó en nada.
La mujer se enderezó aún más y apretó la mano de Draco.
—Hoy estoy de buenas. Todos los que quieran vivir, crucen el patio y no sufrirán el mismo destino que su patético "Héroe".
Fue entonces cuando Draco se percató como Neville malherido se apartaba de la multitud. La única persona de la cual Draco nunca pensó iba a demostrar tal gesto de valentía, se plantó frente a Voldemort y sin dejar que una ni una sola lágrima inundara sus ojos, lo enfrentó.
Draco no escuchó lo que decía. Porque sus ojos estaban perdidos en Harry. Escuchó el siseo de Nagini e hizo que sus instintos despertaran. Soltó la mano de su madre y apretó la varita que tenía guardada dentro de su chaqueta con fuerza.
Draco se acercó a Neville cabizbajo, cosa que hizo que este lo mirara confundido. Era el momento de la verdad. Draco estaba cansado de ese monstruo le quitara todo lo preciado de su mundo. Todo ese brillo que tanto le costó encontrar tras la mordedura.
—Vaya… ¿así que el perrito regresa con la cola entre las piernas? —se rió Voldemort, antes sonreír con malicia—. Ta parece que no quieres reunirte tan rápido con tu papito.
Draco alzó a mirada, esbozó una media sonrisa y clavó los ojos en la mirada rojiza de Voldemort. En su no humanidad.
Sin esperar, con un confundo aturdió por unos instantes a Voldemort y luego gritó:
—¡Harry!
Aventó su preciada varita. Harry rodó de los brazos de Hagrid y recibió la varita dispuesto a pelear. Narcisa de inmediato comprendió todo y protegió a Draco, quien estaba indefenso en los jardines de la muerte.
Corrió hacia su madre, la tomó de la mano y cerró los ojos, mientras sentía una vibraciones mágicas inauditas en torno a su cuerpo. Entraron al castillo siendo seguidos por varios mortifagos, y recorrieron los pasillos, esquivando maldiciones. Narcisa terminó por derribar a los últimos antes de continuar por el camino siendo guiado por la chica que un pasado había sido alumna de aquel colegio y conocía cada esquina del lugar. Pasaron los corredores, evitando maldiciones desviadas y se escondieron madre e hijo abrazado, dentro de un aula de clases destrozado.
—Draco… mi Draco… —Draco tomó la mano de su madre y recuperó la respiración—. Eres el niño más valiente.
Draco sonrió y se dio el lujo de cerrar los ojos un momento.
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Voldemort cayó rendido en el gran comedor y con un estruendo toda la batalla menguó. La segunda guerra mágica había concluido al fin, dejando el bando de Harry Potter como el vendedor.
La mayoría de los mortifagos había sido eliminada, mientras que otros acabaron por huir. Todos los sobrevivientes pasaron del cadáver de Voldemort, hasta que los profesores decidieron cubrirlo y dejarlo en una esquina, separado de la gente que había muerto combatiéndolo a Él. Siendo reducido a ser lo que el más había temido; Una persona común y corriente, como cualquier otra.
La gente buscaba a sus familiares y Harry no fue la excepción. Pasó por los cadáveres, solo para detenerse nuevamente frente a Lupin y Tonks; e inclinarse sobre la pareja fallecida.
—Cuidaré a Teddy, lo prometo.
Se levantó y recibió el abrazo de Hermione y Ron, los cuales, en cuanto lo soltaron, continuó buscando desesperadamente. Mucha gente que pasaba le daba las gracias conmocionada. Lo abrazaban desconocidos con fuerza y Harry no se negó a ningún contacto. Neville y él chocaron los puños; y Luna le sonrió contentísima.
—¡Potter! — le llamaron y Harry se detuvo en seco—. ¡Potter!
Al lado de una puerta Draco lo llamaba. Sus ojos se cruzaron y todo el bullicio pareció silenciarse al instante. Harry caminó hacia Él, con lentitud, tratando de abarcar lo que más podía de Draco en su mente. En cuanto estuvieron frente a frente, Draco lo tomó del brazo y lo llevó al patio frontal, antes de besarlo con fervor.
Después de tanta sangre derramada. Después de intentar ser asesinado, no una sino dos veces. Por fin podía embriagarse de Draco. Tal vez fue el beso más largo que tuvieron o tal vez fue el más corto, pero no importaba. Harry no recordaba ni siquiera si habían sido uno o fueron veinte.
Su mente era una sola palabra que repetía: Alfa, y sabía que Draco estaba en las mismas.
Las lágrimas de Draco mojaron el rostro de Harry cuando se besaron. Al separarse, Harry solo se dispuso a limpiar torpemente las manchas de tierra que el otro tenía en la piel.
—Ganamos, Draco —murmuró Harry sobre su cabellera rubia—. Al fin somos libres.
Draco lo miró, soltó un par de lágrimas de felicidad y comenzó a reír.
Los dos se alejaron de la puerta principal y Harry le devolvió su varita. Se sentaron en la escaleras del colegio, mirando la masacre del patio. Draco apoyó la cabeza sobre el hombro de Harry, mientras lo olfateaba. Por más tierra llevase encima Draco siempre percibía ese timbre de magia fuerte y eterna.
—Te odio muchísimo —gruñó Draco—. Te detesto tanto.
Harry soltó una risa—. Lamento ser tan desagradable.
—Vienes, te haces el mártir y luego revives. ¡Eres un maldito!
—Y tu un maldito con agallas —sentenció Harry—. ¿Cómo puedes venir y saltar a la batalla de la nada? Tuve que improvisar en cuanto sentí que ibas a atacar a Voldemort.
—Harry, yo… te odio mucho. ¿Cómo me haces hacer esas cosas?
—Eso es porque estás loco por mi —se burló Harry—. No te culpo yo también estoy loco por ti.
Los dos se miraron y volvieron a fundirse en un beso. Al separarse sonrieron, mirando el patio desierto con las manos entrelazadas y el sabor de otro aún en la boca.
—Quiero que me prometas una cosa —pidió Draco, a lo que Harry asintió—. Que cuando moriremos será por causas naturales y no por un demente psicópata.
—Vale, bésame entonces.
Draco alzó una ceja—. ¿Quién te crees? ¿El Elegido? —se burló Draco—. Bésame tu.
Harry se relamió los labios y lo besó.
Solo, por ese efímero momento, fueron ellos dos en el mundo que se había vaciado por completo. Ya no más peligro, no más angustia. Solo lazos que se estrechaban con cada vez más fuerza.
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FIN
