Inclinó el cuerpo sobre el escritorio del profesor, mientras rebuscaba por el astrolabio que había dejado la jornada de clases anterior.
Poco a poco, la sala de clases se fue llenando con los recién ingresados de primero. Una niña rubia y muy pecosa, que se había convertido en su nueva "favorita" (aunque se suponía que no debía tener), encontró el instrumento tirado en el suelo y se lo extendió.
—Aquí tiene, Profesor Malfoy —le dijo la niña con una sonrisa, a lo que Draco agradeció en voz baja—. ¿Qué veremos hoy?
No podía negar que gan parte del apreció fraternal que le tenía a la niña era porque lograba hacerle sentir cierta nostalgia de sus años escolares. A pesar de que en muy pocas cosas se parecía a Jessica (menos la altura, aunque aquello era un rasgo que con el pasar de los años iba a cambiar), no era capaz de no evocar el recuerdo de su amiga en esa pequeña, que no paraba de insistir cada clase con lo mucho que quería estudiar las fases de la luna.
—Finalmente llegamos a la materia que tanto querías, señorita Cattermole —le contó Draco, que estiró las mangas de su camisa y levantó la mirada a la clase—. Júntense en pareja, hoy estudiaremos las fases lunares ¿alguien puede decirme cuáles son?
En cuanto varias manos se alzaron, Draco sonrió para adentro. No podía negar lo mucho que disfrutaba de la emoción de los niños de primero.
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Cromo de chocolate n100.
Harry James Potter.
También conocido como "El niño que vivió", actual jefe en el departamento de Seguridad Mágica. Ha sido la única persona registrada que ha sobrevivido a una maldición Asesina. Además de haber sido reconocido con una Orden de Merlín primera clase por sus grandes aportes en el desarrollo y finalización de la segunda guerra mágica. Amante empedernido del Rock Muggle y de los platillos a base de calabaza.
Cromo de Chocolate n102.
Draco Lucius Malfoy:
Actual profesor de Astronomía en el colegio Hogwarts de magia y hechicería; reconocido por el desarrollo de una poción matalobos más amigable y accesible para el consumo, además de sus grandes avances en el posible descubrimiento de una cura de la licantropía, siendo ambos méritos por el cual fue galardonado con una orden de Merlín de primera clase, convirtiéndose en el segundo hombre lobo, después de Remus Lupin, en alcanzar tal distinción.
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Le dio un vistazo a la pócima, anotó las ultimas conclusiones a las que llegó con aquel prototipo y vació el caldero al darse cuenta de que la combinación de filtro de plata y ramas de canela no había funcionado.
—¿Nada todavía? —preguntó el profesor Slughorn, que tambien terminaba de preparar unas cuantas pócimas en su laboratorio personal ubicado al lado de la alcoba del maestro. Draco negó con la cabeza—. Será para la próxima.
—Si… de cualquier modo Belby viene la próxima semana con su esposa, así que ahí compartiremos opiniones.
—¿De verdad? Eso es emocionante, quizás me junte con ambos que hace años que no los veo —comentó Slughorn, que casi colocó tres hojas de menta en su filtro de fortuna de no haber sido porque Draco lo evitó—. Ups… los errores les suceden hasta a los magos más experimentados.
Draco asintió, se puso el abrigo y tomó su maletín antes de marcharse.
—Hasta el lunes —se despidió Draco cerca de la puerta.
—¡Nos vemos!
Salió camino a Hogsmeade mientras pensaba en las siguientes combinaciones que quería probar. Recorrió el camino de memoria, con aquel retazo de frio otoñal calándose en los huesos; la próxima ve que saliera tendría que ponerse bufanda o algún polerón de cuello de tortuga.
Una vez abrió la puerta de su casa, un fuerte olor a quemado le llegó de inmediato. Apresuradamente dejó el abrigo junto al maletín colgado en el perchero de la entrada, hasta que un niño de unos diez años se paró en el pasillo con expresión cómplice.
—Teddy…
—¡Fue culpa de Harry! —exclamó el chico, con el cabello de un color azul eléctrico, mientras se frotaba las manos en la ropa—. Tío Draco, por favor no te enojes.
Draco ingresó a la casa y directamente fue a la cocina, siendo seguido por el niño.
—¿Qué experimento estás haciendo, Potter?
Se encontró a Harry con una bandeja de pollo quemado y se rascó la nuca.
—Pollo rostizado con papas al vapor —aclaró confundido—, pero me quedé dormido mientras veía el partido de quidditch y… ¡ese niño no me despertó!
—¡No es mi culpa que tengas el sueño tan pesado! —le reclamó Teddy de vuelta, que de inmediato vio que su cabello pasaba de rojo a rosa claro—Aparte… estaba ganando el equipo de la tia Ginny…
Draco sacó la varita y tiró la comida a la basura pese a las quejas de Harry. Al menos las papas puestas en la olla eran comestibles.
—Por poco no queman la casa —gruñó Draco, que revisó el horno, del cual salía una gran estela de humo negro atrapado dentro—. Para la próxima, si tienen tanta hambre, prepárense un sándwich.
—Esta bien… —dijeron tanto Harry como Teddy al mismo tiempo.
Draco abrió la ventana para que la cocina se ventilara, mientras Teddy salía un momento de la cocina. En esos momentos, sintió los brazos de Harry entrelazados en su espalda, además de que el olor de romero y limón que estaba impregnado en su piel.
—¿Cenaste? —le pregunto Harry a Draco mientras reposaba la cabeza en su hombro.
—Si pero…
—Aun puedo comer más —agregó Harry que se sabía sus palabras de memoria—. Entonces ¿Por qué no salimos a comer? Teddy y yo, solo picamos algo mientras veíamos el partido.
Draco sonrió, pero no fue capaz de contestar nada el niño regresó a la cocina y los dos se separaron en cuanto escucharon su protesta.
—¡Vamos! ¡No se pongan así! ¡Que asco!
Draco alzó una ceja y suspiró aburrido.
—Deja de gritar, mocoso —soltó Draco, antes de que Teddy se le acercara con un puchero—. Con tu padrino pensábamos en ir a comer a alguna parte, pero si tu no quieres salir con nosotros porque "nos ponemos así", creo que tengo varias zanahorias para hacerte una ensalada.
El niño se puso pálido, a lo que Draco sonrió victorioso.
—¡No! ¡Vamos a comer! —exclamó el chico—. Puedo soportarlo… un poco…
Draco asintió y le desordenó el pelo al niño—. Anda a buscar tu chaqueta, que hace frio afuera.
El niño salió disparado escaleras arriba, mientras Harry no dejaba de reírse.
—¿Qué te parece tan gracioso?
—Teddy te hace más caso a ti que a mi —reconoció Harry divertido—. Me da hasta un poco de envidia, a decir verdad.
—Esto es por ahora, ya veras como se pondrá cuando empiece con su etapa rebelde —suspiró Draco, que fue al perchero a por su abrigo, mientras Harry se colocaban una chaqueta—. Ahí no le hará caso a ninguno de los dos.
—Pero al menos solo le puedo tirar la pelota a sus profesores —se rió Harry, antes de recibir la mirada asesina de Draco—. Buena suerte con eso.
—Que te den, idiota… —replicó Draco, antes de acercarse a la escalera—. ¡Apura o si no nos vamos sin ti!
El niño bajó las escaleras precitadamente, y Draco le acomodó el gorro de lana mejor. Afuera, Harry sacó el vehículo volador que habían comprado hace tiempo y Draco se sentó en el copiloto mientras Teddy, en la parte trasera, tomaba una de esas historietas muggles que Hermione le compraba, la cual hojeó antes de empezar el viaje.
Podían pasar todas las estaciones en Hogsmeade. Ya no importaba. Porque el mundo no estaba en peligro y lo único que necesitaban en ese ahora era el calor de la manada a su lado y la luna que, aunque no siempre se dejara ver, los dos eran conscientes que los amparaba silenciosa.
