Nunca creyó que iba a sentir esa sensación de vacío en el que, durante más de diez años, fue su hogar.

La mansión Malfoy era, en palabras sencillas, demasiado grande incluso para una familia de ocho; excesiva para una de tres e inútil para una conformada por dos personas tan delgadas y silenciosas como lo eran Narcisa y Draco. Los pocos elfos que quedaban en la mansión le dieron la bienvenida a la mujer con una sonrisa sincera, pero para cuando se voltearon hacia Draco, agacharon la cabeza de manera formal y cordial.

Lo miraban a él con una devoción divina por primera vez en su vida. Siempre había sido Lucius quien recibía tal atención y él se quedaba relegado a gestos adorables, sabiendo de antemano que el jefe de la casa era otro.

En cambio, ahora que su padre ya no estaba, él era el nuevo señor de la casa: de la noble y purísima casa Malfoy.

De seguro que, si hubiese pronunciado esas palabras frente al retrato de su abuelo colgado en el tercer cuarto de invitados, aquel hombre le hubiese gritado más improperios de los que cabrían adecuados en una oración.

—Deberíamos venderla —le dijo a su madre en cuanto volvió a apreciar esas paredes gélidas, llenas de recuerdos que quería olvidar—. Este lugar guarda una historia que ni con veinte tapices distintos será posible cambiar.

Recordaba a su padre frente a la chimenea y el rodeado de regalos de navidad.

Recordaba a Hermione en el piso. Los gritos de auxilio mientras Bellatrix la torturaba.

Recordaba el primer día en que le permitieron tocar uno de los pavos reales.

Recordaba cuando ese ser lo tocó de maneras que todavía no era capaz de eliminar de lo más fondo de su ser.

Recordaba el día en que se sacaron la ultima foto de la familia. Cuando él aún no era mordido y en su rostro, en lugar de una piel enfermiza y marcas de la batalla reciente, figuraba un aspecto saludable y hermoso.

Recordaba a Harry desfigurado. La culpa por la muerte de Dobby y la posterior desolación por la muerte de Lucius.

—Tú eres ahora el que toma decisiones en el hogar. Lucius legó todo a ti —le mencionó su madre, entregándole el testamento—;sin embargo, si buscas mi opinión, yo también creo que sería buen momento para vender la mansión.

Draco se acercó a los elfos que seguían estáticos, en busca de recibir alguna orden. Pensó que seguro Hermione ya le estaría reclamando los derechos obreros y asuntos de la moral encima.

—Vayan a Hogwarts y díganle a la directora que yo, Draco Malfoy, los mandé a que trabajen allá.

—Pero… mi señor —comenzó una elfina.

Es una orden.

Los elfos se miraron entre ellos y tomados de la mano con un chasquido desaparecieron de la casa.

—La tia Andrómeda ya no debe estar esperando en casa, madre.

Narcisa lo abrazó y le dio uno de esos besos maternales que tanto le gustaba dar. Eso era todo lo que quería escuchar.

• •

—¡Booo!

La alegría de Teddy demostrada en los primeros dientes de leche y el pelo en una tonalidad amarilla; hicieron a Harry reírse junto al niño.

Harry lo tomó de la caminadora y jugó con él haciéndolo levitar. Ahora el niño carcajeaba en una mezcla de asombro, miedo y diversión que alertaron a Draco de inmediato.

—¡Por Merlín! ¡Potter, bájalo!

—Tranquilo, no se me va a caer.

—¡Que lo bajes!

Harry soltó un gruñido que lo hizo desconcertarse por el encantamiento y, de no ser por Draco, que fue más rápido y lo alcanzó a atrapar, el niño hubiese dado contra el sueño.

No se me va a caer —rumió Draco, que dejó a Teddy en la trona, pese que este parecía que quería seguir jugando—. Eres de lo peor; ¡De seguro que a ti si te dejaron caer de chiquito y por eso ahora le quieres hacer lo mismo al niño!

Harry se acercó a Draco, quien cruzado de brazos rechazó el intento de reconciliación y salió de la casa al patio exterior con una maldición a medio camino.

—Ups… Parece que estaban teniendo una discusión —murmuró Andrómeda, que acababa de salir de la cocina—. ¿Está todo bien?

Harry miró al niño que levantó las manos para que volvieran a cargarlo.

—Esto, eh si… —contestó Harry, que alzó al niño y lo volvió a dejar en la caminadora— ¿cierto, campeón?

El niño se rió, golpeó un par de botones de juguetes. Una vez determinó que dejaba al niño en buenas manos, Harry salió al patio trasero de la casa, en donde Draco, sentado en la escalera, terminaba de fumarse su segundo o quizás tercer cigarro de la mañana.

—No fumes tanto porque te vas a morir.

No te hagas el sano conmigo —escupió, tan pronto Harry le quitó la cajetilla, a lo que sacó uno nuevo de otra cajetilla que tenía guardada—. No importa que me digan, sigo prefiriendo tener insecticida en mi garganta que lidiar con todo.

Harry le dio la razón, le devolvió la cajetilla y se sentó en el escalón debajo de Draco, solo porque de esa manera el chico estaba obligado a mirarlo cada vez que rompía las cenizas de la colilla.

Sabía que ese humor de perros era por una razón muy clara.

No es necesario que regresemos.

No es necesario que tú regreses —le recalcó Malfoy—. Yo necesito rendir mis éxtasis para tratar de poner mi vida futura en orden.

Le era tan extraño comenzar a pensar en una vida futura cuando hace dos meses se encontraba dispuesto a morir sin remedio.

Harry, por un largo instante. observó a Draco y reconoció en el cierta sensación inaudita de soledad. Le tomó la rodilla y acarició el hueso con el pulgar.

No quería regresar al colegio. Sencillamente, Harry ya no se hallaba ahí dentro, en medio de corbatas de colores, compartiendo cuarto con otros chicos más jóvenes que él, mientras esquivaba la avalancha de autógrafos y fotos que le iban a pedir en cuanto tuvieran oportunidad.

Yo no pienso regresar —le comentó Ron cuando se lo preguntó—. Sencillamente, ya no puedo ver el colegio como antes.

No solo se trataba de que sentimiento de que nada regresaría ser igual y del dolor que significaba esto, sino que también se trataba de las ofertas de trabajo inmediatas que le cayeron a Harry y a Ron tan pronto finalizó todo.

Entre estas: Auror. Para todo el mundo era necesario finalizar la escuela y luego hacer varias pruebas para conseguirlo; pero para Harry, simplemente se trataba de presentarse en el ministerio de magia y decir que venía por el trabajo.

Tengo completar mis estudios, Harry —murmuró Hermione—. Debo rendir mis EXTASIS, si quiero tratar de convertirme en ministra de Magia.

Harry apretó la rodilla de Draco, antes de soltarlo completamente.

—Draco yo… no voy a regresar.

Draco esbozó media sonrisa, apagó el cigarro en el cenicero y bajó un escalón para quedar al lado de Harry, con la cabeza apoyada en su hombro.

—Entiendo…

—¡Pero nos veremos en navidad!

—Tienes razón…

—Y puedo ir cuando quieras a Hogsmeade y…

—Harry… lo sé, ¿vale? —susurró Draco—. Lo sé…

Harry volteó la cabeza y rozó sus labios en la frente del chico, que simplemente sonrió.

—¿Me vas a llamar si algún día te sientes muy solo?

Draco soltó una risa—. Por Merlín, Potter, no creo que me vuelva loco por estar un par de meses sin ti.

—Yo te llamaré todos los días.

—Tú tienes que trabajar también…

Harry apretó el labio inferior de Draco y sonrió.

—Será después del trabajo.

—¿Y cuando tendré tiempo de estudiar?

—Los días en los que este tan cansado que no pueda pensar en lo mucho que quiero estar contigo.

—Eres un cursi de mierda ¿lo sabias?

—Eso es porque te quiero para mi… y solo para mí.

Draco lo tomó por las mejillas y lo besó. Harry entrelazó los brazos detrás del pelo de Draco, cerró los ojos y, en cuanto se separaron, siendo unidos solo por un pequeño hilo de saliva, Draco le susurró:

—Yo tambien te quiero para mí, Potter… solo para mí.

• •

Era rarísimo volver a estar en la plataforma 9 . Era la primera vez en años que estaba así de solitaria, en donde solo unas cuantas familias abrazaban a sus hijos antes de que estos subieran a los vagones del tren.

Draco se volteó un momento a Harry, que lo tomó del hombro y avanzó junto a él, a la misma altura en que Narcisa lo acompañaba tomado del brazo.

Se llevaron las miradas de inmediato y no tardó demasiado en que varios niños y padres se acercaran a Harry con libretas y plumones para que le firmaran un autógrafo. Era la primera vez que se encontraban en medio de un lugar mágico después de todos los eventos, por lo que Harry se llevó una gran sorpresa al darse cuenta de que todas esas personas deseaban con ardiente pasión una firma suya.

—P-pero mi firma ni siquiera es impresionante —tartamudeó Harry, antes de ser acallado por otra oleada de "Harry fírmame un autógrafo, por favor"—, eh… bueno, pero…

Draco rodó los ojos, se cruzó de brazos y pasó entremedio de la multitud. La gente, al ver a ambas caballeras rubias tan reconocibles, se separó del resto sin tener el valor de cruzar miradas con el par.

—¿Estás segura de que vas a estar bien, mamá? —Le preguntó Draco, tomándola de los antebrazos, a lo que la mujer asintió.

No tardaron en escucharse cuchicheos de la misma fila de alborotadores los cuales trataban de que Harry les firmara ese insignificante pedazo de papel. Draco trató de no prestar atención, aunque le resultó casi imposible.

—No te acerques, hija, los hombre lobos son peligrosos.

Narcisa al oír lo mismo, les dedicó a la niña y su madre una mirada violenta, antes de tirar del brazo de Draco para que se alejaran más del sector.

—Más me preocupas tú, mi niño, no me gustaría para nada de que te lleves insultos innecesarios.

—Estaré bien, mamá, siempre he sabido como defenderme en el colegio.

Draco dejó su maleta junto a los del resto y, en cuanto regresó a su madre, ella prácticamente lo estrujó entre los brazos. En esto fue cuando por fin, Harry logró escapar de la conmoción y se disculpó con las personas que no alcanzaron a ser autografiadas.

—¿Granger todavía no llega?

—Hermione creo que debería ya estar dentro —murmuró Harry, mientras intentaba recordar—. Me dijo que sus papas la iban a dejar temprano en la estación.

Draco se quedó mirando el anden un momento, hasta que Harry le llamó la atención.

—En cuanto Tonks termine con mi celular te llamaré.

—Ajá…

—¿Tu lo llevas contigo?

—No me acuerdo.

—¡Draco!

—Si, idiota —suspiró mientras le enseñaba el artefacto que sacó del bolsillo—. Aquí está.

En cuanto el silbato del tren sonó, Draco volvió a enderezarse y le extendió la mano a Harry, quien lo miró confundido.

¿No beso?

—Tienes como cientos de admiradores que te están mirando, la verdad es que no me siento demasiado cómodo dándote un beso en estas condiciones.

Harry rodó los ojos, tomó la mano extendida de Draco y se subió junto a él al tren. Antes de entrar al vagón, lo aprisionó contra la pared y le dio un largo beso.

—Llámame por favor.

—Lo haré.

—Yo lo haré cada día por medio… máximo.

—¿Y que me vas a contar, Harry? ¿Qué Teddy pudo ponerse de pie por dos segundos?

—Así es, y me vas a escuchar parlotear durante una hora.

El chirrido volvió a sonar, Harry cerró los ojos y presionó la frente en el pecho de Draco, a lo que este hundió los dedos en su pelo alborotado.

—Te quiero…

—Yo también, Potter…—suspiró Draco, antes de darle un beso en la cabeza—. Ahora ándate antes de que me arrepienta de esto.

Harry cerró las manos en puños, le dio otro beso y salió del tren; instantes después, la puerta se cerró y Draco presionó el rostro contra el vidrio de la ventanilla, con la molesta sensación de que en cualquier momento iba a ponerse a llorar.

Narcisa tomó el brazo de Harry y este, después de la sorpresa inicial, frunció el cejo y se despidió de Draco con la mano. Luego el tren se puso en marcha y Draco sintió como las piernas se le debilitaban.

Ya quería volver a estar con Harry pegado a sus labios.

• •

Estaba todo tan vacío. Las mazmorras de Slytherin, prácticamente le pertenecían a él y a los otros diez niños de quinto y tercero que habían llegado junto a él.

Fue a su cuarto y, por primera vez en años, se encontró esa habitación que siempre había compartido con otros cuatros chicos, con una única cama en medio del todo. Avanzó y se acostó en esta, mientras dejaba escapar un largo suspiro.

Era cierto que no estaba tan solo. Hermione, Ginny y Luna también habían vuelto a cursar su último año con él, pero las chicas no estaban en la misma casa. Las encontraría en clases, y almorzaría con ellas, pero aparte de eso, no veía demasiada emoción en lo que se avecinaba durante las horas antes de dormir.

Aparte, el plan curricular era el más aburrido en años. Con la muerte de Sinistra y la falta clara de profesores de Astronomía competentes en el área, ese año no habría Éxtasis de Astronomía, por lo que tendría que pensar en otro proyecto a realizar para su trabajo de fin de grado.

Ya se comenzó a agobiar y eso que las clases todavía no empezaban.

• •

—Su primera palabra fue "mierda" o bueno… "mieda" porque no sabe pronunciar la "r" … pero ¿te lo puedes creer? Andrómeda está vuelta loca y dijo que es culpa mía y de Ron porque siempre estamos diciendo palabrotas.

—Es culpa mía, de hecho.

—¡Eso mismo les dije! Que tú eras él que mas insultaba de los tres, pero no hay caso… y ahora tu tia nos detesta.

—Obséquiale un bolso o una blusa bonita y veras como vuelve a prepárate esos pasteles de calabaza que tanto te gustan.

—Tu mamá me dijo lo mismo.

—Conocemos los gustos de nuestros pares.

Draco se recostó en la cama, con el celular en el hombro y las piernas cruzadas. Sé relajó tanto que un bostezo escapó de sus labios.

—¿Y cuándo podrás ir a Hogsmeade?

—No sé… se supone que los permisos comienzan a partir de noviembre.

—Maldita sea, escápate.

—¿Y arriesgarme a ser pillado? Paso.

—Perdiste la chispa, Malfoy.

—Oh, cállate, Potter, se llama instinto de autoconservación, algo que claramente tú nunca has tenido —gruñó de vuelta—. Aparte, no tengo el mapa, y todo apunta a que las guardas del colegio han aumentado.

—McGonagall no se le pasa ni una.

—Esta bien, es la primera directora competente en décadas; desde que le comenté como me mordieron, puso guardas alrededor del bosque prohibido, para que nadie más que Hagrid pueda entrar.

—¡Que mal! Con lo divertido que era evitar las clases escondido ahí.

Draco sonrió y cerró un momento los ojos, hasta que le costó volverlos a abrir.

—¿Sigues ahí? ¿Hola?

—Me estoy quedando dormido —le avisó Draco.

—¡No te duermas! Yo aun no tengo sueño.

—Buenas noches, Potter.

—¡No te vayas! Esp-

Colgó la llamada antes de que volviera a sonar, dejó que el timbre sonara creyendo de que Harry desistiría antes, pero al ver como la canción seguía, decidió contestar.

—¿Qué quieres?

—Buenas noches, Draco.

Esbozó media sonrisa, se arropó bajo las mantas y sonrió.

—Buenas noches, Harry.

Esperó hasta que sonó el pitido de que había colgado, dejó el móvil encima de la mesa de noche y cerró los ojos, prácticamente se quedó dormido al instante.

• •

"Querido Draco:

Desde que Greyback falleció… todo entre los lobos ha cambiado.

El otro día, mientras sacaban las pertenencias de Greyback para quemarlas, tuve por un momento la caja con las cosas del pasado de este. Todo sucedió tan rápido, que aún sigo adaptándome a este nuevo cargo de autoridad que me gané de la noche a la mañana.

Lyra, por su parte, no ha regresado a su forma humana. No sé cuando lo hará. Está atada a mí, pero si antes no hablaba nada, ahora es menos. No sé si algún día me perdonará por lo que le hice a Greyback, que, al final de cuentas para ella si fue un padre amoroso.

Es todo tan complicado de explicar. Por ahora, tengo tantas cosas que atender, que con mucha suerte logre tener un minuto a solas para poder escribirte. ¿Por qué no te pasas por acá durante las festividades? Debo reconocer que, antes de que llegaras tú, mi única amistad verdadera era Lyra. Me siento un poco sola… Espero consideres mi petición, pero también entenderé que no quieras venir. Estamos en contacto.

Te quiere, tu amiga

Jess."

Draco guardó la carta entre medio del libro que estaba revisando. El olor a canela le llenó los sentidos y lo hizo sentir como en casa.

• •

—¿Cuál es tu propuesta investigativa, Malfoy? —le preguntó McGonagall al concluir las clases—. Solo me falta tu tesis para rendir los éxtasis. ¿Tienes al menos algún área que quieras desarrollar?

Draco se mordió el labio y dejó de guardar sus pertenecías; miró a la profesora y asintió.

—Vale, eso es un avance, ¿dime cuál es y que profesor corresponde? De ahí puedes comenzar a desarrollar tu trabajo de fin de grado.

—Profesora, aprecio su preocupación, pero la materia que me gustaría ya no se imparte —suspiró Draco, antes de retomar su tarea—. Probablemente hable con el profesor Slughorn para ver si tiene algún proyecto que pueda tomar.

La mujer pareció comprenderlo y con la varita cerró las puertas del aula, para pedirle a Draco que volviera a tomar asiento.

—Draco, ya sabes que la vacante de profesor de Astronomía esta libre ¿verdad? —el chico asintió— y también debes estar al tanto de que es muy complicado conseguir un docente en ese área.

—Profesora…

—Escúchame un momento —le pidió la mujer—. Yo estuve pensando en cerrar la asignatura definitivamente.

—¡No puede hacer eso! ¡La astronomía es super importante para el aprendizaje mágico! —exclamó Draco, mas alterado de lo que pensó en un primero lugar. Se volvió a sentar en cuanto cayó en cuenta de su actitud—. Lo lamento.

—Desarrolla tu tesis sobre el tema que querías, Draco, yo me encargaré de buscar a un profesional en el área para que lo evalúe ¿está bien?

—Muchas gracias…

—Y toma esto también como una oferta laboral. Hablé muchas veces con Sinistra, y ella nunca dejaba de mencionar lo buen estudiante que eras. Sé que se deben rendir un par de exámenes más antes de volverte un astrónomo certificado, pero una vez que lo consigas, ten por seguro que estaré más que dispuesta a leer tu currículo.

Draco sonrió algo entusiasmado, y volvió a agradecerle.

—Se te nota más decaído, pero entiendo que han pasado muchas cosas… solo quiero que sepas que estoy dispuesta a escucharte —la profesora se puso de pie, y sacó de su bolsillo una pequeña bolsita de caramelos de chocolate—. Quédatelos y recuerda que en una semana es luna llena.

Vio a la mujer salir del aula de clases. Se metió un dulce a la boca y, en cuanto este se derritió, cerró los ojos mientras sentía como una calidez muy peculiar le calentaba el pecho.

• •

Tan pronto puso el primer pie en el ministerio, se sintió completamente derrotado.

Harry lo esperaba sentado en la pileta de agua. La escultura de "La magia es poder" que había estado el año pasado durante esas mismas fechas, había sido cambiada por una fuente, en la cual aún estaba en proceso de remodelación la escultura que era la fachada del ministerio.

Como un niño pequeño, agitó la mano hacia Draco, quien lo había notado desde kilómetros de distancia.

—Te huelo desde hace media hora, Potter —gruñó Draco, que rodó los ojos y metió las manos en los bolsillos—. Venga, vamos… que se me hace tarde.

Harry soltó una risa y caminó a su lado. Varios funcionarios se quedaban viendo a los dos hombres que pasaban orgullosos hasta el ascensor. Un administrativo joven e inexperto, tuvo la intención de meterse en el elevador junto con Harry, sin embargo, una funcionaria le dio un golpe en la cabeza antes de que lo hiciera.

—¿Qué no vez que anda con Malfoy? Y hoy es luna llena.

Draco frunció el cejó y miró a la mujer, pero no fue capaz de decir nada antes de que las puerta se cerraran.

—Son unos imbéciles, lo bueno es que a donde vamos no lo vas a ver.

Draco se apoyó contra la pared del ascensor con los brazos cruzados y una pesadez encima de los hombros.

—Esto es absurdo. Soy el único puñetero hombre lobo en toda la tierra que se tuvo que registrar en esta mierda.

Harry lo tomó de las manos e intentó tranquilizarlo, cosa que no sirvió de mucha ayuda.

—Entiendo tu malestar, pero de no ser así no ibas a poder estudiar —trató de animarlo—. Solo recuerda lo que McGonagall nos dijo, si pasas un par de transformaciones aquí sin complicaciones, ella intentará transferirlas a la casa de los gritos, como era antes.

Intentará, Potter, intentará.

Harry hizo una mueca y las puertas se abrieron. Se dieron cuenta de que habían llegado a la planta correcta en cuanto un escarbato salió corriendo entre las piernas de un funcionario del ministerio.

Fueron hasta el ala de registro de hombres lobo y, para sorpresa de ambos, se dieron cuenta de que había varios periodistas con sus cámaras preparadas, los cuales, en cuanto se percataron de que Draco se acercaba ahí, prácticamente se le abalanzaron encima.

—Joven Malfoy ¿Qué se siente que todo el honor de la casa Malfoy este en sus manos ahora que su padre no está?

—Joven Malfoy, ¿cree que su condición licántropa va a ser un impedimento para preservar su fortuna?

—Joven Malfoy ¿nos puede contar un poco mas de como fue mordido por Greyback, por favor?

Draco, al ver que se acercaban con todas esas preguntas, desvainó su varita, e hizo un hechizo barrera con el cual pudo hacerse un espacio para ingresar a la sala correspondiente. El viejo administrativo a cargo, una vez lo vio, le extendió el acta de registro el cual tuvo que firmar.

"Yo, Draco Lucius Malfoy, dejo constancia de que mi condición Licántropa puede ser un peligro para la sociedad, por lo cual, voluntariamente hago ingreso hoy, lunes 05 de octubre de 1998, a las instalaciones seguras proporcionadas por el Ministerio de magia para pasar la transformación."

Le devolvió la hoja al hombre que lo encaminó hacia la puerta trasera. El mero hecho de ver esa entrada hecha de plata hizo que comenzara a escocerle los ojos.

Escuchó el flash de las cámaras, a lo que Harry pareció a punto de atacar las cámaras, pero Draco lo detuvo sin demasiado ánimo.

Harry ingresó con Draco y los dos siguieron las espaldas del funcionario quien abrió la cerradura de la ultima puerta y lo dejó entrar.

—¿Cuánto queda para la luna llena? —preguntó Harry a lo que Draco se mordió el labio.

—Cerca de quince minutos —le avisó el hombre, mientras consultaba un astrolabio— En diez cerraré la puerta, ahí hay una bata para que te cambies de ropa y me la entregues cuando regrese.

Harry asintió y entró junto a Draco a la pequeña habitación, en la cual había un catre pegado a la pared y, encima de esta, la dicha bata clínica. Draco estaba pálido, pero aun así se cambió de ropa en completo silencio, antes de sentarse en la cama.

—¿Duele mucho?

—Me marea la cercanía de la plata —le explicó mientras se recostaba en la cama—. Esto es tan… denigrante.

Harry se arrodilló a su lado y posó sus labios en el dorso de la mano de Draco.

—Te prometo que para cuando salgas mañana, no quedará ningún periodista afuera.

—No te preocupes por eso. No quiero que lastimes tu reputación por mí.

—Pero si deshacerme de esas molestias, no me quitará mi asombrosa victoria contra Voldemort.

Draco soltó una risita atontada y se cerró los ojos.

—Lamento que la primera vez que no vemos en un mes sea para esto.

—Vamos, los dos sabíamos que esto iba a suceder —le animó Harry—. No te sientas culpable. Yo también he estado ocupado preparándome para mis exámenes de auror.

—¿No te… habías eximido?

Los dos sabían (aunque Harry no quisiera admitirlo), que, si Harry se lo pedía a la comunidad mágica, la mañana siguiente podría ser electo como nuevo ministro de magia.

—Es mero papeleo, estate tranquilo.

Para Draco era un poco frustrante y le daba, al mismo tiempo, algo de envidia el como esos procesos tan rutinarios y ordinarios, cuando el mundo supo que Harry Potter los iba a hacer, lo llenaron de elogios y aplausos; mientras que, cuando se enteraron de que Draco Malfoy iba a volver a Hogwarts, todo el Profeta se llenó de quejas al colegio por permitir que "un peligro" conviviera con niños.

El contraste era tan abismal, que le resultaba imposible no desanimarse por eso.

Harry le dijo un par de cosas más, pero Draco sencillamente tenía la cabeza en cualquier otra parte. En cuanto llegó de nuevo el funcionario, Harry abandonó la celda con las prendas de Draco en mano y pudo escuchar el crujido de la puerta al cerrarse con llave.

—Se veía enfermo, usted también lo notó ¿verdad? —señaló Harry, preocupado por los ojos vacíos de Draco al despedirse.

—Debe ser por la valeriana.

—¿Qué?

—El colchón está rellenó de hojas de valeriana; las cuales son toxicas para todos, menos para los hombres lobo ¿no lo sabe? —Harry negó con la cabeza—. Una persona normal si come valeriana se intoxica, pero en los licántropos sufre un efecto supresor, similar al de una droga. Cuando el lobo comience a atacar, va a morder el colchón y por lo tanto va a consumir valeriana, y con eso se mantendrá más calmado.

—¿Pero eso no es dañino para la salud?

El anciano lució un poco preocupado, pero negó con la cabeza.

—No se va a morir… aunque quizás tenga algunos efectos secundarios durante la semana, pero nada grave —trató de tranquilizarle el anciano, mientras abría la puerta de la entrada—. Y, de cualquier modo, ya firmó el consentimiento, así que no hay mucho que se pueda hacer.

Harry cerró las manos en puños firmes y salió del cuarto. Los periodista volvieron a acercársele con plumas y block de notas, pero Harry, sencillamente tuvo que hacer que un bombarda no verbal diera contra una de las paredes de la recepción, para que toda la horda de periodista retrocediera.

Ups, me equivoqué de objetivo —sentenció Harry, tomando asiento en una de las sillas de la recepción—. Si no quieren ser los siguientes, yo de ustedes me iría.

Varios periodistas atemorizados se fueron, pero los más insistentes, sencillamente recibieron un encantamiento propulsor, que los hizo salir disparados hacia el fondo del pasillo, dándole tiempo suficiente a Harry como para cerrar la entrada al sector bloqueándolo con otro hechizo.

En cuanto suspiró aliviado, pudo escuchar los gritos al fondo. Se apegó a la entrada y pestañeó ante el resplandor plateado de la transformación. Luego le siguió un aullido ensordecedor y los golpes del lobo contra la entrada.

—Draco…

Escuchó los gruñidos de dolor del animal. Oyó claramente como suplicaba por una libertad que no le concedida. Y luego, los gruñidos se volvieron débiles, y lejanos. Ya debía de haber probado la valeriana.

—Va a ser una noche larga —le dijo el anciano, con calma—. ¿Quiere que le sirva un poco de té?

Asintió sin estar pendiente de eso, ya que solo estaba atento a la manera en que la propia voz del lobo se iba haciendo más cansina.

Durante toda la noche, Harry escuchó todo. Aullidos de dolor, seguidos por momentos de silencio, que de un minuto a otro se volvían en histeria. Estuvo tan pendiente por todos esos sonidos que no podía ignorar, que nunca supo de que era el té que le sirvió el anciano.

• •

Despertó con el cuerpo vendado. Se frotó el entrecejo y lo primero que hizo fue guiarse por los olores; cuando encontró el de Harry, pudo dejarse caer entre las almohadas.

Estaba en la casa de su tia, al final de cuentas, Harry se estaba quedando con Andrómeda, Narcisa y Teddy, mientras buscaba un lugar definitivo para vivir.

Harry entró segundos después, el cual, al verlo ya despierto, corrió a su lado.

—¿Cómo te sientes?

Draco se relamió los labios. —Como si me hubiesen dado una paliza.

Harry sonrió, y buscó entre la pila de remedios de la mesa del costado una botellita con medicina, la cual le dio a beber. Draco la bebió, para luego sacar la lengua asqueado.

—¿Qué es esa mierda?

—Para mitigar el veneno de la valeriana —le explicó Harry—. ¿No te duele el estómago?

Draco se concentró y se dio cuenta de que el dolían tanto las heridas de sus costados, que ni siquiera notó los retorcijones horribles de su estómago. Trató de hablar, pero un indicio de vomito lo atacó de inmediato, por lo que prefirió volver a acostarse.

—No te muevas tan brusco. Por ahora solo puedes beber agua y tomar esto. Es necesario que tu cuerpo elimine por si solo todas las toxinas.

—Esos… Hijos de puta… —se quejó Draco, contra la almohada—. Así que por eso me sentí tan mal tan pronto entré. No es pura plata.

Harry se sentó al costado suyo, y le acarició la cabeza.

—Bueno, por ahora descansa… ya mañana planeamos un boicot contra el ministerio.

Draco asintió y se llevó las mantas hasta la nariz. Todo ahí dentro olía a familia. Y no sabía lo mucho que extrañaba esa cama hasta que estuvo ahí dentro.

—Duerme todo lo que quieras, ya avisé al colegio y dijeron que puedes regresar cuando te sientas mejor…

Draco asintió y cerró los ojos.

—Hablaste con Madame Pomfrey, ¿no es así?

—Me atrapaste.

—Ya me preguntaba como es que sabías tratar tan bien el envenenamiento por valeriana.

—¡Que consté que siempre fui bueno en pociones!

Se rió un poco y sacó una mano de las mantas, la cual Harry afirmó cuidadosamente, pero después de que Draco la tirara, Harry comprendió.

—No puedo acostarme contigo, tu mamá y tia salieron, así que estoy cuidando a Teddy.

Draco se enderezó tan rápido que las náuseas regresaron.

—¿Dónde está el bebé?

—Esta jugando abajo, me aseguré de dejarlo ocupado mientras venía a verte.

Soltó una maldición y volvió a acostarse.

—Tráelo aquí…

—¿Estas seguro? —asintió— ¿Tan mal te sientes como para querer estar tanto conmigo?

—Solo tráelo antes de que me arrepienta.

Harry abandonó la habitación y al minuto siguiente, entró con el bebé en brazos.

¡Tío Daco! ¡Tío Daco! —exclamó el infante emocionado al verlo. Draco le sonrió con ternura, a lo que el niño hizo un puchero—… ¿Tío Daco enfemo?

Harry se sentó en la cama y dejó que el bebé gateara hasta Draco, quien lo abrazó con cariño.

—Pero pronto me pondré mejor —le aseguró Draco, acariciando su cabecita.

El niño extendió sus manos y apretó la nariz de Draco quien sonrió. Luego, el niño dio un largo bostezo.

—¿Tienes sueño, Teddy? — preguntó Harry, a lo que el niño asintió— ¿Por qué no dormimos juntos la siesta hoy?

¡Si! ¿Con tío Daco tamben?

—Si, los tres.

El niño aplaudió contento y dejó que Harry lo tomara en brazos nuevamente.

—Vale, entonces vamos a cambiarte el pañal antes de dormir —le dijo Harry a lo que el niño asintió—. Ya regreso.

Draco esperó con los ojos cerrados y en el momento en que por fin hizo caso omiso al dolor de estómago, pudo escuchar como la puerta volvía a abrirse. Harry abrió las mantas y dejó a Teddy entre medio de ambos, el cual estaba ya casi dormido cuando se apoyó en el colchón.

Tío Daco…. descansa.

—Tú también, Teddy.

El bebé dio un largo bostezo y tomó el brazo de Draco para abrazarlo. Harry, por su parte, los rodeó a ambos con sus brazos y sonrió.

—Ojalá se quedara así de lindo toda la vida.

Draco sonrió a medias, y quiso contestar algo, pero el sueño le ganó y prácticamente, en cuanto el niño cayó rendido junto suyo, él también lo hizo.

• •

Una vez regresó al colegio completamente recuperado, las semanas parecieron desaparecer en un abrir y cerrar de ojos. Entre que se la pasaba en la biblioteca con Hermione trabajando en su trabajo de fin de curso y, asistiendo a clases; no supo en qué momento volvió a estar en el ministerio para la siguiente luna llena.

La pasó igual de mal que la vez pasada, pero el único consuelo era que tenía una semana libre para estar en casa de su tia.

Aunque le costara admitirlo en voz alta, le había agarrado cariño a Teddy, el cual crecía cada vez más con el paso de los meses. Harry también parecía más centrado ahora que había comenzado a trabajar en el ministerio, como si un poco de estabilidad hubiese sido lo que tanto necesitó durante su vida.

—¡Mi cromo de chocolate es el mejor! —le dijo un día que trajo a la casa unos cuantos del trabajo—. ¡Mira! Hoy me entregaron la versión actualizada.

Harry le entregó una y sonrió al ver la sonrisa socarrona que el Harry del cromo mostraba antes de desaparecer.

—Mira, Teddy —le llamó la atención Harry, antes de entregarle al niño una de las tarjetas— ¿Quién está aquí?

El niño la examinó y al ver a Harry, lo apuntó con el dedo muy contento.

—¿Es este el mayor logro de tu carrera, Potter?

—Definitivamente —se rió Harry—. Mire, señora Narcisa, ¿ya las vio?

Draco se sentó en suelo junto a Teddy que intentaba apilar bloques y jugó un rato con el niño hasta que el pequeño comenzó a dar cabezazos de sueño.

Ya en la cama, mientras reflexionaba antes de dormir, Draco esperó a que Harry se acostara a su lado. En cuanto el chico lo hizo, se arropó junto a él y suspiró.

—¿Sucede algo?

—Solo estaba pensando en que le voy a hacer una visita a Jess pronto.

Harry se enderezó un momento, encendió la lampara del velador y observó a Draco con completa seriedad.

—¿Estás seguro de eso? —le preguntó, a lo que Draco asintió—. Pues está bien, iré contigo.

—No es necesario que vayas.

—Ya lo decidí, Draco, no me vas a hacer cambiar de opinión —concluyó Harry, volviéndose a acostar—. Solo un idiota te dejaría ir a una manada de lobos, sin protección. —Draco rodó los ojos, antes de que Harry completara—: Y yo, ya no soy ese idiota.

Soltó una risa y recostó la cabeza en el pecho de Harry, mientras que enrollaba sus piernas alrededor de las de este.

—Quería ir durante mi semana de descanso antes de navidad. ¿Trabajas un día de esos?

—De mí no te preocupes; tengo un maldito cromo de chocolate, puedo pedir permiso cualquier día y me lo darán.

—A este paso te van a despedir.

—Bueno, si lo hacen supongo que iré al colegio a pedir el cargo de profesor de DCAO; estoy seguro de que McGonagall me contrataría.

Draco soltó una carcajada y volvió a la posición original.

—Eres un maldito engreído…

—Aprendí del mejor —contestó Harry, mientras hundía la mano en el pelo de Draco—. Dime una cosa, Malfoy, ¿si te pidiera que me dieras un beso, me lo darías?

Draco alzó una ceja y presionó los labios contra el esternón de Harry, por encima del pijama.

—Más arriba.

Subió la boca hasta la clavícula del chico y luego al mentón. Le parecía un poco divertido mantener a Harry con la expectación constante, en esos ojos tan llenos de deseo.

Pensó por un momento que Harry volvería a hablar, pero en su lugar, lo sujetó de la cabeza y lo besó en los labios con ferocidad.

Harry tenía razón en una cosa; que sea lo que le pidiera a Draco, este lo cumpliría sin poner objeción alguna.

• •

La sensación de estar pisando ese bosque después de todo lo que había vivido era desgarradora. Sin decir nada, se acercó más a Harry y avanzó con las manos metidas en los bolsillos, con la cabeza llena de pensamientos difusos.

Recordaba la escena de la persecución como una pesadilla demasiado vivida, pero el olor era casi el mismo. Ese olor a vegetación sin fin.

Una ves encontró las guardas fuera del área donde sabía que residían los lobos, se detuvo e invocó su patronus con una increíble facilidad, que iba con un mensaje dirigido a Jessica.

El lobo cruzó la zona hasta que desapareció de la vista de ambos.

—Es bastante pacifico por aquí —mencionó Harry, mientras les quitaba la nieve a las hojas de unos árboles—. ¿Cómo era la guarida de Greyback?

—Una absoluta locura… pero ya sabrás porque al llegar.

No tuvieron que esperar antes de que un par de mujeres llegaran a la zona con una sonrisa. Traían las misma clase de vestimenta que recordaba, contrastando con demasía con las ropas de ambos hombres.

Harry las vio preocupado por el clima invernal, pero en cuanto cruzaron las guardas, dejó ese sentimiento del lado al golpearse con un ambiente tibio que ahondaba en el sector.

Caminaron detrás de las mujeres hasta llegar a la entrada de la caverna. Harry abrió la boca y observó maravillado las viviendas de los lobos. Esas chozas metidas bajo el techo de la caverna gigante, que parecían cálidas y acogedoras, pese a la primera impresión que daban a lo lejos.

Jessica los esperaba en medio de la fogata central, rodeada por varios hombres que casi le triplicaban el tamaño; sin embargo, aquello no parecía restarle, en lo absoluto, puntos de genialidad y respeto que infundía ahí al frente. Pese a no haber modificado en nada el aspecto que lucía hace unos meses atrás, había algo único en su mirada, que compartía con Greyback, pero no de la misma manera bizarra que este. Era una amabilidad casi tangible, como el semblante de una madre hacia sus hijos; no como Greyback, que se hacía llamar padre, cuando todo en sus ojos era frialdad pura e indiferencia hacia el resto.

Se acercó a la chica y los dos se abrazaron por un largo minuto. Envolvió los brazos en todo el cuerpo de Jessica y casi se sintió como la primera vez que lo habían hecho: de inmediato, al separarse, una tranquilidad plena se extendió por cada fibra de su cuerpo, muy diferente también a cuando había estado ahí hace meses. En cada esquina de ese lugar, se podía apreciar un olor de almendras. La esencia de Jessica no solo impregnada en lo material, cada persona lo tenía en el cuerpo; como si compartieran el mismo jabón y perfume.

––Adelante ambos… supongo que deben tener hambre. Déjenles su cosas a Sona, y acompáñenme a la mesa que ya está preparada.

Ambos hombres vieron a la mujer que extendió sus manos para recibir los abrigos de estos. Caminaron detrás de Jessica, que no podía tener una sonrisa más inmensa.

El edificio principal estaba siendo reformado. En lugar de verse como aquella construcción cuadrada y gélida del pasado, parecía que Jessica había adoptado por darle una fachada más hogareña.

—Como podrás haber notado, estoy haciendo varias remodelaciones al lugar; y un poco de luz no viene mal —le comentó Jessica, que cruzó la entrada, y los dirigió hacia el inmenso comedor, en donde en una de las puntas, un pequeño banquete se encontraba en el sector donde se iban a sentar—. Tomen asiento y disfruten.

Jessica se sentó primero en el extremo y los chicos la acompañaron, uno a cada lado de ella. No podían negar que aquella situación se les hacia algo extraño, pero no era nada que no pudieran soportar.

—Espero que no te incómode estar en este lugar, Draco, en especial después de todo lo sucedido el año pasado —le comentó Jessica, mientras sacaba un jugoso filete asado—. Entenderé si quieres marcharte pronto.

Draco esbozó una sonrisa, tomó un muslo de pollo y negó con la cabeza.

—Gracias por la oferta, pero se es bastante agradable este lugar.

—¡Si! Y la comida esta estupenda —agregó Harry que pinchó varias papas con el tenedor—. ¡Muchas gracias!

—Todo lo que preparamos aquí lo obtenemos en base a nuestro trabajo, por eso los alimentos se sienten frescos.

El resto de la comida, Draco y Jessica se pusieron al día con toldo lo que había pasado esos últimos meses y luego los despachó a la habitación de invitados que había preparado. Una vez dentro, Harry se dejó caer sobre el colchón blando y lleno de plumas contentísimo.

—Este lugar es como sacado de un cuento de hadas —suspiró emocionado—. Y pensar que toda la gente que vive aquí son licántropos… son muchos más de los que creía.

—Ha cambiado el ambiente desde el año pasado. Ahora es mucho mejor estar aquí —agregó Draco—. Se nota que Jessica ha mejorado las condiciones de vida de esta gente.

Draco se acercó a la ventana y vio como varios grupos de personas se sentaban juntas para compartir. Luego vio a Jessica, que se acercó a ellos como una más.

Esa era la diferencia que de verdad valía la pena. Que mientras Greyback aparecía de vez en cuando como una deidad que todos adoraban; Jessica era solo una loba que tenía el rango de alfa, pero sin significar que fuera superior a nadie.

Draco se sentó en la cama junto a Harry, que ya se estaba quedando dormido y sonrió. Ese era el verdadero sentido de las nomenclaturas. Harry era su omega y era igual de importante que su madre, que solo era beta. No había mas secreto. Solo se diferenciaban en la clase de lazos, más no en la relevancia de estos.

• •

Se acercó al lobo negro que miraba la orilla del riachuelo. Jessica les hizo un gesto al par de hombres que le seguían para que se fueran del sitio, y se sentó a su lado.

—Llegaron Harry y Draco ¿lo notaste? —le comentó tranquila, mientras el lobo se recostaba en la tierra cercana al agua—. Lucen bien juntos… y al menos parece que se sienten cómodos aquí.

El lobo respiró tranquilamente, mientras Jessica le acariciaba el pelaje.

—Todo el lugar a mejorado… es más cálido y espacioso; ¿Cuánto falta para que quieras regresar?

El lobo fijó los ojos en Jessica y se levantó lentamente.

—Te extraño.

Aquel animal pegó la nariz en el rostro de Jessica y se restregó a su costado. Era bueno saber que al menos no le guardaba resentimiento por haber acabado con Greyback; quizás en lo profundo de su ser, ella también se había dado cuenta hace mucho tiempo que Greyback, por más que hubiese sido el hombre que la crió y cuidó durante su infancia; nunca había sido una buena persona.

—Te voy a esperar… ¿vale? Tómate tu tiempo.

El lobo asintió, se dio media vuelta y se alejó a trote del riachuelo. Jessica se colocó de pie y regresó a su manada. Un día estarían completos, pero por el momento, solo podían disfrutar del momento y proyectarse a futuro.

Nadie necesitaba expandirse más de lo que ya eran. Las convicciones de Greyback siempre apuntaron al lugar equivocado. Esa familia que estaba constituida bajo ese techo era suficiente como para vivir mil años y no necesitaban obligar a ningún otro ser a ser parte de esta.

Estaban abiertos a recibir más gente perdida; Jessica nunca los ignoraría; sin embargo, consideraba que la fidelidad más grande comenzaba con la propia convicción de desear pertenecer a esa manada.

Ya no eran carroñeros detrás de las sobras muertas de otros. Eran solamente lobos, que convivían en paz y se ganaban la vida felices; con el único deseo de que, si alguien de ahí quería volver a intentar llevar una vida normal, podía hacerlo.

Se acercó a la fogata, tiró un bloque de leña más y sonrió.

Ese era su objetivo. Una vida que solo apuntara a un sitio: la plena felicidad.

Y lo estaba logrando.

• •

—Ya estoy aquí ¿contento?

Harry tuvo que cubrirse la boca para no reírse de felicidad. Vestía un chaquetón largo negro, de esos de detective y hace poco se había cortado el pelo; haciéndolo lucir como un adulto en condiciones.

Draco, por su parte, había bajado a Hogsmeade con una de sus tantas pintas semiformales que guardaba dentro de su clóset. Y solo para variar, se había agarrado el cabello en una pequeña coleta.

—Encantado.

—Es una tontería esto, de verdad, ¿acaso no podías esperar un par de días más? —suspiró Draco, cruzándose de brazos—. De cualquier modo, regresaría a casa después de la luna llena.

—Yo fui contigo donde los hombres lobos…

—Cosa que no te obligue a hacer.

—Y ahora yo quiero tener una cita romántica contigo en Hogsmeade —arguyó Harry, ignorándolo completamente—. Venga, será divertido. No pongas esa cara de amargado.

—No es eso, es que conozco tu historial de citas en Hogsmeade que has tenido y la única que tuviste acabó en desastre.

Harry rodó los ojos y avanzó hacia tres de escobas, sabiendo que Draco lo seguía detrás.

—Que conste, Draco, que tu fuiste el que comenzó a hablar de otras personas en nuestra cita hiperromántica.

Tan pronto entraron a la taberna, Harry se dirigió a Madame Rosmerta la cual terminaba de abrillantar una jarra de cerveza.

—Vengo a por la reservación que hice.

La mujer alzó una ceja y vio a Draco detrás.

—Potter, sabes que este es un bar de mierda en donde no es necesario hacer reservaciones ¿verdad? —dijo Madame Rosmerta—. Pero la mesa que me pediste esta desocupada.

Draco rodó los ojos y siguió a Harry hasta la mesa ubicada en el punto más ciego y oculto de la taberna. Sabía porque había escogido esa específicamente, y era por el simple hecho de que Harry quería pasar lo más desapercibido posible durante la comida.

—Como toda una celebridad, ocultándote de los fanáticos, Potter —masculló Draco, mientras tomaba la carta que se sabía de memoria del bar—. Debe ser agotador.

—¿Celoso, Malfoy? Tu tranquilo, que cuando te cases conmigo serás tan popular como yo.

—¿Y pasar a ser la bonita esposa trofeo de Potter? Paso la verdad —contestó Draco, antes de darle la carta a Harry—. Prefiero ganarme a mis fanáticos por mis propios medios.

Aun así, la selección de mesa fue perfecta, porque todos lo que entraron después de ellos y se acercaban a donde estaban sentados, siempre se fijaban primero en el cabello rubio de Malfoy, para luego escoger alguna mesa lejana.

—Es cierto, tu ya eres famoso; solo que no de la manera correcta.

—Cierra la boca.

Pese a que Draco quiso pagar su parte, Harry fue más rápido e invitó la comida sin siquiera preguntar. Satisfechos por el copioso almuerzo, salieron de la taberna bastante más tarde de lo que habían creído.

Dieron una vuelta por las rutas más deshabitadas del pueblo. Se notaba que ese invierno iba a ser más corto que los anteriores, porque el frio que hacia en las calles no era tan insoportable como los años anteriores.

En eso llegaron a un pequeño sector que estaban reconstruyendo del pueblos después de la batalla de Hogwarts. Todo apuntaba a que varias casas habían sufrido daños colaterales de la batalla. Pasaron por el sector de viviendas, hasta llegar a la última de todo la villa, la cual tenía un pequeño cartel de "se vende" clavado en la nieve.

—¿Cuándo trabajes en el colegio, te quedarás a dentro del castillo?

—Todavía ni siquiera termino último año, Potter…

—Pero si McGonagall te ofreció el trabajo es porque ya lo tienes asegurado —recalcó Harry, que miró la casa un momento con una sonrisa—. Entonces ¿Qué pensaste sobre eso?

—No lo sé, la verdad.

Se quedaron frente a la vivienda un momento y Harry metió las manos en los bolsillos.

—Podemos vivir juntos, aquí, en Hogsmeade. Te queda al lado el colegio y solo necesitaríamos una red de polvos flu, para que pueda llegar al ministerio. —Harry sacó una mano del bolsillo y tomó la de Draco, la cual estaba gélida como la nieve misma—. ¿Qué opinas de eso?

—¿Y donde queda mi madre, tia y Teddy en todo esto? ¿Ya lo hablaste con ellas? Yo… no se si quiero alejarme tanto de mi madre ¿sabes? —murmuró Draco, que permitió que Harry guarda las manos de ambos en el bolsillo de la chaqueta de este—. ¿Y que dirá la gente cuando se entere de que vives conmigo? No se si esto sea del todo correcto… ¿no sería más fácil quedarnos como estamos y que yo viva en el castillo durante el periodo de clases?

Harry se rascó la nuca con la mano libre, observó a ambos lados de la calle, antes de saltar la valla y tirar de Draco para que lo siguiera. Los dos entraron a la casa a hurtadillas.

—¿Qué haces?

—Esto me trae recuerdos de cuando viniste a la casa de mis tíos hace años ¿te acuerdas?

Se encerraron dentro de la vivienda, solo para darse cuenta de que varias cosas estaban que se caían a pedazos y de que le hacía más que falta una remodelación gigantesca.

—¿Cómo olvidarme de la vez que tu loco vecino casi nos mata?

Investigaron la casa juntos. En la primera planta estaba la habitación principal, dos baños, la cocina, junto a la sala-comedor; y en el segundo había dos cuartos más, cada uno con su baño privador.

—Es mas espacioso de lo que me lo imaginaba.

—Así son todas las casas mágicas, Potter. Parecen pequeñas, pero en realidad siempre son más grandes. Ya me imaginaba que tenía tres cuartos.

Bajaron las escaleras con cuidado de no romper la barandilla que estaba suelta y en el salón, Harry le sonrió.

—A mi me gusta. La voy a comprar —determinó tranquilo—. Eso sí, me traeré a Teddy conmigo, entenderás que quiero darle a él la infancia feliz que nunca tuve, a pesar de que sus padres ya no están ¿no?

Draco, estupefacto por la decisión, no fue capaz de encontrar las palabras para decir nada.

—No creo que tu a madre le moleste que ganes independencia, Draco. De cualquier modo, podemos acondicionar la otra habitación para ella, pero créeme una cosa; con tu tia, se la pasa genial.

—Harry…

—Eso sí, yo pondré la casa, pero tu tendrás que ayudarme a arreglar este desastre —aclaró Harry mientras revisaba la chimenea—. Creo que Ron me dijo el otro día que arregló las conexiones flú de su casa, aunque no se si sea demasiado conveniente usarlas, si siempre voy a terminar lleno de cenizas… quizás sale más a cuentas simplemente aparecerme.

Harry sacó la cabeza de la chimenea y se volteó a Draco, que lo abrazó sin decir ni una sola palabra. Esas decisiones claras, sin rodeos, era lo que un sobre pensador, como Draco, necesitaba.

Aquel tímido "gracias" que le siguió fue suficiente como para que Harry aceptara el contacto con la misma intensidad que Draco.

• •

—¡Pero qué lugar más bonito!

Teddy entró echo una bala a la casa. Hace menos de un mes había aprendido a caminar, pero el chico no había tardado en agarrar la confianza suficiente como para correr a todos sitios a las pocas semanas.

Narcisa asintió y tocó con los dedos los sofás nuevos de cuero que Draco había comprado. Toda esa vivienda olía a nuevo, y luego de meses de reformas de las cuales Harry y Draco se habían encargado de hacer; habían transformado ese lugar que se caía a pedazos en un hogar verdadero.

Draco salió de la cocina con una sonrisa, le dio la bienvenida a su madre y tia, antes de que Teddy se abalanzara encima suyo.

—¿Te gusta el lugar, renacuajo?

—¡Está genial! —exclamó el niño, mientras su pelo se volvía de un color azul eléctrico—. ¡Y hay una tele!

—Tele mágica, que conste —aclaró Harry, quien la encendió para demostrar la veracidad de sus palabras al no haber rastro de interferencia—. Ven, Teddy; con tu tío Draco preparamos algo para ti en el patio.

El niño se bajó de Draco y corrió detrás de Harry. Todos salieron al jardín para encontrarse con un área verde bien cuidada y, al fondo, un sector con juegos infantiles, los cuales hicieron que el niño fuera disparado a columpiarse con la ayuda de Harry.

—¿Estarán bien solas? —les preguntó Draco a ambas mujeres, las cuales tomaron asiento en la pequeña mesa de jardín—. Yo sigo sin saber si esto fue una buena idea…

Andrómeda miró a su hermana, la cual se acercó a Draco y le dio un abrazo fuerte a su hijo.

—La pregunta aquí, Draco, es ¿si tu hubieses estado bien solo? —dijo Narcisa, con completa tranquilidad—. Teddy es un niño muy energético y demandante, necesita la compañía de gente más joven que pueda igualarlo; y ninguna de las dos ya está para esos trotes, la verdad. —Se rio Narcisa, mientras dirigía la mirada al niño, que ahora le estaba pidiendo a Harry que se subiera con él al subibaja—. Nosotras estamos bien juntas, aun seguimos recuperando el tiempo perdido y cualquier cosa que necesitemos te lo vamos a decir… así que quédate tranquilo y disfruta de tu tranquilidad, hijo. Que después de todo lo que has vivido, te lo mereces.

Los ojos de Draco se llenaron de lagrimas las cuales se limpió antes de volver a abrazar a su madre.

Eso era entonces lo que siempre estaba destinado a encontrar. Se separó de su madre y observó al par que jugaba felices en el fondo de jardín, con un sol que alumbraba el futuro de ambos y la plenitud que desde el día uno siempre había buscado.