Año 64

Cashmere Correl - 17 años - Distrito 1.


Hace muchos años, cuando aún no me interesaban los juegos del hambre sino los juguetes y las muñecas, mi tía Sapphire nos regaló una hermosa esfera de nieve; dentro había una casita que parecía hecha de dulces y, al agitarla, una hermosa nevada blanca empezaba a cubrirlo todo.

Solía imaginarme corriendo dentro de ese diminuto mundo, jugando con la nieve, mordisqueando las paredes de la casita, riendo y disfrutando. Con el tiempo la olvidé, al igual que muchos de mis intereses infantiles, y empecé a perseguir a mi hermano mayor, a imitarlo, a aprender de él. De alguna forma, así fue como acabé aquí.

Es irónico que mi situación actual traiga a mi memoria aquel adorno, pese a que no estoy en una linda casita de dulce, sino en un enorme castillo, frío, aterrador, misterioso y, sobre todo, cambiante. Parece estar hecho de muchas capas distintas, como el decorado de las obras de teatro de la escuela, pero que, en definitiva, es limitante y claustrofóbico. Como lo era aquel juguete, sin el romanticismo e inocencia que le conferían mis ojos de niña.

Los juegos han ido lentos este año, tras casi un mes aquí dentro por fin estamos acercándonos a los últimos diez y nuestra alianza de cuatro sigue siendo sólida. Los del Dos, Ty y Jess, Gem y yo, dos minialianzas y, al final, cuatro jugadores que buscamos lo mismo: ganar y salir de aquí. Lo bueno es que no tenemos tensiones marcadas y, hasta ahora, hemos hecho un buen equipo. Creo que se debe a que el Dos ha empezado a enviar chicos cada vez más jóvenes y, muchas veces, no se enfrascan en la necesidad de liderar la alianza y esto nos evita las fricciones iniciales que suelen debilitarnos desde el principio. Este año Gem es el mayor, el más fuerte y el líder indiscutible. Por mi parte, sé bien que no necesito esa posición para ganar.

En las semanas que tenemos aquí se ha ido cumpliendo el ciclo de las estaciones y hemos llegado ya al invierno. Nuestros patrocinadores y mentores nos han ido enviando los implementos y herramientas que hemos ido necesitando, lo cual nos da una enorme ventaja, sobre todo considerando que no todos tienen esa suerte.

Esta mañana hicimos cuenta de quienes quedamos dentro del campo: Estamos nosotros, el chico del Once, la del Siete, uno del Seis y del Ocho (hombre y mujer, aunque no sabemos cuál de cada uno) y los dos del Diez. Hemos decidido salir a cazar a los del Diez, un par de robustos campesinos que obtuvieron puntuaciones decentes en las sesiones individuales y que, hasta donde sabemos, entraron en los juegos como aliados.

Conforme vamos subiendo hacia las plantas más altas de la torre principal, notamos como una fría escarcha se extiende por los muros. La temperatura sigue descendiendo y los abullonados abrigos que llevamos nos dificultan andar con la ligereza que desearíamos. Pese a las dificultades no nos damos por vencidos, lo mejor que podemos hacer es mantenernos en movimiento, aunque no tengamos certezas de hacia dónde ir.

Varias estancias se encuentran atrancadas y es imposible abrirlas, pues el hielo ha condenado las entradas. Tras algunos intentos de abrirnos paso, damos por hecho que no debe haber tributos dentro, por lo que seguimos adelante en nuestra búsqueda. No esperábamos que se activara alguna trampa, puesto que estábamos siendo proactivos y tratando de mantener la emoción de los juegos, no tenía sentido que los vigilantes intervinieran aún.

Sin embargo, atravesábamos un largo pasillo cuando oímos un clic. De inmediato todos nos tensamos e, inmóviles, intentamos identificar el peligro y determinar lo más rápido posible la forma de salir de allí.

Veo los ojos asustados de Jess al darse cuenta de que es ella quien ha activado lo que sea que libere la baldosa sobre la que tiene el pie izquierdo. Intento dar un paso hacia ella, pero Gem me lo impide al tirar de mi mochila, y de mí, hacia atrás. Con el mismo impulso, ambos rodamos sincronizadamente hacia un costado. Cuando Jess levanta el pie de la baldosa, una flecha le atraviesa el pecho. Es un ataque individual, pienso, aliviada de que no se trate de un gas o una salva de municiones que nos derribe a todos.

Ty, que se ha quedado anclado al sitio, se demora un instante en decidir que es seguro acercarse a ella, pero no hay nada que hacer, su piel pierde el color muy rápidamente, seguramente por la pérdida de sangre que es invisible debajo de todo aquel equipamiento. Él le toma el pulso, lo cual le debe confirmar lo que yo he pensado desde que la vi caer. Cuando escuchamos el estruendo del cañón, se levanta a la vez que desenvaina su espada.

Capto enseguida la amenaza subyacente. Mientras nuestras fuerzas estaban igualadas, teníamos una alianza. Ahora, pasamos a ser enemigos. Tras un parpadeo miro a Gem y sé que se ha dado cuenta de todo cuando también desenvaina su espada. Yo desenfundo mi segunda daga; la primera hace tiempo que se ha convertido en una extensión de mi mano izquierda.

Gem decide tomar la delantera y empieza a luchar contra Ty, sin determinarme. Ty es rápido, pero sé que Gem tiene más experiencia, lo demuestra al ser capaz de predecir los movimientos de su oponente, haciéndolo retroceder y arrinconándolo.

De pronto, un grito tras de mí me distrae de la lucha de mis compañeros. Es una niñita menuda que se acerca corriendo, mientras blande un garrote, directamente a mí. En un primer momento, creo que es una imbécil pues pudo haber huido a otro lado y ni siquiera habríamos reparado en su existencia. Pero tras ella vienen dos chicos más, los grandes del Diez.

—¡Gem! —Grito para advertirlo, pero tiene sus propios problemas y me ignora, al igual que Ty.

Tengo que pensar rápido porque no podré con los tres yo sola, aunque la niña no es más que la distracción que se han montado para sorprendernos.

Me desembarazo de la mochila y la arrojo, cual si fuera una honda, contra el pecho de la chiquilla. Al verla caer al suelo me posiciono con las piernas firmes y las dagas en las manos. Lanzo un tajo contra la chica, que me esquiva y luego intenta derribarme con un barrido de su… rastrillo, supongo. Salto sobre la inusitada arma, sin perder de vista al chico, que viene armado con un machete. Extrañamente se queda algo rezagado, lejos de mi alcance.

Arremeto contra la chica nuevamente, moviéndome cuan rápido puedo, atravesando su patética defensa, y a la vez lanzando tajos hacia sus puntos vitales. Sé que no demuestro una técnica ni siquiera decente, pero actúo así para que mi frenesí disuada al otro de acercarse.

Logro tirar a la chica al suelo, con una embestida, me lanzo sobre ella y deslizo mi daga de un lado a otro de su garganta. Enseguida me levanto de un salto para ir a por él. Está distraído mirando a la niña, que intenta llevarse mi pesada mochila.

Él sigue lejos de mi alcance, por lo que opto por retomar la lucha con la pequeña, la pateo con fuerza, logrando que caiga, luego le asesto un golpe con el canto de la mano en la sien, dejándola fuera de combate.

Un cañón me sobresalta un instante y desvió la mirada hacia la lucha de mis aliados. Gem está sobre Ty apretando la lanza de este contra su cuello. Aun luchan, por lo que el cañón ha de pertenecer a la chica del Diez. La pequeña yace tirada a mi lado y el chico, que no va muy bien abrigado, parece indeciso de hacerme frente.

Recién noto que lo sacuden escalofríos y es incapaz de mantener en alto su arma. Viene con el uniforme inicial, un mono enterizo delgado y transpirable, que no le permite preservar el calor de su cuerpo, sobre esto lleva una especie de capa hecha de palma, que tampoco debe ayudarle mucho. Su piel se ve tan pálida que un tinte azulado resalta sus labios descamados.

Otro cañón resuena y Ty sale de debajo del cuerpo de Gem. Sorprendiéndome muchísimo porque si hubiese tenido que apostar, lo habría hecho por mi compañero. Mis planes han cambiado tan súbitamente que dejo que mi instinto, en lugar de mi lógica, me guíe. Ignoro a los recién llegados y me abalanzo contra Ty.


¡Hola! Paso por aquí antes de finalizar el año con toda la ilusión de publicar un nuevo capítulo. Estuve super trabada con este, pero al fin salió y estoy contenta con el resultado. Hasta siento que empiezo a querer un poquito a los hermanos del Uno.

El año anterior el pequeño Harvey encontró uno de varios regalos diseminados en aquellas habitaciones, fue bastante temprano en los juegos y estuvo a salvo algunos días. Sin embargo, su suerte no le alcanzó para ganar estos juegos. El escenario era repugnante, el enfrentamiento de tributos fue tenaz y los mutos tampoco dejaron qué desear.

La suerte tuvo poco que ver con la victoria de Gloss Correl, hermano mayor de Cashmere, quién destacó por su mentalidad analítica y su capacidad para afrontar los desafíos, entre ellos que su último contrincante, el chico del D8, estuviera protegido por una armadura-coraza que había encontrado en una de las habitaciones.

Felices fiestas a todos y nos seguimos leyendo!

SS.