TreasuredRivals

No saben el hambre que me da por la mañana. Normalmente tengo que levantarme y prepararme algo rápido para tener energías para el día. Sin embargo, cuando me levanté hoy, sabía que con dos clics podría comer unos deliciosos waffles con café, simple y rápido para optimizar mi tiempo.

Hoy era un día súper especial, el más especial de todos si era completamente honesta. Desde que me levanté pude ver mi hermoso vestido colgado en la pared, la tela blanca lograba brillar con el reflejo del sol de Paldea. Jamás fui fan de ese tipo de cosas, pero verlo me hizo sentir como si mi corazón latiera como loco al saber lo que ocurriría en esa iglesia en tan solo unas cuatro horas, cuando la viera.

No podía quedarme más tiempo embobada en mi vestido, había cosas que hacer. Corrí como loca a la cocina de mi apartamento, con mi amigo, Pawmot, a un lado ayudándome a preparar el café mientras yo metía los waffles que ese chico de Sinnoh me había dado para optimizar el tiempo. Tenía que admitirlo, no estaba segura de la idea, pero probar por primera vez el dulce sabor del pastelillo en mi paladar me hizo lanzar un ruidito de felicidad. ¿Cómo es que algo así, recalentado, podía saber tan bien?

Fue ahí que recordé a ese chico de Sinnoh, creo que se llama Diamond, es un muy buen tipo, le pedí un combate sin saber que no le gustaba combatir, aun cuando ella me dijo que había desarrollado un movimiento súper especial que quería ver, sin embargo, comer su comida me hizo aceptar no tener un combate con él. Algo que sí me sorprendió fue saber cómo él y Letty se habían vuelto buenos amigos, como si alguien más, aparte de mí, hubiese visto lo que ella es en realidad.

Y es que como no darse cuenta. Mientras terminaba de comer, comencé a pensar en ella, en cómo le había conocido, en como la seguí con la esperanza de ser rivales, y como, poco a poco, se fue abriendo hasta que logramos ser algo más que yo no creí que seríamos. Mi corazón se aceleró de golpe y mis mejillas se sonrojaron al recordar sus palabras de aquella noche, la felicidad que inundó mi corazón al momento de abrazarla y que ella, increíblemente, me devolviera el abrazo, por Arceus, la sensación de ese momento solo era comparable a mi combate para volverme campeona.

Sin darme cuenta, ella se había vuelto parte importante de mi vida, y yo de la suya, estando juntas a donde quiera que fuéramos, conociendo a muchos de los denominados "Pokédex Holders". Fue ahí donde conocí a los de Sinnoh, y pude tener un increíble combate con el rubio ese, el hijo de Palmer Jericó. Le debía tanto que me tomó por sorpresa que ella fuera la que me propusiera aquello eso hace unos meses.

Pawmot me sacó de mis divagaciones con un ruidito. Tenía razón, había pasado una hora mirando como boba la ventana de la cocina y se me hacía tarde, aún debía arreglarme para la ocasión.

Nunca fui una chica de maquillaje, apenas algunas cosas simples de chica que me hacían sentirme linda antes de salir a la calle a buscar un combate. "No hay maquillaje que aguante un buen combate" le dije a esa chica de Sinnoh cuando me preguntó a mí y a Penny sobre nuestra ausencia de maquillaje. Era práctica, pero en ese día no estaba para ser práctica, debía ponerme lo mejor de lo mejor, aunque tuviera que seguir un tutorial de esa chica de Kanto que realmente se miraba muy bien en los videos. Era un fastidio, incluso Penny me envió un mensaje diciendo que ella estaba teniendo los mismos, o peores problemas, que yo para acomodarme el delineador.

Es curioso como eso también me hizo recordar a Scarlet. Irónico, considerando que ella tampoco se maquilla, o eso pensaba hasta que fuimos a esa fiesta de los Berlitz y, oh por Arceus, la misma Platinum Berlitz la elogió, y Letty, siendo ella, no aceptó el halago, pero pude ver en sus mejillas que le gustó ser elogiada. Cómo no hacerlo, realmente se miraba muy linda, divina, en especial aquellos ojos afilados, aquellos que miraba tan cercanos que me hicieron temblar mientras terminaba de maquillarme y me colocaba el vestido qué, afortunadamente, se acomodó de manera cuasi perfecta en mi cuerpo.

Me miré en el espejo, acomodando mi cabello y sintiendo una pequeña emoción en mi pecho. Me veía linda, me sentía muy linda, con los pequeños accesorios que me hicieron sentirme en un cuento de hadas de los que mi madre solía contarme, un cuento donde ahora yo pertenecía.

Faltaba una cosa más, el gran símbolo que me habían conferido: un enorme ramo floral. Decidí ponerlo en el mejor lugar donde ninguna flor se maltratara; mi librero de trofeos. Les pregunté a todos cómo cuidar de ellas, y sobre todo, qué flores elegir para ese momento. Fue Arven el que me dijo que eligiera las flores que más me recordaran y llamarían la atención del evento.

Petunias y Allium, una combinación extraña me dijeron, no soy experta en ello, pero ver esos colores morados y rojizos me hacían recordar tanto ese momento, sin duda era la elección correcta. Las tomé con delicadeza y me miré en el espejo, sintiendo un rubor subiendo hasta mi rostro. "¿Qué dirá Letty cuando me vea?" me pregunté al verme.

La respuesta llegaría más temprano que tarde cuando vi el reloj, necesitaba asegurarme de llegar a tiempo a la boda. No iría sola, Arven se ofreció a llevarme, y no tardó demasiado en sonar el claxon al estar fuera de mi departamento. Debo confesar que me dio risa verlo con la boca abierta al verme, me sentí muy avergonzada y sonrojada, pero agradecí sus elogios, esperando que Letty sintiera lo mismo al verme.

Finalmente llegué a la enorme iglesia, cerca de donde conocí a Letty por primera vez. Nunca había sido invitada a una boda, solo las había visto en las películas, y lo que estaba frente a mí no era demasiado diferente. Demasiada elegancia, gente de todas las regiones, personas que no conocía, y otras tantas que sí. Si no fuera por qué Letty me lo prohibió, ahorita les pediría a esos chicos de Kanto un combate, pero debía honrar mi palabra.

Fui hasta el final, cerca del altar, donde ya estaban Penny y los amigos de Scarlet de Noroteo. Ajuste mi vestido, y sujeté con fuerza el ramo, solo había que esperar al enorme coro de niños cantores. Mi pecho temblaba ligeramente, sentí una gota de sudor rodar por mi mejilla mientras volvía acomodar mi vestido una vez más.

—¿Estás nerviosa, Nemona? —me preguntó Penny.

¿Cómo no estarlo? Era el día más importante, claro que lo estaba, más que cuando combatí con la campeona de Paldea o en el campeonato con Letty, esto era más grande, tanto que sentí mis piernas fallar al finalmente escuchar a la gente levantándose y el coro cantando aquella canción tan angelical.

Me di la vuelta y finalmente la vi. No cuestione mucho por qué Diamond la llevaba, pues mis ojos se clavaron en ella. Scarlet Koito, Letty, vistiendo ese precioso vestido de novia, ese pelo recogido, ese andar lento pero delicado y sus mejillas ligeramente sonrojadas y ojos nerviosos. Por Arceus, se miraba hermosa, la más hermosa del lugar, por primera vez noté como pareció cohibirse al estar atrayendo todas las miradas. ¿Cómo no lo haría? Era la más bella de todas. Cuando me vió, una sonrisa pequeña, apenas perceptible, se escapó de su rostro impávido, haciéndome sonrojar hasta que ella se paró a unos centímetros de mí.

—Esta vez no tardaste nada —dijo con un tono entre frío y alegre.

—¿Cómo podría hacerlo? —respondí con una risita, era obvio que sería puntual para este día tan especial.

—Y tú elección de flores, bueno, no está mal —bromeó, tomándolas de mis manos—. Gracias, Nemona.

—No tienes que agradecer, Letty —le dije, feliz de poder ver esa felicidad en sus ojos.

Sí, nunca le había visto así, tan feliz, al borde de una enorme sonrisa mientras se acercaba a mí. Amaba esa sonrisa, esa forma de caminar, esa mirada ilusionada por primera vez en su vida mientras dejaba esa estela de perfume. Se sentía tan irreal esos momentos infinitos en los que, con extraña sutileza, Scarlet tomó la mano de la persona que amaba y, finalmente, lanzaba una sonrisa duradera. Juraría que se me escapó una lágrima al ver a Letty tan ilusionada de la mano de Kieran, mirándose con tanto amor que jamás había visto.

Me la pasé toda la ceremonia mirándoles con una sonrisa en mi rostro. Mi gran rival, mi mejor amiga, se casaba con el amor de su vida, con aquel que había logrado poner una sonrisa en su rostro por primera vez, y vaya que se sentía bien verla ahí, feliz, diciendo sus votos, sujetando la mano del tímido Kieran y besándolo luego de que digieran las mejores palabras de la noche.

—Puede besar a la novia.

Aplaudí como loca, dios que día tan emocionante, y Letty me había dejado ser parte de su día al ser madrina de ramo, además de darle unos increíbles regalos a ambos. No solo estaba repleta de felicidad por verlos felices, sino también por saber que, a partir de ahora, tenía dos rivales poderosos, lo cual era lo doble de emocionante. Sin duda, esto sería el comienzo de una nueva y hermosa etapa de rivalidad entre nosotros, y no podía estar más feliz por estar en ese rol.

Aunque, creo que tú no estás muy feliz, ¿no? Bueno, es un poco mi culpa por no dejarlo claro en esta narración. Pero vamos, ¿en serio pensaste que Letty y yo nos íbamos a casar? Ella es muy linda, pero yo no tengo tiempo para el romance, ni para nada que no involucre un buen combate. Así que, ¿Y si mejor tenemos un combate tú y yo?